Los personajes son creados por la escritora Kyōko Mizuki, uno de los seudónimos de Keiko Nagita, y la mangaka Yumiko Igarashi, seudónimo de Yumiko Fijii, publicado en Japón por Kōdansha Ltd. desde 1975 a 1979
Para la novia había una gran sorpresa esperándola en la iglesia, su tío se encargó de investigar a detalle la vida de su sobrina y sus seres queridos habían sido invitados a New York a la que supuestamente sería una pequeña boda, pues ninguno de los dos tenía realmente muchos amigos, Tom y Jimmy estaban vestidos con trajes elegantes hechos a la media.
Alice al llegar, tomaba una cesta con pétalos de rosas blancas que contrastaba con el color rojo de la alfombra, que enmarcaba el camino hasta el altar en donde un elegante y apuesto novio esperaba visiblemente nervioso la llegada de su amada, Elena tímidamente le sonreía a Tom que la veía con asombro, pues aún que era leve su parecido con Candy, el verde de sus ojos era idéntico al de su querida hermana, Jimmy veía a la pequeña Alice, era como una míni Candy sin pecas, con la mirada trataba de hacerle señas a Tom, pero este sólo tenía ojos para la radiante rubia que le acompañaría en el cortejo, Darlin quedaba impactada con el porte del joven que al parecer no se había percatado de su presencia.
-Disculpa, ¿tú eres Jimmy?, al escuchar su nombre se voltea para encontrarse con la impactante visión de la joven que le sonreía, su sonrisa lo deslumbró de inmediato, ciertamente le daba un aire a su querida jefe, a su hermana y su mejor amiga, un tanto nervioso contestaba.
-Si, un placer, ella continuaba sonriendo lo que le cautivo por completo.
-Seré tu compañera, ¿podríamos ir a nuestros lugares?, papá está dando una vuelta mientras nos organizamos, Candy no sabe que ustedes vinieron, es una sorpresa, de todo aquello el pobre muchacho no escucho ni la mitad ya se había perdido en la tierna mirada y la voz suave de aquella mujer.
Alice caminaba con su cesta de pétalos hasta Tom quién al verla, de inmediato se agachó para presentarse, era increíble lo mucho que aquella niña se le parecía a Candy.
-Hola ¿Cómo te llamas?, este chico es muy lindo, pensó Alice que volteó hasta el altar y al ver a Neil sonreía con picardía.
-Alice, papá dijo que eran hermanos de Candy ¿también son mis primos?, aquello hizo sonreír a Tom, definitivamente aquella chiquilla se la parecía a la pecosa.
-Si, si me permites un momento, Jimmy por favor, haciendo una seña con su cabeza hacia que su hermano saliera de su ensoñación y se acercara a ellos.
-¿No me presentas a esta hermosa señorita Tom? Alice se sonrojaba de inmediato, los dos chicos eran bien parecidos y se interesaban en ella.
-Es nuestra prima Alice, Tom le guiñaba un ojo a Jimmy, y este sonreía ya había detallado a la niña y había visto el parecido que tenía con Candy.
-Un placer Alice, ya tendremos tiempo de conocernos en la fiesta, no debe de tardar el auto de la novia, con aquello volvían a sus lugares y cada un ofrecía su brazo a su compañera.
-Tío, ya no des más vueltas, Neil va a pensar que me arrepentí y no voy a llegar, en el auto la novia se notaba impaciente, tenía ganas de tomar la falda del vestido, levantarla y correr hasta donde se encontraba su futuro esposo, no entendía porque tanta algarabía cuando su boda sería íntima y sólo asistirán unos cuantos amigos de Neil y algunos amigos de su tío.
-Comprenderme hija estoy haciendo tiempo, te acabo de encontrar y ya siento que te pierdo, los ojos del hombre se cristalizados por las lágrimas, le hacían ver a ella que su tío tenía sentimientos encontrados en ese momento.
