Disclaimer: Los personajes son propiedad de Meyer, la historia es de mi imaginación.

Summary:

"Edward Cullen, el jugador de fútbol más exitoso tiene una vida bastante complicada con un revoltoso niño de cinco años. Lo que menos necesita ahora mismo es esa atractiva mujer que llegará a controlar su carrera y probablemente su corazón."


CAPÍTULO VEINTE

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— ¿Has visto como ese niño grandulón ha pateado a Rush? —exclamó escandalizada una mujer sentada desde las gradas que estaban justo frente a la cancha de futbol.

— ¡Definitivamente ese niño gordo debe salir de allí! ¡Está derribando a Joseph! —dijo otra mujer de igual manera pero con una voz muchísimo más chillona que la primera.

Bella sólo suspiró al mismo tiempo que rodaba los ojos, cansada ya de escucharlas quejarse durante todo el enteramiento de cómo sus hijos recibían algunos golpes leves y patadas que ni siquiera eran intencionadas y eran parte del entrenamiento para poder saber moverse con el balón mientras corrían. Se recordó mentalmente de que ella estaba allí por gusto, por ver entrenar a su pequeño pillo correr detrás del balón con una brillante sonrisa arrogante.

Antes de que "el niño grandulón", volviera a intentar quitarle el balón a otro niño un poco más pequeño, apareció Niklaus, corriendo muy velozmente para poder quitarle el balón con una sutil patada y saltaba para esquivar el pie del grandulón, que se movió segundos después para hacer lo propio y así obtener su objetivo. Con una sonrisa brillante y altanera Niklaus siguió corriendo con el balón en sus pies y justo cuando estaba en un ángulo en donde era casi imposible atinar un gol sin golpear a dos niños cubriendo la portería, lanzó el balón con fuerza, haciendo que pasara justo rozándole los brazos a los niños y al portero, anotando un perfecto gol.

Bella se puso de pie rápidamente, haciendo que las mujeres detrás de ella se callaran de inmediato y le miraran con curiosidad. Bella estaba sonriendo y aplaudiendo de manera muy alegre sin apartar la mirada de Niklaus. Cuando el niño miró en su dirección, Bella le lanzó un beso, haciendo que a Niklaus se le sonrojaran aún más las mejillas. Por suerte, Bella no era la única mamá que estaba de pie. La mayoría de las mamás que se quedaban a mirar el entrenamiento y que eran del equipo en el que estaba entrenando Niklaus se pusieron de pie aplaudiendo y sonriendo, alegres de la anotación.

Sonó un silbatazo y en ese momento, todos los niños comenzaron a reunirse donde estaba un hombre con ropa deportiva y de color negro. El entrenador. Era bastante joven, pero tenía mucha experiencia en eso. Además, si Edward estaba llevando a su hijo a ese lugar porque él sabía la calidad de entrenamientos… ¿no?

Niklaus estaba sudando, pero sudando de verdad, como si le hubiera dicho a su metabolismo que necesitaban llenar una cubeta de su sudor. Pero eso sucedía cada vez que él hacia algún deporte y se esforzaba mucho. Se limpió la frente con las mangas de su uniforme de futbol y cuando vio que eso no bastaba, alzó su camiseta mostrando su pequeño abdomen que se suponía que debía ser de un niño de seis años, con una barriga blanca normal y con sólo el ombligo irresistiblemente gracioso, pero como Niklaus no tenía un abdomen de niño de seis años, se dejaron ver los pequeños cuadros de los abdominales que apenas se estaban marcando en su cuerpo, sin ninguna exageración. Bella llegó a observar eso y se le quedó mirando fijamente. ¿Era sano que un a niño de seis años se le estuviera comenzando a marcar el abdomen?

Un grito ahogado se escuchó detrás de Bella de nuevo y ella supo que se trataba de una de las mujeres chillonas de hace un minuto.

— ¡Mira a ese niño! Seguro que lo explotan con los ejercicios… Ya me imagino su metabolismo todo desequilibrado por no dejar que tome bien sus actividades y lo exploten desde ahora.

—Seguro que ni siquiera le llevan al médico para ver su estado físico y control del cuerpo… —chilló la otra.

—Que descuidado de los padres.

Antes de que Bella perdiera los estribos y se pusiera de pie para poner en su lugar a esas mujeres, Niklaus se acercó corriendo a ella con una suave sonrisa tímida en su perfecto rostro de niño pequeño. Sus ojos azules estaban brillando por la excitación de jugar de nuevo su deporte favorito. Cuando llegó donde Bella su sonrisa de hizo mucho más grande y la de Bella hizo lo mismo.

—El entrenador dice que va a comenzar a seleccionar a los que sirven —dijo Klaus con una perfecta sonrisa que marcaba sus hoyuelos—. ¡Y yo voy a estar allí!

—Estoy segura de que estarás allí, cariño —le respondió Bella casi con el mismo entusiasmo y le pasó una toalla para que pudiera limpiarse el sudor de su rostro—. ¿Te estás divirtiendo?

— ¡Sí! Es fabuloso, ¿papá va a llegar? Quiero que vea que puedo hacerlo como él. Aunque los niños no saben jugar mucho, ¿lo viste? ¡No saben correr con el balón entre las piernas! Menos ese niño llamado Rush… —la señora detrás de ellos soltó un sonido de inconformidad y Bella sonrió de manera satisfecha.

—Lo sé, cariño, ellos no están en la altura que tú pero se les debe dar una oportunidad —siguió diciéndole Bella, al mismo tiempo que le tenía una botella de agua—. Además, para eso están aquí, para aprender.

—Ni siquiera me canso como lo hago cuando entreno con papá.

—Es porque los de papá son entrenamientos profesionales —ella le apartó los cabellos sudados de su frente. Él realmente tenía el cabello largo y pronto necesitaría un corte—. Pero ya veremos que haremos después, esto es porque es una de las primeras clases.

Klaus se encogió de hombros y terminó con la botella de agua, lanzándola a su bolso deportivo de nuevo.

—Si papá no llega… ¿me vas a llevar a la clase de música?

—Ten por seguro de que yo te llevaré, cariño, no te preocupes —le dijo ella con una sonrisa.

El niño sonrió una vez más sin perder el brillo en sus ojos y miró sobre su hombro al entrenador que le estaba llamando. Klaus se acercó a Bella de puntitas para darle un beso en la mejilla y fue a colocarse de nuevo con los demás niños.

