Disclaimer: Los personajes son propiedad de Meyer, la historia es de mi imaginación.
Summary:
"Edward Cullen, el jugador de fútbol más exitoso tiene una vida bastante complicada con un revoltoso niño de cinco años. Lo que menos necesita ahora mismo es esa atractiva mujer que llegará a controlar su carrera y probablemente su corazón."
CAPÍTULO CATORCE
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Bella se volteó hacia a Edward para quedar frente a él. Sintió como sus duros pezones se rozaban contra el musculoso pecho de Edward, haciéndola jadear. Sus ojos se encontraron. Los dos pares de ojos estaban brillantes. Edward le sonrió de lado, con su típica sonrisa de niño bonito y se inclinó hacia a ella de nuevo para poder besarla.
El beso era lento, erótico. Edward asomó su lengua hacia el labio inferior de Bella y lo acarició con la punta; dejando llevar sus manos hasta las nalgas de ella y las apretó, haciéndola reír suavemente contra sus labios. Él probablemente podría estar fascinado con esa parte de su anatomía. Alzó una de las delgadas piernas de Bella y la enganchó en su cintura.
A Edward le pareció bastante atractiva la idea de colocar a Bella contra ese ventanal y follarla con él sin piedad, hasta que gritara su nombre. Pero eso no sería una buena idea para su primera vez. Además, Bella probablemente no podría gritar porque a unos metros estaba la habitación de los niños con la puerta abierta, dejando que la luz de pasillo les iluminara un poco.
—Cariño —habló Bella, separándose un poco de él para verle a los ojos con una pequeña pizca de diversión—. Te prometo que podrás tomarme en el ventanal.
Santa mierda.
Edward le dedicó una sonrisa también.
—No creo que te deje descansar ni un momento si me prometes ese tipo de cosas —su rostro se hundió en el cuello de ella para poder besarlo.
—Ni siquiera ha sido la primera vez y ya estás diciendo esas cosas —rio Bella, sosteniéndose de él cuando la llevó a la cama y la colocó allí contra su cuerpo, sintiendo las caderas de él contra las suyas.
Mientras Edward la besaba, sus manos fueron a sus bragas, deslizándolas completamente por sus largas y bronceadas piernas hasta finalmente apartarlas de su cuerpo. Su cuerpo bajó, con su boca deslizándose por toda la piel de Bella, pasando por el canal de sus pechos hasta su cadera, donde depositó un suave beso y abrió sus piernas tanto como le fue posible.
Metió dos dedos en su interior sintiendo lo mojada y caliente que se sentía. Sus dedos se resbalaban con bastante facilidad dentro de ella, apretándolos. Sus labios fueron a su clítoris, dándole un pequeño beso para después rodearlo con la punta de su lengua mientras los gemidos de Bella se hacían escuchar. La cama estaba siendo desarreglada por sus movimientos y por cómo jalaba las sabanas con sus manos.
Sus gemidos fueron aumentando como forme la lengua de Edward tomaba velocidad alrededor de su botón de placer.
— ¿Te gusta, nena? —preguntó, alzando la mirada hacia a ella y moviendo sus dedos en su interior, sintiendo el lugar exacto.
Bella gritó su nombré, haciendo que Edward sonriera aún más.
—Claro que te gusta. ¿Te gusta que mis dedos te follen? Quiero escucharte, Bella.
¿Cuán malditamente caliente era que Edward Cullen te dijera palabras sucias mientras su dedos te follaban? Ese era una duda de la cual Bella quería saber la respuesta. Pero no se preocuparía por eso ahora; tal vez podría pensarla después porque ahora mismo Edward se encontraba chupando su clítoris con bastante devoción. Joder si no se sentía tan bien.
—Edward —gimió, llevando sus manos a los cabellos de él—. Mierda. Sí, me gusta que tus dedos me follen —chilló, apretando sus ojos.
Edward siguió bombeando ese lugar que sabía que le haría llegar al éxtasis. Su lengua siguió con la atención sobre su clítoris. Lamió, chupó, besó y mordió. Ella se estaba apretando cada vez más alrededor de sus dedos y Edward podía sentirlo. Alzó la cabeza para poder mirarla retorcerse por lo que hacían sus dedos. Estaba por venirse y Edward iba a disfrutar esa vista.
—Vente para mí, preciosa. No sabes cuán caliente te vez ahora mismo. Y no sabes cómo malditamente te sietes alrededor de mis dedos. Bastante caliente y apretada. Córrete, nena.
Usó su largo pulgar para volver a estimular el hinchado clítoris. Sacó sus dedos y volvió a meterlos, apretando el punto exacto. Y eso fue todo lo que ella necesito para poder correrse. Edward mantuvo sus dedos entrando y saliendo de ella, moviendo más rápido si pulgar contra ella mientras se retorcía y temblaba en la cama. Se veía malditamente bien de esa manera… Finalmente sacó sus dedos de ella y miró como se recuperaba.
Sus ojos se abrieron, brillantes y satisfechos. Su mirada se encontró con la de Edward y éste le sonrió de manera dulce.
—No sé si debería agradecértelo.
Edward rio, yendo a acostarse a su lado, sosteniéndose de su costado y le besó suavemente los labios.
—Haré como que me lo has agradecido —respondió—. Por cierto… sabes muy bien, nena.
Bella se sonrojó por completo, desde su pecho hasta su cuero cabelludo. Era casi difícil de distinguir el sonrojo porque sólo la luz de la luna los estaba iluminando, pero Edward pudo notarlo. La brillante sonrisa orgullosa se instaló en su perfecto rostro.
—Como que me encantas ahora mismo —dijo Bella, inclinándose hacia a él para poder sacarle la camiseta que llevaba puesta—. Pero aun no has terminado con todo lo que tienes que hacer. Aun necesito sentirte dentro de mí.
Edward se quedó un momento en silencio, mirándola, dejándose sacar la ropa y después, cuando finalmente reaccionó, se colocó sobre ella, sintiendo su erección queriendo salir de sus pantalones.
Con una sonrisa, Bella se dedicó a sacarle los pantalones. Y que alguien la mate. ¿Por qué jodidos no llevaba ropa interior? Edward… grande. Lo era. Pero no se lo diría porque entonces eso aumentaría bastante su ego.
