Disclaimer: Los personajes son propiedad de Meyer, la historia es de mi imaginación.
Summary:
"Edward Cullen, el jugador de fútbol más exitoso tiene una vida bastante complicada con un revoltoso niño de cinco años. Lo que menos necesita ahora mismo es esa atractiva mujer que llegará a controlar su carrera y probablemente su corazón."
CAPÍTULO QUINCE
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La última semana de las vacaciones de verano estaba por terminar. La idea de no ver a Edward y Niklaus durante casi todo el día, todos los días de la semana, era algo difícil de aceptar.
Edward había accedido a llevar las cosas más lentas con Bella a partir de la conversación que tuvieron en el restaurante de Los Angeles. Su primera salida juntos sin niños. Todo lo demás siguió siendo maravilloso porque ellos se miraran en sus casas de vez en cuando y salían por lo menos sólo una vez por semana o dos veces. Era perfecto para Bella. Ahora ya casi iban a cumplir tres meses y medio de relación, un tiempo bastante largo que se había pasado rápidamente en el verano. Ella estaba segura de que los siguientes días serían eternos.
Ahora ella se encontraba en su apartamento, con un montón de papeles en su mesa del comedor. El contenido de los papeles esparcidos era de las cuentas del apartamento, tarjetas de crédito y mucho papeleo más de Edward.
Niklaus había tenido unas enormes críticas buenas acerca de su aparición en revista como niño modelo. El pequeño estaba feliz de saberlo, por supuesto. Había insistido mucho en poder salir en otra revista pronto. Eso no se le concedió por petición de su padre, aunque propuestas de ideas para Niklaus no faltaban.
Por otro lado, Bella tendría que comenzar a mirar la agenda de Edward y organizar todo lo que tuviera para poder tener tiempo para el niño también. Edward se miraría ocupado los siguientes meses porque comenzaría con los entrenamientos para ir al mundial. Era seguro que él podría ir, acudir, y jugar. No era seguro que ganaran, obviamente, pero Edward era un buenísimo jugador y con él había muchísimas posibilidades.
Contestó su teléfono después de apartar algunos papeles de su mesa y mirar su portátil. Colocó el pequeño aparato entre su oreja y su hombro.
— ¿Hola?
—Hola, cariño —la voz de su madre se hizo escuchar por el teléfono. Bella se apresuró a ponerla en altavoz y la colocó cerca de ella en la mesa.
—Hola, mamá, ¿Cómo estás? Es una sorpresa volver a hablar contigo.
—Lo sé, realmente no me has devuelto la llamada desde hace casi dos meses, ¿se puede saber el motivo?
Bella suspiró, dándole un descanso a su espalda y se recostó en la silla.
—Ha habido mucho trabajo. Debo admitir que me olvidé de ti durante mucho tiempo, discúlpame, ¿sí? —se mordió el labio, mirado fijamente su teléfono.
—Claro que te perdono por habernos olvidado a mí y a tu padre durante unos meses, mi amor —Bella sonrió tristemente—. Lamento que estés teniendo mucho trabajo ahora.
—Lo sé. Edward va a volver con los entrenamientos y entonces su agenda probablemente va a estar muy apretada.
— ¿Apretada como los calzoncillos que probablemente usa y hace que se marque ese paquete que seguramente tiene?
Bella bufó, llevándose las manos a su rostro, sintiendo como se calentaba.
—Creí que serias capaz de llevar una conversación decente conmigo, mamá.
— ¡Ay, cariño! ¡Estás volviéndote muy santurrona últimamente, eh!
—No me agrada mucho hablar sobre el miembro de Edward contigo. ¡Estas enamorada de él! ¿Qué tan malo puede ser eso?
—Pues antes hablabas conmigo de como probablemente tenían el miembro algunos jugadores de otros deportes.
—Tenía dieciséis años cuando conversábamos así. Mis hormonas estaban locas.
— ¡Pero eras cuerda y sabías lo que estabas diciendo! Era unos buenos tiempos. Cuando aún te tenía bajo mi techo… y dormía contigo y te abrazada y todavía te llevaba al colegio… a los entrenamientos de futbol… Pero entonces creciste y todo se fue a la mierda.
—No seas dramática.
Renée bufó al otro lado de la línea.
— ¿Hay algún motivo para tu llamada?
—Duele saber que no te entusiasmas por escuchar a tu madre después de muchas semanas.
—Mamá…
—Bien, de acuerdo. Te llamo para decirte que tu padre y yo vamos a dar una cena para celebrar nuestro aniversario. Esperamos realmente que vengas con nosotros a celebrar.
Bella hizo una mueca, apartando definitivamente los apeles de las cuentas del apartamento. Sus padres llevaban casi treinta años de casados. Ellos siempre lo celebraban con mucha, muchísima gente. Era casi siempre la misma gente pero casi ninguna faltaba. Bella había estado en todas desde que había nacido. Ahora ella se encontraba bastante lejos.
— ¿No prefieren festejar ustedes solos yéndose a algunas vacaciones y tener sexo de ancianos? —se mordió el labio, tomando un contrato de Hasbro en el que pedían a Niklaus poder salir en un comercial. Definitivamente eso no pasaría.
—No, cariño. Desde que te fuiste, tu padre y yo parecemos conejos en cualquier parte de la casa. Los cuarenta nos sientan bien todavía.
—Ustedes casi tienen cincuenta ya.
—No, aun no, aun me faltan tres años —se excusó su madre—. A tu padre sólo uno.
—Da lo mismo, mamá. Además, ahora necesitaré que coloques sabanas limpias cuando yo vaya a visitarlos.
— ¿Realmente crees que tendríamos sexo en la habitación de nuestra hija? eso es enfermo.
—Tú eres enferma.
—Como sea… ¿Vas a venir? Puedes traer a Edward y a su pequeño contigo si lo prefieres. A tu padre le vendría bien tener a alguien con quien conversar profesionalmente sobre el futbol soccer. Ya me tiene harta de tanto basquetbol. Es horrible.
