Abby salió a los jardines de Hogwarts, al instante notó la figura de Jeremy allí, estaba sentado sobre una roca mirando hacia el suelo, sus mechones rubios caían tapándole aquel pálido rostro. La bruja se acercó sintiéndose realmente culpable, nunca había visto al chico así, siempre llevaba una sonrisa más grande que una casa, lo había ignorado tanto que ni siquiera se había dado cuenta de el gran cambio que había atravesado.

Jeremy al fin levantó la mirada y cuando la vio, se levantó. Abby se acercó rápidamente y lo abrazó, hundiéndose en su pecho.

-Lo siento -dijo soltando aquellas lágrimas que había estado reprimiendo por tanto tiempo.

El chico le devolvió el abrazo y también unas cuantas lágrimas cayeron.

-Ella es tan bonita que yo por un momento dudé... lo siento, de verdad -sollozó la bruja.

-Me molesta que... que pienses que no eres linda, ¿por qué Abby? Siempre para mis ojos fuiste la más bonita de todo Hogwarts -murmuró él tomando su rostro entre sus manos y mirándola a los ojos con toda la sinceridad del mundo.

Abby sonrió entre lágrimas.

-Lo siento.

-Deja de disculparte -susurró -, Katie jugó sucio, nunca creí que fuera capaz de hacer algo así, y yo nunca debí abrirle la puerta... lo siento. De verdad, no había forma de que supiera lo que tenía planeado hacer... ¿me crees? Nunca he tenido nada con ella. Lo juro.

-Sí, te creo. Y te prometo que nunca más volveré a desconfiar así de ti...

Jeremy sonrió al fin.

-¿Ahora me dejas besarte?

-No tienes que preguntar.

Jeremy se acercó y atrapó aquellos finos y suaves labios que tanto había extrañado. Se quedaron así por mucho tiempo, besándose, abrazándose, intentando recuperar cada beso que se habían perdido durante aquellos días.

I

Victoire Weasley se levantó de la cama e hizo la misma rutina de siempre. Se duchó, se cambió y se peinó el largo y sedoso cabello rubio. La única diferencia fue que tuvo que hacerlo todo el doble de rápido ya que sino no llegaba a desayunar.

Bajó las escaleras rápidamente y entró al Gran Comedor con una sonrisa, con mejor humor que lo normal. La noche anterior con Teddy había sido una verdadera descarga a todo el estrés que había acumulado, era increíble como el buen sexo podía cambiar su estado de ánimo.

-¡Teddy! ¡¿Quién te hizo ese chupetón?! -se escuchó a una chica chillar.

Victoire miró hacia la mesa de Gryffindor y vio a Lupin rodeado de chicas que miraban su cuello muertas de envidia.

-¡Teddy Lupin! ¡Dinos ahora! -exclamó una de ellas.

-Una chica -dijo encogiéndose de hombros.

-¡Eso es obvio! ¡Dinos quién!

-Nop.

-¡Teddy!

Victoire se llevó la mano al cuello entrando en pánico. Ella también tenía un chupetón y lo había olvidado por completo. Sintió la mirada divertida de Teddy sobre ella.

La rubia no entendía como el chico era tan sinvergüenza como para andar mostrando aquella marca con orgullo.

-Victoire -la voz de Patrick a sus espaldas la hizo saltar.

La bruja tomó su cabello y lo llevó hacia adelante intentando tapar aquella delatora marca.

-Patrick -dijo ella girando nerviosamente -¿Sucede algo?

-Me preguntaba si querías estudiar la semana que viene en la Biblioteca... por el examen de Herbología.

Victoire recordó el anillo que Patrick le había obsequiado en Navidad, y la ilusión que vio en sus ojos, se dio cuenta de que ya era hora de decirle la verdad, que estaba enamorada de otro. Patrick era un buen chico, y sabía que no se merecía ser engañado.

-Está bien...

-¿Vienes a desayunar?

-Sí... pero he olvidado algo en mi habitación... -volvió a mentir, sabiendo que no podía sentarse a desayunar con una marca así.

-Bueno, nos vemos después entonces...

-Bien.

Victoire salió del Gran Salón como alma que persigue al diablo y corrió hacia su habitación.

-Señorita Weasley -la voz de la directora Mcgonagall la detuvo en seco.

La rubia se giró con una sonrisa titubeante.

-Directora.

-Necesito que venga a mi despacho un momento, he reunido a los prefectos para hablar sobre las nuevas reglas que hemos implementado.

Victoire sin poder negarse a la petición de la directora, caminó como un zombi detrás de ella. Las cosas se estaban complicando, y no quedaba mucho tiempo para Defensa. Debía quitarse la marca antes de la clase sino quería pasar un momento vergonzoso delante de sus compañeros.