— ¿Admirando la vista, señorita Swan?
Sí, definitivamente eso aumentaría su ego.
Ella sonrió de manera amplia y terminó por sacarle la ropa que quedaba. Después, lo empujó por sus hombros, dejándolo debajo de ella y sonrió son suficiencia.
—Tú vas a disfrutar de la vista mientras yo te monto —le dijo sin dejar de sonreír.
Edward supo que Bella estaba muy seguro de lo que ella tenía porque… que alguien lo castrara si ella no se veía jodidamente bien encima de él, con el largo cabello cayéndole por los hombros, casi cubriendo sus pechos. Sintió como las delicadas manos de Bella se colocaban alrededor de su duro miembro y lo colocaba en su caliente y resbaladiza entrada. Después, ella se dejó caer, llenándose de él por completo.
Se sentó, con las manos en la estrecha cintura de Bella y se llevó uno de sus rosados pezones a su boca, chupándolo con fuerza, ahogando un gemido.
—Oh, Bella… te sientes tan jodidamente bien.
Ella apretó sus cabellos cobrizos en respuesta sin dejar de moverse hacia arriba y abajo sobre él, sintiendo lo bien que se sentía tenerlo dentro de ella, palpitando y dándole bastante placer. Edward gruñó cuando ella arrastró sus uñas en su espalda, apretando sus ojos con fuerza sintiendo el ángulo exacto.
Volvió a empujarlo por su hombros, colocando sus manos en su fuerte pecho una vez que estuvo tendido por la espalda en la cama y se inclinó hacia a él, moviendo sus caderas hacia adelante y hacia atrás rápidamente.
—Edward… —gimió/chilló sin detenerse— Oh, Edward.
—Sí —gruñó él—. Bella eres tan estrecha —sus manos tomaron las caderas de Bella, dejándola suspendida en el aire y entonces él comenzó a moverse. Comenzó a embestirla con facilidad, con fuerza.
Bella arañó el fuerte pecho de Edward con sus uñas al apretar los puños y se soltó. Gritó al correrse. Chilló y se corrió con fuerza sobre él. Un par de embestidas más, Edward también se corrió, gimiendo el nombre de Bella.
Algo era seguro: La noche apenas estaba comenzando y Edward no iba a dejar en paz a Bella. Al menos no tan pronto.
Edward no tenía ni la menor idea de qué hora era. Pero los rayos del sol que se colaban por el ventanal eran bastantes fuertes. Y estaba solo en la cama. La almohada que estaba junto a él era usaba como alguien que reemplazaba el delgado cuerpo de Bella. Las sabanas estaban aún revueltas, pero el espacio a su lado estaba frío. Era claro que no tenía poco que ella le había dejado sólo en la habitación.
Todavía estaba desnudo. Pero estaba bastante satisfecho.
Cinco. Cinco era el número de veces en las que Edward había hecho suya a Bella la noche anterior. Y valió la pena. Sin duda le hubiera gustado despertar con ella a su alrededor. Pero Edward tenía la extraña costumbre de despertar tarde en cualquier oportunidad que tenía si su hijo le dejaba.
Se colocó una bermuda de color azul marino y se fue a lavar la cara y los dientes. Pudo ver en el reloj que eran casi las once de la mañana. ¿Qué tan malo podría ser eso? Su hijo probablemente había molestado a Bella para comer durante toda la mañana y entonces ella probablemente se había visto obligada a cocinar algo.
Al bajar las escaleras, se encontró con el silencio. Todo estaba en calma. Todo estaba limpio. Había un ligero olor de hot cakes en la cocina. Cuando caminó hacia allí pudo ver que estaba un plato con un montón de hot cakes, al lado del recipiente que contenía diferentes especias para colocarlas encima. Y una nota. La tomó de inmediato y la leyó, tomando haciendo en uno de los taburetes.
Buenos días, dormilón.
Espero que hayas dormido bien en lo que quedaba de la noche. Los pequeños y yo nos cansamos de esperarte así que hicimos el desayuno. Ya que tú cocinaste ayer, me toca a mí hacerte el desayuno. Espero que aun estén un poco calientes, si no es así… tendrás que recurrir al microondas.
Estamos en la playa. Estos niños quieren que termine completamente roja y exhausta. No puedo estar más exhausta con lo que ha pasado en la noche ;)
Tenemos planes para esta tarde así que apresúrate.
Te queremos.
Nik, Cara y Bella.
Una sonrisa estúpida se posó en los labios de Edward a la mitad de la nota.
Sin duda esa mujer era perfecta.
Se apresuró a comer todo lo que estaba en el enorme plato sin fijarse bastante en si estaba caliente o no. También estaba una malteada esperando en el refrigerador así que la bebió muy gustoso. Después corrió de nuevo a la habitación y volvió a lavarse los dientes. Se cambió la bermuda por un traje de baño que estaba en la maleta y bajó corriendo las escaleras hasta la playa.
A lo lejos pudo divisar las tres figuras sentadas en la arena. Bella esta vez llevaba consigo un bikini de color rojo brillante. Su pequeño niño tenía los cabellos revueltos; estaba usando el traje de baño de color azul, igual que el suyo, y estaba jugando con una pulsera de goma color rojo que tenía alrededor de la muñeca. La pequeña Cara estaba en un precioso traje de baño con holanes de color azul turquesa. Los dos niños se estaban riendo a carcajadas mientras Bella simplemente se dedicaba reír ligeramente.
— ¡Papi! —Saludó Niklaus, corriendo hacia donde él se encontraba y rodeándolo con sus brazos con toda la fuerza—. ¡Has dormido toda la mañana! —lo acusó—. Eso no se hace, ¿sabes?
—Son vacaciones, campeón —le besó la mejilla, cuando lo cargó—. Son para levantarse tarde.
—No cuando tienes dos niños llenos de energía —apuntó Bella con una enorme sonrisa. Se puso de pie y de puntillas para poder darle un beso a Edward—. Hola.
—Hola, nena. Lamento haberme dormido toda la mañana pero…
—Estabas cansado —dijo con una sonrisa traviesa—. Lo sé, soy consciente de ello.
Edward se dedicó a sonreírle y volvió a besarle los labios ante la atenta mirada de su hijo. Después, el pequeño arrugó la nariz.
—No se besen.
