Midorima abrió los ojos y miró el blanco techo de su habitación, deseaba que todo lo que había sucedido fuese tan sólo un mal sueño, pero al despertar la realidad le golpeo de lleno, Takao le odiaba, su padre con mucha astucia había movido las piezas para que así ocurriera.
Se levantó a penas, el mundo era una porquería ya se había rendido. Le echó un vistazo a su teléfono con la esperanza de encontrar aunque fuese un último mensaje siquiera un "adiós" de Kazunari pero sus esperanzas se rompieron al instante, no había nada. Ese día definitivamente no se levantaría.
Mientras tanto en otro punto de la ciudad un pelinegro salía de su pesado sueño, la noche había sido horrible una de las peores que había tenido en su vida, recuerda fácilmente como se dieron las cosas luego de que Midorima salió del cuarto, se quedó llorando mientras su padre le regañaba por los arranques de furia infantiles, no le quiso contestar nada, recuerda que esté se cansó de hablarle tratar de hacerle entrar en razón y salió pronto. El cuerpo le dolía y los ojos y la cara le ardían, se sumió en un incomodo sueño producto del cansancio, al principio pensó que todo fue una pesadilla, un estado febril y que las cosas estarían bien pero al igual que su otra mitad se dio cuenta que esto era la más pura y fuerte realidad.
Se levantó torpemente y se metió a la ducha, necesitaba meditar un poco, ahora más tranquilo se daba cuenta de lo inmaduro que fue al no escuchar ni siquiera uno de los argumentos de Shintaro ¿pero que mas daba? El daño estaba hecho, la imagen existía él abrazaba a esa mujer y los dos se veían felices, al recordarlo un par de lágrimas volvieron a deslizarse por sus mejillas ¡detestaba su debilidad! lo mejor era olvidarse de aquel con el que había estado soñando tantos años, dejarlo ir y desearle lo mejor aunque su corazón se secara. Era demasiado injusto, primero le devolvían las ganas de amar de ilusionarse y después se las quitaban de la forma más inhumana y cruel.
—Ojala seas muy feliz Shin-chan.
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— ¿Hijo que te pasa te ves muy abatido? — le preguntó su madre mientras desayunaban, al final se decidió a bajar solo para no despertar sospechas sobre su estado anímico.
—No sucede nada madre, es agotamiento los exámenes en la universidad me tiene en desvelo.
— ¿Cómo fueron las cosas con tu prometida?
—Prefiero no hablar de eso ahora, tengo demasiadas preocupaciones madre.
—Oh cielos Shintaro soy tu mamá puedes decirme lo que sea o es que ¿acaso no confías en mi?
—No te ocultaría nada, lo prometo.
La puerta sonó salvándolo de seguir dando excusas, su ahora prometida había venido a verles.
—Oh querida justamente estábamos hablando de ti.
Midorima solo agachó la cabeza estaba consciente de que la mujer había tratado de cubrirlo infructuosamente, seguramente su padre la había convencido para seguir adelante con la farsa que por muy formal que fuese todo no era nada más que una gran mentira.
—Señora Midorima, Buenos días vengo a hablar con usted ¿puede ser a solas? —le pidió con voz suave intentando ignorara al peliverde que a su vez hacía lo mismo.
Shintaro se levantó con cortesía y salió rumbo a su habitación para seguir lamentándose de su realidad.
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— ¿Kiyoshi? —lo miró con incredulidad, otra fantasía de su pobre y cansada mente, esta vez era tan real que se largó a llorar.
—Hana-chan, no llores, ya estoy de vuelta.
—Que cruel, parece tan real, incluso tu mano se siente tibia, esto no es real.
—Sí lo es, cariño he regresado. — Incrédulo lo miró una vez más inspeccionándolo, se volteó completamente acercándose a él.
—Eres un desgraciado Teppei—Finalmente luego de tirarse una cachetada para verificar que no era una estúpida ilusión pudo darse cuenta que los milagros existían, su amor había regresado.
—Extrañaba eso, hey no te golpees—le sonrío con una de esas sonrisas que antes tanto de quicio le sacaban—sabía que estarías acá Hana-chan a cada momento escuchaba tu voz.
