Cedric no sabía cómo había acabado en aquella situación. O el mundo entero se había vuelto loco o el loco era él. Nunca había estado muy seguro de su cordura, particularmente, pero aquello no podía ser normal, era demasiado absurdo.
En ese momento dos criados le estaban tomando las medidas para confeccionarle una túnica de gala blanca con las mejores telas del reino y podía ver a lo lejos a la Princesa Amber organizando toda la Sala del Trono para convertirla en un salón de bodas majestuoso.
La Princesa Sofía estaba en un rincón, enseñando a un conejo, una ardilla y dos pájaros a asistirla como damas de honor y Calista estudiaba su discurso para oficiar una boda correctamente.
Incluso el Príncipe James estaba ayudando con los arreglos y se había ofrecido para llevar a su hermana al altar como padrino de la novia.
Cedric parecía ser el único en todo el Castillo que podía ver que todo aquello era un completo disparate. ¿Nadie más había reparado en el hecho de que era él quien iba a casarse con Sofía? ¿Es que a nadie le parecía mal? ¿Raro? ¿Perturbador? ¿Por qué tanto pasotismo? ¡Estaban casando con una niña de doce años! ¡Con él!
Al terminar de tomarle las medidas, los criados se retiraron.
― ¡Cedric!―gritó alguien malhumorado detrás de él, haciéndole voltearse asustado.
― ¡Wormwood!―exclamó de alegría al ver al cuervo― Querido amigo, tienes que sacarme de aquí. ¡Esto es una pesadilla! ¡Están todos locos!
― ¿Locos? ¿Quiénes?
― ¡La Princesa Amber! ¡Y Calista! ¡Y los criados! Y a Sofía no le importa, Wormwood―dijo cogiendo al ave con ansiedad con ambas manos―, ¡NO LE IMPORTA! Soy el único en mis cabales aquí. No puedo hacer esto, no puedo… ¡AYÚDAME!
― ¡Cedric! ¡Compórtate, por el amor del cielo!―gritó el cuervo, enojado, liberándose de su agarre― ¿Qué es todo este berrinche? ¿Es que no eres un hombre? Uno pensaría que demostrarías más dignidad en el día de tu boda…
― ¡QUE NO ES EL DÍA DE MI BODA!―replicó el mago.
― ¿Entonces cómo explicas toda esta parafernalia?―preguntó señalando a su alrededor con las alas― Y que te están haciendo un traje de novio ahí detrás, ¿eh?
― ¡ES UN JUEGO! ¡UNA FARSA! Es un juego de niñas, Wormwood, ¡yo sólo soy un rehén!―exclamó Cedric, exasperado― ¿No lo entiendes? Nada de esto es real. ESTAMOS DENTRO DE UNA FANTASÍA INFANTIL.
Cedric le agarró de nuevo, pegando su cara a la de él. Sus ojos brillaban con un deje de demencia, Wormwood le miró con lástima y sacudió la cabeza.
― Así que… Por eso estás así.
El mago le miró sin comprender.
― Estás así―continuó el cuervo―porque a ti te gustaría que todo esto fuera real, pero es sólo una actuación. Estás histérico porque no vas a casarte con Sofía de verdad. Y tú quieres casarte con ella muy enserio.
Cedric estaba rojo de cólera y vergüenza entremezcladas, de sus orejas podría empezar a salir humo de un momento a otro.
― ¿¡PERO QUÉ DICES!?―bramó furiosamente, el ave salió de su agarre y batió sus alas en el aire― ¿CÓMO PUEDES DECIR ALGO ASÍ? ¿ES QUE ESTÁS MAL DE LA CABEZA?
― Huh, y lo dice el que fantasea con casarse con una niña…―respondió Wormwood, mordaz, soltando una carcajada.
El cuervo levantó el vuelo rápidamente antes de que el mago se le echara encima como una furia.
Calista y Sofía pasaban por allí justo para encontrar al Mago Real gritando como un energúmeno y corriendo de un lado a otro persiguiendo al ave.
― Los típicos nervios de antes de la boda…―comentó Calista, sacudiendo la cabeza con condescendencia antes de continuar su camino.
Sofía, por otra parte, se quedó observándole con preocupación. Cedric se veía realmente alterado, puede que no estuviera cómodo con la situación, después de todo.
Desde una cautelosa distancia, le llamó.
― Señor Cedric… ¿podemos hablar?
El hombre detuvo su caza de inmediato y carraspeó con nerviosismo antes de seguir a la princesa a los jardines.
En un íntimo rincón entre rosales, ella se detuvo y le habló con suavidad.
― Oiga… Esto se ha vuelto un poco más… elaborado de lo que teníamos pensado en un principio. En realidad, yo había pensado que sería algo más bien sencillo y bonito. No digo que esto no esté quedando bonito, está precioso, pero… Perdóneme si me equivoco, pero le veo preocupado. Tal vez todo esto sea mucha presión para usted y… Lo siento. Lo que quiero decir es que, si no quiere continuar, lo entenderé. Y Calista respetará su decisión también.
Cedric la miraba con pasmo, incapaz de concebir una respuesta.
Al notar su silencio, Sofía miró al suelo, mordiendo su labio inferior.
― Bueno, pues… Voy a… a decírselo a los demás. Estoy segura de que podemos idear otra cosa.―a Cedric no se le escapó el tono apagado de su voz― Tal vez a Calista le gustaría casarse con James. Aunque ella tenía ilusión por oficiar la boda, pero también le gustará hacer de novia…
Sofía se dio la vuelta, como por acto reflejo, Cedric se estiró hasta alcanzar su mano para impedirle marchar, pero en el proceso tropezó con el bordillo de piedra y cayó hincando una rodilla en el suelo.
