XX

Ella es un blend

Llegado el momento de la verdad, se reprochó su falta de detalles. Tal fue su desaprobación por el momento que había creado que lo postergó. Kagome y su usual naturaleza despreocupada le indicaron que su sorpresa aún sostenía dicho rótulo. Kagome no sospechaba absolutamente nada.

Aprovechando la coyuntura de su graduación, improvisó un regalo y porque raras veces le negaba algo, aceptó. Quería que su obsequio tuviese que ver únicamente con ella, que indirectamente se referenciara con ella pero cuando en uno de esos días de habituada convivencia le preguntó cómo eran los cafetales "en la vida real", Sesshomaru no pudo con su genio.

Allí estaban entonces, en la cuna del café, en Etiopía, caminando los límites de un vasto campo de café.

Habían arribado en el momento indicado pues los arbustos habían florecido e impregnaban la pupila de una imagen fantástica. Esos eran detalles y Sesshomaru se dio por satisfecho. El paisaje tropical jugaba muy a gusto con Kagome, su piel y su cabello; la encontró hermosa, llena de una luz casi mística.

—Esto es hermoso, Sesshomaru.

Él no veía un solo arbusto, su atención estaba únicamente en ella.

—Lo es.

La observó adelantarse, aproximarse a los arbustos, sentir el perfume de las flores. El sol en su rostro, en su vestido blanco.

La certeza de que la amaba lo abrumó y su cerebro pronto saltó, buscando la explicación lógica a su repentino nerviosismo, ese que llegó como un humo negro a la claridad de su mente en el momento en que tanteó la cajita en el bolsillo de su pantalón. El humo negro correspondía, a su vez, al cuestionamiento que, tal vez, pensó, todo hombre arriba en la víspera de tan importante momento.

Pero yo nunca dudo, se recordó. La duda persistía pero también vino a su cabeza, en forma de amable recordatorio, que él era un hombre resuelto, que no titubeaba una vez tomada la determinación, que estaba seguro de lo que haría e incluso tuvo el atrevimiento de pensar que Kagome no rechazaría su propuesta, después de todo, se amaban.

Y luego otra duda: ¿Es el amor suficiente?

Habían llegado a la arista, donde termina uno y empieza otro campo. La vio iniciar una conversación con una mujer y curioso, se acercó a ellas.

—Dice que podemos pasar —sonrió, volviéndose.

—¿Hablas amhárico?

Kagome rió y con ese panorama desestimó la pregunta que acababa de hacer.

—Gestos y señas, el idioma universal —lo tomó del brazo y juntos y a paso pausado comenzaron a caminar entre los altos arbustos, rodeados de blancas flores y el silencio de lo remoto.

—¡Oh! —exclamó sorprendida, adelantándose— Estos no tienen flor.

—Esa es la cereza de café, dentro están los granos, que en realidad son la semilla de la planta.

Kagome lo miró. Él es sexy, su cerebro es sexy…

—Tu ilustre pasatiempos —le recordó.

—El café es mi especialidad —siguió él.

—Sigues siendo fascinante, Sesshomaru, siempre me sorprendes.

—Me pregunto si algún día perderé esa facultad.

—Sólo si se trata de ir a comprar café.

Sesshomaru sonrió y aproximándose, acarició su mejilla. Quería besarla y hacerle el amor allí mismo pero encontró su oportunidad y la tomó. Dio un paso hacia atrás y descansando sobre una rodilla, extrajo lo que pensó nunca extraería de su bolsillo. Kagome se volvió gárgola frente a sus ojos.

—En este momento me he percatado de que tal vez no expreso mis sentimientos con frecuencia, sólo he encontrado formas de demostrarlo —inició con gran solemnidad— pero te amo, Kagome, como nunca he amado a nadie y deseo tenerte para siempre en mi vida —un anillo y su diamante aparecieron en escena, brillando con fuerza ante el sol—. ¿Me harías el honor de ser mi esposa?