Bella rio por lo bajo, escuchando como la puerta del apartamento se abría y dejaba ver a Alice, llena de bolsas de compras en sus manos. Sin duda ella no tenía cuenta en el banco para algún futuro o alguna emergencia. Todo su dinero estaba en esas bolsas de marcas de ropa carísimas.
—Voy a pensarlo mamá, ¿Cuándo es eso? ¿Será en Forks?
—Por supuesto. Ya sabes. Es el viernes. Puedes quedarte el fin de semana aquí con nosotros y después irte cuando las clases comiencen.
—Ya no voy a la escuela —le recordó, dedicándole una mirada a Alice junto con una sonrisa y volvió su mirada al portátil.
—Lo decía por el pequeño Niklaus, mi amor.
—No voy a llevar a Niklaus y a Edward contigo…
— ¡Bella! —gruñó su mamá.
—Se supone que entre Edward y yo las cosas van lentas y que él conozca a mis padres no es ir lento.
Su mamá bufó, totalmente frustrada.
—Estoy segura de que el que te lleve a una isla durante cinco días no es ir lento. Tampoco el sexo, como decías. No me vas a decir que no tuviste sexo con Edward en la isla porque no te voy a creer. ¿De acuerdo?
—Bueno, sí tuve sexo con Edward en la isla, ¿pero, no habías dicho que las parejas hoy en día tenían sexo pronto? Además, Edward está bastante bueno como para no hacerlo. Aunque debemos ser silenciosos por los niños.
Tanto Alice como Renée se tiraron a reír.
— ¡Hola Renée! —saludó Alice, colocándose en la silla moderna frente a Bella y tomando con gesto despreocupante uno de los contratos de Edward.
— ¡Hola Alice! Que alegría volver a hablar contigo. ¿Al fin voy a poder conocerte? Puedes venir con Bella a nuestro aniversario, mi esposo y yo llevamos mucho tiempo de casados y haremos una especie de evento para celebrarlo. Te va a encantar.
Alice sonrió, con los ojos iluminados.
— ¡Me encantaría! Ten por seguro que estaré allí con Bella.
— ¡Perfecto! ¿Podrías decirle al guapo novio de mi hija que venga también?
—Estoy segura de que a Edward le encantaría asistir. ¡Y a Niklaus también! —Le envió una mirada maliciosa a Bella y ella le devolvió el gesto alzando su dedo del medio—. Tu hija acaba de hacerme una señal obscena.
Renée rio.
—Ella no quiere que conozcamos a Edward aun. Probablemente piense que lo suyo va a terminar en un fracaso.
— ¡Oh, por favor! Mi primo está idiotizado con Isabella. Creo que podría decirse que ya la ama. Y mucho —Bella se tensó en su lugar y acomodó sus gafas en su nariz con gesto ausente—. Si tan sólo le escucharas hablar de Bella como lo hace…
— ¡Oh Dios! —Gritó Reneé—. ¡Tengo que conocerlo! Alice, ¿puedes darme su número de teléfono?
—Te lo enviaré más tarde. Bella me está mirando muy mal ahora mismo. Edward estará encantado de hablar contigo.
—Muero de ganas por conversar con él —admitió la mujer con una sonrisa. Después suspiró—. Tengo que irme, Charlie comienza a rabiar porque no he iniciado el desayuno.
—Estoy segura de que un buen sexo lo recompensa —dijo Alice con una sonrisa sucia en su rostro. Bella se dedicó sólo a reír ante la ocurrencia de su amiga.
—Estoy segura que eso nos servirá. Siempre sirve. El sexo es lo que nos ha mantenido casados durante casi treinta años.
—Mamá… —protestó Bella con una mueca y agitó la cabeza—. Ahora sí es algo asqueroso, ¿no lo crees?
—No lo creo, cariño. Cuando te cases con Edward…
— ¡Basta! —Interrumpió la castaña—. Es hora de que vayas a cocinar la cena de papá. Dile que lo amo y que no se deje manipular por tus sugerencias sexuales.
— ¡Le diré!
Y entonces la llamada se cortó. Bella suspiró con alivió y dejó su teléfono a un lado, tomando de nuevo el portátil y colocando su atención en él.
— ¿Edward tiene un contrato para aparecer en el programa de Play Boy? ¿Y lo va a aceptar? —la voz de Alice demostraba bastante diversión y asombro, ella no podía imaginar la cara del anciano al ver a Edward allí. O la cara de las conejitas desnudas.
—No lo sé aun. No le he notificado eso a Edward aun —dijo ella, dándole un pequeño encogimiento de hombros. Miró de reojo como Alice lo dejaba sobre la mesa y tomaba su pequeño teléfono celular para después comenzar a teclear algún mensaje de texto.
— ¿Y no te daría un poco de celos que él fuera a aparecer en ese programa? Porque hay muchas putas por allí, o algo así como putas.
— ¿Por qué debería sentir celos de mujeres plásticas y con más brillo labial que mente? —murmuró Bella, levemente concentrada en la conversación que tenía con su curiosísima amiga. Primero necesitaba resolver el asunto que tenía en su portátil. Realmente odiaba los correos electrónicos que llegaban una y otra vez.
—Bueno… porque casi siempre andan semidesnudas por allí. A veces están desnudas en el programa de televisión sin ningún tipo de pudor. ¿No saben lo que es vergüenza? —Bella no dijo nada—. Y Edward estará allí con ellas… ¿nada de celos?
Bella se encogió de hombros.
—No, nada. Además, es sólo el trabajo… Y siendo sincera, no creo que Edward lo acepte. No es muy fan de salir en ese tipo de shows.
— ¿Así que ya se conocen muy a fondo? ¿Después del buen sexo que tuvieron se pusieron a hablar sobre sus preferencias?
—No, pero él me lo dijo. También tenía lo de aparecer en el show de Keeping Up With The Kardashians. Rob Kardashian tuvo una especie de cita con él y fue grabado. Edward no quiso aparecer en televisión, simplemente es así.
Alice bufó, subiendo los pies a una de las piernas de Bella de manera muy cómoda, que estaban colocadas en modo indio debajo de ella.
— ¿No crees que es un poco creído al no querer aparecer en televisión?
