Quince días habían pasado desde los nuevos informes y el inicio de clases. Para Phineas y Ferb, el avance de las clases, los nuevos temas, las lecturas, los ejercicios o presentaciones no eran ningún problema; mas el resto de sus amigos, incluyendo su hermana Candace, estaban más centrados que nunca en sacar una buena nota en los primeros futuros exámenes, o al menos tener algo decente de qué enorgullecerse.

Miranda, quien como siempre llevaba la misma blusa negra con bordes rojos, pantalones color beige cuya correa negra con círculos rellenos de acero colgaban de los mismos de forma lateral, habiendo otra verde más común que los sostenía, y unos tenis Vans Xadrez a cuadros rojos y blancos, tenía la mirada puesta en el maestro del día anterior, quien explicaba un nuevo tema de ecuaciones, el cual no comprendía completamente y trataba de descifrar sus funciones.

No siempre se destacó por conocer sobre Matemáticas, o por tener un coeficiente intelectual por encima del promedio, ni mucho menos por ser inteligente. Era siempre la estudiante común que hacía lo que podía por esfuerzo, y aunque los resultados no fuesen sobresalientes, le reprochasen por lo que normalmente obtenía e hiciese alguna tarea en base a ayuda ajena, se conformaba con tener un pase decente.

A medida que la exposición de la clase iba avanzando a la mitad, viendo cómo el maestro realizaba uno y otro ejercicio en sólo tres minutos, más le costaba a ella armar los rompecabezas que irían a construir una forma comprensible de entender lo que estaba viendo. No le quedó de otra, no pudo. Puso una cara de extrañeza que ya empezaba a rozar lo cómico debido a la clara expresión de desesperación. Pero en todo caso, no era la única. Si ella se estaba carcomiendo el cerebro tratando de descifrar, pues parte del resto podría estarse condenado a elegir al azar cualquier pregunta con un "Tin Marín de Don Pingué".

En el caso de Isabella, no tenía mucha dificultad con lo que aprendía. Por razones de más, era evidente que no tendría las mejores notas de todo su salón, pero le iba bastante bien como para tener problemas serios que afectasen su rendimiento académico. Siempre que tenía alguna inquietud, era de las primeras en preguntar, consultar con sus maestros, y practicar con sus amigos para poder entender mejor, y claro, estar acompañada de los hermanos le ayudaba bastante. Se la pasaba susurrando las palabras más relevantes de toda la exposición del dicente, e incluso se arriesgaba a completar algunos problemas de ecuaciones por su cuenta para futuras revisiones.

Irving, siendo este un caso muy particular, parecía que estaba prestando más atención a lo que veía en la pizarra y a la voz que guiaba lo que hubiese escrito que a los mismos Phineas y Ferb, claro, emocionado de hablar de esto con los mismos. Pensaba que, si quería ser como ellos, al menos debería aprender algo de lo que para ellos no es un problema. Entender como ellos, o pensar igual, y esforzarse como ellos. Creía que un largo camino a recorrer le esperaba, siendo el primer paso, mejorar sus calificaciones, hacer tareas adicionales, y tal vez haciendo uno que otro proyecto que pueda lograr impresionar a sus ejemplos a seguir; algo imposible de hacer en poco tiempo, pero mientras más centrado estuviese, mejor.

Buford y Baljeet, sencillamente estaban en otro salón distinto este año.

Buford tenía una suerte de que lo que tenía para aprender en ese día no era sobre algún dato de Biología, o el uso de elementos de Química. Estaba clases de Lenguas; a pesar de que no sabía mucho de las reglas de ortografía, Morfemas o Lexemas, al menos sabía que esto podría ser mejor que cualquier otra cosa con números.

Baljeet, el amigo hindú del dúo de hermanos, y quien siempre se destacaba por amar el Álgebra y otros derivados de la Matemática, así también como la misma en general, se veía como un estudiante promedio delante de esta Asignatura. No tenía problemas con la Ortografía, o el significado del párrafo, así como las funciones más básicas del mismo u otros temas relacionados, pero cuando se tiende a profundizar en otros usos, palabras desconocidas que conforman parte de la ortografía y sus diferentes categorías, cuyos usos pueden llegar hasta ser complejos y confusos, pareciera que necesitase estudiar más de lo que esperaba. Igualmente, nada que algo de esfuerzo mínimo no pudiese hacer.

El tiempo, gobernaba hasta en las mentes del alumnado. Pasaba de forma presurosa para algunos, y parsimonioso para otros. Anotaban, pensaban, y en otros casos, hasta se estresaban.

La de pecas, a las primeras horas del recreo, no pensaba en nada más que en ir a la Biblioteca y terminar con todos sus agobios de una buena vez, sea ya de la forma que fuese.

