A todos los buenos amigo que leen. Serias e importantes advertencias.
Este capítulo es un ESPECIAL. Es decir, un evento que si bien es una continuación del capítulo anterior, no será canon dentro del fic.
El porque de este especial y no una actualización normal viene al final.
Ok...a ver como me va.
ADVERTENCIA: ESTE CAPITULO CONTIENE ESCENAS DE DESCRIPCIÓN SEXUAL.
MENTIRAS VERDADERAS
La penumbra se descomponía en un entramado negro con azul marino en las paredes. Algunas partes dejaban ver líneas color arena que indicaban sin equivocarse que las farolas de la calle se colaban ante las barreras caídas en los ventanales.
Respirando un tanto entre cortado por los eventos tan repentinos, sobre el suelo a orillas de la cama de una adolescente; dos personajes de distinta naturaleza se encontraban en un reciente estado de shock.
Llevaban unos minutos así y ninguna se atrevía a moverse. Lapis miraba de un lado a otro buscando respuestas en las paredes ante la insólita situación que se le presentaba.
Hasta donde ella se había quedado, la joven morena Connie la detestaba por haber arruinado su vida al provocar que una de sus amigas destrozara sus posibilidades de triunfar. La había responsabilizado totalmente, había comparado su dolor con el estar encerrada en ese maldito espejo. Le había echado en cara que era mortal y su tiempo, por obvio, finito.
Y ahora estaba pegada a su pecho, sollozando, abrazándola por la cintura con cierta fuerza en el suelo de aquella cálida habitación.
Es casi como si se alegrara de verla. Como si fuese una gran felicidad el tenerla allí.
Ese era el gran asombro de Lapis.
¿Qué había pasado en esa semana que se ausento?
¿No se supone que todo debería estar mejor sin ella?
En medio de la penumbra Lapis tenía sus manos a los lados para sostenerse un poco mientras la niña colocaba sin tapujos su tembloroso cuerpo sobre ella.
La azul iba a decir algo para acabar con el bochornoso momento (que empezaba a ponerle incómoda) pero el movimiento del rostro sobre su pecho le hizo cosquillas.
Era Connie que volvía a encararla.
Lapis notó que ya no tenía líquido alguno en el rostro más que unas perlitas de agua en la comisura de los ojos.
Por fin una voz rompió el extraño silencio.
-¿Por qué… lloras Connie?- dijo Lapis
La chica se sorbió un poco, para luego contestar con cierta dificultad.
-Y-yo…creí que…que…habías muerto- y la morena apretó los ojos en un gesto de dolor.
A su vez la gema abrió los suyos consternada, algo no le cuadraba.
-Y…¿eso no es lo mejor?-
Connie la miró con susto, luego sacudió la cabeza con vehemencia en una franca expresión de negación.
-¡Claro que no!- y la joven soltó la espalda de la gema para lanzarse a abrazarla por el cuello.
-Nonono… nadie te quiere muerta, YO no te quiero muerta- le decía técnicamente al oído.
-Pero…- iba a comentar la azul pero fue interrumpida.
-Prométeme…prométeme que dejaras de lado esas ideas de destruirte-
Lapis seguía extraviada totalmente en una situación incomprensible. Solo alcanzó a decir.
-Esta…¿Bien?-
-Gracias- dijo la morena en una voz descansada, de liberación, y se dejó caer sobre la azul. Luego procedió a besar su mejilla en un inmenso agradecimiento.
Lazuali se sorprendió y respingó un poco ante la íntima muestra de cariño del últimos ser que esperaba lo manifestara pero no dijo nada. Tampoco dijo nada cuando sintió que la morena continuaba dándole pequeños besos de felicidad alrededor de la mejilla mientras aún sostenían ese profundo abrazo al cuello.
Lapis decidió que era hora de detener todo el evento que si bien no la incomodaba, comenzaba a disparar unas sensaciones no planeadas, no esperadas y no deseadas.
