Bueno, antes de que comiencen a leer...

-¡Agh! ¿Tú de nuevo con eso?

Sh, se trata de algo importante.

Sólo quería decirles que se pongan cómodos porque este cap va a estar largo.

-¿Y lo actualizas en poco tiempo?

Sí, lo sé, la realidad está por colapsar, pero quería ser más responsable, a parte, he tenido bastante tiempo últimamente n.n

-¡Terremoto!

Okay, ya, comencemos:

Los nervios eran los dueños del lugar. Los guardias corrían de acá para allá tratando de hacer lo posible para que los arreglos del baile salieran tal y como estaba planeado. Y a pesar de que la decoración ya de por sí era increíble, sin mencionar que siquiera habían terminado, Blakk podía no conformarse con eso. Podía verle el ligero desnivel entre un extremo del mantel y el otro; las relucientes y finas sillas de cobre una más cerca que otra de la mesa, y sin mencionar el hecho de que la alfombra no sea color blanco perla, sino blanco chispa. Esos detalles tan minuciosos eran algo simplemente muy importante para el Empresario. Un descuido y ¡tará! Nuevos desempleados saliendo con caras largas de la Industria. Y por supuesto, nadie quería eso, o al menos nadie que fueran ellos mismos.

El punto es que todos estaban muy ocupados en los últimos retoques de la decoración, sin contar que aún faltaba la música, la comida, confeccionar los trajes para los mesoneros —que vendrían siendo los mismos guardias—, entre otras cosas. Pero lo que era peor: el encargado de todo vendría a supervisar en menos de una hora, y para el momento ya debían tener hasta quienes iban a cocinar.

Desesperados, el que estaba al mando de la decoración, encargó a seis guardias a conseguir a los cocineros entre la gente de la Industria. La verdad, como los del comedor no servían muy buenos manjares, debían o contratatar o conseguir a alguien más. Pero como era tal la desesperación, decidieron buscar a alguien que pudiera hacer el trabajo dentro de la instalación.

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—¿Están pidiéndole a Pronto que cocine? —exclamó Kord, muy sorprendido por aquella petición. Su amigo topoide ya estaba alardeando y alabándose a sí mismo desde el instante en el que se lo ordenaron— Disculpen. ¿Saben qué cocina este topo?

—Nos importa un reverendo pepino lo que cocine. Nosotros lo que queremos es que sepa cocinar. Nos importa como cocine —mencionó uno de los guardias, haciendo enfásis. El troll quedó pensativo. Jamás se había puesto a pensar en eso: su amigo tal vez cocinaba cosas que obvio no le gustaba o caía bien a la banda, pero para ser sinceros: acaso personas que nos son capaces de digerir ciertos alimentos ¿pueden juzgar como han sido cocinados? ¡No! Sólo los capaces pueden. Tal vez si a el Rastreador lo pusieran a hacer comida humana, no sería tan mala. Y ciertamente, a los topos les parecería un verdadero manjar el hecho de que él cocinara. Bueno, no era tan mala idea, después de todo.

El hombre tomó del brazo a Pronto para llevarlo al lugar de su nueva asignación, mientras el Ingeniero se cruzaba de brazos, sonriente. Estaba, obviamente, algo feliz por su amigo. No lo estaba tanto ya que no era para alguien bueno que hacía aquello, ni mucho menos para un fin que le agradara. Pero ver feliz a su amigo simplemente ya era suficiente para olvidar aquel hecho y alegrarse por él. Sin embargo, debía mantener la vista en el juego.

—En cuanto a ti —dijo uno de los acompañantes del guardia, quien se había quedado a su lado—, necesitamos transporte para los invitados. Necesitamos que le hagas unas mejoras a las limusinas y además seas uno de los conductores. Ven. —este, igualmente, tomó a Kord de su musculoso y gran brazo y se lo llevó hacia el taller.

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—¡Papá! —exclamó Gisell, dirigiendo la vista hacia el señor Meriño, a quien se había encontrado en los pasillos del lugar. Abrazó al señor y este le devolvió el abrazo. Quentin, quien estaba pasando por ahí, la observó y se le acercó lentamente, no queriendo interrumpir de una manera brusca el tierno momento entre padre e hija— Pero, ¿qué haces aquí? ¿No deberías estar en la oficina?