Habría continuado incansablemente, enumerando sus cualidades y las razones por las cuales estaba enamorado y la creía perfecta. Habría hecho de ella ese blend que tomó por primera vez en mucho tiempo cuando pisó su oficina en aquella oportunidad, haciéndolo sentir como un adolescente; o cuando la tuvo en su cama, degustando vainillas y avellanas. Esos blend no habían sido fortuitos. Ella no era fortuita. Era el plan maestro del cosmos y él el beneficiario, el eterno agradecido.

—¿Kagome?

Kagome inhaló con fuerza, advirtiendo que no había estado respirando. Miró la roca, a él, a la roca y finalmente a él. Cuando su cerebro procesó adecuadamente, cuando sus funciones vitales retomaron normalmente, le sonrieron los labios y le sonrió el rostro entero.

—Sí —dijo entonces—, sí, sí, por supuesto que quiero ser tu esposa. ¡Sí!

Sesshomaru suspiró de alivio e incorporándose, deslizó el anillo en su dedo y su ego se hizo un poco más grande y su corazón latió con el brío de la honra reconocida.

—¿Demoré mucho en hablar? —rió ella.

—Demasiado —y la besó con fervor, con adoración, con amor. La besó como si fuese aquella la primera vez después de cuatro años y siete meses.


Dos años después

—¿En qué piensas, Rin?

—Esto va muy rápido.

La seriedad de la niña la hizo reír.

—Pero es muy hermosa.

—Lo es.

—Y ella también lo será —y depositó ambas manos en su vientre.

—¿Ella?

—Apostamos con el abuelo. Él dice un niño, yo digo una niña.

—Que gane el mejor —y rieron.

Rin salió de la habitación pero Kagome allí se quedó, viendo a la bebé dormir plácidamente, sumida en la paz que sólo los infantes conocen. Había sido concebida en Etiopía, entre los cafetales, en una tarde de octubre. Ese había sido uno de los días más felices de su vida.

—¿Rin ha apostado con mi padre?

—Sí —asintió con una sonrisa—. No le digas nada a tu padre, déjalo que se divierta con esto.

Mucho agua debió pasar bajo el puente para que Sesshomaru le permitiese a su padre formar parte de su familia. Kagome había tenido mucho que ver; ciertamente, había sido ella quien le pidió que lo perdonara por el pasado y le recordó que, aunque mal, había obrado por amor a su hijo. Ella lo recibió con brazos abiertos durante su boda y ella le había anunciado el inminente arribo de su segundo nieto. Cuando un tercero se proclamó, le dejó a él la tarea de hacer el comunicado pertinente.

Y cuando vio la felicidad misma en el rostro avejentado de su padre, pensó que quería que formase parte en la vida de sus nietos. Él mantenía cierta distancia y su trato era formal y discreto, pero era un avance.

—¿Qué crees tú que será?

Sesshomaru envolvió su delicado diámetro.

—Un niño.

—¿Crees o quisieras?

—Si voy a exiliar a todo hombre que se interese en mis hijas, necesito un aliado.

Kagome no pudo evitarlo y rió con gran soltura.

—Es una broma.

—Nunca bromeo.

Su tono serio, su voz grave, sugerían precisamente eso y Kagome supuso que eventualmente deberían llegar a un sano consenso con respecto a las mujeres de la casa porque descubrirían tras el nacimiento de la cuarta hija que tal aliado sería el último en arribar a la familia.


Finis


Fecha de publicación: Agosto 10, 2017

Palabras: 1,175


NA: Y con esto, doy por finalizada esta aventura. Quiero agradecer infinitamente a todas las que me siguieron durante este tiempito, sus bellos comentarios, la buena onda y la paciencia. Esta historia es para mí un antes y un después, el recibimiento que tuvo Ella es un blend es un récord personal y estoy muy agradecida. Fue un gozo tremendo escribir esto y un honor publicarla y compartirla. Nos vemos muy pronto :*

PD. Y no, no habrá epílogo :D