-Tío, aquello hizo que su voz se quebrara, ella que siempre pensó que estaba sola en el mundo ahora tenía un tío, un tío que la amaba profundamente y que por mucho tiempo la había buscado sin perder las esperanzas de encontrar a su madre y a su hijo, aquella palabra fue suficiente para que su tío la abrazara con fuerza.
-Es como si viera a tu madre en ti, mi pequeña Alice estará feliz viendo que estarás con el hombre que amas y él te ama hija.
-Gracias tío, al escuchar el nombre de su madre una lágrima rebelde escapaba de sus ojos, por lo que él sacaba un pañuelo y la limpiaba.
-No llores mi niña, quiero que te veas hermosa al entrar en la iglesia, soy el tío más orgulloso del mundo, ella sonreía y respiraba profundamente al ver que el auto se detenía frente a la puerta de la iglesia.
Al entrar podía ver a sus primas de espalda y junto a ellas unos caballeros de trajes elegantes, aquello hizo que ella volteara a ver a su tío que le sonreía y se alzaba de hombros, no le dio tiempo de preguntar quiénes eran o qué ocurría porque la marcha nupcial comenzó a sonar y su tío tomaba su velo y lo colocaba en su lugar tapando su rostro.
-Ya es hora mi niña, ofreciéndole su brazo la guiaba detrás de sus primas, la pequeña Alice volteaba a verla y le guiñaba el ojo con picardía, ya sus primas habían comenzado a caminar sonriendo a todos los presentes y un poco después Alice caminaba dejando tras de sí un camino de pétalos blancos, ella unos minutos después respiraba profundamente antes de iniciar su camino al altar, al salir al pasillo un coro de niños comenzó a cantar, aquello fue una sorpresa pues no estaba contemplado un coro, la iglesia estaba decorada con tulipanes y rosas las flores preferidas de los novios, las bancas estaban llenas de gente pero ella no se percataba de nada, su vista estaba fija en el elegante hombre de frac que se encontraba al pie del altar sonriendo para ella.
Cuando Neil la vio entrar con aquel traje blanco que se amoldaba a su figura, sintió que su corazón latía más rápido, era una hermosa visión, parecía una diosa caminando sobre una nube, no pudo más que sonreír satisfecho, pronto serán uno y nada ni nadie podría separarlos.
Ella al verlo sonreír recordó al niño y al adolescente de antaño, sólo que ahora comprendía lo que se escondía detrás de aquella sonrisa de medio lado que tantas veces había visto cuando era tan sólo una niña pequeña, no era prepotencia, no era indiferencia era una máscara que él utilizaba para que nadie supiera que escondía su corazón.
Cuando sus miradas se encontraron finalmente todo lo que les rodeaba desapareció, tan sólo eran ellos dos, el uno reflejado en los ojos del otro, ella no prestó atención a los presentes, ni se dio cuenta de que sentadas en la primera banca se encontraban sus madres, ni que sus primas eran acompañadas por sus hermanos, lo único que podía ver era a él que la esperaba en el altar con esa mirada tan suya que le decía cuánto la amaba.
Sin saber cómo, ya estaban frente a frente él extendió su mano para recibirla del brazo de su tío que la entregaba.
-Cuida mucho a mi niña, decía el hombre conteniendo las lágrimas.
-Con mi vida, fue su respuesta, la ceremonia estuvo llena de llantos y suspiros pero ellos ni por enterados se dieron, él la sostenía con firmeza de una de sus manos como si temiera que se arrepintiera, y ella sólo sonreía ante aquel gesto que no era de posesión como muchos pudieran pensar, ella ya conocía sus temores y sus manera de actuar, cuando por fin el padre hizo aquella pregunta, él contuvo la respiración.
-Si alguien se opone a esta unión que hable ahora o calle para siempre, quienes les conocían y sabían de su historia esperaron impacientes por si alguien se oponía, pero eso no sucedió, después de unos minutos el Pastor continuaba.
-En nombre de Dios los declaro marido y mujer, en ese momento Neil respiro con tranquilidad y al voltear a ver a la novia, ella pudo ver pequeñas gotas de sudor en el rostro de él.
