Disclaimer: Los personajes son propiedad de Meyer, la historia es de mi imaginación.
Summary:
"Edward Cullen, el jugador de fútbol más exitoso tiene una vida bastante complicada con un revoltoso niño de cinco años. Lo que menos necesita ahora mismo es esa atractiva mujer que llegará a controlar su carrera y probablemente su corazón."
CAPÍTULO VEINTIDOS
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— ¡Papá!
—Shh… guarda silencio, Niklaus. Despertaras a la señora Harriet —dijo Edward al entrar a la habitación.
— ¡Papi! —volvió a chillar el niño, levantándose de la enorme cama y poniéndose de pie hasta llegar al borde del enorme barco que era la base su cama. Edward se apresuró a llegar hasta a él, subiendo las escaleras y lo tomó en sus brazos, agradeciendo que esa habitación fuera lo suficientemente alta como para ponerse de pie aun encima de la cama—. Papá…
—Ya, enano, no pasa nada, solo fue un sueño —murmuró, sentándose en la cama con Niklaus en su regazo. Sin esperárselo, soltó un gran bostezo.
—Quiero a Bella —lloró Niklaus con su rostro contra el pecho de su padre, abrazándolo con fuerza.
—Bella no puede venir ahora —volteó a ver el reloj que estaba dentro de la pecera—. Es tarde, ella probablemente está dormida ahora.
— ¡Quiero a Bella!
—Ya… Klaus. Bella no puede venir ahora hacia aquí. ¿Por qué mejor no me cuentas que fue lo que soñaste? ¿Fue tan malo? Son solo sueños, enano.
La voz de Edward era ahora muy tranquilizadora y suave. Su mano se colocó sobre la espalda del niño y la frotó suavemente, tratando de hacer que sus estremecimientos por el llanto se calmaran un poco. Estaba seguro que Niklaus estaba llorando por culpa de Chelsea. Cuando la volviera a ver iba a compartir unas fuertes palabras con ella.
—Yo quiero a Bella…
—Niklaus, ella no…
— ¡No! —el niño se separó, dándole un golpe fuerte con la palma de su mano a su papá en el hombro. Sus pequeños hombros volvieron a temblar por el llanto y se apartó las lágrimas—. ¡Yo quiero a Bella! —se puso de pie y pateó todo lo que estaba en el piso de madera.
—Hijo… ven aquí, habla conmigo por ahora. Hablarás con ella maña…
— ¡No quiero mañana! —gritó, raspando su garganta y con paso decidido, los ojos llenos de lágrimas y con coraje, se dispuso a bajar las escaleras. Cuando logró colocarse sobre el piso de su habitación cubierto de alfombra, siguió apartando las lágrimas de sus ojos—. Yo quiero a Bella ahora.
Pudo escuchar como su padre bajaba de la cama también y caminaba detrás de él. Estaba sintiendo mucho calor. El pobre niño estaba a punto de caer al piso por el cansancio que tenía, pero no se iba a rendir hasta que Bella fuera con él. Comenzó a sacarse los pantalones con furia, rasguñando la piel de su estómago a la hora de desabrocharlos con dificultad. Los pateó fuera de sus pies y atravesó la puerta.
— ¿Dónde vas, Niklaus? —la voz de Edward se escuchaba cansada y a la vez preocupada por la actitud que su hijo estaba teniendo. Nunca le había visto llorar de esa manera por obtener algo que quisiera bastante. Y menos por una persona.
El niño no le contestó, se limitó a sacarse la camiseta, jalándola por todas partes. Cuando quedó solo en calzoncillos y calcetines volvió a retomar su camino hacia la habitación de su padre con paso rápido y decidido. Su pequeño labio inferior seguía temblando. En la mesita que estaba junto a la cama encontró el teléfono de su padre y justo cuando estaba a punto de desbloquearlo, Edward se lo quito de las manos.
—Klaus, escúchame —se colocó de cuclillas frente a él, tomándole de las manos con un poco más de fuerza porque el niño se estaba resistiendo—. Escucha, vamos a llamar a Bella, ¿de acuerdo? —le miró a los ojos directamente y observó que alrededor los tenia rojos e hinchados. Definitivamente había estado llorado antes de que le llamara a gritos—. Vamos a llamarla y así podrás decirle todo lo que quiere. No podemos hacer que conduzca hacia aquí ahora mismo, es tarde y peligroso para ella.
—No… no… ¡no! —Klaus apartó las manos de un jalón del agarre de su padre—. Quiero que venga Bella, papá. Quiero a Bella ¡Ahora!
Edward tragó pesado. Niklaus de verdad quería a Bella allí con él. Edward estaba asustado porque era la primera vez que le veía de esa manera y no sabía cómo responderle. En silencio marcó el número de teléfono de Bella, y justo cuando estaba sonando, se lo tendió a Niklaus, quien lo tomó rápidamente y se apartó de allí para ir a esconderse al enorme armario de su papá. Una vez allí dentro, se sentó en el suelo y esperó a que Bella contestara sin dejar de sollozar, sintiendo vagamente las lágrimas caerle por las mejillas sonrojadas.
— ¿Edward? —la voz de Bella se hizo escuchar en el armario, sobresaltando a Klaus, quien abrió mucho los ojos. Bella se escuchaba somnolienta y desorientada—. ¿Edward? ¿Sucede algo?
— ¿B-Bella? —la voz de Klaus sonó temblorosa y eso hizo que Bella rápidamente se pusiera alerta y saliera de la cama.
— ¿Nik? ¿Qué pasa? ¿Dónde está tu papá? ¿Estás herido?
—No —el niño cerró los ojos con más fuerza al sentir que volvería a echarse a llorar por las imágenes de su sueño—. Bella… ven a mi casa —lloró con su labio inferior temblando.
— ¿Tú papá está herido? —la voz de Bella estaba sonando histérica, ¿Por qué Niklaus le había llamado a esa hora y por qué Edward no estaba allí también? —. Klaus, amor, ¿estás bien?
—Só-sólo quiero abrazarte —parpadeó, alejando las lágrimas. Ahora tenía la nariz tapada, pero podía sentirse mucho mejor al decirle eso—. Bella, ¿puedes venir?
Bella sintió como se le oprimía el pecho al escuchar esas palabras temblorosas con la voz de su pequeño. ¿Qué cosa estaba mal? Inmediatamente se puso unos jeans que encontró tirados junto a su cama y tomó el suéter que estaba por allí.
—Sí, cariño, claro que puedo ir, ¿Qué fue lo que sucedió? —su voz sonaba apresurada mientras metía su cepillo de dientes al bolso y algunas prendas de ropa decentes porque estaba segura de que esa noche la iba a pasar junto a Niklaus. No obtuvo respuesta del niño más que n sollozo. Decidió preguntar más—. ¿Allí está tu papá?
—Si…
— ¿puedo hablar con él un momentito? —su voz sonó un poco más suave esta vez. Sosteniendo el teléfono con su mejilla y hombro, se amarró un moño desordenado, tomó el bolso y se dirigió a la puerta.
—No quiero.
— ¿Por qué no quieres que hable con tu papá?
—Yo quiero hablar contigo —su voz comenzó a hacerse más aguda y Bella sintió un nudo en la garganta.
—Está bien, mi amor, no pasa nada, hablarás conmigo mientras conduzco hacia allí, ¿te parece?
