Disclaimer: Los personajes son propiedad de Meyer, la historia es de mi imaginación.

Summary:

"Edward Cullen, el jugador de fútbol más exitoso tiene una vida bastante complicada con un revoltoso niño de cinco años. Lo que menos necesita ahora mismo es esa atractiva mujer que llegará a controlar su carrera y probablemente su corazón."


CAPÍTULO VEINTITRES

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El tono de voz de Bella fue lo que más sacó de quicio a la súper modelo que se encontraba frente a la puerta, con las manos en jarras, vistiendo el elegante vestido que, Bella supuso, se había puesto para el evento de esa noche. Bella, por otro lado, estaba vestida de una manera en la que no era bueno que Chelsea la viera, y menos cuando ella sabía que su hijo y Edward estaban en el mismo lugar que ella, respirando el mismo aire. Su atuendo consistía en un camisón de seda color negro, a la mitad de su muslo y con las mangas largas hasta casi llegar a las muñecas. El rostro de Chelsea se puso completamente rojo al verla vestida de esa manera.

— ¿Y bien? —Volvió a preguntar Bella, mirándola mientras levantaba una ceja— ¿Puedo ayudarte en algo?

—Tú… —la voz de Chelsea sonó contenida mientras sus dedos se apretaban en puños— ¿Cómo te atreves a abrir la puerta como si tuvieras todo el derecho?

Bella se cruzó de brazos mientras se recargaba en el marco de la puerta, sin permitirle siquiera adelantarse un poco.

— ¿Disculpa? Lo que pasa aquí en realidad es que tú no deberías estar ahora mismo parada allí frente a mí. Segundo… ¿no es tan obvio que cuando alguien toca la puerta deben atender?

Chelsea apartó el cabello de su rostro.

—Vengo a ver a Edward —su mirada le recorrió desde la punta de sus pies hasta su rostro. Bella siguió sin inmutarse.

—Edward no puede atenderte ahora.

—Tú no puedes decirme si puede atenderme ahora o no —Chelsea dio un paso adelante y Bella se puso a la defensiva rápidamente, prohibiéndole el paso—. ¿Y qué es lo que tú haces aquí?

—Chelsea, no es que esté buscando una pelea contigo, algo que no me molestaría para nada —dijo Bella, mirándola directamente—, pero estoy hablando enserio. Edward y Niklaus están ocupados ahora mismo y no creo que quieran atenderte.

— ¡¿Quién jodidos eres tú para decirme esa mierda?!

Bella suspiró, descruzando sus brazos, cuadró sus hombros. ¿Realmente Chelsea se iba a poner a pelear con Bella en esos momentos? Bella no era de las que causaba escándalos, le desagradaba bastante. Todas las cosas que Chelsea le había hecho a Niklaus pasaron por la mente de Bella. De inmediato sus manos picaron por querer golpearla y mandó al carajo todos sus principios.

—Chelsea, tú eres la persona menos indicada para estar ahora mismo preguntando por las personas que están dentro de esa habitación.

—Tú eres la persona menos indicada para venir a decirme todas esas mierdas, Isabella. ¿Cómo te atreves a llevar eso puesto aun cuando un niño de seis años está en la misma habitación que tú y te ve así?

Bella apretó sus labios para que una sonrisa burlona no se le escapara.

— ¿Así cómo?

— ¡Así! —la señaló, sintiéndose desesperada y miró por encima de su hombros para volver la vista a ella—. Como una cualquiera. Con poca ropa. Esa no es la manera de estar presentable ante un niño de seis años.

—Chelsea, con todo respeto… ese tipo de comentarios ya no son válidos en la época en la que estamos. Y si conocieras tan sólo un poco a tu "hijo" —Bella hizo comillas en el aire—, sabrías el tipo de mentalidad que tiene y lo que le viene y le va.

Chelsea bufó, volviéndose a cruzar de brazos.

—Tú eres sólo una cualquiera. Sólo estabas esperando la oportunidad de trabajar para Edward y después comenzar a portarte como una verdadera puta con él, ¿no es así? Y entonces a él le gustó tu coño y por eso se comprometió a más.

Nada de lo que Chelsea le estaba diciendo en esos momentos podía afectarle. Para nada. Le estaba causando mucha gracia, sin embargo, sólo se dedicó a sonreír de manera divertida.

—Sí, realmente estoy con Edward por eso —asintió—. ¿Eso es lo que querías escuchar?

Chelsea se quedó sin palabras, realmente no se esperaba que esa mujer le contestara de esa manera. ¿Era enserio que decía eso? Por supuesto que no era cierto, si fuera cierto lo negaría hasta un punto que podría llegar a ser desesperante. Eso le frustró aún más.

—Deja los juegos. Necesito ver a mi hijo…

—Realmente tú no necesitas ver a tu hijo nunca más, Chelsea. Lo que estás haciendo es realmente algo que no tiene nombre. ¿Verlo una vez o dos veces al año? ¿Qué clase de madre hace eso? Una verdadera mande no aguanta ni dos días sin saber de su hijo. Lo que tú haces en inaudito. Deberías avergonzarte de lo que haces.