— ¿Por qué no? —Edward lo miró con el ceño fruncido y se agachó para poder darle un sonoro beso a Cara en la mejilla—. Hola princesa, ¿dormiste bien anoche?
La niña le dedicó una brillante sonrisa y asintió un par de veces antes de volver su atención al castillo de arena que estaba a punto de construirse.
—Porque es fuchi —dijo Niklaus—. No me gusta cuando besas a Bella.
— ¿Estás celoso?
Un rojo intenso se colocó en el rostro y pecho de Niklaus. Sus dedos se retorcieron y apartó la vista de Edward y Bella, quienes tenían una sonrisa divertida en sus rostros. El pequeño miró en dirección a Cara y ella le envió una mirada de advertencia.
—Tres oportunidades, Niklaus. Ya sólo te quedan dos —dijo la pequeña y volvió su atención al castillo.
Niklaus rio nervioso y volvió la vista a su padre.
—No, no estoy celoso.
Edward agitó la cabeza con diversión y volvió a colocar a su hijo en la arena.
—Lo que digas, enano.
El brazo de Edward se fue a rodear la estrecha cintura de Bella, colocando la palma de su mano a la mitad de su nalga. Bella sonrió suavemente con cierta diversión y recargó su cabeza en su hombro.
— ¿Cuáles son los planes que se supone que tenemos esta tarde?
Las cabezas de Cara y Klaus se alzaron rápidamente con unas preciosas sonrisas en sus rostros.
— ¡Queremos ir al parque acuático que está al centro de la isla! —gritó Cara sonriendo.
— ¿Cómo saben ustedes acerca del parque acuático?
—Una señorita vino muy temprano en la mañana y Bella estaba sacando la basura. Ella le dio un folleto acerca del parque acuático y nos pareció una buena idea ir allí —indicó Niklaus—. Así que alista las cosas, papá, porque vamos al parque de diversiones.
Edward miró a su hijo en silencio, de manera seria y con una ceja alzada. No era raro su comportamiento, dándole órdenes, pero siempre era lo mismo. Al final… Edward terminaba haciendo todo lo que su pequeño mandaba.
—Bien, está bien. Sólo acuérdate de mí cuando yo este demasiado viejo y al menos me acerques un plato de sopa para comer —le dijo con gesto serio, sin embargo, había una pequeña sonrisa asomándose.
—Papá, tú tienes mucho dinero —le recordó—. No me vas a necesitar cuando estés viejito.
—Ojala tengas razón…
—De acuerdo, niños, manténganse aquí cerca, nosotros iremos a empacar algunas cosas y volveremos por ustedes. Cuiden no mojarse los pies y manténganse lo más limpios que puedan —ordenó Bella, mirando directamente a sus pequeños frente a ella—. ¿Entienden?
Los niños alzaron los pulgares en dirección y Bella se volvió hacia la cabaña junto a Edward.
El grito escandalizado de Cara hizo que se detuvieran y volvieran a mirarlos con alarma en sus ojos.
— ¡Edward, tu espalda tiene muchos rasguños! —exclamó Cara con la boca bastante abierta y una mirada llena de preocupación.
Bella se sonrojó fuertemente escondiendo su rostro en el brazo de Edward. Él se quedó en silencio, con una risa divertida e su rostro y sin saber que decir.
—Ahora, Alice, ¿puedes decirme con más calma qué es lo que pasa contigo?
— ¿Ya has terminado con mi querido primo? Estoy segura de que te hizo gritar —comentó la pelinegra desde el otro lado de la línea telefónica.
Era al último día en la isla. Bella estaba completamente roja de los hombros y brazos… y el rostro. Pero no importaba mucho porque Edward se encontraba de la misma manera. Y los niños casi estaba cubiertos por un suave color rosa. Sin embargo, el ardor en su piel lo compensaban las noches que se la pasaba en la cama con Edward. En la cama, en el sillón, en la bañera, en la ducha… en la cocina cuando los niños estaban dormidos… en la playa por la noche y finalmente… para gusto de Edward, en el ventanal.
Sin duda habían sido unas buenísimas noches.
—No puedo creer que hayas dicho eso de tu primo, Alice.
—Oh vamos, sabes que estoy en lo cierto, Bella.
—Bueno, sí, es cierto —concordó ella, con un leve sonrojo en sus mejillas. Miró como Niklaus y Cara se miraban en el reflejo de los ventanales del pequeño aeropuerto de la isla haciendo muecas y sonrió—. Pero no te he llamado para eso —desvió la mirada a Edward, quien estaba estrechando la mano con un encargado del lugar y hablaba con el piloto del jet.
—Después de casi cuatro días te dignas a hablar para retomar el tema. ¿Crees que eso es algo admirable?
—No, pero fue el único momento en el que te recordé.
—Más sincera no puedes ser.
Bella rodó los ojos mientras mordía, sin darse cuenta, la uña de su pulgar.
— ¿Te tiraste al papá de Cara en un antro?
— ¡No fue un antro! filtramos allí… pero no follamos allí. Él me llevó a una habitación de un hotel y allí sucedió la magia —explicó su amiga, que estaba sentada de manera impaciente en el sillón amarillo canario de su departamento en Londres.
— ¿Y porque debería preocuparme eso?
—Porque es amigo de tu novio, que es mi primo. Además, como tú dijiste, es papá de Cara, la novia de mi sobrino. ¿Sabes lo complicado que es eso?
Bella se sentó en un cómo sillón, con la mirada en las uñas de sus pies. Era una mala idea subir a bordo con un short y una camiseta de mangas cortas. Lo sabía. Pero no se le había ocurrido para nada empacar algo para ir de nuevo a Inglaterra. Edward tampoco había empacado algo para él y Niklaus. Error. Por suerte, Cara sí llevaba ropa abrigadora con ella. Un alivio.
—No creo que haya nada de malo en eso, Alice. Si hay algo entre ustedes entonces… no hay ningún problema.
— ¡Ese es el problema! No le he vuelto a ver desde esa noche. Y me fui en cuanto me desperté porque él no iba a recordar nada.
— ¿Cómo demonios sabes eso? —el tono de voz que Bella utilizaba era de un tono maternal. Alice no estaba jugando muy bien sus cartas a la hora de estar con Jasper. Seguramente era eso.
—Simplemente lo sé.
