Capítulo 8: Wesker y yo II
Leon estaba tan cansado que en cuanto termine la historia de cómo conocí a Wesker se acomodó en mi pecho, yo estoy tan feliz de que este aquí que me quede acariciando su cabello rubio y reviviendo mi pasado una vez más.
(pasado) A la mañana siguiente me levante lentamente, sentía como si un camión me había pasado encima, estaba cansada, desvelada y muy dolorida, en el colchón había una mancha espantosa de sangre, mi rostro estaba pálido, pero no me sentía mal, al contrario, al fin había estado con un hombre, un hombre hermoso que me encantaba y no era uno de los estúpidos chicos de mi escuela. Sé que en las películas te narran que la primera vez es hermosa como si fuera un cuento de hadas, pero en la realidad es totalmente diferente, no hay magia ni estúpidos príncipes azules solo hay dos personas comunes y corrientes y en mi caso, mucho dolor.
La puerta se abrió – Vaya eres fuerte, veo que estas de pie – entro en la habitación con una toalla atada en la cadera - No sé qué tiene este hombre que despierta todo tipo de sentimientos en mi – dije para mis adentros - Mi abuela debe estar muerta de miedo- dije empezando a ponerme los pantalones, él no respondió – Por favor llévame a mi casa ahora – estaba terminando de ponerme el sujetador por debajo de la camisa cuando sus manos me rodearon por la cintura y me arrastro por la cama hasta estar frente a él, sus labios húmedos rosaron la piel de mi cuello provocando una descarga eléctrica en todo mi ser, cerré los ojos y solo disfrute de su tacto, tomó el broche de mi pantalón y trato de abrirlo – En serio debo irme – detuve sus manos, él se levantó rápidamente – Esta bien niña date prisa – dijo y termino de ponerse su ropa, salió de la habitación y yo temiendo que me dejara ahí sola corrí tras de él.
Su auto se detuvo frente a la tienda de mi abuela – Gracias por traerme – cualquiera habría creído que después de haber pasado la noche con él por lo menos me dirigiría la palabra, pero no fue así ni siquiera volvió a mirarme, cualquiera que conozca a Albert sabe que él es todo menos un caballero romántico; baje de su auto y me detuve para verlo marcharse tal vez para siempre.
Después de dos horas de convencer a mi abuela de que no llamara a la policía porque no había sido secuestrada volví a casa y me di un baño y me recosté en mi cama, no podía creer lo que había pasado, las mariposas en mi estómago no se detenían, pero mi corazón me dolía por pensar que era la última vez que lo vería, temía que tal vez ahora que había estado conmigo jamás volvería a buscarme, mi cabeza daba vueltas en el mismo asunto, podía volverme loca, decidí relajarme e intentar dormir un rato.
Al día siguiente volvía de la escuela cuando su auto se detuvo frente a mí, mi corazón se detuvo y una sensación de alegría me invadió, el vidrio de la ventana descendió lentamente – Esperas una maldita invitación – dijo de mal humor, estaba demasiado feliz como para cuestionarlo así que corrí y subí a su auto negro como su alma – Pensé que no te vería de nuevo – dije y el gruño como respuesta, viajamos algunos kilómetros en silencio hasta que – ¿A dónde me llevas? No trataras de matarme ¿o sí? - - Es mucho mejor que eso – - está bien, confiare en ti - unos minutos más de camino pasaron hasta que su auto se detuvo en un terreno vacío parecía una vieja área en construcción – Ve al asiento trasero – me ordeno, yo lo obedecí y unos segundos después él estaba encima de mí en el asiento trasero, comenzó besando ferozmente mis labios, yo era totalmente inexperta en comparación a él así que solamente me deje guiar por él, rápidamente las cosas se ponían más violentas, pero sin hacerme daño realmente, arrancó la ropa de mi cuerpo y sin detenerse mucho tiempo a contemplarme volvió a jugar con mis pezones mientras con su mano bajaba por mi abdomen hasta mi zona más sensible; Sin embargo se detuvo e introdujo sus dedos en mi boca, realmente no sabía que hacer exactamente, pero hice lo mejor que pude, tomé sus dedos y los lamí, luego de unos minutos introdujo su dedo medio en mi vagina haciéndome gemir frente a él, eso le encanto porque desató su pantalón rápidamente y libero su miembro, besó nuevamente mis labios y se colocó entre mis piernas, se empujó lentamente dentro de mí, me causo dolor pero esta vez fue un dolor más placentero que no duró mucho tiempo, dejándome solo el placer.
