Disclaimer: Los personajes son propiedad de Meyer, la historia es de mi imaginación.
Summary:
"Edward Cullen, el jugador de fútbol más exitoso tiene una vida bastante complicada con un revoltoso niño de cinco años. Lo que menos necesita ahora mismo es esa atractiva mujer que llegará a controlar su carrera y probablemente su corazón."
CAPÍTULO TRECE
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Alice se encontraba allí, de pie, mirando aquellos ojos azules hipnóticamente paralizantes. Dulce bebé Jesús pensó, es un maldito hombre con suerte. Antes de que ella pudiera tener alguna reacción, el hombre rubio ya la había arrinconado contra la pared de la discoteca en la que se encontraban, perdiéndose en la oscuridad, con las luces apenas tocándolos. Las manos avariciosas del rubio estaban por todo el cuerpo de Alice, sintiendo lo bien formada que estaba por todas partes.
Alice sonrió complacida porque reconocieran lo hermosa que era. Se estremeció cuando sintió las manos del rubio pasar de sus piernas a sus muslos y al interior de éstos, gozando de la suavidad de su piel. Gimió al sentir contra su estómago la erección de hombre. Su sonrisa se amplió aún más y comenzó a besarlo de nuevo, invadiendo su boca con su lengua, gozando del sabor a alcohol en ésta. Perfecto, se dijo, él no me recordará cuando lo deje tirado en el baño.
—Oh, nena —gimió el chico, sintiendo lo empapada que estaba con sus dedos—. Ya estas lista.
—Yo siempre estoy lista —contestó ella con voz ronca y con una pequeña sonrisa de placer en su rostro.
Sin embargo, antes de que el chico rubio pudiera hacer algún otro movimiento se alzó, mirándola a los ojos. A Alice no le pareció una buena idea que le mirara de esa forma. Se quedaron por unos momentos sin moverse, con las respiraciones agitadas y sus labios casi tocándose de nuevo.
—No voy a tener sexo contigo en el baño —le dijo él con la voz ronca, moviendo despacio su dedo de nuevo en su entrepierna.
Alice pudo sentir una punzada de decepción mezclada con la punzada de placer cuando el dedo del chico tocó su punto sensible.
—Por eso vamos ahora a un lugar con alguna cama —le volvió a decir, acercándose a ella de nuevo para juntar sus labios y besarla fuertemente, metiendo su lengua en su boca, explorándola por completo—. No creo que merezcas un revolcón en unos baños sucios.
Alice sabía que lo que el chico rubio le estaba diciendo era malo. Bastante malo. Lo que ella realmente quería era sólo un revolcón de una noche. Nada de caricias. Ella quería una cogida rápida, dura y sin miramientos. Ella quería ser utilizada en esos momentos. Ella probablemente quería ser golpeada también.
Sin embargo, posar su culo en alguna superficie probablemente bastante sucia no le agradaba mucho.
Cuando finalmente pudo darse cuenta de algo, la puerta de la habitación del hotel se había cerrado detrás del chico de ojos azules y cabello rubio. Se le hacía tan conocidos… probablemente le había visto en alguna parte. Alejó cualquier pensamiento estúpido que pasaba por su mente y se dedicó en admirar el buen torso que el chico tenia y mostraba después de sacarse la camisa. ¿Cómo jodidos se mantenía de esa manera?
— ¿Vas a decirme tu nombre para poder decirlo cuando me entierre en ti? —le dijo con una voz llena de deseo.
Ella tragó saliva. Se supone que no hay nombres en una noche.
—Alice —ella dijo, completamente hipnotizada. Algo en el rostro del chico le hizo quedarse en piedra por un momento, pero en menos de un minuto se recuperó—. ¿El tuyo?
—Sólo Jasper.
¿Jasper? ¿En dónde había escuchado ese nombre antes? Su mente llena de alcohol no ayudaba mucho.
Justo antes de que ella pudiera descifrar y recordar en donde había escuchado aquel nombre, el chico ya estaba sobre ella de nuevo, clavándole la erección en su vientre, buscando algo de fricción. Ella gimió, sintiéndolo por completo, y ni siquiera estaba dentro de ella aun. Cuando cayó en la cama, se perdió y no hizo nada más que sentir.
El agua de deslizó por el cuerpo de Bella una vez que comenzó a subir por las escaleras hacia un lugar seguro. Ella estaba ridículamente enfundada en un traje de buzo, sintiéndose apretada y… tonta. Le dedicó una brillante sonrisa al chico que le había ayudado a salir del agua y se quitó los visores rápidamente.
Todo por tener feliz a estos chicos.
El mismo chico le ayudó a quitarse el tanque de oxígeno que estaba sobre su espalda y ella lo agradeció, sintiéndose como si tuviera el doble de su peso sobre ella. Soltó un suspiro y miró de nuevo en dirección al agua. Claramente se veían las figuras de las personas debajo del agua. Dos figuras pequeñas estaban junto a un tiburón. Bella tragó pesado. Ese era el motivo por el cual se había salido de allí. Odiaba los tiburones. También observó cómo Edward se mantenía cerca de los niños, mirando sus movimientos.
—Señorita, probablemente quiera ir a cambiarse. No parece que le guste mucho llevar el traje puesto —llamó el chico. Ella arrugó la nariz, ¿tan evidente era?—. Se le nota en la cara —explicó sin dejar de sonreír. Ella supo de inmediato que él tenía cierta fascinación con ella ahora—. Detrás están los baños para cambiarse, puede ir allí.
Les echó un último vistazo a las figuras debajo del agua y se volvió hacia donde habían dejado sus bolsos. Tomando el suyo, emprendió el camino hacia los baños.
—Muchas gracias —le dijo y entró allí.
Esas vacaciones eran fantásticas y ni siquiera cumplían un día allí. Esa mañana, Edward los llevó a desayunar comidas extrañas que sólo se hacían en la isla. Bella se enamoró de la comida. Por supuesto que los niños se fueron por lo más sencillo que había allí.
La relación que ella tenía con Niklaus se estaba fortaleciendo cada vez más y ella lo único que hacía era darle la atención y amor que se merecía un niño como él. Lo quería, mucho, y ella sabia cuán importante era que el pequeño y ella tuvieran una buenísima relación para Edward.