—Debería. Pero tengo un negocio con Blakk. Vine aquí a aclarar algunos asuntos y, pues, aproveché la oportunidad de venir a saludarte y ver al niño al que me voy a llevar —contó, tomando entre sus manos el rostro de su pequeña. Ella, por su parte, se impresionó. Su padre jamás le había mencionado que él era el "tipo" con el que Blakk hacía negocios, para así llevarse a Eli lejos. Aunque en ese momento no lo veía, eso era una ventaja.

Quentin, quien también oyó al señor y se encontraba a dos metros de distancia de la chica, de igual manera se sorprendió, abriendo los ojos y la boca como platos. Eso era algo simplemente nuevo. Y como no parecía tratarse de un asunto delicado, fue corriendo al laboratorio a contarle a Katherine lo que estaba ocurriendo.

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Lentamente, sus ojos se fueron abriendo, divisando a una figura fémenina sentada a su lado. Esta la sonrió y le tocó la frente, midiendo su temperatura. Eli reaccionó de inmediato a la fría mano de la chica, apartándose un poco hacia atrás. La pelimorada suspiró de alivio al ver que no tenía fiebre.

—Katherine, ¿lo oíste? —preguntó, tomando asiento en la camilla. Ella no trató de detenerle, ya que no se veía tan débil como ella pensaba que despertaría. La científica abrió ligeramente su boca, sabiendo a qué se refería, y queriendo contestar a esa pregunta de una manera honesta, pero luego la cerró, recordando que no era correcto decir la verdad. Aunque, ¿desde cuándo decir mentiras es correcto? En ese caso, era mejor quedarse callada. El peliazul, al no obtener respuesta, frunció el ceño, tocando el hombro de la joven y agitándola levemente.

De manera repentina, la morena comenzó a llorar, tapándose la cara y posando sus codos en las rodillas. El Shane se extrañó por eso, y en vez de seguir agitándola, comenzó a acariciar su hombro, como consuelo.

No podía seguir con eso. No podía seguir sabiéndolo todo y fingir no saber nada. No se podía vivir con eso, con ese peso cargando en la conciencia diciéndole que lo que hacía no es correcto, y aún más sabiendo que tiene razón. Lo que era peor, veía que parte del sufrimiento de dos personas era su culpa. Y quedarse de brazos cruzados sin hacer nada, viendo todo, callando, pudiendo ayudar, ¡no! ¡No era lo suyo!

"Habla" decía una voz en su cabeza.

Y como si fuera algo automático, la pelimorada asintió, rápidamente, secándose las lágrimas y dirigiendo su vista al lanzador, quien deshizo su tacto con ella, viéndola con preocupación, pero a la vez, con esperanzas y sorpresa gracias al gesto que hacía.

—Sí lo oí, Eli —respondió en manera de desahogo. En ese momento, sintió que el peso se le estaba yendo de encima. Eli colocó toda su atención en lo que diría a continuación al ver que aún no acababa de responderle—. Era ella, Trixie, sufriendo porque cree que estás muerto. Todo lo que te dijeron, todo lo que te inventaron, era mentira. Trixie está viva y quiere verte —terminó de decir, mientras veía como a su amigo se le iluminaba la cara de felicidad y empezaba a sonreír—. Y esto no es mentira, Eli. —terminado de decir eso recibió un gran abrazo por parte del chico, y ella de él.

De repente, la puerta se abrió, a lo que ambos se separan de inmediato viendo a la entrada del laboratorio. Un cansado cabellos anaranjados se internó en el lugar rápidamente, cerrando la puerta tras él. Los presentes sólo lo vieron, perplejos.

—¡No me lo van a creer! —exclamó, acercándose a los dos jóvenes, con una cara de estupefacción ciertamente notable. Eso causaba algo de miedo. Empezó a hacer como si se estuviera ahogando, jugando un poco, queriendo que la científica riera un poco. Obvio, a ella no le pareció nada divertido lo que hacía.

Katherine se levantó y se posó frente a él, tomándole de ambos hombros y zarandeándolo.

—Cálmate, ¿quieres? Eli acaba de despertar, y no hay que intimidarlo —comentó la muchacha, tratando de que a su compañero no le diera el aparente infarto que parecía estar dándole. Era una simple exageración.

