—¡Idiota! —gritó una muy enojada pelirroja; aún no se había disipado el eco de su exclamación, cuando se escucha un golpe fuerte, causando más estruendo: ella había depositado un fuerte golpe en la mejilla del asustado rubio, a lo que él se la soba con cierta tristeza. Mintió, sí, mintió y negó haber escuchado a Eli llamar a la chica, la cual estaba ahora estallando en ira, y desquitándose con el traidor, puesto que le había hecho quedar como una total demente— ¡Eres un mentiroso! ¡Sigues siendo un descarado traidor! ¡Y yo que llegaba a quererte! —comentó con lágrimas inundando sus ojos.

Volvió a sentir ese vacío que estaba por terminar de llenarse. Volvió a caer en la tristeza, en la rabia, en la frustración e impotencia que calaban por su mente, volviéndola tan retorcida y oscura como cuando vio a Blakk tirar a su amado por aquel precipicio, por el que ella también comenzaba a desplomarse.

La lanzadora corrió hacia su habitación, preguntándose que era lo que aún la retenía ahí. No encontraba la razón de porqué aún no estaba en el refugio, sacando a la Banda de Shane adelante. ¿Será porque no se había sentido con el suficiente coraje como para seguir sin su amor? ¡Pues ya se estaba recomponiendo! ¿No?

¡No!

No porque el rubio ese la volvió a destrozar, y lo irónico era que él era la razón por la que seguía en Industrias Blakk aun con todas sus fuerzas recuperadas. ¡Era ese bastardo! ¡Ese inútil! La dejó en ridículo simplemente por... ¿por qué? Oh, cierto, ¿por qué? Ni idea, pero lo planeaba averiguar.

Se internó de una en el lúgubre lugar, y gritó como nunca lo hizo, tirándose en el suelo y terminando de quebrarse. Rompió en llanto, desahogándose de una vez por todas por la pérdida de Eli, por la traición de Twist, por la caída de BajoTerra, y por su mismo engaño hacia la banda, al haberse dejado manipular por el "cariño" que Industrias Blakk aparentaba darle.

Por fin, dejó de fingir ser fuerte. Y es que ya no podía contenerse de lanzar ese ahogado grito al aire, lleno de dolor.

—Eli —susurró, cuando sintió su respiración calmarse. Lo necesitaba, necesitaba al chico cabellos azules ahí, a su lado, abrazándola y jurándole promesas llenas de ilusiones, ilusiones que la empezaban a hacer sufrir—, Eli, te necesito. ¡Eli! —volvió a gritar— ¿Eli, por qué me dejaste? Ya no sé que hacer.

Y mientras lloraba desconsoladamente, Katherine la oía del otro lado de la puerta, atraída ahí por el repentino grito que ella soltó. La pelimorada, también lloraba, pero en silencio. Presenció tanto el dolor de su amiga como el de su amigo. Y ambos, tan cerca, tan fácilmente uno frente al otro, y sin poder encontrarse.

—Ahora mismo podrían estar llorando, pero de felicidad. —y se apartó de la puerta, caminando hacia el laboratorio, para asegurarse de que el Shane no hubiera escuchado ese tremendo grito.

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—Y, desgraciadamente, lo hizo —habló Gisell, señalando al inconsciente joven sobre la camilla, respirando lenta y plácidamente. Katherine suspiró, abrazándose a sí misma.

—No sabes cuánto sufren —comentó la científica, secando esas lágrimas restantes que se pegaron a su morena mejilla. La ojos chocolate bajó la mirada.

—Chica, yo también oí el grito. Sé que sufre. Y el joven también, pues de veras quiere encontrarla. Insiste en que está viva.

—¡Y está mal! —exclamó, extendiendo sus brazos, alarmada.

—¡Sé que está mal! Y por eso es el baile: Blakk hará negocios con un tipo y luego enviarán a este Divergente fuera de la Industria. A Tobías y a mí nos contaron el plan —aseguró. Dicho eso, se retiró de la habitación, dejando a la chica pensativa: ¿era correcto lo que estaba haciendo?

¿Deberías hablar? ¿Debería callar?

—Pero si callo, hablarán, y si hablo, me callarán.

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El Shane se sentó alrededor de la improvisada fogata que hicieron Lissie y Tomás, quienes se notaban más transparentes que el cuerpo de él. Todos se pusieron cómodos, a lo que la niña suspira, cansada, en cierto modo.

Gracias —susurró el lanzador, bajando la mirada. Los otros dos se le quedaron viendo, con una sonrisa—. Pero ella murió —anunció de manera nostálgica, juntando sus manos temblorosas, y por alguna razón, frías. De repente, sintió una aún más fría sobre su hombro, notando a la pálida niña —que era quien le tocaba— viéndole con dulzura, a través de su opacos ojos aqua y su desteñida piel blanca; se le notaba a kilómetros que no le quedaba mucho tiempo.

Tú solo sigue buscando —aconsejó el ojos azules, con cierta energía positiva en su expresión facial, transmitiéndole al herido chico algo de esperanzas—. Y, además, recuerda que nos debes dos favores. —los señaló a él y a la niña— Quiero ver a Gisell, solo dile que vaya adonde me vio la última vez, y me habrás devuelto el favor, Shane.

Y luego habla con Twist, para que me visite, no estoy del todo muerta. Hay esperanzas. Yo me encargaré del resto, ¿vale? —pidió la pequeña, a lo que el chico le guiña el ojo.