Cara también era una niña bastante traviesa, pero un poco mejor portada. Ella también necesitaba una figura maternal de verdad y no sólo a su nana. La niña siempre se acercaba a Bella cada vez que quería decir algo y estaba enojada con Niklaus. Bella notaba que su relación con los hicos Cullen era enorme y también irrompible. Edward la miraba como una hija más y Cara lo miraba como un padre.
Cuando salió de baño, pudo observar las dos figuras de los niños salir del agua. Su tanque de oxígeno era mucho más pequeño que el que ella había utilizado y una pinchada de envidia le invadió. Esa cosa era pesada para ella. Detrás de ellos, estaba la enorme y buena figura de Edward. Joder con ese chico. Ella amaba que se ejercitara la mayoría del tiempo. Ella realmente estaba bromeando cuando dijo que se pondría gordo en el verano. Ella se negaría rotundamente a aceptar a Edward gordo… o quién sabe, probablemente eso nunca pasaría. Edward nunca dejaría que eso sucediera con su cuerpo porque era demasiado vanidoso cuando de éste se trataba.
Se aseguró de cepillar muy bien su cabello húmedo y caminó hacia a ellos con una suave sonrisa en el rostro. Rápidamente se vio rodeada por los niños. Su vestido veraniego color blanco se mojó al tener dos pares pequeños de brazos alrededor de su cintura.
— ¡Bella, has salido antes! —exclamó Niklaus con el ceño fruncido. Se parecía tanto a su padre cuando hacia eso…
— ¡Te perdiste la diversión! ¡Pudimos tocar al tiburón! —siguió Cara,
— ¡Esta fue la segunda vez que lo hice! —presumió Niklaus, mirando a Cara de reojo, ella le enseño su sonrosada lengua y apretó más los brazos alrededor del cuerpo de Bella.
—Bella y yo lo miramos por primera vez. Eso lo hace más especial.
—Claro que no. Es más especial mirarlo por segunda vez. Cuando lo vez por segunda vez ya no es necesario mirar como lo hace el instructor.
—Pero el tiburón ya te conocía, seguro que no le agradas. Yo le agrado más porque soy una niña.
—Hey… —la voz de Edward hizo que los niños guardaran silencio y Bella alzara la vista hacia a él. Ya se había quitado el tanque de oxígeno, los visores y el traje de buzo le llegaba sólo debajo de su cintura. Se había sacado la parte de arriba porque se miraba ciertamente ridículo también pero la parte de abajo aún se ceñía bastante a su cuerpo marcando sus buenas piernas y su buen trasero. Bella suspiró suavemente. Edward le dedicó una sonrisa significante cuando notó el significado de su mirada—. ¿Por qué están peleando, ustedes dos? ¿y por qué tienen sus manos empapadas alrededor de mi Bella?
Niklaus y Cara fruncieron el ceño al mismo tiempo.
—Es mi Bella —dijeron los niños en un unísono. Cuando se escucharon, se miraron con recelo.
Edward rio, haciendo que los pequeños se cabrearan un poco más.
—Lo lamento, pero no es así como se manejan las cosas aquí.
Bella se cruzó de brazos, y con ese simple gesto ya tenía la atención de los tres sobre ella. Ella estaba mirando a Edward por supuesto, con una cela alzada.
—Me gustaría que no hablaran de mí como si fuera una cosa, algo que necesita propiedad y que lo hagan mientras estoy presente.
— ¿Verdad que eres mi Bella? —preguntó Niklaus, parpadeando en su dirección. Él sabía cómo usar ciertos encantos. Sus largas y oscuras pestañas estaba mojadas haciendo que sus ojos se enmarcaran aún más. Jesús, pensó Bella¸ este niño va a ser un gran rompecorazones.
—Cariño, yo no tengo dueño, ¿acaso soy algún perro doméstico?
Cara se apresuró a negar con su cabeza. ¿Cómo se atrevía a decirse a sí misma que era como un perro? Bella era bastante bonita.
—No, no lo eres, pero yo quiero que seas mía —insistió Klaus.
—Pues, no soy de nadie, pero soy tu amiga, también soy amiga de Cara —les dijo sonriendo al momento en que acariciaba sus cabellos mojados. Había cierta brisa corriendo por allí. Cierto pánico le inundó al saber que ellos podrían enfermar por llevar puesta esa cosa aun.
— ¿Qué eres para mi papá? —insistió el niño.
—Su novia, pero no soy completamente suya, él debería saberlo. Es de mala educación decir que alguien es de su propiedad.
Edward bufó frente a ella y sacudió la cabeza. Claramente él no estaba de acuerdo con lo que ella decía.
—Sigue diciéndote eso, nena.
Cara sonrió y sintió sus mejillas sonrojar al escuchar a Edward decirle de esa manera a Bella. ¡Era como las películas que le gustaba ver a Marissa!
—Si van a seguir discutiendo, será cuando ya estén con la ropa seca, ustedes dos —miró de nuevo a los niños, que habían aflojado lentamente su agarre en ella—. Vamos, necesitan vestirse, si enferman entonces tendremos que irnos pronto de aquí, ¿no es así, Edward?
—Así es, señorita Bella —dijo él con cierta diversión.
En cuanto escucharon las indicaciones, ambos niños salieron corriendo por sus cosas dándose empujones. Edward se acercó a Bella, rodeándole su cintura con los brazos y besando su mejilla.
—No puedo creer que les hayas dicho que no eres algo así como mía.
Ella rodó los ojos y alzó la mirada hacia a él, dándole a entender completamente que ese comentario había sido estúpido. Después de que un extraño pensamiento se posó sobre su mente, sonrió. Acercándose más a él.
—Aún no puedes reclamarme como mía.
— ¿Es porque aún no te he hecho mía? —dijo él con voz tensa.
—Me gustas porque eres muy inteligente, guapetón — le dijo ahora de manera seria—. Lo seré alguna vez, en la cama…. O en cualquier otra superficie donde pueda sostenerme. Si me haces gritar, entonces tendrás todo el derecho de decir que soy tuya, sino, entonces… lo lamento.
—Joder, nena, sigue diciéndome eso y mis bolas quedarán azules por no tener algún tipo de liberación —gruño, acercándose a ella. Tenía que contenerse, ni siquiera podía tener una erección porque ese maldito traje de buzo lo mostraría todo.
