Disclaimer: Los personajes son propiedad de Meyer, la historia es de mi imaginación.

Summary:

"Edward Cullen, el jugador de fútbol más exitoso tiene una vida bastante complicada con un revoltoso niño de cinco años. Lo que menos necesita ahora mismo es esa atractiva mujer que llegará a controlar su carrera y probablemente su corazón."


CAPÍTULO DIECINUEVE

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Niklaus se dio la vuelta, yendo a la última mesa que estaba hasta el fondo de la fila número tres. Allí estaban sentados ya dos niños. Una niña de cabellos rubios y ojos azules, mucho más claros que lo de Niklaus; y el niño de cabellos lacios y ojos rasgados. Klaus suspiró, dejando caer su mochila roja sobre la mesa y se puso junto al niño.

—Muévete, por favor, ese es mi lugar —dijo con seguridad, mirando a niño fijamente.

—No es tu lugar, es el primer día de clases.

—Pero acabo de decir que es mi lugar.

—No puedes decir eso…

Niklaus comenzó a moverse, dejando caer su peso en cada uno de sus pies, impacientándose.

—Ya lo dije —su voz dejó de ser simpática—. Mu-é-ve-te.

Y en silencio, el niño de ojos rasgados tomó sus pertenencias y las guardó, poniéndose de pie y buscando otro lugar donde sentarse sin decir nada más. Niklaus, sin dedicarle alguna mirada a la niña allí sentada, tomó asiento en la silla recién desocupada.

—Eso fue grosero —dijo la niña en voz baja, haciendo que Niklaus le prestara atención—. Eso no se hace. Él te ganó.

El pequeño le miró en silencio durante unos minutos. No quería ser malo con todos. Además, no podía serlo porque él era muy bueno haciendo amigos y… había más niños mimados que él en ese colegio.

—Pero desde ahora es mi lugar, y tú eres mi compañera de pupitre, ¿no? —Ella asintió, haciendo que sus suaves rizos se movieran, llamando la atención de Niklaus—. Tu cabello casi se parece al mío.

Ella sonrió, mostrando una dentadura con un diente faltante.

—Sí. Me llamo Lucianne. Pero puedes llamarme Lucy, ¿tú cómo te llamas?

—Niklaus Cullen —respondió con una simpática sonrisa también.

— ¿Y cómo puedo llamarte?

—Puedes llamarme Niklaus… o Klaus.

—Klaus… ¡también tenemos el mismo color de ojos sólo que los tuyos son más oscuros!

— ¡Es cierto! —dijo él, acercándose un poco más a ella, con pocos centímetros separándolos. Niklaus estaba mirando fijamente sus ojos. Eran muy grandes.

Un carraspeo hizo que los dos niños rubios voltearan al frente y alzaran un poco la mirada para ver a la persona que estaba allí, vistiendo demasiado bien con ese uniforme. ¡Las niñas también usaban corbata! Los ojos azules de Niklaus se encontraron los grises de su pequeña y dulce novia Cara, quien tenía los brazos cruzados y los labios fruncidos.

—Hola —saludó Niklaus con una sonrisa. La mirada de Cara le hacía sentir incomodo—. ¿No debe sestar en tu salón de clases?

—Sólo pasaba a visitarte —dijo y miró a la niña—. Y a tu nueva amiga.

—No es mi amiga —se apresuró a aclarar Niklaus—. Es mi compañera de pupitre, es todo.

La niña rubia bajó la mirada, sintiéndose un poco excluida por el apuesto niño a su lado.

—Bueno, mucho gusto, compañera de pupitre de Niklaus —saludó Cara, descruzando sus brazos y aligerando su ceño fruncido—. Soy Cara, su novia.

—Me llamo Lucy, no "compañera de pupitre de Niklaus" —corrigió la niña con voz tímida. Se volvió hacia a Niklaus, dándole una mirada significativa que Niklaus no supo interpretar por estar prestando atención a Cara.

—De acuerdo, Lucy, soy Cara. Va a ser un placer tenerte con nosotros en el descanso —Cara se movió hacia el lado de Niklaus—. Tengo que irme porque no me gusta quedar tarde —se inclinó y le dio un pequeño beso en la mejilla a Niklaus—. Adiós.

—Adiós —respondieron los niños en un unísono mientras le miraban salir del aula, con su alta coleta de caballo rebotando.

Una vez que Cara salió de la habitación, los hombros de Niklaus cayeron, relajándose un poco y se recargó en el respaldo de la silla con gesto despreocupado. La corbata estaba comenzando a molestarle. Todo el mundo la estaba llevando y era precisamente por eso que le molestaba demasiado, ¿Por qué tenían que ser todos iguales? En el colegio de Los Angeles los niños iban sin uniforme. Pero el uniforme era cosa de Londres, algo sofisticado y con clase.

— ¿Ella es tu novia? —preguntó Lucy, mirando con atención a Niklaus mientras jugaba con un pequeño listón en su mano.

—Sí. Es muy bonita, ¿cierto? —sonrió y miró a la niña con atención mientras aflojaba la corbata alrededor de su cuello. Bien. Era el único niño de los cuatros primeros grados que se atrevía a llevar la corbata de esa manera. Pero lo que Niklaus no sabía, era que no se permitía llevarlas de esa manera.

—Sí, es bonita… ¿crees que yo también soy bonita? —la voz de la pequeña niña sonó débil, y su pálido rostro tomó un hermoso color escarlata.

Klaus preció pensárselo durante unos momentos, recorriéndola con la mirada. Claro que era una niña bonita. Había muchas como ella en Los Angeles, de cabello amarillo y ojos azules. Muchísimas. Niklaus pensaba que todas eran casi hermanas.

—Sí, eres bonita. Muy bonita —dijo sonriendo—. ¿Te han dicho que eres fea? —La pequeña asintió con la mirada baja—. ¿Es alguien de aquí? —ella repitió el gesto. Niklaus apretó sus pequeños puños—. ¿Quién es?