— ¿Él sabe que eres prima de Edward?
—No tengo idea, tal vez le sonó mi nombre… pero no profundizamos más… al menos no profundizamos en palabras. Ya sabes, en toras cosas… es bastante bueno.
—Estoy segura de que es así, Alice. Lo puedo saber por tu tono de voz.
— ¿Sabes que amo que seas de mente abierta? Por eso eres la mejor amiga de todas, Isabella Swan.
—Tan sólo he estado de acuerdo contigo en algo…
—No me importa. Al menos no corriste a decirme que eran demasiados detalles —interrumpió. Bella sonrió en grande y sacudió la cabeza.
Al alzar la mirada pudo ver como Niklaus se acercaba corriendo hacia a ella. Seguía con su traje de baño y se había negado a utilizar una camiseta alegando que aún estaban en la isla y que en cuanto estuvieran en el avión entonces podría ocupar una camiseta como un niño decente.
Bella sabía que eso no iba a pasar.
—Me alegra que sepas que soy una buena amiga, Alice —respondió con una sonrisa. Niklaus llegó hasta a ella, y sobre su hombro miró como Cara iba con Edward—. Hola, cariño, ¿Por qué corres?
—Sólo quiero estar contigo, Bella. ¿Puedo sentarme aquí?
—Por supuesto —asintió y el niño se subió a sus piernas—. Estoy hablando con tu tía Alice.
— ¡Tía Alice! —Bella colocó el teléfono en altavoz para que pueda hablar con ella—. ¿Cómo estás?
—Muy bien, enano, ¿Qué tal tus vacaciones?
—Fantásticas —dijo el niño muy entusiasmado, recargándose en el pecho de Bella, con su cabeza ahuecada entre el cuello y el hombro de ella—. Bella es una muy buena compañera de vacaciones. Papá está contento de que ella haya venido y yo también.
—Seguro que tu papá esta encantadísimo con Bella allí.
—Alice… —la advertencia estaba marcada en la voz de Bella.
—Sinceridad, cariño —contestó la amiga—. Pulga, cuando vengas y me veas y me abraces y me beses, tienes que contarme acerca de las vacaciones con lujo de detalles. ¿Cara se portó buena contigo?
Niklaus rodó los ojos mirando a Bella diciendo "¿está de broma?"
—Cara siempre es buena conmigo, tía Alice —bufó y sacudió la cabeza dejándola caer de nuevo contra Bella—. ¿Verdad que sí, Bella?
—Claro que sí, cariño.
—Ustedes dos. Ustedes dos me causan envidia. Yo quisiera estar allí con ustedes, llena de sol y playa.
Niklaus rio por lo bajo y sacudió la cabeza, tomando el teléfono que Bella tenía en la mano.
—No fuiste invitada, tía Alice.
—Sí, soy consciente de eso, enano —la ironía en el tono de voz de Alice era enorme—. Así que por eso deben enviarme una foto de ustedes dos en este preciso momento. ¿Entienden? Es una orden.
Bella y Niklaus se miraron por unos segundos y después se encogieron de hombros al mismo tiempo.
—Para eso debemos colgar, Alice.
—Bien, en segundos quiero la fotografía.
Bella rodó los ojos y sin contestar, colocó su dedo en la parte roja para finalizar la llamada.
—Tengo una tía Alice muy loca, ¿verdad, Bella?
—Sí, cariño. Ella está muy loca, pero es una buena persona, ¿no lo crees? —Klaus asintió varias veces antes de juntarse más con Bella—. Ahora tomemos esa fotografía y vayamos con tu papá para irnos de una vez.
Bella tomó el teléfono con una mano y colocó la cámara que estaba al frente y lo puso frente a ellos. Bella sonrió, una sonrisa bastante amplia, mostrando sus derechos y blancos dientes. Se notaba la gran felicidad que tenía en esos momentos. Niklaus, por su lado, estaba con la cabeza recargada en el hombro de ella, enseñando de manera graciosa su sonrosada lengua. Su mano estaba en la mejilla de Bella también, haciendo que su cara se mirara graciosa.
Cuando Bella supo que era una imagen bastante satisfactoria, tomó la fotografía y la envió a Alice.
Pronto estaremos contigo.
Te queremos.
X
— ¿No se suponía que iríamos a Londres?
Edward alzó la mirada hacia su costado, donde se encontró con la mirada azul de su hijo, quien se había mantenido pegado a Bella desde que estaban en el pequeño aeropuerto. Ella estaba recargada felizmente en el respaldo de su asiento, leyendo una novela romántica, con sus audífonos puestos y unas gafas de lectura también. Niklaus se había mantenido bastante quieto mientras jugaba en su iPad.
Cara estaba frente a ellos, acostada, abarcando los dos asientos mientras miraba una película en su respectivo iPad también. Edward pensó que probablemente se quedarían ciegos a temprana edad.
—Sí, vamos a Londres —respondió, volviendo la mirada a su portátil sobre las piernas, mirando el último partido que había jugado.
— ¿Y porque la señorita de la bocina de avión dice que vamos a Los Angeles?
—Porque tu abuela quiere verte primero. Será una visita rápida para comer. Después podemos pasar por ti por un conjunto de ropa abrigada e irnos a Londres.
— ¿Bella sabe que vamos a ver a la abuela? —el niño dirigió su mirada a Bella, alzando levemente sus relucientes ojos azules. Bella sintió la mirada sobre ella y le sonrió tranquilamente, sin saber exactamente qué era lo que estaba hablando con su padre. Se volvió de nuevo—. No creo que lo sepa.
Edward detuvo el juego en la pantalla del portátil y suspiró, echando la cabeza hacia atrás.
— ¿Qué te hace creer que no lo sepa?
—Se ve feliz.
— ¿Por qué no debería estar feliz al saber que vamos a los de tu abuela?
—Mi abuelita no quiere a Bella, papá. ¿No lo notas? Siempre le mira mal y está todo el tiempo diciendo cosas por ella.
Edward tragó pesado. Era demasiado evidente. Su madre no aprobaba a Bella. Pero eso poco le imputaba porque Edward estaría con la persona que él quería estar. Y como Bonus Extra, su pequeño también amaba a Bella.
¿Bella realmente se molestaría con él si no le decía ahora mismo que irían a ver a su madre? Probablemente era muy pronto…
—Lo sé. ¿Crees que debería decírselo ahora?
