Al día siguiente, los hermanos se preparaban para otro nuevo día de clases. Las preguntas andaban por el aire, acerca de lo que les esperaba; u otro día donde podrían compartir sus experiencias, u otro día en donde tendrían que soportar un relato nuevo de algún maestro. No le dieron importancia y se levantaron como de costumbre, aunque con un ánimo disminuido evidentemente.

¡Buenos días, Perry! —Saludó el pelirrojo al Ornitorrinco, el cual había dormido a esquinas de su cama.

El monotrema había respondido con el típico sonido que caracterizaba a su especie. Enseguida dejó que el chico de cabellos alborotados y verdes le acariciara para nuevamente repetir aquel sonido, y luego dirigirse a bajar las escaleras en caso de encontrar algún desayuno en su plato de mascota.

Enseguida, el hermanastro de menor estatura miró al de altura mayor con aquella sonrisa.

Bueno, Ferb… Devuelta a la escuela.

Los chicos se habían preparado debidamente, vestido, y luego bajaron a desayunar. Su madre les saludó, dándoles los buenos días, a lo que estos igualmente respondieron.

Candace se encontraba ya abajo, tratando de hablarle a su madre acerca de lo que su maestra había mencionado.

Mamá… —A Candace le parecía una noticia realmente amarga, no se había dado cuenta de que durante todo el tiempo llegaba al extremo. ¿Era todo tan extremista en querer acusar a sus hermanos? Aun así, trató de ser firme en la situación—Quería hablarte sobre algo importante.

Su mamá le miró para prestarle atención. Sólo esperaba que aquello no fuese cosa que tratase de sus hermanos, ya que estaba agotada de oírle escuchar lo que supuestamente hacen, pero al final nunca ve nada, y nada sucede.

¿Sí, Candace?

La maestra quiere verte. —Contestó esto la adolescente con algo de tristeza, no se imaginaría que realmente podía terminar en algo serio la tan mencionada obsesión.

¿Enserio? —Su madre nunca había escuchado una queja de Candace, Phineas o de su hijastro Ferb, pero esperaba que aquello no estuviese relacionado a lo que estuvo su hija pensando hacer en el verano— ¿Qué hiciste esta vez?

No lo sé. —Candace mintió.

Bien, sea lo que sea, espero que no sea un problema grave—contestó con naturalidad—. Igualmente los llevaré a la escuela.

Durante aquella breve conversación, los hermanos desayunaban.


Ya tiempo después, Linda Flynn llevaba a sus hijos a la escuela, para seguidamente ir con su hija mayor hacia la sala de la profesora. Habían llegado temprano por la misma razón.

Durante aquello, Phineas y Ferb por segunda vez en el comienzo de clases pasaban con el pasillo que pronunciaba la entrada del centro escolar.

Como habría de ser notorio, muchos alumnos habían llegado igualmente a horas tempranas.

Mientras los chicos estaban dentro, una Jeep de color negro se detuvo cerca del centro. De ahí, bajó la chica de días anteriores. Miró hacia atrás para ver a su padre, donde este, no estando muy visible, le recordó nuevamente que no mantuviera algún lazo o contacto con los dueños del Agente P.

Resultaba algo difícil si llegaba tarde, pues su padre le traía a aquellas horas tempranas porque debía volver a la agencia.

Bien, debo irme—dijo Monograma, el cual, al lado de este, en el asiento delantero al lado del conductor, se encontraba el interno—, debo llegar a la agencia después de llevar a Carl a la preparatoria.

Está bien. —respondió su hija, dando lentamente un par de pasos hacia atrás. Para aquel día no tenía un perfecto humor, pues en la tarde donde su hermano mayor fue a verles, las cosas se habían complicado—Adiós, pá. —aun así, mantenía una sonrisa al menos decente, ya que su padre no era quien tendría la culpa de lo que sucedió. En cuanto a él, aquella palabra indecente y corta que trataba de abreviar el nombre que le correspondía como figura paterna, le había incomodado.

¿Por qué no puedes decir una vez "Papá" correctamente? —Preguntó el regente.

Porque sé lo mucho que no te gusta. —La chica sonrió de forma lateral, entrecerrando sus ojos.

A ese paso, su padre ignoró tanto palabras como acciones, y decidió despedirse; otra vez más, le aseguró lo que tendría que hacer antes de ello.

Ya después de su padre marcharse, ella subió las escaleras y se dirigió a su respectivo salón de clases.

Había pocas personas, pues a pesar de que había uno que otro estudiante del salón en la escuela, y llegando con tiempo más, estos no se encontraban dentro. Sin embargo, Phineas y Ferb estaban en el salón. Estos se encontraban hablando con Isabella, y al parecer el mayor le ayudaba en alguna asignatura mientras lo hacía.

Enseguida, el chico de cabello verdes miró de reojo a la chica cuyos ojos quedaban casi completamente tapados con su cabello, pero se podía divisar parte de sus pecas. Ella se quedaba parada justo en medio de aquella puerta, con los ojos algo abiertos. Uno de ellos le había notado luego de dos años, y se supone que ella mantendría una distancia lejana para evitar algún riesgo con Perry; desde ya, había considerado haber fallado en la misión.

Hola—saludó el mayor de cabellos verdes, con aquella mirada inexpresiva. Nunca le había visto antes, por lo que pensó que se había confundido de salón—, ¿qué tal?

Em… ¿Qué? —Dijo la chica con confusión y a la vez con indiferencia.

Al escuchar la presencia de otra persona a parte, el pelirrojo volteó a verle a ella de reojo. Este tampoco le había visto antes, por lo que pensó lo mismo que su hermano, eso, o era nueva en la escuela.

Oye—Dijo Phineas—, ¿eres nueva?

¿Estás bromeando? —La chica frunció el ceño, y entrecerró sus ojos. No le importaba que la notasen, pero el escuchar esa clase de preguntas le hacía pensar que nadie en su clase podría notar lo que desde un principio debió ser obvio— Claro que no.

Oh, supongo que te confundiste de salón. —él estaba a punto de confundirse, por lo que hizo a un lado la sonrisa que siempre daba en muchísimas situaciones.

No, yo estoy aquí. —ella insistió con la misma expresión facial en su rostro.

¿Qué? —Phineas notó cómo Enseguida, el mayor le miró inmediatamente, para luego volverle a ver a ella— P-pero —tartamudeó—, no te hemos visto aquí antes.

Justamente estuve aquí ayer cuando hablaron de sus proyectos de verano. —Luego de un momento, la chica se sentó en su asiento, siendo aquel uno de los últimos.

¿Enserio? ¿Cómo te llamas? —Preguntó el pelirrojo con interés—Nosotros somos… —Inmediatamente fue interrumpido por la castaña para completarle la oración.

Phineas, Ferb, y la de rosa es Isabella—Apuntó uno por uno a quienes portaban los nombres.

Juro que nunca antes te había visto en mi vida—Isabella añadió, mirándole de pies a cabeza—, ¿quieres unirte con nosotros?

Esa pregunta preocupó. A pesar de que lo esperaba, ella no tenía algo en mente como para evadirlos. Pensó rápido luego, y contestó.

Eh, por ahora no—respondió con indiferencia—creo que estaré ocupada.

Bueno, está bien—el pelirrojo con facilidad encogió sus hombros mientras le miraba—. ¿Cómo te llamas?

Tal vez lo sepan después. —Habló como si de pretender algo más se tratara. Entrecerró sus ojos y se cruzó de brazos. Tal comentario hizo que Phineas y Isabella se encogieran los hombros, sin dejar a Ferb de lado, quien entrecerró los ojos.