Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.
¡Hola! Bueno, aquí estoy, es sábado de nuevo, pero bastante tarde, lo siento, pero el capítulo destinado a éste día lo publiqué el miércoles, así que tuve que dedicarme a escribirlo saliendo del trabajo y apenas lo he terminado, así que casi va saliendo del horno, o algo así, no sé, muchas gracias por el apoyo que le dan a la historia, sus favoritos, sus follows, sus reviews, sus lecturas, todo, significa mucho para mí, espero que el capítulo de hoy también sea de su agrado, y bueno, nos leemos el próximo sábado.
Por cierto; cualquier error, no duden en hacérmelo saber, lo arreglaré.
Las luces le daban directamente en los ojos, tenía que comenzar a cantar en cualquier momento, pero lo cierto es que no estaba para nada de humor para hacerlo, y era demasiado tarde como para decir que simplemente, no quería salir y hacer el espectáculo, además, las personas frente a él no tenían la culpa de que la semana pasada hubiese sido la peor semana que hubiese tenido.
Él siempre había querido ser cantante; porque la música lo apasionaba, además, su padre parecía echarle en cara que no podía haber logrado su sueño si él no hubiese invertido cantidades exorbitantes de dinero en esa carrera, él aseguraba, que había una forma de inyectarle el talento a las personas.
Dinero.
Así que él estaba en las cima, por esa fama inyectada, que Lucius Malfoy le había conseguido, así que se había jurado a sí mismo, que trabajaría todo lo que fuese necesario, para juntar la cantidad de dinero que su padre le había otorgado, y se la pagaría, para que lo dejara en paz de una vez por todas.
La música sonó un poco más fuerte, y las bailarinas salieron, así que fue su turno de hacer valer el dinero que las personas frente a él habían pagado sólo por verlo, ¿Qué importaba si hacía playback? Ellas sólo querían verle mover el trasero, gritarle cada que hiciera algo insinuador y gritar hasta que sus gargantas dolieran y sus gritos no se escucharan más.
Y él tenía que hacerlo, porque era lo único que hacía que ellas estuvieran ahí, era un precio justo, al menos todo el mundo decía eso, y odiaba saber el poco talento que realmente tenía, pero aprovecharía lo que sí tenía.
Siguió la coreografía a la perfección, después de todo, él no tenía mucho que hacer, sólo dejar que las mujeres lo tocaran, acariciar a una que otra, mover las caderas y pretender que estaba a punto de besar a una que otra de las chicas, pero obviamente prefería volverse loco antes de hacer eso.
Las luces se apagaron, anunciando que restaban quince minutos para que terminar el show, así que sonrió y pretendió que ese había sido el mejor de los espectáculos jamás antes hechos para él, que la gente le había contagiado su buena vibra, pero no era así, sólo estaba contando los minutos antes de poder volver a su habitación de hotel.
Sonrió, proyectando una alegría que no estaba ahí, después de eso, tenía que soportar las preguntas de la prensa local, atender a las fans que habían pagado más de lo que una persona normal y con cerebro —según Ginevra— pagaría por verlo a él.
El público gritó entusiasmado pidiendo una última canción, y por más que no quiso volver, tuvo que hacerlo, para complacer.
—&—
Carlisle, Newcastle, Liverpool, Sheffield, Manchester, Cambridge, Brighton y Bristol, eran algunos de los lugares que había visitado en su gira, estaba agotado, un poco enfermo y sólo quería llegar a Londres, era el lugar de su última presentación, pero no le interesaba, después de eso podía volver a casa y descansar un par de semanas, antes de tener que ir a recorrer Irlanda.
Draco salió de la ducha, tenía el tiempo medido antes de salir al escenario, así que frunció el ceño cuando encontró a la mujer sentada en el sofá, junto a su ropa, ni siquiera le prestó atención, caminó con la toalla enrollada en la cintura.
—Eres un grosero –frunció el ceño.
—No sé qué haces aquí –admitió.
—Tu padre nos dijo que estarías aquí hoy, para uno de tus shows.
—Dudo que él hiciera eso –admitió burlesco.
—Estábamos en una cena, preguntaron por ti, no es que se sienta mucho muy orgulloso de que seas un cantante mediocre –sonrió.
—Y tú eres una modelo fracasada –sonrió enfadado.
—Voy iniciando mi carrera, y contrario de ti, quiero iniciar lentamente, tengo tiempo para consolidarme como una de las mejores.