—Sí…
—De acuerdo —se apresuró a entrar a su auto una vez que corrió al departamento. Necesitaba llegar ya donde estaba y que Edward pudiera decirle realmente lo que estaba pasado porque podía ser que Bella fuera bastante segura de sí misma y también fuera bastante madura… pero cuando sus nervios salían a flote era casi una persona diferente—, ¿Por qué estas despierto tan tarde, Nik?
—Me desperté.
— ¿Fue una pesadilla?
—Sí…
—Está bien, mi amor, fue sólo eso, una pesadilla, ¿sí? Te prometo que eso no es real.
— ¿Lo prometes?
—Sí, lo prometo. Esas pesadillas no son reales, ¿sabes? Es porque tenemos personas en nuestra mente que se aburren y deciden jugarnos bromas muy pesadas pero no son reales, nada de esas cosas son reales.
—Esas personas no me quieren —murmuró el niño, calmándose un poco por lo entretenido que le había resultado el dato que Bella le dio.
Edward, por otro lado, estaba escuchando todo mientras esperaba junto a la puerta del armario. Él tampoco tenía idea de lo que estaba sucediendo a Niklaus, lo único que sabía es que era culpa de Chelsea. Y estaba preocupado también por Bella. Estaba rogando a todo ser milagroso que condujera con cuidado por las calles de Londres directo a su casa. En algunas partes se hacían ese tipo de carreras de autos ilegales… y ya estaba pensando lo peor.
Niklaus había encontrado la manera de cerrar con pestillo el armario por dentro así que Edward no podía entrar, aunque lo intentara. Tampoco podía usar la fuerza porque asustaría más a Niklaus. Se quedó sentado durante casi siete minutos, escuchando la fantasiosa conversación a medias que tenían Bella y él. Entonces, el timbre resonó por toda a casa, despertándolo por completo.
— ¡Estás aquí! —Gritó feliz Niklaus desde el armario—. No te vayas Bella, ahora mismo voy a abrirte —se escuchó como se quitaba el pestillo y cuando salió, le lazó el teléfono a su papá mientras corría fuera de la habitación por el pasillo.
Edward se apresuró a ponerse de pie cundo vio la pantalla de su teléfono bloqueada, caminó detrás de Niklaus dando grandes zancadas.
—Sin correr, Niklaus, vas a caerte —le dijo alzando un poco la voz. Cuando fue a bajar el primer escalón, miró que el niño estaba bajando muy rápidamente las escaleras mientras se sostenía del barandal—. Niklaus, más despacio.
— ¡Bella está aquí! —le respondió el pequeño.
Edward se apresuró a bajar las escaleras también, mirando como Niklaus estaba saltando y moviendo sus manos nervioso mientras lo esperaba para que pusiera el código que abría la puerta. Bella se sabía la clave del portón principal que debajo entrar al patio principal así que había sido más fácil.
Justo cuando la puerta se abrió y reveló a una Bella muy preocupada, Klaus se lanzó sobre ella con mucha fuerza. Bella se agachó para poder cargarlo y abrazarlo con fuerza contra ella mientras que el niño le rodeaba el cuello con sus brazos y enganchaba las piernas en su cintura. Entonces, los sollozos de Niklaus se volvieron a escuchar, partiendo en mil pedazos el corazón de Bella. Ella le envió una mirada significativa a Edward mientras él recogía su bolso, que había caído al piso, y le dejaba pasar.
Ella se quedó de pie en el recibidor, con los brazos muy apretados alrededor del pequeño cuerpo del niño. Le besó repetidamente debajo de la oreja y después de unos minutos comenzó a tararearle una canción al mismo tiempo en que su cuerpo se balanceaba de un lado a otro suavemente.
—Ya está, chiquitín, aquí estoy —le habló suavemente y muy bajo sólo para que él le escuchara—. No pasa nada. No me pasó nada y a ti tampoco. Todos estamos bien —le dio otro beso y le acarició su espalda con su dedo pulgar—. Aquí estoy, cariño…
Él volvió a sollozar, apretando un poco más su agarre alrededor de su cuello.
—No te vayas, Bella.
—Aquí estoy. No me voy a ningún lado —le aseguró en voz baja—. Nunca dije que me iría.
— ¿Lo prometes?
—Lo prometo.
El pequeño se separó lo suficiente de ella para poder observarla a los ojos. Bella sintió como los pedacitos de su corazón se hacían polvo al ver el rostro de Niklaus. Tanto su nariz como sus ojos estaban rojos e hinchados por el llanto. Sus sonrosados labios estaban brillando por las lágrimas. Niklaus le colocó sus manos sobre sus mejillas y Bella le besó cada una de sus palmas.
—No quiero que te vayas…
—No me voy a ir, Nik. Nadie hará que me aparte de tu lado, ¿entiendes? No tienes nada que temer.
—Es que yo… —parpadeó de nuevo, sintiendo su labio temblar otra vez.
— ¿Quieres hablar de ello conmigo?
Niklaus asintió.
—Pero no puedo hacerlo.
Edward, quien estaba a su lado y en silencio, observando todo, frunció el ceño con la vista sobre Niklaus. El niño le envió una mirada rápida. Apretó sus puños con fuerza al saber que o que le pasaba no podía contárselo a él. Edward sabia completamente que Chelsea le advirtió de algo.
— ¿Por qué no puedes decirlo? —Bella llamó de nuevo su atención, dándose cuenta de la mirada que le había dado a su padre.
—No me dejan…
— ¿Qué te parece si hablamos de eso en tu habitación? ¿Quieres que duerma contigo esta noche? —el niño asintió—. Está bien, pero prométeme que me lo vas a decir todo, ¿de acuerdo? ¿Sabes que es confiar en alguien?
— ¿Cuándo le digo a alguien que acabo de soltar una flatulencia? —Bella sonrió con simpatía y le besó la punta de la nariz.
—Sí, eso es confiar en alguien. Decirle cosas vergonzosas y que son secretas.
¿Confías en mí?
—Sí, yo te digo cuando suelto una flatulencia.
—Sí, muchas veces —ella arrugó la nariz—. Si confías en mi entonces puedes decirme lo que te pasa, cariño, ¿lo entiendes? —él asintió—. Entonces vayamos a tu cama y allí me cuentas todo porque estás enorme y mis delgados brazos ya no pueden contigo.
Niklaus se sonrojó y se puso de pie en el piso sin soltar una de las manos de Bella, manteniéndola fuertemente con la suya y se dirigió escaleras arriba, jalándola. Ella le dio una irada significativa a Edward otra vez, quien le estaba mirando un poco sorprendido. Estaba dolido porque su hijo no pudiera confiar en él a su corta edad. Bella sabía lo que estaba pensando, así que tomó su mano mientras subía con ellos y le dio un ligero apretón dando a entender que se tranquilizara.
Tenía que hablar con él más tarde.
Al llegar a la habitación de Niklaus, ambos se dirigieron a la cama con él. Edward se quedó de pie junto a la base de la cama en silencio.
—Nik, ¿te importa si tu papá se une con nosotros esta noche? También puedes confiar en él, es tu papá —Bella sabía que estaba presionando más de lo que debería pero Edward necesitaba saber lo que Niklaus iba a decir y Niklaus necesitaba saber que podía confiar en él.
—Sí —asintió, jalándola a la cama—, pero yo duermo en medio de ustedes dos.
—No hay problema con eso.
Los tres lograron acomodarse en la cama. Niklaus pegó su espalda el pecho de Bella, pasándose uno de los delgados brazos de Bella sobre él, atravesando su estómago y con su mano estaba jugando sus dedos. La mirada de Niklaus estaba sobre su padre, que estaba al otro extremo de la cama, mirándolos a los dos con fascinación.
