Y a ver que les parece este.
La carta. La bendita carta que le había otorgado de manera magistral una contundente victoria, descansaba como hoja asesinada por el otoño sobre el escritorio de la joven Maheswaran.
Descubrir que la misiva era falsa había sido demasiado fácil:
Faltas de ortografías (leves pero, en caso de una Institución como la que según provenía, vital), una redacción muy pobre, y un membrete bastante desabrido en tinta, fueron suficientes para sospechar.
Luego, cuando su madre analizó el papel. No cupo más que una duda; ¿Quién?
¿Y quién más? La morena no tenía problemas con nadie, técnicamente era querida por todos, por todos excepto por ella. La reciente rival adquirida.
La ninfa de agua.
De ella debió haber sido la de la idea, pero Connie sabía que Lapis no entendía cómo usar una computadora. Debió recibir ayuda de alguien que tuviera nociones de informática, de alguien que tuviera computadora y acceso a internet…de alguien quien sin duda era de color verde amarela.
Peridot.
Sintió coraje aunque entendía que no tenían ni idea de con qué estaban jugando. Estúpidamente se metieron con su futuro y eso era imperdonable.
Si hubieran sabido cómo hacerlo por lo menos decentemente, pudieron meterla en serios problemas por su tontería.
Teniendo la sartén por el mango, decidió fingir que se creía el cuento en complicidad con su madre y darles una lección. La Dr. no estuvo del todo de acuerdo pero había dejado a la niña ser.
Era su pelea.
Con el pasó de los días no hubo reacción alguna de Lapis, sin embargo, quien sí reaccionó fue Steven, él estaba entrando en una notable melancolía.
Se entristecía cada que Connie le mencionaba su partida, y ello le caló. Decidida estaba a dar por terminada la charada cuando, de la nada, Lapis decide confesar que la carta era falsa.
Y puso su endeble cuello en el cadalso.
-¿Por qué hice lo que hice? ¿Por qué reaccioné así?
Ah sí, por qué pude.
Comencé sin pensar cuando ella me dio pie al confesarlo todo. Y de pronto vi que daba resultado.
Lapis se alejaría y olvidaría eso de estar con Steven; así que en la candente emoción que te da el saber que estás colocando golpes fulminantes, aumenté mi drama con cada palabra que Lázuli me regalaba.
Lo del hackeo fue hermoso.
Estoy totalmente convencida que el único "hackeo" que hizo Peridot fue bajar una hoja pobremente membretada de Yale.
Ilusa, estoy segura que pensó que había hecho un excelente trabajo. Actuar sin conocer.
Con lo del hacker devaste a Lapis.
Y es que alguna vez leí que si vas a pelear, debes estar segura de tener la fuerza para ganar. Y me regalaron esa fuerza.
Gané. Steven es mío ahora, y él está feliz porque Lapis hace una semana no aparece, y ya nadie se acuerda de ella y yo soy feliz y mi madre está orgullosa de mí y todos están orgullosos. TODOS.
De eso se quería convencer una niña que se agarraba el pecho en medio de la noche sumergida en una gran culpa que se le anudaba en una bola de plomo, en el estómago y la garganta.
Era su segunda noche de una culpa inconcebible y mientras lloraba en su almohada, trataba de convencerse inútilmente de que todo iba bien.
Per ella sabía que no, y el dolor no se iba.
-Lapis…Lapis no aparece- Sollozaba.
-Y Steven está terriblemente preocupado; me dice una y otra vez que no sabe por qué se fue-
-incluso se echa la culpa por haberles gritado ante el hecho de la carta falsa-
Daba una vuelta en la cama y volvía a la posición fetal. La habitación se le hacía inmensa, las sábanas, frías.
Estaba asustada. Lapis no aparecía y el temor de que se hubiera marchado para siempre le ocasionaba un remordimiento que en su momento no se había manifestado.
No había vuelto al granero, no había dicho a donde iría, nada. Solo se marchó
Para colmo, Peridot igual se echaba la culpa, se había encerrado en el baño de Steven y no salía.
Connie solo quería que Lapis dejara a Steven en paz. No que se marchara.