Sin embargo, su blusa mojada a la altura del pecho por las lágrimas de la morena, y la profunda respiración de la misma a la altura de su cuello estaban ejerciendo en ella una agitación rara.
Luego la secuencia de besos en su mejilla y alrededores hicieron inesperadamente su respiración dificultosa.
No, había que detener todo eso.
La azul separó con delicadeza a la morena para decirle una frase que no logró terminar.
-Connie yo…-
La morena tomó con sus dos manos las mejillas de Lapis y llevada por esos segundos donde el instinto es mil veces más fuertes que la razón, le dio un beso fiero a la gema en los labios.
Y todo se detuvo.
Qué llevó a Connie a besar a Lapizlazuli esa madrugada.
El cansancio físico y mental. La culpa que se le había atorado en la garganta y le estaba estrangulando hasta casi matarla. La liberación súbita de la presión inferida a una joven que no estaba preparada para ello.
El deseo de calor y recepción.
¿Por qué Lapis no la detuvo?
Porque fue sorprendida por toda la situación.
Desde el no saber que pasaba, el estar abrazadas en la oscuridad, las intensas lágrimas, pero sobre todo; la forma del beso.
Connie había besado la boca de Lazuli con fuerza abarcando sus dos labios, luego se fue por el de arriba atrapándolo suave y rápidamente, luego con el de abajo, para luego atacar totalmente su boca y en un santiamén, introducir su lengua y tocar la suya. Húmeda, cálida, en una sensación como si ella le pasara su dolor y deseo.
La atrapó.
Connie se alejaba un poco pero de inmediato volvía a entrar en Lazuli, la cual comenzó a marearse sin saber claramente el por qué.
Buscando poner las cosas en tierra Lazuli tomo de los hombros a la morena y la separó suavemente. La vio a los ojos.
-¿Por qué?- preguntó.
-No sé- respondió la morena y la gema la vio respirar agitada pero con una mirada de dolor. Como si algo le lastimara en el pecho y ella, Lapis, fuese la cura.
Se dio cuenta también que al sostener a Connie por los hombros, sentía un peso. Ella dejaba caer el peso de su cuerpo.
-Si la suelto, se vendrá hacia mí de nuevo- se dijo la azul.
Entonces, un pensamiento como luz de relámpago, se dejó destellar.
La azul abrió los ojos y se asustó ante la revelación.
-Es mi culpa- pensó.
Y como quien se deja caer al abismo por la certeza de que no hay opción alguna, dejó resbalar los hombros desnudos de la joven, quien sin detenerse volvió a besar a la gema azul.
Al lado de una virginal cama, en medio de la penumbra dos cuerpos se enzarzaban en un beso compartido.
Ella, la joven humana, estaba sobre un ente humanoide, de esencia extraterrestre con figura de mujer.
El cuarto que había presentado reclamos y desaires, ahora se sofocaba en gemidos y sonidos lascivos, todo provocado por besos intensos y cargados de deseo, provocados por la culpa compartida.
La niña morena abandonó los labios de la azul para, como había leído en novelas que sus padres le habían vetado hasta que fuera mayor, besar el hombro de la gema para ir subiendo hacia su cuello, detenerse allí para besar y chupar ligeramente, luego dirigirse a su oreja.
Lapis levantó el rostro al sentir como la joven la besaba, sentía un fresco en el rastro de saliva que le provocaba al lamer su largo cuello.
Pero no estaba preparada para para sentir como la niña invadía su oído con una insolente lengua que se introdujo moviéndose.
-¡Ah!- exclamo la azul mientras se aferraba a la espalda de Connie.
Entonces, ante la sensación, la azul se puso de pie y paso su brazo por debajo de las nalgas de Connie para cargarla como niña pequeña.
La morena jamás soltó el cuello de Lapis. Hundió su cabeza en su cuello con lo que pensaba sería el final.