—Papi… ¿estás enojado?
El ceño de Edward se relajó. ¿Por qué se estaba comportando así? Era mi probable que Niklaus no le dijera las cosas por miedo a lo que él pudiera decirle. Le sonrió con tranquilidad y negó con la cabeza.
—No estoy enojado, enano. Pero me gustaría mucho que me dijeras por qué despertaste de esa manera. Me asustaste, y sabes que no me gusta verte llorar.
Niklaus bajó la mirada sintiendo un poquito de arrepentimiento y después se arrastró en la cama para llegar donde estaba él y lo abrazó con fuerza, escondiendo su rostro en el cuello de su padre, retorciendo los dedos de sus pies, cubiertos de calcetines, contras las piernas de Edward.
—Lo siento —dijo el niño, abrazándolo con fuerza.
—Klaus, ¿Recuerdas que te dije que debías decirme todo lo que te pasara? —el niño asintió—. Debes hacerlo, hijo, así yo puedo ayudarte.
—Es que mamá me dijo que no te lo dijera —murmuró sin descubrir su rostro. Bella se acercó a ellos para poder escuchar lo que el niño estaba diciendo y le colocó suavemente una mano sobre su hombro, frotándolo un poco—. Pero ya no quiero que ella sea mi mamá.
Edward alzó la mirada, encontrándose con los ojos achocolatados de Bella. Los dos se encontraban confundidos. ¿Qué es lo que Chelsea le había dicho para que el niño comenzara a pensar de esa manera?
— ¿Qué te hizo Chelsea, enano?
—Me dijo que escogiera a ella o a Bella —su voz volvió a hacerse más aguda mientras hablaba por el llanto—… yo no quiero escoger. Yo quiero a mamá… y también a Bella. Ella se portó mal conmigo, papi. Ella me hizo llorar. No me gusta llorar en McDonald's… —se cuerpo tembló otra vez gracias al llanto. Edward apretó su agarre en él y besó sus cabellos—. Y ella me quería llevar al cine… yo no quería ir al cine, yo quería venir aquí… y después me dijo que si no la elegía a ella, ella… ella me dijo que se iba a ir y ya no iba a venir más. Ella no me quiere, papi.
Edward tragó pesado sin saber qué cosa decirle a su hijo… ¿Qué podía decirle en una situación como esa? Él lo único que quería hacer era hablar seriamente con Chelsea porque si ella fuera hombre entonces ya tendría el rostro destrozado. Miró a Bella a los ojos, pidiéndole ayuda en silencio.
—Nik, mi amor… ¿le contestaste a tu mamá?
—No, yo le dije que quería venir a ver a mi papá.
Bella suspiró, aliviada de que no hubiera sido forzado a contestarle a esa maldita perra sin corazón. Recargando su cabeza en una almohada, atrajo a Niklaus hacia a ella con suavidad.
—Nik, mírame, por favor, necesitas escucharme, ¿sí? —le beso los cabellos como lo había hecho Edward hacia un minuto. El niño se volvió hacia a ella con el rostro bañado de lágrimas. Bella las limpió con sus pulgares y le apartó los cabellos de la frente—. Tú no tienes que escoger a nadie, Nik, ¿lo entiendes? Ella no debió darte a elegir entre nosotras. Ella es tu mami. Y yo te quiero mucho, mucho, mucho, muchísimo. A mí no me molesta cuando pasas tiempo con ella… pero a ella sí le molesta cuando tú pasas tiempo conmigo.
— ¿Por qué?
—Tu mami está un poco celosa, mi amor. Yo ahora soy la novia de tu papá y paso mucho tiempo contigo. Tú sabes lo que es una novia porque tienes una, ¿no? —el niño asintió—. ¿Alguna vez has visto a Cara ponerse celosa? —el niño volvió a asentir—. ¿Y qué es lo que hace cuando se pone celosa?
—Ella quiere que me aleje de las otras niñas… —murmuró, mirándola a los ojos. Entones, su pequeña mente bastante desarrollada lo comprendió—. Mi mamá quiere que me aleje de ti. Cara quería que me alejara de Lucy cuando me vio con ella el primer día de clases.
Bella sonrió ligeramente al escuchar la comparación de Niklaus.
—Pero yo no quiero alejarme de ti, Bella —siguió diciendo el niño—. En mi sueño… mi mamá me llevaba con ella a su casa y yo ya no te veía.
—No, mi amor, no llores, tranquilo —se apresuró a decir Bella al ver como sus ojos se volvían a llenar de lágrimas—. Respira, está bien, no pasa nada. Estoy aquí contigo, no me voy a ningún lado —le apartó una lagrima que se le había escapado—. Tranquilo, no hay por qué llorar. Respira tranquilo —el niño obedeció, sacando el aire un poco tembloroso, y después de repetirlo un par de veces, volvió a mirar a Bella a los ojos—, ¿mejor?
—Sí… Bella… yo quiero decirte algo.
—Pues dímelo, Nik.
— ¿No te vas a enojar?
—No me voy a enojar.
— ¿Segura?
—Segurísima.
—Yo… —Niklaus suspiró y bajó la mirada al cuello de Bella, donde estaba esa delgada cadena de oro que tenía y a él le gustaba jugar—. Yo… yo quiero que tú seas mi mamá y no Chelsea…
La respiración de Bella se cortó al escuchar esas palabras de Niklaus. Su pecho se oprimió aún más y su corazón, el cual estaba totalmente desecho a ver a Niklaus tan devastado, se formó de nuevo, más grande esta vez. Su rostro se relajó al igual que su respiración al ver el rostro de Niklaus arrepentido de decir esas palabras.
— ¿Te molesta eso?
— ¡Oh no!, claro que no me molesta, Nik, no pienses eso —se apresuró a decir, mirándolo a los ojos—. A mí también me encantaría ser tu mami, pero…
—Yo no quiero a mi mamá como mi mamá —su labio comenzó a temblar y Bella se apresuró a pasarle el pulgar, deteniéndolo.
—Tranquilo, cariño, estoy segura de que no tengo ningún problema con que me llames de esa manera, al contrario, me hace muy feliz.
— ¿Quieres ser mi mamá Bella? —abrió en grande los ojos, brillantemente azules.
—Sí, quiero ser tu mamá Bella.
Se le formó una enorme sonrisa a Niklaus, y en un abrir y cerrar de ojos ya se encontraba abrazando con fuerza a Bella, apretándola mucho contra él sin borrar la sonrisa. Bella sonrió también, acariciándole la espalda muy levemente con la palma de su mano y besó sus cabellos, enviándole una mirada a Edward. El cobrizo estaba casi boquiabierto por la declaración de su hijo, sin embargo, cuando su mirada se encontró con la de Bella, sonrió, realmente contento de que por fin lo dijera.
— ¿Ya vas a dejar de llorar, cariño? —le murmuró Bella a Niklaus, abrazándolo contra su bien formado cuerpo.
—Ya voy a dejar de llorar, mami —le respondió el niño de la misma manera.
Bella se apretó aún más contra él sintiéndose totalmente extraña al ser llamada de esa manera.
—Pero no me quiero ir a dormir todavía —Niklaus apartó su rostro de Bella y le miró a los ojos, colocándole una mano en su cara. Bella le sonrió completamente en grande—. Quiero leer un poco, ¿sí?