—Pues, ¿a qué no sabes? El padre de Gisell es el que se va a llevar a Eli lejos —informó, a lo que el mencionado termina con la misma expresión que Quentin.

—¿Qué cosa?—se oyó decir a el Shane. La científica fingió estar angustiada, pero en realidad por dentro gritaba de satisfacción, gracias a que el mismo chico le había revelado parte del plan de Blakk a quien no debería decirlo. Al menos ya la culpa no era toda suya.

—¡Oh! ¡Pero mira lo que has hecho! —exclamó la muchacha, tratando de sonar convincente. Los dos chicos voltearon a verle, insinuando que, definitivamente, no era buena actriz. Ella carraspeó— Se supone que no debería saberlo, genio —recordó, dándole un pequeño golpe en la frente. Luego, volteó a ver al lanzador, quien no sabía ya qué pensar: por una parte, se sentía feliz por saber que la pelirroja no había muerto —como ya se estaba convenciendo— sino que podía verla, y aparentemente, no estaba muy lejos. Pero, por otro lado, se sentía molesto, sentía coraje gracias a lo que planeaban hacer con él. Querían alejarlo de sus amigos, de su familia. No podía permitirlo—. Eli, Blakk quiere alejarte lo más posible de Trixie...

—¡Pero, Katherine! —gritó, de nuevo, el ojos café. La mencionada suspiró.

—Él ya lo sabe. Yo se lo dije. Y de ahora en más, no planeo seguir los planes de Blakk, Quentin. —lo miró devuelta, segura de lo que ahora estaba diciendo. Se cruzó de brazos, seriamente— Voy a ayudar a mis amigos a hacer lo correcto. Y confío en que tú también lo harás —comentó, extendiendo su mano para que la tomara, como si le estuviera haciéndole una invitación, una invitación que podía cerrarle ciertas puertas, pero abrirle el doble de ellas. Sólo estaba en si quería aceptarla o no.

Y ahí es donde se dio cuenta de lo que hacía, porque estaba lastimando sentimientos, y haciendo rico a un hombre insensible y cruel. Podía fácilmente tomar la mano de Katherine y seguirlos, pero estaba mucho en juego: su reputación, sus colegas, su dinero, porque con eso él se mantenía. ¿Ahora qué? Si hacía lo correcto, tarde o temprano sería despedido, pero ganaría la confianza y la... ¡ayuda! La ayuda de quienes él también ayudó alguna vez. En ese caso, ¿por qué temía?

Luego de unos segundos observando su mano, allí, tendida, hizo una mueca, pero después inevitablemente, sonrió, tomándola. Subió la mirada y notó que la cabellos morados también estaba feliz, y que unas lágrimas se le asomaban en sus ojos. Rápidamente le haló la mano y la abrazó, siendo correspondido de manera instántanea.

—Es él —se oyó decir en la entrada al laboratorio. Como un Deja vu, los científicos deshicieron su tacto y dirigieron sus miradas hacia Gisell, quien era la hablante—. Disculpen, ¿interrumpí algo? —preguntó al ver a ambos separarse de tal forma. Morrice salió de la habitación, a lo que el señor Meriño cierra la puerta. Parecía ser que el espacio de la sala era de verdad algo reducido.

—Mucho gusto, señor. ¿Viene a ver al Shane? —preguntó Katherine. El padre de la joven, asintió, sin decir palabra. Pero en cuanto todos hicieron espacio y se posaron en una esquina del laboratorio, este volteó y los vio seriamente.

—Pero a solas, si no es mucha molestia —mencionó, a lo que todos salen rápidamente. De nuevo, Meriño volteó a ver al Shane—. Tú eres Eli Shane, ¿no? He oído bastante de ti. —el mencionado sólo suspiró. Sinceramente, la compañía de aquel sujeto no le daba muy buena espina, puesto que, como ya he dicho, su presencia ya de por sí era intimidante e imponente, incluso más que la del propio Blakk.

El ojos azules lo vio de arriba a abajo, mientras el rubio hacía una mueca. El lanzador simplemente apartó su vista de él. No le caía bien, en definitiva.