—No queremos que eso pase, ¿cierto? —le dijo en tono de burla. Ella sería la perdición de él. Se puso de puntitas y besó sus labios—. Piensa en otra cosa, yo iré a ayudar a esos diablillos a cambiarse. Creo que Niklaus lo hará frente a todos.
Mientras ella se alejaba, él se dijo a sí mismo que cuál era la ayuda que ella le estaba dando al decirle que pensara en otra cosa, si su vestido de verano blanco estaba empapado y se pegaba a ella, dejando ver su ropa interior blanca. ¡Joder, ella estaba usando una tanga blanca!
Sacudió la cabeza y corrió al baño para poder deshacerse de esa imagen.
Justo como la primera vez que fueron allí, Edward les compró a los niños un recuerdo en forma de peluche. Esta vez, Niklaus había escogido un tiburón del tamaño de todo su torso, y Cara, había escogido un caballo de mar casi tan grande como ella. Esta vez, los delfines se habían cancelado porque era algo así como su día de descanso. La decepción en los ojos de Cara era enorme, Bella sintió como su pecho se apretaba y le dijo a Edward que debían venir mañana de nuevo para poder realizarla.
—De acuerdo, niños, ¿Qué les parece si vamos ahora a un paseo por la laguna?
La voz de Edward le recordó a Bella a un niño de la misma edad que su hijo, lo cual le hizo sonreír. Últimamente ella tenía una enorme sonrisa en el rostro. Estaba segura de que tendría algunas arrugas pronto en sus ojos y en su boca como siguiera haciendo eso. Suspiró en silencio, observando como los niños comenzaban a discutir cosas.
— ¿Crees que haya cucudrulus en la laguna? —preguntó Niklaus, caminando hacia atrás mientras se dirigían a la camioneta.
—Según el folleto… —Edward alzó el pedazo de papel y con la otra mano siguió sosteniendo la de Bella—. Según esta cosa, dice que hay algunos cocodrilos en ese lugar. Así que probablemente puedas ver algunos.
Cara se abrazó aún más a su enorme peluche.
—No, cocodrilos no. Dan miedo.
Klaus bufó a su lado y abrió la puerta trasera del automóvil, mirándola.
—No dan miedo, es sólo que tú eres una niña que no sabes de cosas.
Cara abrió la boca, haciendo una perfecta "o", se acercó a darle un golpe a Niklaus en la frente con la planta de su mano y después subió a la camioneta.
—Y tú eres un niño que no sabe de peligros.
—Cara, tenemos la misma edad.
—No, yo cumpliré siete pronto.
— ¡Eso es mentira! —Subió Niklaus también detrás de ella y esperó a que su padre cerrara la puerta—. Falta mucho para eso.
—Tú no sabes cuándo es mi cumpleaños.
—No, pero no es pronto.
— ¡Sí lo es! ¡Mi papi me dijo!
—Pues mi papi sabe que tu cumpleaños no es pronto.
—Que sí.
— ¡Argh! —gruñó Niklaus con el ceño fruncido y miró de reojo como Edward y Bella subían a sus respectivos lugares y comenzaban a avanzar—. ¡Y después te quejas de por qué estoy con otras niñas!
— ¡Yo no me quejo, Niklaus!
—Sí lo haces. Te pones toda celosa.
—Tú eres un tonto ¿para qué quieres más niñas?
— ¡Tú dices cosas tontas!
Cara apretó los puños y abrazó sus rodillas con la mirada hacia la ventana, diciéndose a sí misma que ignoraría a Niklaus en todo el camino. ¿Cómo se atrevía a decirle eso a ella? ¡Ella estaba en lo correcto! Su padre le había dicho que su fiesta de cumpleaños seria pronto y habría bastantes caballos por todos lados. Su papi no le podría mentir.
Niklaus esperaba que ella volviera a decir alguna palabra para poder seguir peleando con ella. Niklaus odiaba que él siempre se quedara con la última palabra y que no obtuviera respuesta. Se quedó allí, sentado, con las piernas cruzadas en forma indio y suspiró mirando a Cara. ¿Por qué ella tenía que ser su novia? Niklaus no miraba que Edward y Bella se pelearan de esa manera. Ellos siempre estaban sonriendo y se tomaban de la mano. Niklaus y Cara también se tomaban de la mano a veces pero era molesto. No podía correr tanto como quería.
Escuchaba como Bella y su papá hablaban ahora acerca de las extrañas plantas que habían a su alrededor. Bella se miraba bastante curiosa y sus ojos estaban grandes y brillantes. Su papá estaba sonriendo todo el tiempo, ¡nunca había visto a su padre sonreír todo el tiempo!
Suspiró y se acercó a Cara lentamente. Ella percibió su movimiento, por supuesto, pero él siguió acercándose hasta donde estaba y quitó una de sus manos cerradas en puño para poder tomarla entre las suyas, acariciándola como si fuera una persona grande.
—Lo lamento, Cara —las voces de Bella y Edward bajaron—. Sé que a veces no sé lo que estoy diciendo y te digo esas cosas… pero yo te quiero mucho. Las otras niñas no me interesan a mí. Yo sólo quiero que seas siempre mi novia. Sólo mía.
Cara le miró, apretando su labio inferior entre sus dientes.
—Bella dice que no soy propiedad de nadie porque no soy ningún perro.
—No, pero no eres novia de alguien más. Sólo eres mi novia, ¿cierta?
Cara se quedó en silencio, mirando los preciosos ojos azules que tenía Niklaus. Él frunció el ceño cuando ella no le contestó.
— ¿Seguimos siendo novios, Cara?
Edward, que estaba con una sonrisa llena de burla en su rostro, disminuyó la velocidad para poder ganar tiempo y dejar que ellos siguieran con su drama de niños de seis años. Y todo había comenzado sólo porque querían saber si habría algunos cocodrilos en la laguna. Ellos se peleaban por la más mínima cosa que había, pero cuando esos sucedía Niklaus terminaba rogándole a Cara porque volvieran a estar juntos.
—Sí, lo seguimos siendo. Pero si vuelves a decir que quieres estar con otras niñas y no conmigo entonces terminaremos para siempre —sentenció la niña de ojos grises mirando fijamente a Niklaus. Niklaus tenía unas cejas bastante chistosas, pensó Cara, siempre estaban un poco más oscuras que su cabello.
