Jueves

La ve por primera vez en años, con los ojos muy abiertos mirándole directamente a él. Y algo en su estómago arrasa como un huracán, porque de pronto verla ahí le trae tantos recuerdos. Recuerdos que ha estado tanto tiempo suprimiendo, y la detesta. Tiene enormes ganas de deshacerse de aquellos ojos verdes, de cortarle el alma por hacerle sentir vivo otra vez. Demonios. ¿Podría al menos disimular que le ha estado extrañando? ¿Es ese siquiera el sentimiento que aquella mirada inocente transmite?

La ve por primera vez en años, frunciendo los labios, curvándolos para pronunciar su nombre en un susurro, allí abajo donde se ha hecho una grieta y dónde un desconocido también le ha estado observando. Pero es ella quien finalmente importa, aquella muchacha que luce tan distinta de la niña que dejó la última vez en una banca. ¿Aún le quiere? ¿Aún piensa en él? ¿Aún le importa siquiera un poco?

Y se lamenta, porque, aunque la vea de pie ahí con los pies en el suelo incapaz de moverse, él debe proseguir. Y espera que no le quiera como antes, que no sufra por él, que ahora no le ruegue regresar.

Porque se deshará de ella, y de todo aquello que le haga sentir vivo, de todo aquello que le reviva de la muerte.

Domingo

No lo sabe con exactitud, y hasta cierto punto le resulta irónico que todos los caminos que decida tomar, venganza, amor, odio, soledad, le lleven siempre hasta ese punto. A ella, a Sakura.

La muchacha tiembla, e incluso aunque no tuviese la posibilidad de escucharlo, Sasuke habría jurado que el corazón de su ex compañera latía desembozadamente, tan temeroso y vulnerable ante lo que él le pedía…

Las entrañas le arden. Sabe que está mal, por donde se le vea está mal. Pedirle a ella, que siempre ha estado dispuesta a todo por él, que mate a Karin que yace tendida en el suelo, sangrando, mierda, está mal.

¿Es un martirio, ¿verdad?

Intentará matarla, porque matándola a ella puede deshacerse de los escombros de su antigua vida, de la calidez que le proporcionaba verla sólo a la distancia sonreírle. Tomará su último suspiro en sus manos, porque si no es en sus manos no será en las de nadie más. Dolería demasiado saber que alguien más hubiese intentado arrebatarla del mundo.

Lo haría él, sí.

Y alza la mano acumulando el chakra suficiente para generar un chidori, mordiendo su labio, finalmente a la espera de que la muchacha en peligro esta vez tenga a alguien para salvarla, como él solía hacerlo. Sólo que esta vez los papeles han cambiado, y está ahí tras su espalda como un depredador buscando el momento preciso para atacar, y aunque el momento pareciese no llegar, cierra los ojos… porque puede que así le duela menos arrancarle la vida, de su vida.

"Chica con suerte" , piensa una vez que Kakashi ha llegado a rescatarla.