Antes de que empiecen a leer (oie, qué fastidio contigo -.-), debo aclarar que todo es culpa de Jess, o mejor conocida como "The Eastern Writer", pues yo estaba por borrar esto, ya que no estaba en mis planes terminarlo, y se veía algo feo el dejarlo así inconcluso. Claro, si lo borraba, dicha escritora me iba a odiar de por vida, además de que ya le he negado como cientos de veces el escribir esta o aquella idea. No quería ser mala amiga, y no quería quedar mal (Además de que insistió como si se fuera a morir si no lo hacía :P).

Por eso este cap se lo dedico a ella :D Thanks you so much :')

OJO esto no quiere decir que he vuelto, solo que es un regalo de agradecimiento, a ella, a my siss gamer Mariita88, a We Are Never (aunque es más de disculpa), y a mi galáctica ojos bonitos, Wen.

¡Ah! Y a Cadence3000, la mejor artista de nuestro querido país.

Sin más que reportar, disfruten de la lectura:

Después de una larga noche, Trixie abre los ojos y se sienta al borde de su cama, algo pensativa. No había dormido tan bien desde la última noche que la pasó con Eli, en el refugio Shane, la tarde de películas. Esa sí fue una noche inolvidable.

Se puso de pie y vio hacia la ventana, algo aturdida, cuando de repente, abren la puerta.

—Trixie, es hora de comer —informó Twist, con una sonrisa de lado. La chica no volteó, solo se quedó ahí, viendo el panorama. El rubio suspiró, y entró rápidamente. Sus ojos se dilataron al ver una gran mancha de humedad sobre la almohada de su compañera. Se inmutó, parando en seco. La joven volteó a verle, incrédula.

—¿Qué estás viendo? —preguntó, acercándose a él, extrañada. El lanzador se relamió los labios, bajando la mirada. No salió una vocal de su boca, solo le entregó a la babosa infierno en sus manos, totalmente rendida, y se fue a paso lento, haciendo flotar cada eco de sus pisadas hacia los oídos de la pelirroja, cerrando al mismo tiempo la puerta tras suyo.

Un chillido le llamó la atención. Dirigió su mirada hacia su mano y vio a la criatura más despierta que nunca. Le sonrió, pero sus ojos hinchado le delataron, por lo que Burpy de preocupa.

Ella la dejó en su lecho y se fue a duchar. Después de todo, sería un largo día.

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Sus inquietos ojos aqua corrieron por todo el lugar, observándolo bien. Jamás se había sentido tan nerviosa, puesto que ahora ella y su compañero científico trabajarían de ahora en más para Blakk. Y eso, obviamente, no era algo fácil, ni bueno.

Una mano de gran tamaño le tomó el hombro, sobresaltándola. De repente, el dueño de ella la quita. Un chillido escapó por sus labios. Sí que estaba nerviosa.

—¡Tobías! No vuelvas a hacerme eso. Sabes bien que no estoy de ánimos —refunfuñó, cruzándose de brazos. El chico no dijo nada, solo se internó más en el lugar, calmado, mucho más que su amiga, quien incluso temblaba un poco.

Unos pasos apresurados se oyen al fondo del pasillo, y como la cabellos morados estaba cerca de la puerta, no tardó en escucharlos. Abrió más sus ojos, su boca se hizo lo mismo, ligeramente. No entendía por qué esa situación la había puesto así.

—Muy bien, esto es sencillo —oyó decir de una voz masculina, muy conocida por ella. Juntó sus dientes, como una especie de sonrisa, y se apartó de la entrada, algo temblorosa. En seguida pasan Quentin y Gisell, ésta última con unos papeles entre sus manos, sus delgadas y pequeñas manos—, debemos evitar que el chico sea desconectado, pues es muy probable que despierte ahora —habló la dama, con un tono serio. El científico "loco" le oía muy concentrado. Eso hizo que la joven, nerviosa, se pusiera aun más en ese estado, claro que, a la vez, algo enojada. No la había conocido, y ya odiaba a Gisell—. La chica tampoco se be enterar de que está con vida, incluso después de que haya despertado. Son ordenes de Blakk —finalizó.

Aunque Quentin estaba sumamente concentrado en lo que decía la ojos chocolate, no evitó apartar su vista y ver a Katherine, quien murmuraba palabras que no se entendían.

—¿Katherine? —esta atendió, viéndolo con algo de dulzura, y, sin duda, más nervios— ¿Qué haces aquí? —le tomó de los hombros, algo alegre, pero ella sintió un escalofríos, y como si su tacto le quemara, lo apartó de sí.

—Son nuevos empleados de Blakk —volvió a hablar la chica, con una mirada fría—. Fueron capturados hace poco, pero ahora trabajarán con nosotros. Veo que los conoces. —el cabellos naranjas asintió levemente, aún con su mirada de asombro. Gisell deja los papeles en una mesa y se va. Mientras, la otra joven hace lo mismo, como si no le importara en lo absoluto haber visto a quien posiblemente odiaba.

