Recordatorio: La escena a continuación ocurre poco después de que Kagome entra a la familia, por así decirlo, pasa antes que todo lo que he expuesto antes. O sea, es un gran flashback.


VIII

Guatemalteco

Todo cuanto veía en aquellas frívolas reuniones eran oportunidades laborales; era durante aquellos eventos sociales que cerraba importantes tratos, de palabra pero millonarios, garantizando mayor éxito para su empresa, que aunque fructífera, algunos agregados nunca estaban de más.

Su medio hermano, por otro lado, estaba dando buen uso a la palabra "fiesta", dejando entrever sin mucho margen a la imaginación su espontánea pero ridícula forma de ser; y de la mano llevaba, como no podía ser de otra forma, a su novia.

Sí, Inuyasha era absurdo en muchos niveles pero absurdo sin duda era el antagonismo de sus personalidades. Ella estaba visiblemente incómoda, entre esa alta sociedad cruel que él bien conocía y metida en ese vestido, que aunque generoso con sus formas, era ostentoso. Un detalle de su medio hermano, no le cabía duda. Inuyasha era superficial después de todo.

Kagome era naturalmente hermosa pero eso no parecía ser suficiente para nadie, sólo para sus ojos. Porque a pesar de que estaba atento a sus interlocutores y sus relevantes conversaciones, sus ojos la buscaban y la encontraban y en cada segundo que consideraba propicio, la observaba. La veía batallar con las normas implícitas de la aristocracia, con las personas que la conformaban, que la ponían a prueba, que emitían mordaces comentarios, que la juzgaban abiertamente.

—Disculpen —en el primer momento que vio su escapatoria, la tomó.

—Oh, Sr. Taisho, buenas noches —habló una de las mujeres que conformaban el venenoso grupo de conversación.

—Buenas noches —sin siquiera dispensarles una mirada, se acercó rápidamente a su cuñada—. Kagome, ¿me permitirías un momento?

—Por supuesto —confundida con lo repentino del momento pero aliviada de haber sido rescatada, dejó que la guiara hasta un balcón en un apartado rincón del salón.

Lo vio apoyarse cómodamente contra el balaustre, cruzarse de brazos y mirarla.

—¿Pasó algo? —preguntó finalmente.

—No —repuso sencillamente—. Te veías incómoda.

—Oh, sí —exhaló pronto, luego Sesshomaru vio el atardecer en sus mejillas cuando se sonrojó profusamente—. Es decir… No… No estaba…

—Mi hermano se jacta de conocer "su" sociedad; sin embargo, te dejó a merced de esas mujeres.

Kagome sonrió suavemente.

—No eran tan malas —la expresión de su cuñado decía otra cosa por lo que optó por la honestidad—. Bueno, tal vez un poco.

—¿Dónde está él?

—A decir verdad, no lo sé.

Se adentró en el amplio balcón y se deleitó con el jardín nocturno que dos pisos más abajo parecía salido de una fantasía. Sesshomaru sabía, por observación, que el nuevo mundo que la rodeaba siempre conseguía maravillarla reiteradamente; todo parecía siempre ser nuevo, digno de admiración y elogio; reconocía el valor en ciertos aspectos donde a muchos se les escapaba, donde no apreciaban, ignorantes por la costumbre.

Nunca había subestimado su instrucción. Kagome siempre había demostrado ser una mujer cultivada, conocedora de las cuestiones generales, apasionada por nuevas temáticas, siempre atenta, pendiente de las conversaciones interesantes que se suscitaban a su alrededor.

Cómo alguien tan íntegra había posado su mirada en el epítome de la frivolidad como lo era Inuyasha, Sesshomaru se lo cuestionaría eternamente.

—Señor, su pedido.

Sesshomaru recibió su taza de café que le ofreció un mozo y tras una rigurosa ceremonia de aromas, bebió a consciencia. Kagome lo observaba de soslayo, siempre curiosa con su forma de ser. No era como lo demás hombres, siempre parecía hacer lo inédito, lo que nadie se atrevería o lo que otros juzgarían de irrelevante. Con Sesshomaru todo parecía poseer un valor incalculable; objetos, procedimientos, palabras.

—Debes ser un fanático para tomar café cuando todos toman vino —comentó.