— ¡Sí! —gritó Niklaus, lanzándose hacia a ella y abrazándola con fuerza—. Te prometo que me voy a portar bien… pero tu cumpleaños aún no se acerca.
Cara lo miró enfadada.
— ¡Klaus!
El niño rio por lo bajo y se acercó a besarle la mejilla.
La experiencia de ir en una lancha pequeña con Edward, Cara y Niklaus se podría decir que era casi inolvidable. ¡Ellos eran todo un show! El que guiaba la lancha tan sólo se dedicaba a mirar a Cara y a Niklaus con diversión y… a Bella, de arriba abajo, mucho tiempo. Al igual que el chico del buceo. Por supuesto que Edward lo había notado y se sentó bastante cerca de Bella al punto de colocarla en su regazo y posar su mano discretamente en su pierna. Bella había reído por su reacción, pero también se había inclinado para besar sus labios un par de veces. Además de hacer eso, Edward no envió miradas matadoras, tampoco hizo comentarios de doble sentido y a la mitad del viaje dejó que Bella se levantara y fuera con los niños a comentar sobre lo que había a su alrededor.
Bella estaba alegre de que Edward no fuera celoso. Lidiar con un novio celoso de nuevo no sería nada agradable, no después del último.
La isla seguía siendo magnifica, hermosa. Hacía que Bella quisiera volver pronto. Pero entonces miró como la piel de sus hombros y piernas se iba tornando de un color rojo y se lamentó por eso. Por supuesto que los niños llevaban bloqueador solar para niños, pero eso no evitaba que sus mejillas y nariz estuvieran sonrosadas.
Edward pensaba que Bella era la mejor idea que había tenido en toda su vida. ¡La mejor! Tener a Niklaus sonriendo, riendo y corriendo felizmente hacia que él también se sintiera de esa manera. Además, la mujer a la cual quería bastante también estaba feliz, estaba sonriente, estaba gozando de todo eso. ¡Y Edward lo había hecho! ¡Edward había tenido la idea! Sintió como su pecho crecía por eso.
Bella era preciosa, con una sonrisa, todo su rostro se iluminaba. Su nariz respingona era bastante llamativa y hacia que su rostro se viera aún más precioso. Sus ojos color chocolate brillaban y su cabello largo de ondulaba en su espalda. ¿Por qué jodidos tenía tanta suerte?
En el día número dos, los cuatro decidieron que pasarían el día en la playa. Edward realmente quería ir a la playa con Bella y verla en algún bikini revelador. Era cruel todo lo que sucedía en esos momentos. La noche anterior estaba seguro de que se iría a dormir con Bella porque estaban sólo dos habitaciones, pero entonces Niklaus comenzó a reclamarlo justo cuando llegaron y todo se fue a la mierda. Cara había dormido en la misma cama con Bella, y Edward se había acomodado en una cama matrimonial con su pequeño. Antes de que Niklaus durmiera, Edward casi le suplicó que debía aprender a dormir sólo y que aceptara que papá tenía su propia habitación.
Suspiró, despejando su mente y se concentró en las olas del mar que estaban frente a él. El agua era así de un color turquesa y la arena estaba completamente blanca. Eso no se miraba mucho en algunos otros lugares. Además, la playa estaba así desierta excepto por una familia de siete personas a unos quince metros de distancia. Eso era fantástico. Un poco más retirado, estaba un muelle donde podían subir a motos acuáticas y andar por la superficie del mar durante el tiempo que se requería siempre y cuando no se bajaran de la moto. Edward planeaba rentar las motos acuáticas durante el tiempo que ellos quisieran más tarde.
Sintió como alguien se paraba detrás de él y sonrió al sentir la suave mano de Bella deslizarse por su brazo.
—Hola, señor Cullen, ¿está disfrutando de la vista? —le dijo con su voz suave, colocándose ahora en su costado. Él se volteó para quedar frente a ella y se apartó un poco para poder examinarla de arriba abajo.
Dulce bebé Jesús.
Bella estaba utilizando un bikini color negro que contrastaba con su piel bronceada. El negro hacia que su culo se mirara muy apetecible, y la parte inferior del bikini era strapless, era lo indicado para el tamaño de sus pechos. Por suerte ella no estaba plana como una tabla de surf, ella tenía lo suyo. Edward disfrutaría de eso alguna vez.
Él sonrió sin apartar la vista de ella hasta encontrarse con sus ojos.
—Sí, es una vista bastante agradable —le dijo también, sobre el sonido de las olas del mar y volvió a juntarse con ella—. ¿Tú estás disfrutando aquí?
Ella le dedicó una sonrisa, sintiendo como sus mejillas se sonrojaban.
—Sí, estoy disfrutando bastante todo esto. Muchas gracias, de hecho.
—No es nada, nena. Yo sólo quería que disfrutaras con nosotros una experiencia típica en nosotros.
—Ah, bueno, pues ahora entiendo porque no les emociona bastante… —miró de reojo a los niños corriendo por la arena— o al menos a ti.
—Simplemente sé cómo comportarme para poder disimularme y parecer más interesante frente a ti —le dijo y apretó los labios para no poder sonreír y se inclinó sobre ella, rodeándola por completo con sus enormes brazos, colocando las manos en su espalda baja.
—Eso te hace aún más feo, ¿lo sabias? Le gente resulta bastante agradable cuando aceptar emocionarse por algo —ella deslizó sus manos desde los antebrazos hasta sus hombros un par de veces, alzando la cabeza para poder mirarlo directamente.
—Tú y yo sabemos perfectamente que no tengo ninguna pizca de feo —alardeó, inclinándose más hacia a ella.
—Olvidaba que eres uno de los hombres más sexis del mundo —su voz fue disminuyendo una vez que sus ojos color chocolate se posaron en los sonrosados labios de Edward.
—No debes olvidar algo así, nunca —se terminó por inclinar hacia a ella hasta juntar sus labios y la besó.
La besó de manera lenta, dulce, acariciando con amor sus labios, sintiendo lo suave que se sentían contra los suyos. Estaba disfrutando de su boca. Entonces, Bella asomó su lengua y acarició su labio inferior con la punta. Edward sabía que necesitaba controlarse un poquito, pero sentir la caliente y juguetona lengua de Bella contra él le hizo casi perder todo. El beso se intensificó y la apretó más contra él. Ella comenzó a tironear de los cabellos que estaban en su nuca y soltó un gemido cuando Edward posó sus manos en sus bien formadas nalgas, dándoles un ligero apretón.