-Puede besar a la novia, una sonrisa automática se dibujó en su rostro, cuando levantaba el velo de la novia su corazón latía descontroladamente, no era que él fuera un hombre muy religioso pero aquella ceremonia le hacía el más feliz, en ese momento recordó lo que había pedido al cielo el día que la reencontró en aquel parque y en voz apenas audible dijo.
-Gracias Señor por escuchar mi petición ese día, luego se inclinó para besar a su hermosa esposa quien se conmovió al escucharle decir aquello, ese día, él fue un destello de luz en la oscuridad de sus días y ella un destello en la oscuridad de su vida, lentamente se inclinó para besarla dulcemente en los labios, la algarabía de los invitados les hizo separarse sonrientes, al voltear ella se sorprendió enormemente de ver a sus seres queridos en aquel lugar, estaba tan absorta en la imagen de él al pie del altar que no los vio, emocionada veía a su tío quien asentía con un gesto y al que ella respondía solo gesticulando.
-Gracias.
-Les presento a los esposos Leagan White, el Pastor sonreía ante los allí congregados.
Los nuevos esposos caminaron tomados de las manos, sonriéndole a todos al salir de la iglesia la novia pedía que las solteras se reunieran y lanzó su buqué, Elena y Darlin se paraban una junto a la otra y el ramo caía entre ambas, los que las hizo sonreír ya que ninguna tenía siquiera pretendiente, de no haber estado la novia de espalda se habría pensado que aquello lo hizo adrede pero no, ella tenía los ojos cerrados y en su pensamiento le pedía a Dios que la próxima novia fuera tan feliz como ella, pronto los invitados partían para disfrutar de la recepción que sería en la casa de su tío y ellos se iban en el auto de Neil, aunque felices el trayecto lo hicieron en silencio, él conducía y ella apoyaba su mejilla en su hombro, al llegar estacionaron el auto y se mantuvieron sentados por un momento, hasta que él se bajó y rodeo el auto para abrirle la puerta y ayudarle a bajar, ella lo veía nuevamente a los ojos en ese momento y él sonreía de medio lado con esa sonrisa tan suya.
-¡Lo logramos mi amor!, dijo ella finalmente.
-Eres mía, mi esposa para siempre, contestó él antes tomar su rostro entre sus manos y besarla dulcemente, nada podía ser más perfecto que ese momento para ellos, en el salón principal de aquella mansión, ya los invitados esperaban a la pareja, las mesas elegantemente decoradas, la orquesta tocaba una dulce melodía y una gran cantidad de meseros atendían a los invitados, al hacer su entrada los presentes aplaudían, aunque muchos no conocían a la novia todos la felicitaban, era la sobrina del general Mackenzie y ahora la señora Leagan, aquello era suficiente para todos..
Candy al divisar a sus madres corrió a sus brazos, con lágrimas en sus ojos, tantos años sin verlas parecían toda una eternidad, Neil camino tras ella entendiendo que ella siempre sería así y eso era lo que más lo enamoraba.
-¿Señorita Ponny, Hermana María? las dos mujeres la abrazaron al mismo tiempo.
-Te mereces toda la felicidad del mundo, decía la señorita Ponny.
-Dios bendiga tu hogar, decía la Hermana María, junto a el novio, Tom y Jimmy esperaban su turno de abrazarla.
-¿Para tus hermanos no hay un abrazo después de tanto tiempo Candy? la voz de Tom se quebraba al decir aquello, ya se había enterado del sacrificio que había hecho por él y le estaría agradecido por siempre, aunque todo aquello había sido una gran mentira de aquella vieja bruja de Elroy y Annie, el que ella hiciera eso por él, sólo mostraba el amor que sentía por su hermano.
- ¡Tom! enseguida lo abrazo, se veía menudita abrazando a su hermano, Neil se conmovía, nunca su hermana lo había visto de la manera como Candy veía a ese hombre que a pesar de no llevar su misma sangre realmente era su hermano.
-Gracia pecosa por lo que hiciste por mi, aquello era dicho para que solo lo escuchara la novia.
