Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.
¡Hola! Bueno, es sábado por la noche, y creo que se me está haciendo costumbre actualizar hasta estas horas, a mi defensa, diré que mi avance de éste capítulo se borró cuando mi computadora se apagó de la nada, y sí, no había guardado nada, no pensaba subir actualización hoy, hasta la siguiente semana, pero mi conciencia no me iba a dejar en paz toda la semana, así que aquí estoy, tarde, pero seguro, así que bueno, si no hay otro contratiempo, nos leeremos el siguiente sábado.
Por cierto; cualquier error, no duden en hacérmelo saber, lo arreglaré.
Ginny Weasley estaba demasiado tranquila cuando él se sentó a su lado, le observó un momento, dedicándole una sonrisa como saludo, Draco observó lo que estaba sobre la mesa, un montón de libros por si ningún lado, al parecer había aprovechado que no llegaba para hacer sus deberes, el lápiz golpeó unas veces más la libreta, mientras la mente de la pelirroja estaba en cualquier otro lado, menos ahí.
—Estas bien ¿verdad? –ella lo observó de nuevo.
—Sí, es sólo que estoy pensando en si realmente necesito una carrera –bromeó.
—Ven conmigo y no la necesitarás –sugirió.
—Eres algo así como "ven conmigo si quieres vivir" –rió –realmente necesito poner atención a mis estudios, pero no hoy –cerró el libro.
—Bueno, creo que estás de excelente humor.
—Yo siempre estoy de muy buen humor, no sé porque lo dudas –frunció el ceño, para terminar riendo –dime ¿por qué no estaría de buen humor?
—No me has visto en tres días.
—Creo que esa es la razón por la cual estoy de tan buen humor, en ese caso.
—Creí que estarías enfadada conmigo, eso es todo.
—Por no verte en tres días, tiene que ser una broma, Draco, puedo sobrevivir sin volver a verte, créeme, mi vida no gira a tu alrededor, aunque lo desearas.
—Es sólo que pensé que tu novio te había dicho algo por invitarme a tu casa, eso es todo.
—Michael no es un chico celoso, sabe que entre nosotros nunca habrá algo más que una buena amistad, así que no tiene por qué hacer una escena de celos.
—Bueno, en realidad, es que le dije que iba a conquistarte…
Frunció el ceño; la gente giró a observarlos, la risa de la pelirroja era algo estruendosa, aunque normalmente no riera de aquella forma, eso debió sonar muy patético, él siempre tenía a las chicas comiendo de su mano, pero Ginevra Weasley no, tal vez, por esa razón, llamaba más su atención que cualquier otra.
—Así que supongo que no has pensado del todo mi propuesta ¿cierto?
—No sé de qué hablas –contestó aun con un bocado de pastel –dices muchas cosas, no todo lo tomo en serio, así que aclara un poco las cosas.
—Sobre venir conmigo.
—Así que lo decías en serio –sonrió divertida.
—Claro que lo decía en serio ¿por qué no lo haría?
—No lo sé, porque eres el hijo de un rico que canta por hobbie…
—Yo no canto por hobbie –soltó con el ceño fruncido, haciendo que la chica lo observara completamente sorprendida –y eso te sorprende.
—Desde luego que sí, con todo el dinero que tienen tus padres…
—Mis padres, no yo –soltó enfadado –y en todo caso, estaba siendo honesto que pasaras tus días de vacaciones conmigo.
—Sobre eso, no creo que mis padres acepten, si lo hicieran, sería una clase de milagro.
—Por lo poco que pude ver en esa grandiosa cena, es que eres la adoración de tu padre, así que… si lo convences a él, posiblemente, tu madre no pueda oponerse.
—Mi papá es un hueso duro de roer, Draco, no es como si yo le pidiera algo y él automáticamente dijera que sí a todas las peticiones.
—Pues parece lo contrario –sonrió burlón.
—Pero no lo es, y además ¿por qué quieres que vaya contigo?
—Me caes bien, me distrae la forma en la que pareces un tipo gordo con gran apetito.