Ella tuvo que separarse por la falta de aire y recargó su frente con la suya, con la respiración agitada.
¿Qué se suponía que era lo que tenía que esperar? Ella ya quería tener sexo con él, ¿Por qué mierda se estaba conteniendo tanto?
Suspiró y tomó su rostro en sus manos.
— ¿Crees que esta noche puedas reclamarme como tuya? —le preguntó, con una sonrisa ardiente. Sintió como Edward se tensaba contra su cuerpo y se mordió el labio para no reír.
—Mierda, mujer… —murmuró, presionándose contra ella para besarla de nuevo rápidamente— Estoy seguro de que puedo hacerlo.
—Bien —asintió—. Porque es muy probable que me sienta necesitada y yo creo que tú puedes ayudarme con eso, ¿o no?
— ¿Realmente quieres que conteste eso? ¿Enserio no sabes la respuesta a esa pregunta?
—Claro, necesito una confirmación —dijo de manera inocente.
Edward le miró de manera seria, intentando controlarse y pensar en que tenía a dos niños jugando a unos cuantos metros de ellos y que no sería nada agradable tener una erección allí mismo.
—Pues entonces sí, yo puedo ayudarte y satisfacerte muy bien —contestó, con los puños apretados descansando en sus nalgas.
Bella le sonrió de manera maliciosa, acariciando con sus delgados dedos la piel expuesta de la nuca de Edward y se presionó de nuevo contra él.
¿Quién diría que ese rostro angelical y esa actitud que muestra hacia los demás iban a resultar una fachada cuando se trataba de lo atrevido? Edward no sabía si con eso se había sacado la lotería pero era algo parecido. Jodidamente le gustaba esa Bella, le gustaba su actitud… y ni siquiera la tenía sobre su cama aun.
Se tuvieron que separar cuando la voz de Cara llegó desde unos tres metros de distancia. Bella rápidamente se convirtió en otra persona, dejando a un lado a Edward por completo. Miró a la niña con curiosidad, esperando que no estuviera herida, y una vez que su pequeño rostro no decía que algo malo había pasado, Bella pudo relajarse.
— ¡Bella! ¡Edward! —gritó hasta colocarse frente a ellos. Bella miró sobre la niña esperando ver a Niklaus en alguna parte. Lo encontró inclinado hacia algo en la arena—. ¡Vengan! ¡Vengan ahora! —siguió gritando y saltando, les tomó de la mano y los arrastró con ella hacia Niklaus.
— ¿Qué sucede, Cara? ¿Algo va mal?
— ¡Tienen que ver esto!
Los adultos se miraron por unos momentos sin tener idea de qué podía tratarse. Se dejaron llevar por la niña dando grandes pasos hacia Niklaus, el cual seguía sin poder levantarse. Se encontraba bastante concentrado en lo que sea que tenía frente a él.
Cuando finalmente llegaron allí, Bella pudo notar por qué Cara estaba bastante emocionada. En un pequeño agujero, estaban un montón de pequeños cangrejos, sin moverse y de color azul. Ella miró ciertamente fascinada a los animales en la arena. Se inclinó levemente hacia allí y miró como un cangrejo más grande estaba a su lado. Sus enormes tenazas le hicieron retroceder un poco.
Niklaus alzó la cabeza, con mechones dorados de su cabello cayéndole por los ojos y miró a Bella con una brillante sonrisa.
— ¡Mira! ¡¿Verdad que son geniales?! ¡Yo los descubrí mientras rascaba aquí!
—Sí, cariño, pero retrocede un poco, ¿quieres? —metió sus manos debajo de las axilas de Niklaus e hizo que se moviera al menos treinta centímetros lejos. Sin embargo, Niklaus seguía inclinado hacia la arena—. ¿Acabas de descubrirlo?
—Sí —dijo contento—. Cara sólo encontró uno por allá y ya estaba muerto —Bella hizo una mueca.
—Será mejor que no los molestes porque probablemente su mamá vaya contra ti.
Bella sintió como el pequeño se estremecía aun sostenido por ella y después se encogió de hombros, mirando de nuevo hacia los ojos chocolate.
—Soy un descubriosonista
Cara bufó.
—Klaus, esa palabra no existe.
—Pues existe ahora —dijo feliz.
—Si sigues molestándolos, hijo, probablemente la mamá vaya por tus pies y te arranque uno de tus dedos con su tenaza, ¿por qué no los dejas en paz?
Niklaus, por instinto, se alejó un poco más de los animales hasta quedar con su espalda pegada el cuerpo de Bella, quien le envió una mirada reprobatoria a su novio. Definitivamente no se podía tratar con él. Edward le dedicó una sonrisa.
—Sólo mantente alejado, mi amor —le dijo de manera suave a Niklaus y se inclinó para besar sus cabellos—. No los molestes porque la mamá se va a enojar y puede pasar un accidente.
—Y tal vez te quite dos dedos y no sólo uno —volvió a fastidiar Edward. Esta vez, Bella fue a golpearle con el dorso de su mano.
—No, es gracioso, Cullen.
Éste sonrió en grande y alzó las manos en forma de derrota.
— ¿Qué les parece ahora si vamos por unas motos acuáticas y nos perdemos por alguna parte del agua? —Sugirió, tomando a Cara por las axilas para colocarla sobre sus hombros—. Elijo a esta pequeña niña preciosa como mi equipo de carreras.
Una enorme sonrisa se formó en el rostro de Niklaus, olvidando por completo a los cangrejos en el agujero y se volteó hacia a Bella.
— ¡Yo tengo a Bella como compañera! ¡Sí! —exclamó con fuerza y la abrazó con fuerza.
Bella le dedicó una sonrisa, acariciando sus suaves cabellos y apartándolos de la frente de Niklaus.
—De acuerdo, pero me vas a mostrar cómo manejar una moto acuática.
— ¡Sí! ¡Yo lo hago! —gritó entusiasmado.
—Shh… enano, guarda silencio, ¿quieres? Me avergüenzas con tus gritos —bromeó Edward mirándolo. El pequeño sólo le enseñó a la lengua.
—Como digas, Edward, como digas —bufó, pero una sonrisa estaba en el rostro del pequeñín.