—Me dedico a indicarle los avisos que tiene. Es problema de él si quiere aceptar o no. Además, si acepta, yo notifico, si después se arrepiente, es allí donde yo tengo que decirle que ya ha aceptado y que no se le puede subir los humos a su cabeza llena de ego, a menos que sea algo grave o tenga algún problema con los administradores del producto o programa con quien se ha hecho la cita —se encogió de hombros otra vez, presionando enter en el portátil y suspiró para después mirar a su amiga—. Ya después me encargo de la publicidad y todas esas cosas.
— ¿No es mucho trabajo asociarte con tantas personas?
—No tengo nada con qué compararlo… así que no, supongo que no. Es una estrella grande, lo admito, tiene muchas cosas por hacer pero… no, no tengo más compromisos que mi carrera. La relación que tengo con él es muy aparte —sacudió la cabeza y después sonrió—. No sé porque terminé contándote esto.
—Tal vez necesitas hablar con una chica más seguido que no sea la pequeña niña Cara.
—No es mi culpa que siempre estés fuera de casa —le recordó la castaña, volviendo su vista al portátil al tener un nuevo correo—. Además, Cara es una niña bastante inteligente.
—Desde ahora pasaré más tiempo contigo —juró la enana—. Además, viajaremos juntas a ese pueblo. Va a ser genial. Edward pronto hablará con tu madre y estoy segurísima que él y Niklaus nos acompañaran también.
Bella le miró con los ojos entrecerrados y se tapó el rostro con sus manos.
— ¿Ya le has enviado el número de teléfono de Edward a mi madre, cierto?
— ¡Por supuesto! —contestó Alice con voz muy contenta, dejando claro que no se arrepentía para nada de lo que había hecho.
—Vas a matarme… —murmuró y agitó su cabeza, tomando algunas respiraciones. Decidió cambiar de tema antes de que comenzara a decirle algunas cosas no-agradables a su amiga—. ¿Y? ¿Ya has hablado con Jasper de nuevo?
Había pasado un montón de tiempo desde que Alice le había comentado eso sobre Jasper. Se había tratado el tema. Alice lo habló con Bella una vez que ella pisó Londres de nuevo. Alice se expresó bastante bien sobre la noche con Jasper. Bella supo que tan bueno era Jasper en la cama… Sin embargo, aunque Alice supiera acerca de que Jasper era el mejor amigo de Edward, ella no dijo nada a nadie más que a Bella. Al parecer Jasper tampoco había abierto la boca a nadie. Ni siquiera a su mejor amigo. Edward seguramente cuestionaría bastante rápido a Alice sobre eso porque era un primo bastante celoso. Y Bella no sabía de ninguna pelea que Edward y Jasper tuvieran entre ellos.
Pero Alice no había tenido ninguna llamada de ningún rubio de preciosos ojos azules durante el resto del verano.
—No. ¡Bella, ¡¿Cómo es posible eso?! He escuchado que soy buena en la cama. Satisfizo muy bien a los hombres en ese aspecto. ¡Te lo juro! Dejo que me hagan lo que ellos quieran —Bella le envió una mirada reprobatoria ante el comentario de su amiga. Bella sabía exactamente lo que ella quería decir con eso—. Es cierto… y él… no se digna a llamarme ni nada.
— ¿Y porque no lo llamas tú?
— ¡Loca! ¿Cómo dices eso? ¿Acaso no sabes que el código de las mujeres es dejar que ellos sean quienes llaman?
— ¡A la mierda el puto código inexistente de las mujeres que te acabas de inventar! ¡Loca tú! ¿Por qué no le hablas tú? ¿Qué vas a perder? Vas a quitarte la duda de si él quiere algo más contigo o no.
Alice sacudió la cabeza rápidamente.
—No. No, Bella, si no me ha llamado entonces es porque probablemente no quiere nada conmigo.
—Pues allí tienes tu respuesta —respondió la castaña, comenzando a apartar algunos papeles de la mesa. Tenía que comenzar a preparar la comida porque ella estaba harta de comer en restaurantes—. Si no ha llamado, entonces no quiere nada contigo.
—Eso es muy cruel de tu parte.
—Es fácilmente lo que tu código de chicas dice. Es tan estúpido que me dan ganas de darte bofetadas. Deberías ser una verdadera mujer y tomar la iniciativa.
— ¿Tú tomaste la iniciativa con Edward?
—No, fuimos los dos, pero eso fue porque nosotros estábamos cuerdos y, querida amiga, yo tengo esto —señaló su cabeza—. Tú, con esas palabras en tu boca, no.
Alice bufó ante los "inocentes" insultos que su amiga le estaba dando. Estaba bastante acostumbrada a ellos. ¿Por qué molestarse en decirle que se sentía ofendida cuando no era así? Le ayudó a tomar los papeles de Edward de la mesa. Ni siquiera se le vino algo en la cabeza para contestar al ver aquel papel… ese papel con letras impresas.
Era una invitación enorme.
Sus ojos se ampliaron y su boca se abrió.
— ¡¿Por qué jodidos Edward siempre tiene invitaciones a buenos eventos?! —chilló mirando la invitación de la semana de la moda en Nueva York.
—Porque es un jugador de futbol muy famoso, ¿tal vez? No lo sé —contestó Bella sarcástica y le arrebató el papel de su mano—. No es algo que deba importarte mucho.
— ¡Claro que sí! Soy su prima favorita, ¿crees que quiera llevarme con él?
—No lo sé. Tal vez deberías preguntarle tú.
— ¡Claro que lo haré!
Bella bufó, con las manos en jarras y con una mirada llena de desaprobación en dirección a Alice. ¿Por qué jodidos no podía hacer lo mismo con Jasper? Bella estaba segura de que probablemente Jasper Whitlock también había sido invitado a la semana de la moda de Nueva York, pero para estar segura le haría la pregunta a Edward más tarde. Su amiga no tenía ninguna iniciativa algunas veces como las personas creían.
—Eres un caso perdido, Alice —agitó la cabeza y terminó de desocupar la mesa—. Creo que Rosalie había dicho algo sobre ir a la semana de moda cuando vino con Aaron y Emmett hace dos semanas.
