Disclaimer: Em, no, Inuyasha no es mío. Voy a ver qué puedo hacer al respecto.


IV

Mocha Java

Si había algo que había aprendido desde que ostentara el cargo de Director General es que si quería algo bien hecho, debía hacerlo él mismo. Una de las grandes debilidades de su carácter, era plenamente consciente de ello. Por eso esa mañana estaba de pie frente a la kitchenette de su oficina, preparando su propio café.

Ese día había despertado con el leve deseo de un blend y raras veces ignoraba sus anhelos.

El intercomunicador no interrumpió sus menesteres pero sí los aceleró.

—La Srta. Higurashi está aquí, señor, ¿la hago pasar?

Dejando su trabajo a medio terminar, se aproximó a su escritorio para responder:

—¿Cuándo es mi próxima reunión?

—En una hora, señor.

—Hazla pasar.

Segundos más tarde la puerta se abría y un rostro familiar y feliz hacía acto de aparición. Sesshomaru, desde su distancia, se volvió y la recibió con un asentimiento de su cabeza. Kagome se quedó de pie en la entrada, en apariencia cohibida por sus alrededores.

—¿Café?

—No, gracias, estaré sólo unos minutos.

—Este blend es histórico —pretendió tentarla—. Literalmente.

—Como el día de hoy —comenzó a caminar por la estancia—. Es la primera vez que piso tu oficina.

De pie comenzó a degustar el oscuro líquido, feliz con su elección.

—Siempre sentí curiosidad —confesó, cerrando la distancia que la separaba de los ventanales, bebiendo la panorámica de la ciudad.

—¿Decepcionada? —su blend estaba demostrando haber sido la más acertadas de sus decisiones desde que comenzase el día.

—No —sonrió, mirándolo—, siempre tuviste un gusto impecable. Algo así como limpio y suave.

Esas eran las características del Java indonesio, complementario en niveles exquisitos con el Mocha de Yemen, intenso y silvestre.

Después del anuncio formal de su relación con Inuyasha, la conoció mejor. Leyó con claridad, como un texto perfectamente coherente y cohesivo, la intensidad de sus emociones, de sus convicciones, opiniones e ideologías; descubrió que era una criatura de propósitos loables y desinteresados. Que en esencia era libre, de espíritu silvestre, casi salvaje.

Todo en una trágica contraposición con lo que su medio hermano fue, era y sería.

—¿Qué puedo hacer por ti, Kagome?

—Quisiera invitarlos, a ti y a Rin, a cenar a mi casa.

—Será un honor.

Otra sonrisa.

—¿Esta noche te parece bien?

—Ciertamente.

Sobre su escritorio dejó sus datos (el hecho de que tuviese un nuevo número de celular no escapó su especial atención) y tras una incómoda despedida que sólo supo prolongarse innecesariamente, la joven se marchó.

El Mocha Java había sido un accidente feliz en la historia al haber sido los granos mezclados por error; el peso de dicho momento histórico repercutiría para siempre. La repentina aparición de esa mujer le pareció algo semejante. Se atrevió a pensar si, tal y como había ocurrido con ese café, sobreviviría la evaluación del tiempo.


Rin fue efusiva a la hora de manifestar su inmensa alegría. Imploró hacerse cargo de la situación y el padre otorgó todos los honores sin mayores dilaciones, en secreto disfrutando de su alegría, de su voz cantarina cuando efectuó la esperada llamada telefónica para ultimar detalles sobre su próxima cita, de su satisfacción personal por el giro de los eventos últimos.

La fluidez de los acontecimientos se le antojó sospechoso y se recordó ser precavido.

Nada decepciona a quien nada espera.

—Papá —Rin se aproximó a él con un importante aire de distinción, su tono de voz era igualmente solemne y Sesshomaru sabía que algo trascendente le aguardaba—. Corresponde que como invitados llevemos un presente.

Él asintió, respetando el momento.

—Y no será café —agregó, haciéndolo sonreír.

—Confío en tu criterio.

Fue el turno de ella de asentir.

—Muy bien —se incorporó del sillón, abotonó el botón del saco y con un ademán la invitó—. Vamos.


Tiendas, escaparates, puestos, mercados y cuanto establecimiento comercial halló, hacia allí se dirigieron. Rin estaba resultando ser muy juiciosa e instruida en cuestiones de protocolo y etiqueta y allí él sólo pudo leer la influencia de la abuela, tan exquisita siempre en cuestiones de ceremonia y normas sociales. Rin formaba parte de una élite muy selecta después de todo, o eso podía jurar Sesshomaru que oía de voz de su madre.

—Es aburrido.

—Es clásico —ofreció.

—"Y los clásicos son clásicos por algo" —recitó a su abuelo, imitando su voz grave— Está bien. Pero, ¿cuáles?

—¿Refinado, exótico o tradicional?

—Refinado —sonrió, señalando una de las cajas.

—Acertada elección —concedió.

Sesshomaru culminó la transacción y pensando que su pequeña excursión había culminado, advirtió más emoción en sus ojos oscuros.

—¿Asumo que habrá más?

—Los chocolates son clásicos pero los vinos también.

El padre arqueó levemente las cejas pero con un noble asentimiento de su cabeza accedió sin más. Y esa nueva idea tomó dos horas más, pero la pequeña familia Taisho encontró exactamente lo que buscaba y satisfechos con su proeza, regresaron al hogar. El momento de prepararse para su evento había llegado.

Tiempo después la niña esperaba a su padre en la sala.

—¿Tienes trabajo? —preguntó Rin con evidente preocupación el la voz.

Sesshomaru se quedó a mitad de camino del pasillo.

—No.

—Parece que vas a trabajar —sonrió.

Sesshomaru regresó sobre sus pasos a tomar en consideración la propuesta que segundos más tarde escucharía desde la sala: casual.

Después de tantos años vistiendo trajes de seda y cachemira, se sentía inusitadamente ridículo vistiendo lino y algodón; se sentía corriente y habría utilizado la palabra "vulgar" si no hubiese calificado su actitud de dramática. Su hija parecía efectivamente la poseedora de habilidades sobrenaturales porque en cuanto lo vio aparecer calificó su apariencia como extraordinaria (su magnífico vocabulario lo sorprendía sobremanera) y Sesshomaru ya había aprendido a valorar y aceptar sus opiniones.

Puntuales, como todo Taisho, Rin se encargó de tocar el timbre del departamento de Kagome. Con un fuerte zumbidodel timbre ingresaron y subieron. La puerta del número 8 se abrió y allí estaba ella, elegante en un sencillo vestido azul marino, amplia sonrisa en el rostro y cordiales palabras de bienvenida.

—¡Hola, Kagome! —exclamó Rin, abrazándola— Trajimos presentes.

—¡Qué amables! —la envolvió en sus brazos y miró al hombre todavía de pie en el vano de la puerta— No se hubieran molestado.

—En absoluto.

Sesshomaru se apresuró a ingresar antes de que Rin esperase que la abrazara también.


Fecha de publicación: Junio 5, 2017

Palabras: 1,046


NA: La verdad que me he divertido con sus comentarios (en una sana y amigable manera). Hubo como un arrebato de conclusiones... Tranquilas, todo va a explicarse eventualmente ;)

Les cuento que esto marcha viento en popa, el capítulo 9 ya está en producción. La razón por la cual no actualizo más rápido es porque estoy todo el tiempo editando. Todos los días algo cambio, saco, acomodo, pongo. Soy una obsesiva.

¡Mil millones de gracias por sus comentarios! Nos vemos muy pronto :*

J.