Disclaimer: Los personajes son propiedad de Meyer, la historia es de mi imaginación.

Summary:

"Edward Cullen, el jugador de fútbol más exitoso tiene una vida bastante complicada con un revoltoso niño de cinco años. Lo que menos necesita ahora mismo es esa atractiva mujer que llegará a controlar su carrera y probablemente su corazón."


CAPÍTULO DIECISIETE

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—Debemos salir en una hora para poder conseguir todo lo necesario.

—Aún no entiendo por qué no has hecho las compras.

—Les estaba esperando para que me acompañaran, no pueden culparme.

— ¿Qué pasaría si nosotros llegamos más tarde? ¿Te quedarías sin hacer las compras?

—Claro que no. Iría sola.

Alguien bufó.

—Deberías ser un poco mas anticipativa.

—No me gusta serlo, después las cosas salen mal.

—Eso no lo sabes.

—Puede suceder.

Niklaus se encontraba detrás de la puerta de la cocina, con su pijama de balones de futbol estampados. Su cabello estaba completamente revuelto y lo llevaba largo, su rostro estaba somnoliento aun. Su espalda estaba pegada a la pared escuchando todo lo que Alice, Bella y Renée estaban diciendo. Él quería a Bella. Quería que lo abrazara como niño pequeño y que no lo soltara.

—Bien, entonces vayan a cambiarse de ropa y después nos iremos —ordenó Alice.

— ¿Cómo sabias que iríamos a alguna parte? —preguntó Renée.

—No lo sabía.

— ¿Siempre vistes así?

—Claro, hay que estar listos para cualquier ocasión.

Cuando Niklaus comenzó a escuchar pasos, se dedicó a retirarse de allí. Sus pies se movieron demasiado despacio porque Renée alcanzó a ponerle la mano en el hombro, deteniéndolo.

— ¿Qué sucede, nene?

Niklaus se quedó en silencio. Algunas mañanas no eran tan buenas con él. Se limitó a mirarla con sus potentes y enormes ojos color azul. Le encantaba que Renée le diera atención, pero en esos momentos quería que desapareciera y ya.

— ¿No me dirás que sucede? —Preguntó de nuevo Renée con las cejas alzadas y voz suave—. ¿Quieres que golpee a alguien? ¿A ti papi? ¿A tu abuelo Charlie?

Niklaus la miró con el ceño fruncido. ¿Por qué ella decía que podía golpearlos? ¿Ellos le tendrían miedo? Realmente sentía cierto miedo por Charlie y por Edward… pero lo que más llamó la atención fue como Renée llamo a Charlie.

¿Charlie era su abuelo?

No le preguntó, se mantuvo en silencio y retrocedió un poco más contra la pared, alzando la cabeza ligeramente para poder escuchar las voces que estaban al otro lado de la habitación. Klaus podía distinguir tan rápidamente la voz de Bella como la de su padre.

— ¿Qué necesitas, amor? —insistió Renée.

—Quiero a Bella —murmuró Niklaus muy bajo pero de manera segura. La comprensión llegó a los ojos de la mujer frente a él.

—Hubieras dicho eso desde un principio —se incorporó y caminó de nuevo hacia la puerta con paso seguro. Niklaus la observó con dedo pulgar en la boca, mordiéndolo levemente con sus pequeños dientes blancos.

— ¡Mamá! Creí que ya estabas… —la voz de Bella se interrumpió cuando Renée alzó uno de sus delgados brazos y le apunto con un dedo, haciéndola callar.

—Sólo vengo a avisarte que Niklaus está aquí —lo señaló por detrás de la puerta de la cocina—. Y que quiere estar contigo.

Inmediatamente Bella se puso de pie, dejando atrás su desayuno improvisado de té y tostada. Cierta preocupación había en su rostro. Su mamá tenía una expresión que probablemente debería ser significativa para Bella pero ella sólo podía pensar que algo estaba mal con Nik. Cuando miró por la puerta, encontró a Niklaus con una expresión un poco asustada. Bella sintió un nudo en el estómago pero se obligó a acuclillarse y no a tomarlo en brazos como estaba acostumbrado.

—Hey… Nik, ¿Qué sucede?

—Quiero estar contigo.

— ¿Y por qué no fuiste directamente conmigo? —habló en un murmullo, de la misma manera en qué lo estaba haciendo él.

—Porque estaba tu mamá y Alice.

—La próxima vez que quieras estar conmigo llama a la puerta y después entra, ¿de acuerdo? Que no te importe con quien este a menos que yo te lo diga —Niklaus asintió un par de veces y finalmente llevó su mirada a la de ella—. ¿Dónde está tu papá?

—Está haciendo maletas.

Bella frunció el ceño esta vez, confundida por lo que estaba diciendo.

— ¿Por qué está haciendo las maletas?

—Porque ya se va —Niklaus se encogió de hombros—. Yo no quiero ir con él…

¿Edward se iba? ¿Por eso estaba preparando las maletas? ¡Ni siquiera había desempacado cuando llegaron allí! Edward era bastante perezoso para ese tipo de cosas… probablemente ni siquiera se iba a molestar en colocar su ropa en algunos de los estantes.

Niklaus no le estaba dando todos los detalles.

— ¿A dónde va tu papá?

—A pescar con Charlie.

Por supuesto que no le había dado todos los detalles.

—Ah, bueno, ¿y tú no quieres ir con él a pescar? Estoy segura de que Charlie le ha invitado porque quiere que tú también vayas y puedas disfrutar de la experiencia.

—Pero yo no quiero ir. Yo quiero estar contigo.

—Mi amor, yo voy con mi madre y Alice a hacer las compras para la comida de mas tarde. No puedes quedarte aquí conmigo porque no habrá nadie.

—Pues entonces quiero ir contigo a hacer las compras.

Se quedaron mirando un momento. Los ojos de Bella estaban examinando a Niklaus y él estaba examinándola a ella también con los ojos tristes. Ella definitivamente sabía que Niklaus tenía unas mañanas donde se ponía como un niño extremadamente mimado y totalmente sensible. Ella mil veces prefería al Niklaus revoltoso.

—Tengo que consultarlo con tu papá primero.

— ¿No quieres quedarte aquí conmigo y ver El Rey León? —sus ojos azules se dirigieron al estante donde estaba la enorme televisión y localizó la película infantil.

—No puedo quedarme, guapo. Tengo que ir —suspiró—. Voy a convencer a tu papi de llevarte conmigo, ¿de acuerdo? —El pequeño asintió— ¿quieres que haga algo ahora por ti?

Negó con la cabeza y le abrazó con fuerza en un parpadeo de ojos. Bella se estabilizó un poco para no irse hacia atrás y le rodeó con sus brazos, aspirando su aroma de niño limpio.

—No quiero separarme de ti —murmuró en su oído.

—Yo tampoco, cariño. Estarás conmigo, ¿de acuerdo? —respondió ella y después miró el reloj de su pulsera. Iban a llegar tarde si no se apresuraba a alistarse—. Vamos a mi habitación. Todavía debo alistarme, vamos a salir del pueblo porque aquí no hay una tienda para comprarlo todo —besó el tope de su cabeza y subieron a la habitación.

—Ese no me gusta —dijo el pequeño con un tono lleno de decisión—. Me gusta más cuando te pones una camiseta de color azul. A mi papá también le gusta eso. Él me lo dijo.

Bella se sonrojó fuertemente mientras miraba la camiseta de color azul y otra de color negro, procesando las palabras del pequeño.