—Rosalie no va a ir porque tiene que cuidar a un horrible niño rubio.
—Me sorprende lo amable que eres con tu sobrino.
— ¡Por favor! Ese niño es demasiado… arrogante.
—Niklaus probablemente llegue al mismo camino con todo el trato mimoso que ustedes le dan —acusó Bella con una sonrisilla. Ese niño era irresistible y se lo quería comer a besos cada vez que lo veía. Sin embargo, cuando tenía sus berrinches se le figuraba a un niño bastante odioso—. Así que no hables de Aaron.
—No estábamos hablando de Aaron… Estábamos hablando sobre la semana de moda en Nueva York —sonrió de manera amplia—. ¡Será fabuloso!
—Ya olvídalo, Alice, primero debo notificárselo a Edward.
En un movimiento bastante bien calculado, Alice se lanzó a tomar el teléfono de Bella, que estaba a punto de ser tomado por su dueña y comenzó a buscar el número de Edward en los contactos para poder llamarlo. Bella se lo arrebató más rápido.
—Se lo diré mañana, cuando lo vea. ¡Y ya terminé con el tema de la semana de la moda! Deja de hablar de eso y comienza a preparar algunas cosas del almuerzo porque me muero de hambre y no has hecho nada de comida desde hace dos días.
Después de dar las indicaciones, Bella se marchó por el pasillo hacia su habitación, cerrado la puerta de un portazo después de escuchar los gruñidos de Alice aun en el comedor.
— ¡Papi! ¡Ya sé que quiero ser cuando sea grande!
— ¿Qué quieres ser cuando seas grande?
— ¡Batonero en una banda de rock?
La mirada que Edward le dirigió a su hijo era entre curiosidad y diversión. ¿De que jodidos estaba hablando su hijo? Apretó el botón que estaba justo al medio del control del video juego.
Era un día bastante tranquilo. Edward por fin había conseguido una cocinera para ellos. Por ese motivo, la casa estaba llena de un delicioso olor a algo rico y que hacía que a Edward se le retorciera el estómago. Él y su hijo se encontraban acostados en los modernos sofás que tenía en la enorme sala de estar de diseño moderno y varonil. Frete a ellos, encima de la chimenea, estaba la enorme pantalla de televisión, donde mostraba unos gráficos de video juegos de autos de carreras. Su día había consistido en eso. Estar echados en los sofás sin hacer nada más que comer comida chatarra, mirar películas y usar la consola de video juegos.
— ¿Qué es un batonero de una banda de rock, enano? —preguntó con bastante curiosidad.
— ¡Los que golpean la batería y dan ritmo a la música y agitan la cabeza como locos!
—Se llaman bateristas —rio Edward, sintiendo un puño pequeño sobre su pecho. A Niklaus no le gustaba que se burlaran de él. No. Le. Agradaba. —. Entiendo lo que quieres decir, enano, pero tú no sabes tocar la batería.
Niklaus se lanzó de nuevo en el sillón, con los pies sobre el respaldo y la cabeza colgándole.
—Puedes llevarme con alguien que me enseñe.
—Nunca terminas los cursos a los que entras, ¿Qué pasó con karate? No quisiste ir después. Tampoco a beisbol.
— ¡Nos mudamos aquí! —Alegó el pequeño, reanudando el juego en la tele y comenzó a sonreír al tomar la delantera—. Fue tu culpa.
—No es cierto, enano. No quisiste ir después. Pero si quieres, puedes ir a una escuela de música. Escuche de una que está cerca de tu nuevo colegio. ¿Qué dices? Aunque no sé cómo jodidos vas a tener tanto tiempo para eso si comenzarás a ir a la pequeña liga de Real Madrid.
—Tienes que decirle al profesor que me deje tiempo para ir al futbol después de tocar la batería —lo dijo como si fuera la cosa más sencilla del mundo y se colocó de buena manera cuando comenzó a sentir como la cabeza le punzaba—. Seré un gran jugador de futbol y también un buen batonero.
—Baterista —corrigió Edward con una sonrisa—. Y el hecho de que comiences en la pequeña liga de Real Madrid no es algo sencillo, deberías saberlo.
—Eso, quiero ser batonero.
—Tendré que verlo primero. Además, creo que Acher viene pronto. Él podrá llevarte a todos los lugares que quieras. Así no perderás ninguna clase.
Niklaus suspiró muy profundo y sacudió la cabeza, apretando el control entre sus manos al ver que su padre le había ganado la carrera. Acher era el guardaespaldas de Niklaus mientras estaban en Los Angeles, por suerte, cuando Edward le llamó, Acher aceptó sin pensárselo.
— ¿Vas a volver a los entrenamientos?
Edward asintió, bebiendo un poco de jugo de manzana que tenía al lado.
—Sí, el mismo día en el que tú vuelves a clases. ¿Estas emocionado por tu nuevo colegio?
—No —contestó con sinceridad—. Odio cambiarme de escuela. Aunque va a ser genial ser el nuevo alumno guapo y batonero.
—Baterista.
— ¡Eso! —gruñó Klaus, bufando—. Y Cara estará conmigo.
—Cara ya tiene amiguitos allí, Jasper la llevó a un curso propedéutico que ayuda a que se integren los niños nuevos y se conozcan y esas cosas. Aun no entiendo porque no quisiste ir.
—Tenía que despertar pronto.
—Deberías hacerte la idea de que será así todos los días y que no vas a faltar por ni un minúsculo capricho que tengas. Tampoco me acompañarás a todos los juegos que vaya ni entrenamientos, ¿de acuerdo? Te lo advierto desde ahora.
Niklaus gruñó escuchando a su padre y después lanzó el control remoto cuando volvió a ganarle en el video juego. Le envió una mirada y se lanzó sobre él con fuerza.
— ¡Hora de lucha! —gritó, intentando sostener las manos de su padre contra su pecho para que no pudiera golpearlo.
Edward, con una sonrisa, zafó una mano del agarre de su pequeño y tomó su delgada pierna, alejándolo de él. Cada vez era más largo, así que probablemente eso no se le facilitaría a la hora de alzarlo tomando su pierna.