Antes de que Bella pueda darle una respuesta, Niklaus ya se estaba poniendo de pie y fue a la pequeña repisa que estaba al otro lado del barco, con algunos libros para niños. Tomó el que había dejado pendiente para leer con Bella y corrió de nuevo a la cama, saltando y colocándose a su lado.
—Ven, papi, aquí —Niklaus palmeó el otro lado libre para que se acercara más a él. Edward lo hizo de inmediato e imitó a Bella, quien ahora tenía la espalda pegada a la cabecera de la cama. Ella le sonrió sin poder creérselo aun—. Vas a ayudarme a leer, ¿sí?
—Voy a ayudarte a leer —asintió Edward, besándole la cabeza y pasó su brazo por la espalda de Bella hasta descansar su mano en su cintura.
Klaus los miró por unos momentos, analizándolos mientras mordía su labio, y cuando su papá sonrió, él también lo hizo, como si se tratara de un espejo. Se acomodó entre ellos, colocando sus codos en cada uno de los estómagos de los adultos.
—Leeremos… "Los sesetros de los monss… monss…"
—Monstruos.
Niklaus le frunció el ceño a su padre.
—Yo puedo decirlo.
—Sólo estaba…
— ¡no! ¡Shht! —le puso su dedito en la boca, haciéndolo callar—. Yo puedo, dije.
—Nik, tu papá sólo estaba ayudándote. Aun no eres capaz de pronunciar bien tantas consonantes juntas —dijo Bella, apartando su dedo de la boca de Edward—. Así que no le hables así a tu papá, ¿bien?
Niklaus bajó la mirada, pegando su barbilla a su pecho.
—Enano… Bella no te regañó, yo sólo estaba intentando ayudarte, no te sientas mal —la voz de Edward sonó suave mientras que con su mano libre despeinaba los cabellos de Niklaus.
Bella le envió una mirada a Edward de ¿Enserio estás diciendo eso? Ella realmente le estaba riñendo. Niklaus no podía hablarle de esa manera a su padre. Tal vez era algo bastante leve o "inofensivo" pero así era como comenzaba a decirle más cosas conforme pasaba el tiempo.
—Creo que será mejor que comencemos a leer —la voz de Bella se hizo escuchar y abrió el libro en la primera página—. Nik, empieza, por favor, estoy segura de que ya has avanzado mucho.
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Los siguientes días pasaron demasiado rápido. El colegio de Niklaus le había dado tareas extras como: hacer varias planas que decían "Debo comportarme como un buen niño en clase", pero apenas y tenía tiempo de hacerlos el día miércoles. Su día estuvo bastante ocupado y el de Bella fue de igual manera. El día jueves, Niklaus se había negado por completo a salir con su madre, lo cual Edward se lo dejó saber con sólo un mensaje de texto. Él no estaba listo para hablar del tema de Niklaus realmente. Eso sería en persona. La tarde del jueves, Bella acompañó a Niklaus y Edward con su asesor de imagen para poder escoger el atuendo que usarían en la semana de la moda.
—Y… Niklaus trajo lo que él quiere usar ese día —anunció Edward sin dirigirse en realidad a alguien en específico.
— ¿Enserio? —la voz de Gio se hizo escuchar por la habitación mientras miraba montones de trajes estúpidamente caros. Había un montón de opciones… —. De acuerdo, pequeño ícono de la moda, dinos, qué tienes para mostrarnos?
Los ojos de Niklaus brillaron mientras corría a traer una bolsa negra que normalmente se usaba para guardar allí los trajes de gala. Una vez que logró sostenerlo con cuidado, corrió hacia un probador. Niklaus gritó el nombre de Bella tan sólo una vez y ella entró para ayudarle con su atuendo. Minutos después salió Bella, y cuando el pasillo quedó solitario, Niklaus abrió la puerta y salió con una sonrisa de oreja a oreja.
—Debes estar bromeando… —murmuró Gio. Todos en la habitación tenían una sonrisa de diversión en el rostro excepto por él. Observar a un niño de seis años tomar una iniciativa para escoger lo que llevaría puesto aun sin saber muy bien en lo que consistía eso, era muy divertido de ver. Edward se dejó caer en una de las sillas de madera que estaba detrás de él sin dejar de reír.
— ¡No puedes estar hablando enserio! —Siguió exclamando el hombre—. Definitivamente no, ¿Qué es lo que sigue? ¿Tú vistiéndote de rana o algo así?
La mirada de Gio no se apartaba del niño que se movía felizmente por toda la habitación, regalando sonrisas y risas. Estaba enfundado en un suave disfraz de ardilla. ¡Tenia cola peluda también! Miró con horror como el niño seguía alrededor hasta que se posó frente a él.
—Yo usaré esto —declaró, cruzándose de brazos.
—Pero por supuesto que tú no vas a usar eso en una alfombra roja con un montón de cámaras sobre ti, pequeñajo, ¿estás loco? ¿Cómo piensas que van a reaccionar al verte así?
—Vamos, Gio… es un niño de seis años, ¿Qué cosa pueden decir?
— ¡¿Sabes las cosas que Joan Rivers puede decir de él?!
— ¿Quién es Joan Rivers? —preguntó Niklaus con inocencia mientras miraba fijamente un espejo a pocos metros de él y fue a reflejarse, haciendo muecas.
Bella ahora estaba junto a Edward, mirando con cierta determinación a Gio, un hombre homosexual que era muy amigo de Tyler, el fotógrafo gay. El chico le agradaba… pero cuando alguien cuestionaba algo que a él le fascinaba no había nadie que hiciera que callara esa boca tan mal sonante. Por suerte, lograba contenerse un poco cuando Niklaus estaba allí.
—Es una mujer que está más estirada de la cara que el resorte de los pantalones del Profesor Chiflado —contestó Gio a la pregunta del niño—. Pero no sigamos discutiendo sobre eso. Ustedes dos —señaló al niño y a Edward, quien estaba sonriendo con diversión contra el brazo de Bella, quien se encontraba ahora sobre sus piernas—, van a usar Burberry, ¿de acuerdo?
— ¿Creí que preferías Armani?
—Sí, pero últimamente lo has usado, es hora de cambiar. Además, Burberry me convence un poco más —Gio le guiñó el ojo y se volvió hacia una de sus asistentes que llevaba con ella un pequeño coche-perchero donde estaban colgando los trajes. Uno era más pequeño para Niklaus—. Manos a la obra, por favor. Debemos ver que tal te queda esto, querida —dijo Gio en voz baja, concentrado en todas las cosas que hacía. A Edward no le molestaba que se dirigiera a él como si fuera una chica, sino todo lo contrario, le causaba gracia.
— ¿Y cuándo puedo usar mi traje de ardilla? —Niklaus volvió a aparecer, luciendo adorable con las mejillas manchadas de rojo por las fresas que una de las asistentes le había dado.
—Nene…seguro que Halloween es una buena opción.
Y con eso, Gio dio la vuelta, dándole la espalda y comenzando a ladrar órdenes.
Niklaus le sacó la lengua y le hizo gestos sin que él lo viera, al mismo momento en que se despojaba de su ropa.
—Yo sé más de moda que él —dijo seguro de sí mismo.
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—Papi, ¿vamos a salir en revistas? —preguntó Niklaus mientras miraba todas las cámaras y todas las personas esperando por ellos mientras la limusina se estacionaba en su lugar.
—Sí, al parecer sí, enano. ¿Estás nervioso?