El enteramiento siguió su curso. Esta vez, los niños ya no estaban corriendo en el pasto detrás de la pelota. Esta vez estaban corriendo alrededor de la cancha y agachándose a tocar las puntas de sus pies cuando el silbato sonaba. Las mujeres detrás de Bella se quejaban del chillido del silbato…

Si tan sólo ellas supieran que su voz es igual… pensó Bella.

Entonces, cuando faltaban veinte minutos para que el entrenamiento terminara, una persona ocupó el lugar junto a Bella. Cuando ella volteó a ver de quien se trataba, ya tenía los labios de Edward sobre los suyos, dándole un suave beso de saludo. Ella sonrió contra los deliciosos labios de Edward, que sabían a algún tipo de bebida energética y se separó sin dejar de sonreír.

—Hola, nena —le saludó con una sonrisa moja bragas.

—Hola, guapo —respondió y le dio otro beso para después tomar una distancia considerable—. No creí que llegarías, pensé que iba a dejar a Niklaus en su clase de música sola.

—Eso no puede pasar. No fui por él a su primer día de escuela y no estar por completo en su primer entrenamiento de futbol ya es inaceptable para mí. Le llevaremos a la clase de música tú y yo, y después vas a darme lo que me prometiste —su sonrisa de estiró aún más—. Porque ni siquiera lo he olvidado.

Bella se volteó con las mejillas sonrojadas y siguiendo con sus ojos a los niños.

—No esperaba que lo olvidaras.

—Pues entonces hago bien en imaginarme muchas cosas… —su brazo se deslizó por la cintura de Bella, atrayéndola hacia a él. Ella pudo apreciar su delicioso olor a hombre recién duchado.

—Deja de pensar en eso ahora mismo, sucio —le regañó ella—. Niklaus dice que este entrenamiento no está de su nivel —dijo cambiando de tema, sintiendo los dedos de Edward comenzar a acariciar su piel por debajo de su elegante blusa.

—Es obvio que no es de su nivel, basta con ver a esos niños moverse. No tienen condición, Niklaus sí, y mucha. Pero no te preocupes por eso, en una o dos clases van a comenzar a seleccionar a los buenos jugadores y comenzaran las verdaderas prácticas, lo hacen un poco más suave para darles oportunidad a los niños.

—Tienes mucha confianza en tu hijo.

—Pues claro, ¿Por qué crees que está aquí? Además, a él le encanta el futbol tanto como a mí. O al menos eso decía Chelsea… porque cuando estaba dentro de ella le pateaba mucho.

A Bella se le formó una genuina sonrisa en el rostro al pensar eso.

—Lo lleva en la sangre —dijo ella.

—Claro, y el carisma también.

—Ese es un talento natural…

—…heredado gracias a su padre.

Bella bufó.

—La altanería y arrogancia también se hereda.

— ¿Dónde pudo heredarlo si no fue de mí?

—Sigue repitiendo eso hasta que te lo creas.

Edward sonrió con diversión y se estiró a besarle la mejilla.

— ¿Cómo estuvo todo hoy?

—Bastante bien, después de pasar por la mochila de Niklaus a tu casa me pasé el día en la oficina con los contratos… ya sabes —se encogió de hombros sin apartar la vista de Niklaus, quien estaba de pie junto a otro niño y parecían estar escogiendo equipos—. Por cierto, debo recordarte que la próxima semana va a ser la Semana de la Moda en Nueva York. ¿A quién vas a llevar? Alice ha huido.

Él pareció pensarse las palabras de Bella mientras observaba como Niklaus se pensaba muy bien antes de escoger a un niño para que fuera parte de su equipo. El otro niño tan sólo elegía a los niños delgados y de su estatura, sin embargo, Niklaus los escogía y eran totalmente diferentes.

— ¿Tienes alguna idea de por qué ella se ha ido de esa manera? La verdad es que la mayoría de las veces no entiendo lo que hace.

—Son asuntos de ella, Edward, dejemos que piense como quiera.

—Algo me dice que tú sabes algo… pero no voy a insistir —suspiró y siguió acariciando la suave piel de ella, sintiendo la mirada de las mujeres detrás de ellos que él sabía que le habían irado con la boca abierta al llegar—. ¿Quieres acompañarme a la semana de Moda?

Bella rio por lo bajo.

—Es mi obligación acompañarte, Edward…

—No, me refiero a acompañarme de verdad. Me refiero a lucir tan hermosa y chocante al mismo tiempo mientras estas sentada a mi lado en primera fila.

Ella arrugó la nariz, pensando e imaginados a sí misma sentada en una de esas sillas, mirando a esqueletos caminar por una plataforma y modelar las cosas que la gente normal no usaría para salir a un centro comercial o a las compras del hogar. Definitivamente eso no era para ella.

—No sé nada de eso, ¿cómo esperas que lo haga?

—Oh, yo tampoco se nada, tan sólo me siento, sonrió y es todo.

—Estoy segura de que sabes un poco —aseguró ella, mirando como Niklaus completaba su equipo, y sonrió, porque eran precisamente los niños que no sabían jugar muy bien—. ¿Por qué no llevas a Nik?

— ¿Qué? ¿Hablas enserio? Es capaz de ponerse en el suelo y comenzar a hacer algo desastroso porque se iba a aburrir muy fácilmente… ni siquiera puedo pensarlo.

— ¿lo has llevado antes?

—No, pero…

—Entonces llévalo —interrumpió volteando a verle—. No pierdes nada con intentarlo, ¿sabes? O al menos deberías preguntarle sobre eso un poco, no le hará mal. Y si te dice que sí… pues está muy bien, así no tendrá excusa para estar molestándote en la hora que las cámaras se enciendan.

—Sigo sin creer que es buena idea —murmuró Edward esta vez concentrado un poco más en lo que hacían los niños en la cancha de futbol.

Niklaus estaba saltando en sus puntas de los pies, mirando como sus compañeros de equipo hablaban entre ellos. Cuando el entrenador les llamó, Niklaus señaló al niño más grande que estaba en su equipo. Ese niño caminó hacia la portería, colocándose los guantes que el entrenador le tendía y recibió las instrucciones. El equipo de Niklaus y él salieron de la cancha. Todos tomaron asiento en el césped menos él. Él se mantuvo de pie, caminando de un lado a otro, con los brazos cruzados o en sus caderas. Estaban haciendo lanzamientos a la portería, pero difícilmente podían anotar un gol porque resultaba que el niño grande se movía muy bien allí y con movimientos rápidos y calculados, lograba parar el balón.