—Se llama Frankie. Estaba en la otra clase.

—Pero apenas es el primer día…

—No, hubo más.

—Bueno, entonces le daré una paliza a Frankie porque tú eres muy bonita. No te preocupes.

—Vas a tener problemas.

—No importa —respondió con un encogimiento de hombros.

Cuando el aula estuvo completamente llena de niños, —alrededor de veinte— la profesora entró, vistiendo un extraño traje del color del saco de Niklaus. Éste arrugó la nariz, mirando lo feo que era, tanto el uniforme como su nueva profesora. Era anciana, arrugada, usaba lentes y tenía una enorme verruga en la nariz.

—Buenos días, clase. Como muchos ya saben, mi nombre es Alberta y voy a ser su profesora por el próximo año escolar —su voz era áspera, y siempre llamaba la atención de cualquier niño—. Veo algunas caras nuevas aquí… así que vamos a presentarnos, ¿de acuerdo?

Todos respondieron un "Sí, señorita Alberta". Niklaus se quedó mirando con cierta curiosidad la manera en que todos los dijeron excepto por él y eso no le pasó desapercibido a la profesora.

—Empezaremos contigo —ella señaló a una niña de cabellos bastantes rizados y de piel morena, quien estaba conversando con otra niña a su lado—. Dinos tu nombre, qué hiciste este verano y tu actividad favorita.

—Mi nombre es Jessy Rowling. Este verano fui a casa de mi papá y fuimos a la playa con mis otros hermanos. Mi actividad favorita es bailar.

—Muy bien —asintió la profesora—. El siguiente —señaló a la niña de al lado.

Todos estuvieron diciendo sus nombres, sin parar, lo que hacían en el verano y sus actividades favoritas mientras Niklaus estaba mirando a todos los niños hablando sin tener en claro muy bien sus nombres después de que habían terminado de hablar. Estaba casi acostado sobre el pupitre, con su mejilla sobre la palma de su mano, mirando con aburrimiento todo lo demás.

Su mirada viajó hacia todos los colores y pinturas que había en una mesa. Pintar sobre los papeles iba a ser muy aburrido. Seguro que el escritorio aburrido de la maestra necesitaba algo para hacerle ver más atractivo.

—Tú, el niño de cabellos revueltos y cara de travieso —habló la profesora y todo el salón rio divertido por la forma de hablar de la profesora. Klaus frunció el ceño.

—Eso es grosero —dijo, irguiéndose en su lugar. La mujer se vio sorprendida y sus mejillas se colorearon un poco por las palabras del niño. Se quedó en silencio y miró como Klaus se ponía de pie con gesto despreocupado, sin timidez; él se ponía allí con confianza y no tímido como lo habían hecho los otros niños—. Me llamo Niklaus Cullen. Este verano la pasé con mi papá y su novia Bella en una isla, subimos a motos acuáticas, estuve en un acuario, exploré, subí a una montaña rusa. También fui a visitar a mis abuelos a un pueblo donde no salía el sol. Fui a surfear con mi papá en una playa donde tampoco había sol pero su había muchísimas olas… Mi abuelo me regaló una gorra autografiada por Lebron James —los otros niños le miraron como si pensaran que aquel sujeto desconocido que Niklaus mencionaba era importante. Él rodó los ojos—. Y… mi actividad favorita es jugar futbol con mi papá y el equipo. Es bastante genial.

— ¿Hiciste todo eso? —preguntó un niño regordete que estaba al otro lado del salón.

—Sí. Bueno, hice más cosas, pero ya no las recuerdo… Llené de talco la piscina de la casa… Mi papá me compró una batería… Salí en una revista también —se encogió de hombros y se volvió a la profesora—. ¿Puedo sentarme?

—Adelante, señor Cullen, tome asiento.

El resto de la clase dijo su nombre y esas cosas. Niklaus estaba comenzando a desesperarse. No podía mantenerse quieto en su asiento. Cuando todos terminaron de hacerlo, la profesora dejó una actividad donde se interactuaba bastante. Eso le gustó a Niklaus porque sabía muchas cosas de las que ella preguntaba.

A la hora del descanso Niklaus fue a sentarse con Cara, quien lo estaba esperando en una de las mesas en el jardín con una enorme sonrisa. Había tres niños más con él, y Lucy, a quien Cara recibió con una sonrisa agradable.

—Cara, ellos son Austin, Drew y Caden. Y ya conoces a Lucy. Ellos son mis compañeros de clase —presentó Niklaus tomando asiento junto a Cara, quien comía una manzana de manera muy pulcra.

—Hola —saludó ella con un gesto de mano—. Yo soy Cara.

—Ella es la novia de Klaus —señaló Lucy. Los dos niños se sonrojaron rápidamente.

—Sólo Cara —corrigió con una suave sonrisa—. ¿Ustedes asistieron a clase los días anteriores? No les recuerdo.

—Sólo yo —dijo Caden, un niño de cabellos negros y rizados—. Sí te vi, estaba con Frankie, ¿no? Y con otras niñas.

— ¿Frankie? —Repitió Niklaus, con el ceño fruncido—. Ese niño le dice fea a Lucy, ¿no?

—Frankie es el brabucón. Así lo llama mi mamá —comentó Drew—. Casi todos le temen, estaba aquí el año anterior.

Niklaus frunció el ceño. Cuando él estaba en su otro colegio no había niños brabucones, como lo llamaba la mamá de Drew. Niklaus era casi el que mandaba en el colegio. ¡Y sólo tenía cinco años! Las cosas que podían hacerse con esa edad… sin embargo, eso importaba mucho, como por ejemplo: El color de la paleta que estaban comiendo, si algún aperitivo contenía algún dulce… o el tipo de lunch que ellos llevaban. También el dibujito de la lonchera. O el tipo de mochila que llevaban también.