—Tengo un gran apetito, aunque no puedo asegurar que mi ángel de la guarda no sea un tipo gordo y calvo, algo así como mi espíritu animal, o yo que sé.
—Convéncelo, no siempre tendrás la oportunidad de viajar por el país ¿o sí?
—Tengo dos hermanos fuera de…
—Sabes que quieres venir, no puedes negarlo.
—No soy la clase de persona que se va de viaje con alguien que apenas conoce.
—Por eso te dije que será trabajo, podemos tener ratos de diversión y comida cuando mis asuntos estén terminados, pero tu trabajo, será principalmente cuidarme.
—Pensé que ese era el trabajo de Blaise.
— ¿Lo has visto cuidándome cada que nos vemos?
—Ahora que lo dices, no –aceptó.
—No me cuida del todo bien, además, prometo que de ti, no escaparía, es más, te llevaría conmigo a todos lados a los que fuera, así tendrías el control sobre mí.
—No, le harías pensar a todos que lo tendría, pero tú seguirías siendo el que mandara, no soy tan ingenua, Malfoy.
—Di que al menos lo intentarás.
—Soy una chica menor de edad ¿en serio crees que me dejará?
—Todo depende de lo mucho que quieras venir conmigo.
—Entonces creo que nos veremos a tu regreso –sonrió.
—Parece que alguien más es un hueso duro de roer aquí.
—Por algo soy la favorita ¿no lo dijiste? –los dos sonrieron.
Draco ya no intervino más, la observó comer otro trozo de pastel, mientras de su boca escapaban ruiditos placenteros, o era muy delicioso, o realmente era una exagerada, no quiso averiguarlo.
—Me alegra que no te molestara mi comentario con tu novio.
—Él no dijo nada –repitió –no te ve como una amenaza, para ser honestos, nadie ha sido una amenaza para él, desde hace un año y meses.
—Estás muy enamorada de él.
—Me encanta la forma en la que se ríe, en la que bromea, todo, aunque no sé si sea amor como tal.
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Arthur Weasley estaba sentado en el sofá pequeño en la habitación, con los brazos cruzados, al mismo tiempo que movía la cabeza de un lado a otro en negación a lo que su hija estaba pidiendo, no es que no confiara en ella, pero ese chico tenía algo que no terminaba por agradarle, y lo prefería miles de kilómetros lejos de Ginny, estaba consciente de que a lo largo de los casi 16 años de su hija, siempre le había dado libertado de elegir a sus amistades, le dejó salir con Cormac cuando se suponía no tenía permitido salir con chicos hasta los 17; sabía, que sí Draco Malfoy era su amigo, lo iba a defender, y tal vez no se iría de viaje mientras fuera menor, nada le aseguraba que no terminaría cegada, que ese tipo la ilusionaría y terminaría yéndose con él, posiblemente… si se desilusionaba pronto de él.
—Por favor, papá –suplicó Ginny, sentándose en la mesita frente al sofá, con una mirada angelical –se supone que confías en mí más de lo que confías en nadie.
—Ginny cariño, no me fío de él.
—No te estoy pidiendo que te fíes de él, papá, sino que confíes en mí.
— ¿Y si ese chico sólo está buscando llevarte a la cama?
—Ya ha tenido oportunidad de intentarlo y no lo ha hecho papá –contestó.
—Pero estás en casa, si lo intentara, podrías volver de inmediato, pero lejos, sin… si intenta algo contra ti…
—No lo hará, papá, Draco Malfoy jamás estará conmigo de esa manera en la que estás pensando, y si lo intenta lo pondré en su lugar, tienes que confiar en mí, salgo con Michael, amo a Michael.
—Es que Ginny –dudó un momento.
—Él dijo que pagaría, que sería su asistente, sabes que quiero ser una asistente personal de algún artista, él me está dando esta oportunidad porque somos amigos, y porque necesita un amigo, no tiene ninguno aparte de mí, y eso es triste.
—Promete que si intenta algo llamarás –pidió –no importa que tan lejos estés, iré por ti en ese momento, promételo.