Cuando fue turno del equipo de Niklaus lanzar, él se colocó casi al final de la fila, mirando al mediano portero que había escogido el equipo anterior. Iban sólo dos goles anotados por delante de él. Sólo había una oportunidad por niño. Niklaus, sin tomarle bastante importancia y sin sentirse muy presionado, se apresuró y golpeó con fuerza el balón, haciendo que entrara con fuerza a la portería, muy lejos de donde estaba el niño cuidando la portería. Klaus sonrió en grande cuando su equipo comenzó a aplaudir y felicitarlo. Volvió la mirada donde estaba Bella y sus ojos se ampliaron al ver a su padre sentado al lado de ella. Edward alzó el brazo, enseñándole un pulgar en alto, Bella, por su parte, alzó la mano para saludarle y darle una sonrisa en grande.

Con su pecho lleno de felicidad porque su padre estaba allí para verlo, volvió a la fila, chocando algunas manos con sus compañeros.

El resto del entrenamiento sucedió bastante bien y muy rápido, Niklaus estaba sonriendo aún más y conversando con los demás. Edward estaba también orgulloso de su hijo, y Bella se sentía dichosa porque los dos estaban muy bien.

El entrenador hizo sonar el silbato, dando por terminado el entrenamiento después de conversar con ellos y los niños corrieron a las gradas a reunirse con sus padres. Niklaus llegó corriendo donde estaban Edward y Bella y se lanzó sobre su padre.

— ¡Viniste! —dijo muy contento. Su rostro era sólo sonrojo y sus ojos estaban muy brillantes—. ¡No creí que vendrías, papá!

—Tenía que venir, enano —lo cargó, con las piernas de Niklaus enganchadas en sus caderas y sus brazos alrededor de su cuello—. Te prometo que intentaré estar más tiempo. Mi entrenador estaba nervioso por los juegos y eso.

Niklaus rodó los ojos, sin embargo, no podía ocultar la enorme sonrisa.

—Tú siempre ganas, papi. ¿Viste como jugué? ¿Verdad que el penal que lancé fue estupendo? ¡Fue muy fácil! —Niklaus viajó la mirada a Bella, quien estaba sonriendo también—. ¡Bella! ¡¿Qué te pareció?!

—Juegas bastante bien, Nik, no hay duda de eso.

—Juego tan bien como mi papá —dijo con altanería y tomó la toalla que ella le estaba teniendo y se limpió el rostro, quitando las gotas de sudor. Agitó su cabello, despeinándolo. — ¿Mañana vuelvo a venir?

—No, enano, mañana tienes descanso —le dijo su padre, dándole algunas palmadas en la pierna —. Parece que te vaciaron una enorme cubeta de sudor encima. Vamos al auto, allí puedes cambiarte. No quiero que te enfermes.

—El entrenador dijo que no podía faltar la siguiente clase —dijo, tomando la segunda botella de agua que Bella le tendió y se colgó la toalla alrededor del cuello—. Bella puede traerme de nuevo, ¿cierto, Bella?

Ella le sonrió mientras se colgaba la mochila deportiva de Niklaus que Edward estaba a punto de colgarse en el hombro. Ella lo hizo sin mirar a su novio—. Por mí no hay ningún problema, lo sabes.

Antes de que los tres pudieran comenzar a caminar al auto de Bella, los niños por los cuales sus madres se estaban quejando, aparecieron frente a ellos, obstruyendo su camino. Uno de ellos —el cual Niklaus recordaba que se llama Joseph—, miró con la boca abierta a Edward.

— ¡Eres Edward Cullen! —dijo totalmente asombrado.

¡No me digas! Pensó Niklaus.

— ¡No puedo creerlo! Has venido a vernos jugar, ¿verdad que seremos como tú?

Niklaus gruñó, ¿Cómo se atrevía a decir eso cuando él estaba presente y era el único niño que sería como su papá? Que tonto. El pequeño apretó el agarre de sus brazos alrededor del cuello de su padre en una silenciosa advertencia.

—Estoy seguro de que serán buenos jugadores —respondió Edward de manera simpática.

— ¡¿Puedes firmarme mi balón de futbol?!

Justo ene se momento las mamás chillonas —como las llamaba Bella— aparecieron frente a ellos con los ojos brillantes y enormes sonrisa en el rostro. Eran mamás con dinero, sin duda, porque nadie normal podría estirarse tanto la cara. Edward gimió por lo bajo.

—Claro, ¿tienes algo con qué hacerlo?

— ¡Aquí! —gritó una mamá, sacando de su bolso un marcador permanente—. ¡Toma!

Como si Edward no hubiera escuchado lo excitada que estaba esa mujer, sostuvo a Niklaus con un brazo y con el otro tomó el marcador para poder firmar el balón de futbol que el niño le estaba teniendo. El otro estaba comenzando a sacarse uno de sus tenis y se lo tendió. Edward, en silencio, lo firmó también.

Bella se mantuvo callada junto a ellos, distrayéndose mientras le lograba sacar los tenis y las calcetas a Niklaus. Miró su reloj. Tenían alrededor de diez minutos para llegar a tiempo y ella realmente detestaba ser impuntual.

—Edward, se hace tarde —dijo bajo para que él pudiera escucharle. Pero las mamás chillonas le habían escuchado también y comenzaron a lanzarle dagas con la mirada.

—De acuerdo, niños, felicidades por el entrenamiento de hoy. Estoy seguro de que podrán hacerlo mejor.

—Como yo —agregó Niklaus arrogante, retorciendo los dedos de sus pies ahora libres de cualquier calzado o calcetines.

—Nos veremos otro día. Tenemos que irnos.

Y antes de que ellos o las madres pudieras comenzar a sacar su teléfono celular para fotografiarse con él, Edward comenzó a caminar hacia el estacionamiento, con Niklaus riendo y dándoles una mirada de burla a sus compañeros de futbol. Estiró su mano y chocó los cinco con Bella.

El viaje a la escuela de música se pasó con Niklaus hablando de su práctica de futbol, hasta por los codos una y otra vez; de cada uno de sus compañeros y lo que pensaba de ellos. Bella había tomado asiento con él en la parte de atrás para ayudar a cambiarse de ropa a una limpia y con olor a limpio. Por suerte, el sudor de Niklaus aún no apestaba como lo hacía el de los niños de diez u once años.

Al llegar allí, Niklaus ya tenía las batutas en sus manos y estaba saltando aun con mucha energía. Bella no pudo pensar en otra cosa más que el pequeño iba a caer totalmente muerto cuando tocara su cama.

—De acuerdo, enano, en esta clase no me permiten quedar —le dijo Edward, acuclillándose frente a él—. Quiero que hagas esto porque te gusta y no por una sola vez, ¿de acuerdo? Esta será tu clase de prueba, si no te agrada… entonces puedes decirme y acabamos con esto, ¿sí? No estás obligado a hacerlo.