— ¿Cuándo te dijo eso?

—Cuando estábamos en la isla —dijo distraídamente mientras tomaba un cubo de colores e intentaba colocar cada color en una de las diferentes caras—. Creo que estabas usado el traje de baño azul. A mi papá le gusta mucho cuando usas traje de baño. Eso también me lo dijo.

Bella sintió su cuello ponerse rojo también y sus orejas. ¿Este niño era consciente de lo que estaba diciendo? ¿Por qué Edward le dijo ese tipo de cosas en la isla a un niño de seis años? ¿O es que acaso sabia él que Niklaus le diría todo eso a Bella? Probablemente era así.

Edward no le vería mientras utilizaba las cosas azules. No iba a ser capaz de complacer mientras ella estaba utilizando esa camiseta, sin embargo, podía complacer a uno de los dos chicos Cullen aunque sea u niño bastante pequeñito.

Se sacó la camiseta de dormir que llevaba puesta y su puso la de color azul, que tenía un escote en forma de U un poco más pronunciado de lo normal —gracias a Dios que Bella tenía unos pechos un poco grandes, ayudando a que su cintura se mirara más estrecha—. Llevaba las mangas largas y le llegaba justo en las caderas. Cuando terminó de colocársela perfectamente se volteó, encontró a Niklaus con los ojos entrecerrados.

—Ese color no es como el de mis ojos.

—No, pero tal vez pueda conseguir alguna prenda del color de tus ojos pronto —le dijo con una sonrisa—. Ahora andando, vamos a buscar a su padre y decirle que te llevaré conmigo.

Niklaus chasqueó su lengua y tomó el cubo Rubik que había dejado en la cama y se dirigió hacia la puerta, golpeándose la frente con esta al no tener la vista alzada. Fulminó con la mirada a la puerta por unos momentos, escuchando la risita de Bella detrás de él y después fue a abrirla para salir de allí, gritando.

— ¡Papá me voy con Bella a hacer las compras de la comida del aniversario de ranee y Charlie! —se puso de puntillas contra el barandal de madera blanca y espero alguna respuesta. Justo cuando iba a retirarse, se escucharon algunos pasos entrar a la sala. Edward alzó la mirada a su hijo.

— ¿Cuándo me iba a enterar yo de eso?

—Ahora. Te estoy avisando.

Bella, con una sonrisa, se colocó detrás de Niklaus.

—Lo llevaré conmigo para que no arruine tu salida. Probablemente no pescarán nada si Nik mantiene el bote moviéndose todo el tiempo.

Edward le dedicó la enorme sonrisa de algún adolescente enamorado. Bella podría hacer lo que quisiese y Edward siempre lo vería como que está bien. Llámenlo estúpido pero era cierto.

—Bien, tienes razón —contestó asintiendo. Volteó la cabeza en dirección a la puerta principal, donde se escuchó el grito de Charlie llamándolo—. Tengo que ir a ayudar con la leña o algo así.

Bella sonrió con diversión.

—Probablemente debería fotografiarte.

—Probablemente no deberías hacerlo —Edward entrecerró los ojos en dirección a su novia, advirtiendo en silencio. Aunque no es que pudiera hacer mucho si ella tomaba la fotografía. Sería peor que Bella tuviera una fotografía de él mientras estaba en el baño haciendo sus necesidades—. Has lo que quieras con el enano, nena, yo no tengo ningún problema.

—Está bien, me lo quedo entonces.

Niklaus bufó.

—Me siento un juguete o algo así.

—No es tan malo —Bella fue a darle un beso en su cabeza—. Vamos, se hace tarde.

— ¡Es muy temprano! —protestó el niño mientras caminaba a su habitación asignada. Bella le lanzó un beso a Edward y se fue con el pequeño.

El viaje hacia Port Angeles fue bastante rápido considerando el modo de conducción de Renée Swan. Bella recordó que ese era el motivo por el cual ella misma iba al volante cada vez que salía con su madre. Bella no se podía permitir morir estampada en un árbol justo cuando dieran vuelta en una curva bastante pronunciada en ese camino.

Y Niklaus estaba riendo bastante alto cuando Renée pasó rápidamente una luz verde que se iba a poner amarilla pronto.

Cuando finalmente llegaron a las calles en las que los autos eran más abundantes, Bella pudo respirar en paz. Sentía la cara ardiente porque Niklaus hbaia decidido llevar abajo las ventanas y dejar que el viento frio entrara y le calara los huesos a todos los que hbaitaban el auto.

Alice, extrañamente, se mantuvo en silencio todo el camino.

—Muy bien, comencemos con las cosas de la lista que mágicamente está en el bolso de mi adorada y preciosa y buenísima hija Bella.

Niklaus alzó la mirada a Renée con una ceja levantada. ¿Esa mujer siempre era así de expresiva y decía muchas palabras en una sola oración?

—Algo me dice que tú la colocaste allí —dice Bella, sacando el pedazo de papel de su bolso y examinándolo—. ¿comida italiana?

— ¡Por supuesto!

— ¿Qué te hace creer que vamos a poder cocinar todo esto en una sola tarde?

—Hija, ahora será el convivio en la noche. Además, tú eres una excelente y rápida cocinera, ¿recuerdas? Tenemos a Alice para que nos ayude

Alice les miró con la boca ligeramente abierta.

—Yo no sé cocinar.

— ¡Alice apenas y sabe hacer cereal con leche! —exclamó Bella. Se recordó que tenía que comenzar a respirar tranquilamente porque entonces comenzaría a gritar y armaría una escena como las que siempre su madre le provocaba hacer y eso no sería bueno. Dado el caso de que ella ahora era una figura pública y que tenía a Niklaus tomado de la mano—. Definitivamente voy a ser la única cocinando.

Niklaus tiró de su mano para poder llamar su atención.

—Yo te voy a ayudar, Bella, a mí me gusta cocinar.

— ¿No es adorable este niño? —preguntó Renée con los ojos brillantes en Niklaus. Estaba obsesionada con él cuando Edward no estaba a la vista. Niklaus le sonrió de manera irresistible y Renée suspiró—. Sí, lo es.

—Renée, parece que te estas enamorando de mi sobrino.

—Alice, tu sobrino puede enamorar a cualquiera.

—Es pulga no enamora a nadie.

Niklaus bufó y fue a darle un leve golpe con puño cerrado a Alice en su antebrazo mientras Bella estaba distraída por ir a tomar uno de los carritos del supermercado enorme. Un montón de personas estaban allí, más que nada mujeres de mediana edad.

—Que Jasper no te hable no significa que debas odiar a todo el mundo.

Alice gruñó, mirando entre sorprendida y enojada a su sobrino por decir ese tipo de cosas como si fuera todo normal.

— ¡No sabes ni de qué hablas!

— ¡Claro que sí! Cara me ha dicho que su papá está demasiado tonto por Alice, ósea que tú eres esa Alice. Tienes suerte de que mi papá no lo sepa.

— ¿Qué se supone que va a hacerme tu papá?

—La regla de: No meterte con la familia.

— ¿Qué sabes tú de eso?

—Tienen prohibido meterse con hermanas o primas. Papá y yo nos quedaremos sin Jasper y sin Cara por tu culpa.

Alice se quedó en blanco, tragado pesadamente. Niklaus, un niño estúpido de seis años estaba diciéndole cosas que un niño de seis años no debería estar diciendo.

