Los personajes son creados por la escritora Kyōko Mizuki, uno de los seudónimos de Keiko Nagita, y la mangaka Yumiko Igarashi, seudónimo de Yumiko Fijii, publicado en Japón por Kōdansha Ltd. desde 1975 a 1979.
-No te preocupes.
Durante toda la velada, el General y su esposa estuvieron observando a la pareja, la noche transcurrió sin ningún contratiempo, al día siguiente ambos irían por la licencia para poder contraer matrimonio.
-Se parece tanto a ella, Mackenzei detallaba las facciones de la rubia y al verle sonreír sintió que volvía al pasado…vino a su memoria el recuerdo de ella, siempre sonriente corría a sus brazos después de una larga ausencia, los estudios de él en la academia militar apenas iniciaban y aunque la amaba profundamente debía seguir el camino que había elegido recorrer, no pretendía dejarla atrás, solo se dejó seducir por ese nuevo entorno y la nueva vida que representaba para él.
Ella que siempre fué tan alegre, poco a poco fué perdiendo su brillo y su alegría, con el tiempo sus cartas dejaron de llegar y él no se preocupó por saber que sucedió, solo habían pasado 18 meses de su partida cuando aquel telegrama causaría el dolor más profundo de su vida, llegará para no irse nunca más, su pequeña hermanita se había ido, apenas tenía catorce años cuando huyo de casa con un chico unos años mayor que ella, su nombre no fue mencionado más, sus fotografias y sus retratos fueron retirados, ni un vestigio de su existencia quedó en la casa de sus padres, para cuando se graduó en la academia y regresó a su hogar, todo había cambiado, su madre murió algunos días después de su regreso, ella nunca se opuso a su esposo, por lo que a escondidas trato de ayudar a su pequeña Alice.
Antes de morir le pidió en una carta que la buscara y la cuidara, al leer aquella carta, con tristeza se enteró de lo sucedió, que su hermana buscó llenar el vacío que él dejo en ese chico que después de un tiempo la había abandonó a su suerte y esperando un bebé.
Por más que intentó encontrarla nunca lo logro, la chica Andrew sin saber ni proponérselo había removido esa herida que por más de veinte años había sepultado en lo más profunda de los recuerdos.
Al verla sonreír solo podía imaginar que así habría sido Alice a la edad de la rubia, se sentía culpable tan sólo de verla.
La pareja llamaba la atención de todos en el salón, él nunca se separó de ella y ella sólo tenía ojos para él, pasada la medianoche los invitados permanecían dispersos por el salón, al considerar que ya habían cumplido y con la promesa de Mackensie de ayudarles, Neil estaba más que ansioso por retirarse.
-Vamos a despedirnos Candy, no me gustan estas reuniones, Neil hizo uso de toda su educación, muy lejos estaba de querer soportar el interés que muchos de los hombres presentes le demostraban a su prometida.
-¿Tan pronto? La rubia estaba algo desilucionada, a pesar de todo se estaba divirtiendo.
-Si preciosa, prefiero mil veces estar contigo bajos mis sábanas que rodeado de toda esta gente, la rubia sentía como le subían los colores al rastro, al escucharlo decir aquello, la verdad ella también lo prefería.
Por más que trataron de ubicar entre la gente a sus anfitriones no lograron encontrarlo, por lo que decidieron retirarse discretamente.
En la biblioteca un hombre se debatía entre sus recuerdos y sus culpas, la pareja recorría en silencio el camino hasta la casa que desde ese momento sería su hogar, ella iba con la cabeza en su hombro abrazando suavemente su brazo, a pesar del inconveniente con aquella mujer, la velada había sido hermosa, disfrutó muchísimo bailar toda la noche con su prometido.
-Que irreal se siente…mi prometido, pensaba Candy mientras suspiraba.
-¿Y ese suspiro?, Él le preguntaba curioso y como única respuesta escuchó una risita de ella.
-¡Es que estoy feliz!, Neil gracias por una velada tan linda, le decía la chica mirándolo a los ojos.
-¿Linda? No tienes idea de cuanto me contuve para no moler a golpes a todos esos tipos que te veían con lujuria.
Ella asombrada se separaba de él para ver su perfil.
