Capítulo 3: El secreto.
Intento abrir mis ojos, pero la luz es muy fuerte temo que pueda quemarme, poco a poco disminuye hasta volverse normal, he logrado abrir mis ojos – Al fin estas despierta, nada mal para alguien que sobrevivió a una bomba y resistió cuatro cirugías – Piers está a mi derecha aun con el suero y una bata de hospital puestos – Demonios Nivans ¿Estás bien? - pregunto frotando mi frente – Estoy mucho mejor que tú… yo me largo de aquí hoy – se acerca más – Espera dijiste cuatro cirugías – él sonríe y toma su teléfono – Esta despierta (a la persona al teléfono)... claro (nombre) tenían que quitarte los fragmentos de metralla del cuerpo y luego prácticamente reconstruir tu pierna no lo sientes porque aun estas muy drogada – empiezo a pensar que es peor de lo que pensé - Perdiste la pierna, pero no tu encanto – Piers dijo riendo mientras se levantaba de la silla – Descuida estarás bien en unos días y volverás a caminar en algunos meses o años – él ríe de nuevo – Aguarda qué demonios haces aquí ¿Por qué estás en mi cuarto? - pregunto y él bajó la mirada – El Capitán pensó que sería el primero por quien preguntarías al despertar, además te llevaste la peor parte por salvarme, te lo agradezco – sonrío como respuesta y Nivans continúa – Basta de sentimentalismos, ahora cierra los ojos soldado no quiero que veas mi culo por esta estúpida bata de hospital – y comienza a rodear mi cama buscando la salida – No eres el Capitán no tengo porque obedecer tus ordenes – dije riendo mientras volví a cerrar los ojos dispuesta a descansar.
Solo unos minutos después la puerta se abrió casi de golpe – (nombre) gracias al cielo estas bien - creí que mi corazón se detendría finalmente por el terrible susto que me había dado – Si la bomba no me mato seguro tú lo harás – le dije extendiendo mis brazos doloridos, Leon corrió de prisa y me abrazo muy fuerte – Tranquilo cariño estoy bien, pero dejare de estarlo si sigues aplastándome de esa forma – me dio un beso muy tierno en la frente – Siento no haber venido antes, pero regrese hace unas horas y ya sabes me entere por rumores, nena eres toda una celebridad... lo siento mucho nena no me apartaré de aquí hasta que pueda llevarte a casa – presiono sus labios contra los míos – ¿A cuál casa? ¿La tuya o la mía? - Leon me miró por unos segundos y siguió – A la nuestra, esto no será secreto nunca más – Amé escuchar esas palabras, pero sabía que no era lo mejor – Ahora descansa yo estaré aquí – me dio un beso tierno que pronto se volvió apasionado – Escucha (nombre) el Capitán dijo… - Nivans entró de nuevo a la habitación y se quedó estupefacto, Leon se detuvo y ambos lo miramos sorprendidos, aunque él estaba más molesto que sorprendido – Volveré después – dijo y se retiró – Pobre chico – dije riendo; en realidad yo no soy mucho mayor que él, pero aun así lo veo como un niño en ocasiones rebelde, el único que se atreve a cuestionar las ordenes de Redfield - ¿El Capitán? – Leon me interrogó molesto – ¡Ash! cállate y vuelve donde estabas – lo atraje hacia mí y volví a besarlo.
La recuperación fue muy bien y en dos semanas iba de vuelta a mi casa (con la pierna llena de horribles pernos y estructuras de metal) Leon quería llevarme a la suya, pero su departamento está en un septimo piso y por mi claustrofobia odio el ascensor así que decidimos ir a la mía – ¿Quieres la silla o te cargo? – Leon preguntó antes de bajar de su auto – Demonios solo entremos – él parecía divertido por mi mala actitud – Bien, linda ven aquí – me cargo fuera del auto hasta la entrada de la casa giro el pomo y entramos – Perdiste varios kilos en el hospital – me coloco en el sofá y volvió al auto por mi equipaje – Sabes, te extrañe – le dije cuando entró de nuevo a la casa, me miro y se inclinó sobre mí - También yo te extrañe (besó mi cuello) extrañe verte, abrasarte, tocarte y estar dentro de ti – sus besos bajaron por mi pecho – Demonios debí traer la morfina – dije riendo - ¿Morfina? (se detuvo) ¿De qué hablas? - se levantó yo me encogí de hombros – Bien señorita es hora de tu baño - me cargó hasta el baño de la segunda planta, me quitó la ropa lentamente y me colocó en la bañera cuidando mi pierna inmovilizada, el sedante era fuerte, pero empezaba a disminuir su efecto lo que causo una expresión de dolor en mi cara, giró la llave y dejo que la bañera se llenara conmigo dentro mientras se quitaba la camisa – ¿Vas a ducharme o a bailar para mí, guapo? – pregunte mientras recorría mi abdomen con la punta de mis dedos – Se mordió el labio inferior – No en esta ocasión muñeca – dijo y cerró la llave de nuevo.