—Y tú el que me quiere llevar lejos —contestó, haciendo que en sus palabras se notara de veras que no quería tenerlo cerca. Bueno, al menos Eli y Taddeus emepezaban a tener algo en común, y es que sea como sea, Meriño no era alguien a quien querían tener cerca. Este, al notar que lo querían correr, por pura arrogancia, se sentó al lado del chico, en la camilla. Ahora era el pelizaul quien hacía las muecas—. Yo de veras que no he escuchado tanto de usted. Sólo sé que es el padre esa tal Gisell y que está haciendo planes con Blakk para llevarme lejos a cambio de cierto dinero, que por cierto, sinceramente, no sé para que lo quiere.

—¿Sabes qué es perder a alguien, muchacho? —preguntó, cambiando totalmente de tema, apenas el Shane había terminado de hablar. Extrañado por esa interrogante, él se mordió el labio, bajando la mirada.

—¿Y usted sabe que es poder tener a alguien, pero que otros no quieran que la tenga? ¿Sabe? Yo creo que no. —la presencia de ese hombre ya le comenzaba a irritar. Tal vez fuera el padre de la chica con la que debía mediar para que fuera a buscar a Tomás, pero eso no significa que podía venir y pretender tener el mando en cada cosa que hacía. Menos hacerse la víctima.

Meriño lo vio a los ojos y sonrió.

—Mi hija también sufre, niño. Y yo sólo quiero verla feliz, y sana. No sé si lo sabes, pero lo más seguro es que sí. Y es que, Shane, con ese dinero voy a hacer que vaya sí o sí a visitar a Tomás. Aunque tal vez esté en coma, no quiero que siga olvidando, como la pelirroja esa también quiere olvidarte. —el joven subió la mirada, atento a lo que acababa de decir el señor. ¿Cómo sabía eso? ¿Qué más sabía? El rubio rió ante su reacción— Pues, ¿te digo algo? Ella sufre, y lo he visto. Pero es unirlos a ustedes, o curar a mi niña.

Sin darle al chico oportunidad de hablar, se fue, dejándolo inquieto. Y ahora que recibía tanta información a la vez, como que ya no quería saber nada más.

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Al salir todos del laboratorio, Katherine tomó a Gisell del brazo y rápidamente la llevó consigo hacia el área de habitaciones, puesto que planeaba hacer que a la chica se le arrugara el corazón, y así sería más sencillo convencerla de no decir lo que estaba planeando hacer para reunir de nuevo a la Banda. Por el momento, parecía tener sólo a dos de su lado, pero quería tener a todos los que pudiera.

Gisell, por otro lado, no entendía qué quería hacer la pelimorada. Pero, de todos modos, no se quería quedar con su padre porque sabía que no iba a pasar mucho tiempo con ella. Y aunque se quedara, él de todos modos se iría.

Ambas iban a paso rápido, una más segura que la otra, con dirección a la habitación de Trixie. Esta seguía llorando en el suelo, contra la puerta. Se podían oír fácilmente sus sollozos, pero como estos no eran tan fuertes como en una principio lo fueron, entonces se tenía que recostar del otro lado para ser escuchados. Así que la ojos claros se apoyó del objeto que la dividía de la quinceañera*, y al notar que, efectivamente, seguía allí, haló a su compañera de la muñeca y le invitó a oír lo mismo.

—¿Sabes quién es? —preguntó Katherine, observando la expresión de confusión que reflejaba la ojos chocolate. Ella bajó la mirada; ya se estaba haciendo una idea de quien se encontraba del otro lado.

—Cuando llegué aquí, pensé que yo era la única fémina en la Industria. Quentin me aclaró que, en realidad, había otra chica, pero menor de edad, que no se tenía que enterar del estado de Eli. Y en vista de que tú eres de mi misma edad, supongo que es ella —razonó, con un cierto tono de nostálgia. La joven frente a ella asintió, dándole la razón.

—Su nombre es Trixie —continuó, tomando la manilla de la puerta. Gisell observó la acción con los ojos bien abiertos, no creyendo que era capaz de abrir de manera tan atrevida, así como así. Katherine rió ante su reacción—. Podría contarte su historia, pero creo que es mejor que lo haga ella misma. Y, no te preocupes, es una amiga mía. —dicho eso, le guiñó un ojo, girando la manilla y llamando a la pelirroja— Trix, soy yo, Kathe —anunció, con una sonrisa. La nombrada se limpió las lágrimas rápidamente y subió la mirada, divisando a la chica frente sí, sintiendo un alivio de tenerla cerca.