Bella se quedó de pie mirando a Niklaus asombrada. ¿Por qué estaba diciendo eso? ¿Por qué jodidos había sacado ese tema a relucir? Estaba segura como el infierno que desde ahora la salida iba a ser un puto desastre.

—De acuerdo, Niklaus, cierra la boca por favor y sigue a mi madre donde ella vaya ahora, puedes llevar el carrito contigo —le dijo de manera seria y le empujó el carrito. Niklaus le miró por unos momentos en silencio y de la misma manera entendió que no debía discutir y hacer lo que le dijera. Bella observó cómo su madre se alejaba, ignorando cualquier cosa que Alice o Bella pudieran estar diciendo. Por algún extraño milagro del cielo.

Alice alzó la mirada a Bella para poder observarla perfectamente. Bella era mucho más alta que Alice, aunque Alice llevara tacones. Alice envidiaba a Bella por la forma en que podía dominar a Niklaus. Ese enano era indomable.

— ¿Cómo demonios Niklaus sabe eso? ¿Y por qué Cara le está diciendo ese tipo de cosas? ¿Jasper no me llama pero sí sabe quién soy y está hablando sobre mí frente a su hija de seis años?

Bella miró nerviosa alrededor. Estaba justo frente a la entrada y algunas personas ya les estaban enviando miradas curiosas.

—Puedes quejarte todo lo que quieras pero en voz baja —dijo ella, mirando a su amiga y comenzó a caminar directo a las verduras, donde sabía que encontraría a su madre y a Niklaus—. No sé por qué Klaus te dijo eso. Tampoco sé por qué Cara le dijo eso a Niklaus, pero necesitas hablar con Jasper. Necesitas hacerlo porque probablemente no es bueno que Cara sepa eso. Tampoco es bueno que tú estés allí, esperando una llamada suya. O lo terminas de un corte rápido de pensamientos o lo terminas con una llamada. Tú elijes.

¿Cuántas posibilidades había de qué Jasper le llamara? Alice sabía que Jasper era un jugador de futbol muy reconocido y que podía tener a la mujer que él quisiera a sus pies con tal de obtener fama y fortuna y regalos caros. Ella no podía estar esperando que Jasper le llamara y ella no iba a poder olvidarlo tan fácilmente.

Sin darse cuenta, sus pequeñas y delgadas manos ya estaban marcando el número telefónico de Jasper con la mirada de Bella sobre ella. La castaña no sabía que pensar ahora, ¿era un buen momento para que Alice discutiera sobre eso? Ella estaba en un supermercado con miradas curiosas sobre ella sabiendo probablemente quien era ella.

Pero si no lo hacía ahora, no lo haría nunca. Bella sabía eso. Tomó a Alice del brazo mientras esperaba con cierto rostro de angustia a que Jasper contestara su llamada y se dirigieron al lugar donde casi muchas personas no irían… el lugar de las toallas femeninas y los tampones. Bien, sólo estaba una señora en la sección de tampones y al parecer ya había elegido los que usaría.

— ¡Jasper!

Bella miró ciertamente alarmada a Alice por lo alto que sonó su nombre y sus ojos se entrecerraron ante la pérdida de color en el rostro de Alice.

—Alice Brandon —a ella definitivamente no le gustaba usar el apellido Cullen… pero si Jasper seguía de idiota y no le reconocía entonces tendría que hacerlo.

—Alice… ¿Quién? —la voz de Jasper sonó vacilante. Alice inmediatamente colocó el altavoz para que Bella pudiera escucharlo.

La pequeñita suspiró.

— ¿Alice Cullen?

Silencio al otro lado de la línea. Bella quería golpearlo. Ella lo conocía, sí, y Jasper parecía un gran y responsable chico que no se andaba revolcando con quien sea por respeto a su hija… pero definitivamente las apariencias engañan.

—Claro… Alice Cullen —Jasper carraspeó—. Yo… ¿Qué es lo que se te ofrece?

Entonces Alice ya no pudo contener más que su voz baja pero ciertamente furiosa.

— ¿Qué se me ofrece? ¿Estás de broma Jasper Whitlock? Compartimos probablemente un buenísimo sexo la otra noche y tú sabes que es así… Hablas de mí frente a tu hija quien sabe que cosas y no me llamas para decir ni siquiera hola. ¡¿Es acaso porque soy familiar de tu amigo Edward?! ¿Es por eso?

—Alice…

— ¡No! —Le cortó—. ¿Sabes qué? Olvídalo. Olvida que te he llamado. Olvida también aquella noche. Y definitivamente también debes moderar sobre las cosas que hablas frente a tu hija porque es una pequeña cotilla que va y le cuenta todo a Niklaus. Niklaus podría decirle a su padre y tú lo que no quieres es arruinar su amistad, ¿cierto? No me contestes —se apresuró a decir—. Olvídalo. Hasta nunca, Jasper —presionó el botón rojo con fuerza y cuando alzó la mirada hacia a Bella soltó una gran bocana de aire—. Es un idiota.

—Sí, lo es —concordó Bella, mirando la posición en la que estaba su amiga. Ella le arrancaría los huevos a Edward si estuviera en la situación de Alice. Si Alice decía que habían compartido esa "magia" y esas cosquillas en el estómago entonces probablemente iba a valer la pena. Por otro lado. El simple hecho de que Alice no se pusiera a lloriquear comenzaba a intrigarle—. ¿Estás bien?

—Estoy perfectamente —se apresuró a decir, sacando un espejo de su bolso y acomodando sus cabellos—. Vayamos a comprar lo que falta para esta noche.

Con cierto recelo, Bella siguió a Alice por el pasillo para comenzar a buscar a su madre y a Niklaus.

Casi dos horas más tarde, ya tenían un carrito de supermercado completamente lleno de alimentos y la mitad probablemente eran cosas con azúcar gracias al pequeño niño cansado que estaba recargado en el costado de Bella. Correr mucho por los estantes y deslizarse en sus tenis le había cansado. También había hecho una charla con la señorita que daba las muestras de un nuevo yogurt mientras las mujeres estaban pensando en qué tipo de carne y que marca llevar para el espagueti de aquella noche.

—Bella —lloriqueó Niklaus a su lado, mirando vagamente como los productos pasaban por la caja registradora—. Bella, tengo hambre… y sueño.

—Ven, ¿quieres que te cargue? —le apartó los largos cabellos de su rostro y extendió los brazos a él—. Tenemos que esperar a que se termine de pasar todo y después iremos a comer algo, ¿te parece?

—Quiero comer ahora —murmuró acercándose a ella y estiró los brazos para poder ser cargado. Acomodó su cabeza sobre el hombro de Bella, mirando hacia atrás a las personas pasando y acomodó sus delgadas y cortas piernas enganchadas en la cintura de Bella—. Quiero comer carne.

— ¿Quieres comer carne? —Sintió el asentimiento de Niklaus sobre su hombro—. ¿Qué carne quieres comer?

—La que sea —murmuró jugando con la delgada cadena que Bella tenía en el cuello—. Con papas fritas y mucha salsa de tomate.

—Lo tendrás cariño, pero ahora duerme un poco, ¿sí? Te despertaré cuando hayamos llegado a un restaurante —besó su cabeza y lo acomodó en sus brazos, alegrándose de hacer un poco de pesas para reafirmas sus músculos cada vez que iba al gimnasio.

Bella alzó la mirada una vez que aseguró a Niklaus y atrapó a su madre mirándola con una pequeña sonrisa en el rostro. Por suerte Alice estaba mirando todos los productos. Bella sintió un escalofrió con la mirada que le estaba dando su madre. Ella sabía lo que estaba pensando.