—Este no es un simple café.

—¿Qué lo hace especial?

—Su cuerpo es pesado pero en la lengua es un terciopelo. El primer toque en boca es ligeramente picante, luego se suaviza y se distinguen notas de cacao; no obstante, su sabor es complejo. Es, sin duda, el mejor café de Guatemala.

Kagome cayó abruptamente a la realidad. Por un momento creyó escuchar cómo sería besarlo; pensó que esos serían los sabores que encontraría en su boca.

Sonrió con timidez.

—Conoces muy bien tu café.

Sesshomaru pensó si su hermano la conocería tanto a ella como él mismo.

Sin otra palabra, se enderezó, terminó su café de un trago y con una inclinación de cabeza, se despidió silenciosamente. Minutos después, Inuyasha aparecía.

—¿Qué haces aquí sola? Ven, te presentaré a unos amigos —callada, dejó que la llevase, la trajese, la colocase, acomodase.

Accedió a los caprichos de su pareja con una conciliadora sonrisa, siguió la corriente de sus alrededores con una proverbial paciencia. En su cabeza resonaría por el resto de la velada la voz de Sesshomaru, su sosiego, pausada explicación y el timbre bajo, solemne y grave de su voz. Sería su tónico, su nueva manera de soportar ese mundo que la despreciaba.

—Kagome parece la protagonista—su padre apareció repentinamente a su lado, distrayéndolo.

Sesshomaru había tenido que retomar el vino, por el bien de su paz.

—Inuyasha no querrá escuchar eso.

—Pero si para eso está ella aquí.

—¿Por su imagen? —ocultó con maestría su incredulidad— Muy banal de tu parte, padre.

—Sabes a lo que me refiero. Personalmente, creo que Kagome lo ayudará.

—¿Mm?

—A tomar las riendas de su vida. A ser el muchacho responsable que crié.

—Si alguna vez creíste que tu hijo era responsable, permíteme exponerte la cruel verdad.

—Inuyasha es así desde que murió su madre y yo no supe controlar la situación. Cuando advertí mi error, era demasiado tarde.

—¿Pretendes cargar a esa mujer con tu labor?

—Creo que sólo ella sabrá hacerlo.

—Si es algo que sólo a ti te corresponde hacer, entonces la verás fracasar.

Taisho padre lo miró sorprendido, sintiéndose ultrajado. A Sesshomaru no le gustaba el tenor dramático de su conversación, adivinando en su padre la necesidad de exponer su plan y tal vez contar con su beneplácito, pues sabía bien que tales intenciones eran egoístas, que buscaba liberarse de un peso descomunal. Sesshomaru llegó a pensar que había advertido, tarde como bien expuso él mismo, en su desafortunado y lamentable desempeño como padre, que había, llana y lisamente, fracasado e Inuyasha se manifestaba en lo concreto como ese fallo.

—Kagome lo ayudará —aseveró—. Lo sé.

El padre sabía que su primogénito no compartía su opinión y no tenerlo de su lado suponía un peso. Pero necesitaba reposar en el hipotético éxito de las circunstancias. Necesitaba creer que Kagome efectivamente remendaría su error. Pensó en la decepción que habría recibido por parte de su Izayoi: ¿En dónde estabas cuando nuestro hijo te necesitó?

—Haz lo que te plazca —y vio a su hijo ideal alejarse.


Fecha de publicación: Junio 20, 2017

Palabras: 1,104


NA: Esto definitivamente no salió como esperaba. Pensaba develar más, no enfocarme en una sola escena. Pero tal vez pueda hacer esto repetidas veces, ¿no? Tal vez no termine nunca el fic jaja. Alusivo a esto, mi intensión inicial fue hacer 10 capítulos, pero ya estoy escribiendo el número 14, así que ya no sé, ni estimaciones tengo.

De todas formas la escena es importante porque queda claro que hay una suerte de química entre ellos, que hay cierta atracción aunque no esté muy claro para cada uno. Y, por otro lado, la postura del padre que no es menor. PERO para la próxima activo, lo prometo. Y perdón por cortar la escena anterior :D

Para que no me salgan a cazar con antorchas y herramientas agrícolas, vuelvo en tres días.

J.