La reunión entre los prefectos fue larga, Victoire prácticamente miraba el reloj mordiéndose las uñas, y al cabo de media hora, se dio cuenta de que no le quedaría otra opción, que debería faltar a la primera clase.

-Señorita Weasley, está muy pálida hoy -dijo la directora caminando junto a ella al salir de su despacho.

-Estoy bien, de verdad -contestó intentando camuflar sus nervios.

-Permítame acompañarla a su siguiente clase, ¿Defensa contra las Artes Oscuras, verdad?

Victoire sintió como si el alma se le cayera a los pies.

-No tiene por qué molestarse directora.

-Insisto, se ve muy pálida señorita Weasley, no podría seguir con mi trabajo si no sé qué llegó bien a su clase.

Victoire y la directora caminaron por los pasillos hasta llegar a Defensa. La rubia entró al salón sabiendo que ya no le quedaba escapatoria.

Todas las miradas voltearon hacia ella, ya que había llegado varios minutos tarde.

-La Srta. Weasley tuvo que asistir a una reunión urgente con los demás prefectos, espero que no le moleste profesor Tanner -dijo Mcgonagall.

-No me molesta para nada Minerva, siéntese Weasley.

Victoire se sentó junto a una chica de Gryffindor mientras sentía la mirada de Teddy clavada en ella.

El profesor Tanner continúo explicando pero la rubia no era capaz de pensar en nada más que cubrirse con el cabello. Al sentir todavía la mirada de Lupin sobre ella, esta lo miró enfadada. El mago le sacó la lengua divertido. Victoire no podía creer como era capaz de mostrar aquella marca como si nada, aunque debía admitir que le encantaba haberlo marcado como suyo y que las demás chicas se enfadaran.

-Teddy, déjame pasar esta noche contigo y te prometo que te daré mucho más placer que aquella chica misteriosa... -ronroneó una Ravenclaw, y la rubia pudo escucharlo perfectamente.

-¿Mas que ella? No lo creo -contestó él, haciendo a Victoire sonreír.

-Lupin, Weasley, pasen al frente para dar una demostración -ordenó el profesor Tanner enfadado por la falta de atención.

Victoire se levantó apenada de su asiento, caminando con cuidado intentando que el cabello permaneciera allí, aunque sabía que durante el duelo sería muy difícil controlarlo.

-Posiciones -dijo el profesor y los dos chicos se colocaron uno frente a otro.

-Weasley, luego de este duelo te enseñaré que mis marcas son dignas de verse -susurró el chico con una sonrisa.

-Oh, ya lo veremos idiota -contestó ella desafiante.

-¡Uno... dos... tres! -exclamó el profesor.

-¡Expelliarmus! -exclamó ella y Teddy fue rápidamente lanzado hacia atrás, aun así, con una sonrisa divertida, se levantó del suelo tomando su varita otra vez.

-¡Petrificus totalus!

-¡Protego! -exclamó la chica y logró evitar el hechizo con un perfecto balanceo de su cabello rubio para que no se viera la marca.

-¡Levicorpus!

-¡Protego! -volvió a gritar.

-¡Oh vamos Victoire ataca! -se quejó el chico ansioso.

La rubia se mordió los labios, y miró de soslayo a sus compañeros, que rápidamente los habían rodeado para ver mejor la pelea. Un paso en falso y su cuello quedaría a la vista. Sintió las mejillas arder con tan solo imaginárselo. Una prefecta con una marca así... ¿qué diría el profesor Tanner?

Victoire miró a Teddy quién la miraba con una sonrisa coqueta, la marca oscura en su cuello estaba allí, siendo presumida. Estaba segura que los estudiantes iban a ser lo suficientemente inteligentes para darse cuenta de que habían estado besándose la noche anterior si veían su marca también.

Pero aun así, la rubia levantó su varita dispuesta a borrarle la sonrisa presumida de la cara, prefería arriesgarse y ganarle de una buena vez por todas.

-¡Ascendio! -gritó y Teddy Lupin fue suspendido en el aire.

-Perfecto -dijo el profesor Tanner con cierto orgullo. -Victoire gana el duelo.

La bruja miró con una sonrisa a su contrincante, había ganado un duelo sin que su cabello se moviera, se sintió fabulosa.

-Pueden sentarse todos -dijo el profesor más que satisfecho.

Los alumnos se sentaron y Victoire dejó a Teddy en el suelo. El chico se levantó y se acercó a ella, pero antes de que pudiera decir algo, Victoire se adelantó:

-Mmm... algo me dice que estás decepcionado porque no pudiste mostrar tu marca... que pena -dijo maliciosa.

La bruja comenzó a caminar hacia su asiento con un aire de superioridad, pero todo se echó a perder cuando se tropezó gracias a una madera floja del suelo.

La oscura y gran marca de Teddy Lupin quedó a la vista.