— ¿Eres amiga de Frankie? —le preguntó a Cara, quien le estaba mirando también con curiosidad.

—Sí, Frankie es mi amigo. ¿Lo conoces?

—No, me han dicho de él.

—Entonces no me digas que me comience a alejar de él… —le advirtió, sabiendo lo que Niklaus iba a decirle. Éste se encogió de hombros y no dijo nada más al respecto.

—Bueno… —comenzó Austin, mirando a Niklaus y a Cara—. ¿Podemos ir a jugar al castillo?

El niño de cabellos dorados se puso de pie de un salto.

— ¡Pido ser el dragón!

— ¿Así que ya tienes a alguien que te ayude con Niklaus?

—No lo veo de esa manera. Bella no tiene que hacerse cargo de él.

—Pero es una buena salida, y si ella se ofrece, ¿Por qué vas a impedirlo?

Edward dejó la barra con pesas en su lugar y sus manos cayeron a sus costados; sintió como los músculos comenzaban a punzar por el esfuerzo. Ladeó la cabeza para observar a su amigo Jasper usando pesas en cada mano. Ahora estaban en el gimnasio después de haber hecho el entrenamiento en el campo. Ya habían pasado alrededor de cinco horas allí, y para reafirmarlo todo a Edward le gustaba ir al gimnasio. Como buena costumbre, Jasper le acompañaba.

—Siento que ella lo está tomando como una obligación.

Jasper chasqueó la lengua.

—Yo no creo que la extraordinaria Bella tome al extraordinario Niklaus como una obligación. Al contrario, a Niklaus le gusta mucho Bella.

— ¿En el poco tiempo que la conoces ya piensas eso?

—Por supuesto —asintió, dejando las pesas en su lugar—. Bella es un libro abierto. Además, es una buena chica.

—Lo es —concordó Edward, sonriendo levemente. Jasper rodó los ojos, pensando cuan idiotizado estaba su amigo con Bella.

— ¿Qué tal el viaje de conocer a sus padres? ¿Son agradables?

Edward bufó, poniéndose de pie y limpiando aquel aparato. Después, fue a colocarse en el de las abdominales. Tomó una gran respiración.

—Agradables es poco. Su madre es una buena lunática. Es bastante hiperactiva y su imaginación es grande, bastante. Creí que su padre iba a ser alguien gruñón pero supongo que los años en los que se ha relacionado con tanta gente ya le es demasiado fácil entablar una conversación amigable con extraños.

—Sí, escuché que era el agente de Lebron James. ¿Qué tal es eso? ¿Crees que estás en una categoría como la ha estado él?

— ¿Así de grande? —Edward frunció el ceño—. Probablemente, no lo sé. Aun me falta mucho con la carrera que tengo ahora. Pero supongo que me estoy acercando. Muchas cosas me son imposibles con un niño de seis años en casa.

Jasper asintió un par de veces, estando de acuerdo con él.

—Supongo que sí. Y te va a ir mejor. Bella tiene el asesoramiento de su padre para todas las relaciones. Él era un gran hombre, así que Bella va a ser una de las mejores.

Edward volvió a sonreír.

—Ya lo es.

Jasper rodó los ojos.

— ¿Niklaus los aceptó?

—Bastante bien, ahora son "sus abuelos", no sé cómo lo vayan a tomar mis padres cuando se enteren pero las verdad es que no me importa mucho —dijo con gesto pensativo, comenzando con las abdominales—. La que no estuvo muy a gusto en ese lugar fue Alice. ¿Sabes de quién hablo? —No esperó respuesta—. Ahora se ha ido a Paris sin ninguna explicación —Jasper dejo caer de golpe la barra de pesas, haciendo un ruido bastante fuerte.

Edward se mantuvo erguido en el aparato con los brazos cruzados y cada mano en sus hombros. Estaba haciendo presión en el estómago mientras miraba a Jasper con cierta confusión.

— ¿Qué demonios te pasa a ti?

Jasper volteó a verlo tragando pesado.

— ¿De qué hablas?

Edward rodó los ojos sin dejar de mirarlo.

—Has estado actuando extraño últimamente. ¿Qué jodidos está pasando? ¿Puedo saberlo?

No, por supuesto que no puedes saber lo que está pasando porque entonces vas a degollarme y me vas a odiar y eso no va a ser bueno pensó Jasper.

—No sé qué es lo que dices. Supongo que aún estoy nervioso por ser seleccionado para ir al mundial y además seguir jugando en el otro equipo.

—Eso que te lo vaya a creer otra persona. Estoy igual que tú y no estoy de esa manera.

—Tú eres la prioridad en todos los mundiales, ¡¿Cómo jodidos vas a estar igual que yo?¡

—No siempre es lo mismo. Las otras selecciones mejoran durante los cuatro años. Además, tan sólo llevo dos mundiales. Exageras demasiado.

—Pero es donde hemos salido victoriosos… ¿no?

Edward guardó silencio, sintiendo como su pecho se inflaba de mucho orgullo. Sin embargo, sacudió la cabeza, y volvió con las abdominales. Pelear con Jasper le hacía parecer una pareja… gay, en todo el sentido de la palabra. O al menos eso decían sus compañeros cuando les veían discutir de esa manera. No era como si Edward fuera de los que insistieran demasiado en el tema personal de algunas personas, si esa persona quería contarle sus problemas… entonces estaba bien para él, pero si no quería, entonces… es una lástima, con mucho gusto le hubiera gustado poder ayudar.

El teléfono celular de Edward comenzó a sonar de manera insistente justo en la banca que tenía al lado. Volvió a sostenerse con el estómago contraído y miró el reloj que estaba colgado en la pared. Trece con diecisiete minutos. Niklaus salía a las quince en punto. Ya se estaba tardando en tener una llamada del colegio.