—De acuerdo, vayamos allí antes de que piense que es una mala idea subir a esa moto acuática —dijo Bella, dejando que Niklaus se subiera a su espalda y enganchara sus piernas en su cintura.
Cuando terminaron de colocarle el chaleco salvavidas a Cara, todo estuvo listo para poder viajar por el mar. Los niños iban delante de cada adulto, con el mando en sus manos, pero por supuesto, ninguno de los adultos les dejaba llevar el control por completo.
—De acuerdo, hay reglas, Niklaus, Bella —dijo Edward, asegurándose de colocar una mano alrededor de la cintura de Cara, pegándola más contra él. No tenía miedo de que cayera… pero si algo le pasaba a la niña, su cabeza estaría en una bandeja, de exhibición en algún lugar público y tendría grabado que Jasper había cortado esa cabeza—. El equipo que llegue primero al otro lado de la costa, va a ganar. El equipo que pierda entonces tendrá que preparar la cena de esta noche.
—Ahora no sé si yo quiero ganar —dijo Bella, haciendo una ligera mueca falsa ante el comentario de su novio. Edward pudo escuchar la diversión en su tono de voz pero no pudo verla en sus ojos porque las gafas de aviador que llevaba se lo impedían—. No eres bueno cocinando, Cullen.
Edward le dedicó una brillante sonrisa, colocándose los Ray Ban de nuevo.
Santo cielo. Este hombre es hermoso.
Los pensamientos de Bella se vieron interrumpidos por la voz de Edward, que estaba acompañada de una enorme sonrisa arrogante, dando a entender que él tenía planes.
—Soy bueno cocinando pasta, nena, ¿a ti te gusta la pasta, no? A Klaus también y estoy seguro de que a esta princesita también le gusta la pasta. Así que tendremos que cubrirlo. Dedícate a intentar ganarnos.
— ¡Vamos a ganar! —exclamó Niklaus, acelerando un poco. Inmediatamente, Bella colocó su mano encima de la del pequeño, deteniéndolo.
—En sus marcas… —la voz de Cara sonó por encima del sonido del agua—, listos… ¡fuera!
Las dos motos se apresuraron a alejarse del muelle en el que estaban y conforme se aumentaba la velocidad más se acercaban al otro extremo de la costa. La risa nerviosa de Cara se escuchaba bajita, pero Edward sabía que ella estaba muy bien sujeta por su cuerpo. Con un rápido vistazo hacia la moto que iba un poco más adelante que ellos, pudo ver como Bella tenía una enorme sonrisa en su rostro, y como Niklaus tenía su ceño fruncido, con las manos sobre el mando. Sin duda Bella le estaba ayudando con eso.
Ellos se lo estaban pasando bastante bien.
Después de cinco minutos, la moto acuática de Bella llevó a la tierra, al otro lado de la costa. En cuanto la moto se detuvo por completo, Niklaus saltó con una enorme sonrisa llena de victoria y se puso a bailar allí mismo, mirando en dirección a la moto acuática de su padre, que apenas estaba deteniéndose a dos metros de distancia.
— ¡Ganamos! ¡Nosotros ganamos! —gritó sonriendo y les apuntó con su dedo—. Nosotros ganamos y ustedes no. Ustedes son perdedores, JA—JA.
Cara le miró mal, muy mal.
—Guarda silencio, Niklaus —gruñó, y con ayuda de Edward, bajo de la moto también—. La diferencia entre ustedes y nosotros es que nosotros somos mucho más guapos que ustedes.
La niña escuchó la risa divertida de Edward detrás de ella y se volteó para tomar su mano.
— ¿Verdad que sí, Edward?
—Por supuesto que sí, princesa —asintió y miró con diversión a Bella, quien llegó detrás de Niklaus y ahora tenía las manos colocadas en sus pequeños hombros—. Realmente te tomaste muy enserio eso de ganarnos y dejar que nosotros hagamos la cena, ¿no es así?
—Yo me tomo las cosas muy enserio, mi amor —dijo ella con una brillante sonrisa. Los pensamientos de Edward sobre Bella acerca de lo hermosa que era no podían hacer justicia, sin duda—. Además, no tenía planeado cocinar esta noche. Yo tenía planes contigo —le guiñó un ojo y dejó ir a Niklaus, quien corrió hacia una extraña caverna a unos diez metros de ellos.
Edward también dejó ir a Cara de inmediato y se apresuró a acercarse a ella, rodeándola con sus brazos. Rápidamente se vio rodeado él también por sus delgados brazos también y fue apretado hacia a ella.
—Yo sigo teniendo los planes contigo, cariño.
Ella rio, alzándose en las puntas de los pies para poder plantarle un delicado beso en sus labios.
—Me gusta eso, entonces.
La cena resultó ser bastante buena aunque al final tan sólo Edward hizo todo el trabajo porque Cara se había entretenido con su padre teniendo una charla de las buenas noches por vía telefónica. Edward no tenía ningún tipo de comunicación con él más que las palabras de la niña. Jasper le mandaba saludos y esperaba que cuidara de su hija tanto como su propio hijo.
—Sigo pensando en que no creo que tú y el pequeño Nik puedan sobrevivir a tan sólo pasta —dijo Bella, llegando hacia el fregadero con los platos sucios que había recogido en la mesa después de cenar. Ella probablemente podía ser feliz en esa cocina amplia que lo tenía todo. Sin duda.
—Claro que no sobreviviríamos comiendo sólo pasta, nena. ¿Sabes todas las calorías que tendríamos encima si fuera así? Mantener nuestro cuerpo firme y en forma es algo difícil.
Ella rodó los ojos, comenzando a lavar los platos con toda la calma del mundo, sintiéndose casi en casa. Eso le estaba aterrando, pasar días enteros con Edward podía hacerse una costumbre muy mala, sin duda, pero acostumbrarse a hacer la cena o limpiarla mientras escuchaba a los niños hablar o jugar en otra habitación era extraño. Y le daba miedo. Era incluso aterrador. Un nudo en el estómago se le formaba cuando lo pensaba demasiado. Eso ya era estar pensando en grande. Tan sólo eran vacaciones y después, todo volvería a la normalidad.
Ella confiaba realmente en eso.
—Entonces deberías contarme tu secreto —le entregó el primer plato limpio, esperando a que él lo secara y lo colocara en su lugar. Lo único malo de ese lugar es que no había lavavajillas, pero no era algo que ella no pudiera solucionar.
