Capítulo 19: Un último día de paz.
Siempre me he preguntado por qué el contacto de sus manos en mi piel se siente tan bien, me hace olvidar todo lo que me hace daño, en ese momento solo existen en el mundo dos personas, él y yo…
Los rayos de luz matutinos comienzan a entrar por la ventana, iluminando nuestros cuerpos mientras jugamos debajo de las sabanas de mi cama, nuestras reparaciones rítmicas se han vuelto una, le entrego mi cuerpo y casi estoy a punto de entregarle mi alma, por fin siento que él está aquí conmigo, siendo completamente mío y yo suya, su mente está aquí concentrada en mí, creo que no mentía cuando dijo que me extrañaba y que de verdad deseaba hacer el amor conmigo, aún es muy raro poder llamarlo de esa forma, ya que siempre pensé que yo satisfacía sus necesidades y él las mías y eso era todo, pero Leon me ha enseñado que abrir tu corazón a alguien no está nada mal, creo que por fin mi miedo a enamorarme de nuevo no existe más dentro de mí. Arqueo mi espalda por el placer que me produce recibirlo dentro de mí, sus embestidas se vuelven fuertes y profundas y siento como me lleno de su esencia, mis manos recorren sus brazos y su espalda, no sabe cómo me enloquece tener su cuerpo desnudo y bañado en sudor sobre mí, le gusta jugar conmigo mientras me lo hace, sus dientes dejan marcas en mis pechos, abdomen y en mis piernas, un orgasmo es mucho más que la simple sensación máxima que puedes alcanzar durante el sexo, con él es como estar en el paraíso y más, cada vez que sus ojos me miran fijamente sedientos de mí, mientras sus manos recorren mi cuerpo entero, si no es ese el paraíso qué podrá serlo… Mis dudas y temores se desvanecen y me aseguro de que él es la mejor decisión que pude tomar.
…
El calor de sus manos recorría mi piel desnuda lentamente, mientras sus labios jugaban con mi cuello – Linda forma de despertarme – el sonrió y mordió el lóbulo de mi oreja – Si duermes desnuda no esperes que me controle – respondió yo sonreí y cerré los ojos para disfrutar de su contacto.
Sus manos bajaron siguiendo la curva de mi cintura, acarició con la punta de sus dedos la piel de mi abdomen haciéndome suspirar, sus besos se extendieron desde mi cuello hasta, mi barbilla y luego mi boca, besos húmedos y apasionados, sus manos seguían explorando mi cuerpo, separe las apiernas para dejarlo llegar a mi intimidad que ya estaba lista – Necesitaba sentirte entre mis brazos – decidió torturarme bajando lentamente hasta el lugar más deseado - Estoy lista – ronronee, por fin sus dedos alcanzaron mi intimidad - Estas muy húmeda - dijo casi como un gemido, mi respiración se aceleró con el movimiento de sus dedos que recorrían con movimientos suaves y rítmicos mi zona más sensible – Justo ahí – gemí cuando me penetro con su dedo medio, sé que no es necesario que se lo diga porque él sabe perfectamente lo que me gusta, pero sé que lo enciende mucho más el escucharme pedir más, el movimiento de su dedo se volvió más rápido haciéndome gemir.
Lo estaba disfrutando mucho, pero el decidió que aún podía torturarme un poco más así que giro hasta quedar sobre mí, me dio un beso rápido en los labios y luego continúo besando mi cuello hasta llegar a mis pechos, lamiendo y mordisqueando a ritmo lento.
Tal vez planeaba seguir con nuestro juego, pero se detuvo – Ya no lo resisto... – se colocó en mi entrada – ¿Qué quieres? - - Hazme tuya – supliqué - ¿Eso es lo que quieres? - - Si, te quiero adentro de mí…- no termine de hablar cuando él se empujó lentamente dentro de mí, haciéndome arquear mi espalda, un gruñido salió de su garganta ante la sensación, el movimiento de su cadera era lento y sensual, mis uñas se clavaron en sus hombros, con mis gemidos aumento el ritmo de sus embestidas, por mi pierna no estaba en condiciones de pasar horas disfrutando de él de esa forma, pero aun así hice mi mayor esfuerzo porque en verdad me gusta hacerlo con él y no quiero desperdiciar ni un segundo.
Después de algunas horas amaneció por fin, mis vecinos debieron despertar temprano gracias a mis gritos, por esa razón y por los ascensores yo no puedo vivir en un edificio de apartamentos, mis vecinos no soportarían escucharme gemir todas las noches que no esté en servicio con la BSAA. Gracias a mi defecto congénito podemos gozar del sexo libre sin preocuparnos por un bebé porque, aunque tenemos la edad adecuada para formar una familia nuestros trabajos no nos lo permiten, tampoco nuestra devoción Leon por su patria y yo por la BSAA y la causa.
Tomamos un baño juntos como de costumbre y ahora que puedo sostenerme por mi cuenta es mucho mejor, ya no me preocupaba molestar a alguien porque casi no conocía a mis vecinos por el poco tiempo que paso en mi casa y mi amiga Claire tuvo que marcharse por su trabajo, pero prometió volver muy pronto, mientras, yo continué con mi terapia de recuperación en la base y ya que lo menciono hoy debía presentarme a mi sesión, después de desayunar me dispuse a llamar a la base para que uno de los soldados me recogiera, pero Leon no me lo permitió – Ya no más secreto – dijo – Si pretendemos no mantener más en secreto nuestra relación, creo que es tiempo de que tus compañeros sepan que estás conmigo – a los 21 años Leon sobrevivió a Raccon City y a los 27 salvó a la hija del presidente, ahora todo el mundo conoce a Leon Kennedy tanto como a Chris Redfield, así que no sería difícil que lo reconocieran si lo ven conmigo, pero me encantó la idea – Está bien, estoy lista – dije sonriendo ampliamente.
Ya estando en el estacionamiento de la base, me despedí con un tierno y simple beso en los labios, él prometió pasar por mí a media tarde, un soldado se aproximó a mí y me llevo al interior, parecía nervioso - ¿Qué demonios pasa? – pensé… Dentro de la base todo era un caos al parecer estuvieron recibiendo reportes de mis compañeros en Edonia y nadie quería decirme que ocurría – (nombre) estás aquí – Evans me recibió - ¿Qué carajos pasa? – pregunte con angustia – No lo sé – Evans intentó no mirarme a los ojos - No me mientas, imbécil - dije con molestia - Esta bien alguien atacó a la unidad del Capitán, creo que algunos de sus hombres están muertos – dijo con pesar, pero intentando disminuir el impacto de sus palabras en mí o tal vez intentando ser positivo en vano - ¿Qué? – sentí que iba a vomitar por la impresión y el terror – Piers… ¿Dónde está Piers? – mi compañero guardó silencio unos segundos – La comunicación se cortó y no hemos recibido más información, no sabemos nada de ellos - - No tienen ni idea si alguno está vivo ¿Cierto? – mi compañero se negó a responder mi pregunta …
