Finalmente, a unas pocas horas, la jornada de clases había concluido. Los hermanos, sus amigos y el resto de los estudiantes alegremente salieron del centro educativo, mientras que la chica se quedaba a esperar la ida de todos aquellos para poder llegar de camino a una cafetería, donde se suponía, habría de ver a su hermano. Estos en sí llevaban poco tiempo de verse, mas no de conocerse más a fondo, sin embargo.

La chica se abstuvo de utilizar algún aparato moderno debido a estar en público, por lo que corrió con rapidez antes de que su hermano se fuese a trabajar en una agencia distinta a la O.S.B.A.

Finalmente había llegado a un centro de café en la ciudad, llamado "McMorphy's Café" con un diseño entre moderno y elegante, con colores centrados en un tono rosa bastante claro, mármol blanco, y acero inoxidable. Y ella solía entrar muy poco a ese tipo de lugares.

Entre persona y persona, se encontró finalmente con el chico parecido a su padre. Poseía una sudadera gris y unos pantalones aparentemente jeans color Beige, cabello rubio oscuro y peinado hacia adelante, ojos de un color normalmente azul oscuro; mas zapatos de un color marrón, casi llegando a rojo, combinado estos con blanco.

Aparentemente se le veía mirando por la ventana, no dándose cuenta de que ya tenía a su pequeña hermana sentada justo en frente de él, mientras ella mantenía un profundo silencio, como si no hubiera nadie; y en su rostro se encontraba una mirada inexpresiva, en sus momentos parpadeando. Contemplaba cómo su hermano sorbía un chocolate caliente y miraba por la ventana aún, hasta que miró a su mesa y se encontraron sus miradas en medio del silencio, silencio que él no tardó en romper.

¡Ah, hola! —Saludó alegremente agregando una sonrisa— No te noté.

Nadie lo hace. —Contestó cortamente su hermana menor, encogiendo sus hombros como si no le importase, frunciendo el entrecejo hacia arriba y cerrando los ojos durante la primera acción.

Tal vez sea porque eres muy callada. —tenía la misma ceja unánime que su padre, por lo que subió el lado derecho de su ceja.

O tal vez nadie nota cuando aparezco. —trató su hermana de contradecirle.

¿Enserio? —Su hermano no había logrado darse cuenta de la situación en la escuela de su hermana. De hecho, lograban hablar poco sobre su vida o lo que hacían fuera de casa. La costumbre se mantenía en la pequeña rutina en donde él se quejaba de ella debido a que eran distintos en actitud, pero a su hermana no le importaba lo suficiente como para ponerse a discutir con él—... ¿Nadie?

Nadie. —volvió y respondió la pregunta, entrecerrando los ojos.

Su hermano parecía estar interesado en entablar una conversación, le sorprendía lo mucho que se había perdido de la vida de su hermana, y casi se le olvidaba que tenía que irse.

En ocasiones, planeaba sus idas más temprano para no tener algo nuevo de qué quejarse de ella nuevamente, pero esta vez parecía tener ganas de quedarse a hablar un rato más.

Estoy seguro de que eres muy tímida—esta vez había mantenido una mirada un poco más seria, no le convenía tanto a él como a su familia que ella tuviese la actitud que él creía ver en ella—. Tal vez no hablas mucho.

La chica respondió nuevamente encogiéndose de hombros.

Em… No lo sé, nadie me habla, pero realmente no me molesta.

¿Y por qué no intentas socializar o participar en alguna actividad de tu escuela? —Preguntó su hermano con interés— ¿O unirte a algún club? Tú y yo somos buenos en educación física, puedes unirte a algún club por el estilo.

Entonces fue ahí cuando su hermana frunció el ceño, y se puso a pensar un momento breve. Sus ojos miraron desde abajo, de un lado a otro mientras pensaba en la misión que había recibido.

No creo que esté a disposición de eso ahora. —rechazó así las sugerencias de su hermano con una voz un poco más grave.

¿Sucede algo? —Era raro notar su seriedad en alguna cosa que no fuese asunto secreto o de la agencia, aunque no se esperaba que eso fuese.

