Disclaimer: Los personajes son propiedad de Meyer, la historia es de mi imaginación.
Summary:
"Edward Cullen, el jugador de fútbol más exitoso tiene una vida bastante complicada con un revoltoso niño de cinco años. Lo que menos necesita ahora mismo es esa atractiva mujer que llegará a controlar su carrera y probablemente su corazón."
CAPÍTULO DIESIOCHO
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— ¡Pero aquí no hay sol! —se quejó Niklaus mientras miraba por la ventanilla la playa en forma de madia luna. También su mirada se dirigía al cielo, donde estaba nublado, como siempre.
En la camioneta de Renée estaban montados los señores Swan, Alice, los chicos Cullen y Bella. Bastantes platicadores entre sí. Alice no podía parar de hablar con Renée acerca de cualquier cosa… habían hablado de comidas y del clima y de todo. Todo. Bella estaba harta de escucharlas hablar y emocionarse por cualquier tema que abordaban. Charlie parecía bastante entreteniendo mientras conversaba con Edward, así que Bella tan sólo se dedicaba a estar con Niklaus y a contestar todo lo que él decía.
—No, cariño. Esta playa se caracteriza porque aquí no hay mucho sol. El agua es muy fría pero hay algunas cuantas olas para surfear. ¿Te gusta eso?
—Yo seré tu maestro de surf.
— ¿Y eres un buen maestro? —Estiró su mano para apartar los dorados cabellos de su rostro—. Creo que necesitas cortar tu cabellera un poco porque no podrás ver nada cuando asistas a la escuela.
— ¿tú va s a recogerme cuando yo salga de la escuela?
—No lo sé —se encogió de hombros mirando hacía a Edward, que estaba conversando de manera concentrada sobre los buenos días para ir de caza. Ella hizo cierta mueca por el hecho de pensar a Edward cazando pobres animales solo por diversión—. Tu papá va a tener que decírmelo para poder ponerlo en discusión —se encogió de hombros—. ¿Quieres que yo vaya contigo?
— ¡Me encantaría! Porque por esos niños van sus papás pero mi papi va a estar en entrenamiento cuando yo salga de allí —arrugó la nariz y mantuvo su mirada fija en el rostro de Bella—. Acher no habla mucho y aunque me gusta la música que pone en el auto no me pregunta cómo me fue en la escuela. Y no dice algo cuando yo le digo como me fue. Es tonto.
—Nik… —reprendió ella con una mirada. El pequeño le demostró que eso no le importaba encogiéndose de hombros—. Haré lo posible por ir a recogerte, ¿de acuerdo? Le diré a tu papi. No hay necesidad de decirle esas palabras a Acher.
Cuando Edward aparcó en el estacionamiento donde sólo había tres camionetas grandes de excursión, Niklaus comenzó a saltar en su asiento. Sin embargo, Charlie y Edward no les dejaron salir hasta que todo lo que llevaban con ellos estuviera abajo. Edward fue a abrirle la puerta a Bella con una sonrisa encantadora en el rostro. Ella le sonrió de la misma manera, sintiendo su habitual sonrojo por todo su rostro y tomó la mano que le estaba ofreciendo. Una vez fuera del auto, ella se alzó en las puntas de los pies para darle un perfecto beso en los labios. Atontado, y estúpidamente tonto, Edward ayudó a bajar a las demás personas del auto, asegurándose de tocar en las partes correctas a Renée… no necesitaba a Renée loca de nuevo.
— ¡Wow! —Exclamó el pequeño una vez que avanzó un poco hacia la arena—. Parece que estamos en Canadá.
— ¿Hace fi-fi-fio? —Edward lo miró con una sonrisa en su perfecto rostro de hombre perfecto y le colocó las manos en sus hombros. Cuando Niklaus tenía alrededor de dos años había aprendido que el frio le hacía tiritar, así que cada vez que decía que tenía frío se ponía a temblar falsamente y a tartamudear la palabra "frio" para darle a entender a su padre que lo abrazara. El pequeño asintió un par de veces.
—Hace fi-fi-fio —concordó, mirando con atención como las olas azotaban contra algunas rocas lejos de allí y como lo hacían en la orilla de la playa. Quería soltarse y correr hacia allí y nadar.
—Que ni se te ocurra echarte a correr —le advirtió, adivinando sus pensamientos, por supuesto—. ¿Quieres ser un niño grande?
Klaus se volvió rápidamente a su padre al escuchar esa pregunta que le llamaba mucho la atención.
—Sí, quiero ser niño grande.
—Entonces ve y ayuda a Charlie a llevar las mochilas de allí —el niño comenzó a moverse hacia la camioneta de nuevo con una sonrisa—. Ten cuidado con las demás cosas.
Edward estaba impresionado con la vista que tenía al frente. La playa estaba casi vacía, a excepción de tres familias, claro. Las rocas alrededor eran bastante altas también. El aire era un poco frio y eran alrededor de las once de la mañana. Edward y Niklaus se quejaron un poco porque creían realmente que podrían ir a dormir otro poco, sin embargo, Renée les apuró. No sabía exactamente qué es lo que haría en la playa a las once de la mañana… pero si Renée Swan lo decía, tenía que hacerlo. De reojo, Edward observó como la figura de Bella se colocaba a su lado con aspecto relajado. Este lugar le gustaba.
—Es bonito, ¿no? —preguntó ella sin apartar la vista del mar. Sus cabellos se movían alrededor de ella por el aire, lo que le hacía ver un poco más ligera.
—Sí, lo es. No creí que una playa en un lugar con mucha lluvia fuera atractivo.