Y luego Steven. Cabizbajo y totalmente devastado no era más el mismo. Su mirada perdía brillo con cada día que pasaba.
Y todo por llevar las cosas demasiado lejos.
Ella no era así, ¡¿Por qué lo hizo?!
-Ah sí, por que pude-
La niña volvió a girar en su cama. Sentía un frío provocado por el malestar y un sabor amargo en la lengua. De pronto, todo el frío que tenía se disolvió lenta y desigualmente en un calor hormigueante que le recorrió el cuerpo, de pronto al escuchar, a esas horas de la madrugada, el sonido del timbre de su celular.
Con el temor que da el recibir una llamada a deshoras ella acercó su mano vacilante para tomar el móvil de su buró.
Las sábanas de pronto le pesaban, respiraba profusamente.
Acercó el cel a sí. Una llamada.
De Steven.
Contestó el celular con nerviosismo.
Un punto acido punzó en su pecho.
"Connie" –dijo una voz claramente afectada por el auricular.
-Que..¿qué pasa?...e-es tarde ya- preguntó con mucha dificultad la morena.
"Es Lapis….creo… creo que está muerta"
Connie se tapaba la boca mientras tragaba saliva que bajaba como brea. Se pegaba el celular a la oreja con una fuerza que comenzaba a lastimarle mientras sentía que el cuerpo le temblaba.
-¿p-por qué lo dices?- alcanzó a preguntar la niña.
Del otro lado de la bocina se sentía un niño desolado y lloroso.
-Tuve un sueño Connie. Donde ella se despedía para siempre-
Connie creyó relajarse por un segundo hasta recordar que los sueños del joven cuarzo eran bastante premonitorios y con repercusiones en la realidad. Steven continuó.
-Soñé que me dejaba una nota bajo mi cama- el sollozo un poco más.
-Me desperté y la busque a como estaba en mi sueño…y…la encontré-
El corazón de la niña latía muy rápido.
-Ella me dice que se va, que me ama y que su vida no tiene sentido. Que…que va a volar hacía el sol- y Steven comenzó a llorar al teléfono.
Por un rato la joven no dijo nada. El habla simplemente había optado por desvanecerse. Pero sus lágrimas, lágrimas reales corrían si detenerse, dejando una línea de piel permanentemente húmeda y brillante en su mejilla.
Respiró un par de veces tratando de usar toda su capacidad de raciocinio para evitar caer en pánico, y mientras se trataba de convencer que en su arranque de egoísmo no había matado a nadie, le pidió casi suplicante al joven-
-que es lo que dice...la nota…quizá…quizá no se haya ido –se sorbió un poco- y haya alguna pista de…de donde se encuentre-
-Te mandaré una foto…yo no quiero leerla más-
Y el joven colgó con cierta premura.
Los 10 segundos en que tardó en llegar la imagen Connie se sintió mareada y muy asustada. Le faltaba oxígeno urgentemente y sentía que se sofocaba.
Luego, el timbre de su celular le agolpó la sangre en la cabeza.
Lo miró con temor, y mientras su pulgar derecho temblaba decidió por fin, abrir el archivo.
"Steven:
Los milenios que he vivido no alcanzarían para decirte lo mucho que te agradezco lo que has hecho por mí. Cada segundo que estoy a tu lado se vuelven años de recuerdos alegres y llenos de luz.
De dicha y gozo que sé serán mis tesoros siempre. Los mejores momentos de mi innecesariamente larga vida.
Para serte sincera, lo último que quisiera hacer en este mundo, me pidieran lo que me pidieran, sería el alejarme de ti.
Y eso es porque yo te amo.
Y no, no es como amas a Perla o a Garnet.
Te amo como...como se aman Rubí y Zafiro, como en Amor y Pinos. Te amo como te ama Connie. Y yo creo que más.
He hecho daño, y mucho. No te daré más explicaciones, pero simplemente no quiero ser verdugo de nadie. No yo. No como me hicieron a mí.
Mientras esté viva recordaré siempre la huella que has dejado y cada estrella significará los segundos que pase contigo. Alguna vez, en otros tiempos, en otras vidas. Te podré besar nuevamente. Esa es la única luz que hoy me llevo.