—No —contestó entusiasta mientras miraba la otra limusina detrás de ellos—. ¿Allí está mamá Chelsea?
—Sí, allí está Chelsea. Vas a comportarte, ¿cierto? —Niklaus asintió—. Nada de hacer berrinches, ¿de acuerdo?
—De acuerdo.
— ¿Te vas a portar bien como lo dijo Bella?
— ¡Sí! ¡Me voy a portar bien como lo dijo Bella! ¿Ella también viene?
—Ella se va a quedar en el hotel, enano, ella no viene. Pero estoy seguro de que ella se vería hermosa con un vestido bastante bonito, ¿no crees?
—Pero ella es bonita sin vestido.
—Sí, pero todas las mujeres se ven más hermosas con vestido —aseguró Edward, sintiendo como se detenía el auto.
Acher volvió la cabeza hacia a ellos cuando la ventanilla que dividía la parte trasera con la delantera se bajó por completo.
— ¿Está listo, señor?
— ¿Estás listo, enano? —le preguntó Edward a Niklaus, arreglando su corbata.
—Estoy listo, papi.
— ¿Me das un beso?
Niklaus miró alrededor, y una vez que se aseguró de que Acher no estaba viendo, se inclinó para darle un corto beso a su papá y después se separó sonriendo.
—Te amo, campeón.
—También te amo, papá —respondió sonriente—. ¡Vamos! ¡Salgamos de aquí!
—Estamos listos, Acher.
Y de inmediato, Acher salió para dar la indicación de que abrieran la puerta para Niklaus y Edward. Inmediatamente el niño se bajó sonriente y fascinado por todas las cámaras y un montón de gente que había alrededor. Cuando Edward bajó también del auto, tomó la mano de Nik, asegurándose de que no corriera por el lugar. Se apenaba bastante de que Bella no hubiera asistido. Ella estaba segura de que a Niklaus se le saldría el: Bella es mi mamá ahora. Y Edward estaba seguro de que Chelsea haría un escándalo. Así que habían optado porque ella se quedara en el hotel. Edward hablaría seriamente con Chelsea más tarde esa noche.
Casi de inmediato, Edward pudo divisar la delgada y alta figura de Chelsea colocarse al otro costado de Niklaus con una brillante sonrisa de dentadura totalmente brillante. Cuando Niklaus miró a su madre, inmediatamente se le formó una sonrisa porque por fin había logrado lo que quería: tener a su papá y a su mamá juntos y que todo el mundo los viera.
Era un niño bastante inocente en ese aspecto, y Edward lo sabía. Pero esa noche, él definitivamente no dejaría que la bruja se aprovechara de su hijo.
—Señor, ¿debo mantener apartada a la señorita Ivanov del joven Niklaus? —la voz de Acher se escuchó muy cerca de su oído. Edward frunció el ceño, pensando en las ventajas y desventajas de esa acción.
Finalmente sacudió la cabeza en forma negativa al mismo tiempo que observaba a Chelsea inclinarse un poco para arreglar el cabello de Niklaus.
—No, está bien, Acher. Sólo no dejes que él responda preguntas.
—Señor —Acher asintió y tomó su lugar junto a ellos, con la vista alrededor.
—Edward, Chelsea, ¿están listos?
Una mujer de cabello oscuro y liso, con un traje caro y con un portapapeles en la mano, se acercó a ellos, tocándolos a cada uno por un brazo. Edward le recordaba vagamente como la asesora de Chelsea. La mujer era casi odiosa, comenzando por querer mostrar en todo momento a Chelsea.
—Estamos listos —contestó Chelsea en voz de todos, asegurándose de atraer hacia a ella al pequeño.
La mujer morena les sonrió falsamente y, después de enviarle una mirada despiadada a Klaus, se apartó y les dio un suave empujón para que caminaran hacia la alfombra roja, donde muchos fotógrafos estaban casi esperándolos y tomando fotografías vagamente a las demás celebridades.
—Edward, amor —llamó Chelsea mientras se dirigían hacia a él— has uso de tus buenas habilidades como actor y sonríe como si fuéramos una bonita familia feliz.
—No se puede —contestó Niklaus—. Necesitamos a Bella para ser feliz.
Y entonces, Chelsea se puso roja. Apretó sus puños, enterrándose las falsas uñas en las palmas de su mano. Estaba furiosa por el comentario que Niklaus había hecho. Edward no sabía si preocuparse o sonreír por la actitud de Chelsea. Simplemente optó por hacer lo segundo. Tomó a Niklaus de la mano y de dirigieron frente a las cámaras.
Niklaus era un experto en eso. Su padre le había acostumbrado a estar frente a ellas todo el tiempo cuando iban de visita a su hotel donde él había tenido un partido. Y Niklaus amaba por completo toda la atención que le estaban dando. Se mantuvo quieto, con una enorme sonrisa y las manos dentro de los bolsillos de sus pantalones, su sonrisa resplandecía. Sus hoyuelos se marcaban… y era una copia exacta de su padre.
Chelsea se les había unido y había colocado la misma sonrisa falsa de siempre. El tiempo en ese lugar se le estaba haciendo a Edward demasiado largo, sin embargo, cuando la misma mujer morena le tocó el brazo para que ya saliera de allí suspiró aliviado y sintió como Niklaus le apretaba la mano. Bajó la mirada y se encontró con una sonrisa.
— ¡Lo logramos!
Edward rio y en un acto de reflejo se inclinó a besar sus cabellos.
—Por suerte lo logramos.
Y entonces, frente a ellos aparecieron Kelly Osbourne y algunas cámaras con luces rojas encendidas. Niklaus inmediatamente se acercó a la pierna de su padre, estirándose para que lo cargara en sus brazos. Edward lo hizo de inmediato.
— ¡Hola!
Kelly tenía suerte de que Edward fuera muy caballero con las mujeres en ese tipo de situaciones, sino, éste contestaría de manera casi brusca y desganada. Era por eso que siempre le asignaban mujeres para las entrevistas.
—Hola, Kelly —saludó Edward con "su voz irresistible".
— ¡Trajiste a tu divino bebé! —Exclamó ella, con su acento británico tan marcado como el de Niklaus y Edward—. Eres una preciosidad. Y todo un galán.
Niklaus sonrió arrogante, y en un gusto que nadie se esperaba —excepto, tal vez, su padre—, le guiñó un ojo sin deja de sonreír.
—Lo sabía.
Edward rio por lo bajo al escucharlo y Kelly se rompió a reír a carcajada limpia.
—Pues sí quieres todo un galán. Igual a tu padre.
—Él simplemente aprende del mejor —dijo Edward con simpatía.
—Y han venido muy guapos los dos… —comentó la mujer que tenía los cabellos pintados de color lila—. ¿Qué es lo que están usando?
—Tu cabello es como el de la novia de Zayn Malik —apuntó Niklaus, mirándolo con detenimiento y asintió, seguro de sí mismo.
— ¿Cómo sabes eso, pequeño?
—A mi novia le gusta Zayn Malik, y Perrie es su novia —asintió, moviendo los pies que colgaban en las caderas de su padre.
—Eres muy observador —dijo Kelly con una sonrisa genuina todavía en el rostro— ¿Sabes cuál es la marca de ropa que llevas puesto ahora?
— ¡Pues claro! —Alzó la voz—. Es Burberry. Mi papá y yo la estamos usando.
