Terrible—respondió.

Es que, Candace—Stacy frunció un poco el entrecejo, pensaba que se había cansado de acusar a sus hermanos, pero era lo contrario, y así sucedía cada año—, ¿Por qué? ¿Por qué tienes que mencionar a tus hermanos en todo?

¡Por una vez, quisiera que me creyeran, Stacy! Es frustrante que la única persona que vea el peligro en lo que hacen sus hermanos sea yo. Ni siquiera mamá lo nota. ¿Sabes cómo se siente el que tu propia mamá no crea lo que dices?

Pues tienes algo de razón—Añadió Vanessa—. Intentaba acusar a mi papá y que mi mamá viera lo que hacía, pero nunca lo notó, y me rendí. Pero creo que es mejor idea dejar las cosas de ese modo—mientras decía aquello, miraba a Stacy, para encoger sus hombros en la última oración y volver a ver a Candace—. Lo que hacen tus hermanos y mi papá no es algo normal, así que nadie nos va a creer. ¿Quién podría creerse que un par de niños preadolescentes y un hombre de 40 años construyen cosas sólo para pasar un buen verano o conquistar un lugar? ¿Eso no te suena un poco a ciencia ficción?

Exacto—Volvió y comentó Stacy—. Además, imagínalo, tus hermanos ya no tendrán tiempo para hacer algo de lo que los puedas acusar; y si sucede, recuerda que tus padres estarán más tiempo en casa ya que estás en la escuela. ¿Cómo no podrían ser atrapados?

Sí… La verdad no quiero terminar en un Psiquiatra—La adolescente "pelirroja" esbozó una ligera sonrisa. Por un momento empezó a comprender que había cosas fuera de lo común y que no lo creería cualquiera.

¿Enserio ibas a terminar en un Psiquiatra? —Vanessa había preguntado manteniendo los ojos un poco más abiertos—Y pensar que iba por ese camino.

Mejor vayámonos. —Comento finalmente Candace para animar a sus amigas a caminar directo a la cafetería.

Mientras tanto, aquella niña que en un principio había llegado tarde a clases, miraba de reojo al grupo de amigos que conversaban sobre sus actividades. Estaba un tanto extrañada, en lugar de estar sorprendida. ¿Esos niños trabajaban especial mente para una agencia? ¿Son niños superdotados? Alguna poca cosa pensaba ella al respecto, pero trataba de no darle mucha importancia al asunto. De repente, algo vibraba dentro de su mochila. Al sacar aquel artefacto de comunicación compuesto de tecnología avanzada, y la forma de circunferencia, se proyectó una imagen desde hombros a cabeza de quien parecía ser su padre, o algún familiar.

¡Buenos días, hija! —Sonrió decentemente el padre de la niña cuyos cabellos tapaban a medias su cara, la cual tenía pecas en cada lado de sus mejillas.

Hola, pá—contestó ella—, ¿Qué hay?

¿En dónde estás? —Pareció preguntar mientras virtualmente miraba a su alrededor como podía. Tenía un aspecto muy común y familiar.

Estoy en la escuela—Nuevamente contestó, dando una sonrisa leve con ojos entrecerrados.

Ah, sólo quería saber qué tal estabas.

¿Y por qué no le preguntas a Monty? —Comentó preguntando de forma burlona.

¿Monty? Ya sabes que decidió enfrentar al mal en lugar de ir a la escuela de acrobacia.

Sí… —La niña con pecas hizo rodas sus ojos de color azul oscuro hacia abajo, un tanto a la derecha—No lo he visto en un rato.

Pues seguro ha de estar ocupado ahora. Trabaja para una nueva agencia—La figura paterna frunció su única ceja y miró de reojo hacia la izquierda—Espera, ¿Estás en público?

Em… ¿Sí? —Ella frunció levemente el entrecejo, mostrando confusión— Uh, ¿Por qué?

¡Rápido, ocúltame! —Exclamó él— ¡Se supone que no deben verme!

De forma inmediata, la chica se agacha bajo la mesa, la cual estaba totalmente vacía. Hubiese sido extraño si al menos una persona estuviese sentada cerca de ella; pues a pesar de no tener muchos amigos, también era alguien que destacaba poco en la escuela. Igualmente, prefería eso a ser víctima de abuso escolar.

Oye, papá—se mostraba incómoda. Sabía que no era la primera vez que su padre le saludaba para ver su situación actual, pero ya se estaba empezando a poner extraño—, sé que me quieres, pero esto ya está empezando a ser incómodo. ¿Por qué no mejor me devuelves mi teléfono?