Gracias por las perfectas noches de sueño sin pesadillas.
Gracias por esta libertad tan bien vivida.
Gracias por la vida que me diste.
Te amo y me despido para siempre, porque es mi deseo fundir mi gema en el sol y simplemente desaparecer.
Nunca olvides que te amo, que nadie te amará como yo y, que gustosamente, volvería a ser encerrada en un espejo, si fuera contigo.
Con todo mi ser.
Lapiz Lázuli."
El teléfono resbaló de la mano de la chica cuando finalizó la lectura. El objeto cayó pesadamente entre las blancas sábanas mientras la mano de la morena temblaba briosamente. Tenía la boca entreabierta y a diferencia de sus labios, sus ojos estaban tan abiertos que dolían.
Un sonido gutural y extraño comenzó a brotar de su garganta; como el de una persona atragantada y que requiere urgentemente la Maniobra de Heimlich.
En el contorno inferior de sus ojos se empezó a abultar un líquido que se negaba a caer, como si estuviera contenido por la imperante necesidad de que todo fuera, un muy mal sueño.
Pero de un momento a otro la gravedad venció y esas lágrimas salidas de la inocencia al infierno brotaron sin parar. Ella no parpadeo.
Se paró con dificultad de la cama dejando caer sábana y cobertor. Sus manos no paraban de temblar. Camino hacía el espejo que ya hacía sobre aquel tocador color café de su cuarto y se vio en la penumbra directamente al espejo. No logró ver nada allí más que un ser que había perdido el alma.
Se dio media vuelta para ver la cama y no ver a la entidad en el espejo y se descubrió siendo una asesina al ver aún brillante la pantalla de su celular sobre la cama.
Entonces sintió como se subía una presión a la garganta y que explotaba mientras se abrazaba a sí misma.
-Soy…soy…una asesina… maté…- y se sintió hundir en un abismo negro y profundo de desesperación.
De pronto, escucho que alguien tocaba dos veces el cristal de su ventana.
Connie abrió los ojos con temor sintiendo un terror en el pecho; lentamente comenzó a voltear a ver hacia aquel lugar donde las cortinas caían impávidas ante la falta del viento que afuera, se agitaba como buscando venganza por los atroces actos de la humanidad.
Ante la luz proyectada de uno de los postes que se yerguen justo enfrente de su casa, creyó ver una delgada figura, una figura con alas.
Retiró la vista mientras se tomaba la cabeza con ambas manos creyendo que enloquecía ante la culpa de ser la causante de una muerte, de la muerte de Lázuli.
-No está allí…no…no está- murmuraba mientras su intelecto derrotado chocaba contra sus temores de adolescente principiante.
Con el borde de la locura sangrando sus dientes, lentamente dirigió la mirada a la ventana.
Y volvieron a tocar dos veces.
Con el terror clavando sus piernas y sintiendo sus pies adormecidos comenzó su pesado andar hacía la extraña figura.
Su frente se enfrió ante el innegable hecho de que todo era una alucinación provocada por la culpa.
Su cuarto en la penumbra, sus sábanas en el suelo, su mano temblorosa a punto de desatar la locura del cerrojo, la puerta hacía, quizá, su propia desesperación eterna.
Con lentitud tomó el pequeño picaporte, subió el pestillo, y liberó la ventana.
Mientras la abría una gélida sensación se iba trepando a la garganta hasta casi ahorcarla.
La ventana se abrió;
y no había nadie detrás.
Solo la calle, las farolas, el aire y los árboles en un vaivén que para la morena, eran de muerte.
Iba a cerrar la ventana un poco más calmada cuando, partiendo de ese instinto que los humanos tenemos por naturaleza, sintió que había alguien. Alguien más.
Entonces, sacando todo el valor que el entrenamiento de Perla le había dado, se acercó a la ventana y se asomó.
Pero nada. La calle seguía vacía. Y los árboles y las farolas que alumbraban pobremente las madrugadas.