—Por eso estás aquí –la observó –ve al grano, Parkinson.
—Me gustas, y no tiene nada que ver con el hecho de que seas el cantante del momento ¿de acuerdo en eso?
—Ah, así que por eso era el constante acoso de tu parte ¿no es así? –negó.
—Tienes que dejar de comportarte como un idiota –sugirió –tienes que divertirte.
—Yo me divierto, que no eres la clase de mujeres con las que me gusta salir, es diferente.
—No has salido con alguien en mucho tiempo.
—Que tú estés enterada, querrás decir.
— ¿Sales con alguien? –Soltó sorprendida –interesante ¿cantante, modelo…?
—No es del medio –confesó, quitándose la toalla y colocándose el bóxer.
La mirada de la chica vagó por el cuerpo del rubio, no estaba mal, aunque no era el mejor cuerpo que hubiese visto, en la industria en la que estaba, había visto a tipos más marcados que Draco, pero aun así, ese rubio engreído y distante, tenía algo que le atraía, y era su misión ganárselo, no se detendría hasta que aceptara salir con ella.
—Sólo una cena –pidió –un bar, algo.
—Aclaremos el asunto de nuevo, te intereso no sólo por estar de moda –ella asintió alegre –quieres iniciar tu carrera desde algo lento, pero –hizo una pausa –salir con el "cantante de moda" ayudaría a que no tardaras tanto en colocarte en una posición privilegiada en el modelaje ¿cierto? –elevó las cejas.
—Eres más que una cara bonita.
—Te sorprenderías de lo que mi mente es capaz de pensar o procesar, Parkinson, aun así, sigues sin interesarme.
Se colocó los pantalones, caminó hasta el sofá y se sentó, para poder colocarse los zapatos, la mujer cruzó los brazos debajo de los pechos, y puso una mala cara, pero realmente le importaba un carajo lo que Pansy Parkinson quisiera.
—Aun así voy a quedarme.
—Te envió mi padre ¿cierto? ¿Para qué rayos?
—No, bueno, digamos que mencioné mi interés por ti en la cena, y tu padre y mi padre pensaron que sería una buena opción.
—Ya, sabía que Lucius Malfoy había metido la nariz en esto.
—Tu padrino también cree que… bueno, haríamos bonita pareja, y hasta donde tengo idea, adoras a tu padrino.
—Sí, porque es una persona respetuosa que no intenta meterse en la vida de los demás, así que sí, me a grada, porque lo que son malas decisiones para mi padre, para él, bueno, me aconseja.
—Ya ves, él te aconsejaría salir conmigo, porque seríamos perfectos el uno para el otro –sonrió feliz.
—Sí, una cosa es lo que opine mi padrino, y después está en su influencia para obligarme a cometer suicidio.
—Oye –frunció el ceño.
—No te molestes conmigo, por decirte que ningún hombre en sus cinco sentidos caería enamorado de ti por tu cara bonita y tu personalidad tan profunda como un expresso, sin mencionar que eres fría y calculadora, sí, te irá bien consiguiendo a alguien para salir.
—Bueno, se te olvida que somos muy parecidos ¿no Draco? –gruñó.
—A la defensiva, como siempre que no obtienes lo que quieres, pero a mí no me asustas, querida Pansy, me da igual lo que piense mi padre, me da igual lo que pienses y quieras tú, así que… busca en otro lado.
—Eres un idiota.
—Sí, lo escucho muy seguido, así que si quieres a alguien en tu vida, te daré un maldito consejo, deja esa actitud tan fría como un tempano, se un poco linda, menos absorbente e histérica.
—Porque hiciste lo mismo, y ahora tienes una chica junto a ti.
—La diferencia entre tú y yo –fue hasta ella, con una sonrisa arrogante –es que a mí, me da igual, quedarme solo o no, no quiero una esposa, no quiero hijos, no quiero compromisos.
—Así que esta bonita extraña –frunció el ceño –porque es bonita ¿verdad?
—Más de lo que tú podrías ser, y sí, es algo temporal.
—Vaya, vaya, me ha dado curiosidad conocerla, no quieres compromisos, pero aun así estás con ella –la cara de Draco hizo una mueca incómoda que duró una fracción de segundos, haciendo que Pansy sonriera feliz –bueno, entonces, asegúrate de hacerle saber lo pasajera que será su estancia en tu cama porque al menos la quieres para eso ¿no es así? –le guiñó un ojo.
—No te interesa –bramó enfadado.