El pequeño no pudo responder debido a que Bella ya se estaba quitando los audífonos de sus oídos y miraba a Edward con una ceja levantada.
— ¿Decirle a quién qué? —preguntó, cerrando de manera impecable el libro en su mano derecha y colocándolo en su bolso.
Niklaus miró desde Bella a su padre un par de veces y, al ver que Edward no diría nada, se encogió de hombros y decidió hablar.
—No vamos a Londres. Vamos a ver a mi abuelita Elizabeth —dijo de manera cautelosa.
Bella miró a Niklaus en silenció, creyendo que probablemente era una de las ocurrencias del niño, pero al ver que el niño estaba diciendo la verdad, alzó la mirada a Edward. Una mirada que estaba claro que quería saber todos los detalles, y los quería ahora, antes de que ella comenzara a decirle unas cuantas cosas.
—Iba a decírtelo pero…
—No, no ibas decírmelo, eso estaba claro —interrumpió mirándolo y se cruzó de brazos—. Porque no estarías preguntándole a tu hijo de seis años sobre eso.
—Lo sé. Lo lamento, no creí que fueras a ponerte de esa manera…
Bella palideció. Se quedó pálida y en silencio mirando a Edward con la boca entreabierta. Es cierto. Bella estaba actuando de manera absurda y exagerada. ¿Y qué si Edward no le iba a decir donde iban? Estaba claro que ella tenía que ir allí porque no le quedaba de otra. Además, estaba bien, porque la madre de Bella tenía derecho de ver a su hijo y a su nieto sin ningún impedimento. Sobre todo, no podía dejar de verlos solo porque Bella no quería ir allí y Edward no le haya dicho algo al respecto.
—No, tienes razón —se apresuró a contestar—. Está bien. No debí comportarme de esa manera.
— ¿De qué manera? —el tono de voz de Edward era confuso. Tenía el ceño fruncido con preocupación y la mirada sobre ella. El pálido de su rostro no le gustaba—. ¿Estás bien, nena?
—Estoy bien —asintió y suspiró echando la cabeza hacia atrás—. Lamento mi arrebato de preguntas tontas…
—Si no quieres ir a los Angeles puedo hacer que volvamos a Londres rápidamente. ¿Quieres que le diga al piloto? Retomaremos el vuelo una vez que lleguemos a Los Angeles él podrá hacer todas esas informaciones…
Bella frunció el ceño, mirándolo fijamente.
—No, no vas a hacer eso, Edward, no puedo impedirte ver a tu madre, ¿sabes lo estúpido que es eso?
—Podemos volver después…
—No —interrumpió—. No vas a levantarte de tu asiento y no vas a decirle nada al piloto, ¿de acuerdo? Seguirnos como tenías planeado y ya.
—Yo no quiero ver a la abuela —habló Niklaus, haciéndose notar, y pasó su brazo por detrás de Bella, abrazándola con fuerza—. Yo quiero ir a Londres con Bella.
—Nik, cariño, debes ver a tu abuela, ¿de acuerdo?
—Pero mi abuela sólo quiere verme para comer conmigo y hablar conmigo. No es algo interesante.
—Pero lo es para ella.
La mirada que Bella le dedicó al pequeño niño le hizo sabe que no debía decir nada más porque se haría eso. Niklaus asintió en silencio.
Edward quiso realmente aprender a dar esa mirada a su hijo. Estaba seguro de que Niklaus haría casi todas las indicaciones que se le darían una vez que Edward aprendiera a dar esa mirada. Pero eso nunca pasaría porque eso sólo era de Bella, y Bella tenía cierto poder sobre el pequeño.
—De acuerdo —asintió el niño con gesto malhumorado—, iremos a ver a la abuela Elizabeth.
Cara, frente a ellos, hizo una mueca de desagrado. A ella tampoco le gustaba mucho aquella mujer.
Una vez que bajaron del avión, Niklaus y Cara estaban demasiado ensimismados en sus pensamientos de niños de seis años, así que no estaban dando ningún problema a la hora de estar en el aeropuerto rodeado de paparazzi. ¿Cómo jodidos sabían que ellos estaban allí cuando el vuelo había sido un vuelo privado?
Los cuatro llevaban gafas de sol, que le cubrían muy bien sus rostros, dejándolos de manera inexpresiva ante los fotógrafos. Niklaus iba de la mano de Bella, bastante bien sujeta, y con la mirada al frente, sosteniendo el enorme tiburón que su padre le había comprado. Cara, por otro lado, estaba tomada de la mano de Edward, quien llevaba también en el otro brazo el enorme caballito de mar de peluche.
El hecho de que los guardaespaldas no estuvieran aquí ponía de nervios a Edward, tanto Bella como los niños no tenía ningún tipo de protección. Era algo que probablemente no volvería a pasar. Se apresuró a subir a los niños al auto y, por esta vez, dejó que Bella subiera sola al auto. En cuanto los niños estuvieron bastante bien asegurados, Edward comenzó a conducir.
Edward tenía las manos apretadas al volante con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos, Bella pudo notar eso, así que, con un suspiro, se volvió hacia a él, subiendo parte de la pierna al asiento y con la espalda pegada a la puerta.
— ¿Qué sucede, cariño? —preguntó de manera amable. No deberían notar que estaba nerviosa.
—Bella, no tienes que ir con mi madre si no lo quieres así. Puedo dejar a Niklaus y a Cara con ella, ¿Qué te parece? Y nosotros podemos ir a algún otro lugar durante unas cuantas horas —la voz de Edward era desesperada, y sus ojos viajaban de Bella a la carretera varias veces por segundo—. Lamento no haberte dicho esto antes para que tuvieras tiempo de pensarlo, o tomar tus propias decisiones y…
Ella le colocó una mano en el antebrazo, haciendo que Edward dejara de hablar rápidamente y le mirada por un rato al momento en el que se detenían en un alto. Bella sonrió, una sonrisa tranquilizadora y sincera.
—No pasa nada. No me agrada estar en un lugar donde yo no agrado —admitió y se mordió el labio—. Pero yo no puedo hacer que te alejes de tu familia sólo porque yo no quiero ir allí.
—Yo tampoco quiero ir allí —aseguró él, con la mirada fija en ella.
