XIII
Terrazu Costarriqueño
La despedida demoró lo que demoran las galaxias en aproximarse unas a otras. Había un sabor nuevo en su trato y caricias, en las promesas, en los proyectos comunes; había seguridad y bases, ideas concretas y el anhelo de llevar absolutamente todo a cabo. Se tenían el uno al otro y parecía que nada podía hacer flaquear su nuevo vínculo.
Claro que quedaban cabos sueltos y Sesshomaru se dijo que dejaría todo en su sitio antes de introducir formalmente a Kagome en su vida.
—Señor, el Gerente de Prevención está aquí para verlo.
Miró el intercomunicador como si de un momento a otro fuese a cobrar vida. Al cabo de unos segundos, accedió. Volublemente, como no podía ser de otra manera con él, ingresó a su oficina. Llevaba consigo una carpeta que Sesshomaru identificó como el papeleo que había solicitado y habría acelerado ese desagradable intercambio pero la razón por la cual Inuyasha estaba allí personalmente encerraba razones más allá de las laborables.
—Aquí tienes tu maldito informe —lanzó la carpeta con fuerza y su hermano la cazó en el aire, aferrándose con ahínco a su paciencia.
La dejó con cuidado sobre el escritorio y se puso de pie. Guardó ambas manos en los bolsillos de su pantalón y miró a Inuyasha como el insecto sin valía que lo consideraba.
—Dejarás de buscar a Kagome —dijo sin más.
—Dentro de este edificio, sigo tus órdenes. Fuera de él… —se encogió de hombros con mofa— No tienes autoridad sobre mí.
—Permíteme reformular mi oración: si te acercas a Kagome me rendirás cuentas.
—¿Por qué? —comenzó a acercarse— ¿Qué tienes tú que ver con ella?
—Eso ciertamente no te concierne. Tú, por el otro lado, absolutamente nada.
—No me digas que la zorra ahora está contigo.
—Eso tampoco te concierne.
—Lo está, ¿no? —Sesshomaru veía ira y burla en sus ojos y la combinación siempre resultaba ser explosiva— ¿Por eso siempre te entrometiste en mi relación con ella, porque la querías para ti?
Sin respuesta, Inuyasha prosiguió:
—No soportabas verla conmigo —rió—. Pobre Kagura. Supongo que por eso te dejó.
Sesshomaru lo estudiaba como a una presa.
—La buscaré porque la amo, porque la quiero en mi vida y haré con ella lo que me plazca, como siempre hice —el hermano mayor hizo una lectura subliminal de esas palabras, no gustándole el resultado—. Kagome tiene que estar conmigo, sólo yo-
—Cesa tu absurda verborrea —interrumpió—. Lo diré una vez más: si no mantienes tu distancia, tomaré las medidas que sean necesarias y no repararé en delicadezas como la última vez.
—¿Acaso quieres matar a nuestro padre de un infarto?
—¿Pretendes responsabilizarme de algo que fue enteramente tu culpa?
—¿Estás seguro que fui yo?
Sesshomaru entornó la mirada.
—No puedo creer lo que está diciendo la prensa. ¡Estamos hablando de Inuyasha!
—¿Qué te sorprende exactamente? —cruzó una pierna sobre la otra, en apariencia relajado.
—Mi hijo no cometería estas atrocidades.
—Tú mismo has aceptado que posee un comportamiento errático.
—¡Pero ser temperamental no lo convierte en un golpeador!
—Desafortunadamente, no tiene sólo un "mal carácter", Inuyasha es violento e irracional.
Taisho padre se dejó caer pesadamente en el sillón. Sesshomaru repentinamente lo vio avejentado, cansado, incapaz de continuar con esa epopeya que parecía ser la paternidad para con el benjamín de la familia. Nada deseaba más que aliviar la carga que llevaba.
—¿De verdad crees que tu hermano sería capaz de todo eso?
—Querer descreer su accionar conlleva a poner en cuestionamiento la posición de Kagome.
—Pero y si…
—Padre —le interrumpió, como pocas veces había hecho en su vida—, no te escucharé justificar el maltrato físico y verbal que Inuyasha impartió a Kagome durante quién sabe cuánto tiempo. Nada podría, nunca, acreditarlo por lo que ha hecho.
Las lágrima caían y rodaban por las mejillas del hombre, en franca derrota frente a la circunstancia.
—¿Pretendes que entregue a mi propio hijo a la policía?
—Si me lo permites, me ocuparé de esto.
—Fuiste tú quien me obligó ir a Hong Kong durante todos esos malditos meses. Tú me alejaste de padre y eso lo destrozó. Tú y tus estúpidas decisiones casi le provocan la muerte.
—No sé por qué siquiera intentas amedrentarme. Eres incapaz, Inuyasha.
—No me interesa lo que pienses —espetó en un pobre intento de mantener la calma—. Tampoco vine a pedirte permiso para recuperar a Kagome.
