XIX

Kopi Luwak

Inuyasha Taisho, hijo del magnate Toga Taisho, fue declarado esta mañana, y después de seis meses de juicio, culpable por los cargos que se le imputaron. Entre los mismos se incluyen: malversación de fondos de la empresa para la cual trabajó, Taisho Construcciones; participación en juegos de azar ilegales, vinculación con grupos ilícitos encargados del tráfico de personas y por actos de violencia física cometidos hacia su ex pareja, Kagome Higurashi. El tribunal lo ha sentenciado a treinta y cinco años de prisión…

Apagó la televisión y se permitió respirar profundamente.

Sabía que se había hecho justicia, que allí había tenido sitio un momento bisagra; su sentido común se manifestaba satisfecho con el desenlace de los acontecimientos, afirmando con gran entusiasmo el triunfo que todo ello suponía. Su hermano se merecía su destino, e incluso creía que el universo había sido benigno con él. No obstante, algo no estaba cómodo en su pecho. Supondría un gran esfuerzo enfrentarse a su padre, uno superior reajustarse a la ausencia de su medio hermano. No porque lo extrañase, sino por lo que su lejanía supondría para su padre. Tiempos difíciles se aproximaban.

—Papá, ¿estás listo?

Pero frente a ese panorama de obstáculos estaba la absoluta certeza de que todo evento futuro sería para bien.

—Sí —Sesshomaru se incorporó, abotonó su saco y guió a su hija hasta el vehículo.


—¡Oh, hija! ¡Felicitaciones! —la Sra. Higurashi no dilató un segundo más el momento y la envolvió en cálido abrazo anexado de alegres lágrimas.

—Gracias, mamá.

La Sra. Higurashi la observó con una genuina sonrisa en el rostro, acarició su rostro y besó su frente.

—Te mereces esta felicidad.

—Gracias —un último abrazo y una voz infantil manifestó su turno de felicitar a la recién graduada.

Sesshomaru observaba el intercambio. Veía colores, sonrisas, demostraciones de afecto, escuchaba risas, palabras que sólo expresaban dicha. Su escrutinio le daba perspectiva. Durante largos años su sistema lógico se rebeló contra la posibilidad de una cuota real y duradera de felicidad, creyó que simplemente tendría que esperar que el tiempo transcurriese y declararse curado.

Pero allí estaba. Viendo a las dos mujeres más importantes de su vida conversar con efusión, hablando de proyectos, de deseos comunes. Esperaría pacientemente a divulgar los suyos. Sabía que disponía del tiempo.

Nunca se había sentido tan optimista en su vida. Su carácter realista había eclipsado durante mucho tiempo lo que algo bueno podía suponerle. No dejaría el realismo de lado, le había encontrado utilidad después de todo, pero se dejó disfrutar, se permitió degustar el sabor dulce de su presente.

En cuanto pudo, dejó a su familia y amigos y de manera furtiva, se aproximó a él. Sesshomaru no dejó entrever nada, sólo la miraba con gran intensidad, sus manos en los bolsillos de su pantalón, la exquisitez de su vestuario. Kagome se puso nerviosa, como si fuese aquella la primera vez que lo hiciera. Lo cierto es que desde que vivieran juntos, Sesshomaru dedicaba importantes minutos a esos concienzudos análisis. No sabía qué buscaba o qué estudiaba y por alguna razón nunca había preguntado, sólo comprendía que le encantaba ser el foco de sus atenciones cuando estaban en el resguardo de su intimidad.

—Felicitaciones, profesora —dijo, su mano acariciando su cabello, haciéndole temblar las piernas.

Kagome sonrió e incapaz de resistir la tentación, se estiró para besarlo.

—Mi madre mencionó algo sobre una cena.

—Mm —no había abierto los ojos, había permanecido en ese sitio abstracto donde se sienten los sabores múltiples que albergan los labios del ser amado.

—¿Sesshomaru?

—Sí —dijo entonces, volviendo a la realidad con perfecta naturalidad y fluidez—. Cuento con el beneplácito de tu familia.

—¿Para la cena?

—¡Kagome, vamos! —Rin apareció y tomándola de la mano, se la llevó.

Y a continuación, una voz conocida habló a su lado:

—Mi nieta es muy especial, joven Taisho.

—Concuerdo —asintió, mirándolo.


Como todo debutante, Sesshomaru demoró un segundo más de lo normal en emprender el camino definitivo. A paso pausado, inició el ascenso de las escaleras del templo de la familia Higurashi. Aprovechó el momento para apreciar sus alrededores, los cuales sosegaron sus sentidos en la medida necesaria. Era la primera vez que estaba allí y el motivo de su visita agitaba sus latidos.

La sorpresa en el rostro de su anfitriona ofició de distracción y cuando solicitó la presencia del señor Higurashi, aprovechó los minutos para reordenar sus palabras.

