Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.
¡Hola! Bueno, aquí estoy, y no es sábado, terminé el capítulo pronto, y lo publiqué, así que esto no garantiza mucho que vuelva a actualizar el sábado de nuevo, y en su defecto, si lo hago, no significa que se volverá costumbre, prometo, que si termino el capítulo antes del sábado, actualizaré el día en que lo termine, aun no sé que estoy poniendo, si esto me perjudica o no xD jajaja, pero en fin, volví antes de la fecha, espero que no vuelva a afectarme mi organización, muchas gracias por el apoyo a lo largo de la historia, sus reviews, sus follows, sus favoritos, espero que éste capítulo sea de su agrado.
Por cierto; cualquier error, no duden en hacérmelo saber, lo arreglaré.
Ginevra Weasley iba caminaba tomada de la mano de su encantador novio, habían salido del cine, la película había sido su elección, y Michael se estaba quejando, expresando que era la peor que le había obligado a ver, mientras ella reía divertida.
—Es que no tiene sentido –se quejó de nuevo Michael –no entendí absolutamente nada.
—Tal vez ese era el chiste –bromeó mientras llevaba la pajilla a sus labios.
—Quien escribió eso tenía que estar drogado y mucho.
—Supongo que eso de las sustancias es lo de muchos en ese mundo –rió.
—Debimos elegir otra ¿cómo es que ha permanecido tanto tiempo en cartelera?
—Oh, no, no, volvieron a proyectarla especialmente –se encogió de hombros.
—Es mejor irnos, a menos que quieras entrar a verla de nuevo.
Ginny sonrió ampliamente mientras abrazaba el brazo de su novio, dedicándole su mejor sonrisa, haciendo que él advirtiera el peligro.
—No gastaré mi dinero en esa película, no de nuevo, Gin.
—Mira a quién, me trae el destino –soltó una voz masculina, un tanto aterciopelada y silbante, mientras arrastraba las palabras –en un lugar tan sin chiste, te vine a encontrar.
Michael observó a Ginny, que había cambiado su sonrisa chantajista por una auténtica, se giró sorprendida y soltó un pequeño grito, fue hasta el hombre y lo saludó.
—Eso es, porque es mi cine favorito –soltó.
—No, claro que no –soltó divertido –mira que venir hasta Camden por un cine como éste –negó.
—Prefiere éste, sobre todos los demás –informó Michael, acercándose a su novia, mientras observaba de forma arrogante al otro chico.
Draco sonrió al ver al novio de Ginevra, era como cualquier otro patán en el mundo, no tenía nada de especial así que ¿Qué le veía ella? No dijo nada, observó de nuevo a la pelirroja.
—Vienes saliendo, así que no querrás volver a entrar ¿o sí? –sonrió.
—Estábamos debatiendo la posibilidad.
—No veremos esa película, no de nuevo, es muy mala.
— ¿Quién necesita entenderle? El actor es realmente guapo –admitió.
—Bueno, si quieres verla, puedo verla contigo ¿qué dices? –sonrió Draco.
—No lo creo –sonrió Ginny de vuelta –mi novio y yo, iremos en busca de algo de comer –se encogió de hombros –pero ha sido bueno verte, de nuevo.
— ¿Quién es? –interrogó Michael.
—Draco Malfoy –estiró la mano, sabiendo que el tipo no la tomaría, así que se quitó las gafas, otorgándole una mirada extraña a Ginny.
—Claro, Michael, él es… el arrogante Draco Malfoy.
— ¿El? –Se burló -¿estás segura de que es ese cantantucho malo sobrevalorado?
—Sí, lo es –aceptó.
— ¿Y cómo es que tú conoces a alguien así?
—Tu novia se metió a mi camerino, estaba desnudo, parece que gozó mucho la vista, más que la vista –sonrió de lado.
— ¿Recuerdas el festival donde vendrían…?
—Sí ¿y qué? No fuimos –contestó.
—Bueno, logré colarme al backstage, pero no logré conocerlos, en su lugar, conocí a… -señaló a Draco –así de mala suerte.
—Se llevan bastante bien ¿cuántas veces se han visto? –interrogó nada feliz.
—Una vez, nada serio –lo tranquilizó la pelirroja –bueno, disfruta tu película, nosotros nos vamos, adiós.
—Espera ¿cinco minutos? –le sonrió incómodo y ambos observaron a Michael.
—Te espero allá –el chico le beso y se alejó.