Niklaus le colocó las manos en sus mejillas, raspándose un poco por la barba que le estaba saliendo a su papá.

—Me gusta la música, papá. Te voy a tocar una canción de Rolling Stones cuando aprenda mucho —le sonrió en grande—, y tú vas a sonreír, ¿cierto?

Edward lo hizo inmediatamente. Ni siquiera podía sentir realmente cuanto quería a su hijo. Probablemente el amor de un padre a un hijo era bastante infinito. Él haría tantas cosas por Niklaus…

—Yo voy a sonreír —asintió Edward sin dejar de sonreír—. Pero ahora debes entrar porque llevas tres minutos de retraso y a Bella no le agrada mucho llegar tarde —Niklaus miró sobre el hombro de Edward a Bella, quien estaba apartada mientras conversaba por teléfono—. Te quiero enano. Buena suerte.

—También te quiero, papi —se inclinó a darle un beso y después se separó al mismo tiempo que le quitaba la gorra azul de la cabeza a Edward y la colocaba él al revés como su padre—. Adiós, Bella —dijo en voz alta. Ella se volteó rápidamente y dijo algo en el teléfono para bajarlo. Se dirigió a pasos rápidos hasta a él.

—Adiós, cariño. Buena suerte, estoy segura de que lo harás muy bien —le dijo con una suave sonrisa—. Te veré mañana, ¿de acuerdo?

Niklaus asintió y la abrazó, inspirando su aroma de mamá, como decía él.

—Gracias por ir al colegio por mí —dijo el niño—. Hasta mañana, Bella, te quiero mucho.

—También te quiero, Nik —se inclinó a besarle la frente—. Buena suerte.

Con una sonrisa y agitando las batutas, se dirigió dentro del salón de música, donde lo estaba esperando el profesor.

Bella volvió a tomar la llamada mientras Edward le tomaba de la cintura y se dirigía con ella sin decir nada hacia la camioneta, haciéndole un gesto a Acher para que le siguiera ya que él había sido quien fue por Edward al entrenamiento y el auto que él conducía ahora era el de Bella. Bella terminó la llamada con el encargado de la UNICEF justo cuando Edward aparcó el auto fuera del edificio.

—Tendremos una llamada de la UNICEF. Quieren hacer un comercial para campaña Únete por la niñez, Únete con la Juventud, Únete para vencer al SIDA, a ti y a otros jugadores están llamando para hacerlo así que… —se encogió de hombros mientras salía del auto y Edward le tomaba la mano para dirigirse al departamento—, te vamos a ver en televisión pronto.

—Se están acumulando muchas cosas… —comentó Edward con su ceño levemente fruncido. Se suponía que no iba a tener demasiados asuntos a los cuales asistir para poder estar al pendiente de Niklaus y para poder dar el ciento diez por ciento en el futbol. La presión estaba sobre él.

—Lo sé. Pero como embajador tienes que saberlo, igual, es opcional si quieres hacerlo o no, tan sólo tenían que hacértelo saber porque estás involucrado.

Él comenzó a asentir, apretando el botón del piso de Bella de manera pensativa. Claro que no le molestaba hacer ese tipo de cosas. Él donaría el dinero con los ojos cerrados. De hecho, era precisamente por lo niños por quien hacía eso. Se había comprometido y aceptaba la responsabilidad.

—Lo sé, no tengo problema con eso, pero espero que tarde un tiempo. La semana de la moda va a quitarme demasiado tiempo.

—De hecho vas a tener algunas entrevistas.

Él suspiró al mismo tiempo que cerraba los ojos y salía del ascensor, directo a la puerta del departamento. Se dejó guiar por la mano de Bella y la soltó cuando ella comenzó a sacar las llaves de su bolso.

—A veces simplemente quiero retirarme de eso.

—No va a ser tan malo, te prometo que voy a administrar muy bien tu tiempo, en todo, cariño, no te preocupes.

Abrió los ojos cuando ella lo jaló suavemente hacia el interior del departamento. Él, recordando de pronto las palabras que le había dicho hacia unas horas mientras hablaban por teléfono, la tomó de la cintura y la colocó contra la puerta que rápidamente se había cerrado detrás de ellos.

— ¿Y va a haber mucho tiempo para nosotros?

Ella se ruborizó, entrelazando sus propias manos detrás del cuello de Edward y alzó la mirada para poder mirarlo a los ojos.

—Te prometo que vamos a tener mucho tiempo para nosotros —le dijo en voz ronca.

Entonces la sesión de besos comenzó. Edward inclinó su cabeza hacia Bella, juntado sus labios. Los besó con suavidad, disfrutando de lo carnosos que estaban… Pero en cuando Bella se puso de puntitas y tiró un poco del cabello de Edward, los besos se hicieron más intensos. Las manos de Edward viajaron directamente a la camiseta de Bella, sintiendo la necesidad de tenerla sólo para él, de manera apresurada, tomó la prenda y la abrió, haciendo que los botones rebotaran por todos los lugares. Bella gimió ante la ansiedad de Edward y dejó que le sacara la prenda, así como también lo hacía con sus pantalones con un poco más de esfuerzo porque estaban ceñidos a su piel.

Se saborearon y succionaron el uno al otro. Bella estaba tan sedienta que pudo alimentarse de ese beso toda la noche. Edward tomó en puño el cabello de Bella y la mantuvo en su lugar como si temiera que ella fuera a apartarse de su boca. Los dedos de Bella se apretaron deliberadamente en el cabello de Edward porque nada permitiría que se alejara de ella, y la dejara de besar.

El calor húmedo de su boca la elevó y gimió, succionando un poco la lengua de Edward, amando sus gemidos; él se hundió más profundamente, dándole más.

Edward se estaba inquieto. Entre los sonidos de los besos apasionados haciendo eco en la habitación, sus pantalones hicieron un du propio suave sonido cuando se deslizaron por sus piernas, con todos sus músculos tensos, apretando contra Bella.

Montones de tela de ropa estaban a sus pies. Edward metió los pulgares por la abertura frontal del sujetador de Bella y jaló hacia ambos lados con facilidad hasta que logró romperlos de un simple tirón. Sus pechos rebotaron libres y el sonido sordo del sujetador cayendo se hizo escuchar.

