Los personajes son creados por la escritora Kyōko Mizuki, uno de los seudónimos de Keiko Nagita, y la mangaka Yumiko Igarashi, seudónimo de Yumiko Fijii, publicado en Japón por Kōdansha Ltd desde 1975 a 1979.

Neil se debatía internamente, estaba acostumbrado a lidiar solo con sus problemas y resolverlos por él mismo, pero si se quería casar pronto, necesitaba la ayuda de su superior.

-Leagan, si pretendes que te ayude más te vale que te expliques, el moreno apretó un puño con impaciencia e impotencia.

-Disculpe General, este asunto es de índole personal, la cara del General se transformó, la rabia se veía en sus ojos.

-¡Entonces ya puedes ir olvidando esa licencia, no voy a exponer a esa niña a un matrimonio forzado!, recuerda que mientras estés de servicio tienes que acatar órdenes, y que yo puedo convertir tu vida en un infierno si se me da la gana, al decir esto último el General golpeaba su escrito, Neil estaba asombrado por la reacción de aquel hombre.

-¡No entiendo por qué ahora me dice eso, anoche aseguró que nos ayudaría!, ¿Por qué ahora me viene con esto?, Neil se puso de pie, no acostumbraba a contradecir o enfrentar a sus superiores, pero poco le importaba que lo arrestaran, necesitaba con urgencia esa licencia.

-No voy a discutir con usted Capitán, si depende de mí esa muchacha no va a sufrir.

-¿Pero que estupidez está diciendo? Ya la paciencia de Neil se había agotado, no iba a permitir que nadie se interpusiera entre Candy y él.

Toc, toc, toc …el toque de la puerta interrumpió la discusión que cada vez se ponía peor.

-¡ADELANTE!, gritó el General, la puerta se abrió dando paso a una titubeante secretaria.

-Perdone la interrupción General, la señorita Andrew viene a verle, me pide que la anuncie, que su ella y su prometido el capitán Leagan tenían una cita con usted hoy, la chica estaba asombrada, nunca había visto a su jefe tan molesto y nunca le había escuchado gritar.

-Disculpe la interrupción General, la voz de Candy detrás de la secretaría asombro a los presentes.

-¿Qué haces aquí? Neil estaba sorprendido de verla, la había dejado dormida en casa, al verlo casi corre hasta él.

-¡Señorita Andrew que gusto verla! el General estaba asombrado, con maquillaje se parecía más a su hermana Alice.

-Es que Neil no me esperó y vino solo, yo... las palabras de ella se vieron interrumpidas por el abrazo inesperado que recibiera de aquel hombre que apenas conocía.

Neil apenas pudo controlar la rabia de ver cómo aquel hombre abrazaba a su mujer, no pudo más que apretar los puños y contenerse.

-¡Hija no sabes el gusto que me da volverte a verte!, mi esposa y yo estábamos planeando invitarlos a cenar está semana, ella al sentir el abrazo y al escuchar aquellas palabras le devolvió el abrazo, cosa que hizo rabiar más a Neil.

-¡Muchísimas gracias tenga por seguro que iremos! ¿Verdad Neil? El moreno la observaba con los ojos centelleantes de la rabia que sentía, ella que tan bien lo conocía podía interpretar aquella mirada.

-Por supuesto mi amor, solo ella pudo percibir en la manera como contestó cuán molesto estaba en ese momento.

-Siéntense por favor, el General les indicaba un par de sillas frente a su escritorio.

-¡Gracias!, dijo Candy que con una gran sonrisa tomaba la mano del moreno, él parecía no tener la mínima intención de moverse pero ella con delicadeza le hacía caminar.

-No me dejes sola de nuevo sin avisarme Neil, aun cuando aquello fue dicho en voz baja, el General pudo escucharlo.

-Ten por seguro que algo como esto en la vida se volverá a repetir, estaba furioso, pero ella se acercó y le dio un rápido beso en los labios, respirando profundamente Neil la tomó de la cintura y la giró para llevarla hasta la sillas que les habían indicado.

-¿Entonces jóvenes que es lo que realmente están sucediendo entre ustedes dos?,- El hombre había apoyado ambos codos en su escritorio entrelazando sus manos mientras los veía primero al uno y luego al otro.

-¡Pues venimos por la licencia para casarnos! contestó ella impulsivamente.

-¡Candy! Neil tan sólo atinó a decir su nombre.

-Es la verdad, decía la rubia con los ojos bien abiertos viendo a Neil.

-Señorita, esa no fué mi pregunta, el General trataba de no reír por la reacción y la expresión en la cara de la joven.

-Bue…bue.. bueeeno, nosotros estamos juntos, la respuesta vacilante de ella hizo que Neil se llevara una mano hasta la nuca y contuviera la respiración.