—Le gusta marcar su territorio ¿eh?
—No es un perro, y yo no soy un poste –soltó frunciendo el ceño.
—Lo siento, pero vamos, sé honesta conmigo, salgamos de nuevo.
—Tengo novio, estoy segura de que escuché mal –sonrió.
—Como amigos –soltó –he estado de gira y apenas volví ayer, estaré una semana, antes de volver a irme, por favor.
—Pero…
—No es como si te pidiera que fueras mi fan, o que compraras mis discos, yo pagaré, toma eso como retribución para el mundo porque yo existo.
—En serio no es algo correcto.
— –repitió –no otra cosa, no eres mi tipo, Weasley, no es como si fuese a enamorarme de ti, creo que es más probable que sea al revés –sonrió.
—Bien –aceptó ella con una clara duda en el rostro.
— ¿Dónde nos vemos? –interrogó él.
— Southwark, en The Globe ¿te parece? –sonrió.
—Me parece bien, nos veremos ahí ¿mañana?
—Sí, por qué no.
— ¿A qué hora?
—Temprano, porque tengo cosas que hacer.
—De acuerdo, entonces ahí te veré.
El rubio volvió a colocarse las gafas, con una sonrisa estampada en el rostro, para molestar al novio de la pelirroja que a pesar de que ella ya había llegado a su lado, lo seguía viendo, observó la fachada del cine, y no entró, ella había sido muy vaga en darle detalles sobre ella, pero había salido a la conversación el tema del cine, así que había mencionado el famoso "Everyman", era la única pista que tenía de ella, así que iba con la intención de sobornar a alguien ahí, para cuando la viera, le avisara, pero había tenido demasiada buena suerte.
Regresó hasta el auto, observó a Blaise, que tenía una mirada expectante sobre lo que había ocurrido, pero él no dijo nada más, se limitó a pedir que regresaran a su casa, dándole entender al otro chico, que no había tenido buena suerte en sus planes, y eso le agradaba.
—&—
La mirada del hombre seguía en ella, aunque intentaba no ser tan obvio, la pelirroja puso los ojos en blanco y lo observó directamente, esa clase de actitudes no le agradaban para nada, prefería las cosas directas.
—Dilo –pidió.
—No, es que me sorprende que siempre expresaras lo mal artista, persona y todo eso que te parecía ese cantante, y ahora de la nada, le hagas fiesta cada que lo ves ¿te gustó acaso? –cuestionó Michael.
—No, no me gustó, sí, sigo creyendo que su música es mala y sobrevalorada, no vale la pena como artista ¿feliz?
— ¿Y cómo persona? ¿Por qué saliste con él? y peor de todo, ¿porque no me lo dijiste?
—Decirte que conocí a Draco Malfoy no es algo como para pregonarlo ¿estás de acuerdo? –Sonrió –además, no es mi persona favorita.
—Pues tu actitud dijo todo lo contrario.
—Oye, se portó agradable intentando que conociera a mi banda favorita, al menos un poco de agradecimiento le debo por eso, él no los mandó de turistas por la ciudad, sabiendo que una loca y obsesiva fan se colaría para verlos.
—Bueno, sí, pero…
—Es simple educación, Michael ¿Qué esperas que pase? –se burló.
—Que se obsesione contigo y no se detenga hasta que salgas con él.
—Soy Ginevra Weasley, una pobre chica de ciudad, pobre, que no tiene lo necesario para sobrevivir ¿por qué se fijaría en mí uno de los más "exitosos" artistas del medio artístico? Que para colmo, es el hijo de uno de los más grandes empresarios del país, oh, claro sin mencionar quien es su padrino, Michael, estás exagerando, lo que sea que estés pensando que puede pasar entre Malfoy y yo, no es más que un sueño de una puberta fan.
—Es cierto, creo que por un momento perdí la perspectiva, pero no descartes que eres la chica más genial que hay, así que incluso un patán ególatra como ese, puede sentirse atraído por ti, aunque seas pobre, y él asquerosamente rico.
—No pasará –lo besó –jamás te dejaría por él ¿feliz?
—No tanto, por Malfoy no, ¿qué tal por otro? –sonrió.
—Puede ser, pero no ha llegado el momento.