—No olvides que sé todo de ti hasta el momento, Draco –le acarició el mentón –tu padre no se sentiría tan decepcionado de ti, si le haces saber que al menos usas esa parte de ti bastante, después de todo, fue quien te consiguió con quién hacerte hombre ¿no? –Rió divertida y avanzó a la puerta –te veré en el escenario.
—&—
Draco entró al despacho de su padre, el concierto había terminado, había cumplido con sus responsabilidades de cantante adolescente, así que no tenía mucho de qué preocuparse.
La puerta se abrió rápidamente, y azotó cuando la aventó para cerrarla, haciendo que su padre apretara la quijada y el esferográfico en su mano cayera sobre los papeles que estaba firmando, así que se recargó en su silla, con la mirada gris bastante severa, en su hijo, esperando una buena justificación para entrar de esa forma en su oficina, tenían reglas, y Lucius Malfoy pese a todo, quería pensar que su hijo no era tan estúpido como para comprenderlas del todo.
—Desde que tienes razón –hizo un gesto Lucius –te dije de qué formas no puedes entrar aquí, así que espero una buena razón.
—Tenías que decirle a Pansy Parkinson ¿verdad?
—No entiendo lo que quieres decir, yo con ella no he tratado asuntos, ni sobre ti, ni sobre nada en particular, así que sé más específico si quieres que te comprenda.
—No es casualidad que vaya hoy a mi presentación…
—Oh, ya terminaste de ser el fenómeno principal en el circo –sonrió fanfarrón.
—Dime ¿cómo es que ella lo sabe?
—Debe saber más cosas que tú, Draco, al parecer, así que sé más específico.
—Si no tienes asuntos con ella, entonces dime ¿cómo es que andas por la vida exhibiendo mi vida sexual por todos lados?
—Eso –Lucius Malfoy se puso de pie lentamente y avanzó un poco hasta su hijo –bueno, ya la gente se burla lo suficiente de ti por ser un payaso, así que… cuando en la mesa salió la pregunta de que si eras una niñita, bueno, tuve que decirles que ni siquiera fuiste bueno para conseguir a tu primera mujer, y tuve que ayudar con eso, como en todo lo que haces, Draco, porque no sabes hacer nada.
— ¡Tenia doce años! –soltó colérico –bueno, no sé en qué maldita época de antaño vivas tú, o si tu primera vez con una mujer fue en el cunero, yo tenía doce malditos años, papá, los niños a esa edad, juegan, o no sé qué demonios hagan a esa edad, no van con "las amigas de papá" a perder su virginidad; porque no han podido conseguir una chica decente.
Lucius Malfoy suspiró, controlando su malhumor que había causado por su hijo y su normalmente trauma. —A veces, creo que eres una mujer histérica y hormonal dentro del cuerpo de un maldito adolescente de 17 años –bufó –así que haznos un favor al resto del mundo, y contrólate ¿bien?
—No quiero que vuelvas a ponerme como tema de conversación –soltó enfadado.
—Eres una copia de tu madre ¿lo sabes? Igual que ella, no sirves para nada, ella me dio un hijo, defectuoso, pero es mejor que nada, así que vete de aquí, y toma una ducha, que no tardan en llegar los invitados.
—No voy a estar en tu maldita cena –bramó y se giró furioso, rumbo a la puerta.
El rostro de Draco golpeó contra la puerta cuando algo le golpeó la parte posterior, la sangre de su nariz comenzó a salir de inmediato, así que observó sobre su hombro a su padre.
—Vas a hacer lo que yo te diga ¿sabes por qué?
— ¿por qué? –soltó.
—Porque eres menor de edad –volvió a levantarse de su asiento –porque pago tus cuentas, y porque todo lo que tienes, haces o no haces, es porque yo lo permito, así que si no quieres que termine con tu juego de ser "cantante", es mejor que te prepares para la cena, porque es mi casa, son mis reglas, y si no te gusta, puedes marcharte, pero claro, si decides irte, no hay tarjetas de crédito, no hay carrera musical, no hay nada, ni siquiera la ropa que llevas puesta, así que tú decides.
—Te odio.
—No sabes lo mucho que me duele –sonrió –eres una niñita emocional, deberías evitar ser uno de esos –hizo mala cara –desviados, de por si no hay nada valioso en tu persona, aparte de tu apellido, como para que todavía salgas con eso.