Bajándose del aparato de abdominales y después de limpiarlo, fue a tomar su teléfono. Miró con el ceño fruncido la pantalla y con confusión se lo llevó a la oreja.

— ¿Chelsea?

Jasper alzó rápidamente la cabeza al escuchar "el nombre prohibido". Su ceño se frunció y dejó de hacer los ejercicios para sentarse en el banquillo y observar a Edward, quien se mantenía tranquilo pero confuso.

— ¿Por qué te extraña tanto que te llame?

Una de la razones porque a Edward no le molestaba Chelsea era porque ella era demasiado directa y no intentaba ser una buena persona que estaba libre de cualquier cosa mala hecha. Chelsea era bastante directa y cuando hablaba lo decía sin vergüenza. Excepto cuando estaba con Niklaus. Siempre daba excusas con él.

—Simplemente creí que llamarías en un horario en que Niklaus pudiera hablar contigo —Edward tomó una toalla y comenzó a limpiar el sudor que caía por su rostro, sintiendo la mirada de su amigo sobre él

— ¡Oh! Olvidé que este día comenzaba ir al colegio de nuevo, ¿Cuál es la razón por la cual no le hayas dejado en la cama por simple capricho?

Edward suspiró.

—Chelsea… por favor… no comiences por allí.

—Como sea. Llamaba para decirte que probablemente mañana o en dos días esté Londres, así que pasaré a ver a Kai.

— ¿Estás avisando o estás preguntando?

—Avisando —respondió cortante—. Tal vez quieras decirle que no va a ir al colegio o algo así…

—No. No sigas por allí. Este año, Niklaus y yo, pactamos que no faltaría al colegio a menos porque sea una situación muy importante o enfermedad, ¿entiendes? Y no creo que salir con su madre de compras sea algo muy importante.

—Oh… por favor, ¿ahora eres el padre ejemplar? ¿El que todo le da a un niño de seis años y es su marioneta?

Edward apretó el puente de su nariz con el pulgar y el índice. Cerró los ojos con fuerza, intentado que la furia que estaba sintiendo ahora no se desbordara y comenzara a discutir con Chelsea en medio del gimnasio, con varios compañeros ejercitándose también.

— ¿Quieres llamar cuando estés en otra faceta menos la de perra?

—Nada te da derecho de hablarme de esa manera…

—Lo sé —la interrumpió—. Pero yo no tengo tiempo de estar discutiendo contigo porque estoy muy ocupado. ¿Quieres que alguien te llame y te diga en el horario en que puedes llamar? Sólo para que sepas.

—Que caballero eres —bufó ella, sintiéndose al borde de comenzar a pelear realmente, y decirle muchas cosas que sabía que a Edward no le gustaba que le dijeran—. Como sea… entonces, iré en dos días por él al colegio. Me mandas la dirección, por favor y la hora en la cual él se desocupa.

—Sólo intenta no llevarlo a un desfile de modas aburrido. Odia eso —comentó Edward, comenzando a subir de nuevo a la caminadora para entrar en calor otra vez.

—Lo intentaré, gracias por el dato.

Edward no esperó otra respuesta y ni siquiera se molestó en contestar porque el sonido de que la llamada había terminado se estaba escuchando. Con frustración, lanzó el teléfono celular a la bolsa, que cayó justo donde estaba antes de tomarlo. Aceleró la caminadora y comenzó a correr.

— ¿Cuándo viene el monstruo? —se aventuró a preguntar Jasper.

—En dos días. Esto va a desequilibrar muchas cosas…

— ¡Señor Cullen! —exclamó Madame Katherine con el rostro enrojecido. Las venas de su cuello estaban siendo visibles. La asistente le estaba mirando alarmada—. ¡Baje de allí ahora mismo, señor Cullen!

La risa de Niklaus se hizo escuchar por todo el patio. Al pie del enorme castillo de juego estaba Cara, riendo también al ver a Niklaus allí arriba luciendo su primera travesura en el colegio.

El niño de cabellos dorado estaba justo encima de la torre más alta del juego, colgado por una varilla gruesa de metal. Se estaba sosteniendo muy fuerte para no caer. Aun así, la altura era de tres metros y la caída iba a ser demasiado fuerte.

Lo que se preguntaban todos los profesores era: ¿Cómo un niño de seis años había logrado subir hasta allí?

Niklaus estaba demasiado concentrado riendo y atando algo justo donde había estado la bandera. Cuando finalmente terminó de atarlo y se puso de pie para más susto de Madame Katherine. Una ráfaga de viento pasó por allí e hizo que el objeto que ató Niklaus se ondeara.

La corbata que llevaba puesta Niklaus hacia una horas estaba ondeando donde se suponía que estaba la bandera.

— ¡Señor Cullen! —volvió a gritar Madame Katherine, palideciendo.

Entonces, el profesor de gimnasia comenzó a escalar el castillo, llegando rápidamente hasta donde estaba Niklaus aun riendo a carcajadas. Cuando Niklaus lo miró, sonrió con cierta malicia.

— ¿A que es una buena idea? —se aventuró a preguntar risueño. El profesor le devolvió una mirada severa.

— ¡Estás en problemas!

Niklaus bufó, agarrándose del cuello del profesor y envolviendo sus pies en su cintura.

—Que aburridos…

El regaño que le dio la Madame Katherine a Niklaus ni siquiera hizo que se sintiera un poco culpable por lo que el niño había hecho. Todo lo contrario, eso había hecho que sonriera por lo bajo. Había tantas cosas más por hacer.

—Su sanción, señor Cullen, es que se quedará…

Tres toques en la puerta interrumpieron las palabras de Madame Katherine, después, la puerta se abrió, dejando ver a la asistente de la directora y a una Bella bastante tranquila.