—Ustedes dos parecen muy unidos —comentó Renée acercándose a Bella, quien se mecía levemente como a Niklaus le gustaba—. Como si fueran madre e hijo.

Bella se tensó y sintió como Niklaus dejaba de jugar con la cadena alrededor de su cuello. ¿Por qué su madre no simplemente cerraba la boca y se quedaba quita en un rincón sin causar problemas o algo parecido?

—Mamá…

—Nada. Sabes que ustedes dos son como madre e hijo y te ves hermosa con un bebé así de bonito en tus brazos.

—Nik ya no es un bebé.

— ¡No importa! Para mí es un completo bebé y me encanta. Es un apuesto nieto también —Renée estiró la mano y acaricio los cabellos dorados de Niklaus, para después deslizarla por su espalda y dar pequeñas palmadas encima de su sudadera negra—. ¿No lo ves de esa manera?

¿Sería una buen idea contestarle a su madre en esos momentos, sabiendo que Niklaus estaba escuchando? No es como si Niklaus no tuviera una madre, porque la tiene, Edward se lo había mencionado algunas noches antes, pero simplemente Chelsea parecía no responsabilizarse de los cuidados de Niklaus como hijo. Si Bella decía que no, había muchas probabilidades de que Niklaus ya no se comportara como llevaba haciéndolo últimamente: muy dependiente de Bella. Pero si Bella decía que si… entonces Niklaus se vería confundido. Además, ella no había discutido eso con Edward aun.

—Niklaus es un buen niño, mamá, y lo quiero mucho.

—Pero…

—Pero deberías dejar de insistir tanto con ese tema —interrumpió Bella— y guarda silencio porque Niklaus se está durmiendo.

Renée abrió en grande los ojos y asintió, volviendo en silencio hacia Alice, quien estaba conversando con la cajera acerca de las horas de trabajo.

Un par de veces Bella tuvo que sonreír con amabilidad hacia las personas que iban y pedían una foto o un autógrafo con Niklaus. Ella les decía amablemente que el pequeño estaba dormido y que no podía hacerlo. Sabía que Niklaus probablemente les patearía si se atrevían a molestar su sueño.

— ¡Llegamos! —el grito de Niklaus se escuchó por toda la casa. Claro que no había nadie allí para poder recibirlo. Arrugó la nariz y siguió su camino a la cocina para dejar las pequeñas bolsas de cosas que habían comprado en el supermercado—. Regañaré Edward cuando llegue.

—Se llama papá —corrigió Bella detrás de él con bolsas pesadas en sus manos—. Y también te ayudaré a regañarlo cuando llegue.

Cuando las mujeres lograron poner todas las cosas en la cocina, Alice se fue directo a su habitación, alegando que se sentía un poco mal. Por supuesto que Bella sabía que era más bien para ir a descargarse de todo lo que tenía que descargar… y probablemente la almohada estaría llena de mocos y lágrimas.

Dos horas después, Bella tenía las manos olorosas a condimentos y carne. No era que le molestara, al contrario, había extrañado bastante cocinar algo grande y muy elaborado. Cocinar le encantaba, sobre todo porque era una de las cosas que más le gustaba hacer y podía ver la reacción de las personas al ver y probar lo que ella había hecho.

Niklaus le había ayudado a moler la carne varias veces, también le había ayudado a cortar la pasta y el pan junto con el queso. La cocina también le gustaba, y mucho, sin embargo, el pequeño decidió dejarla justo cuando dijo que ya se había cansado de estar en la cocina. Le rogó que dejara eso y fuera a jugar con él a alguna parte de la casa a lo que Bella se negó con una mueca. No le gustaba decirle que no a Niklaus porque sus ojitos se ponían tristes, pero debía ser como ella indicaba y decía. Él había hablado con su padre una hora antes y le había dicho que salió con Bella a hacer las compras más geniales del mundo. Edward le dijo también que había atrapado a un enorme pez y que lo llevaría en el agua todavía para que él lo viera justo cuando llegara, que era alrededor de una hora y media. Bella lo pondría a arreglar el jardín trasero justo cuando llegara aun oliendo a pescado.

La cocina estaba con la puerta cerrada, ya que Renée estaba haciendo algo especial en cualquier parte de la casa. El ruido se encerraba en la cocina, haciendo que a Bella le zumbaran los oídos. Klaus estaba con su propia batería improvisada —ollas de comida junto con cacerolas y algunas palas de madera para la cocina—, y estaba haciendo música y Bella cantaba las canciones que el niño le pedía. Eran un gran equipo. Cuando Bella no sabía el tono de la canción o su letra, se dedicaba a tararear, causando la risa de Niklaus y el comentario de: Si yo estuviera en The Voice como juez, no ganarías, Bella.

Bella tomó otra pala de madera y golpeó la olla más grande, haciendo sobresaltar un poco a Niklaus.

—Será mejor que subas a ducharte, tu papá estará aquí en poco tiempo…

La puerta de la cocina se abrió de golpe casi interrumpiendo a Bella mientras hablaba y dejaba ver a un Edward despeinado y desaliñado, y con una enorme sonrisa en el rostro. Casi como no pudiera contener a decir algo.

— ¡Papi! —gritó Niklaus pateando las ollas y corrió hacia a él para abrazarlo.

—Hola, campeón —le colocó una mano en la espalda y el niño rápido se separó arrugando la nariz.

—Apestas a pescado.

El cobrizo arrugó la nariz hacia su hijo por el comentario que le había dado. Él también pensaba lo mismo pero había dejado de sentir el olor en la segunda hora.

—Lo sé, prometo que iré a ducharme pronto —Klaus se tapó la nariz con sus dedos pulgar e india y sacudió la cabeza, alejándose más pasos de su papá sin decir ninguna palabra porque entonces gastaría aire y él no quería oler de nuevo a su papá. Edward alzó la mirada a la hermosa mujer que tenía frente a él—. Hola, nena.

Bella se sonrojó levemente pero retrocedió un paso al ver las intenciones de Edward de acercarse a ella. Cuando el olor a pescado le golpeó, imitó a Niklaus y se tapó la nariz de la misma manera.

—Aléjate de mí, Cullen.

— ¿Es que nadie me quiere abrazar ahora sólo porque fui a conseguir el almuerzo del día de mañana?

—Te abrazaré todo lo que quieras mientras te asegures de quitar todo ese olor a pescado que tienes sobre ti, Edward. Así que no te atrevas a acercarte a mi o juro que te voy a golpear.

Edward sonrió y sacudió la cabeza, dejando un extraño recipiente con tapadera enorme en el suelo.

— ¿Y dónde puedo dejar la ropa apestosa?

— ¿Tienes cierto afecto a esa ropa? —Bella lo recorrió con la mirada e hizo una pequeña mueca de asco cuando el olor le golpeó de nuevo. Deseaba que Edward no se moviera para no desprender el olor. No imaginaba siquiera el olor del auto de su padre.

Edward se miró con cierta determinación. Los jeans que llevaba eran viejos, alrededor de dos años tenían con él. La camiseta era color gris, lisa y una sudadera del mismo color. Todo de marca, por supuesto. Pero no, no le tenía ningún afecto.

—No, tengo afecto a eso.

—Entonces desastre de ellas lo más pronto posible, por favor. Odio el olor a pescado.