El rubio salió el lugar, completamente furioso, entró a la ducha, esperando que toda la furia que había ocasionado la charla con su padre se esfumara entre tanto vapor, pero no fue así, observó todo el lugar, la cama, el closet, y por un momento sopesó la posibilidad de marcharse de ahí.
—Los invitados no tardarán en llegar, es mejor que no tardes en bajar –soltó su madre y observó a su hijo –Draco ¿Qué es lo que tienes puesto? –soltó incrédula.
—Me lo regalaron, así que técnicamente, mi padre no compró esto.
—Por eso es de mal gusto –soltó Narcissa –así que arréglate y baja, por favor.
—No lo entiendes, me voy a ir –aventó el reloj de oro que su padre le había comprado, no porque Lucius quisiera, sino porque él había insistido en que lo hiciera.
—No puedes irte –le cubrió el paso –no, Draco, no puedes ¿lo comprendes?
—Él lo sugirió, el dio la propuesta, yo sólo la estoy tomando.
—El berrinche te durará lo máximo tres días, vas a morirte de hambre, pasarás frío y no tienes donde quedarte, tu padre cancelará las tarjetas, y hará una sola llamada, que desencadenará que nadie te abra la puerta o te contrate ¿de qué vas a vivir? Terminarás volviendo y humillándote, haciendo lo que él quería que hicieras, no le des el gusto, cariño.
Draco cerró los ojos ante la caricia de su madre y suspiró cuando ella lo abrazó, su padre siempre le había echado en cara que era un afeminado, una niñita siempre escondida debajo de la falda de su madre, por eso a los doce pensó que era una buena manera de demostrar que no lo era; aunque las cosas no habían sido para nada buenas como Lucius Malfoy pensó, así que la tortura siguió aumentando con cada día.
No le había hecho participe de que ahora era un chico, que tenía un par de chicas en su lista de cama, sin duda eso haría que su padre se sintiera menos decepcionado de él, como lo había dicho Pansy Parkinson hace unas horas atrás, pero tampoco era algo que quería compartir con su padre.
Ya había comprendido qué clase de persona tenía que ser para ser el orgullo de Lucius Malfoy, pero no vendería su alma a algo peor que Satanás, como su padre.
Draco estaba junto a su madre, recibiendo a los invitados cuando su padre salió, le dedicó una mirada rápida, aun así pudo ver el desagrado brillando en sus ojos grises, puso una sonrisa programada y amable en su rostro para dirigirse a sus invitados, cuando todos pasaron, la familia Malfoy los siguió al gran comedor.
La cena avanzó bastante tranquila, todo el mundo hablando de negocios, de cosas graciosas que les habían pasado en sus vacaciones, mientras Draco y su madre permanecían en silencio, a veces riendo o sonriendo dependiendo de la anécdota, recibían una mirada de parte de Lucius de vez en cuando, cuando creía que estaban siendo demasiado obvios en fingir empatía.
—Siento llegar tarde –escucharon una voz masculina.
—No te preocupes, toma asiento –soltó Lucius.
—Oh, bien ¿podrías recorrerte? Hace mucho que no veo a mi ahijado.
Draco sonrió, su padre siempre había tenido envidia de su padrino, que era un hombre poderoso, rara la vez se le veía fuera de eventos de trabajo, pero aun así pasaba de vez en cuando por la ciudad para visitarlo, platicaban, se ponían al tanto de la situación y al final, se marchaba, dejándolo un poco más tranquilo, sabiendo que alguien lo comprendía.
—Está enfadado de nuevo ¿te portaste bien de nuevo? –sonrió divertido.
—Yo siempre me porto bien.
—Sí, eso no lo dudaré –guardó silencio, observó a la chica que le servía la cena –muchas gracias.
—Por cierto, padrino ¿puedo pedir tu ayuda?
—Desde luego, es mi pasatiempo favorito –bromeó.
—Conocí a una chica, que no es del medio –lo observó –quiero localizarla.
— ¿No es muy raro que siendo tú no te diera todos sus datos?
—Es lo interesante sobre ella, ni siquiera es mi fan.
—Bueno, eso explicaría muchas cosas ¿verdad? Bien, de acuerdo ¿sabes al menos su nombre?
—Ginevra Weasley –contestó.
—Lo olvidaré para el final de la cena –admitió y sacó una pequeña tarjeta de la bolsa de sus pantalones, pero antes de dársela hizo una mueca –mejor ven conmigo mañana por la mañana y pedirás el favor directamente.
—Suena fabuloso –sonrió alegre.