—Tenemos una cocinera que va casi todos los días laborales a casa y cocina para nosotros —reveló él, encogiéndose levemente de hombros—. La cocina y yo nunca nos llevamos bien. No paso de preparar pasta o sándwiches. Era horrible cuando estaba en la universidad yo sólo. Siempre comía cosas en algún restaurante. No sabía ni siquiera lo que contenía, ni las calorías o ingredientes. Siempre frecuentaba restaurantes diferentes y me mantenía vivo con una comida al día… Tenía mucha suerte de estar practicando el futbol la mayoría del tiempo, ¿te imaginas si no hubiera sido de esa manera? Probablemente no estaría aquí, estaría en alguna cama de hospital muriendo de diabetes o algo así. Ni hablar de lo que Chelsea podía comer, ella tenía a Niklaus aun dentro de ella, por eso se tuvo complicaciones cuando nació. Cuando finalmente estuvo fuera, se pudo alimentar sólo de fórmula por seis meses, una vez que creció un poco más entonces ya teníamos que aprender a darle algo de comer. Yo no lo hice, contraté también a alguien que podía preparar las comidas del bebé. Y ahora… bueno, ese enano no tiene ninguna complicación.
Bella sacudió la cabeza mientras una sonrisa se formaba en su rostro. Pensar en Edward de adolescente le hacia sonreír. No era como si hubiera pasado tanto tiempo desde eso. Según las fotos en internet y las que se frecuentaban por la oficina… Edward había cambiado un poco en su rostro. Sus rasgos se habían vuelto más masculinos y los músculos se habían hecho mucho más grandes y fuertes… Además de que ahora tenía a un niño de seis años a su cuidado y en su adolescencia se las había visto un poco difícil también. Sin embargo, habían salido adelante, a pesar de las complicaciones con la mamá de Niklaus.
—De modo que siempre has estado acostumbrado a tener la comida en la mesa sin tener idea de cómo se preparan… —Bella arrugó la nariz. Ella no creía que podría comer algo que no sabía dónde y cómo se había realizado—. Eso es estar un poco malcriado.
Edward se volvió a encoger de hombros sin dejar de sonreír y limpiar con un limpión seco los platos. Él estaba disfrutando bastante eso de hacer ese tipo de tareas con Bella.
—Bueno, debo admitir que estoy malcriado, bastante… pero si tú aceptas a enseñarme cocinar entonces probablemente deje de ser malcriado.
Bella echó su cabeza hacia atrás para soltar una fuerte risa.
— ¿Enserio estas dispuesto a aprender a cocinar, Edward Cullen?
Edward la miró con los ojos entrecerrados y se llevó una mano a su pecho, donde se suponía que estaba su corazón, haciendo un gesto de dolor.
—Me lastimas con tus comentarios, Isabella Swan. ¿Acaso no me crees capas de querer aprender a cocinar?
—Bueno… te creo capas de querer aprender a cocinar. Simplemente no te creo capaz de que puedas aprender a cocinar. No te ofendas, guapo, pero simplemente no te veo preparando las cenas todas las noches.
Edward bufó, dándole un leve empujón con la cadera.
—Tal vez, si pasas todas las noches mostrándome como se cocina, pueda demostrarte que sí lo haré.
Bella se volteó, quedando de frente hacia a él y con las manos en jarras. Éstas estaban empapadas de agua con jabón haciendo que su vestido de verano se pegara de nuevo a su piel. Edward no podía esperar para verla sin algo encima.
— ¿Cómo sé que no es un plan para que después de cenar me metas en tu cama?
Él sonrió en grande, casi pareciendo el gato de Alicia en el País de las Maravillas y se volteó, tomado otro plato limpio y secándolo, como si no hubiera tenido algún tipo de acusación.
—Tu cabeza piensa mucho, eh. A mí ni siquiera se me había ocurrido algo como eso.
Esta vez, fue el turno de Bella para bufar. Ella estaba completamente segura de que ese pensamiento había pasado por la cabeza de Edward. Su tono lo dejaba claro.
—Bueno, entonces es una lástima porque estaría encantada para hacerlo.
—Como sigas diciendo eso te voy a echar sobre mi hombro y te voy a llevar a la habitación de arriba, cerraré y no me van a importar los intentos de los niños por entrar, y voy a reclamarte finalmente como mía.
Bella se encontraba ahora acorralada contra la barra de desayunos, apretada por el cuerpo de Edward. Sus pechos subían y bajaban en un ritmo casi acelerado. Eso no podría ser sano, dijo Bella. Claro que no podía ser sano porque su ritmo cardiaco aumentaba con cada cercamiento que Edward tenía hacia a ella.
—Yo sólo espero que cumplas tus promesas… —murmuró ella, sosteniéndose fuertemente de la barra para no derretirse frente a él. El dolor en su entrepierna era casi insoportable ahora. Probablemente sus bragas ahora estaban bastante mojadas.
—Yo cumplo mis promesas, señorita Swan —dijo Edward, con una sonrisa socarrona y después se alejó de allí, volviendo con su tarea.
Bella suspiró, sacudiendo la cabeza un par de veces para poder contenerse todas las suplicas que tenía para que se lanzara sobre ella allí mismo, en la cocina.
Casi todo estaba en silencio. Eran alrededor de las dos de la mañana y los pequeños apenas estaban siendo acostados por Edward. Ella realmente esperaba que los niños permanecieran durmiendo en su cama durante toda la noche. Sabía que Edward tenía intenciones de llegar a más la noche anterior. Ella lo había sentido bastante bien. Pero tener un hijo malcriado por dormir en la misma cama que su padre durante toda su vida era la consecuencia de no poder realzarse eso.
Su vestido quedó a la mitad de su cabeza en cuanto escuchó a su teléfono sonar. Rápidamente sacó el vestido de ella y corrió por él. Quien quiera que estuviera llamando debía ser una emergencia porque se sabía que ella estaba al otro lado del país y que era bastante tarde. En cuanto contestó, esperó que nada malo sucediera a la persona que llamaba.
—Isabella Swan —dijo con voz nervosa. Su mirada estaba en el gran ventanal que era la pared frente a la cama. Las olas se mantenían tranquilas y las palmeras se movían de un lado a otro. La noche era serena. Ella esperaba que se mantuviera de esa manera.
