Hola :3
Por fin he venido a terminar este two-shot de parte de los retos del topic Taiora del foro Proyecto 1-8. Por supuesto, va dedicado a Genee que fue la que me pidió en el reto.
Debo decir que me emocioné y que hace mucho tiempo que no disfrutaba el escribir un Taiora, sobre todo con un final feliz. Definitivamente sirvió el reto para volverme a despertar ese amor por el ship. Lo lograste Genee XD ¡Larga vida al Taiora!
Espero les guste este último capítulo :D
Disclaimer: No me pertenecen Tai ni Sora. Pero ellos sí se pertenecen :3
Mis galletas de Navidad.
Capítulo 2.
Sora no tiene consideración alguna. No sé cuánto tiempo llevo esperando a que salga y empieza a ponerse verdaderamente frío; seguro me voy a ganar un buen resfriado.
De pronto la puerta se abre sigilosamente y una cabeza naranja se asoma. Sora está en pijamas.
—¡¿En qué pudiste haberte tardado tanto?!
—Shhh! Tuve que esperar a que mamá estuviera dormida.
Cuando llegamos a su habitación me permití respirar con tranquilidad. Sora también bajó la guardia y fue cuando me dediqué a realmente observarla: Estaba vestida con un set de pijamas de franela que tenía estampados en forma de unicornios y el cabello anaranjado despeinado.
Entonces me dediqué a observar el cuarto de Sora. Había entrado en varias ocasiones, claro que con permiso de Toshiko Takenouchi, pero no recientemente. En realidad había pocos cambios: el papel tapiz color salmón seguía en la pared, las medallas y trofeos del equipo de fútbol de la escuela primaria se encontraban acumulados en uno de sus libreros mientras que un par de premios de tenis les hacían compañía. En la cama estaba recargada su raqueta y una red con un par de pelotas de tenis y un balón de soccer.
La cama estaba desecha así que aproveché y me lancé hacia ella. Sora tenía los brazos en jarra y el ceño levantado frente a mí.
—Tienes una cama perfectamente cómoda en tu propia habitación.
—No vine por la cama, Sora. ¿Es qué no me quieres aquí?
—Yo no dije eso… me preocupó que estuvieras afuera tan tarde. ¿Todo bien con los chicos?
—¿Los chicos? Ah, sí, ellos están bien. De hecho quería venir a ver cómo te encontrabas, todo fue un caos durante el ataque en el concierto de Yamato.
Sora se dejó caer a mi lado en la cama. Miraba el techo con rostro preocupado.
—Las cosas van complicándose, ¿no es así? Pronto tendremos que intervenir.
—Yo sigo preguntándome porque no lo hicimos desde el principio.
Volteó su mirada hacia mí y me sonrió, supongo que para calmarme.
—Hikari estará bien, es muy fuerte, incluso más fuerte que muchos de nosotros. Recuerdo cuando se entregó al enemigo, cuando Myotismon estaba buscando al octavo niño elegido. No podía creer que una niña de ocho años tuviese tal… valentía.
—Ni siquiera me lo recuerdes. Cuando llegaron a avisarme que se habían llevado a Hikari te juro que casi se me detiene el corazón. Ha sido una de las peores sensaciones que he tenido en batalla.
Sora suspiró al mismo tiempo que yo. Siempre que hablábamos del digimundo tratábamos de hablar de las cosas buenas que aprendimos durante nuestras aventuras, de nuestros amigos digitales y de los lazos que crearon entre nosotros mismos, pero no podíamos ignorar los recuerdos agrios, las veces que tuvimos miedo o que peleamos entre nosotros. Eran parte de todo.
Ambos nos habíamos quedado callados aunque en mi cabeza se reproducían todas esas veces que la involucraron a ella.
—Cuando… cuando Datamon te secuestró… yo… tuve mucho miedo. Después de tantas batallas fue la primera vez que de verdad tuve miedo, terror, no sólo angustia o coraje.
Le expliqué, tropezándome con mis propias palabras. Ella me miró de vuelta intrigada, supuse que quiso que continuara.
—¿Alguna vez te conté que lloré? Lo recuerdo muy bien, me dejé caer en la arena del desierto y me puse a llorar como un niño pequeño.