-No te vayas- le dijo en un escalofriante susurro que erizo la piel de la azul.
Lapis sonrió pícaramente.
-No me voy-
Y colocó con delicadeza a la joven en la cama.
Connie llevaba aquella bata blanca que hacía de pijama. Debajo solo tenía un corpiño para su aún naciente pecho y una pequeña panty blanca que contrastaba con su oscura piel.
Lapis, poseída por un deseo nacido de su nobleza, se colocó entre las piernas de la niña y comenzó a acariciar sus caderas en un solo movimiento ascendente; llegó hasta su torso y pasó sus pulgares en el pecho donde sintió pequeñísimas protuberancias que estremecieron a la morena al contacto. Luego, sin detenerse metió las manos por la espalda haciendo que Connie se incorporará un poco, Lapis se aferró desde atrás a los hombros de la humana, quedando unidas desde la pelvis, vientre y pecho.
Desde esa postura Lapis le dio un beso poderoso mientras sus pelvis se tocaron en un vaivén intencional. Era un choque eléctrico, era un calor en expansión. Era una oleada de humedad que humedecía sus ropas.
Connie, instintivamente levantó sus pequeñas piernas y las contrajo para exponer un poco más esa parte que la estaba enloqueciendo. La bata se fue hasta la cintura.
Connie sentía su boca llena de saliva ante los poderosos roces en su zona pélvica que le avisaba que, de un momento a otro, iba a soltar algo.
Lapis metía su lengua hasta su garganta.
-ay…Lapis…- gimió la joven cuando la azul desapareció su vestido para quedar en aquella ropa interior que manifestó en el Templo del Océano. El contacto entre ellas se hizo más intenso.
Lapis besó, lamió y humedeció el cuello de la joven que se agitaba sin control, la tenía a su merced al sujetarla de los hombros.
La azul sentía que su bajo vientre le provocaba espasmos cada que su piel y sus pliegues se friccionaban con los de la pequeña. Cada que sus pantis se rozaban.
Entonces Lapis se incorporó deteniéndose mientras dejaba en la cama a una Connie jadeante.
-Eso estorba- le dijo la azul dominante.
Connie, con cierta torpeza provocada por el calor y la humedad se quitó con rapidez la bata lanzándola a un lado de su cama. Cayendo cerca de unos libros que no había terminado de leer.
Se volvió a acostar viendo a la gema directamente, pero esta no se movía, esperaba algo más. Seguía con la mirada fija en ella.
Entonces Connie cayó en cuenta y de un movimiento ágil, se quitó también el corpiño y se recostó cubriendo sus incipientes senos.
Lapislázuli sonrió, con un ligero movimiento desapareció su sostén y ambas quedaron solo en pantis.
Con delicadeza se dirigió al pequeño pezón oscuro que apenas sobresalía de aquel aún llano pecho. Fue por el del lado del corazón.
Sus azules labios rodearon la aureola mientras su lengua comenzó a girar alrededor de aquel puntito que a su paladar se hacía cada vez más sólido.
-Lapis…-Exclamó la joven cuando se juraba que la lengua de la gema le traspasaba. La sensación era muy aguda.
Mientras chupaba su pecho, la azul comenzó a acariciar la cadera de la morena, bajando hacia su trasero donde acarició lascivamente, se retiró un poco para pasar la mano debajo de la tela y encontrar la zona quizá más cálida de la chica al meter sus dedos entre sus esferas, entró un poco más y Connie se arqueo ligeramente, apretó un poco como queriendo grabarse la piel, para luego retirarse y subir a su vientre, luego, hasta al pezón izquierdo y con el pulgar comenzó a girarlo.
Connie se tomaba de las sabanas y clavaba la cabeza hacia atrás ante los movientos de la azul.
-Ay..ahg- dejaba escuchar. Siempre procurando mantener los decibeles controlados.