—No hables más tonto, llamaré a un medico enseguida.
—Sé que estuviste aquí todo el tiempo-—dijo con algo de esfuerzo, revelando un profundo cansancio.
—Kiyoshi no te vayas a dormir de nuevo idiota, no te lo perdonare nunca si me abandonas otra vez.
—No volveré a dejarte jamás Hana-chan.
Corrió en busca de alguien con lágrimas en los ojos, no era un sueño realmente había vuelto le prometió que no lo dejaría, estaba feliz pero sin poder creerlo.
—Por favor el paciente de la cama 26 despertó, el que estaba en coma ¡el bombero! — perdió el aliento no sabía como explicarle al médico.
— ¿De verdad? Iré en seguida.
Al llegar el miedo se le hizo presente, tal vez el cansancio lo había hecho alucinar, tal vez enloqueció en la espera de que la magia ocurriera.
Pero no, al entrar de nuevo a la habitación estaba despierto, su felicidad estaba completa.
El doctor lo revisó y le pidió a Hanamiya que saliera, este no podía parar de temblar y llorar de forma callada, no había sido en vano las súplicas, los trasnoches. De nuevo el futuro parecía brillante.
Al pasar un rato el doctor lo llamó para informarle del estado de Teppei.
—Es casi un milagro, parece estar bastante lucido y hasta recuerda el día de su accidente, reconoce que pudo escuchar voces mientras estaba inconsciente y sabe que usted estuvo todo el tiempo a su lado. Le haremos una resonancia magnética ahora debe recuperarse de la fractura pero a simple vista no tiene secuelas, es muy extraño la mayoría de estos pacientes quedan postrados o mueren, el tipo de trauma craneal fue muy severo pero al parecer la fortaleza y las ganas de salir adelante le ayudaron mucho.
—Gracias por todo doctor.
Fue al baño a limpiarse la cara no quería encontrarse de nuevo delante suyo con ese rostro lloroso, aun tenía su orgullo, las manos le temblaban, estaba nervioso a punto de colapsar, buscó el móvil en su bolsillo debía avisarles a los demás… un momento después decidió egoístamente que quería un poco de privacidad antes de que esa sala se llenara de toda esa gente.
Kiyoshi intentaba acostumbrarse volver al mundo tenía la vista algo borrosa, estaba exhausto pese a haber dormido más de una semana según le habían dicho, los recuerdos todavía frescos de lo que habían sido los últimos infernales momentos estando consciente, pensó que había muerto hasta que su voz le devolvió a la vida, Hanamiya quien le susurraba palabras de amor, quien le pedía que fuese fuerte que no muriera que lo estaría esperando, al momento de despertar supo que no eran delirios, él estuvo ahí todo el tiempo. Por fin su amado le había abierto el corazón.
— ¿Cómo te sientes? —preguntó con falsa tranquilidad sentándose a un lado de su cama.
—mejor que nunca ahora que puedo verte.
—Todos estábamos muy preocupados, casi te teníamos el funeral armado.
—No es tan fácil librarse de mí Hana-chan.
— Ahora lo sé.
— Espero que todas las cosas bonitas que me dijiste no fueran solo para despertarme.
—No idiota, estoy feliz de que estés bien—le tomó la mano con delicadeza mientras lo miraba con lágrimas en los ojos, no podía evitar mostrase así.
—Te amo Hana-chan perdóname por hacerte pasar por esto.
—Imbécil perdóname tú a mí, como te lo prometí quiero estar a tu lado, acéptame y te haré feliz.
Kiyoshi lo acercó más hacía él sosteniéndolo de la cintura lo que provocó que casi quedara sentado encima de la cama de hospital.
—Déjame darte un beso, me muero por probar tus labios. — Pidió Kiyoshi demandante.
Hanamiya se sonrojó hasta más no poder pero accedió inclinándose para recibir ese "regalo" que pensó jamás volvería a tener…
—Hey al menos podrán haber avisado que estabas bien Kiyoshi— dijo Kagami apoyado en el umbral de la puerta tras él todos sus amigos, Makoto prácticamente saltó alejándose de su amor, se moría de vergüenza.
—Es que Hana-chan me estaba dando la bienvenida.