—Mimi me lo dijo… Cuando desapareciste con Agumon, en una de mis tantas noches en vela Mimi se despertó y se acercó conmigo a la fogata y me lo contó.
Noté como se sonrojaba al recordar aquello. No pude evitar estirar mi mano y acariciar el contorno de sus cabellos encrespados. Sólo lo hice y ya.
—Nunca te di las gracias por buscarme a pesar de todo el tiempo que te tomó.
—Yo sé que tú… hubieras hecho lo mismo por mí.
Dejé caer el brazo y asentí convencido porque ella tenía razón: por supuesto que yo hubiese hecho lo mismo, la hubiera buscado hasta el infinito si hubiese sido necesario.
—Pero no te pongas así. Logramos sobrepasar todos aquellos obstáculos.
—Es que siempre tuvimos a un excelente líder.
Levanté una ceja, sorprendido por el comentario. Decidí seguirle el juego: —¿Qué te puedo decir? ¡Qué suerte que tuvieron un líder como yo y no como Daisuke!
No pude evitar reír un poco apenado después de decir aquello. Al contrario de lo que todos pueden llegar a pensar, no soy realmente una persona egocéntrica. Sora también había empezado a reír. Las mejillas empezaban a ponérsele coloradas porque trataba de no hacer mucho ruido.
—Era broma, era broma… Date un poco de crédito, sabes que no podría haber hecho nada sin tu ayuda.
—¿Qué dices? —preguntó incrédula—, a veces siento que te di más problemas que soluciones.
—¿Estás de broma? —No podía creer que pensara así— ¿Acaso no recuerdas quien fue la que me ayudó a cuidar a Hikari cuando se enfermó o la que trajo de vuelta a Yamato cuando había llegado la hora de la pelea con Piedmon? —le pregunté al mismo tiempo que la tomé de los hombros. Quería que pensara y recordara—.
—Sí pero… yo, muchas veces tuve dudas o miedo. Tú tuviste que protegerme y decirme que todo estaría bien.
—Te lo diré todas las veces que sean necesarias para que tengas confianza en ti misma. Eres increíble, no quiero que lo vuelvas a dudar. ¿Me entendiste?
—Pero…
—Sin peros. ¿Recuerdas aquella vez que Birdramon pudo finalmente digievolucionar en Garudamon? Quiero que recuerdes aquellas dudas sobre tu emblema, por qué no querías regresar con nosotros ni dejar a Biyomon pelear… y al final pudiste transmitir aquel amor a través del emblema a Birdramon.
Sora pestañeaba sorprendida. Yo deshice el agarre de sus hombros mientras trataba de controlar un poco mis emociones; el corazón había empezado a palpitarme muy fuerte.
—¿Transmití aquel amor a través del emblema?
—Bueno, no sé cómo fue pero cuando Greymon digievolucionó a Metalgreymon fue lo que sentí que sucedió.
—Lo recuerdo bien. Fue impresionante. Pero, ¿cómo fue que lograste encontrar ese valor?
Lo medité un momento. Traté de volver a colocarme en aquel momento y lugar; tratar de sentir lo mismo que sentí cuando estiré mi mano… Era lo mismo que había venido a hacer: alcanzar a Sora.
—Había una reja electrificada que nos separaba de la habitación donde te encontrabas con Datamon —me detuve un momento porque las palabras empezaban a borrarse de mi cabeza—, era el último obstáculo y estaba aterrado que no lo fuésemos a lograr. Etemon estaba ya a nuestras espaldas, no había otra opción más que cruzar y sin embargo yo… No podía moverme. Agumon fue el que me animó. Me hizo recordar que al otro lado estaba algo muy importante para mí y para salvarla yo tenía que cruzar y… así lo hice.
Ambos nos quedamos en silencio: yo de nervios y ella de la impresión, supuse. Tenía los ojos amatistas bien abiertos, mirándome como nunca lo habían hecho antes. No sabía cómo interpretarlos y empezaba a preguntarme si acaso algo le había molestado.
Todo fue muy rápido: me tomó del cuello de mi gabardina y me jaló hacia ella. Nuestros labios chocaron enseguida y, como si siempre nos hubiésemos besado, todo fluyó con naturalidad. No era un beso robado, era un beso que ambos habíamos estado cultivando desde hace, ¿meses?, ¿años? En aquel momento podría jurar que yo había nacido solo para besar a Sora.