Él parecía sincero. No sabía cuál era su relación con su madre. Eso era algo que a ella no tenía por qué saberlo. O tal vez sí. O ella simplemente no quería saberlo. Si estaban mal… había muchas posibilidades de que ella había llegado a arruinarlo aún más. Y si estaban bien… ella probablemente había hecho que su relación decayera. ¡Y ni siquiera sabía cuál era el motivo!
Ella no dijo nada más y dejó que él siguiera conduciendo mientras se dedicaba a escoger las palabas que le diría una vez que estuvieran solos. Ella no iba a soportar la ira de su madre, tampoco sus celos ni sus caras largas al verla. Ella no tenía ninguna idea de qué era lo que pasaba entre ellas dos, pero si aquella señora la iba a tratar de esa manera, Bella no lo iba a soportar sin tener ninguna explicación. Le había bastado ser antes el centro de atención de algunas personas o tener una mala reputación por tener diferentes preferencias a las niñas de su edad en la secundaria, sin ningún motivo, y esa señora simplemente tenía todo el derecho de despreciarla sin ninguna explicación.
No lo soportaría más.
Una vez que Edward estacionó el auto frente a la enorme casa junto a la playa, Bella suspiró, escuchando como los niños salían del auto para correr a alcanzar a dos pequeños perros que estaba en el jardín delantero.
Se volteó de nuevo hacia a Edward, quien la estaba mirando esperando tener algo de ella.
—Creo que voy a tomarte la palabra y voy a ir a alguna otra parte. Tengo que conseguir un poco de ropa. No planeo llegar al aeropuerto de Londres con un short de verano, bastante tengo con las fotografías que seguro ya están en internet.
Edward sonrió levemente.
—Pero si te ves hermosa.
Las mejillas de Bella se tornaron rápidamente de un color rojo intenso y desvió la mirada, atrapando su labio con sus dientes. No soportaba mucho que le dijeran ese tipo de cosas. No chicos como Edward Cullen.
—Simplemente no es vestimenta para un aeropuerto, Edward —logró decir, con la mirada en sus manos, entrelazadas sobre su regazo—. Voy a ir a un centro comercial o algo así.
— ¿O algo así? —él la miró con una ceja levantada.
—No es como si fuera a ir a un club de hombres nudistas en Los Angeles, ¿cuántas probabilidades hay de que eso suceda? Mirar a hombres semi desnudos y llenos de aceite no es algo que me agrade mucho —arrugó la nariz—. Ahora me gusta verte desnudo sólo a ti —sonrió y se inclinó para besar su mejilla—. Estaré bien, puedes quedarte con los niños aquí.
Él comenzó a sacudir la cabeza, apagando por completo el auto y le miró directamente a los ojos.
—No vas a ir sola. Yo voy contigo. Los niños pueden quedarse aquí con mis padres. Además, probablemente sea la primera vez que nosotros dos salimos solos.
—Ahora que lo recuerdo —ella se separó, recargándose por completo en la puerta del auto detrás de ella—. Nunca me has llevado a una cita formal, sólo tú y yo, Cullen. ¡Y ya me acosté contigo!
Él sonrió mostrando su dentadura.
—No puedes decir que no te gustó.
Ella se encogió de hombros.
—Hasta ahora.
— ¿Es un reto?
—Tómalo como quieras —le dijo muy risueña—. Creo que es tiempo de que vayas con tu madre y le expliques algunas cosas —su mirada estaba en la puerta principal de la casa donde estaba la madre de Edward, con Niklaus en sus brazos y con una mirada asesina en dirección a ellos dos aun dentro del auto—. Parece que vendrá por ti por los cabellos.
—Sería la primera vez que hace eso… no creo que le deje hacerlo —lo dijo también con una pequeña sonrisa en el rostro y se volvió a ella—. ¿Sabes? Puedes bajar conmigo y yo le diría cuales son los planes. No es como si planeara dejarte aquí encerrada en el auto sin hacer nada.
A Bella no le gradaba estar en un lugar totalmente sola y encerrada por un determinado tiempo. Independientemente el tiempo que sea. Ella se ponía de nervios cada vez que se veía en una situación así.
—Aceptaré… pero si tu madre comienza a mirarme como si me quisiera matar… entonces probablemente no sabría que hacer —contesto con sinceridad y después, salió del auto.
Al llegar al porche, Bella pudo observar que la madre de Edward seguía de pie en el pasillo justo frente a la puerta con los brazos cruzado. Claramente los estaba esperando. Niklaus y Cara habían desaparecido. La mano de Bella le dio un suave apretón al antebrazo de Edward antes de sonreír de manera amable.
—Buenas tardes, señora Cullen.
Elizabeth Cullen la recorrió con la mirada. ¡¿Cómo se atrevía a usar esa minúscula ropa en público?! ¡Y presentarse en su casa de esa manera! Sabía que era una época diferente a la que ella había vivido en su juventud, pero para Elizabeth eso era una falta de respeto. Volvió a mirarla fugazmente y se volvió a mirar a Edward, su hijo, quien no le estaba dedicando ni siquiera ninguna sonrisa.
—Cariño, te he extrañado tanto —exclamó, acercándose a él, apartando con un sutil empujón a Bella de él y lo rodeó con sus brazos. Sintió como Edward apenas y le rodeaba la cintura con su brazo—. ¿Cómo has estado?
—Bien, gracias —se separó de ella, enviándole una mirada significativa—. Mamá, espero que recuerdes a Isabella Swan, ella es mi novia —asintió en dirección a la chica castaña para después rodearla con su brazo, atrayéndola a su costado.
Tomó todo el autocontrol de Elizabeth Cullen para no lanzársele y decirle todas esas cosas que le había dicho por teléfono y muchísimo más. Sus puños se cerraron a sus costados con fuerza.
—Claro que la recuerdo… Bella —la aludida alzó la mirada para encontrarse con ella, y para desgracia de Elizabeth, Bella no la estaba mirando con sumisión sino con una mirada retadora—. Bueno… será mejor que pasen para poder…
—No —interrumpió Edward—. No vamos a entrar. Tan sólo venimos a dejar a los niños. Nosotros iremos a dar un paseo por el centro mientras ellos pasan tiempo contigo.