Corrieron felices a encontrarse con su amigo poco les importo que la enfermera entrara y los regañara por estar trepados en la cama del enfermo y hacer tanto ruido, la alegría de tener de vuelta a su ser querido los llenaba, luego de un rato el cuarto se encontraba repleto, sí que Teppei era querido.
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—Hola buscó al señor Takao Kazunari.
—Sí ¿de parte de quien?
—Soy una amiga.
—Oh ¿de verdad?
—En realidad soy la madre de un amigo y quisiera hablar con él.
— ¿Es la madre de Midorima? Si es así déjeme darle disculpa en nombre del idiota de hijo que tengo, anoche se exaltaron mucho, no pensé que vendría su propia madre a llamarle la atención.
—No, no es eso, quisiera que saliera para hablar de otra cosa.
— ¡Kazunari te buscan!
No quería ver a nadie estaba arto de todo, pero su padre parecía no querer dejar de gritar.
—Ya voy— dijo de mala gana colocándose lo primero que encontró en el suelo peinándose el cabello con la mano, intentó lucir calmado pensando en quien podría ser, si fuese Midorima su padre le había dicho.
Se llevó la sorpresa de su vida al ver a la persona que lo esperaba afuera, ella… la conocía desde los tiempos de Shutoku ¿qué era lo que hacia la madre de Shintaro en su casa?
—Hola ¿podemos hablar? — le dijo en con una bonita sonrisa descolocándolo ¿cómo decirle que no? Tenía miedo de que lo que le dijera fuera hundirlo todavía más, seguramente le pediría que no se acercara jamás a su hijo.
—Hola, por supuesto, pero me gustaría que fuera lejos de mi hogar, no sé qué es lo que quiere pero si se trata de mi vida privada con Shin-chan en mi hogar no saben nada.
—Entonces vamos a caminar Takao.
Se dirigieron hasta una plazoleta cercana y se sentaron, Takao sudada frío la presencia de la mujer lo inquietaba terriblemente.
— ¿Que es lo que quiere decirme? — preguntó impaciente fuese lo que fuese necesitaba salir ya de esto para poder continuar con su vida.
—Mi hijo te ama de verdad — le soltó sin rodeo dejando al pelinegro boquiabierto. Sin poder creer lo que escuchaba.
— ¿Qué? ¿De qué se trata esto? Si es una broma es muy cruel.
—Él no tuvo nada que ver con la chica de la imagen, lo sé todo, yo ya sospechaba desde hace tiempo, ella fue hoy a mi casa y me contó que mi hijo estaba enamorado de otra persona, no me dijo de quien pero yo ya sabía, escuché a mi marido confesándole todo al pobre Shintaro, también trato de convencerla a ella de que siguiera adelante con esto y se negó, no va a casarse con quien jamás la amará, Mi marido hizo de todo para separarlos. Sí, él te mando esas imágenes y todo el tiempo los estuvo vigilando, eras un problema para sus intereses, yo me equivoque en aceptar un compromiso arreglado para mi hijo sin pensar en lo que podía sentir, Intente unir los trazos de esta historia mi niño está sufriendo mucho, ya no es quien era, sé que finge y me oculta cosas por la enfermedad por la que estoy pasando, pero ¿sabes? a mi no me importa a quien decida amar, tú siempre estuviste a su lado pese a su carácter difícil, recuerdo la época de escuela siempre con él, si mi hijo decidió no amar a una mujer porque contigo encontró la felicidad pues qué bien que así sea, cuentan con todo mi apoyo y me alegra que seas tú.
—Yo no puedo creer esto, pensé que de verdad había jugado conmigo, que se había burlado de mis sentimientos y ahora resulta que me quiere, es muy confuso además no es la imagen que tenía de usted, pensé que ambos padres querían que se casara.
—Mi enfermedad me ha abierto los ojos.
—No puedo asimilar esto todavía.
—Pero sé te ve feliz.
—Pensé que todo lo que le había querido era en vano, no creí en él y cuestione sus motivos fui egoísta y majadero, también me equivoqué… lo siento tanto, no pensé que usted aceptaría lo nuestro, creí que estaba llena de prejuicios.