Porque la última vez que lo tenías te escapaste sin nuestro permiso—Contestó su padre con seriedad—. ¿Cómo van tus clases?

Heh, ¡Es el primer día de clases! —ella entrecerró sus ojos y esbozó una pequeña sonrisa, mientras sus cejas expresivamente apuntaban hacia arriba.

Ugh. Estos profesores hablando de su vida privada otra vez—comentó su padre con algo de molestia.

Creo que esta vez eso no sucedió.

¿Qué? ¿Hablas enserio? —El tono del padre no parecía más que sarcástico— ¿Enserio no hablaban de su vida privada y preguntaban lo que hacían en el verano?

Digamos que un par de niños súper genios terminaron siendo los profesores de la clase y estuvieron hablando de un gran verano—Comentó con carisma, entre-subiendo una de sus cejas—. Enserio… ¿Qué clase de niños son esos? ¿Has visto alguna vez un par de niños construir Montañas Rusas, edificios más grandes que cualquier otro que existiera, aviones de papel que sí vuelan de verdad y no como esos aviones raros que…? Los lanzas y vuelan, pero al rato se caen. ¿Sabían que todo eso desaparece en un día? ¡Construyen en un día y desaparecen en ese mismo día! —Exclamó, expresando su sorpresa, aunque aún era muy incrédula ante las posibles falacias de los hermanos— ¿Con qué dine…?

E inmediatamente, al su padre notar la breve descripción de acciones de parte de su hija, se dio cuenta de a quienes se refería, dándole una rápida interrupción.

¡Deben ser los dueños del agente P!

¿De verdad? —Sonrió, inclinando su cabeza ligeramente, y de nueva cuenta entre-subiendo una de sus cejas.

Sí, ¿sabes cómo se llaman?

¿Estás bromeando? —Preguntó luego de reírse un poco por la pregunta. Ella había estado en el mismo salón que Phineas y Ferb durante un par de años—Si no recuerdo tan mal, sus nombres son Phineas—nuevamente, fue interrumpida.

y Ferb—completó él la frase—. Es muy extraño, ¿Qué hacen esos chicos en un colegio público?

Y lo mismo me pregunto—añadió ella, entrecerrando sus ojos y entre-subiendo sus cejas.

El padre pensó por unos momentos una situación riesgosa. Más que nada, Perry podría caer en un gran peligro si su hija se acercara a ellos, a menos que les borrasen la memoria por segunda vez.

No te acerques a ellos—Ordenó con un aire de frialdad.

La sonrisa cómica de su hija se había desvanecido por unos momentos, y no por tristeza, sino porque literalmente era la primera vez que su padre ponía una orden de ese estilo. ¿Habría riesgos? ¿ella estaría implicada en ello?

¿Eh? —Preguntó, estando confusa de la situación— ¿Por qué?

Sólo haz lo que te digo—Respondió con la misma actitud— ¡Monograma, fuera! —la representación virtual de su padre se había desvanecido brevemente del comunicador, aunque inesperadamente reapareció—Por cierto, le pedí a tu hermano que te viera luego de un tiempo bastante largo sin verse—en rápidos momentos subió el lado derecho de su ceja, hasta ponerla en línea recta nuevamente—Espero que se lleven bien por el momento. Casi siempre que se ven discuten por alguna tontería.

Él siempre se queja por nada—Contestó su hija con pesadez, aun sosteniendo el comunicador con su mano derecha—. Sólo está de amargado quejándose de todo lo que hago como si no tuviese infancia.

Espero no tener que escuchar que se queje de ti otra vez, o tú molestándolo. ¡Sólo llévense bien una vez! —En el poco tiempo en que Monograma había visitado o había visto a sus hijos debido a la cantidad de tiempo que invertía en la agencia, siempre notaba las quejas de su hijo Monty hacia algunas de las travesuras de su hermana, aparte de las molestias o de considerarla irritable. Por una vez, quería que sus hijos convivieran de forma pacífica, pero se veía como algo imposible. Aún con algo de esperanzas, finalmente se retiró— ¡Monograma, fuera!

Después de eso, la chica guardó el comunicador en su mochila. Pensar que tendría que ver al molesto y regañón de su hermano de nuevo le parecía una molestia, sin embargo, tampoco es que tuviese algo mejor qué hacer.

Genial—Dijo para sí misma en sentido sarcástico—, algo mejor qué hacer que quedarme sola en recreo hablando debajo de una mesa—Al levantarse, no se había percatado de qué tan cercando estaba la mesa debajo de ella, por lo que se golpeó fuertemente la cabeza y gruño enseguida.