La pareja fue en busca de un poco de pizza, se distrajeron el resto del día, después de todo era fin de semana y podían hacer lo que se les viniera en gana, aparte de todo, el padre de Ginny, confiaba demasiado en que ella se comportaría, y Michael le agradaba, siempre había sido un chico sencillo y agradable, que seguía las reglas que Arthur Weasley ponía, más que nada, por temor a que los hermanos gemelos de la pelirroja, le hicieran algo que después Corner, lamentaría si hacía algo indebido.
—Es mejor que volvamos a casa, o tu padre no nos dejará salir más.
—Miedoso –bromeó ella.
—Sólo precavido.
—&—
Ginny se levantó tarde la mañana siguiente, se duchó con más pereza de la normal, tan sólo de recordar los planes que había hecho con Malfoy, pero por alguna extraña razón, no había podido negarse, se sentía mal por intentar llegar a otros famosos por medio de él, era algo así como una arribista, y eso sin duda la ponía de muy mal humor.
—Buenos días –saludó entusiasta al ver el desayuno –huele delicioso –chilló de emoción.
—No te vayas a comer la porción de tus hermanos o se estarán quejando todo el bendito día –pidió su padre.
—No es mi culpa que no estén –sonrió ampliamente, ganándose una negación de su padre, que siguió con una sonrisa.
—Bien, dime ¿qué has pensado en hacer para tu cumpleaños? –interrogó el hombre.
—Bueno, aun no lo he pensado, posiblemente una comida como normalmente la hacemos, con amigos cercanos.
— ¿No has pensado en pedir dinero? –sonrió su padre.
—No, en realidad no lo he pensado ¿por qué?
—Bueno, me sentí bastante culpable de que no pudieses ir a ver a esa banda que tanto te gusta, así que, le propuse a tu madre hacer un pequeño ahorro de aquí a tu cumpleaños, y darte el dinero que resulte, así, la próxima vez que vengan, podrías ir ¿qué tal suena eso para ti?
El hombre cerró los ojos y se encogió de hombros con el chillido emocionado de su hija, que se levantó de su lugar, fue hasta él, y lo llenó de besos, haciéndolo sonreír feliz de ver a su hija tan alegre.
—Eres el mejor padre del mundo ¿lo sabías? –contestó extasiada.
—Y tú mi favorita, pero no se lo digas a los demás –le guiñó un ojo.
—En serio papá, tú y mamá son fabulosos.
—Lo sé, lo sé, pero tienes que comportarte bien, o me lo pensaré ¿de acuerdo?
—Yo siempre me porto bien –soltó con una risa pícara.
—Sí, no tuvimos trillizos, pero a veces tu madre y yo pensamos que sí, tú, Fred y George son un dolor de cabeza todo el tiempo.
—Aun así, soy tu favorita.
—No lo digas en voz alta o me lo pensaré también –amenazó con una sonrisa.
Ginny observó a sus hermanos gemelos, tenía la fortuna de poder reconocerlos mejor que nadie en la familia, aun así, les permitía creer que podían intercambiar lugares y ella no lo notaba, eso, sin duda, había evitado que cayera en muchas de sus bromas donde el menos afortunado siempre era su hermano mayor, Percy.
—Buenos días, vaya, Ginny, tú levantada tan temprano un domingo, tiene que ser el fin de los tiempos –bromeó George.
—Tengo cosas que hacer –contestó.
—Sí, ayudarme con mi garaje –contestó su padre y Ginny asintió.
—Ay sí, la niñita de papá –soltó Fred, llevándose una salchicha al plato –pero pensé que papá haría otras cosas.
—Sí, por eso comenzaremos por la tarde –contestó ella tranquila –pero tengo que salir.
—Aquí nadie te ha dado permiso –soltó su madre entrando con una cacerola llena de huevos revueltos.
—Papá –soltó Ginny en tono de queja, observando al hombre que suspiró.
—Bien, pero regresa pronto –permitió.
—Gracias –saltó emocionada.
—Arthur, ya salió ayer –bramó la mujer –y regresó bastante noche.
—A la hora permitida por papá, Michael no se arriesgará a perder nuestro permiso semanal –se encogió de hombros.
—Ves, además, será hasta las tres, no más tarde –contestó el varón.
—Le estás dando demasiadas libertades, más incluso que a tus hijos varones ¿no lo has pensado? –todos observaron a la mujer mayor, y después al hombre.
—Sí, pero es la mejor manera de que sepa que pongo toda mi confianza en ella, darle libertades nos evitará muchas cosas, mujer.
—Pues eso espero –admitió -¿dónde está Ronald? –inquirió al ver la mesa.
