Advertencia: Alusión a la violencia.
VI
AA Keniano
Era la tercera vez que tocaban la puerta y Kagome iba poniéndose la bata a medida que se aproximaba al pequeño vestíbulo. Una vez allí, sin siquiera asegurarse que era efectivamente su amiga quien estaba del otro lado, abrió.
—Sang- —una ceja inquisidora respondió a su inusual saludo y Kagome, visiblemente sorprendida y avergonzada, demoró unos segundos en reaccionar.
—¿Puedo pasar? —preguntó él, retomando la situación.
—Sí… Claro…
Sesshomaru cruzó el marco de la puerta, ocupándolo casi por completo, y sin otra palabra caminó hasta la cocina. Kagome iba detrás de él, pensando por qué había decidido visitarla precisamente ese día y por qué la visitaba en absoluto. Las únicas ocasiones que compartían bajo un mismo techo era en una que otra fortuita cena familiar en la mansión Taisho. Su domicilio particular siempre había estado fuera de cuestionamiento.
—¿Puedo sentarme?
—Sí —accedió rápidamente, viéndose en su falta de modales—. ¿Té?
—No, seré expeditivo.
Kagome no tuvo otra opción más que sentarse frente a él, dispuesta para su total y completo análisis; y no era por vestir su salida de baño precisamente. Y es que eso era todo cuanto Sesshomaru hacía: observarla hasta el mínimo detalle. La tonalidad violácea en su pómulo izquierdo (aquella que ella creía cubrir casualmente con la mano) fue un particular que atendió con cierta insistencia.
—No sé qué ocurre entre ustedes —inició entonces— ni es de mi incumbencia. Pero eso —y señaló la evidencia en su mejilla— es inadmisible.
—Por favor, Sesshomaru —las palabras salieron laboriosas y avergonzada, apartó el rostro—, no le digas nada a Inuyasha.
—No intervendré —le concedió—. Pero tampoco permaneceré al margen.
Se puso de pie.
—Que sea mi hermano no quiere decir que encubriré su accionar.
Sin más, se fue.
Rin parecía batallar con un monstruo, sus expresiones daban cuenta de un más que interesante debate interno y Sesshomaru se preguntó si era prudente cuestionarla al respecto. Claro que casi nunca necesitaba llegar a esa instancia; ella siempre solía ventilar sus pensamientos.
—Corresponde enviar flores como muestra de nuestro agradecimiento —había demorado en decir la oración y la última palabra había sido un poco más difícil de pronunciar que el resto.
Sesshomaru retomó sobre esa noción del vértigo y, más allá del Harrar, pensó en el que degustaba en ese exacto momento: El AA de Kenia crecía a más de dos mil metros. Se sintió repentinamente en una cuerda floja, a esa altura.
—Las flores suelen corresponderse con situaciones muy formales.
—O importantes.
El AA de Kenia era considerado de lo más excelso que existía en el mercado. La forma, densidad y tamaño de sus granos eran los mejores que podían adquirirse. Todo en él era absolutamente e irrefutablemente perfecto.
Comprarle flores a Kagome parecía adecuado.
Antes de siquiera cuestionar en profundidad, padre e hija se hallaban en camino a la floristería más popular de la ciudad. Porque, además, con él todo debía superar las expectativas, aunque las suyas personales no tuviesen límite definido, superando al sol en distancia. Otra gran debilidad de su carácter.
—Oh, dalias —Rin confirmó estar versada en las cuestiones de etiqueta más que él.
—¿Dalias?
—Se regalan a las novias —comentó inocentemente.
El caballero que se dio por aludido prefirió no emitir contestación.
—¿Qué tal rosas? —prosiguió la niña.
Sesshomaru acarició los pétalos de una rosa blanca y Rin sonrió con tanta apertura que lo cohibió.
—Significan "amor eterno".
Cambió a otras, curiosamente sin espinas.