Niklaus abrió los ojos en grande al ver a Bella parada en la puerta. Su rostro estaba claramente en una expresión de sorpresa y cierto terror. Rápidamente se dio la vuelta con la vista hacia Madame Katherine, se encogió, queriendo que la silla se lo tragara en ese momento.

—Madame Katherine, ella es la señorita Isabella. El señor Cullen ha puesto su nombre dentro de las fichas que se permiten recoger al joven Niklaus.

— ¡Ah! ¡Ni siquiera el señor Cullen viene a la institución por el malcriado! Ahora entiendo su comportamiento —dijo la señora indignada, ahora de pie. Hizo un gesto con su mano—. Retírate y déjanos a la señorita Isabella, al joven Niklaus y a mí a solas.

En silencio, la asistente salió de la habitación, dejando a las tres personas dentro.

— ¿Puedo saber el parentesco que tiene usted con el joven Niklaus? —preguntó la directora, observando de arriba abajo a Bella.

Debía admitir que Bella vestía bastante bien como para ser una mujer de la servidumbre del señor Cullen. Una blusa sofisticada y elegante de mangas largas hasta las muñecas, de satín color verde. Un pantalón negro pegado a la piel. Ballerinas negras. Reloj negro caro en la muñeca. Un bolso envidiable. Maquillaje ligero. Cabello ondeado de color chocolate. Y esa mirada que decía que aceptaba cualquier reto.

—Soy la novia del señor Cullen, Isabella Swan —ella caminó tres pasos y con eso le bastó llegar al escritorio de Madame Katherine por sus largas piernas. Le tendió su delgada mano sin volver a mirar al niño sentado en la enorme silla.

Un poco cohibida por la belleza y la manera en que Bella hablaba y se movía, Madame Katherine estrechó su mano con firmeza.

—Madame Katherine —respondió y le soltó la mano—. Tome asiento, por favor —ella hizo lo propio y volvió a hablar, sin apartar la mirada de Bella—. No sabía que usted recogería al pequeño en su primer día de clases, el señor Cullen no había dejado claro cuantas personas podrían venir por él.

—Debido a su trabajo, él no puede recoger a Niklaus. Los horarios se complican. Me gustaría decirle exactamente el número de personas que él permitió pero esa información no me la facilitó.

Madame Katherine asintió.

—El motivo por el cual el joven Niklaus está siendo sancionado es por una barbaridad hecha hace menos de una hora. ¿Tiene usted una idea de lo peligroso que es su mente?

Usted no tiene ni la menor idea… pensó Bella.

— ¡Salirse de clase para ir al jardín cuando ningún maestro está de guardia allí! —Bella seguía sin inmutarse. Si hacia cualquier gesto, la señora podría interpretarlos como desafío o que se sentía avergonzada pero Bella no se sentía de ninguna de esas dos maneras—. El joven Niklaus ha subido hasta la punta de la torre más alta del castillo, colgándose de allí para poder colgar su corbata del uniforme después de haber arrancado la bandera —la voz de Madame Katherine estaba volviéndose chillona—. Dígame usted, señorita Swan, ¿Qué nivel de vandalismo es ese? ¿Y dónde lo ha aprendido?

Niklaus agachó la cabeza, no queriendo ver las expresiones de Bella. Sus manos se aferraban al borde de la silla y sus pies estaba colgando sin siquiera moverse. Estaba avergonzado por primera vez.

—Madame Katherine —comenzó Bella, sintiendo una extraña sensación al decir eso—, sé que Niklaus puede ser muy travieso algunas veces pero… ¿es necesario llamarlo acto de vandalismo?

— ¡¿Y de qué otra manera quiere usted llamarlo?!

—Ha sido un desliz de Niklaus. No creo que eso vuelva a pasar. Se siente inadaptado en este lugar… Y no lo estoy justificando. Tampoco digo que no merezca alguna sanción, todo lo contrario.

Madame Katherine sonrió.

—Ahora nos vamos entendiendo. Lo único que le pido, señorita Swan, es que hable con él y le diga las probabilidades de cosas que pudieron haberle pasado si su profesora no lo hubiera mirado por la ventana.

Bella sintió su pecho oprimirse con fuerza al pensar en lo que podía haberle pasado a Niklaus, a la altura que fuese.

—Y mantenga al señor Cullen al margen de esto, por favor.

Bella asintió un par de veces.

—Delo por sentado.

—La sanción del joven Niklaus es que se quedará dos días sin descaso y comerá en la sala de profesores, sin ninguna distracción y haciendo algunas planas de lo que profesora le diga. —la directora miró a Niklaus de manera severa—. Joven, levante la vista y míreme. Ahora.

Niklaus seguía con la mirada baja, sintiéndose incómodo.

—Niklaus —le llamó Bella esta vez de manera suave. Tragando saliva, el pequeño alzó la mirada ella—. Has lo que te dicen.

— ¿Ha entendido su sanción? —preguntó Madame Katherine.

—Sí.

— ¿Y la va a cumplir?

—Sí.

—Bien… entonces, sin nada más que agregar por el momento —se puso de pie, alisando su traje de directora. Bella le imitó, colgándose el bolso en el antebrazo—, le agradezco que se haga cargo de esto, señorita Swan. Tal vez debería comentarle al señor Cullen que esté más involucrado con su hijo y…

—No se preocupe, Madame Katherine, se lo haré saber —le interrumpió antes de que pudiera seguir diciendo algo por lo cual Niklaus se pudiera sentir aún más mal—. Ha sido un placer conocerle —por el rabillo del ojo observó a Niklaus ponerse de pie y tomar su mochila—. Hasta luego.