—Pero si de sólo decirlo ya resulta atractivo —ella se volteó, sonriendo ligeramente y de manera sincera.
En un acto de reflejo, Edward fue a ponerse detrás de ella, con su duro pecho pegado a la delgada espalda de ella. Ella como siempre se estremeció ante la cercanía de Edward y éste le rodeó el cuerpo con sus enormes brazos.
—Soy algo extraño, aceptémoslo —la voz resignada de Edward hizo reír a Bella.
—Sí, lo eres exactamente, ¿fi-fi-fio?
—Es algo que Niklaus decía cuando tenía dos años… cada vez que tenía frio después de darle un baño se ponía a temblar y decía eso. El enano tenía momentos adorables.
—Tú eres un poco adorable por seguir recordando eso.
—Bien, soy un poco adorable… y guapo, que no se te olvide guapo.
La risa de Bella se hizo escuchar de nuevo mientras su manos apretaban los brazos de Edward alrededor de ella, abrazándola hacia sí.
—Tienes el ego muy alto, cariño.
— ¿Y cómo esperas que no lo tenga si todo el tiempo estas llamándome guapo?
— ¿Cómo debo llamarte entonces?
—Yo no tengo ningún problema con que me llames guapo —se podía escuchar la sonrisa de Edward. Detrás de ellos, Renée, Charlie, Alice y Niklaus estaban discutiendo sobre las cosas que debían llevar cada quien dejando lo más pesado para el más fuerte de la familia: Edward. Sonriendo aún más amplio, colocó su barbilla en el hombro de Bella, inclinando su cabeza para poder besar suavemente su cuello.
—Desde ahora voy a llamarte asno.
— ¿Por qué vas a llamarme de esa manera tan fea? —Edward frunció el ceño, mirando como una pareja de adolescentes se ponían a correr y a gritar por la playa. Sonrió levemente y volvió la vista a Bella.
—Porque es precisamente una cosa fea —se encogió de hombros y después se volteó hacia a él—. Y porque lo usan como una cargadera —miró sobre el ancho hombro de Edward y sonrió—. Será mejor que vayas por las cosas que faltan.
—Creo que me cobraré eso —se inclinó para poder besarla, presionando sus labios tres veces seguidas—. Pero después, y en la cama.
Y así, dejando a una Bella muy sonrojada, se volvió a Reneé y Charlie, que estaban yendo hacia a ellos con algunas mochilas. Niklaus ya iba tres paso adelanta con una enorme sonrisa en su rostro.
— ¿Cuánto tiempo pasabas en este lugar cuando vivías aquí?
—No lo sé… casi la mayoría del tiempo. Mis papás siempre estaban trabajando y la pasaba aquí todo el tiempo con mis amigos de la reserva. Billy era como un segundo papá para mí. Era bastante agradable. Y lo es ahora, volver y sentirme casi como antes.
Edward guardó silencio, mirando alrededor con cierta determinación. Estaban sentados en una silla reclinable donde se podían estirar los pies también. Él tenía la espalda recargada en el respaldo de la silla y las piernas estiradas y abiertas en V. Bella yacía ente ellas, con la espalda recargada en el pecho de Edward.
— ¿Y cómo es que alguien como tú puede tener amigos en una playa desierta?
—Trataré de que ese "alguien como tú" no sea ofensivo —la voz de Bella dejaba claro que no estaba molesta, sino al contrario, que estaba sonriendo apenas—. Pero es obvio que la reserva no es sólo la playa. ¿Las casas que había de camino aquí? Allí viven o vivían algunos amigos. No sé muy bien qué es de ellos ahora —se encogió de hombros, tomando los dedos de Edward entre los suyos antes de que siguieran bajando por su vientre y volvieran a subir, tentándola.
— ¿Y ellos no han sido invitados al aniversario de tus padres? —Se podía notar una pizca de alivio en la voz de Edward—. Porque supongo que en un pueblito todo el mundo se conoce y se aman y son amigos por generaciones, ¿no?
—Se nota que has prestado atención —dijo Bella de manera sarcástica—. Esta es La Reserva. Es cerca de Forks, pero no está precisamente dentro… y algunas personas se conocen, no necesariamente todas. Por favor, no me hagas pensar en ti como un tonto porque me desilusionarás.
— ¿No me amarías si fuera un tonto?
—No, rápidamente te dejaría y volvería a ser sólo tu trabajadora.
—No será fácil olvidarte de mi —él se estiró lo suficiente como para besar suavemente el delgado y desnudo hombro de Bella.
— ¿Ahora te crees el inolvidable?
Edward bufó, alzando la cabeza de nuevo para poder observar la playa y las personas que estaban allí, jugando y riendo.
—No me creo el inolvidable. Simplemente lo soy, ¿entiendes la diferencia? Además, ¿Cómo vas a olvidarte de mí si tendrás que verme y recordar todos los momentos cursis, divertidos y llenos de sexo que hemos tenido casi la mayoría del tiempo? —Se quedó un minuto en silencio—. ¡Y dices que el tonto soy yo!
—Tu confianza da un poco de asco, amor. Tendré que bajarte de la nube, ¿de acuerdo? Creo que me pondré a trabajar en eso.
— ¿Realmente quieres bajarme de la nube?