—Te lo juro, papá –sonrió y lo abrazó fuertemente.
Sabía que su padre no iba a darle un no por respuesta, pero siempre había una primera vez, aunque agradecía que en esa ocasión no lo fuera, subió hasta su habitación completamente alegre, iría de viaje —o disque trabajo— con Draco Malfoy, un mal músico, desde luego, y una gran oportunidad de saber cómo sería su vida en un futuro no muy lejano.
Se dejó caer en su cama, con una sonrisa de oreja a oreja, jamás había salido de Londres, tener esta gran oportunidad sí que era fabulosa, no podía esperar por verlo y darle las nuevas y felices noticias, en menos de una semana, estarían en otro lado del país, mientras él distraía a torpes niñas pubertas.
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La sonrisa de lado apareció en el normalmente inexpresivo rostro de Draco Malfoy después de que ella terminara de informarle que su padre, había, después de mucho esfuerzo, accedido a dejarla ir con él, salvo que tenía que ir él personalmente a pedirlo también, ahí le daría indicaciones al respecto de qué tenía que hacer y comportarse respecto a ella.
—Es un poco exagerado –argumentó –pero ya ha dicho que sí, no importa que diga, sólo dile que sí a todo.
— ¿Y si me pregunta sobre si mis intenciones son llevarte a la cama? –La sonrisa se hizo más notoria –también tengo que decirle que sí.
—Es obvio que eso nunca pasará, pero si lo pregunta, la respuesta correcta sería… -hizo una pausa –digamos que tienes que contestar lo correcto, si es que realmente quieres que vaya contigo.
—Vaya, por un momento pensé que querías que te llevara a la cama –dio un paso hasta ella.
—Tal vez algún día te pida que me lleves a la cama, me arropes y me cuentes un cuento, Draco, no eres tan irresistible como piensas –sonrió.
—De acuerdo, pero cuando termines loca por mí, recuérdate éstas palabras ¿quieres? –se burló.
El rubio condujo hasta la casa de su amiga, que no iba prestando para nada atención de lo que ocurría a su alrededor, al parecer se estaba quedando dormida, pero después de todo lo que había comido en esa cafetería, no le sorprendía que le cayera de peso.
No la despertó cuando llegaron, más bien se burló de ella, tenía que tenerle demasiada confianza como para dormirse en el trayecto, la risa se borró de su rostro, y sintió un pinchazo en el pecho, lo que inició como un pensamiento divertido terminó por golpearlo, ella realmente confiaba en él, o no habría ni siquiera hablado con su padre para que la dejara ir, no podía echar a perder la amistad que tenía con ella.
Coloco el mechón de cabello que se había resbalado detrás de su oreja, mientras con sus nudillos acariciaba la tersa piel lechosa y pecosa de la joven, sonrió, mientras acercaba su rostro hasta el de ella para despertarla.
—Alguien no pierde el tiempo, al parecer –soltó la voz masculina, así que Draco se alejó.
—Corner –soltó enfadado.
—Aprovechado –soltó, mientras abría la puerta y sacudía lentamente a la pelirroja, que se quejó –llegaron a tu casa, Gin –informó.
—Hola –sonrió abriendo los ojos lentamente –que guapo te ves –aduló.
—Tengo que ir a la fiesta de mi hermano, aunque no quiera.
—Diviértete –lo besó.
—Te veré mañana –volvió a besarla, y se alejó sin despedirse de Draco.
—Aun no me perdona –soltó.
—Se le pasará rápido, ya lo verás –sonrió y salió del auto, completamente somnolienta.
Avanzaron hasta la puerta de la casa Weasley, Draco no dijo mucho, simplemente observó a la chica abrir y dejarlo pasar, avanzaron tranquilamente hasta el lugar donde Arthur Weasley estaba, ocupado haciendo algo que el rubio no distinguió, tampoco preguntó nada.
—Papá –lo llamó Ginny –Draco está aquí.
—Veo que si está realmente interesado en sacarte de aquí a como sea lugar.