El espacio era pequeño, pero era perfecto porque así podíamos estar muy muy cerca y amaba tenerlo tan cerca de mí y poder oler su aroma - Ven aquí – dijo y me levanto luego él se sentó y me coloco sobre él, como apenas era mi segunda vez así que tuvo que guiar mis movimientos hasta que me acostumbre al ritmo y lo hice por mi cuenta, él apoyo su cabeza en el asiento y yo me sujete de su cabello rubio intenso, cada parte de él me gustaba, su rostro, su cuerpo, el color de su cabello, su mal humor incluso la maldad que emanaba todo era perfecto para mí, yo estaba tan extasiada que no tarde en tener mi orgasmo grite muy fuerte. Era joven, pero sabía que lo siguiente que haría le gustaría mucho, me levante y me senté junto a él y sin previo aviso puse su miembro en mi boca, él me miro completamente estupefacto, no sabía qué hacer, pero seguí mis instintos, tome un ritmo lento porque quería hacerlo bien, inmediatamente su respiración se volvió entrecortada, según yo iba aumentando el ritmo, la labor era demandante pues él tomo mi cabello e impuso su ritmo, no podía meterlo muy profundo dentro de mi boca, pero aun así perecía gustarle mucho; un buen rato después gruño y se liberó en mi boca, no sé cómo, pero me trague todo lo que me entrego. Me levante y me acomode en su regazo – Quiero saber si vives aquí o solamente estas de paso, tienes otro nombre, cual es tu apellido, tienes familia o estas solo... (hice una pausa) te quedarás más tiempo – dije tratando de hacer que él me abrazara, tal vez se apiadó de mí porque posó su brazo musculoso en mi cintura desnuda, parecía que pensaba su respuesta, pero luego solo gruñó – No te interesa – dijo de nuevo, yo lo abrace fuerte como si eso impediría que se fuera, estaba cansada por lo que mis ojos se cerraron lentamente.
Me costó mucho trabajo abrir mis ojos y apenas pude hacerlo, noté que la puerta estaba abierta, yo estaba totalmente desorientada no podía escuchar nada, todo me daba vueltas y no podía moverme, él estaba de pie fuera del auto, sostenía un arma con su mano derecha y hablaba con alguien con un comunicador que estaba en su oído izquierdo, yo no entendía que pasaba, él me miró muy molesto, pero justo en ese momento todo se volvió oscuro.
...
Abrí mis ojos y aún estaba en el auto, solo que estaba en el asiento delantero y tenía toda mi ropa puesta – ¿Qué diablos…? - balbuceé – Al fin despiertas, eres una gallina, no soportas tener sexo dos días seguidos sin dormir cada cinco minutos – dijo con expresión casi divertida – Yo... soñé … - - ¿Qué soñaste? - Su rostro se tornó sombrío - Ya lo olvidé – mentí temiendo que fuera verdad y decidiera acabar con mi vida, deseaba que no fuera así, pero en el fondo sabía que él podría matarme a pesar de haberse acostado conmigo – Estas loca - - ¿Demonios que hora es? - - Las 11:00 pm - - ¿Que carajos? pero si lo hicimos a las cuatro... Creo – él me miro rápidamente con molestia – Ya estamos frente a tu casa, llorona - - Gracias por traerme - - No deberías desvelarte niña o luego sueñas estupideces – me respondió – Claro – me acerque para besar sus labios y él no se resistió, sé que el jamás se habría acercado para besarme, pero el que no se resistiera a mi beso me lleno de alegría momentánea.