Papá me dijo que no me acercara mucho a los dueños de Perry. Ellos están en mi misma escuela. —mientras respondía la pregunta hecha por motivos de preocupación, puso los codos sobre la mesa en la que compartían y cruzó en el mismo lugar sus brazos.

¡¿Y tampoco te notaron?! —Su hermano preguntó, para luego reírse a carcajadas, el subjetivismo le daba una visión clara del futuro de su visión de soledad y tal vez cincuenta gatos le parecía la correcta— ¡No—aún con el buen humor luego de reírse—, esto va lejos! ¡Va lejos! … Te quedarás sola el resto de tu vida—brevemente le apuntó sin extender completamente su brazo—. Oh, qué fácil es ver lo que te espera, hermanita.

Monty ¿No puedes madurar? —Al parecer no se veía tan ofendida por el hecho de que su hermano se riera de ella, ya estos chistes entre ellos eran muy comunes. Al parecer se veía que no lo tomaba enserio debido a su humor.

Mira quien pregunta—dijo él de forma cómica y cruzado de brazos. Seguidamente, el reloj del hermano mayor ubicado en su muñeca izquierda empezó a sonar. Enseguida, luego de observarlo, miró a su hermana—Lo siento, debo irme. Me hubiese gustado comprarte algo la próxima vez. —Finalmente le sonrió, para levantarse a la vez de su hermana igualmente hacerlo, para ambos salir del lugar.

Supongo que te veré el próximo fin de semana. —Respondió con una sonrisa ligera. El hecho de que estos hermanos no se vieran mucho ya era casi una costumbre.

Oh no, posiblemente vaya a verlos esta tarde.

Sí… —Dijo brevemente para querer cambiar el tema— Oye, ¿me llevas?

Ssss… —aparentemente iba a decir sí, pero contestó lo contrario— No, tienes que caminar. Te hará bien algo de ejercicio. —Dijo mientras se estaba por reír.

Conque fue por eso que no me compraste nada ahí adentro—su hermana seguidamente entrecerró sus ojos, cosa que su hermano mayor no logró divisar a la perfección.

Oye, te llevas tu comida a la escuela, creo que eso es suficiente. ¡No comas tanto! —Nuevamente había vuelto a ser cómico.

Lentamente, su hermana acercándose hacia él, trató de atraparle. Sin embargo, la acción no se logró completar, por lo que cayó al suelo, y su hermano retrocedió dejando a ella tal espacio. Enseguida, ella se levantó para perseguirle desde atrás; pero nuevamente se adelantó. En lo que Monty corría, sacó su Jet pack para no ser alcanzado por ella.

Eres muy lenta, Mir.—Monty estaba con los pies ya lejos del suelo, enseguida se volteó a punto de irse, pero se detuvo para verla nuevamente antes—. Espero que no sigas así otra vez. De verdad te hace falta el ejercicio, qué bueno que empiezas hoy con la rutina.

Finalmente, esquivando algunas piedras lanzadas por su hermana, Monty se retiró mientras reía a carcajadas.

¡Idiota! —Exclamó su hermana antes de desapareciese de su vista.

Finalmente se marchó a casa, y a pesar de no notarse mucho por su cabello cubrir gran parte de su rostro, se expresaba molesta al fruncir el entrecejo y entrecerrar los ojos.

Su hogar no quedaba tan cerca de la escuela, sin embargo, su padre se encontraba trabajando en la agencia, cuyo interno no se encontraba en trabajo porque debía volver a clases. Quería por una vez no llegar a casa a simple caminar.

Ya después de un tiempo, había llegado.


Mientras tanto, con Doofenshmirtz, su hija le había pedido una conversación momentos antes de que la ya finalizada jornada de clases se diera.

Papá… —Vanessa no se veía muy cómoda con lo que había acontecido. Luego de un tiempo de tratar de ser bueno, y trabajar con los agentes, volvió a donde todo comenzó— ¿Sabes? No… No es muy cómodo encontrarte aquí otra vez, ¿qué sucedió?

