Disclaimer: *Aplaude con lágrimas a los ojos a Rumiko Takahashi*


III

Nicaragüense

Quiero a todos allí. Asegura que es especial.

Y le crees.

Desde luego.

Sesshomaru pasaba carpetas con velocidad, buscando una puntual, sin éxito aparente.

Finalmente ha conseguido una muchacha digna de presentar a la familia.

Es a ti quien debe agradar, padre, a mí me da exactamente lo mismo —retiró una, pensando que era, sólo para ser decepcionado. Retomó su actividad.

Sesshomaru —llamó con gravedad, captando la atención de su primogénito—. Irás.

¿Me estás dando una orden?

Sí.

Encontró la carpeta pero toda sensación de triunfo se evaporó.

Será formal —agregó por último, dejándolo solo.


La ciudad nocturna pasaba frente a sus ojos con la luminosidad de siempre, con su incesante movimiento, con sus caminantes en sus mundos, con el bullicio perenne, la locura acostumbrada. Pero el panorama familiar traía sosiego a la marea de emociones que había comenzado a sentir desde el día anterior.

Se preguntó si lograría recuperar su aparentemente imperecedera impasividad.


Inuyasha, ¿qué? —rió su esposa— ¿Hablas en serio?

Desafortunadamente —aflojó el nudo de la corbata hasta deshacerlo completamente y desabrochó los botones de su camisa.

No puedo creer que sea serio.

La expresión que dejó ver en sus ojos decía en altos volúmenes que lo dudaba gravemente.

Tal vez diga la verdad, tal vez sea especial.

La miró sin necesidad de hacer acotación alguna.

Ven —cambió ella de tema—, déjame ayudarte.


Las imponentes torres trillizas del Park Hyatt sobresalían en el paisaje urbano de su alrededor, altivas y protagonistas como soberbias esculturas. Eran las predilectas de Rin, sus luces siempre habían llamado su atención, incluso cuando era apenas una recién nacida.

El valet recibió su vehículo e ingresó al lobby. Varias cabezas viajaron hasta su persona y algunos saludaron con deferencia, forzándolo a devolver las cortesías con frío automatismo. Ignoró a cuantos pudo, intercambió escuetas oraciones con los más destacados y rápidamente se escabulló al elevador, marcando el piso cuarenta.

En cuanto apareció en el restaurante, el gerente se aproximó para ofrecer la bienvenida y con ensayada celeridad lo guió hasta su mesa habitual, junto al ventanal, donde la Srta. Taisho ya lo aguardaba. Caminando lentamente, absorbió la inocente imagen de su hija observando el horizonte nocturno y sus luces danzantes. Vestía impecablemente, su cabello estaba delicadamente peinado, manteniendo a raya sus mechones rebeldes.

—¡Papá! —sonrió ampliamente cuando volvió el rostro y lo visualizó en la distancia.

—Buenas noches, Rin —besó su frente y tomó su sitio, frente a ella.

—¿Estás molesto porque no te avisé antes?

—No —negó pronto—, de hecho, creo que has tenido una buena idea.

La sonrisa infantil no desaparecía.

—Hay algo de lo que no te he hablado aún.

Rin estaba visiblemente ansiosa por saber, pero pacientemente aguardó a que su padre prosiguiera.

—Ayer vi a Kagome.

Sus ojos se iluminaron con el destello ingenuo de la edad, feliz más allá de toda explicación. Podía verla morderse la lengua por preguntar más. La niña quería reprochar que no se le hubiese comunicado inmediatamente algo tan importante, pero lo pensó mejor.

—¿Preguntó por mí?

—Por supuesto.

—¿Le dijiste que empecé a tocar el violín?

—No fui específico pero reconoció la artista en ti y se alegró al saber que hacías algo que disfrutas.

—¿Estaba feliz?

Inuyasha la había destrozado a tal extremo que hasta su hija de siete años en aquel entonces había advertido las nefastas circunstancias de su separación.

—Sí —aseguró convincentemente.

—Eso es bueno.


¿Estás lista, Rin? —preguntó la Sra. Taisho.

Sí —repuso, bajando los últimos escalones.