Al dirigirse allí, volvió a apreciar el cómodo, silencioso y amplio espacio de la habitación. Con librero tras libero, ordenados de forma secuencial, dejando igualmente espacio para amplios escritorios hechos con madera de cedro, con sillas de neutra comodidad hechas de la misma forma.

Le agradaba la forma en la que el piso de Mármol se encontraba limpio y tratado. Subió un poco ambas cejas y esbozó una sonrisa que pretendía apoyar la comisura derecha de sus labios luego de ver el buen estado en que estaba el ambiente. A pesar de no ir a la Biblioteca con mucha frecuencia, siendo que en su hogar tenía con anterioridad una habitación específicamente hecha para cumplir una función equivalente a la misma, le sorprendía y atraía que aún estuviera sin una pizca de descuido, dando directamente a entender los propósitos serios de la habitación y la escuela en general; no podía venir a distraerse o hacer algo que no fuese útil.

Tomó varios libros para sentarse a estudiar y tratar de comprenderlos lo mejor posible. No quería distracciones, y como casi todas las llamadas eran de su padre, se pensó que no sería un problema. Había apagado todo con lo que pudiese comunicarse, y se dijo a sí misma que debía centrarse en el objetivo: Estudiar, sólo estudiar.

No tenía mucho tiempo, pero su motivación era más que suficiente.

Con el tiempo pudo leer y comprender algunas de las ecuaciones más difíciles con tan sólo tomarse el tiempo y analizar las escrituras del libro. Al parecer, no todo era tan difícil como esperaba, pero las dificultades seguían estando presentes.

Lamentablemente, el tiempo le había ganado. La campana sonó, y tuvo que devolver todo para ir a su salón. Tenía ella una sensación de aprendizaje por haber leído algo nuevo, sentía que podía procesar un poco más de información de lo que sea.

En otros lados, Candace era un aire nuevo luego de centrarse más en sus estudios que en poner en riesgo la diversión de sus hermanos. Empezaba a tomarse más el tiempo de completar sus trabajos y se hacía cada vez más responsable. Nunca había sentido tanta satisfacción en años, se sentía, por un lado, contenta consigo misma. No tenía dificultades realmente agraviantes, ni siquiera con las materias más difíciles.

Phineas, Ferb y el resto del grupo, quienes pasaron el resto del recreo haciendo los planos para su proyecto, desayunando un poco y completando lo que podían de las tareas que se habían dejado, volvían alegres a sus respectivos salones.

El pelirrojo estuvo hablando por última vez con Baljeet, quien ya estaba por irse. Mientras que, por otro lado, Ferb se acercó a la castaña que se sentaba en el último asiento de la fila izquierda. Le llamó la curiosidad que estuviese centrada leyendo, mientras que el resto del alumnado apenas llegaba y sólo completaba sus tareas por provecho, cotilleaban o hacían actividades en grupo.

— ¿Qué estás leyendo? —Preguntó.

Miranda no prestó siquiera un segundo de su tiempo para despegar la cara de su libro de Matemáticas. Muy interesada en entender, más que en conversar, no quiso tardar demasiado en responder.

—Leyendo un libro de Matemáticas.

Interesante.

Sí.

Un silencio imprevisto volvió incómodo el ambiente, por lo que momentos más tarde, sin volver agregar otra palabra, él se fue a su asiento en espera del próximo maestro.

Mientras tanto, el monotrema que se había quedado en casa no tenía mucho qué hacer. Extrañamente no había ningún llamado de la agencia que atender, y sólo se dedicaba a mantener una actitud indescifrable, pretendiendo actuar como animal no pensante.

Pasaban horas, donde el agente oculto aprovechaba de la ausencia en casa para dominar electrodomésticos y entretenerse un tiempo; pero había de ser ilógico que, en un período de trabajo, no hubiera actividad. Cualquier cosa podría ocurrir, y el mal estaba a la hora del día; definitivamente debía tener algo mejor qué hacer. Doofenshmirtz había dejado de lado la maldad, según el mismo; pero él no se hizo agente para enfrentar al mismo némesis.

Todos posiblemente trabajando, menos él, se imaginó. No tenía en mente cosas como la afección de su sueldo, y descartaba la escasez de actividad de toda la agencia; eso sería imposible, contando con cierta cantidad de agentes dispuestos a cumplir su deber, por lo que le dio curiosidad finalmente por ver si todo está bien. Ya hubo ocasiones donde agentes estaban en peligro, podría suceder el mismo acontecimiento con regentes y dirigentes, quienes ya habían estado previamente en esa clase de situaciones.

Haciéndosele igualmente extraño el hecho de que llevaba casi dos semanas en esta situación. Decidió simplemente pasar por lo menos a visitar.

Estando él esparcido sin propósito alguno sobre la alfombra de la sala, decidió evadir de forma eficaz y hábil la presencia de Linda y Lawrence, ya que estaban algo distantes.