Pues verás—nuevamente se paró como si estuviese dando su monólogo "malvado" en su antiguo trabajo, y caminó en círculos mientras hacía gestos de expresión con sus manos—, hace tiempo ya sabes que era parte de un grupo de agentes secretos que luchan contra el mal y todo eso. Pues… —De repente, el ex-científico, ahora maestro, recordaba cada uno de sus fallos y errores en su anterior ocupación, y cómo la O.S.B.A perdía presupuesto por aquellas razones—Y por esa razón me asignaron de nuevo a ser profesor de ciencias—el maestro aparentemente entrecerraba sus ojos y se ve veía como si nada hubiese pasado, una actitud y postura relajada. Sin embargo, su hija no logró entenderle.

Papá, yo no vi tus recuerdos. —Subió tanto palmas de sus manos como hombros.

A lo que Doofenshmirtz entrecerró sus ojos y le respondió:

— … Me despidieron.

¿Y por eso estás aquí? —Vanessa preguntó.

Sí, así es.

De repente, el científico se acordó de algo que le parecía importante. Si no se equivocaba, su hija le había mencionado acerca de ser "becaria" en la O.S.B.A, cosa que implicaría que en momentos futuros trabajara para dicha agencia.

Oye, ¿enserio planeas quedarte? —Preguntó, mientras se cruzaba de brazos— Digo, creo que debe haber algunas instituciones de la O.S.B.A por aquí.

Su hija se había quedado algo sorprendida de lo que había escuchado. Esperaba alguna especie de respuesta negativa, aún después de ser trasladado como maestro. Al parecer habían preferido aquello que otra cosa que requiriera de la presencia del científico.

Pues… Me sorprende que no lo hayas tomado mal. Pero aún estoy pensando en ser becaria a pesar de todo.

El científico anteriormente malvado se había quedado sin hablar durante unos breves segundos.

—… Ya veo —Su padre no había encontrado mucho qué responder ante aquello, aunque ya no le era tan incómodo.

¿Y aún piensas en ser malvado? —Una de las cosas que más le ha preocupado, era que siguiera en el mal. Pues, gracias a aquello su distancia como familia se hacía más larga, e incluso lograba avergonzarla por algunas extrañeces que hacía en su presencia, y la de sus amigos.

Pues la verdad no—respondió la figura paterna con mucha naturalidad, como si verdaderamente no estuviese pensando en nada relacionado a ello—. Pienso que me ha traído muchos problemas. Explosiones— hacía cada mención de algún evento, hacía las cuentas con sus manos—, desastres, el botón de auto-destrucción que aún no logro entender por qué lo he puesto en todas mis máquinas, el hecho de que Perry el Ornitorrinco se entrometa en todos mis planes… ¿Sabes? —De nueva cuenta, decidió cambiar la postura, recostándose con su mano derecha, del escritorio—Todo eso me ha dejado ver que he desperdiciado parte de mi vida en una sola cosa. Todo por querer ser alguien y por creer que podía hacer algo malvado para que todos me respetaran y poner a mis enemigos ante mis pies rogando por piedad. Y lo peor era hacerle caso a la chica que alguna vez salió conmigo… —en esta última parte, mencionó aquello con algo de tristeza.

Por el momento, Doofenshmirtz había pensado que el hacer el mal por venganza y por no ser más el inútil que creyó ser, estaría satisfecho. Todo había empezado por aquella sugerencia que había escuchado en primer lugar. Se sintió soñador, pero grande, poder llegar hasta tal punto de mantener el control y gobierno total sobre el Área Limítrofe, pero había notado que sus planes siempre eran frustrados por el agente y cometía errores incluso en sus propios proyectos. ¿Cómo no sería eso agotador? Perder las esperanzas cada vez que algo malo ocurría, siendo todo el mismo final, una y otra, y otra vez.

Ya de repente, su actitud se vio optimista, como si no hubiese pensado en lo anterior.

—Oye, ¿Quieres que te lleve? —Preguntó normalmente.

—Oh, no gracias —su hija había dado una sonrisa que reflejaba algo de incomodidad, no le gustaban los medios de transporte que usaba su padre—. Yo iré caminando.

—Iba a llevarte en el Jet Pack. —Insistió de nuevo con inocencia, pero su hija volvió y se negó—Bien, como quieras. —hizo rodar su mirada, y despidiéndose de su hija, le vio partir, saliendo del salón de clases.