—No a como sea lugar –interrumpió él –yo sólo lo sugerí, e insistí un poco en que lo convenciera, su hija y yo, somos buenos amigos.
—Apenas si se conocen y se han tratado ¿a quién quieres verle la cara?
—A nadie, señor Weasley.
—Lo único que quieres es llevarla lejos y aprovecharte ¿no es así? Por tu fama, por tu dinero, crees que una jovencita en una situación económica como la nuestra hará todo lo que le pidas por un poco de lujos ¿no es así?
—Si fuera así, no necesitaría sacarla de la ciudad, le daría todo lo que ella pidiera, a cambio de lo que usted está pensando, su hija ha dejado claro las situaciones entre nosotros, ella tiene un novio que jamás dejará por mí, y no le estoy pidiendo que lo haga, me agrada su hija porque contrario a los demás, me dice lo que piensa realmente de mí, y eso me agrada, estoy acostumbrado a que todo el mundo me bese el trasero, Ginny Weasley no, ella odia mi música, y muchas cosas que representan ser yo, pero somos amigos, y es por eso que quiero llevarla conmigo, porque me divierto con ella, más que con otra gente.
El hombre se quedó callado, no dijo nada más, simplemente se quedó meditando por un largo minuto, suspiró cansino, observó a su hija que tenía una mirada esperanzada porque él no cambiara de opinión, así que negó, algún día tenía que aprender a decirle que no a esa niña, porque siempre conseguía lo que quería.
—Cualquier cosa que le pase a mi hija te haré directamente responsable ¿lo escuchas? –soltó en un tono severo.
—Completamente y… necesito que firme algo –se encogió de hombros, haciendo que el hombre pelirrojo observara a su hija de inmediato.
—No sé si me agrada eso.
—Es sólo que… por si llegamos a salir del país –levantó las manos –me haré responsable de todo lo que pueda pasar, no tiene que repetirlo –comentó.
Ginny salió del lugar, mientras los dos "hombres" charlaban de cosas serias, más que nada, serían más amenazas para Draco, sabía que si ella permanecía ahí, terminaría defendiéndolo, y así su padre no sabría a ciencia cierta qué clase de persona era, no es que Draco fuera la persona más agradable y encantadora, tenía sus cosas buenas y sus cosas malas, como cada persona, la única diferencia es que con él, era difícil saber si estaba teniendo un mal día o uno increíble, su rostro era tan impasible, como si estuvieses viendo una pared pintada de blanco, sin expresión alguna.
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La pelirroja suspiró, mientras su mirada estaba en la maleta vacía sobre la cama, su vista viajó hasta su pequeño armario, no había mucho que elegir, toda la ropa buena estaba en un lado, así que suspiró y comenzó a sacar lo que empacaría.
— ¿Podemos hablar? –interrogó su madre.
—Claro –sonrió y se sentó en la cama.
—Es sobre el permiso que tu padre te ha dado hace unos días –admitió.
—Mamá, ya se lo dije a él, no…
—Sé lo fácil que tu padre pierde la perspectiva cuando se trata de ti y todo el montón de promesas que le rezas, Ginny, sólo quiero que esta vez las cumplas.
—Voy a cumplirlas, mamá, Draco es sólo…
—Un amigo, un cantante de cuarta que no te interesa de ese modo ¿cierto? –Ginny se limitó a verla –ningún chico va a ser honesto cuando se trate de llevarte a la cama, Ginevra, ese cantante puede ser todo lo que tú quieras, pero es un hombre, y la convivencia, hace que nosotras, caigamos fácil a sus palabras bonitas, no quiero que rompas la promesa que le hiciste a tu padre.
—Mamá, no tienes de qué preocuparte, él no es de esos hombres que dicen cosas bonitas, así que no caeré enamorada de él por su cara, que puede ser atractiva, pero es demasiado frío como para enamorar a una persona.
—Recuerda que no sólo tu padre está depositando esa fe en ti, sino también Michael, tus hermanos, yo.