— ¡No se vale alzarme y dejarme de cabeza! ¡Yo no puedo hacer eso contigo! —Dijo Klaus con una sonrisa y comenzó a golpear a Edward con sus puños en su abdomen—. Muere, muere.
—No es mi culpa de que seas tan enano —se burló Edward, tomándolo del cuello y colocándolo de espaldas al sillón con una mueca divertida.
El niño aprovechó estar debajo de su padre para alzar sus piernas y con toda la fuerza contenida, darle una patada en su pecho, logrando que Edward soltase un jadeo. Cuando pudo recuperarse, se irguió, y tomó con cierta dificultad el tobillo pequeño de Klaus porque se movía bastante.
— ¡No! ¡Eso no vale! ¡Papá!
Con una risa llena de victoria, Edward alzó su brazo lo más alto que pudo, dejando a Niklaus de cabeza, luciendo gracioso. Su cabello largo y revuelto estaba prácticamente fuera de su lugar. La cabeza de Niklaus comenzó a ponerse roja y sus delgados brazos intentaron lanzarle puños a su padre. La distancia entre su pequeño cuerpo y el de Edward era grande gracias al largo brazo de éste.
Antes de que Edward pudiera cantar victoria, Harriet, la cocinera, entró a la sala, quedando con la boca abierta, completamente impactada ante la imagen que tenía frente a ella.
"¿Estos chicos no saben que es una camiseta?" pensó, sintiendo calientes sus mejillas. Sería difícil acostumbrarse. ¡El pequeño también tenía marcado su abdomen y según sabía, sólo tenía seis años!
— ¿Asunto? —logró decir Niklaus, mirando a la señora de cabellos cortos en el pasillo. Su padre lo sacudió, haciéndole saber que no se decían así las cosas.
Edward sonrió de manera encantadora.
— ¿Hay algún problema, señora Harriet?
La señora se sintió enrojecer por completo. Debía controlarse. Era un hombre demasiado sexy, con una voz muy sexy, pero ella era profesional y las profesionales no tenían ese tipo de actitud con sus jefes.
—Sólo quería decir que la comida está lista, señor Cullen —dijo con amabilidad, retorciendo discretamente las manos en el delantal blanco que llevaba puesto.
Los ojos de Edward se iluminaron.
—Eso es asombroso, muero de hambre —soltó al Klaus sobre el sofá, haciendo que el pequeño gruñera al intentar alcanzarlo de nuevo. Edward le sonrió a la cocinera—. Iremos en unos momentos, señora Harriet, muchas gracias.
Con un asentimiento leve de su cabeza, la cociera retrocedió para volver a su lugar: la cocina, donde se dedicó a servir la respectiva comida para ellos.
—Te dije que ponerme de cabeza no valía —protestó Klaus, colocándose de manera decente en el sillón de nuevo y le lanzó el control remoto de la televisión a su padre. Edward lo alcanzó en el aire—. ¿Qué vamos a comer?
El encogimiento de hombros de Edward no era una respuesta para Klaus, sin embargo, no preguntó más y comenzó a correr hacia la cocina.
Los modales que Niklaus tenía y utilizaba muy a menudo, no eran algo de lo que un padre debería estar orgulloso. Edward sabía eso. Pero Niklaus ya tenía seis años, ¿Qué es lo que podía hacer para remediarlo? Sin duda él no tenía nada qué aportar para enseñarle algunos modales a Klaus. No tenía ni la más mínima idea. Alzarle la mano a su hijo como habían hecho con él alguna vez mientras era pequeño no era una opción para Edward. ¿Qué iba a lograr con eso? ¿Qué su propio hijo le tuviera miedo?
Tal vez debería contratar a una de esas niñeras que aparecen en la televisión, donde mágicamente los niños, en poco tiempo, se comportan como ángeles.
La comida resultó buenísima. Niklaus había terminado por comerse todas las verduras bañadas en esa salsa agridulce en la cual a Edward sólo le faltó pasar la lengua por toda la extensión del plato. Sonrió para sus adentros.
Estaba seguro de que la señora Harriet —que ya era mayor— se quedaría con ellos por el delicioso don que tenía para cocinar. El pulgar en alto de Klaus decía que él pensaba lo mismo.
—Papá —llamó Klaus, masticando el pollo agridulce con la boca abierta. Edward le dedicó una mirada y Niklaus cerró la boca hasta tragarlo—. ¿Vamos a ver las clases de batonero?
—Baterista.
— ¡Es lo mismo!
— ¿Quieres ir ahora? —Edward se puso de pie, tomando su plato sucio y se dirigió a la cocina, con Klaus detrás de él, su plato estaba a punto de ser terminado también. Edward alcanzó agarrarlo antes de que se deslizara de sus pequeñas manos.
—Sí, ¿Por qué no? ¿Vamos a ir a alguna parte? No quiero estar aquí encerrado. ¿Podemos llevar a pasear a Jake?
Edward se detuvo unos momentos, agradeciéndole con una sonrisa a la señora Harriet cuando tomó los platos sucios de sus manos. Se volvió a su hijo mientras se dedicaba a limpiar sus manos de los restos de la comida.
—De hecho, tengo que ver algo acerca de tu colegio todavía. Vas a utilizar uniforme, ¿sabes? —Klaus arrugó la nariz, disgustado—. También tengo que ver su tu nombre está en la lista de Liga de Real Madrid. Después pasamos a ver lo de ser baterista y vendremos por Jake más tarde para llevarlo a pasear.
— ¡Pero va a ser noche!
—Será una salida nocturna, ¿Cuál es el problema?
En quince minutos, Niklaus y su padre estaban en el auto deportivo. Niklaus amaba subirse a ese auto porque sus cabellos podían volar con el viento que se hacía cuando su padre conducía por la carretera. Había sol todavía (o lo que se podía llamar sol), era bastante agradable, aunque a Niklaus le gustaba más la manera en que se veía todo en Los Angeles. En Inglaterra no se podía lucir muy bien un deportivo como ese.
