Aclaración: Los flashbacks no tienen relación con los hechos actuales necesariamente pero sí siguen un orden cronológico. Si algo no se entiende, por favor, avísenme.


XII

Supremo Colombiano

Había tenido que enfrentar sensaciones absolutamente foráneas, ajenas, lejanas. Se había encontrado con una realidad que lo desagradaba en toda la extensión de la palabra, que lo incomodaba, que no lograba calificar apropiadamente. Cuya incertidumbre nunca pudo remover de su vida enteramente.

No verla más, aunque supiese que era lo mejor, lo había removido, la idea de vacío había calado hondo. Encontró, a su vez, en esa incompleta realidad la necesidad de hacer un duelo, de elaborar, sin saber a ciencia cierta por qué, la idea de una vida sin "la novia de su medio hermano".

Paradójicamente, esa misma vida que en un principio fue incómoda, lo inmunizó. Esa vida que carecía al parecer de algo primordial y esencial, se convirtió en una naturalidad, algo más.

Hasta que la vio aquella mañana.

Como la veía en ese exacto momento.

—¿Qué? —dijo su voz, llenando de luz la habitación.

Había una sonrisa en su rostro, una que vagaba entre la timidez y la coquetería, que lo llenó de algo cálido, enorme pero ligero. Su estructura lógica llegaba a conclusiones sensibles, su cerebro tenía la absoluta certeza y consideraba perfectamente lógico que esa mujer permaneciese en su vida. Y el corazón saltaba de gozo. Las partes se hacían un todo.

La lluvia había mermado pero el sol se tomaba su tiempo para aparecer. La luminosidad era blanda y mansa y le confería características etéreas.

Sensible, sí, fácilmente se calificó de absurdo. Nunca antes en todos sus años de vida había apelado a tan delicadas descripciones.

Tenerla lo hacía redescubrirse.

—Quiero que vivas conmigo.

Su sonrisa desapareció pero esto no desalentó a Sesshomaru, pues en sus ojos no veía simple luz, el mismísimo Sol estaba en ellos. Veía emoción.

—¿De verdad?

—¿Cuándo te he mentido?

—Esa es una pregunta injusta —sonrió otra vez.

—¿Por qué?

—Porque eres el hombre más honesto que he conocido.

—Entonces sabrás que mis intenciones son reales.

—Lo sé.

—¿Me harías el honor de compartir dichas intenciones?

—Por supuesto que sí —rió, aproximándose a su piel.


Perdóname, por favor, estuve mal —caminando sobre sus rodillas, a un paso de caer en la desgracia de las lágrimas, imploraba como un niño abandonado.

Levántate, Inuyasha.

No hasta que no me perdones.

Kagome se preguntó rápidamente si lo amaba.

Sí, te perdono.

Su corazón gritó con convicción abrumadora.

Lo vio incorporarse de un salto y abrazarla con vehemencia.

Gracias —susurró en su oído—. No soy nada sin ti, Kagome, te necesito en mi vida. De ahora en adelante sólo te cuidaré, haré lo que tú quieras y-

Inuyasha —interrumpió delicadamente—, sólo prométeme que no lo harás otra vez.

Te lo prometo —repuso con rapidez, mirándola a los ojos.

Había en ellos la más extraña honestidad.

Te lo prometo —reafirmó, besándola como en aquellas épocas que supo hacerla tocar las estrellas.

Pero el encanto duraría escasos días. Cayendo en una dinámica que se haría corriente. Dolor, lágrimas, golpes, sangre; incandescentes reconciliaciones, vacías y fogosas promesas; eventos que se desenvolverían periódicamente.


—¿Qué dirá Rin?

—Rin ni siquiera sopesará su favor.

Se aseguración venía de la mano de un Colombiano que preparaba mientras rehacía el desayuno que había dejado enfriar después de su inusitada incapacidad de sofrenar sus impulsos más básicos. Kagome lo observaba en sus menesteres absorbida por completo por su exquisita aptitud de hacer ver algo tan mundano como hacer café parecer una obra divina.