Esa pregunta daba mucho en que pensar y Bella lo sabía. Sabía que Edward era de una manera muy peculiar, y de una manera que jamás le había visto ser a alguien. Era arrogante, encantador, simpático y chocante a la vez, que resultaba difícil de creerlo. Bella no quería que Edward cambiase. Ella lo quería muchísimo siendo como era. Se reía bastante con él. Edward definitivamente sabia como hacerle reír y sonreír todo el tiempo. Le hacía pasar tiempos hermosos y junto con el pequeño Niklaus ella tenía el premio mayor. Si ella le hacía cambiar entonces no sería su Edward.
Finalmente, Bella sacudió la cabeza y la dejó caer contra el pecho de su novio, maravillándose de lo duro que estaba.
—No, no quiero bajarte de la nube. Allí quédate todo el tiempo que quieras. Soy capaz de lidiar contigo.
—Me gusta como piensas. Y lo mejor es que tienes razón. Aunque me guardaré mis comentarios arrogantes para las chicas que no pueden tenerme.
Bella rio, alzando un poco la voz y se mordió el labio, pellizcado suavemente los nudillos de las enormes manos de Edward.
—Podré regodearme frente a ellas porque yo soy la única que puede tenerte, ¿no es así?
—Bella, nena —dijo Edward con voz seria, sin embargo, Bella sabía que él estaba a punto de decir una estupidez—. Tienes que ser una persona compartida, ¿entiendes? Soy una figura pública. Los demás no pueden tenerme como tú me tienes pero debes compartirme un poco con tu mamá porque… bueno, porque es tu mamá y porque siento que voy a dejar de ser guapo y todos mis músculos van a caer porque tu madre no puede tocarme. ¿Has escuchado ese de que… cuando alguien quiere tocarte algo y no lo hace entonces cae o se aguada? ¿Sabes lo humillante que voy a verme sin músculos? ¡Ni pensarlo!
Bella rodó los ojos y dejó las manos de Edward sobre su estómago plano y firme; las suyas las deslizó sobre los antebrazos, sintiendo los bellos acariciándole las palmas de las manos.
— ¿Enserio crees eso? ¿No crees que ya tendrías todo caído por tus fans?
—Pero ellas son diferentes.
—Entonces yo también debería tener mis bebés caídas, ¿no? ¿O el culo? Estoy segura de que algunas personas quieren tocarlos.
Edward se tensó en su lugar.
— ¡Pero como puedes decir eso! ¿Te das cuenta de lo que dices? ¿Qué tienes en contra de esas preciosidades? Además, soy el único que puede tocarlos, así que no se pueden caer porque alguien las está tocando. Alguien que de verdad te desea las está tocando.
Bella rio de nuevo con cierta diversión.
—No eres el único que lo desea.
—Bueno, ¿y qué? Que te vean está bien, así saben todo lo que yo tengo y ellos no. Eres libre de mostrar lo que quieras, nena, no soy celoso en ese aspecto.
Bella volteó el rostro y alzando la vista un poco se encontró con la mirada sincera de Edward.
—Entonces creo que te quiero mucho más.
Se inclinó para poder juntar los labios con los suyos y fundirse en un profundo beso que al principio había sido como un beso inocente, después, la lengua insistente de Edward salió, acariciando el labio inferior de Bella y comenzaron a besarse apasionadamente. Por suerte, las manos de Edward se mantenían apretadas en las caderas de Bella. Eso no quería decir que las palmas le picaban por recorrer todo ese pequeño —o no tan pequeño— cuerpo muy bien formado.
— ¡Papi, ven a surfear!
Con gemido, Bella se separó a regañadientes de Edward y éste gruñó con cierta frustración. Bella le dedicó una sonrisa prometedora y se colocó recta esta vez, con la espalda erguida y observando al niño que llevaba los cabellos totalmente mojados y escurriendo de agua salda. Ya no estaba usando solo un short de playa. Ella le había hecho utilizar camisetas de baño de manga larga que eran de un tipo de material con el cual se les protegía del frio. También tenía las piernas cubiertas hasta los tobillos.
No quería a ningún niño enfermo.
—Voy en unos momentos, enano. Lleva las tablas al agua, ¿sí?
—Bella —Niklaus se fue acercando más hacia a ellos hasta pararse en las tablas de surf que había a un lado. Tres en total—. ¿Tú vas a acompañarnos a surfear? Porque mi papá compró una tabla de surf para ti también.
—Sí —contestó ella con un suspiro—. Supuse que esa cosa era para mí. Pero te acompañaré. Además, tengo entendido que tú serás mi instructor… ¿no?
—Creí que yo sería tú instructor —señaló Edward, poniéndose de pie.
—Ponte en la fila, papá. Yo te gané.
—Mamá, deja de llorar, por favor, volveremos a visitarte.
El tono de voz de Bella estaba sonando un poco angustiante ya. Y por supuesto que tenía un nudo en la garganta por ver a su madre llorar de esa manera. Ella también lo sentía, no sabía cuándo seria la próxima vez que ellas se volvieran a ver. Le dolía la partida.
—Pero va a pasar mucho tiempo —lloró Renée. Sorbió su nariz con el dorso de su mano y se abrazó más a Charlie, quien tenía una cara de tristeza también—. ¿Me haces un favor? Cuando tengas planeado visitarme, que sea con solo tres o dos días de anticipación. Así no estaré todo el tiempo con ansias de su llegada como esta vez.
—Te prometo que va a ser así…
— ¡Oh, Niklaus! ¡Vas a crecer tanto mientras estés lejos! —lloriqueó aún más y se zafó raídamente de los brazos de Charlie para ir a abrazar al pequeño, quien estaba cargando con su maleta deportiva—. Prométeme que vas a conectarte conmigo por esa cosa del demonio llamada computadora.