El cobrizo se encogió de hombros ante la mirada desesperada de Bella y divertida de su hijo. Se comenzó a sacar toda la ropa que llevaba encima junto con los zapatos hasta quedar sólo en su ropa interior, que consistía en unos boxers azules de algodón, por suerte no eran de esos que hacían que a Bella le diera un infarto. Lanzó la ropa a una bolsa de basura que estaba allí y le sonrió a su novia de manera encantadora.

— ¿Mejor?

Tragando pesadamente Bella asintió.

—Aun debes restregar tu piel pero está bien.

—Nunca te tengo contenta, mujer —bufó Edward con un inicio de sonrisa en su rostro.

—Lastima.

Edward iba a agregar otro comentario sugerente pero su hijo le ganó la palabra, haciéndolo sobresaltar un poco por su tono de voz.

— ¡¿Qué hay allí dentro?! —preguntó con voz alta el niño, que miraba de manera curiosa el recipiente enorme que su padre había traído en esos momentos ignorando por completo el cuerpo semi desnudo de su padre.

—Es el enorme pez que te prometí. ¿Me creerías si te dijera que lo atrapé yo mismo? —Edward le guiñó un ojo a Bella y después se puso de cuclillas para abrir el recipiente. Niklaus se acercó aún más—. Pensé que te gustaría verlo.

— ¡Es asombroso! ¡Yo quiero pescar uno así!

—Es un lástima, tendremos que venir después, muy, muy después porque Charlie solo lo hace una vez cada dos semanas y no podemos visítalo todo el tiempo —besó su frente—. ¿Qué te parece?

—Es feo —arrugó su pequeña nariz observando como el animal se movía de un lado a otro entro del trasto—.Y también es muy grande, no se parece al que vimos en el acuario.

—No, pero sirve para comer.

—Yo quiero matarlo —sus ojos azules brillaron y Bella supo que era momento de ponerse a terminar todo el trabajo que llevaba haciendo por la tarde—. Bella puede cocinarlo después.

—Estoy seguro de que Bella puede concedernos eso —accedió Edward con una sonrisa descarada alzando de nuevo la vista a Bella, quien se dedicaba a preparar una enorme ensalada. Bella no le devolvió la mirada porque estaba demasiado concentrada—. ¿Puedo saber porque aún no hueles a limpio?

Klaus se encogió de hombros y volvió a tapar al pescado.

—Estaba cantando y cocinando con Bella, ¿cierto, Bella?

—Cierto, cariño.

—Pues será mejor que vayamos a limpiarnos —lo cargó con un brazo y dejó al pescado a un lado—. No luces muy limpio y yo tampoco —se acercó a Bella y con el brazo libre la rodeó, evitando que se escapara de él. Bella rio por lo bajo y se volteó para poder darle un beso en sus delgados y suaves labios.

—Será mejor que vayan a vaciarse todo el jabón encima, los dos —ordenó/bromeó, deslizando su mano por la cintura de Edward y volvió a besarle la mejilla—. Pero antes, ¿serias tan amable de ayudar a mi mamá a colocar todo en el jardín? Ella necesitará tu ayuda.

— ¿Estás lista para que tu mamá se vaya al hospital por un infarto al verme con ropa interior en su patio trasero sólo para ella?

Bella se mordió el labio sabiendo que había algunas posibilidades de que Renée reaccionara de forma exagerada al ver a su novio súper estrella de esa manera. Pero… ¿Qué importaba? Estaba segura de que ya había buscado imágenes en Google sobre él sin ropa. Algo que no obtendría.

—Ella podrá resistirlo, estoy segura —asintió un par de veces y le dio una palmada en la nalga—. Date prisa que estoy segura de que sus amigos llegarán pronto.

—Como ordene la jefa —respondió con la voz un poco más gruesa y se inclinó para besarla de nuevo y se echó a Niklaus a los hombros—. Vamos, enano, vamos a ayudar a Renée a no morir de falta de aire.

— ¡Y me dijo que Charlie era mi abuelo! ¡También le preguntó a Bella si ella quería ser mi mamá!

Edward miro a su hijo, quien estaba mojado y sobre su estómago, lleno de espuma del jabón de fresas. Edward olería a niña. Prestó atención a la forma en que los ojos azules de su hijo se dilataban cuando hablaba de esa manera y sobre esos temas.

Renée Swan podía ser una mujer bastante entrometida. Edward sabia eso.

Niklaus tenía una mamá-no mamá. Chelsea no se tomaba todas las responsabilidades de madre con él como Edward quisiera que ella lo hiciera por el beneficio de Niklaus, pero Chelsea se negaba a hacerlo. Por otro lado, Bella parecía más que gustosa de tomar ese papel sin darse cuenta de no tener malas intenciones. A Edward no le molestaba eso; para nada. Sin embargo, ¿Cómo es que podría decirle a Niklaus que Bella también podría ser su madre si él ya tenía una? No era fácil que él le dijera "mamá" a las dos mujeres. Además, ¿y si Bella se molestaba de que Niklaus le llamara de esa manera? No es como si fuera a molestarse de verdad. Él sabía eso, pero no estaba de más prevenirlo.

— ¿Y qué fue lo que ella dijo? —colocó mejor su espalda desnuda contra el borde de la bañera y con la regadera movible le quitó el jabón del cuerpo a Niklaus.

—Bella dijo que me quería mucho. Yo también la quiero mucho, ¿sabes? Me gusta cuando ella está conmigo. Es como una mamá.

— ¿Tú ves a Bella como una mamá?

— ¿Está mal? —Niklaus frunció el ceño mirando a su padre. ¿Estaba mal querer a Bella como una mamá?

—Claro que no, enano. Estoy seguro de que a Bella le encantaría saber que tú la miras de esa manera.

— ¿Entonces Charlie y Renée son mis abuelos?

Edward negó con la cabeza, asegurándose de quitar todo el jabón del cuerpo de Niklaus. Por suerte, el olor a pescado había desaparecido de su cuerpo y volvía a oler de manera razonable. Aunque no tuviera todas las especias que se echaba en el cuerpo para oler a como siempre lo hacía.

—No, enano. No te vayas tan rápido, ¿de acuerdo? No sabemos si a Renée o a Charlie les va a gustar que les llames así.

—Renée quiere que le llame abuela. Y ella me dijo que Charlie era mi abuelo.

Edward suspiró, mirando directamente a su hijo.

—Entonces llámalos como tú quieras —se inclinó y besó sus cabellos.

Niklaus estaba en la habitación que compartía con su padre mirando por la ventana que daba al patio trasero. Las únicas personas a las que conocía que caminaban, sonreían y saludaban era a Bella, su padre y a sus abuelos Charlie y Renée. Había más personas allí, sentados y bebiendo algo de color blanco que parecía a las bebidas que su madre tomaba cuando iban a almorzar. Niklaus no quería bajar y conocer a esas personas. Ser tímido a veces estaba también en las actitudes de Niklaus. Si Niklaus bajaba, entonces normalmente estaría pegado a su padre sin dejar que le bajara y tocara el suelo. Suspiró y se volvió.

Su abuela Renée le había dicho que ellos eran sus amigos. Y le creía, porque sus amigos estaban igual de viejos que ella. Se estremeció. Su estómago volvió a gruñir. La hora de comida ya se había pasado y Niklaus estaba comenzando a tener hambre de nuevo. Bella he había comprado Danoninos en el supermercado esta mañana. Tal vez si tomaba uno nadie se enteraría.

Al bajar las escaleras se encontró con el gato en el último escalón. Se cruzó de brazos, logrando que la camiseta que llevaba puesta se arrugara.