Y con un asentimiento de ambas mujeres, Bella se dirigió a la puerta, manteniéndola abierta para que Niklaus pudiera salir de allí, muy callado y arrastrando los pies sobre la alfombra. El recorrido que hicieron por el largo pasillo fue en silencio, un silencio que Bella le concedió al pequeño para poder asimilar algunas cosas que sabía que él debía hacer. Una vez que comenzaron a avanzar fuera del colegio, con Bella dando sonrisas a los profesores que se la ofrecían, Niklaus se lanzó a la cintura de Bella, abrazándola con fuerza y enterrando su rostro en su estómago.

Bella, sorprendida, se echó hacia atrás, alejándose de la entrada del enorme colegio para poder dar paso a las demás personas. Sus brazos se movieron rápidamente para envolverlo también y acarició sus hombros y cabellos. Entonces sintió como Niklaus comenzaba a temblar debajo de sus brazos gracias a los sollozos. Algunas miradas ya estaban sobre ellos.

Ella se agachó, separando un poco a Niklaus y quedó de cuclillas, un poco más debajo de la estatura del pequeño.

—Está bien, mi amor, no pasa nada. No llores, sabes que me rompe el corazón verte llorar —le dijo ella en voz baja, sólo para él le escuchara.

—Yo no quería que tú… —sollozó—. Que tú te enojaras conmigo.

—Pero si no estoy enojada contigo.

Niklaus se limpió la lágrima que le caía por la mejilla con el dorso de su mano.

— ¿No?

—Claro que no. Fue una travesura del primer día. Estoy de acuerdo con ella en que no debes hacer más. ¿Sabes el riesgo de eso? Pudiste haber caído y golpearte en la cabeza. Probablemente nunca ibas a despertar. ¿Serías capaz de darnos ese susto a mí a tu papá? —él negó—. No vuelvas a hacerlo, mi amor, por favor.

El familiar sonido de las cámaras fotográficas comenzaron a escucharse a lo lejos pero eso ni siquiera hizo que Bella se moviera de su posición. No iba a dejar que esas personas sin vida arruinaran el momento de poner fuerte a su pequeño.

—Yo sólo estaba jugando.

—Pero no debías salir del salón para hacer eso. ¿Lo hiciste solo?

—Cara me ayudó —admitió, agachando la mirada—. Lo siento…

—Está bien. Yo no tengo que darte ningún regaño, mi amor, pero eso lo va a saber tu papá, ¿de acuerdo? No podemos ocultárselo porque se va a enterar después. ¿No lo vas a volver a hacer? —Él agitó la cabeza—, ¿lo prometes? —Esta vez asintió—, ¿me das un beso y un abrazo?

Con una sonrisa, Niklaus se acercó a darle un pequeño toque de labios a Bella con los suyos y después le rodeó el cuello con sus brazos. También se vio envuelto por los delgados brazos de Bella durante largos segundos en donde se escucharon más flashes. Bella suspiró y se separó de él.

—Vamos, tengo una sorpresa para ti. Pero antes… ¿quieres ir a comer un helado?

A Niklaus le brillaron los ojos.

— ¡Sí! —exclamó sonriente.

—Será mejor que nos demos prisa porque tenemos una larga tarde.

Y con Niklaus tomado de la mano de Bella, se dirigieron al auto, ignorando a los fotógrafos justo al lado de ellos.

—Oh-oh…

—Ese "oh-oh", me dice que ha pasado algo que no es agradable.

—No ha pasado nada —la vocecita de Niklaus se hacía aguda cuando estaba mintiendo, Bella lo tonaba.

Ella giró levemente su cabeza hacia a él, desviando por unos pequeños segundos la mirada de la carreta y lo observó. La única bola de helado que le quedaba a Niklaus se le había caído en el pantalón de la escuela. Él lo estaba intentando recoger con sus manos.

—Oh no…

El auto directamente fue a aparcarse cerca de la acera en una velocidad rápida.

—No lo sigas tocando, cariño, vas a empeorarlo todo.

—Lo lamento —murmuro.

—Es un accidente. No pasa nada.

Bella se estiró hacia el asiento trasero y sacó de allí una toalla que siempre tenía escondida por si se le olvidaba cuando iba al gimnasio por las mañanas. Por suerte, esa estaba bastante limpia y libre de cualquier sudor.

—Chupa tu mano, será delicioso —le dijo con una suave sonrisa.

El niño comenzó a chupar una de las manos donde tenía helado, dejando en el suelo lo que quedaba del helado. Después de que Bella había logrado limpiar por completo el helado del pantalón de Niklaus, tomó su otra mano y chupó sus deditos, haciendo el sonido del "plop" cuando dejaba uno libre.

Klaus no se aguantaba la risa. Con una sonrisa, ella se separó y le pasó la toalla por las manos para quitar la saliva alrededor de sus dedos.

—Tal vez debimos tomar primero el almuerzo y después el helado —comentó ciertamente pensativa y se separó de él después de darle un beso en la mejilla—. Le diremos a tu papá que comimos el helado después, ¿de acuerdo? Tengo que alimentarte antes de tu práctica de futbol pero ahora mismo tengo trabajo.

— ¡Yo quiero burritos! —exclamó el niño una vez que el auto se puso en marcha de nuevo, hacia la oficina de Bella, que era en el edificio de todo el equipo.

— ¿Quieres burritos? ¿No te da dolor de estómago cuando los comes?

—No —agitó su cabeza y se relamió los pegajosos labios—. Me gustan los que tienen frijoles. Saben yumi.

Bella rio por lo bajo.

—Entonces buscaremos a alguien que nos compre comida mexicana. Pero debo llegar ya porque tengo que recibir una llamada importante.

— ¡¿Y mi sorpresa?!

—También debo darte tu sorpresa —asintió.

Una vez que llegaron al edificio, Bella decidió cargar con la mochila del pequeño para que él fuera a saludar a todos los del equipo que se encontraba. Llevaban poco tiempo allí pero ya todo el mundo lo adoraba. Más las mujeres.

—Buenas tardes, señorita Swan —saludaron al ver a Bella caminar con Niklaus tomado de su mano antes de subir al elevador.