Niklaus rio ante la referencia de su abuela y le palmeó la espalda un par de veces como veía que Bella y Edward hacían seguido con ellos.
—Te lo prometo, abuelita. Le diré a Bella que te mandé mi Skype —dijo sonriendo, después se separó por unos momentos. Renée le estudió el rostro con sus ojos llenos de lágrimas y después volvió a abrazarlo con fuerza. El pequeño abrió en grande los ojos, mirando a Bella con terror y pidiendo ayuda. Renée lo estaba apretando con bastante fuerza—. ¿A-abu? Me estás lastimando.
Con un suspiro, Renée se separó de él, con lágrimas cayéndole a mares por los ojos. Niklaus se acercó a ella y le limpió las lágrimas con los pulgares y le sonrió.
—Vendremos después, ¿cierto, Bella?
Ella asintió.
—Vendremos después.
—O ustedes pueden ir a visitarnos, ¿Qué dices, abuelo? —estiró la cabeza para poder mirar a Charlie, quien estaba parpadeando un poco, tratando de ocultar sus indicios de lágrimas.
—Iremos a visitarlos, hijo —asintió y frotó su bigote con su mano.
— ¿Lo ves? El abuelo dice que van a ir a visitarnos, así que no te preocupes —sonrió aún más—. Y mi papá me lo ha prometido también, así que eso está bien.
Pasos se escucharon por detrás y dejaron ver a Alice con una brillante sonrisa en el rostro.
—Claro que la próxima vez probablemente yo no venga y dejaré que mi querido primo y Bella luzcan como una verdadera familia —ella alzó una mano para callar a Bella—. Y pronto me iré a Paris, así que será mucho más difícil.
Todos guardaron silencio por un momento, y se volvieron a escuchar pasos bajando las escaleras. Pasos despreocupados y rápidos. Todas las cabezas se volvieron hacia el perfecto Dios Sexy. Edward iba bajando con las maletas sobre él como si no pesaran absolutamente nada. También llevaba su cabello despeinado —como siempre—. Y estaba vestido de manera casual, con jeans, camiseta blanca lisa y chaqueta color caqui.
Se quedó de pie, inmóvil ante los cinco pares de ojos mirándolo.
— ¿Qué sucede?
—Nada, sólo nos despedíamos —se apresuró a decir Alice—. No sabes lo apurada que estoy por llegar a Londres. Quiero irme ya —se dirigió a Renée y le dio un fuerte abrazo y un beso en la mejilla derecha—. Renée, ha sido un placer conocerte finalmente en persona, eres súper sexy —le dio una nalgada, haciendo sonreír a Renée. Después, fue donde Charlie, quien le estaba mirando un poco sonrojado—. A ti también, Charlie, fue un placer conocerte —se estiró para besar ambas mejillas y se coloreó aún más. Tomó su bolso ligero y se volteó a Edward—. Te espero en el auto.
Y desapareció.
Niklaus le siguió con la mirada hasta que salió de la puerta con el ceño fruncido.
—Es bastante extraña —comentó y después se encogió de hombros—. ¡Vámonos, ya! —se estiró a abrazar por última vez a su abuela— te quiero mucho, Abu.
Renée volvió a derramar lágrimas.
—También te quiero mucho, mi cielo —le besó muchas veces el rostro y finalmente lo dejó.
Niklaus corrió donde estaba su abuelo y le sonrió con ganas.
— ¡Gracias por la gorra! ¿Algún día poder ver a James?
—Estoy seguro que sí, pequeño —asintió Charlie y chocó las palmas con las del pequeño—. Ahora será mejor que subas al auto, sin pelear con tu Tia Alice.
—Como digas, abuelo —les hizo un gesto de despedida se marchó, entrando al auto, gritándole algunas cosas a Alice, haciendo que ella reaccionara.
Cuando Bella volvió la vista hacia a su madre se encontró con que le estaba dando un abrazo asfixiante a Edward. Y Edward se veía bastante incomodo, palmeando la espalda de Renée. Él abrió los ojos aún más y rogó a Bella para que le ayudara.
—De acuerdo, mamá, basta de aplastar a mi novio —la separo de él y suspiró—. Vamos a volver, ¿Cuántas veces debemos repetírtelo?
—Y si quieren ir a visitarnos sólo tienen que decirme, y vendrán a recogerlos, en el horario en que ustedes digan —añadió Edward con una sonrisa encantadora a la cual Renée no aprendía a resistirse.
—Está bien —asintió ella sollozando—. Lo aceptamos. Gracias por venir y acompañarnos. Los amamos tanto —se fue a darles un abrazo rápido y sonrió—. Edward, tienes un bebé encantador.
Él le sonrió con simpatía.
—Me lo dicen muchas veces —Bella rodó los ojos—. Gracias.
El viaje de regreso al aeropuerto fue entre discusiones y discusiones entre Alice y Niklaus. Por cualquier cosa era de lo que discutían, desde la música que deberían escuchar, hasta el exacto color que era el de los árboles. Edward estaba más que cabreado con esos dos. Bella lo sabía, podía notar los brazos tensos y sus nudillos completamente blancos por apretar con fuerza el volante. Ella había intentado de todo para que Alice y Niklaus se callaran y aunque lo hacían por unos minutos, volvían a empezar a pelear por algún cometario que hacían Niklaus o Alice.
Así que, cuando subieron al jet, Edward fácilmente tomó a Bella de la mano y se fue a encerrar en la habitación que había al final una vez que el jet se estabilizó en el aire. Niklaus se había molestado, por supuesto, pero no había nada en el mundo que hiciera a Edward abrir esa puerta.