Elizabeth miró con pánico a su hijo. Sus ojos estaba completamente abiertos y su boca apenas entreabierta. Sin saber que decir.
—Yo… yo creía que te quedarías…
—No. Dijiste que tan sólo querías ver a Niklaus y pasar tiempo con él. Bien, pues entonces aquí está Niklaus. Niklaus no puede estar separado de Cara. Así que simplemente dedícate a seguir con lo que tenías planeado, mamá.
La mirada que Elizabeth le dirigió a Bella le dio a entender que la estaba culpando por lo que estaba pasando. Bella tenía la culpa de que su hijo se estuviera separando de ella. Bella tenía la culpa de que su nieto y su hijo se pusieran en su contra. Niklaus, cuando la vio, lo primero que dijo fue que no quería ningún mal comentario hacia a Bella. ¿Qué más quería ella? ¿Quitarle a su esposo? Le estaba arrebatando a sus más bellos tesoros en un tiempo bastante corto.
—Edward, cariño… también quiero que te quedes y que podamos conversar y…
—No voy a conversar contigo. No después de lo último que hablamos, ¿entiendes? —Edward sintió como el cuerpo de Bella se tensaba a su lado. Ella sabía que la última conversación que él y su madre habían tenido había sido sobre ella—. Así que probablemente venga en unas horas, ¿de acuerdo? Debemos irnos esta noche a Londres porque Cara tiene que ver a su padre después de tantos días. —su mirada se posó en la puerta que daba en dirección a la sala de estar—. ¡Klaus, Cara, vengan aquí! —dijo alzando la voz.
Inmediatamente, pequeños y rápidos pasos se escucharon por el pasillo y aparecieron las figuras de los niños, corriendo en su dirección. El par se detuvo frente a los tres adultos. La mirada de Niklaus estaba sobre Bella, le estaba mirando fijamente, esperando que ella no se sintiera mal en esos momentos. Cuando supo que Bella no estaba triste, miró a su papá.
— ¿Qué sucede?
—Vamos a venir por ustedes dos más tarde, ¿de acuerdo? —Dio órdenes, mirando fijamente a su hijo y a Cara, inclinándose a ellos levemente—. No hay objeciones de ningún tipo de su parte. Bella y yo nos iremos durante unas horas y después vendremos por ustedes —Niklaus comenzó a abrir la boca pero Edward lo calló, alzando un dedo—. Escúchame; vas a portarte bien con tu abuela y vas a cuidar de Cara. Aunque lo más probable es que ella te cuide a ti —la niña sonrió ante la mirada de complicidad que le dio Edward—. Pero nada de travesuras.
—No es justo que ustedes dos vayan a divertirse sin nosotros —acusó el niño, mirando a Bella con el ceño fruncido—. ¿Por qué, Bella?
Ella tragó pesado y se acuclilló para estar a la altura del pequeño.
—Son indicaciones que tu papi está dando, mi amor. Vamos a venir por ti más tarde. Además, podrás pasar tiempo con tus abuelitos —ella le sonrió y Niklaus se sonrojó, acercándose a ella hasta rodea su cuello con sus brazos.
— ¿No quieres estar con mi abuelita? —susurró en su oído y Bella se quedó muy quieta, con los brazos alrededor del cuerpo del niño—. Mi abuelita no te quiere mucho, ¿verdad?
Ella suspiró y besó la mejilla del pequeño para después susurrarle también:
—No lo sé, Nik, pero después hablaremos de eso tú y yo —volvió a besare la parte trasera de su oreja haciendo que el pequeño soltara una risita nerviosa por las cosquillas. Ella se separó sonriéndole—. Pórtate bien, ¿de acuerdo?
El niño sonrió aun con las mejillas sonrojadas y se separó de ella sacudiendo la cabeza.
—Nunca me porto bien, Bella —le recordó.
Después fue turno de Cara despedirse de Bella. Niklaus miró como Cara la abrazaba y la besaba y sintió una punzada de celos. ¿Por qué Bella se dejaba besar y abrazar como lo hacia él? No le gustaba que otros niños hicieran eso. Desvió la mirada hacia su papá y Edward le sonrió con cierta diversión.
—Hora de irnos —anunció y revolvió los cabellos de su hijo, éste apartó la mano de su padre con un manotazo e intentó arreglar de nuevo su cabello desordenado.
Bella no le dirigió ninguna otra mirada a Elizabeth sabiendo que ella le estaba mirando mal. Bella pensó que Elizabeth probablemente tenía celos de Bella porque ella podía tratar muy bien a ellos dos y no sólo Elizabeth. No entendía a aquella mujer pero no era como si por ella su vida no podría seguir.
Al salir de la casa Bella pudo respirar tranquilamente ante la atenta mirada de Edward sobre ella. Nada se comentó mientras hacían el camino hacia el auto. Una vez dentro y con tres minutos de recorrido por la ciudad de Los Angeles, se volvió hacia Edward.
— ¿Dónde me llevas?
—Creí que querrías comer algo —dijo él con inocencia—. Apenas y tocaste el desayuno esta mañana.
— ¿No es más racional ir de compras primero y después ir a comer algo?
—Nada es racional conmigo, nena —le dijo con una media sonrisa matadora en su perfecto rostro.
—Eso ya lo había notado, guapo.
Edward rio, llamando su atención.
—Amo cuando me llamas de esa manera.
—Lo amas porque sabes que es realmente cierto. Y no tienes nada de qué excusarte.
—El que aceptes que soy realmente guapo es una completa ganancia para mí, ¿lo sabes?
Bella bufó, pero una sonrisa estaba en su rostro.
—Todo el jodido mundo sabe que eres guapo.
—No, la gente que no me conoce no sabe que soy guapo.
—Olvídalo, Cullen.
El resto del camino hacia el restaurante fue lleno de bromas y comentarios sarcásticos por parte de Edward y con comentarios igualmente irónicos de parte de Bella. La comida en el restaurante también fue de la misma manera. Ojos curiosos estaba sobre ellos. También estaban un más en ellos cuando Edward decidía reír demasiado alto ante los comentarios llenos de ironía y ocurrencias de parte de Bella. Y era turno de Bella para reír a carcajadas un poco bien disimuladas cuando Edward hacia una sugerencia sucia.