Estaba ya por rendirse cuando escucho un ínfimo sonido, algo chirriante, un crujir; algo como ese sonido que hacen los libreros cuando la temperatura cambia rápidamente.
Entonces Connie, levantó la vista para ver la cornisa que daba justo arriba de su ventana.
Y allí lo vio.
Unos pies azules colgaban mientras un rostro detrás de ellos la miraba con cierta furia y tristeza.
Se hizo un pequeño pero profundo silencio. Que de la nada se rompió.
-He vuelto…solo a decirte algo- dijo en una voz lacerante la gema azul quien se manifestaba sentada en la cornisa del techo de la casa justo arriba del cuarto de la morena.
Para Connie el pecho era una tromba entre hielo y fuego presionándose entre sí, creyó que se desmayaba mientras el labio le temblaba murmurando atropelladamente.
-¿La-la…Lapis?-
Pero la dama azul solo la miraba.
El labio de Connie temblaba aún más.
-¿Es-es-tás…viva?- terminó con dificultad.
Lapis la miraba inmisericordemente. Casi con repugnancia.
-Sí, lo estoy. Pero pronto partiré al sol. Te habré dejado todo libre para que…-
Pero Lapis no alcanzó a terminar la frase.
De pronto sintió que alguien la jalaba muy fuertemente por el tobillo izquierdo y la arrastraba con violencia hacía dentro de la habitación.
Connie se había parado en la cornisa de la ventana para alcanzar a Lapis y jalarla con violencia.
La morena la aventó hacía el cuarto, Lázuli ante la sorpresa no alcanzó a responder y cayó atropelladamente quedando casi acostada al lado de la cama.
-Me va a matar ella misma- pensó la azul ante el arranque de violencia.
Si Connie tenía algo era que había sido entrenada y era muy ágil, fuerte y tenaz. Cuando Lapis apenas había abierto los ojos y apoyado en sus codos notó con miedo que una Connie fuera de si se lanzaba en contra de ella.
Lázuli buscó desesperadamente agua a la mano y, aunque si la sentía cerca, no tuvo tiempo de reaccionar. Su gran poder tenía un problema, el tiempo de ejecución.
Como un leoncillo la joven brincó hacia la gema. La azul esperaba que la pequeña sacara algún arma para desestabilizarla y luego romperla de alguna manera.
Sintió el impacto contundente a la altura de la boca del estómago. Lapis apretó los ojos.
Pero no hubo golpe. Solo una presión sobre su cuerpo que si, le lastimaba de tan fuerte que era, pero no era de peligro.
Abrió los ojos lentamente y lo que vio no fue jamás lo que hubiera esperado.
Connie la abrazaba fuerte, muy fuerte. Y tenía su rostro totalmente pegado a la parte alta su vientre.
-Co…¿Connie?- preguntó la azul muy confundida
Y su confusión se fue al cielo cuando sintió mojada su blusa, pero fue alarmante cuando la humedad pasó a ser como si le hubieran derramado un vaso de agua.
-¿Connie que tienes?- intento apartarla pero la morena se aferró aún más.
-¿Hice algo? ¿Te volví a lastimar de alguna forma?- preguntó la azul ante ya no saber que pasaba.
-no- dijo ella sin despegar su rostro y continuó
-slo…slo nw vys ahl sowl pr fvr- dijo ella pero Lázuli no comprendió lo que decía por estar pegada a su blusa.
-¿Cómo?-
Entonces Connie levantó el rostro para ver por primera vez a Lapis y la azul se dio cuenta de lo mal que estaba la niña.
Su cara estaba algo hinchada, los ojos rojos de tanto llanto, tenía incluso un poco de mucosidad nasal y algo de saliva en un labio.
Connie derramaba su alma en ella por algo que la azul no entendía.
-¡por favor! no vayas al sol...- dijo ella como si hubiera sido una gran espina clavada en su corazón y de pronto la retiraran, dolorosamente.
Y Connie se volvió a pegar a la ya mojada blusa de Lapis para seguir desahogando su dolor.
Vamos por el desenlace amigos. Saludos a todos. Y FELIZ AÑO A TODOS!
Lobo Hibiky