Se encaminaron los tres, entonces, a la mansión Taisho, donde una cena que Sesshomaru calificó de fútil los aguardaba. Una cena que empezaría incómoda y que Rin se encargaría de suavizar para todos, mejor versada, aparentemente, en el arte de ser una buena anfitriona que su tío, una persona privada, según el hermano, de sus habilidades sociales básicas.


Bebió de su café.

—¿Ese cuál es? —preguntó con curiosidad.

En el momento de la elección le pareció absolutamente adecuado para complementar con su compañía de esa noche.

—Nicaragüense. Se siente chocolate, manzanas y bayas.

—¡Mis favoritas!

—En efecto.

El excelente aroma lo distrajo unos momentos, por lo que cuando Rin formuló la siguiente pregunta, lo tomó con la guardia baja.

—¿La invitaste a cenar? —su tono de voz estaba alejado del verdadero cuestionamiento, pues sugería que aquel habría sido el escenario obvio.

Además, había esperado el final de la velada para hacer esa pregunta y Sesshomaru sospechó de su hija. Con la taza ocultando la mitad de su rostro, la observó por arriba, pero la niña estaba desarrollando una pantomima al hacerle creer que estaba interesada en su helado.

—¿Debería haberlo hecho?

—El abuelo dice que siempre sabes lo que tienes que hacer, que no hace falta que nadie te lo diga.

—Es verdad —bajó la taza.

—¿Entonces? —el timbre bailó en el límite de la recriminación y la burla y Sesshomaru se dijo que haría a su padre mantener a raya sus malas influencias.

Otro sorbo, porque el café despejaba su mente.

—Si es lo que deseas, lo haré.

Rin sonrió con todos los aires de una victoria, sin despegar la vista de su postre.


No le pareció extraño en absoluto que su medio hermano hablase por encima de ella en todo momento, que no le permitiera terminar una sola oración; no le pareció extraño que la joven que había traído en calidad de "novia" no hiciera nada al respecto. Inuyasha solía escogerlas sumisas.

En el momento final del banquete, cuando la familia salió al jardín en esa noche de verano, la vio aproximarse a él.

¿Disfrutaste tu cena? preguntó, sólo para romper el hielo que su acercamiento silencioso había generado.

sonrió y quería agradecerle, Sr. Taisho, por permitirle a su hija conversar conmigo.

Mm asintió y agregó:. Rin tiene un don que no se debe desperdiciar.

¿Lo ha salvado de reuniones embarazosas antes?

En numerosas ocasiones.

Y por primera vez en esa noche, rió con una soltura tal que le hizo pensar que su medio hermano no sabría sujetar para siempre. Un fuego rugía dentro de ella, uno que la vehemencia e indelicadez de Inuyasha intentaría controlar y que culminaría por declararlo perdedor, hiriéndola en el proceso. Ese era su modus operandi. Si efectivamente así terminaba todo, nadie se sorprendería.


—¿Recuerdas cuando la conocimos?

Sesshomaru se preguntó si su hija poseía habilidades telepáticas de las que debiera estar enterado.


Fecha de publicación: Junio 2, 2017

Palabras: 1,062


NA: ¿Se entiende que lo que está en itálicas son flashbacks? Sino bueno, les comunico, lo que está en itálicas son escenas pasadas; se darán casos similares en capítulos posteriores. Otra cosa, relacionado con la secretaria de Sesshomaru, Sara, (en el anime) es la princesa que se enamoró de él y quiso robar la espada de Inuyasha así dársela a Sesshomaru y que él le devolviera sus afectos, etc, etc., ¿alguien se acuerda? Bueno, nada, era eso, a modo de "fun fact".

Ahora, ¿con quién mi*rda está casado Sesshomaru? ¿Se lo imaginan? Pista: soy tradicional. Sí, sé que lo estarán pensando: "¡Eso no es una pista!" pero el que me conozca un poco sabrá. También puedo aceptar sugerencias, ¿a quién les gustaría?

Amo la relación de Rin y Sesshomaru.

Las amo a ustedes que me aguantan, que agregan esta historia a sus favoritos y dejan comentarios.

J.