Cuando Edward estacionó el auto frente al departamento de Bella, Niklaus ya estaba completamente dormido en la parte trasera. Edward y Bella emprendieron su camino hacia la puerta de los apartamentos sólo porque Bella se lo había permitido hasta allí, alegando que Niklaus podía despertar en cualquier momento como la primera vez que Bella fue a dejarla a la entrada de los departamentos.
—Entonces, guapetón, será mejor que vayas a casa y arregles todas las cosas de Nik para su primer día de escuela mañana —la voz de Bella era suave, y dejaba claro que estaba completamente cansada por el vuelo.
Alice no le había acompañado al departamento porque justo cuando bajó del avión había tomado otro vuelo a Paris, sin ni siquiera llevarse sus pertenencias. Dijo que ella compraría todo lo necesario de nuevo.
—Voy a odiar el día de mañana —dijo Edward, haciendo una mueca mientras sus manos jugaban con el borde de la camiseta de Bella y la enrollaba en sus dedos—. Va a ser un día demasiado feo. Niklaus probablemente hará un gran berrinche a la hora de despertar y se pondrá de mal humor, y no tomará su desayuno y se irá enojado, y le va a doler el estómago en la escuela, y me van a mandar a llamar, voy a interrumpir mi entrenamiento, van a mandar un almuerzo que tenga muchos dulces, y cuando finalmente llegué a casa y lo encuentre va a estar normal cuando yo probablemente debí tener un día de mierda.
—Eso parece algo normal en un primer día de clases.
—Primer día de clases —asintió—. Y también el primer día de clases después de unas vacaciones.
Bella sacudió la cabeza y deslizó sus delgadas manos desde los anchos hombros de Edward hasta la nuca para poder tirar de los cabellos que estaban ahí.
—Lo estás mal acostumbrando. Pero eso ya lo sabias, ¿no? Así que si sigues de esa manera deberías dejar de quejarte como una niña porque es tu culpa.
—Sé que es mi culpa —suspiró él, acercando su cuerpo a ella, quien estaba un poco más alta por los dos escalones en donde se encontraba—. ¿Pero qué debo hacer para que ya no sea de esa manera? Soy débil ante él y ante ti. No es nada sencillo.
—Para mí es bastante sencillo decirle que no a Niklaus —ella se encogió de hombros y dejó de tirar de los cabellos cobrizos de Edward para comenzar a pasarlos entre sus dedos—. Es sólo que tienes que ser un poquito más duro y tener un poquito más de carácter. Pero voy a ayudarte a eso —se inclinó para darle un beso en la nariz.
Edward alzó la cabeza para poder besarla mejor y sus manos se deslizaron a su culo, dándole un suave apretón. Sintió como Bella sonrió contra sus labios y después se separó.
—Será mejor que me vaya para que puedas descansar. Gracias por permitir que te acompañáramos. Fue una experiencia extrañamente buena.
Ella rodó los ojos.
—Mi mamá ya te quería violar frente a mí.
— ¿Qué puedo hacer yo? No es mi culpa ser irresistible.
—Mr. Ego regresó —canturreó por lo bajo y después se separó otra vez—. Bueno, ya. Deja de decir tantas cosas y sube al auto, ¿bien? Buenas noches. Recuerda que tú y yo tenemos una cita en mi oficina próximamente.
— ¿Podemos tener la fantasía de la oficina algún día?
—No. Lo lamento cariño —rio y le levantó los cabellos como a ella le gustaba—. Tal vez después.
—Bueno, eso me da esperanza —se encogió de hombros y le besó de nuevo—. Buenas noches, nena. Descasa y mantén tu rostro tan bello como siempre.
—Eso sonó tan barato… —dijo ella riendo y sacudió la cabeza, haciendo que sus cabellos se agitaran—. Pero lo haré, guapetón. Descansa también tú. Te quiero.
—También te quiero —le dijo con una enorme sonrisa y se apartó dos pasos de ella, mirando como entraba al edificio.
—Vamos, Niklaus, prometiste que irías al colegio como cualquier otro niño —rogó Edward sentado al borde de la cama, junto a su hijo en pijama con la almohada en su cabeza—. ¿Quieres que comience a quitarte privilegios? —No obtuvo respuesta—. Te vas a quedar sin teléfono celular durante una semana.
— ¡No! —gruñó Niklaus debajo de la cama lanzando una patada.
—Levántate.
— ¡No!
—También te quedas sin video juegos durante dos semanas.
— ¡Papá!
—Entonces levántate, Niklaus.
—No quiero ir, quiero quedarme a dormir.
—Yo también quiero eso pero no podemos. Levántate porque el agua se va a enfriar y va a ser peor.
—No me voy a bañar.
— ¿Quieres que comience a desconectar el Wi-fi de la casa?
No obtuvo respuesta. Se puso de pie y Niklaus se movió inquieto.
—Última oportunidad, si no te levantas ahora entonces voy a encerrar todas tus cosas en una habitación durante una semana y no vas a poder tocar nada. —suspiró y se recargó en la pared una vez que se puso de pie. Estaba vistiendo ropa deportiva, como siempre que iba a entrenar al campo—. Uno… dos…
Las sabanas se apartaron del pequeño y la almohada salió volando a la mitad de la habitación. Niklaus, con sus cabellos revueltos, salió de la cama hecho una furia y se dirigió al cuarto de baño. Cuando Edward entró a la habitación, encontró a Niklaus quitándose bruscamente los pantalones y la camiseta. Miró como iba a caerse pero logró estabilizarse.