La necesidad de respirar nos hizo separarnos. Ella estaba colorada y yo sentía mi cara arder también; no ayudaba el hecho que estuviésemos solos en su habitación.
—Tú me… besaste —me forcé a hablar aunque lo que dijese fuese una estupidez. Sora sonrió.
—Tú cruzaste una cerca eléctrica por mí.
De nuevo quedamos en silencio pero nos sonreíamos mutuamente. Era el típico momento en que todo lo que sientes empieza a recorrerte el cuerpo, de los pies a la cabeza. En que todo de repente tiene sentido y no hay palabras que valgan. Nuestro momento fue interrumpido cuando escuchamos ruidos en la cocina.
—¡Es mi madre! —Sora se alarmó al mismo tiempo que corría hacia la puerta. —Creo que se levantó por un vaso de agua —dijo después de que se escuchara el grifo—. Esto.. yo…
—Es tarde. Debería regresar a casa pronto.
Sora asintió algo cabizbaja. Lo comprendí, yo tampoco quería que esta noche acabase.
—Iré a asegurarme que regrese a la cama. Le diré que no puedo dormir. Espérame, por favor.
Sora salió de su habitación y me quedé frente a la puerta totalmente estático. Aún no terminaba de salir de mi sistema la adrenalina del momento con Sora. Me miré al espejo de su peinador: aún tenía las mejillas rojizas y los labios brillosos.
Algo en el espejo me llamó la atención. Allí trabadas en las esquinas había diversas fotografías: estábamos nosotros de niños, la foto que nos tomamos en el digimundo, una fotografía con el club de tenis y otra donde estaban sus padres. También había notas pegadas para recordar algunos deberes y entrenamientos; en la otra esquina había un pedazo de papel impreso con una dirección de correo electrónico.
Querida Sora:
Lamento lo ocurrido. No me había sentido tan mal desde la vez que accidentalmente vomité en tu sombrero y no te avisé antes de que te lo pusieras. Sé que nuestra relación ha marchado bien, ¿qué importancia tienen algunas diferencias* entre los amigos?
Con amor, Tai.
—Ay, no.
—¿Qué? ¿No te gusta?
Sora me sorprendió porque no la había escuchado llegar. Tuvo que colocarme una mano en la boca para evitar que gritara.
—Vas a despertar a mamá y entonces estaremos en problemas.
No, definitivamente no quería despertar la famosa furia de Toshiko Takenouchi.
—No puedo creer que tengas eso impreso en tu habitación.
—Siempre que me enfado contigo la leo y me pregunto qué importancia tienen algunas diferencias entre los amigos. Es la única manera en que logro perdonarte.
Le giré los ojos. Aún ahora no puedo creer lo enfadada que se puso aquella vez que le regalé el prendedor para su cabello. Tampoco pude evitar ver que dicho objeto descansara en el peinador.
Lo tomé del mueble, lo abrí y entonces le recogí un mechón de cabello. Ella estaba quieta, expectante a lo que haría. Le recogí el flequillo y lo aseguré con el broche; entonces deslicé mis dedos hacía su mentón y ahora yo la acerqué hacía mí.
De nuevo sus labios me habían disparado hacia el espacio exterior; me sentía flotando como en gravedad cero. ¿Así sería siempre? Me pregunté y de inmediato me respondí a mí mismo: «eso depende de ti».
—Sora. Sé mi novia.
Con su frente pegada a la mía, solo asintió, antes de volverme a besar.
Notas importantes:
*En la versión doblada al español latino en la película de Nuestro Juego de Guerra (Our War Game). Intenté reproducir el mismo e-mail que Taichi le mandó a Sora pero no logro entender una palabra que dice XD entonces le puse "diferencias".
Notas de la autora:
Espero les haya gustado el paseo por los recuerdos y los momentos del Taiora. Guiños hay muchos más pero estos son los más importantes (y los que pude incluir XD). Ya no me termino gustando el título pero eso siempre me pasa entonces no es realmente noticia. En fin, agradezco que hayan leído hasta aquí. ojalá no haya sido pesada debido a la gran cantidad de diálogos. Era algo que me preocupaba... Pero en fin xD ¡Gracias!
Geneeeeeee espero te haya gustado. ¡Rétame más! :P