—Y has venido con tu mamá… —Kelly alzó la voz y miró detrás de ellos, inmediatamente Edward y Niklaus voltearon a ver a Chelsea acercándose a ellos con una sonrisa— Chelsea Ivanov.
—Hola Kelly —ellas intercambiaron besos en ambas mejillas con las atentas miradas de Niklaus sobre ellas—, qué alegría volver a verte.
—Luces hermosa, Chelsea, ¿podemos saber que estas usando?
—Es de la nueva colección de Dior —dijo, dando vueltas para que la cámara pudiera ver muy bien su vestido.
—Excelente elección, como siempre, ¡y has venido con tu hijo! Dime, ¿es cierto eso de que están intentando construir de nuevo su relación por el bien de Niklaus?
Edward palideció ante semejante pregunta. ¿Cómo se le ocurría hacer ese tipo de estupideces aun teniendo a Niklaus presente? ¡Era como si ellos no estuvieran allí! Apretó sus manos en puños e intentó controlarse. Antes de que él pudiera decir algo, Niklaus ya estaba con el ceño fruncido y los brazos cruzados, interviniendo.
— ¡No es cierto! ¡Mi papá ama a Bella!
Y entonces, todos en su pequeño grupo, se quedaron sin habla. Edward tenía una ligera sonrisa en su rostro al escuchar las palabras de su hijo. Chelsea estaba echando humo por las orejas y nariz. Y Kelly estaba más que anonadada.
—Pues… yo creo que… —comenzó a decir la mujer de cabellos lila. Pero Niklaus volvió a hablar.
—Así que ellos no están juntos.
Y milagrosamente la mujer de cabellos negros y lisos apareció. Edward se preguntó dónde mierda estaba. Ella era tan inoportuna todo el tiempo y todavía se daba el lujo de no hacerlo en los momentos que él más lo necesitaba.
—Es hora de avanzar.
Inmediatamente Edward lo hizo, llevándose a Niklaus con él, mientras el niño se despedía bastante entusiasta de Kelly. Le hizo un gesto a su mamá y le sonrió. Chelsea sólo lo miró sin devolverle el gesto, cosa que intimidó a Klaus y se encogió en los brazos de su padre mientras entraban al edificio.
La estadía dentro del edificio era bastante extraña, justo como Edward sabría que seria. Se ponía nervioso al estar rodeado de todas esas personas, como siempre. Pero, al igual que los otros días en los que Edward se había obligado a estar, pudo sonreír y ser simpático y amable con las personas que buscaban entablar una conversación.
Y Niklaus estaba casi tomado de la mano por Chelsea a la fuerza. El niño se miraba aburrido allí sentado, balanceando sus pies sin hacer nada en realidad. Chelsea estaba hablando con una mujer que parecía ser muy importante en ese evento. Ninguno de los dos Cullen lo estaba disfrutando. Edward fue a tomar asiento junto a Niklaus, quien miraba con aburrimiento las camas que estaban siendo colocadas por todo el lugar, pasó un brazo por detrás de la silla del niño y se acercó a susurrarle.
— ¿Te gusta estar aquí?
Klaus agitó la cabeza en forma negativa.
—Es aburrido.
—Sí, pero vamos a poder ver que es lo que van a usar todas las mujeres la siguiente temporada.
—Pero ellas no son normales.
— ¿Ah no?
—No.
— ¿Por qué no?
—Están muy delgadas…
—Pero Chelsea esta de esa manera.
Niklaus miró a su madre, que estaba haciendo además con sus manos para expresarse. Sí estaba demasiado delgada también, pero ella no estaba por allí, caminando por las pasarlas. Claro que Chelsea lo hacía, pero tenía un poco más de cuerpo porque estaba comenzando a modelar vestidos de gala y trajes de baño. Nunca le gustó estar demasiado delgada.
—Pero ella es un poco más gordita —susurró Niklaus a su papá.
Edward se soltó a reír, llamando la atención de algunas personas y los pocos fotógrafos que estaban comenzando a llegar reaccionaron. Niklaus rio con él también, mirando a su padre y no a otro lugar porque todo le intimidaba.
—Será mejor que ella no escuche eso porque estaríamos en cierto problemas —logró decir Edward una vez que terminó con su risa—. Pero ella no está "gorda", solo tiene un poquito más de grasa.
—Ew —Niklaus arrugó la nariz y se estremeció, después, bajó la mirada a su estómago y se picó con el dedo índice—. ¿Estoy gordo?
— ¿Gordo? ¿Tú? —el cobrizo bufó—. No, no eres gordo, además, no tienes muchas probabilidades de ser gordo porque nadie de la familia lo es, ni siquiera la familia de tu mamá.
— ¿Bella?
Edward sonrió ligeramente.
—No, enano, de Chelsea. Aunque la familia de Bella tampoco es gorda… creo.
— ¿Y si Bella se pone gorda?
Edward se quedó en silencio durante unos momentos, procesando la pregunta que su pequeño hacia hecho. ¿Si Bella fuera gorda? Joder, aun así la amaría por su jodida actitud.
—Pues igual la amaremos, ¿no crees?
— ¡Sí! Aunque me gusta más cuando está delgada porque así puedo rodearla con mis brazos —alzó los brazos sonriendo—. ¿Te puedo decir un secreto?
—Claro.
Edward se agachó y las luces se apagaron por completo sólo con una enfocada en medio de la tarima. A Niklaus no le importó y se inclinó hacia a él.
—Mamá Bella tiene más boobies que mamá Chelsea —susurró y después se apartó todo sonrojado.
Edward volvió a reír, y agradecido que en ese momento una canción comenzara a sonar muy fuerte porque no sería muy agradable escuchar su risa por toda la habitación. Niklaus lo miraba con atención y el rostro sonrojado.
— ¿Así que tiene más boobies?
—Sí, así las llama la tía Alice. Tía Alice no tiene boobies, ¿Cómo le va a dar de comer a sus bebés?
—Bueno, enano, cuando las mujeres van a tener un bebé, las boobies crecen también. No mucho, pero lo hacen.
— ¿Y qué pasa con las boobies de la abuela Renée? —Niklaus abrió en grande los ojos, recordando—. ¡Las de ella van a ser muy enormes cuando tenga bebés!
Edward hizo una mueca. No era muy agradable tener la imagen de los senos de su suegra en la mente. Era cierto que Renée estaba muy proporcionada en esa parte de su cuerpo. Era exagerado, y según, por lo que le había escuchado decir una noche, durante la cena, eran orgullosamente naturales. Se estremeció al recordarlo, ¿le habían quedado así de grandes pues de tener a Bella? ¿O fueron más grandes?
—Enano, tu abuela Renée ya no puede tener más bebés… y no imagino como serian si pudiera tener. No sería muy normal.
Niklaus se quedó pensativo por unos momentos.
— ¿Los de Bella van a crecer si tiene un bebé? —el tono molesto de Niklaus al hacer esa pregunta hizo sonreír a Edward. Su pequeño no era de los que pensaban en tener hermanitos porque sabía que por un tiempo, la atención se apartaría de él.
—Probablemente —asintió, contestado como si no se hubiera dado cuenta de su tono de voz.
—La boobies de Bella son mucho más cómodas —la voz de Niklaus bajó un poco cuando una mujer que vestía muy elegante se paró en la tarima y comenzó a hablar de cosas de la moda—. También son una buena almohada.