-Tom no acapares a mi jefe, la voz de Jimmy hizo que se separaran.
-¿Jimmy también estás aquí? ella abrazaba a su hermanito menor que ahora era tan alto como el mismo Tom.
-Nada habría evitado que viniera jefe, él la abrazaba con fuerza mientras lloraba como un niño pequeño, Neil suspira al ver a Candy feliz, no era que le molestara, pero se sentía extraño ante tanta demostración de afecto.
-Candy, disculpa que te interrumpa pero debemos saludar a todos los invitados, ella volteaba a ver a su esposo y le sonreía.
-Sí, luego hablaremos de todo nosotros tres, lo decía tomando las manos de sus hermanos, que asentían y la besaban en la frente.
Fueron saludando a los invitados mesa por mesa acompañados por Makenzie que orgulloso la presentaba como la hija de su hermana menor, Neil también era presentado a muchos de los invitados que aunque conocían a su familia, no le conocían a él, la fiesta transcurrió entre risas y brindis, antes de la medianoche los novios se escapaban a su luna de miel, con discreción tomaban un auto y se retiraron al pequeño departamento que habían ocupado durante los primeros días que convivieron.
Esa noche la luna estaba radiante parecía estar dándoles un augurio de lo que sería su vida juntos, entre ellos ya las palabras no eran necesarias, aunque se conocen íntimamente, hasta ese momento no habían consumado su entrega, ella lo miraba con los ojos brillantes al ver cómo había decorado aquel lugar, un sendero de pétalos de rosas rojas indicaban el camino a la antigua recámara de Neil, ella estrechó sus manos y tomaba la iniciativa.
Él sólo sonreía ante aquel arrebato de ella, por fin sería totalmente suya y hace unos años atrás, aquello lo había vivido mil veces en sus sueños, al estar frente a su recamara, la tomó en sus brazos sorprendiéndola.
-Es la tradición Candy, aquel gesto la hizo sonreír, después de entrar la depositó en el suelo con delicadeza.
-Te amo, gracias por ser tan paciente conmigo Neil.
-Yo te amo más, gracias por aceptarme en tu vida, él la besó con ternura y poco a poco el beso delicado se fue transformando en uno apasionado, aquel fue el inicio de una entrega llena de pasión, él soltaba los botones del vestido con rapidez sin dejar de besarla, el sabor de sus labios lo tenía extasiado, necesitaba más y más de sus besos, ella sentía como su corazón latía agitado y se entregaba a esas caricias que despiertan miles de sensaciones en su ser, finalmente el vestido caía al suelo dejándola con una ropa interior de encaje y seda que hicieron que Neil se quedara sin aliento, se veía tan sexy ataviada con aquellas prendas que por unos minutos sólo pudo quedarse estático mirandola.
-¡Te ves tan hermosa!, fue lo único que alcanzo a decir, ella le estaba sonriendo y se acercaba buscando sus labios, con delicadeza le ayudó a quitarse el saco y soltó el nudo de la corbata, él presuroso le ayudaba a soltar los botones de su camisa, la ropa realmente era un verdadero estorbo en ese momento, rápidamente se despojó de todo lo que traía puesto, hasta quedar totalmente desnudo, ella suspiraba al verle así, su esposo era un hombre realmente atractivo su piel bronceada le daba cierto toque exótico y su cuerpo musculoso y bien formado se veía maravilloso, él a observar la manera como lo estaba mirando se acercaba para abrazarla.
-Soy todo tuyo cariño, puedes mirarme todo lo que quieras, ella escondía el rostro en su pecho un poco avergonzada.
-Ya te dije una vez que no escondieras de mí tus ojos Candy, tomándola de la barbilla la hacía levantar su cara para luego tomar sus labios y besarla, aquel beso la dejó sin aliento y él la levantó y la llevó hasta su lecho.