— Amo a mi hijo solo deseo su felicidad Takao, no me importa su orientación sexual ni me siento culpable por tener un hijo que no me dará nietos ni se casará con una mujer para formar "la familia perfecta" no quiero ser una mala madre, si me pasa algo lo último que desearía sería que Shintaro se quede solo, quiero que estés con él y lo hagas feliz.
Tenía ganas de abrazar a esa mujer que le había devuelto las esperanzas, todavía necesitaba hablarle al peliverde pedirle disculpas por todas las cosas que le dijo, por sus falta de confianza y empatía.
— ¿Puedes hablar con Shintaro? no está nada bien, si vieras el rostro que trae el pobre, casi no ha comido y pocas veces lo he visto tan deprimido.
—Claro si usted me lo permite quisiera ir ahora.
— Por supuesto ahora mismo iré a hablar con mi esposo a otro lado, tenemos muchas cosas que aclarar, puedes ir a casa a buscarlo le diré a mi chofer que te lleve.
— Señora usted es una santa, siento terriblemente la estupidez que le hice a su hijo, le prometo que haré de él el hombre más feliz del mundo y no se preocupe que lo cuidare, aunque espero que usted esté aquí por mucho tiempo mas— Rápidamente se subió al auto dispuesto a llevarlo a la mansión.
El viaje hasta allá se le hizo eterno mentalmente repasaba una y otra vez lo que le diría. Al final resultó que la "ex prometida" de Shin-chan era todo lo contrario a lo que él creía, era una buena persona que odiaba las injusticias, se sintió mal por haber detestado a la pobre chica todo ese tiempo.
Al llegar bajó corriendo, uno de los sirvientes seguramente avisado por la señora de la casa lo dejó pasar enseguida indicándole donde estaba la habitación del "señorito".
Midorima no tenía ganas de nada había estado bebiendo desde que su madre salió en su habitación, nunca antes se había puesto así por nada, la cabeza le daba vueltas, pensaba una y otra vez en su fatal destino lejos de quien amaba con una familia sin amor y tal vez si la presencia de su madre, debía seguir siendo fuerte por ella.
Escuchó que alguien golpeaba la puerta de su habitación, le pareció extraño las personas que trabajaban en la casa lo hacían despacio y le hablaban suavemente, pero este individuo parecía bastante enérgico y empeñado en que abriera.
Lo hizo de mala gana llevándose una gran sorpresa.
— ¡¿Takao!?
—Shin-chan, tenemos que hablar —Tal vez era producto de su estado con el alcohol pero juraría que Takao estaba ahí sonriendo.
—Tú no eres real
— Shin-chan ¿estás ebrio?
—Ya lárgate déjame dormir— Trató de sentarse en su cama pero cayó bruscamente al suelo.
—No… espera de verdad estas ebrio, ajajaja Shin-chan jamás pensé que llegaría a ver el día en que te encontraría en este estado— estaba sorprendido se había puesto así por él, ciertamente era un problema justo cuando necesitaban hablar seriamente.
Lo ayudó a levantarse sentándolo en la espaciosa cama.
— Bueno iré a decirle a alguien te prepare un café bien cargado eso siempre pasa las borracheras, créeme lo sé por experiencia.
Ahí se quedó, pensando si era real o no, parecía que Kazunari había ido hasta allá para buscarlo ¿pero por qué?
Al poco rato volvió a entrar con un café y una pastilla se la dio a beber, comenzó a tomar más sentido de la realidad.
— Tu mamá fue a verme
— ¿Qué? ¿Para qué?
— Shin chan ella lo sabe, lo nuestro, no está enojada, me dijo que todo el malentendido de la foto fue un plan de tu padre para separarnos que quería que te hiciera feliz, se que dije muchas cosas feas, soy un tonto que no confió en ti perdóname, aunque comprenderé si no quieres y me ganaré tu perdón.
— No sé que esté pasando, de verdad me cuesta creerlo ¿es por el alcohol?
— jajaja Shin-chan no sabes tomar eres adorable.
— Takao ¿de verdad me perdonas? ¿Todavía quieres estar conmigo?
— Si, si quiero, te amo, perdóname no creo en la suerte pero sea lo que sea parece que está de nuestro lado.