—Sabes que no tienes que estar de gruñón.
—Cállate. Te odio —gruñó una vez más y una vez que estuvo desnudo, se quedó de pie frente a la bañera, mirándola con desagrado. Entonces, sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y sollozó—. No quiero.
Edward, con una pequeña sonrisa, se acercó a su pequeño y le colocó las manos en los hombros.
—Escucha, Niklaus, debes entrar, ¿de acuerdo? Si entras a esa bañera y te cambias con tu nuevo uniforme vas a conocer nuevas personas vas a poder jugar con ellos y tener nuevos conocimientos.
—Bella me enseña muchas cosas —sollozó, tallándose los ojos con el dorso de la mano—. No quiero ir, papi.
—Sí, enano, vas a ir. Es lo mejor, todos los niños lo hacen —se inclinó a besarle el tope de la cabeza—. Vas a tener un regalo si vas a la escuela, ¿sí? ¿Quieres uno?
Los ojos de Niklaus brillaron.
—Un nuevo videojuego.
— ¿Eso es lo que quieres? —el pequeño asintió—. Entonces lo vas a tener, pero entra a bañar, ¿sí?
— ¿Vas a ayudarme?
—Te voy a ayudar.
El baño no fue del todo agradable para Niklaus, como siempre. El agua había enfriado ya un poco y eso no le agradaba mucho. Sin embargo, había dejado de llorar y se encontraba conversando con su papá acerca del tipo de videojuego que le gustaba y cuales no.
La señora Harriet había terminado ya de preparar el muy elaborado desayuno para Edward y Niklaus, cuando el pequeño estaba bajando apenas las escaleras, jalando una y otra vez la corbata alrededor de su cuello.
—Vas a jalarla y se pondrá fea —le dijo Edward con tono de advertencia mientras tomaba asiento en la cabeza de la mesa y la señora Harriet le ponía el desayuno al frente. Él le sonrió con simpatía—. Gracias.
—Pues que bueno —contestó con malhumor mientras se sentaba junto a su padre y fulminaba con la mirada el plato de frutas que tenía frente a él—. No quiero eso.
La señora Harriet se comenzó a sentir incómoda, y antes de que ella fuera a recoger el plato de Niklaus Edward alzó una mano, deteniéndola.
—No retire, déjalo. Le haré saber cuando necesite el segundo plato —le dijo Edward con amabilidad y, con nerviosismo, la señora Harriet se retiró. Edward miró a su hijo con el ceño fruncido—. ¿Esos son tus modales con la señora Harriet? —Niklaus abrió la boca pero Edward lo calló con una mirada—. Necesitas comer esto primero y después vas a comer hot-cakes con helado y esas cosas. Eso es lo que la señora Harriet tenía preparado para ti, pero si te tardas en comer la fruta no podrás tomar malteada, así que tú dices…
—¡No me gusta la piña!
—No la comas, pero traerán mas sandía.
—No.
—No voy a discutir más, Niklaus.
De manera malhumorada, Niklaus tomó el enorme tenedor para poder comerse la fruta y, picando con fuerza un pedazo de piña, comenzó a comer. Cuando él iba por el tercer pedazo, el teléfono sonó y la señora Harriet salió con paso apresurado a contestarlo.
—Ya no quiero fruta, quiero helado.
—Acábate la fruta y tienes helado.
—¡No! —protestó el pequeño—. ¡Papá, no quiero…!
—¿Señor? —interrumpió la señora Harriet, entrando al comedor con el teléfono entre las mano—. Tiene una llamada de la señorita Isabella.
Edward sintió si estomago revolverse y sonrió de manera automática. Esa fue la señal para que le cedieran el teléfono.
—Gracias —le dijo y se llevó el teléfono a la oreja—. Hola, nena.
—Hola, guapo —saludó Bella con una voz bastante alegre para ser lunes por la mañana—. ¿Cómo amaneciste?
Edward suspiró, dejando su servilleta sobre la mesa y recargó su espalda en la silla.
—Casi bien, ya sabes, primer día de escuela. No es una agradable experiencia todos los años pero lo intento. ¿Qué tal tú? ¿Por qué estas despierta tan temprano?
—No es tan malo, no te quejes… Estaba despierta para poder desearte suerte en tu entrenamiento hoy y en el primer día de clases de mi pequeño Niklaus.
Edward le envió una mirada a Niklaus, quien estaba peleando con un pedazo de papaya.
—Él no está de muy buen humor ahora. ¿Quieres hablar con él?
—Por supuesto
Edward le tendió el teléfono a Niklaus, y éste, mirando la oportunidad de deshacerse del hecho de tener que comer fruta, lo tomó rápidamente, jalando de su corbata una vez más.
—¡Hola Bella!
—¡Hola, precioso! —saludó ella con el mismo entusiasmo—. ¿Cómo amaneciste hoy?
—Puaj… no quería levantarme hoy. No quiero ir a la escuela y conocer a niños tontos.
—Oh, vamos… Recuerda que estabas muy entusiasmado por querer ir a la escuela y conocer niños, ¿recuerdas? Eso me dijiste.
—Sí, pero no quiero despertar temprano.
—Pues debes dormir temprano también. Sólo quería desearte mucha suerte el día de hoy.
—Gracias… aunque no me gusta la fruta. No quiero comerla, Bella, dile a papá que no quiero comer fruta —se quejó, mirando sólo la fruta, sabía que su padre lo estaba mirando y no quería encontrarse con su mirada mientras intentaba haer que Bella estuviera de su lado.