—¡With or without you! —cantó Niklaus, muy alto. El sonido de su voz era amortiguado por el viento. Edward aprovechó que las calles estaban un poco despejadas para aumentar la velocidad—. Through the storm we reach the shore you give it all but I want more and I'm waiting for you… With or without you, ¡With or without you!
Edward rio con disimulo ante la voz desafinada de Klaus a su lado. Ese niño a veces sorprendía a cualquiera.
—Sigo sorprendido con el hecho de que te guste U2 con tan sólo seis años.
—Lo que no sabes es que robé ese CD de tu colección en tu habitación —confesó, moviendo suavemente la cabeza al compás de la música. Era extraño ver a un niño de seis años gozar la música de U2 como lo hacia él. Y más la música tranquila y no cosas estúpidas de hoy en día.
Edward alzó una ceja en su dirección y estacionó el auto frente a la entrada del enorme colegio que estaba allí, sintiendo como Niklaus miraba con atención el enorme edificio de color borgoña.
—Ignoraré el hecho de que me has robado un CD de mi habitación sólo porque estás a punto de entrar a tu prisión escolar —Edward estaba con una sonrisa ligera en su rostro—. No va a ser tan malo.
—Claro que no. Nunca es tan malo, papá —le recordó Klaus, desabrochando su cinturón de seguridad—. Cara estará aquí, ¿no? Y estoy en el mismo grupo que ella. Va a ser genial.
—No creo que en realidad estés en el mismo grupo que ella. Pero podrán verse en el receso o ese tipo de cosas. Tengo entendido que cuando se va a deportes, los dos grupos se juntan. Allí podrás pasar tiempo con ella —la explicación de Edward no valió mucho para Klaus pero lo dejó pasar.
—Como sea. Soy genial, papá. Soy mucho más que cualquier otro niño —dijo con cierta arrogancia y salió del auto al mismo tiempo que su padre, quien miraba a su hijo con cierta desaprobación.
En la enorme entrada fueron recibidos por un oficial de policía, vestido con un uniforme negro. Sin duda no contrastaba con la decoración exterior del edificio ni sus grandes jardines, pero Edward ya lo había visto antes, al dejar los papeles de inscripción de Niklaus. Saludaron con un sentimiento de cabeza al oficial y caminaron dentro del lugar.
Klaus se observó en un pequeño espejo que estaba su costado. Alisó su camiseta negra con el logotipo de Nirvana. Asintió levemente al ver su aspecto. Esa era una de sus camisetas favoritas; los jeans que llevaba eran de acuerdo con la camiseta y los Vans negros también. Sacudió un poco su cabello intentando darle forma nuevamente, sin obtener mucho éxito. La pulsera de goma color amarillo que llevaba esa vez le hacía lucir exactamente como el niño mimado y arrogante que era a pesar de su corta edad. Cuando se dio cuenta que su padre seguía caminando sin esperarlo, apresuró el paso hacia a él sin preocuparse en mirar las obras de arte totalmente caras que estaban colgadas por las enormes y altas paredes de color beige.
Edward estaba bastante satisfecho con el colegio al que su hijo asistiría. Todo se veía bastante impecable, limpio y todos los adjetivos correctos. No podía esperar más. Jasper también se preocupaba mucho por los lugares en los que su pequeña asistía y siempre quería lo mejor para ella, al igual que Edward para Niklaus. Estaba seguro de que ese colegio probablemente estaba lleno de niños ricos y mimados. Justo el tipo de niños con lo que Niklaus solía convivir, pero que, aun así, su pequeño siempre destacaba entre los demás por su personalidad. La gran suma de dinero que Edward pagaba por su hijo cada mes era absurda, pero era para algo que su hijo merecía y a Edward no le dolía dar.
Al doblar hacia la izquierda por un pasillo, se encontraron con unas puertas dobles hechas de roble. El lugar era bastante estrecho y justo al fondo del pasillo estaba aquella puerta. Edward seguía preguntándose porque jodidos era esa la dirección escolar. Resultaba un poco confuso. Saludó con un sutil asentimiento a la secretaria que estaba fuera de la puerta, mirándolo embobada. Abrió la pueda después de dar tres decididos golpes con sus nudillos; sintió como Klaus tomaba su mano y la apretaba con fuerza.
Estaba nervioso aunque lo negara.
Edward le devolvió un suave apretón y bajo la mirada para sonreír justo cuando la puerta se abrió por completo, dejando ver un gran despacho donde estaba un gran escritorio oscuro, y detrás de éste una enorme silla donde estaba una señora de setenta años. Su mirada y postura decía que ella no era exactamente el tipo de directora que se dejaba manipular por los adultos. Ella era el tipo de directora escolar que hacía que todo el mundo trabajara a su alrededor.
Edward no creyó que los niños mimados de ese colegio se comportaran tan bien. Y si era así, Niklaus probablemente marcaria la diferencia muy pronto.
—Buenas tardes —saludó Edward agradablemente y a la vez de manera seria también. La manera en que Edward iba vestido dejaba claro que era un padre joven, además del rostro que daba señales de que se conservaba bastante bien. La mujer vio la palabra "irresponsable" en su rostro. Caminó tres pasos para poder ponerse de pie frente al escritorio justo al mismo momento en que la mujer se ponía de pie también.
—Buenas tardes, señor Cullen. Es un placer tenerlo de vuelta aquí —dijo ella con un acento británico muy pronunciado. Estrecharon sus manos cortésmente para poder tomar asiento.
Niklaus se había mantenido en silencio y se aseguró de cerrar la boca antes de que algún insulto o comentario se hiciera acerca del rostro de la señora. Muchas cirugías habían pasado por su rostro. Eso era muy seguro. Probablemente podría hacerse pasar por Joan Rivers.
El pequeño se estremeció un poco.
—Tú debes ser Niklaus Kai Cullen, ¿cierto? —le preguntó, mirándolo fijamente. Era obvio que no había mirada simpática para él porque ella necesitaba marcar los papeles desde el principio. Niklaus miró con desagrado la mano arrugada de la mujer.
—Klaus —asintió y se sentó junto a su padre, en uno de los muy cómos sillones individuales, luciendo espectaculares siendo parte de la decoración de la oficina.