Bella nunca se había sentido tan llena hasta que Edward ahuecó sus grandes e hinchados pechos en una de sus enormes manos para elevarlos aún más y chuparlos. Mojó sus pezones con su lengua, primero degustando de uno y luego del otro, envolvió las suaves curvas con sus manos, raspando sus cortas uñas contra sus duros pezones. Bella gimió cuando Edward volvió a hundir su lengua en su boca sin dejar de estremecerse.

Los sonidos de sus resbalosos y apasionados besos volvieron a hacer eco alrededor de ellos. Edward apretó uno de los buenos pechos de Bella y metió una mano entre sus piernas, ahuecándole bajo sus delgadas bragas. Le frotó con la palma de su mano y luego frotó su dedo más largo sobre los húmedos pliegues de su entrada. Bella tembló de anticipación y los dedos se sus pies se retorcieron ante semejante placer.

Edward apartó su boca de ella y apoyó la frente con la suya, observando mientras su mano se movía deliciosamente bajo las bragas de algodón. Ellos estaban con el aliento faltándole que Bella se sorprendió al escuchar la voz ronca de Edward contra su rostro mientras él observaba su mano acariciando la humedad.

—Dime que esto es sólo para mí.

Bella gimió, sintiéndose casi a la deriva. Extrañamente se sentía más ansiosa y excitada cuando Edward hablaba en el sexo y le decía cosas calientes. Y ella sabía que a él también le gustaba eso. Sus brazos se apretaron alrededor de su cuello mientras él se burlaba de ella, introduciendo la punta de su dedo en su húmeda entrada.

—Es para ti —logró responder mientras jadeaba. Besó con fuerza su sien, su frente, su mandíbula. Sin embargo, un sonido de protesta salió de su boca cuando él retiró su mano. Inmediatamente Edward agarró el elástico de sus bragas y las desgarró dejándola sin aliento.

La excitación recorrió todo el cuerpo de Bella. La agarró por la cintura y la levantó para que ella le rodease la cintura. Las manos de Edward lograron ahuecarle su muy bien formado culo y ella, casi al instante lo sintió, allí, en su entrada. La punta de su miembro se unió con toda la parte exterior de su humedad. Edward agarró con una mano las muñecas de Bella, y las inmovilizó encima de su cabeza mientras la espalda de ella quedaba pegada en la pared, sosteniéndola.

— ¿Eres mía? —preguntó Edward con la voz bastante ronca y caliente mientras su mano volvió a viajar en su entrepierna y se hundió en ella levemente.

Bella suspiró totalmente desecha.

—Soy tuya —respondió.

El rostro de Edward se contrajo de placer. Su expresión era intensa y tan caliente mientras introducía un dedo profundamente en ella.

— ¿Me quieres dentro de ti?

Ella estaba segura de que todo su cuerpo le estaba gritando que sí.

—Te quiero en todas las partes imaginables. Encima de mí. Debajo de mí. Dentro de mí.

La mano de Edward tembló con la contención mientras la retiró y una vez más, colocó su erección en la entrepierna goteante de Bella sin entrar pero le hizo sentir cuan duro estaba mientras se frotaba contra ella, con sus caderas balanceándose. Los dos jadearon sin poder apartar la mirada del otro.

Bella observó el rostro de Edward; tenso y crudo con necesidad. Sus ojos oscuros del placer y entrecerrados, su boca separada para poder suministrarle el aire necesario a sus pulmones, su cuello tenso y con las venas marcándose.

Edward mantuvo los brazos de Bella aprisionados mientras le seguía acariciando con dureza. Tensándose y prometiéndose. Todo lo que Bella podía hacer era gemir una súplica para que le tomara. Su sexo se estremeció e hinchó aún más. Estaba siendo reclamada por el hombre a quien amaba…

Joder, lo amaba.

Ella estaba más que lista. Los ojos verdes oscuros le miraron durante un momento de infarto. Un segundo estaba vacía y al siguiente Edward ya estaba dentro de ella. La llenó lentamente y con cuidado, como si ella fuera su más grande tesoro y tuviera miedo de romperla. Era grande y duro, y Bella agradecía eso mientras él se abría camino en su interior.

Él se estremeció y gimió mientras los músculos internos de Bella se aferraban a su longitud palpitante. Decidiendo que su necesidad de más estaba más lejos de cualquier cosa, se dejó caer incluso más lejos, echando su cabeza hacia atrás, con un débil sonido escapando de ella mientras su cuerpo se adaptaba a él como normalmente lo hacía cuando ellos dos se unían.

Edward agarró delicadamente los pechos de Bella con sus manos y metió su lengua en su boca haciendo que Bella se tragara su propio grito de placer. Bombeó tan ferozmente dentro de ella, manteniéndose plenamente en su interior. El cuerpo de Bella tembló en un delirio cuando él dejó caer su cabeza y pasó su lengua a través de su mandíbula, a lo largo de su delicada barbilla hasta que descendió por su cuello. Succionó uno de sus pezones dentro de su cálida boca. Las entrañas de Bella se contrajeron mientras sentía un orgasmo construirse; se estremeció por el calor y empujó sus caderas con urgencia, encontrándose con las de Edward, mientras mordía su labio inferior.

—Edward —suplicó Bella, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello. Apretó las piernas alrededor de las caderas de Edward inclinando la pelvis. El movimiento disparó un placer insoportable a través de su cuerpo mientras la dureza de Edward se hundió dentro de ella. Sus ojos rodaron hacia la parte de atrás de su cabeza, siendo ahogada por el placer.

No iba a durar. Se sentía demasiado bien dentro de ella. Lo necesitaba demasiado.

—Edward… —gimió alto meciendo sus caderas—. Por favor, amor… por favor —suplicó—… muévete.

Él gimió como si tuviera miedo de no durar tampoco. Sin embargo, intentando complacerla, se retiró y empujó de nuevo contra ella. Ambos estaban deshechos, y un desesperado sonido, similar a las lágrimas de placer, salió de sus gargantas. Repitió el movimiento de sus caderas y dejó caer su frente sobre la de ella con un gruñido de contención; luego, empezó a besarla como si su vida dependiera de ello.

—Bella —jadeó Edward contra su boca. Sus manos apretaron contra sus caderas mientras salía y se sumergía de nuevo, lo suficientemente profundo como para enterrar cada centímetro en su interior. Inmediatamente estalló. El calor de sus convulsiones violentas y los poderosos tirones de su polla temblando en el interior de Bella hizo que ella también explotara. Sus circuitos se detuvieron y reiniciaron cuando un montón de estrellas explotaron en sus parpados.

Ella agarró su cuerpo musculoso mientras se apretó y retorció contra el suyo, lamiendo su cuello mientras su cuerpo se esforzaba y finalmente se relajó.