—Gato tono, ¡aléjate de aquí! —ordenó, mirando al gato. Éste se acurrucó más en la suave alfombra que tenía debajo—. ¡Aléjate! ¡Shu! —sus manos se comenzaron a mover como si estuviera espantando algo que lo mirara o volara. El gato enterró su cabeza entre sus patas haciendo que Niklaus se cabreara aún más—. ¡Tonto! ¡Aléjate de aquí! —entonces, su pequeño pie fue a patearlo, haciendo que el gato reaccionara rápidamente y le lanzara una rasguñada en el brazo, marcando cuatro finas líneas de donde iba a comenzar a salir sangre.

El ardor comenzó a extenderse por su brazo y su garganta se atascó. Sus ojos se inundaron rápidamente de lágrimas y con su mano buena, apartó las lágrimas de un manotazo. No iba a llorar porque su papá le regañaría. Antes le había dicho que no molestara para nada al gato que estaba en todos los lugares. En silencio, y limpiándose un par de veces más las mejillas, Niklaus corrió a la cocina y abrió el refrigerador, encontrando allí un montón de comida preparada. Klaus observó cómo sus Danoninos estaba casi hasta el fondo, detrás de un recipiente sin tapadera que contenía un poco de salsa de tomate. Con todo el cuidado que Niklaus Cullen pudo tener, apartó el recipiente con salsa de tomate y fue por los Danoninos. Intentó desprender uno de la tira y en repentino jale, su pequeño codo golpeó el recipiente de salsa de tomate, haciendo que le salpicara en la camiseta y en el rostro, por suerte, sus ojos se alcanzaron a cerrar antes de que le cayera justo allí.

Agitando la cabeza, colocó el recipiente en su logar con la poca salsa que quedó y cerró el refrigerador. Su mirada bajó hacia su camiseta completamente echada a perder y con un movimiento fácil se la sacó. Tomó el Danonino de nuevo en sus manos y lo abrió, al mismo tiempo en que pateaba la camiseta debajo de la mesa. Se sentó en una silla y se dedicó a comerlo, metiendo y sacando su dedo, tomando todo lo que se le podía pegar. Sus pequeños pies se balanceaban en la silla, y justo cuando estaba a punto de meter la lengua en el pequeño bote de Danonino para quitar los residuos, entro Renée con un montón de vasos vacíos.

Se veía muy bien para ser una mujer grande. Un traje de pantalón bastante elegante y de color verde oliva estaba envolviéndola. Sus cabellos estaban en rizos y se veía un poco más joven que en la mañana. Niklaus lo notó. Le dedicó una sonrisa amplia ante la mirada asombrada de Renée. Los labios del niño y todo alrededor de ellos estaba cubierto de Danonino de fresa. También tenía manchas de salsa en los brazos y unas pocas en el rostro.

— ¿Pero qué cosa que paso?-la voz ahogada de Renée se escuchó en la cocina mientras caminaba hacia a él, haciendo una ligera mueca—. ¿Qué has hecho, bomboncito?

Klaus arrugó la nariz. Ese apodo no le gustaba pero su abuela Renée se lo había dado. Sus hombros se alzaron y se dedicó a terminarse de comer su alimento.

—Tenía hambre. Mi panza estaba rugiendo.

— ¿Pero ya te has visto cómo luces? Estas hecho un desastre, Klaus.

—No importa. Tengo mucha hambre.

— ¿Y por qué no le pediste a tu papá o a Bella que te dieran de comer, cariño? —ella fue a tomar una servilleta para poder limpiarlo y él saltó, alejándose—. Voy a limpiarte.

—No, no quiero, aún no he terminado —alza el pequeño bote e plástico de color rojo y se lo muestra—. Pero yo quiero espagueti, Bella me dijo que me daría de eso.

—Bueno, pero vamos a cambiarte primero, ¿bien?

— ¡No! ¡Aún no he terminado de comer! —sus brazos se cruzaron, haciendo que sus costados se ensuciaran un poco por sus manos llenas de la mezcla rosada—. Quiero a mi papá.

Renée suspiró, sabiendo que no se le podía ganar a Niklaus ni en un millón de años. Definitivamente la única persona que podía hacerle entender era Bella, porque ni siquiera su propio padre tenía control sobre él. Renée ya lo había notado.

—Dame la mano, pues. Te voy a llevar con tu papá —lo tomó de la mano con la servilleta y caminaron a la salida de la cocina—. ¿Dónde están tus zapatos? ¿Por qué estás tan mal vestido?

—Esos zapatos me lastiman —se puso de puntitas para poder alcanzar con la lengua un poco de mezcla de fresa del pequeño bote en la mano que Renée tenía tomada—. Y me quité la camiseta porque me cayó tonta salsa de tomate. Por eso tengo mucha sangre en mi cuerpo —rio, mirando u brazo. Se camuflaje aba muy bien la sangre con la salsa de tomate.

Renée no dijo más nada. Se mantuvo en silencio mientras negaba con su cabeza y se dedicaba a salir de la cocina por la puerta trasera sin las bebidas que le habían pedido. Edward estaba conversando con bastante atención con Billy Black en su silla de ruedas.

Billy eran un gran admirador del equipo de Real Madrid, así que la estaba pasando estupendamente. El fuerte de brazo estaba rodeando con seguridad a Bella, manteniéndola cerca de él. Y Bella estaba muy gustosa de estar junto a Edward. Su rostro decía que también estaban discutiendo cosas acerca del futbol.

Cuando Niklaus logró divisar la cabeza cobriza de su papá pegó un salto, haciendo que Renée lo soltara por la sorpresa.

— ¡Papi! —llamó alzando la voz, haciendo que algunas personas interrumpieran su conversación. Esas mismas personas se le quedaban mirando asombrados por cómo estaba de sucio el pequeño niño de cabellos largos y revueltos.

Edward y Bella voltearon a verlo al mismo tiempo y sus reacciones de horror fueron las mismas. Después de asimilarlo dos segundos y ver a Niklaus correr hacia a ellos, Edward se separó de Bella para poder sostenerlo cuando se acercara lo suficiente. El niño rio todo el camino hasta llegar a los brazos de su padre, quien lo recibió y lo cargó. Su camiseta ridículamente cara se ensució rápidamente de salsa de tomate y Danonino.

— ¿Qué cosa te ha pasado, Niklaus? —preguntó Bella, mirándolo con horror. Tomó rápidamente una servilleta y la mano de Niklaus para poder limpiarle y deshacerse de la suciedad.

—Tenía hambre y comí un Danonino —agitó el bote vacío. Varias miradas seguían sobre él aun y les sonrió a todos. — La salsa de tomate también cayo y…

— ¡Oh Dios! —murmuró Bella horrorizada al ver el brazo rasguñado de Niklaus. La sangre ya se había secado, por supuesto, pero se mezclaba también con la salsa de tomate—. ¿Qué le hiciste a la gata para que te hiciera esto?

Klaus se encogió de hombros, mirando de reojo a su padre, quien estaba mirando también el brazo de su hijo.

—No se quería quitar del camino y la patee.

—Niklaus —reprendió Edward con gesto serio—. ¿Qué fue lo que te dije acerca del gato?

—No podía bajar las escaleras —excusó, alejando su brazo rápidamente cuando Bella acercó la servilleta a la herida—. No, eso no —escuchó la risa de Billy y bajó la mirada para verlo, sonriéndole también con simpatía—. Hola —saludó de modo carismático.