Salí del auto aún más feliz de lo que estaba cuando lo vi esta tarde, sabía que lo que vi no fue un sueño, él tenía un arma - y creo que si hubiera recuperado el conocimiento en ese momento me habría matado, pero ¿Cómo logro hacer que durmiera tanto tiempo? ¿Acaso me drogó? No puede ser en que me he metido – pensaba mientras cruzaba la calle, sabía que debía alejarme de él, pero era tarde... estaba enamorada, en ese momento decidí que lo seguiría a donde fuera necesario, nada me apartaría de él... Excepto él mismo claro cuando me buscó dos días después:
Ese sábado me llevo de nuevo a su apartamento, hicimos el amor tres veces (amor solo para mí, para él no era más que sexo) y luego fuimos a la ciudad parecía que él estaba buscando a alguien con la mirada o tal vez se aseguraba que nadie nos vigilara, yo intentaba sostener una conversación normal con él, de pronto frente a nosotros había un sujeto tomando fotos con una instantánea Polaroid – Oye quiero una foto – le grite Albert se sobresaltó, pero yo fui más rápida y salte a su espalda, el chico presionó el botón y en un momento la fotografía tomaba color en mis manos – Muy linda, te la regalo – dijo el fotógrafo y se marchó, aun no entiendo porque él me sostuvo y permitió que el chico tomara la foto, pero lo hizo y luego de que el fotógrafo había desaparecido de nuestra vista – Mi nombre es Albert Wesker, soy un soldado – dijo dándome un empujón para que caminara a su nivel y dejara de ver la fotografía - ¿Qué diablos? ¿Por qué me dices eso, no pensarás presentarme a tus padres? – bromee – Te lo digo porque me marcho hoy mismo – mi temperatura corporal descendió inmediatamente - ¿Qué? - - Mi amigo Birkin necesita de mi ayuda - - pero… ¿Por qué tú? - - Es en las montañas Arklay, no sé cuándo volveré - - ¿Volverás? – pregunte a punto de llorar – Escucha ni siquiera sé porque te lo dije, no tengo ninguna obligación de hacerlo - - Creo que quiero regresar a mi casa - dije temiendo desmayarme en ese momento - Esta bien – el camino a casa se volvió eterno y silencioso, llegamos cerca de mi casa y supe que era el final – Sabes si decides volver, yo siempre estaré aquí – dije y el asintió como respuesta, luego dio media vuelta y comenzó a caminar de regreso, yo saque rápidamente un bolígrafo y escribí una nota en el reverso de la foto – Albert – grite, corrí hacia él, me lance a sus brazos y lo bese como nunca, como si nunca volvería a verlo, tuve suerte de saber que se marcharía y pude besarlo con todas mis fuerzas hay personas que no tienen tanta suerte y ni siquiera logran ver de frente por última vez a la persona que quieren; aprovechando su distracción coloque la foto dentro de su chaqueta sin que se diera cuenta y después de varios minutos de un beso apasionado él se marchó para nunca volver dejándome, afortunadamente, solo con el corazón roto; quiero decir llore por unos años su ausencia hasta que ese dolor fue reemplazado con la muerte de mi abuela, pero mi corazón roto no se comparaba a lo que le ocurrió a esa pobre chica Excella Gionne.
(Actualidad) Sonreí ante la imagen mental tan graciosa que me había planteado – Esa chica era una idiota – dijo Leon – No más que yo - - Eras una niña, ella era una maldita caprichosa - - Entregarle tu virginidad a un maldito psicópata no es poca cosa- - Claro, pero no lo sabías y ella lo conoció tal y como era... una mierda - - Sea como sea no merecía ser víctima de Wesker de ese modo - dije forma comprensiva y era verdad pobre chica, aunque en el fondo me molestaba mucho, no porque aún amara a Albert sino porque se acostó con el tipo con el que una vez desee pasar mis días y lo tuvo mucho más tiempo que yo (Eso creo) - Un minuto, dijiste que colocaste la foto en su chaqueta ¿Cómo es que está dentro de tu armario? - - Digamos que esa no fue la última vez que vi su rostro en persona - - Adelante - - Es tarde y debes descansar - - Estoy esperando la siguiente misión así que puedo hacer lo que me plazca, mientras no me llame Adam estoy bien - - Esta bien te contaré lo que sucedió…
En el siguiente cap.