Continuaron jadeando y moviendo suavemente las caderas incluso cuando los orgasmos se habían detenido, y Edward vibraba contra Bella con tanta necesidad, que ni siquiera le permitía recuperar el aliento.

La agarró por el culo, las piernas de Bella todavía cerradas alrededor de las caderas de Edward, mientras le llevaba a la cama. Todavía estaba dentro de ella, aun duro.

La dejó en la cama y apoyó una almohada debajo de su cabeza, y luego, como buen Dios del bendito sexo, comenzó a moverse dentro de ella, tan lentamente que le hizo gemir y pasar sus uñas por su espalda, observando y amando la fortaleza de sus hombros, amando sus brazos, su perfecta garganta gruesa, su rostro deshecho por placer mientras empezó a follarla realmente rápido y duro, como un animal. Los pezones de Bella palpitaron con sólo mirar dentro de sus ojos oscurecidos por la lujuria.

—Me querías —gimió Edward sin detenerse. Sus respiraciones salían rápidas y sus ojos eran salvajes—. Aquí estoy.

Metió su polla dentro de ella varias veces más, rápido y duro, haciéndola gritar por la alegría de su reclamo, y cuando los músculos de Bella se pusieron rígidos y su cuerpo se preparó para otro estremecedor orgasmo. Edward permitió que se corriera, manteniendo su ritmo frenético y luego gruñó y prolongó su orgasmo, saliendo para frotarse a sí mismo sobre la tierna piel de Bella.

La garganta de Bella retumbó con un gemido mientras él arrastraba la lisa cabeza de su pene a lo largo de su muslo, mientras una de sus manos acarició la palpitante punta de uno de sus pechos.

A Bella siempre la habían gustado sus pechos de copa D, pero cuando Edward los tomaba con sus manos, los sentía pequeños y frágiles. Sin embargo, podía ver como Edward se enloquecía con ellos y eso hacía que una sonrisa satisfecha se colocara en los labios de Bella.

Edward gimió. En verdad le gustaba exprimirlos con sus manos y trazar círculos con su lengua sobre ellos.

—He querido tocarte durante estos días, nena.

El placer se disparó a través del cuerpo de Bella cuando él pellizcó y retorció. Sus dientes raspaban la piel debajo de su mandíbula, expuesta cuando su espalda se arqueó, pegando su cuerpo al de él.

Sus fuertes músculos la rodearon, apretando y flexionando. Su polla dolorosamente dura se frotó por todo su cuerpo, esparciendo su semen sobre ella. Estaba tan delirante que quería tenerlo dentro de su sexo, su boca y sus manos.

Edward se sumergió repentinamente de nuevo en ella, más duro y más profundo, con sus largos dedos de pianista clavándose en las delgadas caderas de Bella y ella estaba tan mojada e hinchada todavía. Alzó sus caderas al encuentro de cada uno de sus empujes, gimiendo desesperadamente su nombre, casi gritándolo.

— ¡Edward!

Eso no se trataba para nada de juegos previos. Era sobre reclamar y tomar. Pero ahora Bella estaba cantando por dentro. No podía ni siquiera creer el modo en que él olía, aunque claro, eso no se lo diría.

Se dio cuenta de que estaba hablando mientras jadeaba.

—Por favor… oh Dios, estás tan duro —gimió bajo—. Te sientes tan bien…

Edward aceró su boca a su oído, mordiendo el lóbulo y gimió.

—Eres tan dulce y húmeda, nena.

A ella le encantaba que él dejara su aroma sobre ella, que lamiera en todas partes de su cuerpo, que pueda sentir sus dientes y la mordedura de ellos en su carne tersa y suave.

Sonidos salvajes salieron de su garganta, como respiraciones entrecortadas. No había manera de que ella pudiera contener esos lujuriosos sonidos, los más profundos de Edward hacían que se volviera loca. Él alzó la cabeza, observando el delgado cuerpo de Bella debajo de él y vio sus pechos rebotar mientras la follaba duro, con ferocidad, y sus ojos brillaron como los de un depredador mientras sus caderas chocaban.

Él era primitivo, animal, tomándola. Y era suyo.

Su cuerpo se aferraba a cada centímetro de su polla, empujándose contra él. Sus delgados dedos se clavaron en sus muy bien formadas nalgas dignas de ponerse a babear por ellas mientras lo atraía a lo más profundo de su interior, retorciéndose bajo su peso hasta que finalmente volvió a explotar. Liberó un grito cuando el calor de Edward se derramó dentro de ella y él siguió con un gemido bajo, apretando sus caderas mientras desaceleraba el ritmo hasta que sólo eran una masa de músculos y huesos totalmente cansados, sudados, despeinados y enredados sobre la cama.

Edward dejó caer su peso a su lado, totalmente satisfecho, con el pecho subiéndole y bajando gracias a la respiración agitada. De manera cansada, atrajo a Bella a su lado, rodeándola con sus brazos sin decir nada, sintiendo su corazón golpear con fuerza su pecho. Ella cerró los ojos, abrazando la cintura de Edward.

—Definitivamente amo tener sexo contigo —dijo él con tanta sinceridad y tanta adoración que Bella no pudo evitar reír, sintiendo sus músculos internos adoloridos—. ¿Cuál es la risa?

—Simplemente recordaba lo que te había dicho en un principio.

Edward se quedó callado, intentando saber que era lo que ella decía en un principio. Bella rodó los ojos y se acurrucó más contra él.

—Que yo era muy buena en la cama, ¿recuerdas? Ahora no puedes mantener tus manos alejadas de mi —se burló con voz cansada. Sus parpados agradecían de estar cerrados y descansando.

—Definitivamente no debo subestimarte, nena.

—Definitivamente no debes hacerlo —concordó ella somnolienta.

—Deberías dormir.

— ¿Tú crees? —dijo ella aun irónica. Edward sonrió sorprendido de que pudiera estar bromeando cuando estaba exhausta.

—Lo sé, soy un Dios del sexo.

—Mmm…

Él frunció el ceño mientras su mano acariciaba de manera perezosa la suave piel de la cadera desnuda de Bella.

— ¿Qué significa eso?

—Mmm…

— ¿Bella? —alzó la cabeza para mirarla un poco y sus ojos estaba completamente cerrados. Su respiración se volvió lenta y pacífica. Definitivamente estaba exhausta. Sonrió satisfecho—. Soy buenísimo en esto.

.