— ¡Bella! ¡Oh dios mío!
Bella se puso pálida. Ella sabía que Alice siempre se ponía de esa manera o exageraba las cosas, pero eso no evitaba que Bella pesara que algo de verdad había pasado. Ni siquiera le importó el frío viento que entró por el ventanal corrido en su cuerpo semi-desnudo.
— ¿Alice? ¿Qué sucede? —su voz era un poco ansiosa.
—Oh, Bella… Lo siento tanto… te juro que yo no lo sabía…
Bella frunció el ceño, abrazándose a su misma con un solo brazo.
— ¿de qué estás hablando?
—Ayer por la noche me fui de antro. Y estaba buscando tener un buen sexo. Ya sabes, nada diferente a casi todos los fines de semana… pero entonces lo vi allí y… me gustó y fue buenísimo…
Bella suspiró, acercándose más al ventanal, admirando lo bello que se veía el mar frente a ella. Iba a matar a Alice. Ella realmente pensaba que algo estaba mal con su amiga o algo parecido. Alice debía estar completamente loca como para llamarla a las dos de la mañana. Suspiró, frotándose el rostro con la palma de su mano.
— ¿Serías tan amable de decir lo que sucede, Alice?
— ¡Jasper!
— ¿Quién es Jasper? —Bella frunció el ceño, deteniendo su paso.
— ¡El chico al que me tiré ayer en la noche!
— ¿Por qué me estas metiendo en ese tipo de asuntos cuando no tengo ni la menor idea de quién me estás hablando?
Alice gruñó en contestación. Realmente estaba exasperada. Sin embargo, Bella no se encontraba de diferente manera. Estaba realmente molesta por la falta de consideración que tenía su amiga sobre ella y sobre los horarios en los que llamaba.
Antes de que Alice pudiera responder a la pregunta, Bella se vio envuelta en unos fuertes brazos bastante conocidos y pegó un salto, haciendo que su piel se pusiera de gallina. Se recordó que no llevaba nada más puesto que unas pequeñas bragas… y nada más, porque el vestido de verano que ella estaba utilizando hacia un momento no necesitaba sostén.
Tragó saliva pesadamente y se mordió el labio.
—Claro que sabes de quien estoy hablando, Isabella.
Bella se estremeció levemente al sentir los labios de Edward colocarse en su clavícula y sus manos deslizarse por tu plano estómago de manera suave. Se sentía tan bien…
—Si me dijeras exactamente de quien estás hablando, Alice… lograría entenderte —dijo ella con dificultad y con la voz un poco contenida.
Sostuvo la respiración al sentir como Edward viajaba sus manos desde su abdomen hacia sus costillas muy lentamente. Ella lograba mirarse en el reflejo del ventanal que tenía frente a ella. Allí estaban Edward y ella. Sus propios ojos estaban brillantes y lo único que podía ver de él eran sus brazos y su cabello revuelto porque seguía inclinado, besando su cuello.
Eso se veía malditamente caliente. Sin duda.
—Es el padre de la niña con quien estás pasando las vacaciones.
Bella frunció levemente el ceño. Había escuchado vagamente las palabras de Alice, y vagamente había entendido muy bien lo que dijo. Pero vagamente le importó y olvidó todo eso en cuanto Edward acunó sus pechos en sus manos, haciendo que ella soltara un jadeo y rápidamente mordiera su labio inferior.
— ¿Alice? ¿Puedo llamarte después? —logró decir entre jadeos.
— ¿Hablarme más tarde? ¿Tienes algo más importante que hacer?
Ella quiso contestarle que estaba a punto de tener sexo con su primo. Pero se contuvo.
Los dedos de Edward pellizcaron gentilmente los pezones de Bella, haciéndola gemir un poco contra el teléfono. Bella se sonrojó y sintió como su entrepierna comenzaba a palpitar por atención.
—Claro que tienes algo más importante que hacer ahora… picarona —la voz de Alice estaba ahora alegre y se notaba que estaba sonriendo—. Bien, entonces puedes llamarme más tarde. Dile a Edward que le mando saludos.
Bella no esperó para poder responderle a su amiga, simplemente se limitó a lanzar el teléfono en el sillón que estaba a su costado y dejó caer la cabeza en el hombro de Edward.
—Espero no haber interrumpido algo de mucha importancia —murmuró él contra la suave piel de su hombro, haciendo que sus entrañas se contrajeran y sus pezones se endurecieran aún más contra sus manos.
—No has interrumpido nada —contestó ella, gimiendo suavemente y llevando sus manos hacia arriba para poder tomar la nuca de Edward y acariciarla al sentir sus dientes morderle la piel de su cuello.
—Tenía que venir a cumplir mi promesa.
—Me alegro mucho de que vengas a cumplirla ahora mismo.
¡No me maten! Les aseguro que el Lemmon estará al principio del siguiente capítulo. Jajaja. ¡Se los traigo antes! ¿Se nta que no tengo mucho que hacer? En fin. ¿Les gustó?
¿Qué les pareció la situación de Alice? ¿Alguien sabe porque Jasper anda buscando muchachitas en los antros de Londres? ¿Y la relación de Edward con Cara? ¿Y Bella con Niklaus? ¡También tenemos a Nik y Cara como novios! Por supuesto que es una de las pareja favoritas, ¿no?
Gracias a: Lamb'stown, solecitopucheta, zuleyma24cullen, jupy, belkis lagos vasquez, MONIELITA CULLEN , Eretirelf Oliuga, Nadiia16, Osbelys, , yolabertay, lady blue vampire, Brenda-Cullen-Ivashcov, Babi, Acqua Cullen Potter, bel20, Nessie Joan Pattinson Stewart, valeriesunshine, galadrielcullen, Lore562, Dariana Cullen, Mon de Cullen, pera l.t, Nyx-88, EmDreams Hunter, ProudlyTwihard, maferpatts, Manligrez, AleLupis, aea7, NachiCullen, Dani Valencia, Karlie7, Kady Belikov Cullen, Gretchen CullenMasen.
A todos los que me agregaron a favoritos, alertas y los que leen mi historia cuando no leen una incompleta también, gracias, y a todos los anónimos :)
Para los que se quieran unir al grupo de facebook aquí está, allí se pubican fotos y las sesiones de fotos que Niklaus tiene o cualquier tipo de imagen referente al fic: groups/170869393079182/
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