Lapis se concentró en chupar y lamer el tierno pecho de la joven. Cambiaba al de la izquierda para repetir el proceso mientras su mano derecha jugaba con el pezón húmedo de saliva.
Connie sentía que le ardían, los sentía hinchados como nunca en su vida y en el calor del intenso momento creyó que le habían crecido un poco. Que Lázuli los había hecho nacer con la fuerza de su succión.
La azul abandonó el pecho de la joven para deslizar su traviesa lengua por el plano vientre de piel oscura. Rodeó el ombligo de la pequeña dejando una brillante línea mojada sobre la piel mientras ella se sacudía de placer.
Lapis bajó un poco más y llegó al nacimiento de aquella panti blanca.
El aroma era a jabón, a limpio, a suavizante de tela pero allí, en el fondo, un toque ácido provocado por esa mancha bien marcada ya en la tela de aquella prenda tan íntima.
Connie se moría de pena al tener el rostro de la gema tan cerca de algo sagrado para ella, e hizo a cerrar un poco sus piernas pero Lapis se lo impidió colocando sus manos en los muslos de ella empujando un poco para dejar, justo en medio de su rostro, solo ese pequeño pedazo de tela separándola de la intimidad de Connie.
La morena sentía su corazón latir cada vez más rápido ante la sensación de la cercanía, al grado que la pura sensación la tenía al borde de algo que ella había leído alguna vez, pero no tenía ni remota idea de que lo intenso que podía ser en realidad.
Lapis no espero más, y como si corriera una cortina, se aferró a uno de los bordes de la panti para solo descubrir una pequeña parte, solo un poco. La respiración de Connie se entrecortaba casi dolorosamente.
Lapis se acercó un poco más, podía sentir el calor emanando de la joven, respiro un poco más ese aroma que ahora se le antojaba dulzón, y colocó la punta de su lengua en la parte inferior del labio izquierdo de la pequeña vagina, para subir lentamente, como quien degusta un helado, hasta la parte superior, rozando ínfimamente, un insipiente clítoris.
Para Connie fue más que suficiente; se tensó de golpe, arqueó la espalda y mordió su muñeca para sostener un enorme gemido que podría compararse a un grito de terror.
Levantó las caderas y en su enorme venida, mojó un poco el azulado rostro de su compañera.
Lapis por su parte se sorprendió por la intensidad de los movimientos de la joven. Como se sacudía y como se negaba el grito de placer.
Sonrió un poco.
Connie se volvió a tensar ante una inesperada oleada de placer, esta vez tapándose la boca con ambas manos, levantó un poco más las caderas, y se desplomó en la cama como si le hubieran arrebatado el alma.
Se comenzó a recoger hasta quedar en una posición casi fetal.
Lapis se incorporó, se colocó a su lado, tomó la sábana y cubrió con ella a las dos, luego procedió a abrazarla por la espalda.
La sentía temblar, pero esta vez era diferente de cuando temblaba llorando en su pecho.
La dejo respirar un momento, le dio su espacio.
Cuando sintió que el cuerpo de Connie comenzaba a calmarse, por fin dio paso a la razón y preguntó.
-¿Ahora si me puedes decir que fue lo que pasó?-
La joven que le daba la espalda volteó a verle con un enorme rubor en sus mejillas.
Podía sentir el calor de Lapis pegado a ella. Y no se sentía mal.
-Aún…aún no- contestó por lo bajo la morena y ante la sorpresa de Lapis, vio como se metía entre las sábanas para colocarse lentamente encima de ella.
-¿Qué…que estás haciendo?- pregunto la azul quien iba a levantar las sábanas.
-No las levantes- dijo Connie y Lapis se detuvo cuando sintió que la pequeña se colocaba entre sus piernas.
Connie se había sentado en cuclillas entre las piernas de la azul y procedió a meter sus brazos para levantar por debajo de sus piernas, para jalar su cadera hacia ella, dejando a la azul en una posición bastante expuesta.