—Tú estás aquí sermoneándome sobre algo que no ha venido a mi mente, sólo estás dándome ideas, si fuese esa clase de persona que piensas que soy, mamá, sólo por molestarte y llevarte la contraria, lo haría, pero no, no voy a caer ante las palabras bonitas de Draco Malfoy, porque nunca las dice –soltó frunciendo el ceño –y tampoco me enamoraré de él, ya lo dijiste, hay un chico increíblemente fabuloso esperándome aquí, además, sólo son las vacaciones, no voy a mudarme con él, ni nada por el estilo, deberías decirme todo esto cada que nos envías a mis hermanos y a mí pasar unos días con la tía Muriel –suspiró –y te apuesto que de ser al revés, de ser Draco la chica y yo el varón, me estarías aconsejando de que y qué forma ponerla y hacerle suplicar –gruñó –las dos sabemos, mamá, que nunca has confiado demasiado en mí, siempre estás esperando que arruine las cosas, pero no va a pasar, no pienso defraudar la confianza que al menos papá, si tiene en mí.
Molly Weasley asintió, con el semblante serio y salió de la habitación de su única hija, la chica suspiró, tal vez porque era una adolescente y era normal no llevarse bien con su madre, pero la mayoría de las veces, quería quedarse sola, con su padre y sus hermanos, sin que su madre la estuviera molestando todo el tiempo, desconfiando de cada paso que daba.
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Draco se acomodó en su asiento junto al pasillo, Ginny se había sorprendido demasiado cuando él accedió con tanta facilidad a dejarla junto a la ventanilla, lo cierto era que él odiaba la vista, jamás le había gustado, y contrario de lo que todo el mundo pensaba, era el lugar más incómodo, a pesar de estar viajando en primera clase.
—Esto es emocionante –admitió con un tono alegre, haciendo que el rubio la observara de reojo.
—No te burles de mí, es mi primera vez en un avión –soltó frunciendo el ceño.
Draco se acercó a ella. —Sabes que es ilegal tener sexo en un avión ¿cierto? –murmuró en el oído de la pelirroja, se alejó con una sonrisa, porque el gesto de Ginevra era incrédulo.
—Y-yo no, yo no me refería a eso –gruñó, golpeándole fuertemente el brazo.
—Eso dolió –se quejó frunciendo el cejo.
— ¿En serio? Pues para eso te golpee, para que te doliera –murmuró.
—Yo sólo te estaba diciendo una regla principal –bufó.
—Primera clase no estará sola para nosotros ¿verdad? –lo observó.
—Me gusta viajar relajado, y… no muchos pueden pagar primera clase, la mayoría de los artistas reciben pases de turista, pero yo no.
—Y te pagan la primera clase –lo observó incrédulo.
—No, ellos compran el boleto, yo pongo el restante para primera clase.
—Eso es tener dinero.
—Bueno, tengo que gastarlo, no voy a ponerlo bajo el colchón y dormir sobre él hasta que me muera ¿o sí?
—No lo sé, yo no duermo sobre libras esterlinas, no sé si lo sepas –rió divertida.
—Sí, lo supongo.
Volvió a acomodarse sin prestar más atención a ella, nunca había tenido un acompañante en primera clase, normalmente todo su equipo viajaba en camionetas, y uno que otro en clase turista, su mirada se posó de nuevo en ella, que observaba maravillada por la ventanilla.
—Sabes que aún no despegamos ¿cierto? –bromeó.
—Eres malvado ¿lo sabes? –sonrió.
—Claro que lo sé –se encogió de hombros.
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El viaje a Northumberland no fue tan desagradable como normalmente lo era, Ginevra pasó más tiempo dormida que viendo por la ventana, pero eso tampoco le desagradó, el hecho de que fuera menuda y pequeña, ayudaba mucho a que no roncara, porque de ser lo contrario, la hubiese echado del avión él solo.
—Ya llegamos –le informó.
—Pedir cinco minutos es algo que no se puede ¿cierto? –él negó –bien, bien, ya voy.
El descenso del avión no fue tan caótico como Ginny pensó que sería, así que siguió a Draco, que se movía con tal naturalidad, como un pez dentro del agua, sin duda envidiaba un poco de esa seguridad, que si no tenía, al menos la aparentaba bastante bien.