—Debes comerla, así vas a estar muy saludable y no te vas a enfermar y no te van a inyectar. Come eso todos los días antes de irte a la escuela y vas a estar muy fuerte.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo —dijo ella sonriendo, sabiendo que Niklaus ya había cedido—. Y tengo una idea, ¿estás listo para escucharla?
Niklaus alzó la mirada finalmente para encontrarse velozmente con la de su padre. Su enorme sonrisa sabía que lo que Bella le diría iba a ser bueno.
—¡Me gustan las ideas!
—¿Qué te parece si esta tarde voy por ti al colegio? —dijo ella con voz cautelosa—. Pero sólo si prometes comerte toda la fruta todos los días y que te vas a portar muy bien. ¿Qué dices?
El pequeño saltó de la silla, haciendo que su padre pegara un pequeño brinco también.
—¡Sí! ¡Te lo prometo! —se apresuró a sentarse de nuevo mientras exclamaba y tomó con fuerza el tenedor para poder echarse un enorme pedazo de fruta en la boca—. Estoy comiendo ahora mismo —dijo con la boca llena—. ¡Sí!
Edward lo seguía mirando con cierta curiosidad. No podía saber que era lo que Bella le había ofrecido, ni siquiera se lo había imaginado. Pero Niklaus parecía bastante feliz con eso que Bella le había dicho, y estaba comiendo la fruta. Eso era mas que bueno.
—Está bien, pero no hables con la boca llena, Niklaus —Bella estaba sonriendo también. No pensaba que a Edward le pudiera molestar la idea…—. Ahora, cariño, ¿puedo hablar con tu papá? Necesito decirle sobre esto. Termina de tomar tu desayuno.
—¡Gracias, Bella! ¡Te quiero mucho! —exclamó el niños in dejar de sonreír y le lanzó el teléfono a su papá.
Cuando Edward tuvo de nuevo en sus manos, sin dejar de observar a Niklaus, esperó un tiempo y se lo llevó a la oreja de nuevo.
—Ese don tuyo de hacer que mi hijo coma todo lo que esta en el plato me gusta mucho.
Bella rio mientras se revolvía en la enorme cama. Aun faltaba bastante tiempo para que ella fuera a trabajar y ponerse a revolver cosas con respecto a Edward.
—Tan sólo le dije que si comía todas las frutas que estaban en su plato, todos los días, yo iba a ir por él esta tarde. No te molesta… ¿cierto? Porque yo tengo mucho tiempo libre ahora e ir por Niklaus a la escuela no es ninguna molestia para mi, así que… ¿Qué dices?
Edward tenía una sonrisa en el rostro también.
—Suena bien. A Niklaus no le gusta mucho ir con Acher. Seguro que a él le encantara.
—Sí, parece que le gusta mucho.
—¿Entonces paso a recogerlo a su clase de música? No podría ser yo quien lo lleve.
—No te preocupes por eso. Si no llegas, también lo llevo al entrenamiento. Tu hijo está muy atareado.
—Mientras mas ocupado este, mejor. Además, ahora mismo no tengo ninguna niñera.
Niklaus lo miró con cierto pánico.
—¡Niñeras no!
—Edward… —comenzó Bella—. No es necesario que contrates ninguna niñera, Niklaus se encuentra lo suficientemente ocupado para eso. Y mientras él no esté en alguna clase extracurricular puede quedarse conmigo. Un poco de compañía nunca es mala.
—Bella, estás haciendo mucho por nosotros y no creo que sea bueno. Estamos abusando de ti.
Bella chasqueó la lengua. Odiaba que pensara eso de ellos.
—No están abusando de mi, ¿crees que si lo sintiera así estaría ofreciéndote todo esto? Sabes como soy, Edward, quiero pasar tiempo con Niklaus, es un niño bastante entretenido. No le haría mal que se le bajaran un poco los humos.
—Yo no creo que tú verdaderamente quieres que a Niklaus se le bajen los humos —Edward observó como Niklaus terminaba con su plato de frutas y, con cuidado, se ponía de pie para llevárselo a la señora Harriet. Enseguida, los dos aparecieron en el comedor, la señora Harriet con el plato de hot cakes, y helado en sus manos y Niklaus muy sonriente volvía a tomar asiento.
—Gracias, señora Harriet —agradeció Niklaus sin dejar de sonreír. Edward también le sonrió agradecido y la miró desaparece de nuevo por la puerta de la cocina.
—No, la verdad es que no quiero que eso cambie —aceptó Bella—. Pero ya dije lo que va a pasar, ¿de acuerdo? Si quieres llamar, puedes hacerlo a la oficina o puedes llamarme a mi, como mejor lo prefieras.
—Entendido, señora.
Bella rodó los ojos.
—Ahora me voy, intentaré dormir un poco más por ti y Niklaus. ¿Puedes ponerme en altavoz para que me escuche?
Edward lo hizo en cuanto escuchó la indicación y Niklaus puso atención mientras masticaba un gran bocado de su desayuno.
—Ya está.
—Niklaus, cariño. En cuanto tus clases terminen pasaré a recogerte, ¿de acuerdo? —Niklaus hizo un sonido de alegría—. Así que come bien todo lo que te den ahora y en el colegio. Tengo una sorpresa para ti, así que disfruta tu día.
Klaus tragó la comida y comenzó a saltar en su silla.
—¡Sí! ¡Te voy a estar esperando, Bella!
—Me parece perfecto, mi amor. Mucha suerte en tu día, has muchos amigos y cuida de Cara, ¿si? Te quiero, pequeño.