-¿Y usted cree que esta situación es correcta? Toda la atención del hombre estaba en la chica que solo parpadeo ante aquellas palabras, Neil instintivamente apretaba la mano de su novia al verla bajar su mirada.

-¡Poco nos importa lo que la gente pueda pensar!, tenemos derecho a estar juntos,-la voz de Neil la hizo levantar su mirada y una sonrisa iba dibujándose en sus labios.

-¡Neil!. Su voz tan sólo fue un susurro.

-Ya veo que eso no les importa ¿y lo que piensa la tía Elroy? ¿lo que piensa William?, La mención del nombre de ellos les hizo voltear a verse por unos segundos.

-Él entenderá, fue la escueta respuesta de la rubia.

El General los veía y algo no parecía estar bien con todo aquello, por lo que decidió indagar más.

-¿Me van a contar que es lo que sucede o no? La rubia lo miro por unos segundos y luego vio a Neil, tomo una bocanada de aire para después hablar pausadamente.

-Lo que pasa es que la familia de Neil no va a aceptar que yo sea su esposa, después de todo aquel tiempo escondiéndose si algo había aprendido era a decir las verdades a medias.

-¿Por qué no aceptarían a una Andrew como miembro de su familia? Aquello no tenía lógica para el hombre que ahora entendía menos.

-Realmente yo no soy una Andrew, soltando un suspiro la rubia se recostó en el respaldo de la silla.

-¿Entonces todo esto es un engaño? Cuestionó el hombre tensando la mandíbula.

-¡No!... ella es Candy White Andrew, Neil comprendió que se estaba complicado más todo y trato de intervenir.

-Deje que hable, que la señorita sea quien explique todo el asunto Capitán Leagan, la voz del General no daba cabida a una sola palabra más por parte del moreno, con una expresión triste en el rostro la rubia apretó ligeramente la mano de Neil.

- Candy, no es necesario, Neil solo tardo unos minutos en reaccionar.

-Sabes que no me importa, nunca me importó, la rubia con una pequeña sonrisa veía aquellos ojos ambarinos que la miraban con una mezcla de dolor y amor, después de unos segundos volteó a ver al General Mackezie.

-En realidad yo fui adoptada por la familia Andrew, aunque Albert siempre cuido de mi, la tía abuela nunca me aceptó del todo y la familia de Neil tampoco.

-¿Albert?.- Pregunto con curiosidad, nunca el hombre tras el escritorio, había escuchado aquél nombre entre los Andrew.

-William Albert Andrew, dijo Neil, esto llamó la atención de su superior.

-¿Entonces eres adoptada? En el momento en que él repitió aquellas palabras su cerebro comenzó a trabajar a mil por hora.

-¿En dónde fuiste Adoptada Candy? La rubia abrió los ojos desmesuradamente ¿Qué tenía eso de relevante? Desubicada volteó a ver al moreno.

-En un pueblo a las afueras de Chicago, le pareció ver que los ojos del General se hacían más grandes y oscuros, mientras se hacía un silencio incómodo para los tres.

-¿Te molestaría contarme tu historia?, La manera como el General habló más que una pregunta parecía una súplica, aunque no entendía bien, la rubia le contó cómo fue encontrada y como fue su infancia, de cuando en cuando aquel hombre parecía estar al borde de las lágrimas, aunque sonreía, Neil estaba nervioso y avergonzado al escuchar todo aquello, la rubia no contó con detalles de cómo llegó a la casa de los Andrew, ni cómo conoció a los miembros de la familia, por extraño que pareciera dentro de ella crecía un sentimiento hacia Neil que le hacía querer protegerlo al omitir la etapa en la que llegó a vivir a la Mansión Leagan.

El hombre nunca perdió de vista los gestos ni las posturas de los jóvenes y la manera como casi se hablaban con la mirada cuando estás se cruzaban, después de escuchar la historia de la muchacha menos permitiría que alguien la lastimara.

-Le voy a dar la licencia Capitán, solo con una condición de que la boda se realice en un mes y que me permita entregar a la novia si no tiene quién lo haga.

Al escuchar aquello la rubia brinco sobre Neil inesperadamente y le dió un beso en los labios, aquella reacción disipó cualquier duda, el General solo movió la cabeza negativamente mientras sonreía.

-¡Gracias! decía la rubia casi encima de Neil.

-¿Sería posible que hasta ese día permanecieras en mi casa Candy? Aquélla petición dejó a los jóvenes petrificados.

-¡Nooooo! respondieron ambos en coro.

-Ummmmm ya veo, ¿entonces aceptarían que mi hija mayor y mi esposa ayuden con los preparativos?

-Neil veía a Candy, con una mirada le dijo todo.

-No es necesario, gracias General, ya tenemos todo previsto,- la rubia le guiño un ojo a su prometido, cosa que lo hizo sonreír.

Continuará...…