—Pero, ¿estará de acuerdo?

Sesshomaru terminó lo suyo y se acercó a ella.

—Cuando Rin entró en mi vida, no pensé que era un hombre soltero, pensé que era un hombre que sería capaz de proveer para ella y eso me pareció suficiente en su momento. El tiempo me demostró que ciertas tareas deben ser compartidas, por muy poco que la noción me sedujese. El hecho de aceptar que necesitaba cierta asistencia supuso una dura lección a mi ego.

—¿Por eso te casaste?

—Albergué afecto hacia Kagura. No estaba sólo en la búsqueda de una madre para mi hija.

—Pero no funcionó.

—No —repuso son sencillez—. Entonces Rin te conoció a ti y algo cambió en ella, y me inquietó.

—Sabías que no duraría mucho en la familia.

—Eso y el hecho de que algo también cambió en mí.

—¿Pero?

—Pero las circunstancias indicaban toda contrariedad posible —sirvió el desayuno—. No quiero que pienses que veo en ti el rol maternal que Rin nunca tuvo.

—Sesshomaru —lo miró fijamente—, sé que no soy la madre de Rin pero si me dan el espacio, intentaré ser lo más cercano a eso posible.

Su respuesta fue un profundo beso, lleno de cosas supremas: gratitud, amor, alegría.


¿Kagome? —la voz de su amiga se deslizaba por los ambientes del apartamento, buscándola. Ella prosiguió con lo suyo con calma, como si nada a su alrededor se hubiese perturbado— ¿Kagome?

Sango se detuvo abruptamente en el umbral de la puerta. Kagome no lo veía, pero sus ojos estupefactos se abrieron en toda su capacidad y del pasmo mutaron a la ira.

¿Qué haces? —cuestionó con severidad.

Me preparo para ir a la universidad.

Sabes perfectamente a lo que me refiero —espetó, arrebatándole el maquillaje de las manos.

Sango —suspiró—, no he tenido una buena semana. No necesito que vengas tú a reprenderme como si fuera una niña.

¿Una semana difícil? —repitió con sorna— ¿Un novio que te golpea y aterroriza es una semana difícil? ¿Qué ocurre contigo, Kagome? Te desconozco.

No tengo por qué darte explicaciones.

Tal vez si te amenazo como lo hace ese maldito me des una.

Kagome la miró fijamente.

¿Es que debo maltratarte como lo hace él para que me des atención? —exclamó— Tengo a todos tus conocidos pidiéndome que me asegure que estás bien porque todos notan el fantasma en el que te has convertido.

No me importa qué piensen los demás.

Tu madre me llamó ayer —dijo más suavemente— y no creas por un minuto que no sabe lo que ocurre entre ese desgraciado y tú. Está muy preocupada, Kagome.

Mi madre no entendería y tú tampoco.

¿Entender qué?

Lentamente se reapropió de sus pertenencias y tapando los colores ajenos a su piel como una rutina más de belleza, repuso con glacial convicción:

Que me ama.

Sango dio media vuelta en el acto y se fue dando un portazo.


—Tienes un… —degustó los resabios dentro de su boca una vez más— sabor dulce.

Sesshomaru sonrió ligeramente y de lado.

—Es el nivel de tostado del café, carameliza los granos.

—Me gusta —y lo besó otra vez.


Fecha de publicación: Julio 1º, 2017

Palabras: 1,085


NA: Con el relato de Sesshomaru quedó implícito que Rin es adoptada (jamás habría permitido que Kagura fuera la madre biológica jaja). Incluí esto porque varias me expresaron sus dudas al respecto. Y sí, acá él la adoptó de bebé como di a entender hace unos cuantos capítulos atrás.

Nos vemos prontito, prontito :*