-¡Pero si te veías tan tranquilo! No podía dar crédito a lo que él le decía.
-Solo me contuve, me incomoda que te vean otros hombres, hasta el General te estuvo observando durante toda la velada, Neil apretaba con todas sus fuerzas el volante.
-Lo lamento, la rubia se mostraba apenada, lentamente se fue enderezando en su asiento.
-¿Por qué te alejas de mi?, Neil de inmediato detuvo la marcha del auto para aclarar aquella situación antes que pasara a mayores.
-Discúlpame Neil yo... yo quizás ...
-Tu no hiciste nada, yo elegí el vestido, yo decidí ir, y no soporto que otros hombres te vean de esa forma, eso es algo que me rebasa.
La rubia lo veía con ternura, Neil siempre seria Neil, ya no dijo más solo acaricia su mano, este gesto hizo que el volteara a verla, ella sonreía y sin previo aviso le dio un beso fugaz en los labios.
-Yo te elegí a ti Neil, ya tú lo dijiste, lo nuestro no tiene vuelta atrás.-
-Ya lo sé, y no voy a permitir que nada nos separe nunca Candy,- se acercó a ella y tomo sus labios para besarla con ternura.
Unos minutos después se encontraban en su nuevo hogar, alistándose para descansar, él estaba absorto observándola, como soltaban su cabello, y se quitaba los zapatos, realmente podía acostumbrarse a vivir con ella por siempre.
Por un instante se imaginó como sería el momento de hacerla suya y no pudo más que sonreír, definitivamente se estaba volviendo adicto a ella.
-¡Amor, apresúrate que no quiero dormir sin ti!, decía ella que ya lo esperaba en la cama, estaba tan absorto en sus pensamientos que no sé dio cuenta que Candy se había dado una ducha rápida, al escuchar aquellas palabras lo había llenado de sorpresa y estuvo tentado a preguntarle qué había dicho, pero prefirió guardar silencio.
-Dame unos minutos, enseguida estoy contigo, estaba feliz, era increíble que esas simples palabras le causaron tanta felicidad.
Al regresar la encontró completamente dormida, era la visión más hermosa que había visto, se veía tan vulnerable, tan inocente y tan sexy.
-No sabes cuánto te amo Candy, aquello se lo dijo al oído como quien comparte un secreto.
-También te amo Neil,- dijo ella, con voz cansada y apenas audible, Neil quedo de una pieza al escuchar aquello, en toda la noche, casi no pudo dormir, estaba emocionado, no sabia si ella estaba consciente de lo que dijo, o quizás estaba viviendo un sueño, por muchos años había pedido una oportunidad y ahora que la tenía, no la iba a desperdiciar, sería paciente con ella.
El amanecer llegó, Neil solo había podido dormitar un par de horas, estaba acostado de costado observándola, ahora que había clareado el día, el detallaba sus facciones y todas y cada una de sus pecas, le resultaba simplemente hermosa.
Estaba impaciente por ir por aquella licencia, debía actuar rápido, poco le importaba la opinión de su familia o de la tía abuela, no quería que ella sufriera más, no quería que nada la perturbara, con cuidado se levantó de la cama y se alistó para ir a la base, de ser posible esa misma semana se casaría por el civil y le daría la sorpresa de preparar una ceremonia sencilla en el hogar de Ponny.
Antes de la siete de la mañana salía impaciente de su casa para encontrarse con el General Makenzie, nunca se imaginó lo que le esperaba en aquella oficina.
A las ocho menos quince era recibido, se sentía nervioso y emocionado a la vez, después de tanto tiempo sentía que estaba vivo.
-Capitán Leagan, anoche no pude despedirme de ustedes ¿por qué se marcharon de repente?
-Buen día mi General, me disculpo por retirarnos así, Candy estaba un poco indispuesta y cansada, tratamos de despedirnos de usted, pero no le encontramos.
-¿Cómo se encuentra la señorita Andrew?, Sin saber por qué el hombre se sintió preocupado al escuchar a Neil decirle eso.
-La deje descansando, toda esta situación que estamos viviendo la tiene angustiada.
-¿Cuál situación?, Preguntó el General con el ceño fruncido.
Continuará ...