Edward sonrió de manera simpática. Sabía que debería estar poniendo atención a la mujer allí arriba pero simplemente no podía hacerlo porque el tema de conversación que estaba teniendo con su hijo era muchísimo más divertido y entretenido. Aun cuando él estaba hablando de lo cómodas que eran los senos de Bella. Joder… lo que Edward daría por estar en esos momentos probándolos. Carraspeó y alejó los pensamientos.
— ¿Lo son?
—Sí, cuando duermo con ella se sienten bien.
—Creo que no deberíamos estar hablando de las boobies de Bella, Klaus, ¿no crees que se molestaría un poco?
Klaus se encogió de hombros, mirando vagamente a la mujer en la tarima.
—A Bella no le dan pena muchas cosas. Y tampoco a Cara. Cuando hablamos de popo, o de pedos, o cosas asquerosas en el colegio, Cara no hace fuchi, ella también participa.
Edward hizo una mueca.
—Enano, mejor pongamos atención, ¿sí? Podemos hablar de eso después.
—Pero yo no quiero —Niklaus hizo un puchero y antes de poder decir otra cosa, Chelsea le colocó la mano en el brazo, llamando su atención. Ella se inclinó hacia a él y le habló al oído.
—Siéntate bien y guarda silencio —dijo con los dientes apretados, mirando como las cámaras se dirigían a todas partes. Las luces de colores comenzaron y la mujer que estaba hablando había salido del escenario—. Compórtate.
Niklaus se quedó quieto por unos momentos y después, con un puchero formado en su boca, se sentó, con la espalda pegada al respaldo de su silla y lo pies colgando y balanceándose de un lado a otro. Mordió su labio inferior, queriendo que Bella estuviera allí con él y lo mantuviera sobre sus piernas.
Las siguientes dos horas fueron lo peor para Niklaus. Y mucho peor para Chelsea, quien estaba pasando por una gran vergüenza. ¿En qué estaba pensando al querer traer al niño con ella? Edward, por otro lado, respondía a todo lo que Niklaus le decía pero intentaba terminar la conversación a las dos primeras contestaciones.
Klaus había sacado del bolsillo de su padre el teléfono celular y había comenzado a jugar las decenas de juegos que Edward tenía descargados para él. Con el volumen siempre bajo. Cuando se aburrió, comenzó a mover sus pies aún más fuerte e intentó golpear la parte baja de su asiento con los talones. Lo único que logró fue golpear por accidente a su madre, ganándose una mirada reprobatoria de su parte. Finalmente, cuando decidió que ya no podía permanecer en esa silla, se puso de pie bajo la atenta mirada de Edward y Chelsea, y se sentó con las piernas cruzadas en el suelo. Antes de que Chelsea pudiera hacer un gesto malinterpretado por las cámaras, Edward se inclinó hacia a Niklaus y le susurró algo en el oído algo que de inmediato hizo que Niklaus se pusiera de pie y se sentara en las piernas de su padre, aun con los pies balanceándose. Entonces, a partir de ese tiempo, Niklaus se mantuvo entretenido mientras jugaba una lucha de pulgares con su papá. Sin embargo, la vista de Edward estaba sobre las modelos que pasaban una y otra vez por la tarima como si nunca tuviera fin.
Cuando todo terminó, Niklaus se encontraba moviéndose de un lado a otro. Edward y Chelsea saludaron a más personas, agradeciendo y sonriendo, y conversando mientras el niño se paraba en la tarima y caminaba contando sus pasos. Chelsea fue a recogerlo de allí cuando el niño se volvió a perder en el setenta y le miró con reprobación.
— ¿Qué estás haciendo?
—Estoy jugando.
—Ven, necesito que conozcas a alguien.
Niklaus alzó la vista hacia las personas que tenían las miradas sobre él. Eran dos señoras de mediana edad, con un señor un poco más bajo que su papá y una adolescente. Niklaus hizo una mueca en su dirección y volvió la vista a su madre.
—No. No quiero.
—Kai, no te estoy preguntando si quieres.
—Que no, dije —el niño frunció el ceño y observó como su padre se despedía de otra mujer y volvía hacia a él. Niklaus corrió a sus brazos y fue levantado por Edward, felizmente—. Papi, ¿ya podemos irnos? No me gusta estar aquí, aburre mucho.
—Claro que sí…
—No, aun no se van a ir —intervino Chelsea, mirando a Edward con los ojos entrecerrados—. Necesito que Kai venga conmigo a conocer a algunas personas.
—Yo no quiero ir —Klaus se cruzó de brazos—. Quiero ir con Bella a-ho-ra.
—Bueno, ya fue bastante de todo ese show que tienen con esa mujer, ustedes dos. Deberían respetarme por lo menos los días que estoy en este lugar. ¡Ni siquiera los veo seguido! —Chelsea estaba haciéndose la victima… otra vez.
Edward sacudió la cabeza en silencio, pensado en tomar a Niklaus y alejarse de allí con paso veloz y después ir al hotel donde Bella se había quedado. Le desagradaba la idea de dejarla encerrada en el hotel. Pero ella había insistido, y se había puesto en el plan: "Yo gano esta vez". Así que ninguno de los dos pudo hacer mucho.
—Precisamente por eso es porque no mereces respeto. No vienes seguido, así que, Chelsea, deberías despedirnos de tus amigos y decirles que tu hijo no se siente muy bien y necesita ir con su padre a descansar, ¿de acuerdo? —Edward le dedicó una sonrisa cínica y comenzó a alejarse—. Estamos en contacto, Chelsea.
Entonces, Edward y Niklaus desaparecieron de la habitación sin ser el centro de atención de las personas que estaban allí. Klaus estaba sonriendo con la barbilla recargada en el hombro de su papá mientras se despedía de su madre con un gesto de mano. Chelsea gruño y apretó los puños con fuerza. Ella tomó una gran respiración y se volvió a las personas que estaban conversando entre ellas con una falsa sonrisa de disculpa.
El camino fuera del edificio fue como todos los demás: llenos de camarógrafos hambrientos por nuevas imágenes y escándalos. Niklaus mantuvo las gafas de sol que le había dado Edward y así los flashes de las cámaras no le molestarían tanto. Los camarógrafos estaban gritando cosas como: "¿Qué pasa ahora que tienes nueva mamá, Niklaus?", "¿Te gusta tu nueva mamá?", "Edward, ¿qué se siente trabajar con tu novia y amante?"… ese tipo de cosas casi nunca le habían molestado a Edward, pero cuando involucraban a su hijo y a Bella era otra cosa. Le faltó poco para lanzarse contra uno de ellos pero por suerte no fue así. Se recordó que tenía a Niklaus en sus brazos y no sería nada bueno.
— ¿Estás listo? —preguntó Edward frente a la puerta de la suite en la que se encontraba Bella.
— ¡Vamos a ver a mamá! —exclamó Niklaus contento, mirando como su padre pasaba un tarjeta por una ranura y la luz se ponía verde, seguido de unos códigos que Edward marcó junto a la puerta.
La enorme puerta se abrió, dejando ver lo que era la hermosa, elegante, ostentosa y cara Empire Suite en la que se habían quedado del Four Season. Entraron en silencio, esperando que Bella se encontrara en la habitación o en algún lugar en el que pudiera ser sorprendida. Pero no fue así. Ella estaba sentada con las piernas estiradas sobre los enormes sillones y con la mirada concentrada sobre un grueso libro que parecía antiguo.