Era casi increíble que por fin pudieran amarse y entregarse por completo al deseo que ambos tenían, él fue soltando el peinado tan elaborado que ella traía, fue quitando horquilla por horquilla, cada detalle de ella lo enamoraba, y cada gesto de él cada vez a ella le gustaba más, cuando por fin el último mechón de cabello quedó libre, él se acercó y la besó, primero en los labios y luego en la barbilla, luego descendió hasta su cuello mientras inhalaba el aroma de su perfume, quería grabar en su mente cada detalle de aquella noche.
Ella temblaba ante el roce de aquellos labios que bien sabían cómo despertar su deseo, cuando se detenían aquellas caricias, suspiraba anhelando el reinicio de las mismas, él podía sentir como ella temblaba bajo sus labios y escuchaba como suspiraba cuando se detenía, lo que lo hacía sonreír de satisfacción al saber que ella lo deseaba tanto como él a ella, al llegar a sus pechos pudo sentir sus pezones endurecidos por el deseo, los beso y los acaricio con maestría y devoción, aunque sentía que su propio deseo le consumía quería hacerla disfrutar como nunca antes lo había hecho, una vez más se contuvo y continuó acariciando con sus manos y sus labios el cuerpo de aquella mujer que le había robado el corazón desde que llegó a su casa.
-Neil por favor, ella jadeaba ya no quería que él demorara más.
-Sólo un poco más cariño, sólo un poco más, él la veía a los ojos levantando su cara, aquellos ojos verdes que tanto lo obsesionaron se habían oscurecido de deseo, aquello lo motivó aún más para hacerla disfrutar al máximo de aquella entrega que aunque no quisiera sería dolorosa, fue besando su vientre hasta llegar a su intimidad y con su boca tomar posesión de ella, su sabor le resultaba algo maravilloso, él la sentía temblar antes de que llegara su primer orgasmo por lo que intensificó las caricias que le hacía con su lengua, ella se aferraba de las sabanas cuando la primera ola de placer invadía su cuerpo, él al sentir el néctar que fluía de su cuerpo se sentía satisfecho, y se acostaba a su lado, aun con la respiración agitada ella buscaba sus ojos y él la observaba con aquella sonrisa que definitivamente amaba, ella buscaba sus labios y ahora era quien lo acariciaba y lo besaba, fue bajando lentamente por su cuello y su varonil torso hasta que llegó a su virilidad la tomó entre sus mano con delicadeza y lo beso, pudo sentir como un leve temblor sacudió el cuerpo de aquel hombre que ahora era su marido, él apoyaba un brazo detrás de su cabeza tratando de ver todo lo que ella hacía, cosa que le era imposible pues cada que ella le acariciaba sentía como si un toque de corriente recorriera su cuerpo, aquella era una tortura placentera, ella le acariciaba con la lengua, y por momentos se lo metía a la boca y lo abrazaba por completo con sus labios, aquello era lo más maravilloso y sensual que Neil había vivido en toda su vida, cuando estaba a punto de venirse, la apartó de él y la atrajo a su cuerpo, la besó con fiereza y se posiciono sobre ella para poseerla totalmente, al tratar de entrar en ella se detuvo para verse reflejado en sus ojos, ella asentía sabiendo lo que pasaría después, él comenzó de nuevo a besarla y acariciarla hasta que ella nuevamente estuvo lista para él, poco a poco él fue penetrándola, fue lo más delicado que pudo, no quería que ella sintiera dolor, fue ella quien tomándole de los glúteos le indico que lo hiciera, en un movimiento lo hizo y se detuvo viendo como las lágrimas se escapaban de aquellos ojos que tanto amaba.
-Lo siento cariño no quería lastimarte, susurro a su oído para luego besarlo y con delicadeza paso su mano por sus mejillas humedecidas, , nuevamente pequeños besos eran depositados en la piel perlada por el sudor de la joven mujer que había entregado su pureza y ahora era una con aquel hombre que la amaba con devoción, después de unos minutos y muchas caricias ella se relajaba y el comenzaba un rítmico vaivén dentro de ella al que ella respondía acompasando sus movimientos, aunque no era la primera vez que él yacía con una mujer, si era la primera vez que le entregaba su corazón enteramente a úna en aquel acto, el amanecer los sorprendió en la antigua danza que los enamorados bailan desde el principio de los tiempos cuando se entregan al amor.