La princesa le miró sorprendida, con las mejillas sonrojadas y los ojos humedecidos con lágrimas contenidas. Él se quedó mudo con la visión de su rostro, de rodillas ante ella, sosteniendo su mano entre las suyas.
― Eh… P-princesa…―balbuceó cuando por fin fue capaz de articular sonidos de nuevo―Yo… Estoy algo abrumado, es cierto. P-pero me sentiría mejor si supiera…―guardó silencio, avergonzado y luego tragó saliva para continuar― Si supiera que tú… realmente quieres que sea yo quien…
No podía. No podía decirlo, era demasiado vergonzoso como para ponerlo en palabras.
Sofía esbozó una sonrisa tímida.
― Señor Cedric, no se me ocurre nadie más adecuado que usted para hacer esto.
Cedric la miró con ojos como platos, su corazón se detuvo un momento en su pecho y luego comenzó a latir con tanta fuerza que parecía podría explotar.
― Estás diciendo que… ¿Que tú querrías…? ¿Conmigo? ¿Tú?
La princesa soltó una risita.
― Sí. Sí quiero.―pronunció.
El mago emitió un ruidito agudo desde el fondo de su garganta.
En ese momento Calista apareció desde detrás de los arbustos, con Wormwood posado sobre su hombro.
― ¡Estabais aquí! Os estaba buscando. ¿Qué hacéis?―la niña analizó la escena y entonces sonrió y aplaudió entusiasmada― ¡Ah! ¡Claro! ¡Primero tenías que pedir su mano! ¿Cómo se me ha podido olvidar eso? ¡Es súper importante!
Wormwood soltó una carcajada y Cedric de pronto fue consciente de su posición. Abochornado, se levantó del suelo de inmediato y se sacudió la ropa con impaciencia, intentando recuperar su dignidad.
― Si habéis terminado aquí… Sofía, tienes que probarte tu vestido nuevo.―dijo Calista.
Sofía asintió y se dejó guiar hacia el castillo, dejando a Cedric patidifuso entre los rosales.
― ¿Y bien, Romeo? ¿Se han aclarado tus ideas?―le preguntó el cuervo, con sorna.
El mago le lanzó una mirada fulminante, pero al ver a la princesa despidiéndose de él alegremente con su mano, no pudo evitar que sus labios se tornasen en una sonrisa de pura felicidad.
…
El Rey y la Reina regresaron de sus asuntos en la ciudad.
― ¿Se puede saber qué está pasando aquí? ―exigió Roland ante la visión del Salón del Trono completamente transformado en una capilla de bodas. Un altar había sido colocado justo frente a la enorme vidriera que representaba a la familia real.― ¡Amber!
― Ahora no puedo, papá, estoy trabajando. Estamos a punto de comenzar.
― ¿Comenzar qué? ―preguntó Miranda, sin comprender― ¿Qué es todo esto?
― ¡Besitos! ¡Os veo luego!―se despidió la princesa mientras se desplazaba de un lado a otro, ajetreada.
― ¡Será posible!―bramó el rey, indignado.
En ese momento Calista caminaba frente a ellos y la reina la cogió por banda.
― Calista, cielo. ¿Nos puedes decir qué es todo este revuelo que habéis montado?
― ¡Jugamos a las bodas!―respondió la niña alegremente.
― ¿A las bodas? Oh, ya veo…
― ¿Pero por qué tanto barullo? ¿No podíais jugar en la habitación?―preguntó Roland.
― Es que Amber quería hacer una boda a lo grande.
― Eso es típico de ella, sí…―admitió él.
― Bueno y… ¿quién se casa?
― Mi Tito Ceddy―contestó con el pecho hinchándose de orgullo.
― ¿En… serio?―él no parecía poder creerse la respuesta.
― ¡Roland!―le reprendió la reina―Parece que va a ser una boda estupenda, os felicito.
― ¡Gracias! Voy a seguir preparando las cosas.―dijo, y se marchó dando brincos.
El rey y la reina se miraron por un momento.
― Querido, deja que las niñas se diviertan.
― Miranda, una cosa es divertirse, pero esto… ¿No es un poco…? ¿Siniestro?
― ¿Por qué? Es normal que se sienta de esa manera, es la figura masculina que le sirve de modelo.
― ¡Es su tío!
― ¿Me estás diciendo que Amber no quería casarse contigo también cuando era pequeña?
― ¡Con cuatro años! No con casi ocho que tiene Calista.
― Bueno, cada uno es como es. Estoy segura que a Cedric todo este asunto le hace tanta gracia como a ti.―opinó Miranda.
Roland lo sopesó por un momento, entonces sonrió con malicia.
― Tienes razón. ¿Y no crees que… podría ser divertido verlo?
― ¿Qué?
― ¡No puedo perderme la cara de Cedric siendo obligado a jugar a las bodas!―expresó el rey, soltando una sonora carcajada.
Su esposa le miró seriamente.
― ¿Sabes, querido? A veces tengo la impresión de que en el fondo eres una mala persona.―le dijo cortante.
― Pero me quieres igual.―apuntó él de buen humor― ¡Por favor!
― Está bien. Como quieras. Yo no sé por qué odias tanto a ese pobre hombre. Parece que cada vez que lo pasa mal a ti te entra la risa.
― Vamos a sentarnos en el banco de atrás, que no nos vea. ―sugirió Roland con entusiasmo.