Los tres se quedaron viendo el vivo fuego que parecía crecer rápidamente en medio de ellos. Cada quien ahí cargaba con su pena, intentando levantar a quienes se habían caído a causa de llevar más peso encima, a lo que ellos se ofrecían para sostener más, y ayudarlos a seguir. Pero ahora, ahora era momento de seguir adelante, y vivir o morir en el intento.

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—¿Le hiciste daño, rubio? —preguntó Kord, apretando sus puños y sus dientes. Aunque el chico ya no cargaba la tremenda marca que la pelirroja le causó el día anterior, le contó todo lo sucedido a el troll y al topoide, quienes estaban en el taller de la Industria, algo alarmados por la actitud de su amiga.

—¡Ni mucho menos! —exclamó, subiendo sus manos como si fuera inocente. El Ingenieron frunció el ceño, obligando al chico a decir la verdad— Bien, tal vez mentí en cuanto a decir que no oí a Eli el otro día cuando Trixie le preguntó a Blakk si él también lo había escuchado, por lo que él me mira como insistiendo en que negara. ¡Y lo hice! Soy un cobarde —narró, mientras sacudía la cabeza de un lado a otro, lentamente. Pronto se cruzó de brazos.

—No nos habías contado eso. ¿Qué los llevó a esa situación? —interrogó el rastreador.

Era la hora de decirles el plan de Blakk, sí, lo diría. No volvería a mentir. Y si había a alguien más a quien traicionar, ese era Taddeous, a quien el rubio comenzó a tomarle cierto rencor. Era porque no era sano lo que estaba haciendo, ni para la chica ni para nadie. ¿Qué haría? Decirles a los dos seres el plan y luego, se llevaría a cabo alguna estrategia.

—¿Despertó? —exclamaron los dos al mismo tiempo, cuando Twist terminó de contarlo todo. Eso causó una gran impresión en los dos oyentes. Pronto sacudió su cabeza, asombrado por lo que escuchó.

—¿Y lo veremos? —volvió a preguntar este.

—¡No! Blakk no sabe que les he contado, ni lo sabrá. Él me confió el plan cuando la chica salió de la oficina ayer antes que yo, y le juré no decirle a nadie. Pero, je, ¿que acaso no quieren volver a los tiempos de antes? —se encogió de hombros— Es hora de actuar ya.

Bueno, el aprendiz del más malvado ser de toda BajoTerra estaba con ellos. Y suena raro, ya que si él los había traicionado, ¿qué hacían confiando en él? No lo sabían, pero algo les decía que podían creer en lo que dijera, y que podían seguirlo a ciegas, mientras él no demuestre el mismo comprotamiento de hacía un tiempo.

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Tomó su celular y llamó, a ver si a quien había convocado hace dos horas estaba por llegar. Necesitaba actuar rápido. No perdería más tiempo. El baile sería esa misma noche, y había que confirmarlo todo. El Shane se iría, y justo en ese momento le informarían adónde.

—Descuide —calmó un señor alto, rubio e intimidante, entrando al lugar. Tenía las manos en la espalda, y eso restaba la autoridad que Blakk tenía como dueño de la Industria. Su porte era increíblemente serio. Cargaba un amargo perfume que sin mucha dificultad se dispersó en el área. El ojos verdes, al divisarlo, colgó, ya que su ayudante había llegado.

Ambos se miraron fijamente, desafiantes. Mientras Taddeous sólo daba pasos lentos hacia él, tratando de intimidarle. Se trataba de una silenciosa competencia de quien estaba a más alto rango o algo así. Lo que sí era seguro era que ambos parecían tenerse cierto recelo.

—Lo tendré bajo control, Doctor. No se preocupe —aseguró aquel señor tan desconocidamente frío y distante. Podría decirse que con menos esfuerzos lograría superar a Blakk. Y ¿por qué digo tales cosas? Simple: hasta su presencia allí causaba escalofríos— ¿Lo quiere lejos? Lo tendrá lejos. Verá, tengo contactos.

El castaño le miró de arriba a abajo, lanzando un bufido.

—Más le vale, Meriño, no me falle. Quiero a ese niño lo más distante de Industrias Blakk. Impide llevar a cabo mis planes. —el ojos azules sonrió de lado, como si hubiera ganado algo.

—Un niño —dijo en medio de una risa—. Un niño te impide seguir. ¡Ja! Con gusto lo llevaré lejos, Doctor. No quiero que también impida los míos —exclamó en tono burlón, haciendo que el nombrado arrugara el entrecejo, irritado por el comportamiento de su acompañante—. Sólo pasaré a ver a mi hija y al chico. Mañana me lo llevó, ¿de acuerdo? Pero quiero el dinero antes que nada.

—Lo tendrá. Tengo mis planes de recogerlos esta noche, con un baile que he organizado. Usted tampoco se preocupe. Con gusto, mi asistente, Morrice, lo llevará a la enfermería, ¿de acuerdo? —mencionó, tratando de sacarlo de su oficina. Este simplemente asintió, aún con su sonrisa, saliendo de allí.

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Bueeeeeno, acá el cap 12 *suspiro* terminado.

Espero que hayan disfrutado y les prometo que el próximo cap estará en menos tiempo :3

Unos apapachos a Jen que ha vuelto con sus magníficas historias a entretenernos con ellas y hacernos llorar, reír, odiar, amar, vómitar arcoíris... etc.

Espero que seas la causa para revivir este fandom :')

Le doy la bienvenida a Violett Vader, una chica con bastante creatividad. De veras tiene camino por delante.

También apapachos a Jess, o The Eastern Writer por apoyarme 3 I lofiu.

Y... creo que ya hablé bastante

Punto, final