—Buenas tardes —respondió ella con una brillante sonrisa. Niklaus agitó la mano en forma de despedida cuando las puertas se estaban cerrando.

Al llegar a la oficina de Bella, Niklaus observó que había algo de más en esa habitación.

— ¿Qué es eso?

Junto al escritorio de Bella, estaba un pequeño pupitre individual color blanco con su respectivo asiento con un cojín de color azul marino unido al escritorio. Encima había una lámpara. Y todo estaba equipado con hojas blancas y lápices de colores.

—Bueno, pensé que, todas las veces que yo vaya por ti al colegio y vengas aquí… podrías hacer tus deberes en el escritorio junto a mi mientras yo trabajo, así, cuando tengas alguna duda o no sepas algo, puedes preguntármelo y yo con mucho gusto te ayudaré —explicó, mirando el pupitre también. Bajó la mirada a Niklaus—. ¿Te gusta?

El niño pegó un salto, sorprendiéndola y comenzó a saltar de verdad, riendo y aplaudiendo por todo el lugar.

— ¡Sí —salto— me —saltó— gus —salto— ta!

Bella sonrió inmediatamente, complacida y aliviada de que a Niklaus de verdad le gustara lo que ella había comprado para él.

—Bien, antes de que comencemos con los deberes… llamaré a Acher para que traiga un poco de comida, ¿sí? Me pone nerviosa que nos siga todo el tiempo.

Niklaus no dijo nada ya que corrió hacia el pupitre y observó todo con fascinación.

Uno de los muchos dones que él tenía era el dibujo. Era un niño con bastantes talentos sin ser explotados todavía. Edward estaba al tanto de esos talentos de su hijo, sin embargo, no le obligaba a hacer algo que él no quería hacer de lleno. Le dejaba que hiciera con eso todo lo que quisiera.

Bella se puso a conversar con Acher acerca de la comida que debían traer antes de cierta hora para que Niklaus pudiera digerirla bien y no ir con el estómago lleno a la práctica de futbol. En la mañana, Edward le había pedido de favor que pasara a su casa por el uniforme de Niklaus, la señora Harriet le estaría recibiendo con la mochila. Así que Bella tenía las respectivas pertenencias de Niklaus en su oficina. Después de su llamada importante llegó la comida y justo en ese momento, su teléfono celular sonó de nuevo, mostrando en la pantalla a unos Edward y Niklaus muy sonrientes.

—Es papá —anunció Bella con una sonrisa y le tendió el teléfono al pequeño.

— ¡Papi!

—Hola, enano —saludó Edward con la voz un poco agitada—. ¿Cómo estás?

—Muy bien. Estoy a punto de comer un burrito de frijoles —dijo como su fuera la cosa más genial de todo el mundo—, ¿tú estás haciendo músculos para impresionar a Bella?

Las mejillas de la susodicha se colorearon de un fuerte color rojo. Edward rio al otro lado de la línea.

—Sí, estoy haciendo músculos para impresionar a Bella y entreno para poder ir al mundial. ¿Crees que pueda ir?

— ¡Sí! Yo te voy a acompañar —observó cómo Bella desenvolvía la comida mexicana que habían decidido pedir y le dejó su burrito frente a él. Niklaus se pasó la sonrosada lengua por los labios.

— ¿Cómo te fue en la escuela?

Niklaus se calló por un momento, mirando a Bella fijamente. En un movimiento rápido, Niklaus le devolvió el teléfono sin decirle nada al respecto, y como un loco, se lanzó sobre su comida, desfrutándola en su boca.

Bella rodó los ojos y se llevó el teléfono celular a la oreja, sosteniéndolo con su hombro mientras se dedicaba a mirar su comida en el plato. Definitivamente eso iba a ser mucho picante para su estómago.

— ¿Hola? ¿Qué fue lo que le dijiste para que reaccionara de esa manera?

Edward se escuchaba confundido esta vez y su respiración ya se había tranquilizado un poco. Justo cuando había comenzado su descanso había tomado su teléfono para poder hacer la llamada a Bella y saber sobre ellos.

—Sólo le pregunté acerca de su primer día de clases… después de allí ya no obtuve nada de él —suspiró de manera larga—. ¿Acaso tuviste alguna reunión con el personal por algo que él hizo? ¿Qué tan malo fue? ¿Destruyó algo?

—Definitivamente su corbata —admitió ella intentando reprimir una sonrisa y dio un bocado a una de sus enchiladas—… pero prefiero hablar sobre eso en persona, ¿Qué dices? ¿Puedes esperar?

—Tengo el presentimiento de que se sobrepasó… Sólo respóndeme algo, ¿lo suspendieron?

—Estaba un poco cerca, pero no. Madame Katherine le dio una oportunidad, diciéndole que no debía hacerlo más.

Edward bufó.

—Como si eso fuera a detenerlo.

—Edward… tal vez si lo hablas seriamente podría entenderlo —su mirada se encontró con la del niño. Él no estaba preocupado porque mientras su padre no estuviera en persona junto a él no habría problemas—. Pero ya, olvídalo. Tengo que hablar contigo de unas cosas acerca de tu trabajo. Si quieres puedes venir mañana para poder hablarlo con calma.

—Haré un espacio en el entrenamiento —admitió él de manera calmada—. Yo también tengo algo importante que decirte y no sé cómo lo vas a tomar y cómo lo va a tomar mi hijo —la voz de Edward no llegó a preocupar demasiado a Bella. Sabía que algunas veces Edward tendía a exagerar un poco las cosas… pero también estaba segura de que la relación que ellos tenían no estaba ni siquiera involucrada en lo que tenía que decirle—. ¿Tuviste problemas con algunos fotógrafos de camino a tu oficina?