Cuando la azul sintió que le levantaban las caderas lo primero que se le vino a la mente fue la fuerza de la chica, luego dejó de importar cuando, en esa posición, Connie simplemente se agachó un poco para comenzar a dar unas tímidas lamidas que la hicieron hervir.
-¡Ah! ¿Connie? – preguntó sin moverse la azul.
-Muerde la almohada, no hagas ruido- contestó la morena y procedió a meter su lengua lo más profundo que pudo en Lazuli, empapándose de esa humedad que rodeaba la zona y que le ofrecía un sabor maravilloso. Salía de ella para lamer de arriba hacia abajo bebiendo todo, luego volvía a entrar profundo frotando sus morenos labios en la intimidad de la ninfa.
Connie sabía lo que hacía, en teoría. El ser una lectora ávida le había dado el conocimiento adecuado de su cuerpo, así como de las zonas sensibles. Y esa noche estaba dispuesta a averiguar si una gema generaba en realidad todo el sistema o solo la apariencia.
Al parecer, si generaban todo, pero aún quedaba algo por probar.
Por su parte Lapis optó por obedecer y colocó la almohada en su boca mientras movía la cabeza de un lado al otro. Connie le estaba proporcionando un placer que no había sentido antes y que fue a más cuando ella pasó su lengua por sus ingles, donde besó y succionó un poco, por sus labios, su vulva y se dirigió a su clítoris que se encontraba ya bastante hinchado por la estimulación.
Lapis iba a decir algo pero las palabras murieron en su garganta cuando la morena bajó sus caderas un poco a la izquierda recostándola levemente, luego sintió como algo sólido y más largo que una lengua entraba en su cavidad hasta sentir su límite. Se atragantó el gemido y mordió la almohada. Era curioso, pero no ver que le hacía Connie bajo el misterio de la sábana la estimulaba, dándole un poco de morbo a la situación.
Connie había introducido su dedo medio completo, lo movió en vaivén rítmico generando un sonido placenteramente acuoso y haciendo que Lapis gimiera aferrada a la tela.
De vez en cuando la morena se acercaba para chupar el pequeño punto azul y estimular la entrada de Lázuli. Connie se dio cuenta que la ninfa estaba extasiada de placer, fue entonces cuando, retirando un poco el dedo medio, colocó el dedo índice al lado y empujó lentamente hacía la hermosa cavidad.
Lapis notó que el grosor había variado y se tensó, sentía que estaba muy cerca de explotar.
Y mientras Connie iba y venía, ella no pudo evitar decir.
-¡Ah! Conniiie-
Entonces la pequeña se detuvo, giro sus dedos como buscando algo.
Connie no quería matar el momento, pero era tarde para echarse atrás.
-El libro dice…el libro dice…- y Connie encontró lo que estaba buscando.
Un pequeño bultito, una callosidad ida a más que, según los libros que había estudiado, debían generar un placer abrumador.
Y siguiendo las instrucciones mentalmente aprendidas, colocó sus dedos en dicha punto duro y aplico la milenaria técnica del "ven aquí" mientras con su boca no dejaba de jugar con el clítoris de la azul.
Solo necesitó estimular el punto G tres veces, asegurándose de aplicar la presión adecuada.
Cuando Lapis sintió que le tocaban allí, jaló aire y llevó la cabeza atrás. Rasgó la almohada y gritó sobre el edredón mientras tomaba la cabeza a la pequeña pegándola a ella.
Se vino con una fiereza tal que mojó sabana, edredón, Connie y piso mientras sacudía la cabeza de un lado a otro sintiendo que moriría. Sus azules dedos se tensaron como nunca.
Esta vez fue Connie quien abandonado la escena, se escabulló entre las sabanas para pegarse a la gema azul y sostenerla en sus espasmos.
Lapis aún no se detenía cuando susurró.