—Dormido –contestó Ginny –y aquí no esperamos holgazanes, siempre lo ha dicho papá –le otorgó una mirada agradecida y sirvió más huevo y dos salchichas en su plato.
—Gracias por la amabilidad, hermanita –soló Ron, sentándose junto a ella y quitándole el plato.
—Abusivo –frunció el ceño.
—Mira quien lo dice.
—Un día, haremos una competencia, a ver quién come más de ustedes dos.
—Yo.
—Ella –contestaron a unísono los hermanos menores.
Desayunaron tranquilos, Ginny se levantó de la mesa, subió a su habitación a lavarse los dientes, a cepillarse el cabello y a terminar de vestirse, no era la mujer más bonita del mundo, así que no entendía la razón por la cual Michael, pensaba que era el tipo de Malfoy, que hasta hacía días se le había relacionado sentimentalmente con una de las modelos más guapas de la industria de la moda.
Bajó corriendo, se detuvo frente a su padre, que rebuscaba entre el correo algo que no fueran cuentas que pagar, le sonrió y lo besó en la mejilla.
—Nos veremos en un rato –sonrió.
El hombre observó a todos lados y sacó unos cuantos billetes del pantalón. —Toma, de algo pueden servirte, no le digas a tu madre –le guiñó un ojo.
—Gracias papá.
—No agradezcas, mejor ve y regresa pronto.
—De acuerdo, sólo me deshago del problema y vuelvo.
— ¿Qué clase de problema? –cuestionó.
—Un amigo –comentó –que tiene un problema con una chica.
—De acuerdo.
Draco Malfoy ya estaba esperándola cuando ella llegó, así que tuvo que revisar su reloj de pulsera una vez más para asegurarse de que no había tardado demasiado.
— ¿Tienes mucho aquí? –cuestionó.
—Dijiste temprano, no sabía que tan temprano era tu temprano.
—Eso significa sí, vaya, no pensé que estuvieses tan desesperado por amigos –sonrió burlona, ganándose un ceño fruncido del rubio.
—No eres para nada graciosa –soltó él.
—Eres el primero que lo dice, las personas me encuentran peculiarmente encantadora.
—Dependiendo de cuantas caras tengas.
—Es que soy la misma persona siempre –soltó ella –las personas se enojan de vez en cuanto, otras cuantas veces son irracionalmente felices y otras…
—Ya entendí el punto, no soy tan idiota –bufó.
—Estás de mal humor ¿me sorprendo?
—No –aceptó.
— ¿Algún problema?
—Los mismos problemas de siempre, que no desaparecen, aunque lo intentes.
—Ya, ¿a quién hay que matar? –sonrió.
—Dudo que te atrevieras a hacer algo así.
—Oye, lo haría por mis amigos, pero no lo somos –cortó.
—Te niegas a la posibilidad tan pronto.
—Es que… ¿por qué alguien como tú quisiera ser mi amigo? –cuestionó.
—Porque eres diferente –hizo una pausa –o… algo así tengo que decirte ¿no? –los dos rieron –porque eres especial y diferente, contigo me siento libre de expresarme y… -frunció los labios –no recuerdo lo demás que dicen en las películas cliché, donde un famoso, guapo, rico y perfecto como yo, se enamora o se junta con una chica bonita, divertida, especial, como algunas otras chicas que pude encontrar, pero no, me conformé contigo, una extraña pelirroja, que gusta de entrar tras bambalinas, a acosar a sus ídolos –Ginny sonrió –tal vez porque realmente eres diferente a las otras chicas.
—No soy diferente a ellas –admitió –la verdad sólo te he visto como mi posibilidad para conocer a otros artistas, a los buenos artistas –admitió –así que sí soy como esas arribistas que conoces.
—Ahí está –se burló Draco –no eres como las otras arribistas, ellas lo negarían siempre.
—Bueno, soy una arribista honesta –se encogió de hombros –es por eso que te agrado, es nuevo –admitió –una premisa novedosa, podríamos venderla como idea de una película.
—Ves, ya hasta tienes planes, es bueno saberlo, así usaré a mis abogados para detenerte –soltó.
—Puedo darte parte de las regalías, escandaloso, eres asquerosamente millonario ¿por qué te importaría que me quedara con esas ganancias? –sonrió.
—Bueno, no lo sé –se encogió de hombros –porque me harías quedar mal, como siempre.