—Iremos al hotel a dejar las cosas y me imagino que quieres dormir un rato más.
—Pues… lo quiero, pero se supone que soy algo así como tu empleada, así que no puedo.
—Los dos sabemos que puedes hacer lo que se te dé la gana ¿verdad?
—Hicimos un trato, así que no, no haré lo que se me dé la gana –soltó decidida.
—Bien, entonces enviaremos las cosas al hotel y buscaremos un sitio donde comer por aquí ¿feliz?
—Sí –sonrió.
Regresaron pronto al hotel, a pesar de que quería lucir como si todo estuviese bien, él también quería descansar, así que para placer, ella lo siguió completamente, obediente, como Ginny Weasley no era.
—Vendré por ti en cuanto me despierte y me ponga presentable, para desayunar juntos, así que… espérame.
—No prometo mucho –sonrió –pero haré todo lo posible.
—Con eso es suficiente, supongo –se dio media vuelta.
—Oye… -musitó, sujetándolo de la muñeca –quería darte las gracias, realmente no tengo idea de tus verdaderas intenciones para tenerme aquí, pero lo agradezco mucho, en serio que sí.
—Ya se lo dije a tu padre, me agradas, y aunque eres extraña, con un sentido del humor tan fuera de lugar, creo que de todos los que puedo elegir para mis amigos, eres la opción que más me agrada.
—No estás comprando mi amistad ¿lo sabes?
—Descansa –se soltó del agarre de la chica y avanzó hasta su habitación.
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Las mujeres del público lo aclamaban para que saliera a escena, así que se hizo a desear un poco más, sólo para darse el gusto, ella no dijo nada, se limitó a sonreír, y arreglar lo poco desarreglado que tenía la ropa y le palmeó la espalda en señal de buena suerte.
La insoportable música comenzó a sonar en cuanto él dio la señal, era lo único malo de todo eso, que tenía que soportar escucharlo cantar, la música, no podía ponerse sus audífonos y darse media vuelta, aunque admitía que verlo casi de frente mientras bailaba de esa manera, no era nada malo, las bailarinas se restregaban contra él más de lo que se suponían tenían que hacerlo, ahora comprendía porque la primera vez que lo vio alejarlas con cierta brusquedad, le pareció un idiota prepotente.
La mirada de la pelirroja vagó por el lugar; los letreros que decían cuanto lo amaban, pidiendo cosas poco decentes, y más, ninguna de ellas estaba cantando, todas estaban locas, gritando por él, y una que otra, pronunciaba dos o tres palabras, y después gritaban.
¿Realmente se sabrían sus canciones? ¿O sólo eran sus hormonas? Porque tenía que admitir que Draco estaba agradable a la vista, sus ojos grises, su cabello rubio, normalmente lacado, y esa expresión de que puede todo, no iba a tocar el tema de su apariencia debajo de sus hombros, porque se perdería en la vista, y no quería que se la pasara molestándola el resto del viaje por los cinco minutos que observó de más.
Una de las modelos le revolvió los cabellos, saliéndose completamente de su rutina, Ginny notó la mirada casi asesina que le otorgó el rubio y se alejó, cantando en otra parte del escenario, Ginny se cruzó de brazos, mientras enarcaba una ceja, no sabía si reírse como loca, o reprenderla ¿Cuál era su papel ahora que era algo así como su asistente personal? Suspiró y se encogió de hombros para ella misma, iba a dejarlo pasar, por esta vez.
—Necesito que alguien me hidrate –soltó con una sonrisa torcida en su dirección.
—La botella está frente a la batería.
—Eres mi asistente, hidrátame –la observó atento, Ginny puso los ojos en blanco y tomó una nueva botella, la abrió y se la tendió.
—Muchas gracias, veo que alguien hace bien su trabajo.
Le dio un gran trago, y con los labios húmedos, depositó un breve beso en la comisura de la pelirroja, dejándola completamente sorprendida.