—Uff, sí. Había bastantes —dijo ella terminando con la mitad de su primera enchilada. Niklaus ya estaba a punto de terminar el enorme burrito y alrededor su boca estaba manchada de cualquier tipo de salsa que le ponían a esa comida—, aun cuando fuimos a la heladería, pero no complicaron las cosas, no te preocupes.

—Bien —Bella lo imaginó asintiendo—. Nena, ¿puedes llevar a Niklaus a su entrenamiento? El entrenador quiere comentarnos algunas cosas y nos quedaremos hasta tarde.

— ¿Estás seguro de que todas esas horas de entrenamiento físico son sanas?

Edward sonrió ante la preocupación de su chica.

—Claro que sí. Lo compenso con toda la comida que como y las vitaminas que ingiero todas las mañanas. Además, mi doctora -a quien le parezco irresistible-, dice que estoy bastante sano y que me quedan muchos años de vida. Por lo tanto, vas a tener mucho de mí.

—Es una lástima… —dijo ella con fingido lamento—. Ya estaba comenzando a buscar un reemplazo.

Edward gruñó logrando que Bella soltase una risita.

—Seguro que es un lame vacas.

— ¿Un lame vacas?

—Sí… ya sabes… sería lame pollas pero se escucha mejor lame vacas, ¿no?

—Estás completamente loco.

—Locamente loco por ti, sí. Debiste pensar en lo que estabas diciendo cuando aceptaste ser mi novia.

— ¿Algunas vez lo preguntaste?

Él se quedó en silencio y poco a poco una enorme sonrisa de oreja a oreja se formó en el rostro de Bella.

—Así que deja de alardear tanto —siguió diciendo ella—. Aún tengo que soportarte un montón de tiempo. Pero no me arrepiento de nada. Me gustan tus momentos de osito de felpa.

—Shh… ¡Alguien va a poder escucharte! ¿Sabes la reputación que eso me daría? ¿Recuerdas que soy el chico malo y arrogante y guapo rompecorazones?

Esta vez fue Bella quien bufó.

—Definitivamente estás en una nube muy alta, asno.

Niklaus se tiró a reír fuertemente al escuchar como Bella llamaba a su padre. Ella le devolvió una sonrisa cómplice.

—Ustedes dos conspiran contra mí —dijo Edward falsamente malhumorado. Después, se escucharon nos gritos al fondo—. Nena, tengo que irme ya. Parece que el entrenador tiene la regla —bufó—. ¿Nos vemos más tarde? Te mandaré un texto si es que puedo llegar un poco a la práctica de Niklaus.

—Me parece perfecto, no te apresures en nada, aunque sería bueno que llegaras. Muy bueno para él —Bella volvió la mirada hacia la enorme ventana de la pared—. Además… si llegas y estás libre mientras él está en su clase de música podría darte algo que hace un tiempo no tienes.

Se escuchó como tragaban aire audiblemente y ella sonrió con los mofletes un poco colorados.

— ¿Implica una cama y estar si ropa?

— ¿Es necesario una? —dijo refiriéndose a la cama. Dar muchos detalles no sería bueno teniendo en cuenta de que Niklaus estaba frente a ella.

—Vas a matarme, mujer…

Bella rio y volvió su atención a la comida escuchando de nuevo como lo llamaban.

—Anda, ve a hacer músculos para impresionarme —Niklaus alzó la mirada hacia a ella sonriendo con diversión—. Cuando vuelvas haré que tus músculos se relajen después de un largo trabajo.

—Quieres matarme.

—Para nada —dijo ella de manera inocente—. Ahora, despídete de tu hijo —ella extendió el teléfono hacia el niño evitado que lo tomara con las manos llenas de grasa—. Despídete de papá.

— ¡Adiós, asno! —se despidió el niño con la boca llena de comida. Bella se sonrojó sintiéndose culpable y Edward rodó los ojos.

— ¡Niklaus!

—Lo siento… ¡Adiós, papi!

Bella llevó de nuevo su teléfono a su oreja.

—Adiós, amor. Suerte en lo que queda de tu entrenamiento —se despidió ella—. Te queremos.

—También los quiero —se despidió Edward—. Nos vemos más tarde.

Y con eso, se cortó la llamada. Bella guardó el teléfono de nuevo y miró a Niklaus intentado que la mirada dijera mucho.

—Eres un completo pillo, Nik.


Una semana y un día desde la última vez que subí capítulo. Finalmente... ¡aquí está el primer día de clases de Niklaus!

¿Qué les ha parecido el capítulo? ¿Divertido? ¿Maternal? ¿Paternal? ¿Travieso? ¿Con conflictos de parte de Chelsea? Muchas cosas están por verse! Así como un posible Lemmon.

Gracias a: MONIELITA CULLEN, Manue Peralta, Melania, Manligrez, MiaCarLu, Nadiia16, bel20, , sarigarcia08, aguabellisima, zonihviolet, Annaniicolle, solecitopucheta, Babi, Karlie7, pera l.t, Maya Masen Cullen, Tecupi, yolabertay, jupy, Mon de Cullen, Jane Bells, SalyLuna, Beastyle, Andrea 15 de Cullen, Tata XOXO, AleLupis, Nyx-88, torposoplo12, dracullen, Milee36, Karla Stew Pattz, Elmi, Gretchen MasenCullen, Aryam Shields Masen, mayilu, Twilight Raquel-Carolay, DiAnA FeR.

Hay cada vez más leyendome y agregandome a favoritos. Muchas gracias por darme la oportunidad c:

A todos los que me agregaron a favoritos, alertas y los que leen mi historia cuando no leen una incompleta también, gracias, y a todos los anónimos :)

Para los que se quieran unir al grupo de facebook aquí está, allí se pubican fotos y las sesiones de fotos que Niklaus tiene o cualquier tipo de imagen referente al fic: groups/170869393079182/

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¡Nos leemos pronto! ¡MUCHAS GRACIAS POR LEERME!