Edward abrió los ojos sintiendo como si tan sólo hubiera parpadeado, pero al ver la hora se dio cuenta de que sólo faltaban diez minutos para que la hora y media de clase de música de Niklaus terminara. En silencio, se separó de Bella, cuidando que no despertarla, tomó la enorme almohada que él había usado y la puso en su lugar. Bella rápidamente se abrazó a ella y aspiró su aroma. Edward sonrió engreído. Se apresuró a cubrirla con una cobija ya que la noche estaba cayendo. Recogió toda la ropa sucia que había esparcida por allí, poniéndola el su lugar casi en un tiempo record. Se vistió y recogió sus cosas.

Le echó un último vistazo a Bella, quien yacía pacíficamente dormida sobre la enorme cama.

—Descansa, nena —le dijo en un susurro—. Te quiero —besó su frente durante unos segundos y se separó.

Cuando volvió a salir de la habitación se dirigió a la cocina y abrió el enorme refrigerador que estaba allí. Inspeccionó muy bien la comida que había y no pudo evitar una sonrisa al ver que estaba lleno y que no carecía de alimentos. Si no, el día de mañana Acher aparecería con un montón de comida frente a la puerta.

Mientras bajaba las escaleras recordó que no había hablado con ella como quería hacerlo. Tenía que comentarle acerca de Chelsea y que vendría muy pronto. Él tendría que llamarle y decirle que el día de mañana podía ir por Niklaus al colegio y pasar lo que quedaba de la tarde con él. Ella definitivamente no podía interrumpir con sus nuevas actividades extracurriculares.

Subió al auto donde le estaba esperando Acher en silencio y sacó su teléfono mientras se ponían en marcha. Observó su lista de contactos y se paró en la letra P. Emmett había editado su lista de contactos y el nombre de Chelsea había desaparecido para ser reemplazando con el de "perra". Edward nunca tenía tiempo para modificarlo. Estaba seguro de que debía hacerlo pronto porque Niklaus podría verlo. Presionó la pantalla y suspiró.

Tan sólo tuvo que esperar seis segundos para que la voz de Chelsea contestara.

—Dos veces en poco tiempo, ¿a qué se debe el honor?

—No puedes venir el miércoles por Niklaus. Necesitas venir mañana por él si quieres pasar el tiempo.

— ¿Me estás dando limitaciones?

Él suspiró, mirando por la ventana a los autos pasar.

—Chelsea…

—Dame motivos por los cuales no pueda pasar por mi hijo el miércoles. Ese era el día que tenía planeado para él.

—Digamos que está comenzando con actividades extracurriculares todos los lunes, miércoles y viernes. Inició el día de hoy, mañana está libre.

—Un niño de seis años con agenda, Edward, ¿te das cuenta de lo patético que es eso?

— ¿Y tú que jodidos vas a saber del tema? —gruñó Edward, comenzando a sentirse molesto.

— ¡Tiene seis años! No puedes darle ese tipo de rutinas.

—Chelsea, tan sólo llamaba para decirte que no voy a dejar que lo recojas del colegio el miércoles, si es que lo planeas así. Y si no me dices ahora que mañana lo recogerás al colegio no podré poner tu nombre en la lista de las personas autorizadas.

—Yo no puedo recoger a mi propio hijo ¿pero tu noviecita si? —Chelsea estaba hablando entre dientes. Edward le imaginó apretando sus puños, clavando sus uñas en la palma de su mano—. ¿Qué clase de estupidez es esa? ¿Qué derecho tiene ella sobre él?

— ¿Ahora vas a ponerte a pelear por él cuando ni siquiera puedes venir a verlo en su cumpleaños? —Él apretó el puente de su nariz con sus dedos y echó la cabeza hacia atrás—. ¿Sabes qué? No voy a discutir eso contigo, simplemente te llamaba para decirte lo que tienes que hacer si quieres verlo.

—Bien —se apresuró a contestar—. Iré por él mañana al colegio. No pienso dejar que esa mujer vaya por él de nuevo mientras yo esté en la ciudad.

—Mañana entonces…

—Y… lo llevaré conmigo a la semana de la Moda.

Edward frunció el ceño.

—Ya te dije que no le gusta ir a ese tipo de lugares…

—No, pero estoy enterada de que tú también vas, así que Kai va a aceptar ir con sus padres, ¿no lo crees? —Ella suspiró pero se pudo escuchar una suave sonrisa en su voz—. Te veré después, Edward. Buenas noches.

Edward lanzó el teléfono celular al asiento continuo del auto y enseguida frotó sus manos en su rostro totalmente desesperado. Estaba claro que Chelsea ya había sido notificada de las fotos de Niklaus y Bella saliendo del colegio, él no lo había hecho, por supuesto, pero se imaginaba que Niklaus estaba sonriente y tomándola de la mano. Chelsea era bastante rencorosa y no le gustaba para nada que le quitaran algo que se suponía que era de ella o mancharan su nombre. Ella estaba temiendo eso, definitivamente.

Al llegar a la escuela de música, Edward ni siquiera tuvo que bajar del auto porque Niklaus ya estaba abriendo la puerta y subió de manera apresurada al auto, lanzándose sobre su padre. Una risa nerviosa estaba brotando de sus pequeños y sonrosados labios.

—Woah… ¿puedo dar por sentado que te gustó tu clase de música? —logró preguntar contra el cuerpo de su hijo, quien estaba tapándole todo el rostro.

— ¡Papá, fue asombroso! —Exclamó chillante el niño separándose y se dejó caer en el asiento—. ¡No tienes idea! ¡Yo quiero ser batonero cuando crezca!

—Baterista —corrigió riendo su padre.

— ¡Como sea!

Edward le hizo unas señas a Acher para que condujera.

—A casa, por favor, Acher.

—Señor —asintió el enorme hombre con voz gruesa.

— ¡Me gustó! Pero dijo que primero nos va a enseñar lo más sencillo —comenzó a explicar emocionado—. Dijo que tal vez para navidad podremos tocar una canción de rock —sonrió con los ojos brillantes.

—Estoy bastante seguro de que va a ser lo mejor.

Niklaus se mantuvo todo el camino a casa conversando acerca de su clase de música. Edward también sacó a flote el asunto de su visita a la dirección el primer día de clases. El pequeño dijo que ya no volvería a hacerlo que iba a comportarse bien. Edward supo que eso no era cierto.

Al llegar a casa, la cena les estaba esperando, la señora Harriet sonrió en grande al ver al pequeño de nuevo. A pesar de que era un rebelde, travieso y testarudo, le había extrañado un montón, la única compañía que ella tenía era la del perro. Su compañía le faltaba y cuando Niklaus no estaba era como si le hubieran apagado la vida a la casa.