De los recién casados nadie supo en una semana, cuando pasaron a despedirse de la familia Mackenzie antes de emprender de su viaje de luna de miel, en la mansión de Sara Leagan unos días más tarde, Raymond revisaba la correspondencia en donde se encontraba la invitación a una boda, al ver el sobre se lo pasó a su esposa quien extrañada veía el remitente del mismo y sonriente tomaba su bolso y se despedía de su esposo, pues iba a ver como se encontraba su tía después de regresar de tan largo viaje, pero en realidad quería mostrarle aquella invitación que provenía de una de las familias más acaudalada y prestigiosas de New York, al llegar con su tía conversaron de temas menores y de los últimos chismes y cotilleos del tiempo que estuvieron en florida, en cuanto vio la oportunidad Sara sacó el sobre.
-Mire la invitación que llegó a mi casa, la anciana levantó una de sus cejas viéndola fijamente.
-¿Es que acaso no te enteraste que la sobrina de Mackenzie se casó hace una semana? Sara un tanto descolocada sacaba la invitación del sobre y al leerla se lleva la mano al pecho poniéndose de pie, solo unos segundos después su cuerpo inerte caía al suelo ante la mirada atónita de Elroy, la anciana gritaba desesperada a los empleados para que la ayudaran.
-¡Pronto ayúdenme!, ¡María…Dorothy!, los gritos de la señora hicieron que todos los empleados corrieran a ver qué sucedía, enseguida llamaban al doctor y le avisaban al esposo de la mujer lo ocurrido, Archie y Annie entraban en el momento en que Sara era llevada escalera arriba y pasaban a la sala a donde estuvieron conversando las mujeres, Elroy estaba nerviosa esperando la llegada del doctor y al ver a Archie con su prometida suspiró audiblemente.
-¡Gracias al cielo que llegaron!, Archie la miraba con indiferencia, desde la desaparición de Candy años atrás, la relación con su tía abuela era casi nula, las pocas veces que la visitaba era por solicitud de Annie que por alguna extraña razón que aún no alcanzaba a entender, desde ese momento se convirtió casi en la sombra de la anciana, tanto que hasta había desplazado a la odiosa de Eliza.
-No se emocione tanto, sólo vine a dejar a mi prometida, diciendo aquello tomó una de las manos de Annie la beso y se retiró, la anciana se entristecía cada vez que lo veía, desde que había logrado que aquella muchacha desapareciera de sus vidas, sus sobrinos no la tomaban en cuenta, a esas alturas no sabía que era mejor, mantenerla alejada o sufrir el desprecio de sus dos sobrinos que aunque no tenían pruebas, estaban seguros que ella había tenido la culpa de que la joven desapareciera, Annie al ver aquella invitación tan elegante la levantaba del suelo y al leer con las manos temblorosas se la entregaba a la anciana.
-¿Usted sabía de esto? la anciana no comprendía nada.
-¿De la boda de la Mackenzie? por su puesto todo el que es alguien supo de ese matrimonio muchacha, Annie la observaba con terror.
-Señora Elroy usted sabía del matrimonio de Neil con ... al escuchar aquel nombre le arrebataba de las manos la invitación, al leer los nombres grabados en ella la anciana sorprendida, se llevaba una mano a la boca.
-No, ¡esto no es posible!, debe ser una coincidencia que se llame así, no puede ser que después de todo lo que hice para alejar a esta mugrosa de mi familia, sea ella.
-¡Esa maldita Candy!, ¿cuándo desaparecerá de mi vida de una vez por todas?, no sirvió de nada que la engañáramos, ¡es como una maldición!, las mujeres estaban soltando su veneno sin percatarse de que Archie estaba presente, había regresado y se encontraba parado en el umbral de la puerta de la sala escuchándolas.
-¿Entonces mi tío y yo teníamos razón y ustedes tenían sus manos metidas en todo esto?, las dos mujeres brincaron al verse descubiertas.