La cena de inmediato se volvió menos espantosa al menos para él, aunque su padrino se dedicó a charlar con los presentes y pocas con él, las cosas eran diferentes, por fin sabría dónde demonios encontrar a esa pelirroja.
—Todo ha sido delicioso, Lucius, pero tengo que irme, lo siento.
—No te preocupes, sé que eres un hombre ocupado.
—A veces desearía no serlo tanto, pero son gajes del apellido –apretó la mano del rubio mayor y palmeó el hombro de su ahijado –te espero mañana por la mañana, no lo olvides.
— ¿Qué tan por la mañana? –cuestionó Draco, no le pasaría de nuevo lo mismo que con Ginevra.
—Ocho treinta está bien.
—De acuerdo.
—&—
Ginny Weasley estaba distraída observando el cielo despejado que no sabía cuánto tiempo duraría, mientras estaba recargada en la espalda de su amiga Parvati Patil, que estaba leyendo en ese momento los horóscopos, el de ella y continuaría con el de Ginny.
—Sabes que eso no es cierto ¿verdad? –inquirió, mientras hacía una gran burbuja con su chicle color rosa.
—Cállate, no eres nadie para matar mis ilusiones, además, aquí dice que mi suerte en el amor no ha mejorado, y eso es cierto –bufó.
—Claro –se burló.
—Bien, el tuyo dice que eres un poco mandona, oh vaya, que acertado, también dice que hay posibilidades de triunfar en lo que más quieres, y que en el amor hay posibilidades de un nuevo interés amoroso, y si tienes pareja, problemas por causa de un tercero.
—Mentiras –soltó ella volviendo a hacer una burbuja grande, que alguien reventó.
La mirada de Ginny se encontró con los ojos grises intensos, observó su rostro, tenía una sonrisa victoriosa en la cara ¿cómo rayos había dado con ella? Si recordaba claramente ser bastante vaga en los detalles personales, como al colegio que asistía, donde vivía y cosas bastante personales.
—Parece que el nuevo interés amoroso te ha encontrado, para ser ese que le dé problemas a tu relación –anunció arrastrando las palabras.
—Ni en tus mejores sueños –pronunció, Parvati se giró de inmediato a observar al dueño de la voz.
—Te encontré –repitió.
—Sí, y realmente me estoy preguntando ¿cómo es que lo hiciste?
La mirada de Draco fue hasta la chica que estaba con Ginevra, y después volvió a observar a la pelirroja, sonriendo, no iba a decir nada delante de esa extraña que le importaba una mierda, y que no tenía por qué saber que Draco Malfoy había pedido que alguien le dijera los generales de la chica que le interesaba, momentáneamente, al menos.
—Ven conmigo y te lo digo.
—No puedo –contestó ella –tengo un novio, que me gusta, que es divertido, encantador y…
—Nadie quiere competir con él, porque de hacerlo, sabes muy bien que le ganaría, pero vas a mentirte y negarlo.
—No voy a negarlo, posiblemente puedas lucir más atractivo, pero yo no salgo con Michael por lo guapo que me pueda parecer –sonrió –suerte ganándole a eso.
—Puedo con lo que sea –argumentó.
— ¿No vas a presentarnos? –cuestionó Parvati.
— ¿Qué? Oh, claro, Parvati…
—Vámonos de aquí –insistió el rubio, interrumpiendo la presentación.
—Estoy esperando a mi novio, ya te dije que no, así que deja de molestarme.
—Es una lástima, tengo entradas para una banda que tocará ésta noche, supongo que pueda gustarte, no es tu favorita, pero… son amigos ¿no es así?
La mirada chocolate de Ginny se posó en los boletos, sonrió mientras desviaba la mirada, se levantó, sujetó a Draco del brazo y lo alejó lo suficiente como para que su amiga no la escuchara.
—Sabes, me gustaría mucho saber cómo sabes dónde encontrarme.
—Hay muchas cosas que el dinero puede hacer, como encontrar a una chica pelirroja de nombre "Ginevra Molly Weasley" séptima hija del matrimonio entre Arthur y Molly Weasley –sonrió, ante la palidez del rostro de la chica.
—Sólo quería saber dónde encontrarte, me dieron todos los demás detalles.
—Eso es una violación de la privacidad ¿sabes qué es eso?
—Sí, me gusta mucho mi privacidad, por eso no dejé que me presentaras a esa chica –se encogió de hombros –la demás gente no tiene por qué saber que estoy obsesionado contigo –se acercó más a ella –en que posiblemente me gustes, y lo mucho que podrías obtener si sales conmigo mientras estoy en la ciudad.