Edward se quedó en silencio, escuchando con atención todas esas palabras tan cariñosas que Bella le decía a su hijo. Claro que no le molestaba que su novia, su primera novia madura y verdadera, le hablara a Niklaus de esa manera. Niklaus se sentía brillante a la hora de escuchar esas palabras. Lo único que Edward realmente miraba mal era que Niklaus siempre estuvo esperando esas palabras, probablemente de su madre y nunca las obtuvo, y ahora que Bella estaba allí diciéndolas, ya eran como un alivio para él.
—También te quiero mucho, Bella. Hasta más tarde.
Edward alejó el teléfono de él para permitir que siguiera con su desayuno y se acercó al objeto.
—¿Hasta más tarde, entonces?
—Hasta más tarde, guapo —respondió Bella—. Suerte en tu entrenamiento.
—Gracias, nena. Suerte con tu… sueño.
Con una suave risa, Bella colgó el teléfono, dejando a Edward sonriendo como estúpido.
Desde que la llamada había terminado, el desayuno comenzó a avanzar con pláticas bastantes alegres por parte de Edward y Niklaus. Niklaus no paraba de sonreír por lo que Bella le había prometido y eso era excelente para Edward.
El auto deportivo de Edward Cullen se estacionó de nuevo frente a la escuela, asegurándose de no estorbar para los demás. Había muchos autos lujosos alrededor, pero ninguno como el deportivo de Edward, ya que, por supuesto, no era un auto familiar. Niklaus miró a su padre a través de sus pestañas y sus largos cabellos. Sus ojitos decían que tenía cierto miedo de entrar a ese lugar, Edward lo sabía.
—¿Quieres que te lleve dentro?
Con un asentimiento, Niklaus lo dijo todo. Edward tomó la mochila del pequeño y abrió las puertas. Se acercó a la de su hijo una vez que bajó y le tomó de la mano como un buen padre. Había muchos niños que eran dejados por sus choferes también. No se veía bien y Edward temió porque alguna vez Niklaus tuviera que asistira la escuela con Acher.
Los chicos saludaron a la señorita que estaba en la puerta recibiendo a todos con una amable sonrisa. Edward, sin problemas, pasó con Niklaus de la mano y cuando llegaron a la puerta del aula del pequeño, éste le apretó con fuerza la mano a su padre.
—Papi…
—Klaus, campeón, está bien tener un poquito de miedo, ¿de acuerdo? —se acuclilló a su altura y le miró a los ojos—. No pasa nada, pequeño, todo va a estar bien, no es tu primer día de clases, ya has asistido antes. Bella vendrá por ti mas tarde. Si necesitas algo sólo debes llamar, ya lo sabes. Y aquí va a estar Cara. Podrás verla en el descanso. No temas, ¿si? Eres muy bueno haciendo amigos —Edward le sonrió y, como consecuencia, Niklaus también—. Además, ¿Quién eres tú?
—Niklaus Cullen.
—¿Y quien puede con Niklaus?
—¡Nadie! —dijo entusiasmado y con una sonrisa esta vez.
—Ni siquiera unos niños que la pasan sacándose los mocos —le dijo Edward con simpatía y Niklaus rio—. Pero debes obedecer, ¿de acuerdo?
Klaus asintió un par de veces.
—¿Te vas a portar bien?
—Me voy a portar bien.
—¿Me das un beso?
Con una enorme sonrisa de oreja a oreja, Niklaus se inclinó a su papá y le dio un beso de pico de pollo. Edward se puso de pie de nuevo, revolviéndole los cabellos al pequeño.
—Te quiero enano, y es hora de que me vaya. Suerte el día de hoy. Recuerda que te daré tu regalo mas tarde, ¿si?
Klaus asintió, tomando su mochila.
—Te quiero también, papá.
Y con una sonrisa, Edward se alejó de allí, dejando a Niklaus con varias ideas formándose en su cabeza para ser el día muy divertido…
¡Finalmente tengo capítulo para ustedes! ¿Verdad que ya era hora?Sin embargo, creo que este capítulo es demasiado bonito porque ya tenemos un poquito más de Edward y Bella. Me encantan esos dos. ¡Y todavía tengo más cosas bonitas preparadas para ellos! Además de lemmons...
¿Qué les ha parecido el capítulo? ¿La relación de Edward/Bella? ¿Y la reacción de Alice al irse tan inesperadamente? ¿Y el comportamiento de Renée y Charlie? ¡Él también quería llorar! ¡Niklaus es un amor! Y ya va a comenzar las verdaderas travesuras...
Gracias a: AleLupis, AcquaCullen Potter, MiaCarLu, Nadiia16, zonihviolet, solecitopucheta, salyluna, Nandita21unexplained, Kristenst, bel20, theparadise, Babi, MONELITA CULLEN, Karlie7, Melania, per l.t, Manligrez, .Cullen, Beastyle, Andrea 15 de Cullen, Manue Peralta, Dani Valencia, torposoplo12, Maya Masen Cullen, Tata XOXO, Mon de Cullen, galadrielcullen, lokaxtv, jupy, Nyx-88, Gretchen CullenMasen, dracullen, INDI02, maferpatts, liduvina, Cullen-21-gladys, Tecupi, EmDreams Hunter , Dani.
A todos los que me agregaron a favoritos, alertas y los que leen mi historia cuando no leen una incompleta también, gracias, y a todos los anónimos :)
Para los que se quieran unir al grupo de facebook aquí está, allí se pubican fotos y las sesiones de fotos que Niklaus tiene o cualquier tipo de imagen referente al fic: groups/170869393079182/
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¡Nos leemos pronto!