Por suerte aun no les había notado. Niklaus se escabulló por la orilla de la enorme habitación, evadiendo algunos muebles en su camino hasta posarse detrás del sillón de Bella. Edward caminó hacia a ella mientras se quitaba el saco y lo dejaba sobre uno de los tantos sillones que había allí. Cuando llegó a ella, le quitó el libro de las manos, mirando y memorizando el número de página en la que estaba porque si la perdía, eso no sería divertido, sino todo lo contrario.
—Oh… Hola —dijo un poco desconcertada, estudiándolo con la mirada—. No te escuché llegar —murmuró, y miró alrededor—. ¿Dónde está Nik?
—Mmm… él se quedó con su madre esta noche —dijo Edward en voz baja, dejando el libro a un lado y se inclinó hacia a ella para besarlo, pero en cuanto Bella comprendió las palabras que Edward le había dicho, reaccionó, agitando la cabeza.
— ¿Qué? ¡¿Dejaste que mi bebé pasara la noche con esa mujer hija de…?!
—Shh… —Edward se apresuró a cubrir sus labios con los suyos antes de que soltara la palabrota aun con Niklaus presente y escondido detrás del sillón—. No pasa nada.
— ¿Que no pasa nada? ¿Acaso tú estás…?
— ¡Mami! —Gritó Niklaus al mismo tiempo que saltaba para hacerse notar detrás del sillón e hizo que Bella pegara un salto y se llevara la mano al corazón cerrando los ojos—. ¡Mira mami!
Bella abrió los ojos inmediatamente para ver al niño, quien le estaba teniendo un enorme ramo de hermosas rosas rojas. Ella, aturdida por el gesto, las tomó, mirándolas anonada.
—Son para ti —dijo Niklaus al mismo tiempo en el que se sentaba en el sillón, después de deshacerse del saco, como lo había hecho su padre hacia unos momentos.
—Cariño, muchas gracias —dijo ella son una sonrisa y miró a Edward, agradeciéndole a él también, sabiendo que la idea era de él. Se estiró a besar los labios de dar de nuevo y bajó la mirada a Niklaus, quien estaba muy sonriente a su lado—, ¿tú lo has escogido?
Klaus negó con la cabeza mientras intentaba aflojar la corbata alrededor de su cuello.
—Papá las eligió.
—Pues son demasiado hermosas, muchas gracias a los dos —dejó el ramo de rosas en la mesa continua y se apresuró a quitarle la corbata a Niklaus—. ¿Qué tal les fue?
Como respuesta, Edward rio por lo ajo y Niklaus gimió.
—Fue bueno.
—Fue horrible —contestaron los dos al mismo tiempo. Se dirigieron una mirada con los ojos entrecerrados y volvieron la mirada a Bella—. Fue aburrido —siguió diciendo Niklaus.
—No creo que haya sido tan aburrido, cariño. Es sólo que a ti no te gusta mucho eso.
—No, no me gusta —arrugó la nariz.
— ¿Qué les parece si me cuentan todo lo que sucedió allí en la cena? Mientras no estaban decidí que iba a preparar algo de comer. Me estaba aburriendo demasiado y necesito que ustedes dos vayan a ducharse.
—Nena, no olemos tan mal —Edward rodó los ojos.
—No, pero yo quiero que vayan a asearse. ¿Planeabas acaso ir a dormir con esa ropa puesta y sin darte una ducha al menos?
—Yo…
—Papá siempre lo hace así —interrumpió a su padre con una sonrisa maliciosa—. Nunca toma una ducha cuando usa uno de esos trajes —lo señala.
Bella le envió una mirada de reprobación a Edward y sacudió la cabeza, desabrochando la camisa de Niklaus.
—Pues debería darte un poquito de pena, Edward. Deberías ser más limpio.
—Nena…
—Por favor, cariño. No voy a dejar que te metas a la cama conmigo si no tomas una ducha. Estos sillones son muy cómodos —pasó una mano por el brazo del sillón de manera dramática y Edward entrecerró los ojos—. ¿Lo harás? Porque esta noche podríamos…
Edward abrió los ojos en grande y se alivió que Niklaus se distrajera con el sonido de una nueva notificación de un juego del celular de Bella.
—Iré a ducharme —se apresuró a decir y tomó a Niklaus de las axilas—. Enano, tú vienes conmigo.
—Pero yo quiero jugar…
—Pero mamá dice que tienes que tomar una ducha —se lo echó sobre el hombro y se volvió hacia a Bella para besarle la nariz—. Te prometo que estaré muy limpio.
—Será un gusto volver a ensuciarte —dijo ella con la voz ronca y después se puso de pie rápidamente, tomando una actitud "normal"—. Nik, cariño, recuerda lavar detrás de tus orejas y rodillas.
—Lo haré, mamá —logró decir Niklaus mientras intentaba jugar el teléfono y era llevado por su padre a una de las enormes habitaciones.
Con una sonrisa, Bella fue a la cocina para poder encender el horno de nuevo y calentar la comida que estaba ya preparada desde hacía casi una hora. Estaba a punto de sacar el jugo del refrigerador del sabor favorito de Niklaus cuando escuchó los golpes en la puerta. Frunció el ceño y su dedo pulgar se detuvo en su boca, que estaba siendo saboreado porque se había embarrado un poco de puré de papa. Caminó descalza por el pasillo hasta la puerta y la abrió, segura de que la seguridad de la noche que había contratado Edward no dejaría pasar desconocidos.
Su rostro no demostró ninguna expresión al ver de quien se trataba.
—Chelsea… ¿se te perdió algo por aquí?
¡Por fin! Un poquito más tarde de la hora habitual en la cual actualizo pero aquí está. Perdonen mis faltas de ortografía, pero son las prisas.
¿Qué les ha parecido? ¡La escena de Niklaus llorón ha sido muy larga! ¡Más de lo que yo esperaba escribir! También tenemos algo de Chelsea... No mucho de Edward/Bella pero probablemente en el siguiente haya algo. ¿Y la acitud de Niklaus? volvimos a tenerlo un poquito arrogante y todo un galán otra vez. ¡Y LAS BOOBIES DE BELLA!
Gracias a: NoeLiia, danitta20, Dahia Mereles, .Cullen, Nandita21unexplained , Fran Ktrin Black , whit cullen, AleLupis, maferpatts, zonihviolet, salyluna, Tecupi, Kristenst, Twilight Raquel-Carolay , Annaniicolle, Manligrez, Nyx-88, MONELITA CULLEN, mireca22, maiisa, dracullen, MelLutz L, Nessie Joan Pattinson Stewart, Babi, theparadise, NinaCordova, PEYCI CULLEN, Emm Masen McCarty, solecitopucheta, Karliie7, Brenda-Cullen-Ivashcov, Manue Peralta, Maya Masen Cullen, Beastyle, pera l.t, Tata XOXO, yolabertay, torposoplo12, juoy, AdriLopez, liduvina, Angel twilighter, My Dear Lost Soul, luz, Nadiia16, Gretchen CullenMasen, KeyAl, ValeWhitlockGrey, belkis lagos vasquez, aguabellisima, Angelus Cullen, INDI02, Melania.
¡Son una cantidad de reviews en un sólo capítulo que nunca antes había tenido! :') Muchas gracias.
A todos los que me agregaron a favoritos, alertas y los que leen mi historia cuando no leen una incompleta también, gracias, y a todos los anónimos :)
Para los que se quieran unir al grupo de facebook aquí está, allí se pubican fotos y las sesiones de fotos que Niklaus tiene o cualquier tipo de imagen referente al fic: groups/170869393079182/
¿Reviews?
¡Nos leemos pronto!