Casi había terminado de ducharme – Gracias – dije – Ya me agradecerás como es debido cuando estés mejor – dijo intentó levantarse, pero yo tomé su mano derecha y me llevé sus dedos índice y medio a la boca él se acercó, me besó y recorrió mi cuerpo con los dedos que acababa de meter a mi boca, hasta llegar a mi intimidad donde comenzó a hacer pequeños círculos donde es más sensible, mi respiración se incrementó, luego bajo hasta mi entrada y después de acariciarla por unos segundos introdujo su dedo medio lentamente yo gemí arqueando mi espalda y él aprovecho mi movimiento para morder mi pezón derecho y aumento el ritmo dentro y fuera de mí, se siente tan bien, se detiene y moja sus dedos en mi boca y regresa a mi vagina pero esta vez introduce dos dedos el índice y el medio, mis gemidos se hacen más fuertes luego recuerdo que solo yo estoy disfrutando e intento sentarme, él me ayuda y vuelve a estimular mi zona intima con movimientos suaves pero satisfactorios, yo alcanzo el broche de su pantalón y después de soltarlo tiró hacia abajo, su erección es gigantesca me deshago también de su ropa interior y su miembro palpitante se revela hacia mí, lo observo durante unos segundos - wow ¿Cómo puedes esconder ese monstruo en tu pantalón? - estimulo con mi mano y luego lo acerco a mi boca el movimiento de los dedos de Leon se detiene expectante por mi siguiente paso, así que decido no hacerlo esperar más y empujo su pene en mi boca lentamente dejándolo disfrutar del calor y la humedad, acelero mi ritmo, adelante y atrás y el gruñe, reanudando su movimiento dentro de mi vagina se mueve muy rápido, trato de no mover mi pierna para no causarme dolor, pero siento que pronto voy a terminar así que dentro de mi boca lo estimulo con mi lengua, él acompaña mi movimiento con su cadera, pero mi orgasmo llega primero lo retiro de mi boca para poder gritar mientras la sensación me invade, no pense que podría tener placer de este tipo en mi condición, pero Leon es todo un paquete de sorpresas, cuando la sensación desaparece él me mira con satisfacción – Tu turno - dije y volví a introducir su gran pene en mi boca, Scoth cerró sus ojos y me sujeto del cabello para guiarme, lo deje hacerlo por un momento, pero no me gusta ser controlada así que retire sus manos y continúe por mi cuenta en poco tiempo su respiración se había vuelto entrecortada gruñó y se retiró de mi boca, su esperma cayo en mi barbilla y pecho, nunca se corre dentro de mi boca – Bien lo lograste, me rindo – dijo –Tendrás que conformarte con una esta vez – le dije sonriendo, ambos somos agentes entrenados que se pasan sus misiones casi a base de cardio para poder sobrevivir es lógico que en otras condiciones nuestros encuentros sexuales puedan durar horas y horas; Después de descansar por unos segundos se puso de pie se colocó los pantalones, vació la bañera y me seco con una toalla – ¿Lista? - me pregunto yo asentí y me llevó a la cama esa noche dormimos juntos sin más que las sabanas cubriendo nuestros cuerpos.
A la mañana siguiente el dolor había regresado, pero eso no era lo único que iría mal – (nombre) ¡Despierta! – Leon me hablaba de pie desde el lado izquierdo de la cama – ¿Qué hora es? – dije al ver que él se había bañado y vestido - ¿Qué mierda es esto? - dijo y me arrojó un pedazo de papel un poco desgastado – ¿Cariño que ocurre? – él no respondió miró el papel y luego me miró de nuevo, así que tome el papel, era una fotografía, mis ojos se dilataron al verla - ¿Qué carajos…? – las palabras parecían haberse ido de mi boca – Esta mañana bajé por tus cosas que deje ayer en la sala (Leon dijo) Iba a colocarlas en ese armario y encontré esto dentro ¿vas a decirme o no qué pasa? – se sentó junto a mí en la cama – Yo no lo sé no recuerdo nada de esto – él me miró molesto pero la preocupación era evidente en sus ojos.
Ahí estaba yo en la fotografía mucho más joven de lo que soy ahora casi una adolecente siendo cargada tiernamente por nada más y nada menos que Albert Wesker…