— No Takao no es la suerte a eso se le llama "amor maternal"
Kazunari le tomó la mano este solo respondió tumbándolo sobre la cama y besándolo apasionadamente, al parecer el peliverde se volvía bastante osado en ese estado.
— Ah... Shin-chan espérate ¡espérate la puerta está abierta!— reclamó Takao protestando por el repentino asalto pero el de lentes no hizo caso y se dedicó a morderle el cuello.
— Quiero estar contigo, déjame amarte carnalmente Takao— eso había sonado tan vulgar.
— Oye no voy a acostarme contigo ni siquiera somos novios terminamos ayer.
— ¿Entonces aceptas ser mi novio?
Takao se estremeció bajo el gran cuerpo, era bastante gracioso el comportamiento descarriado del usualmente correcto Midorima.
— Todavía no estás en estado de pedirme algo así, mira que a los ebrios se le olvidan las cosas después.
¿Cómo olvidarlo? Si eso era una de las cosas más maravillosas que le había ocurrido.
—Podría olvidar hasta mi nombre, pero jamás lo que siento por ti.
—El tsunderismo se va con el alcohol, acabo de comprobarlo.
Sonrieron fundiéndose en un gran abrazo por fin después de todo podían decir que estaban a puertas de la felicidad ya no habría obstáculos para su amor.
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Pasó una semana desde que las cosas estaban volviendo a su cauce normal, Hanamiya seguía cuidando a diario de Teppei, Fukui le dijo que podía tomarse ese tiempo que luego hablarían de cómo arreglar su ausencia en el café lo cual fue un gran alivio para él que creyó que ya no tendría sustento, todos habían sido muy afables con su situación.
Izuki había podido encontrar la estabilidad viviendo con Himuro y Murasakibara, la convivencia que llevaban era bastante buena y había mejorado considerablemente su calidad de vida, ya era excelente no tener que preocuparse por salir a la calle y que alguien intente dañarte.
Akashi y Atsushi estaban retomando aquello que quedó inconcluso años atrás, el pelirrojo perdió el miedo a ser encontrado por su padre ya no le importaba ahora era dueño de su vida y no dejaría que nadie lo separara de su gran amor.
Sakurai e Imayoshi habían empezado una relación bastante particular, cada día se conocían más y aprendían el uno del otro el pelinegro estaba a punto de olvidar a Hanamiya gracias a esa radiante y nerviosa sonrisa.
Kuroko y Kagami habían llevado unos días bastante tranquilos, el acoso había cesado por completo y esa parte de sus vidas había quedado muy atrás… al menos era lo que creían.
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Un nuevo día de trabajo había terminado la mayoría ya estaba preparándose para ir a sus casas.
—Kuroko-kun antes de irte ¿puedes tirar la basura en los contenedores de atrás?— Fukui le pidió amablemente mientras terminaba de arreglar algunos papeles.
—Claro Fukui-san Kagami-kun espérame por favor— Taiga solía venia a buscarlo, ya no le parecía extraño el mundo en el que su pequeño novio se desenvolvía, no volvió a cuestionar su trabajo.
— Claro, haz lo tuyo.
Tomó las bolsas que estaban algo pesadas, el callejón de atrás del café, no era nada concurrido y estaba siempre algo oscuro, al salir el frío lo golpeo de lleno, esa noche pintaba para lluvia.
Fijó su vista en una camioneta que estaba estacionada cerca del local, nunca antes la había visto, acomodó las bolsas en el contenedor.
—Hola te estaba esperando— un hombre de gafas oscuras y con un gorro le habló.
— ¿Quién es usted...? — no alcanzó a terminar la pregunta cuando esté le tomó fuerte por la muñeca.
— Tanto tiempo persiguiéndote y ¿no sabes de mi? que decepcionado estoy.
— ¡Suélteme! ¡Ayúdenme! ¡Kagami-kun! — apenas si alcanzó a gritar antes de ser amordazado.
El grito alertó a Kagami, Akashi y Takao quienes estaban conversando cerca de la puerta, los tres pudieron observar como Kuroko era arrastrado hasta la camioneta de ese hombre desconocido…