-¡Archie cariño, no es lo que tú crees!, tu tía me obligó ayudarla, Elroy veía el cinismo de la morena y enseguida se defendió.
-¿Acaso también vas a decir que te obligue a falsificar las cartas que le enviaste a mi sobrino mientras yo me encontraba de viaje?, Archie veía asombrado a una y otra mujer, su tío dejó de buscar a Candy después de recibir una carta en donde ella le suplicaba que la dejara en paz, que se había ido a vivir con Terry como su amante, porque él debía cumplirle a Susana, aunque fue doloroso ambos habían decidido respetar la voluntad de Candy, y por sugerencia de Elroy ambos habían viajado a ocuparse de los negocios en Europa.
-¡Tu, eres una arpía!, Annie desde ya considera terminado nuestro compromiso, dando unos pasos hacia ellas les arrebató la invitación de las manos.
-Hijo…¡no le cuentes nada a tu tío por favor!, la anciana lloraba suplicante, el joven se detuvo sin voltearse, si la veía a la cara le iba a decir cosas muy desagradables.
-Si usted tuvo el valor de hacer semejante atrocidad contra Candy, ahora tenga el valor de afrontar las consecuencias, ¡claro que mi tío se va a enterar cuando sepa exactamente qué fue lo que sucedió!, sin más se retiró, al salir se encontró de frente con el médico que presuroso respondía a llamando que habían hecho.
En la sala, Elroy Andrew caía sin conocimiento al suelo, presa de la impresión que la discusión con su sobrino le había causado para exhalar su último aliento, el médico no pudo hacer nada por ella pues sufrió de un infarto fulminante, Annie inmóvil veía como en cámara lenta todo lo que sucedía a su alrededor hasta que su madre llegó por ella, parecía estar ajena a la realidad, Archie corría a su casa y armaba una maleta aún estaba a tiempo de tomar el último tren a New York, tenía que saber el paradero de Candy y porque utilizaba ahora aquel apellido, finalmente al llegar a la dirección que decía la tarjeta, se quedaba asombrado al ver a Alice, era el vivo retrato de su gatita de niña, se enteró a medias de todo aquella historia y el parentesco de ellos con Candy, aunque indeciso le escribió una larga carta a su tío y le contó que Candy estaba con su familia y que se encontraba bien, también le dijo sobre Annie y su tía y le avisaba que pronto iría a reunirse con él, si ella había decidido casarse con Neil, entonces él no tenía más que respetar su decisión, las primas de Candy le había contado lo enamorados que estaban y eso le bastó para estar tranquilo, las personas definitivamente podían resultar ser muy diferentes a como uno pensaba, él mismo podía dar fe de aquello pues Annie se hacía pasar delante de todos por alguien que no era y hasta a él logró engañarle por muchos años, dos días más tarde se embarcaría rumbo a Europa y no fue hasta su llegada que se enteró del fallecimiento de la tía abuela.
Candy y Neil regresaban un mes más tarde, encontrándose con la grata noticia que ya le habían otorgado la baja, eso lo hizo respirar aliviado, por lo que decidieron alejarse de todo lo que les pudiera recordar su pasado y se fueron a Canadá, en donde Neil poseía varios negocios que había heredado de su abuelo, se desligo de casi toda su familia, solo se comunicaba con su padre que de vez en cuando los visitaba y pasaba algunos días con ellos, los Makenzie eran visitantes asiduos de los Leagan, tanto que poseían una hermosa propiedad junto a ellos, sus primas eran novias de sus hermanos y por ello regularmente también viajaban a visitarlos, su vida en común tuvo altas y bajas como todo matrimonio, pero siempre se mantendrían juntos pues su amor es a prueba de todo y sin perder esa chispa de pasión que se encendía cuando estaban a solas en su habitación, la llegada de su primer hijo fue el inicio de una nueva etapa de sus vidas y un cierre definitivo con aquel pasado que tanto sufrimiento había causado.
FIN
GRACIAS POR DARLE UNA OPORTUNIDAD A ESTA HISTORIA.