—Sin espinas significan "amor a primera vista".
—Elije las que creas apropiadas —habló entonces, guardando ambas manos en el bolsillo de su pantalón, ocultando con maestría su irritación.
Finalmente la niña se decidió por un bouquet de caléndulas, madreselvas, lirios y rosas de varios colores, apreciando únicamente ella el simbolismo detrás de cada flor. Sesshomaru sabía que su hija conversaba en código y se preguntó si Kagome advertiría los mensajes ocultos.
Ninguno sabría que al momento de recibir su presente post cena, Kagome lloraría con amargura y, en simultáneo, dicha. No sabrían que despertarían mil emociones en ella, que le harían replantearse conceptos de su vida, esos que había arraigado a fuerza de una terrorífica experiencia pasada; desconocerían la sensación de pertenencia que despertarían en ella, que alimentarían su deseo de verlos con mayor frecuencia.
Sesshomaru no sabría que Kagome también batallaba con un monstruo, aunque éste no guardarse semejanza alguna con el de Rin.
Sesshomaru tampoco sabría que su recientemente readquirida amistad con Kagome desencadenaría una seria de consecuencias, no todas ellas felices.
Transcurridos varios días desde de aquella cena, el Director General se encontraba un día domingo en la residencia de su padre tratando cuestiones laborales. Eran los domingos que la abuela exigía la compañía de su única nieta y era ese día que la pequeña Rin se convertía en el centro de absolutamente todas las atenciones de la mujer.
—Prevención de Riesgos deberá redactar este informe nuevamente . Esto es una broma —Taisho padre pasaba las hojas con rapidez, su ceño fruncido.
—Lo es. Así como también lo es quien está a cargo.
El Presidente ni siquiera se molestó en ocultar su frustración y suspiró ruidosamente.
—¿Qué pretendes que haga?
—Puedes optar por no hacer nada —repuso con frío sosiego—. Si efectivamente accedo a sucederte, seré yo quien tome la decisión.
—Si estás esperando a ser Presidente para echar a tu hermano de la empresa, tal vez prorrogue mi retiro.
—Será tu hijo pero es un incompetente —lo miró directamente a los ojos—. Ni siquiera es su total incapacidad de hacer un trabajo bien hecho lo que asombra, sino tu insistencia en cubrirlo siempre que comete errores.
—Es mi hijo.
—Cuya inoperancia nos ha costado millones.
El padre bajó la vista, derrotado.
—Por cierto —prosiguió en un mordaz tono casual—, ¿en dónde está? Aquí se están tratando cuestiones que le competen y por las cuales debería responder.
—No lo sé —confesó.
Sesshomaru hacía una magistral obra ocultando sus emociones. La calma con la que comenzó a ordenar su papeleo, dando a entender que esa reunión informal había culminado para él, no delató nada y aunque su padre lo conocía profundamente, no advirtió su irritación.
Sin más para agregar, Sesshomaru emprendió su partida pero en el momento exacto en que las puertas iban a ser abiertas para él, su medio hermano ingresó tempestuosamente, deteniéndose en seco en cuanto lo vio.
Fecha de publicación: Junio 12, 2017
Palabras: 1,056
NA: ¿Alguien que quiera abandonarme/denunciarme/insultarme? Insisto, no tengo nada en contra de Inuyasha pero bueno, se me ocurrió esto y necesitaba un ex malvado (¿creen que podría haber sido Naraku? Muy exagerado, ¿no?).
Con respecto a la extensión de los capítulos... *sonríe nerviosamente* Deben saber lo mucho que me cuesta llegar siquiera a las mil palabras (que, cabe aclarar, es el mínimo) y siempre apunto a hacerlos más largos. La realidad muestra que fallo miserablemente, ¡pero perseveré! Téngame paciencia.
Quiero dar gracias porque he recibido unos halagos bellísimos que me tienen allá en las nubes. En serio, gracias.
Hasta pronto :*
J.