En ese instante, la ojos verdes no pudo evitar ponerse de pie y lanzarse a los brazos de su amiga, feliz de verle, y saber que estaba bien. Alguien que le escuchara, además, era lo que necesitaba justo en ese momento. Y mientras ambas jóvenes se reencontraban, Gisell miraba con una sonrisa aquella escena, enternecida por el afecto y cariño que se tenían una a la otra. Parecía que no se veían en mucho tiempo.

Cuando ambas deshicieron el abrazo, Katherine las presentó a ambas.

—Trixie, quiero presentarte a Gisell, una compañera de trabajo que me ayuda en el laboratorio junto con Quentin y Tobías —mencionó, tomándole el hombro a las dos. Ellas se estrecharon la mano, a lo que la Sting inclina la cabeza, ya que se le hacía familiar aquel nombre—. Gisell, ella es Trixie. La conocí cuando nos salvó a mí y a Tobías de uno de los locos experimento de Quentin. Ella y la Banda. —al decir esa palabra, a la lanzadora se le volvieron a cristalizar los ojos, por lo que la cabellos cafés le presiona, con ligera fuerza, más la mano, como señal de consuelo.

—Te me haces familiar, honestamente —comentó Trixie, viendo con mucho detalle a la científica. Esta rió.

—Y a mí me han dicho tanto sobre ti... y aun así, quiero hacerte un par de preguntas, ¿Podría? —a la chica se le hizo rara esta petición, puesto que jamás creyó ser conocida en Industrias Blakk, a pesar de ser una nueva empleada muy inusual gracias a su reputación como heroína, lo que le formaba preguntas como ¿qué rumores deambulaban por los pasillos de la instalación? ¿Qué habrán oído de ella?

Suspiró y aceptó. Por alguna razón, esa chica le resultaba muy familiar, y le inspiraba cierta confianza. El hecho de estar en su compañía ya le transmitía alivio y tranquilidad. Ahora sólo quedaba qué preguntas quería hacerle, y averiguar dónde le había visto anteriormente.

Todas se acomodaron lo más que pudieron en el interior del lugar, en compañía de Burpy, quien prestaba toda su atención a lo que hablaban. Al mencionar varias veces el nombre Gisell, a la criatura en seguida le llegó a la mente lo que habían hablado Trixie y Twist la noche en la que encontró la orquídea y el collar en su habitación, los cuales no se volvieron a ver desde la noche anterior. Ya sabía de quien se trataba, y se lo tenía que hacer saber a la lanzadora, ¡y ahora!

Por otra parte, la pelirroja le contó, prácticamente, toda su historia a la Meriño, puesto que no se trataba de "un par" de preguntas. Todos le oyeron en silencio mientras contaba lo sucedido, tratando de retener las lágrimas. No narró sus sueños, pero no retuvo el hecho de estar llorando por Eli.

—Lo extraño, y mucho. No sabes lo que haría por volverle a ver —admitió, haciendo que a la ojos chocolates se le aguaran los ojos, y era inevitable, la Sting le recordó a ella cuando tenía su edad. Era como si hubiera viajado en el tiempo y se hubiera conseguido a ella misma del pasado. Su corazón se arrugó ante todo lo que dijo, y más al ver que podía ayudarle, y no lo hacía.

Un chillido llamó la atención de todas hacia una libreta que se encontraba en el escritorio de la habitación. Encima de ella estaba Burpy, quien hacia señas y señalaba un lápiz y un libro. Trixie tomó el objeto amarillo y se preparó a escribir, pues sabía que ese era su método de comunicarse con Eli, cuando tuvo oportunidades de verlo "hablar" con su amiga. La criatura señaló una letra en una de las páginas del libro y la chica iba escribiéndola. Luego señaló otra, e hizo lo mismo. Poco a poco, se formó una oración. Decía:

"Gisell es la chica del collar. Pregúntale por el que se lo dio"

Abrió sus ojos con desmesura. ¡Era ella! Volteó a verla, observando como las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Ahora lo había entendido todo. Lo que no comprendía era porqué lloraba.