—Bien, Klaus. Yo seré tu directora. Soy Madame Katherine. Así es como debes llamarme, ¿de acuerdo? —Klaus asintió sin decir ni una palabra—. ¿Estás emocionado por iniciar un nuevo año en un nuevo colegio?
El pequeño se encogió de hombros, balanceando sus pies que colgaban del sillón. Su mirada estaba en la extraña nariz de Madame Katherine. ¿Por qué Madame? Pensó con confusión.
—No es muy comunicativo, ¿no? —ella se dirigió a Edward, quien seguía con la misa expresión ciertamente agradable desde que entró a la habitación.
Si usted supiera…
—Sólo debe acostumbrarse. Algunas veces puede ser tímido —aceptó Edward asintiendo un par de veces. Mentir algunas veces resultaba bueno. Tampoco podía decirle que Klaus estaba callado por su cara llena de cirugías, aunque el buen maquillaje que llevaba lo disimulaba un poco.
—De acuerdo. En ese caso, podemos empezar a mirar los últimos detalles de su inscripción, ¿no es así?
Edward asintió y Niklaus se perdió. No le interesaba nada de lo que los adultos frente a él estaban hablando. Decían algo así sobre "seguro médico", "los horarios", "credencial de colegio" y finalmente los uniformes. Pasaron alrededor de quince minutos en su conversación y Klaus no pudo más que ponerse de pe y mirar todos los trofeos colocados en los estantes. Había muy pocos de futbol. Eso cambiaria este año.
Cuando su padre comenzó a despedirse de Madame Katherine, Niklaus soltó un suspiro de alivio y corrió a la puerta, dedicándole una despedida verbal, entusiasmado por salir de ese lugar.
—Eso fue bastante grosero de tu parte, Klaus —reprendió Edward con el ceño fruncido. Tuvo que dejar la reprimiendo a un lado para poder conversar con la secretaria.
Niklaus esperó otra vez cinco minutos, escuchando a su padre conversar con la secretaria de cosas aburridas. Después, la muchacha rubia y muy bella, se puso de pie y los condujo por el pasillo hacia otra habitación bastante grande y con una especie de casilla. Klaus supo que era algo así como un probador porque había un enorme espejo al frente de la puerta.
Edward le dijo algunos números y ella salió volando hacia algunos estantes, desapareciendo por allí. En poco tiempo ya estaba de regreso con bolsas. Era lo mismo que su papá tenía cuando iba a algún lugar importante y utilizaba traje de gala.
— ¿Qué es eso, papi? —preguntó, colocándose a su lado.
—Es tu uniforme, Klaus, ¿estás listo para ver cómo te queda?
Niklaus abrió muy en grande los ojos.
—Oh no…
El uniforme consistía en una camisa amarillo suave. También había un saco de color negro y pantalones de color beige con el escudo del colegio en la parte superior izquierda. Y luego, algo que Niklaus odiaba:
Una corbata.
Una corbata de color vino con líneas del mismo color que la camisa.
Odiaba las corbatas, sentía que podían ahorcarlo con eso en cualquier momento. Todo era un fastidio. Ese uniforme del colegio era horrible. Sin embargo, además del saco de color azul marino, le ofrecían un chaleco tejido del mismo color, con el escudo del colegio también. Aun así, si él decidía usar el chaleco, la corbata debía ir debajo de éste.
—No me hagas usar eso —suplicó Niklaus a su papá, se aferró a su camiseta gris y agitó la cabeza—. Por favor, papá, eso no.
—No te comportes como niño pequeño, Klaus. Todos los demás niños van a utilizar eso, no eres el único.
— ¡No me gusta!
—Tendrás que aguantarte. Es usar eso, si no, olvídate de los entrenamientos de futbol o de la práctica de batería.
Con un gruñido, Niklaus le apartó la cosa extraña a la señorita que tenía una sonrisa divertida en su rostro y entró al probador.
Edward estaba bastante satisfecho después de ver usar a Niklaus todas esas prendas. Por supuesto que la corbata no pudo ser ajustada como se debería porque entonces Niklaus comenzaba a protestar sin tener planes de callarse en cualquier momento. La secretaria le ayudó con eso sin tener que preguntárselo dos veces. El que Niklaus llevara la corbata floja causaría ciertos comentarios por la directora escolar, pero… Niklaus se veía bastante bien así.
Finalmente, Niklaus se volvió a colocar su ropa y apresuró a Edward a comprar todo lo necesario. O más de lo necesario. Niklaus se mantuvo callado hasta que finalmente salieron de allí.
Después de ir y a hablar con el entrenador del Real Madrid Kids durante una hora y media —lo cual Niklaus disfrutó porque estaba apasionado por el futbol—, ya se encontraban en la escuela de música. Edward tenía bastante suerte al encontrar todo a su disposición en lo que quedaba del día.
El profesor de la escuela de música había estudiado en Julliard. Fue un músico también, uno del cual Edward nunca escuchó hablar pero se escuchaba bastante profesional y la escuela tenia buenísimas críticas sobre su enseñanza. Además, primero debía ver el potencial que Niklaus pondría allí.
El teléfono de Edward comenzó a vibrar en su bolsillo, cobrando vida después de varias horas. Estaba esperando ver la fotografía de Bella en la pantalla de su teléfono, pero lo único que tuvo fue un número desconocido. Hizo un gesto al profesor y a Niklaus para que fueran a ver las baterías y se volvió, mirando con el ceño fruncido un piano que estaba por allí al momento de contestar el teléfono.
— ¿Edward Cullen?
Una fuerte aspiración se escuchó al otro lado de la línea seguido de un chillido.
Edward se maldijo. Seguramente su número telefónico se había filtrado en la red otra vez y ahora todo el mundo comenzaría a marcarle. Antes de colgar, una voz femenina de acento americano habló.
— ¡Eres Edward Cullen, el jugador estrella de Manchester United! ¡Por fin pude contactarme contigo!
Por algún extraño motivo, Edward no decidió colgar y dejar a la mujer hablando sola. La curiosidad le estaba matando. Una llamada por la noche de ese tipo podían ser extrañas algunas veces.