¿O tal vez no?:

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Caminando a paso rápido, Kord intentaba buscar a su amiga pelirroja, pero no la encontraba por ningún lado. Ya había ido a su habitación, y no la encontró allí. Quería verla, para ver si estaba bien, para poder abrazarla y apoyarla, como una hermana menor. Claro, eso no podía suceder si no la hallaba. Y tenía poco tiempo, pues si Blakk descubría que no estaba buscando una pieza que se le había perdido por ahí —lo cual le dijo para encontrarse con la lanzadora—, sino a su amiga, lo volvería a llevar a la celda y ¿y quién sabe? Hacerle algo parecido a lo de su inconsciente amigo.

Su respiración agitada era escuchada por todos los objetos presentes. Al suelo le dolía sus imponentes pisadas, y las paredes se irritaban con su ruidosa respiración. El aire era tenso, o al menos, lo era para él. Una gota de sudor se paseó por su cien y terminó en su cuello, rogando poder encontrar a su querida amiga.

Finalmente, la ve hablando en el comedor con Twist, quien le sonreía de una manera que hizo enfurecer al troll. Soltó un bufido y se le acercó un "tanto" enojado. Tomó aire y golpeó la mesa donde ellos se encontraban, causando que la chica diera un saltito y que todos a su alrededor voltearan. Por suerte, Thaddeus no se encontraba en el lugar. Porque sino, las cosas hubieran sido realmente diferentes.

—¿Qué haces con ella? —gritó, pero no logró intimidar al ojos aqua. Más bien, rió. El Ingeniero lo tomó como una burla, por lo que le agarró de la camisa, con intenciones de intimidarlo— ¡Contesta!

—Kord, tranquilo —llamó la chica, con una gran sonrisa en su rostro. Le miró dulcemente y le tomó el brazo al rubio, insistiendo en que lo bajara. Al comprenderlo, lo hizo, con una mirada indulgente, pues estaba frente a su amiga, a quien no había visto en días. No pudo evitar abrazarla fuertemente, y ella también.

Todos cambiaron sus caras de "TDFW" por unas de ternura. Twist se acomodó la camisa y carraspeó, por lo que ambos se separan, viéndolo.

—Creo que te debo una disculpa. Jeje, no estoy acostumbrado a ver a mi pequeña hermanita con un traidor como tú —contestó el experto en mecas, como si fuera algo cotidiano. Rieron.

—Confía en mí, troll, cuando te digo que jamás la lastimaría —confirmó, rodeando sus hombros con su brazo.

No puedo negarlo, porque ya es obvio, pero sí, Twist le había tomado cierto afecto a Trixie, y ella a él. Tal vez para ella se haya perdido un amigo, una gran parte de su vida, pero parecía haber ganado a otro. Claro, no podría reemplazarlo, pero sí que valoraba su cariño.

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Las puertas de la gran oficina se abrieron, dejando ver a Blakk, con una mirada perdida, y pensativa. Su mentón reposaba en sus nudillos, y su boca estaba algo torcida. No sabía que hacer con ella, no sabía que podía hacer para ocultar todo. No sabía ya qué hacer.

Katherine lo encontró en ese estado, por lo que se le acercó, con cautela y a paso lento. Él, agitando su cabeza de un lado a otro, le vio, pero no se enojó, sino más bien, sonrió al verla. Ella, por otro lado, volvió a encogerse del miedo. Al parecer estar entre esos pasillos y, sobre todo, es ese lugar, no le hacía mucho bien.

—Blakk, digo, señor —llamó, con los labios temblando. Las rodillas le flaqueaban, y apenas sí podía estar de pie—, quiero tomarme unos días de descanso. No me siento muy bien. ¿Podría? —con todo el terror del mundo dibujado en su rostro, terminó de pronunciar su petición, rogando no ser encerrada en esa celda de nuevo. El Empresario le volteó a ver seriamente, pero sin mucha intimidación. Suspiró y, sin tanto rodeo, accedió.

—Pero solo con una condición —la tensión volvió a los hombros de la científica. ¿Qué estaría planeando?—: quiero que hagas lo humanamente posible para hacer que Eli no...

Pudo haber terminado la frase, pero un secuaz y Gisell, acompañada de Tobiás y Quentin, entraron al lugar corriendo y con los ojos a punto de salir de sus lugares. El ambiente tranquilo cambió a uno de cierta alegría, nervios, confusión, y, un poco, pero solo un poco de ira. El silencio se volvió algo tan eterno, y tan inquietante, que todos en el lugar recordaron ese segundo de suspenso y tensión.

—Despertó —formuló, por fin, Quentin. Esa palabra, esa única palabra se internó en lo más hondo de cada uno de los presentes, quienes tenían tantos sentimientos encontrados, que eran imposibles contarlos.

El ojos verdes apretó sus puños, y luego se los llevó a la cien, dejándose caer en el espaldar de su asiento. No podía estar pasando. ¡El Shane no pudo abrir los ojos! Y justo cuando menos lo quería. Ahora, debía actuar rápido.