—Realmente me alegra mucho que nos hayas acompañado en este viaje. Estoy seguro de que no sería lo mismo si no lo hubieras hecho. Sólo seriamos nosotros dos —dijo Edward con sinceridad, terminando de comer la tarta de fresa que existía en su plato—. Además, Niklaus se ve bastante contento cuando está contigo.
—Creo que tengo cierto encanto sobre ti y sobre él. Es un encanto que muchas veces puede ser utilizado para algunas cosas que yo quiero —admitió con una sonrisa tímida en su rostro—. Pero hablando de manera seria… yo también me alegro de haber venido con ustedes a este viaje. Ha sido fabuloso. Se encuentra en la lista de mis cinco mejores vacaciones en toda mi vida.
— ¿Cuáles han sido las otras?
—Esta es la primera —dice riendo. Edward se le unió a las risas también al momento en el que sacudía la cabeza y miraba el postre que ella tenía en su plato—. Pero espero tener algunas más.
—Estoy seguro que si sigues aguantándome durante más tiempo, entonces tendrás muchas más.
Bella suspiró, mirando la tarta de fresa frente a ella. Ya no podía comer más. Empujó su plato hacia a Edward, quien lo aceptó con muchísimas ganas. Cuando alzó la mirada pudo ver que tenía los ojos verdes fijos en ella.
Pudo sentir la pregunta sin que se dijera en voz alta.
—Es sólo que siento que estamos yendo demasiado rápido, Edward. Todo ha pasado demasiado rápido y tan sólo llevamos un mes de relación… casi dos. ¿Llevarme contigo a unas vacaciones en una isla carísima? ¿Salir con tu hijo a muchos lugares? ¿Exponernos en público? Estoy segura de que pasar al siguiente nivel es completamente normal. No tengo objeción con eso… pero todo lo demás…
Edward la miró en silencio. ¿Qué era lo que podía decirle? Ella tenía bastante razón, pero él no se veía incómodo con eso. Al contrario. A él le gustaba como estaba yendo su relación, sin embargo, si a ella no le gustaba, entonces se podría hacer lo que ella decidiera y ya.
— ¿Quieres que vayamos más lento? Está bien, lo haremos. También voy a moderarme con nuestras salidas, entiendo mucho que no te guste estar rodeada de gente con ojos curiosos sobre ti. Te diría que te vas a acostumbrar pero eso no serviría de nada. En lo de la isla… eso es lo que me puedo permitir. Además, tómalo como regalo de un mes —Bella arrugó la nariz y Edward sonrió. A ella no le gustaban esos tipos de detalles cada mes—, si no… tómalo como un regalo porque simplemente te queremos mucho. Te quiero mucho, muchísimo. No sé qué decirte acerca de Niklaus, él simplemente te quiere mucho, no le puedo decir que se aleje… ni a Cara.
—Lo sé —se apresuró a decir antes de que él pudiera decir otra cosa—. No me molesta para nada la relación que tengo con Nik, o con Cara. Pero comienzo a ser algo que él está acostumbrado a ver casi todos los días y… es muy pronto, Edward… no sé…
—Lo entiendo, pero es un niño, ¿Cómo le hago entender eso? ¿Tienes miedo de que esto se termine pronto? Es normal. Pero ya te dije que no eres algo pasajero… Si es así para ti dímelo y…
—Edward —ella lo detuvo, mirándolo fijamente—. Sabes perfectamente que eso no es así. Sólo… nada regalos de meses, eso no. Nunca. Tampoco quiero regalos costosos. Ha sido una experiencia maravillosa, lo acepto, pero…
—Pero ya no vas a aceptar algo como eso.
—Exacto —asintió—. Vayamos más despacio, ¿de acuerdo? Es lo único que te pido. No es como si fueras a separarte de mí pronto porque trabajo contigo —sonrió de lado—. A menos, claro, que decidas despedirme.
—Eso no va a pasar porque…
—Concédeme algo —interrumpió ella con la mirada fija sobre él.
—Lo que tú quieras, nena —dijo automáticamente.
— ¿Estás seguro?
—Segurísimo.
— ¿Me lo juras?
Él entrecerró los ojos. Odiaba que le hicieran esas cuestiones. Tan sólo le hacían ponerse inseguro.
—Te lo juro.
—Vas a dejarme pagar esta vez.
Edward la miró boquiabierto. Sin duda no se esperaba algo como eso. ¿Qué podía decir ahora? Ya lo había jurado. Y le había dicho que le concediera eso y él había aceptado.
—Estoy seguro de que me voy a cobrar esta.
Ella rio totalmente contenta y se inclinó para poder besarle la mejilla.
—No es nada, guapo. Aprende a ser derrotado por mí. Te va a servir de mucho.
Después de pocos días aquí está. Mi internet es una mierda así que probablemente tenga algunos capítulos pronto por aquí. Debo decir que mientras escribo esto ya tengo escritas algunas páginas del siguiente capítulo. Ando con imaginación.
¿Qué les ha parecido el lemmon? Sean sinceros por favor, no soy buena escribiendo ese tipo de cosas :s ... ¡Bella le ha pedido ir lento a Edward! Sin embargo... le encantó ir rápido con eso del sexo. Además, tenemos sobre la madre de Edward y su desprecio hacia a Bella. Debería saber que no se puede meter con ella y que no va a afectarle mucho.
Gracias a: MariaCullen14, Manue Peralta, Osbelys, dracullen, Brenda-Cullen-Ivashcov, belkis lagos vasquez , Eretirelf Oliuga, Nadiia16, MONIELITA CULLEN, zonihviolet, Tata XOXO, aea7, ProudlyTwihard , .Cullen , valeriesunshine, bel20 , galadrielcullen, Marie Sellory, pera l.t, torposoplo12, jupy, Dani Valencia, EmDreams Hunter, , Gensis J, Melania, Kady Belikov Cullen, AleLupis, SalyLuna, Gretchen CullenMasen , Mon de Cullen, Nyx-88, INDI02, Beastyle, lokaxtv.
A todos los que me agregaron a favoritos, alertas y los que leen mi historia cuando no leen una incompleta también, gracias, y a todos los anónimos :)
Para los que se quieran unir al grupo de facebook aquí está, allí se pubican fotos y las sesiones de fotos que Niklaus tiene o cualquier tipo de imagen referente al fic: groups/170869393079182/
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