La mirada y el rostro de la pelirroja permanecieron impasibles, en el fondo, esperaba que ella estuviera sopesando la posibilidad de aceptar la oferta, por ahora sólo quería alguien con quien distraerse, nada sexual, y no creía que ella fuese a distraerlo tanto, posiblemente la próxima vez que volviera a Londres, no la buscaría.
—Oye –la sujetó del brazo cuando se giró y se dispuso a dejarlo solo.
—No me interesan tus propuestas –contestó –si puedes estar o no obsesionado conmigo, es tu asunto, no mío.
—Puedo ir con tus padres y ofrecerles dinero…
—Adelante, adoraré ver a mi padre sacar su atizador para…
—Ya entendí –cortó la oración frunciendo el ceño –pero es que no sé cómo convencerte.
—Te diré que consiguiendo boletos para una banda que ni siquiera conoces, diciéndome cosas como "estoy obsesionado contigo" "posiblemente me gustes" y sobretodo ésta "lo mucho que podrías obtener si sales conmigo mientras estoy en la ciudad", es el camino más rápido para que al menos yo, grite, pidiendo ayuda, y declare a la prensa que eres un maldito loco.
—Auch, que agresividad –soltó frunciendo el ceño.
—Puedes estar acostumbrado que con sólo –se acercó a él –susurrarle a las chicas lo interesado que estas en ellas –susurró en el oído de Draco –caen redonditas a tus pies, me temo que estás muy mal conmigo.
—Te pedí que fuéramos amigos y aun así te negaste –se encogió de hombros –realmente no sé qué hacer o que decir contigo, todo lo tomas a mal, eres realmente negativa.
—Bien –aceptó –pero quiero algo de comer –aceptó.
—Lo que quieras –sonrió.
—Pero primero quiero ir a mi casa y cambiarme, mi padre tiene que ver que llegué a casa y que iré a un concierto.
—Conmigo.
—No está preparado para eso –soltó negando, se alejó, pidiéndole que esperara ahí.
Draco observó a la pelirroja, que hablaba algo con la otra chica, que estaba un poco acelerada, dando brinquitos de la emoción, mientras Ginny intentaba de tranquilizarla, se besaron en la mejilla y sujetó sus cosas, caminando perezosamente hasta él.
—Listo –soltó yendo rumbo a su casa.
—Mi auto está por allá –argumentó, la sujetó de la muñeca y la arrastró.
—Dime ¿sabes dónde vivo? –entrecerró los ojos.
—Sé incluso en qué gaveta guardas tu ropa interior –sonrió cuando ella giró a verlo con los ojos bastante abiertos y le dio un puñetazo en el brazo.
—Eso dolió –se quejó.
—En serio ¿alguien puede sentirse halagado por comentarios así?
—No lo sé, yo no halago a nadie para ser honesto.
—Sí, es que eso se nota a millas de aquí –argumentó negando.
—Sólo intento ser divertido.
—No lo intentes, es mejor.
Draco esperó en el auto mientras la pelirroja entraba a la casa donde vivía, intentó no observar de más, sabía que ella no tenía dinero, pero saberlo a ver la clase de casa en la que vivían, bueno, no era tan mala, pero no se comparaba con la Mansión de su padre.
—Listo –entró al auto.
—Vaya, eso fue rápido –sonrió.
—Soy la favorita de mi padre, además, le dije que estaría con Michael, que habíamos ganado entradas.
—Mentiste ¿por qué?
—No iba a decirle que me colé al backstage de un festival, que conocí al tonto arrogante más grande de Europa, y que iría a un concierto con él.
— ¿Por qué no? –la observó.
—Creerá que quieres llevarme a la cama, y que soy lo suficiente estúpida como hacerlo, pero no, al menos no contigo, si fuese otro famoso que me gustara…
—Ya entendí –gruñó –tu padre tampoco me tolera.
—Para él no hay nada más grande que The Beatles.
—Sobrevalorados –soltó él.
—Con mejor arreglos musicales, con mejores letras y mejores voces que tú, y… te recuerdo que tú también eres sobrevalorado –se colocó el cinturón de seguridad.
—No voy a ganarte nunca ¿cierto?
—Si quieres mi amistad, es mejor que te acostumbres, niñito.
—Soy más grande que tú –informó y puso el automóvil en marcha.