—Oye, te pondría como el hombre perfecto, caballeroso, galante…
—A eso me refiero con que me harías quedar mal –gruñó.
—Ya, prefieres ser el patán insoportable que aun así consiguió amigos pobres.
—Puede ser –se encogió de hombros.
—No va a pasar, chico listo –sonrió –así que bien ¿A dónde iremos? porque tengo cosas que hacer más al rato.
—Fuiste tú quien llegó tarde –soltó él sin darle importancia.
El camino a interior de Londres fue tranquilo, para placer de ella, le permitió sintonizar el radio, y quitar la música clásica, no tenía ninguna clase problemas con ese tipo de música, pero no era su favorita, así que se dedicó a cantar alegre en lo que llegaban al lugar donde fuera que él quisiera ir.
Draco sonrió divertido al verla cantar alegre, moviendo la cabeza y en sí, la parte superior de ella, al ritmo de la música, no debería sorprenderlo, después de lo que habían hecho en su primera cita, sin duda era alguien valiente, que no le tenía miedo al ridículo, pero al parecer ella no era capaz de hacerlo.
—Dime ¿podemos repetir esto toda la semana antes de que me vaya?
—No lo creo, chico listo –sonrió –tengo que ir a la escuela.
—Saliendo de la escuela –contestó.
—Mmm… no lo creo, tengo asuntos que arreglar, deberes que hacer, así que lo siento, pero no puedo, es lo malo de intentar hacer amistad con una chica normal.
—Sí, tienes tus desventajas, pero ¿te dije que tengo tutores privados? –sonrió al ver la cara incrédula de la pelirroja.
—Eso significa que sabes leer –soltó divertida –eres una caja de pandora –le sacó la lengua.
—Ellos pueden hacer tus deberes, durante esta semana.
—Eres algo así como satanás, y quieres mi alma ¿por qué?
—Mi asistente personal es un poco aburrido –admitió.
—Consíguete una novia divertida en ese caso.
—La única chica divertida que conozco eres tú –admitió.
—Sal con una de tus fans, puedes encontrar a una inteligente, si buscas bien.
—Estás insinuando que son descerebradas.
—Pues son tus fans ¿creíste que tenían neuronas funcionando en esa cabeza? –negó.
—Sí que te encanta burlarte de mí –soltó.
—Oye, tú quieres ésta amistad, yo no estoy muy interesada –soltó.
—Una arribista poco interesada en su único medio de conocer a ese tipo con gallinas en la cabeza.
—Ese tipo con gallinas en la cabeza, es el hombre con la voz más perfecta del mundo, así que un poco de respeto para él y… sus plumas mágicas –hizo un movimiento con las manos, haciendo que Draco negara, ocultando su sonrisa.
—Bien, bien, dejaré en paz al san gallo mágico.
—Es mejor que aprendas de respeto, o haré que lo aprendas –musitó seria, para reír después a causa de la reacción de él.
—Pareces drogada –murmuró para él.
Ginny bajó del auto completamente desorientada, y caminando rápidamente para alcanzar al rubio, que parecía importarle un rábano que estuviera más atrás.
Se detuvo junto a Draco, que observaba ciertamente a ningún lado o persona en particular, traía sus gafas, y su gorra, como la vez pasada, así que Ginny giró en su lugar, hasta toparse con una estatua, la pelirroja negó, completamente enfadada.
— ¿En serio? ¿Un parque? No me molesta, pero… ¿sólo vinimos aquí a ver la estatua del Rey George II? Tengo un George en casa que es claramente más divertido.
—Sí, bien, no pensé mucho en donde ir, sólo quería distraerme un rato, divertirme con alguien parloteando de cualquier cosa que no fuera yo, mi carrera o algo así.
La cara de Ginny se volvió una mueca complicada que Draco no supo comprender de primer momento, ella negó, y sin dar más explicaciones, comenzó a alejarse, a grandes zancadas, que a Draco no se le complicó imitar y alcanzarla.
—Si quieres diversión, mejor contrata un maldito payaso, o una prostituta –bufó –no soy tu distracción ¿te queda claro? No me importa cuánto maldito dinero tengas, no soy, y jamás seré tu maldita distracción ¿comprendes eso?
—Sonó peor de lo que pretendía, admito eso –contestó –la última vez la pasaste bien, te divertiste, y me distrajiste de mi trabajo ¿bien? Quería que eso volviera a repetirse ¿tiene algo de malo?