Así, pasó por uno de sus casi innumerables pasadizos secretos hasta llegar, no a su lugar de trabajo como de costumbre, sino a lo que era la entrada oficial de la agencia.

Entró por ese salón enorme, adornado de calendarios, pisos de porcelanato líquido y paredes color miel, con bordes de paredes adornados, detallados y de un color Ámbar. Pasando por algunas columnas, se encontró con un interno que trataba de colocarle un extraño artefacto electrónico en el cuello de Pinky el Chihuahua, compañero suyo de trabajo, siendo también agente secreto, y mascota de Isabella.

Perry no tardó en acercarse por curiosidad, para enterarse de que se podían emitir palabras en lenguaje humano.

El mismo interno notó ese deseo de saber, a lo que le sonrió, y luego de saludarle, le dijo:

—¿Te gusta? Es un traductor. Lo estamos probando para casos externos. Verás, hay asociaciones que no comprenderán lo que quieren decir los agentes, o incluso aún no saben que… existimos—mencionó lo último con algo de inseguridad, pero prosiguió—. Pero pronto necesitaremos una forma de establecer conexión con ellos y por ello necesitamos que se comuniquen también con ustedes. Para hacerles más fácil el proceso de comunicación, decidimos trabajar en traductores de animales.

Esa explicación pareció haber dejado satisfecho el deseo de curiosidad del monotrema. Unos momentos más tarde, el interno sonrió, y se retiró para colocarle el mismo artefacto a otros cinco agentes. En ese momento, Perry aprovechó para saludar a su compañero.

¿Cómo te sientes con eso? —Preguntó mientras ponía ambas muñecas en lo que podrían ser sus caderas.

Está algo raro. Y es incómodo. —El Chihuahua se rascaba el cuello mientras respondía.

Perry se acordó que tampoco en ese tiempo había visto a Monograma. Decidió seguir caminando; y mirando a su alrededor, notó la ausencia de varios de sus compañeros. Al final sólo se detuvo, y vio a Pinky, quien le había seguido a pasos rápidos sin saber a dónde iría el Ornitorrinco.

¿Dónde está Monograma? —Preguntó de forma inmediata el agente una vez se detuvo.

Eh, ¿Monograma?

Sí, no lo he visto. —Perry se volteó a verle— Y al parecer falta parte del resto.

Lamento que no te hayas enterado —Y contestándole Pinky con una sonrisa acrisolada, prosiguió—. Has faltado días, pero la agencia ha estado muy ocupada últimamente.

—¿A qué te refieres?

Hay mucho escándalo por una nueva investigación que se está llevando a cabo en varios puntos desconocidos. De hecho, enviaron a unos cuantos a ver qué ocurre.

—¿Por qué enviarían a tantos?

No, el resto está haciendo su trabajo, ya sabes. —Dando la respuesta, Pinky entrecerró sus ojos.

Ah.

Perry decidió su inquisición. Más tarde, le preguntó a Pinky si este necesitaba ayuda en algo, tal vez compañía. Al enterarse de que no se tenía más que hacer que papeleos, y que, en rápido trabajo, tardaría unas cuantas horas, el arrepentimiento de estar presente justo ese día se le notaba en la cara a pesar de haber conocido de nuevos datos.

Las horas volvían a transcurrir lentamente, donde a este paso, ya los estudiantes se estaban yendo a sus hogares.

La castaña volvió a irse a casa a pasos lentos del cansancio, su padre al parecer había olvidado recogerla como era de costumbre. Aquella primera ocasión, el mismo había pensado en que sus hijos deberían pasar más tiempo y evitarle más problemas.

Llegando con la preocupación por sus estudios aún presente, sólo encontró a su hermano mayor recostado sobre el sofá. Su madre trabajaba, por lo que no se encontraba ausente justo en ese momento.

¿Qué haces aquí? —Preguntó por curiosidad al verle con un rostro que expresaba extrañeza y sorpresa.

No tengo clases, ni trabajo hoy. —Monty respondió—Llegas muy tarde, por cierto. ¿Cómo te fue?

Decente.

Creo que vas a terminar en la academia.

Sí. Claro. —Contestó haciendo uso del sarcasmo.

Trataba de dejar a su hermano con sus propias conclusiones; sin embargo, se dio cuenta más tarde de que tenía razón. Aquel trato fue acordado, y su padre había sido bastante piadoso. Antes de dirigirse a su cuarto, reflexionó el hecho de que no podría hacerlo sola.

¿Quieres algo de ayuda? —Con obviedad, preguntó con objetivos de molestia. Sabía que era algo que podría pedir.

¿Quieres seguir molestándome? —Miranda, en intenciones de provocarle, le frunció el ceño y le entrecerró los ojos, haciendo que ese semblante de burla de su hermano desapareciese.