—¿Qué pasó? —interrogó, viéndola con preocupación. No le agradaba verla llorar, y en un instante deseó que parara de hacerlo. Tal vez era por el joven que le dio el collar, pero debía confirmarlo.

Gisell respiró profundo y se calmó, mientras secaba sus lágrimas, aunque no pudo evitar que más salieran de sus ojos ya irritados. Ahora le tocaba a ella contar su historia.

—Creo que estamos en la misma situación, más o menos. No sé si él está en coma o si ya murió. Sólo sé que no quiero saberlo, porque me da miedo pensar que ha muerto. —rió, nostálgica, y se encogió de hombros— La noche del accidente, me dio un collar que dije que me pondría luego, así que él lo guardó en el bolsillo de su pantalón; jamás volví a ver ese objeto, y jamás lo utilicé —contó, decidida a decirle de una vez Trixie la verdad, porque se dio cuenta del daño que le estaba haciendo, en parte, ella misma. Y aunque sabía que podía ser despedida, sus principios le ayudaron a saber qué era lo correcto.

Mientras, Trixie captó todo y se alegró al saber que podía ayudarla, y mejor aún, podía darle el regalo del muchacho a ella. ¡Debía decirle que no se había ido! ¡Debía ayudarla!

Pero, buenas noticias —pensaron ambas. Así que exclamaron al unísono, sin que les quedara nada por dentro:

—¡Está vivo!

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Ajshsjahsjahs, sé que me quieren matar. Pero yo quería escribir más que sólo esto. De hecho, este cap iba a ser el del baile y del "reencuentro" 7u7. Peeeero no se puede todo en esta vida.

Lamento los spoilers, pero... agh, ¿saben? Voy a serles sincera: no estoy bien. Necesito desahogarme, así que, lo que diré a continuación será para descargarme, porque ya no lo tolero:

Como ya muchos de ustedes saben, vivo en Venezuela. Y como algunos se habrán enterado, la situación acá no es para nada sencilla. Verán, ¿ustedes cuánto tardan en hacer las compras? Pues, yo antes tardaba menos de una hora, porque sólo iba al mercado, compraba y me iba. Pero las cosas cambiaron, pues ahora tú vas a un súpermercado acá y no encuentras lo que normalmente uno compra, porque no hay: azúcar, harina, huevos, leche, pasta, arroz, jabón, shampoo, jabón para lavar, desodorante, crema dental, mantequilla, aceite, salsa de tomate, papel higiénico, toallas sanitarias, café, pollo ¡en fin! No hay nada, y si quieres comprarlo debes hacer una fila de hasta 12 horas, o incluso más. Sino, la pagas al precio original multiplicado hasta por mil. ¡Ah! Y sin contar que no puedes hacer la cola si tú I.D o cédula no termina en el número correspondiente al día. Por ejemplo, la mía termina en 1 y me toca los lunes, que tocan 0 y 1. Si no conseguiste ese día, porque se acabó, o porque llegaron los militares y comenzaron a disparar para poner a la gente "en orden", no vuelves a comprar sino hasta el otro lunes.

El colmo son los problemas que hay con el agua, porque sólo llega una vez al día por media hora. ¿Y saben? Estoy harta de eso.

Y, para no atormentarlos más, termino con la inflación. Ese es un problema horrible. Cuando yo estaba en 1er grado de primaria, para comprarte un chupi o bambino tenías que pagar 1bs, y no aumentaron sino hasta que yo pasé a segundo grado, a 2bs. ¡Y fue en 4to que aumentaron a 5bs! ¿Ahora? Comencé la secundaria, a principios de año, comprando un tequeño a 40bs, y no había terminado el año cuando ya estaba a 250bs. ¡No podía ser!

Bueno, el punto es que la cosa acá no está fácil y yo estoy que ya no puedo. Pero quien lo haya leído todo... gracias, sólo necesitaba desahogarme con algo. Simplemente, estoy que lloro.

Y sé que en otros países están peor, por eso aprovecho para decirles que tengan fuerzas a aguantar la situación. Esta vida puede ser dura, pero hay que demostrarle que somos fuertes y encararla.

Sin más, doy mis apapachos a todos los que lean esto y ¡el próximo cap va a estar igual de rápido! ;)

Punto, final.

*No me acuerdo si puse que Trix ya tenía diésciseis xD disculpen esa.