3º Fantasmas del pasado.

Muerte. El aire apestaba a muerte.

Robb Stark se derrumbó ante las ruinas de su amada Invernalia.

El Rey en el norte había ganado una batalla más, pero a costa de ello pagó un precio muy alto. Sus hermanos menores calcinados por órdenes de Theon Greyjoy. Él, a quien había llamado hermano resultó ser la maldición de la traición.

Empuñó su espada y comenzó a buscarlo sin cesar.

Cada paso era como ser perseguido por las huellas del pasado. Sentía como si su padre le pisara los talones al recorrer el lugar. La brisa del viento era como el aliento que brotaba de sus antepasados que lo acompañaban en su búsqueda.

De pronto, un sollozo entre la oscuridad lo puso en alerta. Su corazón le dio un vuelco de alegría por el momento, puesto que se trataba de dos niños. Sin embargo, tenían visibles quemaduras por el cuerpo. Los desdichados seres le dirigieron una triste sonrisa. Entonces, el más pequeño musitó con suavidad:

—Tus hermanos están a salvo. Nosotros pagamos el precio.

Robb frunció el entrecejo sin comprender.

—Bran y Rickon fueron asesinados por el traidor de Theon Greyjoy.

—Te equivocas— insistió el niño. —Theon ya paga nuestras muertes en Fuerte Terror, pero él no los asesinó. Nosotros ocupamos su lugar.

—¿Muertos? — resopló el joven lobo con incredulidad.

—Sí— intervino el chico de más edad.—Somos los hijos del molinero y tú...tú eres un fantasma del pasado al igual que nosotros, Robb Stark— finalizó con una amarga sonrisa.