—Hola pequeño —respondió con la voz ronca debido a los años de fumador y bebedor que tenía.

—El pequeño eres tú porque miras para arriba para poder hablarme —dijo Niklaus con cierta diversión en su voz y después señaló sus piernas—. ¿Qué te pasó allí?

Edward lo sostuvo mejor—: Niklaus…

— ¿Te duele? —Insistió el pequeño—. ¿Puedes caminar?

Billy siguió sonriendo como si las preguntas no le hubieran afectado. En realidad es que después de ocho años en silla de ruedas ya le daba igual lo que los demás dijeran o curioseaban sobre sus piernas.

—No, no me duele y tampoco puedo caminar.

Klaus abrió mucho la boca y después una expresión de pena se posó en su rostro.

—Lo siento —dijo sorprendentemente sincero—. Entonces ya no puedes jugar futbol, ¿no? Porque no puedes moverte con las piernas.

Billy negó con la cabeza haciendo que su cabellera se moviera.

—No puedo correr detrás del balón pero si puedo ser un buen portero en canchas de futbol rápido.

—Cool —se inclinó y chocó los cinco con él para después voltearse a su padre—. ¿Lo ves, papi? Él puede jugar futbol. ¿No es genial?

—Claro que sí, campeón

—Yo no quiero que mis piernas dejen de funcionar… pero te reto a que juegues conmigo más tarde.

—Reto aceptado, niño —sonrió el anciano. No recordaba el día en que su sonrisa había sido tan grande y sincera.

Niklaus resultó ser muy amigable con las personas que estaban a su alrededor. Pero se mantuvo justamente alejado de la hija de unos amigos de Bella, Claire. Esa niña de piel morena y coletitas iba a matarlo. Su madre Emily y su padre Sam hacían todo lo que ella quería y si no tenía algo entones se ponía a gritar como una loca. La niña iba a tocarle siempre su pecho salpicado de salsa de tomate —el cual se había negado a limpiar— y le dejaba una marca de lodo allí. La piel blanca de Niklaus no ayudaba mucho.

— ¡Ven a jugar aquí! —insistió la pequeña con una enorme sonrisa. Niklaus se encontraba entre las piernas de su padre, con su pequeña espalda pegada al duro pecho de su padre. En realidad Niklaus estaba buscando calor porque el aire estaba comenzando a ser fresco y se estaba volviendo un poco oscuro.

—Pero yo no quiero jugar contigo —respondió, fulminándola con la mirada. Edward le dio un sabe apretó en su brazo y Niklaus alzó la cabeza a su padre—. No me gusta jugar con ella, papá. Es rara.

—No le llames así, ¿Por qué dices que es de esa manera?

—Quiere que juguemos a la mamá y al papá con su muñeca —el pequeño agitó su cabeza varias veces y arrugó su pequeña y fina nariz cuando Edward sonrió con cierta diversión—. No me gusta jugar a eso. Con Cara no juego a eso.

— ¿Te preocupa Cara?

— ¿Y si se entera de que jugué con otra niña? Se va a enojar conmigo.

— ¿Por qué usas esa excusa? —Edward se sacó la chaqueta que tenía y la colocó encima de los hombros del pequeño que estaba comenzando a tiritar—. Sabes que Cara no es celosa.

—Lo es… —se apresuró a decir y antes de subir por completo el cierre de la chaqueta de su padre, Bella llegó con una pequeña sudadera de Niklaus. Ella se había desaparecido por unos momentos y se la había pasado hablando con algunos invitados de manera muy alegre. Cuando llegó donde ellos estaban, se sentó en la silla hacia—. Hola, Bella.

—Hola, mi amor. Ven aquí, voy a ponerte esto antes de que enfermes —le tomó el brazo con cuidado. Finalmente Niklaus había dejado que le limpiaran la herida que le había causado el gato y Bella le colocó una venda para poder cubrirla y no dejar que se infectara. Niklaus se acercó a ella con una sonrisa y se puso de puntitas para besarle la mejilla—. ¿Cómo te sientes?

Klaus arrugó la nariz y dejó que le sacara la chaqueta de su padre para comenzar a ponerle su peque sudadera del equipo de futbol de su padre que estaba justo a su medida. En la parte de atrás tenia escrito "Daddy" y su número veintitrés debajo de la palabra. El pequeño se subió las mangas, mostrado sus antebrazos y se colocó la capucha.

—No me gusta esa niña —señaló a Claire, quien estaba jugando muy entretenidamente con su muñeca—. Todo el tiempo quiere abrazarme.

—Bueno, cariño, ella sólo quiere jugar contigo.

— ¡Pero yo no quiero! —se cruzó de brazos, volteando la mirada hacia a ella, ahora realmente molesto. Su ceño se fruncía y la miró con enfado.

— ¿Y por eso tienes que alzar la voz? —dijo ella pacientemente—. Simplemente díselo de manera amable y dile que prefieres jugar tú solo. No hay motivo para que grites, ¿comprendes?

—Pero es que ella…

— ¿Comprendes o no, Nik? —interrumpió Bella de nuevo.

—Sí, lo hago —asintió.

—Ahora cálmate porque no es tiempo para que te enojes. Respira profundo y dame un beso y un abrazo —ordenó ella con la misma voz baja que estaba usando. Observó como Niklaus descruzaba sus brazos lentamente y su ceño se alisaba. Después, sus pequeños bracito le rodearon la cintura y descansó su cabeza en el pecho de Bella.

—Lo siento —respondió y se alzó para poder darle un corto beso "de pollito" –como lo llamaba él- sin dejar de abrazarla—. Te quiero mucho, Bella.

—Yo también te quiero mucho, Nik —respondió ella con una sonrisa y lo estrechó más en sus brazos.

Las siguientes dos horas las pasaron entre pláticas, risas y anécdotas de Bella mientras vivía allí. Billy resultó ser una persona bastante conversadora. No paraba de hablar con Edward sobre cualquier tipo de cosas y Edward realmente lo agradecía porque Billy era el único —junto con Charlie—, que tenían el amor por el equipo de Edward. Al parecer en ese lugar se tomaban muy enserio eso. Aun cuando Charlie había sido el agente de un jugador de baloncesto.

Klaus estaba sentado en las piernas de Bella un poco somnoliento ya que eran las diez de la noche y normalmente esa era su hora de dormir. Tenía los audífonos puestos y estaba escuchando un audiolibro. Bella lo había descargado para él y ahora se encontraba bastante absorto en eso. Su lectura estaba mejorando pero todavía no era capaz de leer un párrafo entero sin preguntar por las palabras.

De pronto, las pláticas fueron bajando un poco cuando Renée se colocó en medio del jardín, luciendo espectacularmente hermosa. Bella sonrió sin darse cuenta de ello y la observó sin querer apartar la mirada. Rene tenía un copa de champaña en la mano y una enorme sonrisa estaba en su rostro. Después se le unió Charlie que estaba usando pantalón y chaqueta de vestir negra y una camisa blanca sin corbata. También llevaba un copa de champaña en su mano.