—Querías distracción, te hubiese llevado a mi casa, a que limpiaras el garaje de mi padre ¿eso sería diversión para ti? ¿Crees que la vida de la gente común es menos estresante? Eres un idiota arrogante y egocéntrico.
—Lo sé, pero pensé que eso ya lo sabías –Ginny entrecerró los ojos.
—Bien –bufó y observó sobre el hombro de Draco –pero pagarás el café –señaló el local detrás de él.
—Puedo reservarlo para nosotros solos ¿Qué dices?
—No, chico listo –negó y avanzó hasta el lugar.
Draco la observó pedir, con una sonrisa en el rostro, posiblemente se estaba vengando de él, pero todo lo que pidió no costaría ni siquiera lo que su shampoo, pero prefirió dejarla ganar, sin alardear de todo el dinero que ganaba, o el dinero al que tenía derecho por herencia en cuanto su padre muriera.
—No está tan mal, sólo espero que vayas a comerte todo eso, si vas a salir tan cara, claro.
—Bueno, tuve que pedir para que la mesera pensara que eres alguien normal, y no un arrogante pseudo cantante, que sólo come en lugares exclusivos, con sus amigos millonarios.
—Yo no sé cómo hacen esto –argumentó.
—Sí, pero tampoco los que hacen en primera clase, y no necesitas mucho para caerle mal a los meseros, y que éstos escupan en tus cosas –la cara de Draco fue de horror puro.
—No sé con qué clase de personas te juntas tú –soltó.
—Tengo que, son de mi familia –se encogió de hombros sin darle mucha importancia.
—Aquí está el pastel de calabaza –informó la chica –en seguida traigo los demás.
—Fabuloso, muchas gracias –sonrió Ginny.
La risa de Ginny resonó en todo el lugar, él sólo sonrió, no se creía capaz de reír a carcajadas como ella, pero disfrutaba saber que a pesar de tenerlo en la clase de concepto en que lo tenía, podía pasarla bien con él, divertirse, la mayoría de sus novias, se aburrían de sus charlas, o sus prospectos de novias, sólo querían engrandecerlo y todo giraba en torno a él.
Ginevra era diferente; suspiró cuando ella fue al baño, estaba quedando atrapado en una mala trama cliché, y no había nada más que odiara que eso, pero tampoco podía negarse que la pasaba bien con esa pelirroja loca, aunque técnicamente no habían hecho nada más que tomar café, comer pastelillos, salir del lugar, caminar un rato por el parque, ir a comer algo, beber soda, comer helado, y seguir paseando, ahora tenían cerca de dos horas en esa pequeña pizzería, y parecía que no tenía fin en ese estómago ¿cómo era que estaba tan delgada a pesar de comer como lo hacía?
—Demonios –musitó Ginny –son las siete –soltó.
—Quince a las ocho –admitió.
—Lo siento, ha sido agradable, pero tenía que estar con mi padre ayudándole hace unas horas, va a descuartizarme.
—Te llevaré.
—No, me iré sola, no te preocupes, gracias por las comidas.
Salió del lugar sin esperar un poco más, dejándolo frustrado, no le había dicho si podían volver a verse, o cuanto tendría que esperar para volver a encontrarla.
—&—
Ginny observó a su padre, que estaba terminando de arreglar el lugar, él hombre negó, haciéndole sentir la persona más culpable del mundo, se giró cuando escuchó ruidos, su madre iba con una taza de té para el hombre.
—Te dignaste a llegar –la reprendió.
— ¿Pero qué dices, mujer? –Frunció el ceño el hombre –ella ha estado aquí poco después de que saliste, ha demorado, pero no tanto.
—Menos mal, espero que no estés comenzando a descarrilarte, Ginevra Molly Weasley, porque no te agradará la forma en la que te pondré en la línea de nuevo.
—Déjala en paz, Molly –gruñó el hombre –y tú, ven a terminar lo que estabas haciendo.
—Sí, sí, pero tenía que ir al baño –mintió y fue hasta su padre.
Los dos esperaron a que la mujer se marchara, diciendo que iría por la otra taza, dejando a padre e hija solos, de nuevo.
—Lo siento –se disculpó –se me fue el tiempo, en serio, papá…
—Espero que el problema de tu amigo esté solucionado.
—Lo está, o eso espero –volvió a mentir.
—Ven, ayúdame a terminar esto –le sonrió, abrazándola cariñosamente.