Dando media vuelta, dispuesto a marcharse, escuchó al Director General hacer una última acotación:
—Al finalizar el mes tomaré el lugar de nuestro padre —vio a Inuyasha estrujar el picaportes.
—¿Qué significa eso para mí?
—Ya lo averiguarás.
Abrió violentamente la puerta y sin molestarse en aplicar cortesías, se fue dando rápidas zancadas. Sesshomaru vio ese espacio vacío durante algunos segundos hasta que su amigo apareció en su campo de visión, papeles y una lata en mano.
—Algo fuerte para contrarrestar el momento —ofreció, exhibiendo el producto.
—Si Inuyasha comete una estupidez, lo cual es perfectamente factible dadas las circunstancias, deberé tomar una decisión que le pesará a mi padre.
—Sé que te preocupa su salud —Miroku preparaba el café—, la historia ha demostrado que no ha sido la óptima cuando tiene que ver con su hijo. Pero, Sesshomaru, el problema se hará demasiado grande. Si algo ocurre nuevamente, Hong Kong no será suficiente.
—Lo sé.
—E Inuyasha es inmanejable.
—Lo sé.
—Y podrás repetirlo cuantas veces quieras pero no dejará en paz a Kagome.
—¿Dónde está ese café?
Miroku sonrió pacificador.
—Recién llegado de Centro América —sabiendo que disfrutaba de tecnicismos, apeló a ellos para calmar la marea que rugía dentro de su cabeza—. El mejor tostado, perfecto balance entre cítricos y ahumados.
—Cítricos y ahumados —pensó en voz alta—. Una parece la antípoda del otro.
—Ciertas imposibilidades pueden coexistir —dieron el primer sorbo para comprobar la información y ambos, en privado, se dieron por satisfechos—. Encontrarás la solución a esto y podrás tener tu vida tranquilo.
—Mientras tanto —lo miró—, prepararemos mi ascenso.
El tenor estratégico de ese próximo evento le daría una capacidad mayor de viraje. Pertenecer a la empresa había otorgado a su medio hermano una inmunidad que nunca había sabido aprovechar y de la que sólo abusó, tentando su suerte, poniendo a todos en una precaria situación.
Su separación de Kagome había supuesto un punto de inflexión dentro y fuera de la familia y la empresa. Si Sesshomaru tenía el total control de la maquinaria que sostenía esas estructuras, Inuyasha estaría a su completa merced aunque, irónicamente, para siempre bajo el amparo de su padre. Sabía que algo sería capaz de conjurar. Siempre había podido.
—¡¿Qué tontería es esa de hablar con la prensa, eh?! —bramó con ira, haciendo volar los platos sobre la mesa.
—¡No les dije nada! ¡Les bastó verme la cara para sacar sus conclusiones!
—¿Y eso qué quiere decir? —Kagome caminaba en torno a la mesa y él la asechaba.
—¡Mírame! —espetó en llanto— ¡Qué esperas que haga!
Inuyasha se apresuró y en dos movimientos la tenía firmemente sujeta contra la pared.
—¿Es que no aprendes, mi amor? —preguntó en voz baja— ¿Acaso debo aleccionarte otra vez?
—No —negó, incapaz de controlar las lágrimas—, dices que me amas pero luego me haces esto y no entiendo…
—Sí, te amo, eso no lo dudes —besó sus mejillas adoloridas con una delicadeza que sólo la aterrorizó—. Pero también debes entender que aquí quien toma las decisiones soy yo, tú sólo obedeces.
Forzando su tacto, Kagome sintió algo horrible aproximarse.
—Por favor, déjame.
—Eres mi novia, tienes obligaciones —el manejo se volvió más enérgico y brusco y el forcejeo de ella adquirió vigor.
—No me obligues —habló—, no quiero hacerlo.
Cuando la tuvo semidesnuda, cuando sus gritos lo ensordecieron, sólo entonces se detuvo y miró lo que estuvo a punto de hacer, la formidable atrocidad que casi llevó a cabo. Kagome se recogió como pudo, histérica entre las lágrimas y el pánico, y cuando lo miró, vio algo que jamás creyó existía en alguien como él.
Llanto desgarrador, estupefacto, atónito.
—Perdóname, perdóname…
—Vete —demandó.
—Mi amor, por favor, perdóname…
—¡Vete! —su brío retornaba en vistas de aquel lado vulnerable y decidió tomar su oportunidad— ¡No quiero verte otra vez!
Inuyasha, aturdido, se puso de pie y se marchó para no verla durante un año.
Fecha de publicación: Julio 5, 2017
Palabras: 1,390
NA: Perdón por no poder contestar sus bellísimos reviews, es que no he estado en mi casa, no he tenido tiempo para nada. Sólo paso a dejar este capítulo y para la próxima tendré más tiempo. ¡Nos vemos pronto!