-Oh gemas…es tan…tan intenso- y volvía a temblar sintiendo la cercanía de otro involuntario orgasmo provocado por la correcta estimulación.
Con el pasó de los minutos se fueron deteniendo los movimientos y bajando poco a poco, las sensaciones.
Pasando quizá quince minutos las cosas se fueron tranquilizando.
Connie seguía pegada a la espalda de la gema.
Lapis se liberó del abrazo y volteó para quedar de frente a la morena.
-Espero que con esto me perdones lo de la carta- y le sonrió, luego le dijo.
-Me imaginé que necesitabas consuelo por todo ese dolor que te causé, por eso accedí a esto. Pero no negaré que fue muy intenso- dijo la azul.
Connie sintió un escalofrío.
-Aaah…Lapis…- dijo la morena con una sonrisa nerviosa y temerosa -con respecto a la carta…-
-¿Si?-
-Yo..yo…iiiaaaa sabía que era falsa jejeje, y por eso temía que te hubieras suicidado jeje.- dijo Connie riendo nerviosamente y temiendo lo peor.
-¡Oye! ¡Pero qué alegría que estés bien! Lo hemos pasado genial - dijo sonriéndole coquetamente mientras hacía un ademán con los brazos dejando ver su escaso (o nulo) pecho.
Lapis se le quedo mirando a Connie como si a la morena de pronto le hubiera salido un ojo en la frente.
-¿Qué?- dijo quedamente Lapis.
La joven tragó grueso.
-E-eso…q-que la carta…- dijo Connie mientras se arropaba un poco con las sabanas.
-Eres una rata…- dijo con su cara impávida la azul para luego reclamar.
-¡Y yo haciendo todo esto porque según yo te sentías mal por mi causa!-
Connie sintió que la que iba a morir ahora sería ella, la gema la iba a ahogar o aventarla a la luna o quien sabe qué.
Y solo atinó a decir.
-Pero…te…¿te gustó no?-
Lapis la miró con desdén y desprecio.
De pronto la señalo con un dedo y le dijo.
-Nadie se entera de esto, ¿lo oyes? Nadie- y le pudo el índice en la nariz empujándola hacia atrás.
Lapis se puso de pie, apareció su típica vestimenta y camino hacia la ventana mientras Connie seguía en la cama sentada y arropada con la sabana.
La azul volteo a verla y le dijo antes de retirarse.
-Pues sí, estuvo muy rico y todo, pero no voy a dejar a Steven-
Y se retiró con velocidad por la ventana.
La joven se puso de pie y cerró la ventana. Recogió la ropa "usada" y la colocó en una bolsa. Ya la lavaría mañana.
Se puso una muda limpia y se colocó su bata. Se metió a la cama.
-¡Maldición!- exclamó la morena.
-Se supone que con todo lo que le hice debía enamorarse de mí y se alejaría de Steven- refunfuñó un poco.
-Ahora que lo de la carta ya se destapó, era mi única salida-
Se cubrió completamente ya para dormir.
"Y mañana también deberé lavar las sabanas"
Pensó.
En el cuarto de abajo, en la cama matrimonial de Priyanka y Doug, el hombre había escuchado ruidos extraños en el techo así que codeó un poco a su amorosa y fiel esposa para hacerle saber su preocupación.
-Amor, amor, ¿oíste eso?- dijo Doug preocupado.
-mmh nñio no, no oí nada, ya duérmete Greg-
-¿Cómo?-
-Que ya te duermas Doug-
-Ah-
Y el hombre volvió a dormir.
No me maten por favor (en especial tu Elvats)
Resulta que mi musa se fue de vacaciones, o la mató Kira de un infarto, o se cansó de mi y se mudó a Hawai pero simplemente nada me sale.
Y ahora que me puse escribir, esto fue lo que salió.
Será un caso especial y en el próximo ya relajados continuaremos bien (por cierto, este fic es canon hasta antes del beso)
Saludos a todos :D
Lobo Hibiky