—Hola, nene ¿Cómo te fue en la escuela? —le preguntó la señora Harriet mientras colocaba su cena frente a él. Con su mano libre le acarició suavemente el cabello húmedo por la ducha que se acababa de dar.

—Muy bien. Hice muchos amigos, también hice mi tarea. Bella me ayudó —dijo con una sonrisa y se puso de pie en la silla—. ¿Jake te hizo bonita compañía?

La señora miró de reojo a Edward, quien estaba entrando al enorme comedor con sólo un short de basquetbol como siempre solía hacerlo mientras cenaba. Niklaus, esta vez no estaba imitando a su padre. Él estaba utilizando un pijama decente con muchos Mickey Mouse sonrientes. En el poco tiempo que llevaba allí, sabía que debía acostumbrarse a ver a esos dos hombres con poca ropa, y… ya lo había hecho, aunque para su avanzada edad, debía admitir que el señor Cullen estaba muy bien formado… Sin embargo, lo podía ver como su hijo y como a alguien más a quien cuidar.

—Señor —saludó ella de manera respetuosa y Edward le asintió en forma de respuesta.

Niklaus le miró con curiosidad aun de pie en la silla, siendo sostenido por la señora Harriet.

— ¿Y? ¿Jake fue bueno?

—Oh… sí, una agradable compañía, aunque se puso de necio después del paseo, no quería entrar a casa —Niklaus rio por lo bajo—. Pero todo bien.

Niklaus, cegado por toda la felicidad que había conseguido ese día, se lanzó contra la señora Harriet y le dio un fuerte beso tronador en la mejilla. Edward sonrió con cierta diversión y alivio. Estaba comenzando a creer que la señora Harriet no le agradaba.

—Gracias por cuidar de jake.

Las mejillas de la señora Harriet se colorearon.

—De nada, nene. Ahora cena, estoy segura de que mueres de hambre.

El niño asintió y se sentó de nuevo en la silla con rapidez, tomando los cubiertos que estaban muy bien acomodados en la mesa y comenzó a devorar toda la comida del plato sin decir nada acerca de las verduras esta vez.

Cuando la señora Harriet se fue, Edward miró a Niklaus, quien estaba demasiado ocupado intentando dejar de succionar un espagueti muy largo. Aclaró su garganta y los ojos azules de Klaus se alzaron hacia a él.

—Klaus, necesito hablar contigo de algo serio, pon atención, ¿de acuerdo?

El niño tragó su comida y pasó la lengua por sus labios quitando la salsa de tomate. Asintió y bajó las manos a sus piernas.

—Te pongo atención —respondió obediente.

—Esta mañana, mientras estaba en el gimnasio, tu mamá me llamó —dijo Edward, mirando a su hijo a los ojos. Éstos se abrieron en grande por la sorpresa de la mención de su madre. Antes de que Niklaus pudiera decir algo, Edward estaba hablando de nuevo—. Me dijo que estaba aquí en Londres y que mañana irá por ti al colegio —suspiró y dejó el tenedor a un lado—. ¿Qué opinas de eso?

— ¿Mamá está en Londres?

—Sí, eso me dijo ella.

— ¡Va a ir por mi mañana al colegio como lo hizo Bella hoy! —Dijo, con su voz un poco alzada de tono y entonces las comisuras de sus labios se estiraron en una brillante sonrisa—. ¡Sí! ¡Quiero ver a mamá! ¡La extraño mucho! —su voz se hacía cada vez más aguda por la emoción—. Y Bella va a conocerla. Será genial. Aunque no quiero que me lleve a centros comerciales… es muy aburrido.

—Aun no sé dónde ella espera llevarte, enano, sólo me dijo que pasaría por ti el día de mañana al colegio y que salían juntos —le sonrió levemente—. Así que debes estar preparado, ¿de acuerdo? —El niño asintió sin dejar de sonreír—. ¿Recuerdas lo que es la Semana de la Moda?

Klaus arrugó la nariz y volvió a asentir.

—Sí, es donde muchas mujeres caminan enseñando ropa, ¿no?

—Sí. Yo estoy invitado a ese lugar y tengo que asistir. Es en Nueva York. Tu mamá también está invitada y ella quiere llevarte. Pero sé que a ti no te gusta mucho eso, por eso te preguntaba prime…

— ¿Tú y mamá van a ir? —interrumpió mirándolo fijamente.

—Sí, los dos vamos a ir.

— ¡Yo quiero ir con ustedes! —Exclamó y sonrió mostrando sus dientes blancos—. ¡Sí! ¡Papi, vamos, los tres! —mostró tres dedos y comenzó a saltar en su lugar con el pensamiento de que podría ir a un lugar con su madre y su padre después de muchísimo tiempo.

Edward tragó pesado, pensando en que las palabras que Chelsea le había dicho anteriormente se habían cumplido. Él también tenía una ligera sospecha de que Niklaus aceptaría ir con ellos a la semana de la Moda por el simple hecho de que estarían juntos. Si lo que Chelsea quería era que hablaran de ellos en los medios… iba a lograrlo con tan solo ir a recogerlo al colegio.

—Bien, enano, entonces iremos los tres, no te preocupes —asintió con una sonrisa. La sonrisa más sincera que pudo darle en ese tipo de situación.


¡Aquí hay otro capítulo! Esta vez ni siquiera tardé mucho, ¿cierto? Supongo que fue algo así como la emoción de querer seguir escribiendo. Debo decirles que agradezco mucho sus comentarios, más los que me dan su opinión entera sobre el capítulo, con cada detalle de algunas escenas específicas (: Es tan bonito leer todos los comentarios... enserio.

Gracias a: zonihviolet, Aryam Shields, aguabellisima, greihalecullen, INDI02, KeyAl, Tecupi, MONELITA CULLEN, Kristenst, Melania, AleLupis, Nadiia16, yolabertay, ProudlyTwihard , SalyLuna, Kady Belikov Cullen, solecitopucheta, dracullen, Nandita21unexplained, Babi, Karlie7, MiaCarLu, pera l.t, Maya Masen Cullen, .Cullenm torposoplo12, Tata XOXO , jupy, saraygarcia08 , EmDreams Hunter, Nyx-88, theparadise, Manligrez, liduvina.

A todos los que me agregaron a favoritos, alertas y los que leen mi historia cuando no leen una incompleta también, gracias, y a todos los anónimos :)

Para los que se quieran unir al grupo de facebook aquí está, allí se pubican fotos y las sesiones de fotos que Niklaus tiene o cualquier tipo de imagen referente al fic: groups/170869393079182/

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¡Nos leemos pronto!