— ¿En qué puedo ayudarte? —preguntó casi con temor. Ojala no tuviera una respuesta pervertida de quienquiera que estuviera al otro lado de la línea.
—Oh, lo siento. Me llamo Renée Swan —Edward se quedó congelado en su lugar—. Más conocida públicamente como la esposa del agente personal de Lebron James, y ahora, madre de Isabella Swan, la novia del jugador estrella Edward Cullen —su voz dejaba claro que tenía una enorme sonrisa de oreja a oreja en su rostro. Pero eso no pareció ser de mucha importancia para Edward porque seguía en piedra—. ¿Cariño? ¿Sigues allí? ¿Esta cosa ya no funciona? Mierda, odio estos celulares.
Edward aclaró su garganta, y sonrió de manera amplia. Si Bella no quería presentarle a sus padres, o al menos a su madre, él solito lo haría. Se recargó en una de las paredes mientras jugaba con una batuta.
—Sí, lo lamento, señora Swan —dijo sonriendo. Renée, estando en Forks se derritió al sentir su sonrisa en su voz—. Es un placer conocerla… por vía telefónica.
— ¡Oh, yo ya te conocía, cariño! —dijo muy entusiasmada—. Pero no importa la manera en la que nos conozcamos, ya lo hicimos.
Edward rio bajo, de manera ronca.
Renée sintió sus bragas mojarse.
—Tengo cierta curiosidad acerca de cómo obtuvo mi número telefónico.
—Tu prima Alice me envió tu número telefónico cuando hablé con ella hace unas horas.
Edward miró el reloj que cargaba en su muñeca. Allá probablemente eran las dos o una de la tarde. ¿Alice había hablado con ella hace unas horas? Debía recordar que era amiga de Bella y que probablemente había conocido a su madre antes.
—Oh, bueno, eso es un poco extraño —admitió.
—Bella no quería decírmelo, tuve que hacerlo de esta manera. Pero olvida eso, no importa como he encontrado tu número telefónico que casi parecer igual de sexi que tú —una sonrisa burlona creció en los labios de Edward.
— ¿Cómo es que un número telefónico puede ser sexi?
—Simplemente es la combinación de números —respondió Reneé—. Te llamo para poder presentarme contigo y hacerte una invitación que espero que aceptes. Te recuerdo que ganarse a la mamá de la novia es bastante importante.
—Tenga por seguro que lo aceptaré, señora Swan.
—Sólo Renée, por favor.
Edward ni siquiera podía disminuir un poco la sonrisa que cargaba.
—Bien, Renée —dijo su nombre en voz baja, sabiendo el efecto que estaba teniendo en ella. Era bastante divertido hacer eso. Sin embargo, tuvo que controlarse porque ella era la mamá de su novia—. Aceptaré tu invitación.
—Me encantas, nene. Todos los años, como celebración de nuestro aniversario, mi esposo y yo hacemos algo así como una cena o almuerzo para celebrarlo. Es una especie de reunión con nuestros amigos más cercanos —explicó de manera rápida—. Este probablemente sería el aniversario que no pasaremos con nuestra Bella por estar contigo en Londres, muy lejos de nosotros… así que le he llamado para invitarla, pero dice que no cree asistir. ¿Puedes convencerla de que asista? Estoy segura de que puedes hacerlo. No creo que se resista a ti.
—Algunas veces lo hace.
—Simplemente se hace la dura. No lo es todo el tiempo —alcanzó a decir de manera amable. Después su voz sonó un poco más desesperada—. Tiene que venir, ¿sabes? Sería algo horrible no tenerla con nosotros conviviendo. Además, tú la tienes casi todos los días.
Edward sonrió de lado y deslizó la punta de su lengua por su labio inferior de manera pensativa.
—Debo admitir que paso más tiempo con ella —asintió—. Y ten por seguro que ella estará allí. Tan sólo debe decirme el día para no hacer algún plan con un amigo o algo.
Un gritito de victoria se escuchó en el teléfono.
—Es este viernes. Pueden quedarse aquí el fin de semana. No hay problema por nosotros. Bella ya me ha dicho que debes regresar a entrenar y todas esas cosas sexis que haces para mantenerte musculoso el día lunes. Y tu pequeño también necesita ir al colegio… Por favor, asistan.
—Estaremos allí, Renée. No te preocupes por nada —aseguró Edward con muchísima confianza sin saber a lo que de verdad se estaba enfrentando.
Las estoy mal acostumbrando con capítulos seguidos. No sé que voy a hacer cuando no tenga inspiración y las deje alrededor de una mes sin capítulos... pero aprovecharé que tengo inspiración ahora. Sin embargo, me alegra saber que a ustedes les gustan los capítulos u me dejan reviews, ¿ya vieron la cantidad? Es preciosa, tal vez no son muchos.. comparados con algunos otros fics pero para mi... es bastante hermoso. Enserio, debo decir que estoy un poquito orgullosa de mi mente.
¡También tengo algunas de mis escritoras favoritas como lectoras! lady blue vampire y Lamb'stown ¡¿Saben lo genial que es eso?! Estoy muy agradecida con ustedes, enserio.
Gracias a: Manue Peralta, saraygarcia08 , dracullen, belkis lagos vasquez, , MONIELITA CULLEN, Nadiia16, .Cullen, PRISGPE, , solecitopucheta, galadrielcullen, Melania, Manligrez, Maya Masen Cullen, torposoplo12, Dani Valencia, Tata XOXO, lokaxtv, EmDreams Hunter, jupy, Nyx-88, Gretchen CullenMasen, AleLupis, bel20, pera l.t, Naty fyepez por sus reviews.
A todos los que me agregaron a favoritos, alertas y los que leen mi historia cuando no leen una incompleta también, gracias, y a todos los anónimos :)
Para los que se quieran unir al grupo de facebook aquí está, allí se pubican fotos y las sesiones de fotos que Niklaus tiene o cualquier tipo de imagen referente al fic: groups/170869393079182/
¿Reviews?
¡Nos leemos pronto!