Se sentía como un adolescente. Inusitadamente ridículo.

Es un honor recibirlo en nuestra casa, joven Taisho.

El honor es mío, señor Higurashi. Espero no importunarlo, sé que vine sin anuncio previo.

No se preocupe. Ha captado usted mi curiosidad.

Prepararé té —anunció la mujer.

¿En qué puedo ayudarle?

Se trata de Kagome.

No me cabe duda —sonrió el anciano.

Sesshomaru lo miró y luego a la Sra. Higurashi.

Entiendo que el pasado no ha sido beneficioso en lo que atañe a mi familia y a Kagome —comenzó entonces— pero yo no soy mi familia y mis afectos e intenciones para con ella son genuinos.

La Sra. Higurashi sirvió la infusión y el magnánimo y estoico Sesshomaru Taisho apeló a la pausa para recolectar su pleamar de sentimientos.

He venido porque deseo pedir la mano de Kagome en matrimonio.

¿Qué pide concretamente?

—Nada concreto —negó—. Desearía contar con su bendición.

La Sra. Higurashi sonreía ampliamente pero guardó silencio en todo momento. Su suegro aún hacía severo estudio de su invitado.

¿Me dará su palabra de que la cuidará?

Tiene usted mi palabra.

El Sr. Higurashi dio un sorbo al té y Sesshomaru pensó por primera vez en su vida cómo sería hacer catarsis.

Si se convierte usted en el autor de su desdicha, joven Taisho…

No soy mi hermano, Sr. Higurashi —aseveró—. Amo a Kagome y quiero una vida con ella.

Suegro y nuera intercambiaron una mirada, él pedía una opinión y ella dichosa sonrió, asintiendo:

Kagome está enamorada.

Cuenta con mi bendición, joven, y, por favor, haga feliz a mi nieta, se lo merece.

Será mi honor.


La cena, bajo un difícil acuerdo entre padre e hija, fue desarrollada en su casa. Sesshomaru tomó esa instancia para que la familia de Kagome conociera el sitio en cuestión y aprovechó a conversar con el Sr. Higurashi con mayor profundidad sobre su trabajo, proyectos profesionales, pasatiempos y todo aquello que tuviese que ver con él y sobre lo que el anciano quisiera saber. Estaba más que dispuesto a involucrarse en una larga charla. Quería convencer a la familia Higurashi de que era digo de Kagome.

—No fue muy tradicional de su parte traerla a vivir con usted antes del evento en sí —dijo el Sr. Higurashi en determinado momento, petrificando a Sesshomaru en su sitio— pero supongo que por mi nieta puedo hacer cualquier concesión.

Sesshomaru sólo atinó a asentir.

—¿Aquí vivirá mi hermana? —susurró en el oído de su madre.

—Oh, lo dudo mucho —sonrió la Sra. Higurashi—. Este lugar exclama Sesshomaru, Kagome querrá algo que ambos puedan compartir.

—Papá estaría muy orgulloso de ella, ¿no?

—De ambos.

—¿De qué hablan? —terció Kagome.

—De ti —sonrió Sota—. Hoy es tu día.

—Lo es —asintió con suavidad, sonrojándose levemente.

Más tarde el Sr. Higurashi absolvería a Sesshomaru de toda culpa y cargo cuando le sirviese café después de la comida. El susodicho aprovecharía el momento para conversar sobre ello, alegando que el Kopi Luwak era el café más costoso del globo terráqueo, que su producción era lo más artesanal y tradicional que podía pedir. Su interlocutor se mostró más que curioso y durante largos minutos dialogaron sobre el tema.

—¿Qué? ¿Ya nos vamos?

—Sí, abuelo, ya es tarde.

—Pero… —miró a su anfitrión, el paquete de café y resignado suspiró— De acuerdo.

—Le llevaré este y otros para que deguste, Sr. Higurashi.

—Sí, por favor.

—Adiós, abuelo.

—Adiós, Kagome. Y felicitaciones.

—Gracias, abuelo.

En el umbral de la puerta, Sesshomaru se aferró a la cintura de Kagome y allí descansó su espíritu.

—¿Dónde está Rin?

—Allá —rió ella, viéndola subirse al vehículo junto con su familia—. Supongo que esta noche seremos tú y yo.

—Mm —se ciñó más a su talle, con cierta urgencia, cierto anhelo—. Supongo que sí.


Fecha de publicación: Agosto 5, 2017

Palabras: 1,265


NA: ¿Será adecuado anunciar que este es el anteúltimo capítulo?

Fun Fact. El café más curioso: el Kopi Luwak se produce después de que cierto animal, llamado civeta, ingiere las cerezas de café. Al defecarlas, los granos son recogidos manualmente, lavados, secados, tostados y empaquetados. Y es, literalmente, el café más caro del mundo.