—Queridos amigos —inició Renée, haciendo que todo el mundo se pusiera en silencio—. Primero que nada, muchas gracias por habernos acompañado una vez más en este día importante para mi esposo y para mí. Y para las nuevas personas que nos acompañan, también, muchas gracias —. Los ojos de los señores Swan se posaron en Edward, quien les sonrió de vuelta de manera cálida—. Esta vez no daremos un discurso ni nada como eso, este año. En nuestro aniversario número veintiocho queremos dar las gracias. Por acompañarnos todos estos años, por apoyarnos, por no hacernos falta. Por estar allí con nosotros y por ser las personas que queremos en nuestras vidas —Renée miró fijamente a Edward, esta vez, de una manera bastante maternal, diciendo eso con el corazón en la mano—. Queremos agradecer a nuestra hija Bella por acudir aquí aun cuando ya tiene su primer trabajo profesional y ha viajado para satisfacernos y hacer que pasemos un buena rato.

—Agradecemos también que ustedes sigan aquí con nosotros y sepan que pueden contar con nosotros para cualquier cosa —dijo Charlie, acalorándose un poco la garganta y con una sonrisa también dirigida a los demás—. Y a los nuevos integrantes de la familia…que resultaron ser muy valientes para ser capaces de involucrarse con nosotros —. Varias risas se escucharon y algunas miradas se posaron en Edward, quien sintió el apretón de mano que Bella le había dado—. Edward y Niklaus Cullen, que, además de ser unas personas guapas, como yo —cuadró los hombros haciendo que Edward posara una mirada divertida sobre él—, son unas personas muy agradables. Por eso, y mucho mas, se los agradecemos —alzó la copa y todos los demás hicieron lo mismo. Bella le entregó el jugo de manzana a Niklaus, el niño se quitó los audífonos y lo tomó.

—Por los amigos —brindó Renée sin poder dejar de sonreír.

— ¡Por mis abuelos! —brindó Niklaus también con una sonrisa en su risueño rostro.

Charlie y Renée se quedaron tan sorprendidos como Edward y Bella en sus asientos. Niklaus saltó de las piernas de Bella y corrió hacia donde estaba Charlie para poder colgarse sobre él. Y Charlie, con mucho esfuerzo, lo tomó en sus brazos.

—Por el pequeño Niklaus —dijo Charlie bajo para que el niño pudiera escucharlo. Klaus sonrió aún más y chocó su jugo de manzana con la copa de champaña. Después de beberlo, Klaus revolvió los cabellos de Charlie y se estiró a darle un beso a Renée.

— ¡Papá, por favor! —Niklaus soltó un golpe con el puño cerrado en las redondeadas nalgas de Edward con casi toda la fuerza que tenía—. ¡Papá! —Otro golpe—. Lo prometiste.

Edward se dio la vuelta para que su pecho quedara hacia arriba y comenzó a soltar un enorme bostezó sin ni siquiera abrir los ojos. El aire estaba frio a su alrededor y, gracias al clima de Londres, él se había acostumbrado a eso. Sin embargo, la preocupación de saber si Niklaus estaba bien abrigado se apoderó de él y abrió los ojos rápidamente para encontrarlo a punto de darle otro golpe.

—Alto, enano —su voz sonó ronca por el sueño y tomó el puño de su hijo en el aire antes de que se acercara bastante a su entrepierna—. Voy a levantarme, ¿de acuerdo? —Se sentó en la pequeña cama de la habitación, en la cual tenía que dormir muy abrazado con su hijo, y se frotó la cara—. ¿Dónde está tu pijama?

Niklaus comenzó a sonrojarse fuertemente y, sintiéndose un poco culpable y avergonzado. Se bajó del regazo de su papá y Edward pudo observar como tenia ropa interior lista pero al revés.

— ¿Klaus? —Edward despertó por completo, olvidándose de frotarse de nuevo el rostro para desperezarse y miró a su hijo con preocupación. Se irguió nuevamente e intentó alanzarlo con su mano, pero Niklaus fue rápido y se apartó—. ¿Qué va mal, hijo? ¿Te lastimé mientras dormías? ¿Te duele el brazo? ¿No te gusta dormir aquí?

El pequeño sacudió la cabeza, negando a todas las preguntas que hacia su padre y retorció en sus manos la sabana de color azul. Su mirada estaba gacha y con sus suspiró, sus ojos se dirigieron a su padre.

—Hice pis en mis pantalones —dijo bajito, sintiendo como toda su cabeza se calentaba por la vergüenza. Eso nunca le había pasado, desde su primer año, en el que empezó a ir al baño, Niklaus todos los días había hecho pipí en bacinica o en la taza de baño—. Estabas aplastando toda la cobija por la noche y… y tenía mucho frio… el piso estaba muy frio y yo quería ir al baño —sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas—. Te juro que yo no quería, papi. Sé que tengo que ir al baño.

Edward tragó pesado al ver a Niklaus así. No es como si le sorprendiera porque no era la primera vez que se ponía todo sentimental. Es sólo que le lastimaba saber que se sentía de esa manera cuando su hijo normalmente era todo risas y escándalos y travesuras. Notó, que desde que llegaron a Forks, Klaus estaba un poco más sensible. Edward supo que era porque Niklaus no estaba acostumbrado a tener un lugar donde sentirse verdaderamente a gusto además de su casa… si es que eso se podría decir así porque todo el tiempo estaban viajando. No sabía cómo hacer para que el pequeño estuviera de mejor humor o recuperara su encanto que tanto le gustaba a Edward.

—No tienes que jurarme nada, enano —contestó Edward ahora con los ojos muy abiertos, observándolo y se sentó en el borde de la cama, con los pies en el piso—. Lamento haber aplastado la cobija, ¿bien? Son accidentes que pasan, pero sabes que siempre puedes despertarme en la noche para esas cosas, Klaus.

— ¿No estás enojado conmigo?

—Claro que no, campeón, ¿Por qué debería estarlo?

—Porque mojé la cama… y es cama de Bella.

—Estoy seguro de que Bella va a entenderlo —le dijo Edward, estirando una mano hacia a él—. No pasa nada, enano.

— ¿No me regañas?

—No, no te regaño —el niño fue a abrazarlo con fuerza y enterró su rostro en su pecho. Edward lo mantuvo allí unos minutos antes de darle una palmada en la espada y alzar su pequeña cabecita para mirarlo—. ¿Estás listo para ir a la playa?

Una enorme sonrisa se asomó por el rostro del niño y después estrechó a su padre de nuevo entre sus delgados brazos.

—Estoy listo.


Después de mucho tiempo aquí tienen el capítulo. ¿Qué les pareció la reacción de Nik con sus abuelos? ¿Y Alice? ¿Y Edward y Bella? Le prometo que pondré más de ellos. Diganme que piensan y comenten con reviews por favor.

Gracias a: belkis lagos vasquez, solecitopucheta, Nadiia16, MONIELITA CULLEN , zonihviolet, dracullen, Dani Valencia, MariVal 2211, PottericaTwilighterVictoria, Rossemery, Cris, NBellaCullen, AleLupis, SalyLuna, Annaniicolle, yolabertay, galadrielcullen, Abigail Gonzalez De Pattinson , , Julissa07, marce, pera l.t, Tata XOXO, torposoplo12 , Nyx-88, Maya Masen Cullen, maferpatts, Beastyle, Karlie7, jupy, .Patzz, Nina Cordova, lokaxtv, INDI02, Gretchen CullenMasen, liduvina.

A todos los que me agregaron a favoritos, alertas y los que leen mi historia cuando no leen una incompleta también, gracias, y a todos los anónimos :)

Para los que se quieran unir al grupo de facebook aquí está, allí se pubican fotos y las sesiones de fotos que Niklaus tiene o cualquier tipo de imagen referente al fic: groups/170869393079182/

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¡Nos leemos pronto!