Chelsea tragó pesado, mirándolo todo rojo. ¿Y esta mujer quien se creía?

— ¿Cómo te atreves a hablarme de esa mane…?

Las risas comenzaron a escucharse, interrumpiendo por completo a pregunta que Chelsea estaba a punto de ladrar. De inmediato, su vista se posó detrás de Bella al mismo tiempo que ella volteaba para observar la figura de Niklaus llegar al pasillo, con el rostro y el pecho rojo de las grades carcajadas que estaba soltando. Su pequeño cuerpo estaba desnudo y ligeramente cubierto por agua y espuma, pero en especial su cabeza estaba llena de espuma. En su rostro estaba esparcida de manera que se mirara como una barba de Santa enorme.

—Mamá —llamó Niklaus riendo de manera nerviosa mientras miraba atrás, cuidando de que nadie viniera detrás de él y sin darse cuenta de quien estaba en la puerta además de Bella—. Mamá, papá amenaza con la esponja que hace cosquillas —siguió corriendo hasta que su cuerpo chocó contra la pierna de Bella y se abrazó a ella, mojándola—. Dile que se aleje.

Cuando Edward apareció en el pasillo con tan sólo una toalla cubriéndole de las caderas hasta las rodillas, Niklaus apretó el agarre en la pierna de Bella, riendo histéricamente.

— ¡Ya te acusé con mamá! —lo señaló en su rostro se formó un puchero, retorciendo sus dedos sobre la piel de Bella.

—Niklaus, no grites —le reprendió Bella suavemente, acariciando sus cabellos.

—Es que papá… —cuando Niklaus alzó la mirada, detuvo lo que estaba a punto de decir al ver a Chelsea parada frente a ellos con una expresión furiosa en el rostro. Pero al sentir que Bella le acariciaba sus hombros de manera reconfortante, Niklaus no se sintió intimidado—. Hola —saludó con una enorme sonrisa, marcando sus hoyuelos.

Bella sintió el enorme y musculoso cuerpo de Edward detrás de ella, apenas rozándola y sonrió ligeramente al ver la mueca que Chelsea había hecho.

— ¿Qué estás haciendo aquí, Chelsea? —preguntó Edward, con voz demandante.

—Vine a hablar contigo —dijo Chelsea con los dientes apretados, mirando la imagen que tenía frente a ella y sintió como el bicho de la envidia le daba una enorme mordida—. Pero parece que estás muy ocupado en estos momentos.

—Sí, la verdad es que estamos muy ocupados en estos momentos —contestó de manera brusca.

Chelsea lo miró furiosa. No podía estar conteniéndose más. Necesitaba gritarle a Edward que nada de lo que él estaba haciendo con él, ella y su hijo era bueno. ¿Con qué derecho se sentía Isabella al querer tomar su lugar?

— ¡No sabes el mal que le estás haciendo a Niklaus! —dijo ella con voz contenida—. ¡Mírala! ¿Realmente ella es el ejemplo que quieres darle a nuestro hijo? Una cualquiera que andar por allí, libremente y semidesnuda sin importarle que un niño de seis años la vea.

Niklaus tembló, tanto por el frio aire que atravesó el pasillo por las ventanas abiertas como por las palabras de Chelsea. Se apretó más contra la pierna de Bella y Edward pudo sentir el movimiento.

—Niklaus, ve a tu habitación —ordenó Edward.

—Pero, papá…

—Ve a tu habitación —repitió con voz grave.

Bella se sintió mal al escuchar la voz rota de Niklaus y sintió como el niño se apartaba de ella, escuchando los pasos correr por el pasillo. Había una gran posibilidad de que Niklaus no obedeciera del todo a Edward.

— ¿Vas a dejarme entrar?

— ¿A qué has venido, Chelsea? —repitió Edward, mirándola de manera fría y dura.

—Quiero a mi hijo, Edward. Definitivamente no voy a permitir que esta puta esté a cargo de mi hijo. ¡Tan sólo mírala! Ella seguro que no sabe lo que es ser madre.

Bella apretó los puños, mirándola con furia también.

— ¿Y qué vas a saber tú de ser una buena madre si ni siquiera has visto más de diez veces a Niklaus en los últimos tres años? Tú no deberías llamarte madre. Y tienes tanta suerte de que tu hijo te quiera.

— ¿Quién le dio el derecho de llamarte de esa manera? ¿Por qué mierda te está llamando mamá cuando yo lo soy, en realidad? —la voz de Chelsea estaba escupiendo veneno y Edward estaba comenzando a cansarse de eso—. ¡Fue a mí a quien le dolió traerlo al mundo!

Edward le colocó una mano en la cintura a Bella, deteniendo lo que estaba punto de decir. Su voz salió con un poco más de tranquilidad.

—Será mejor que te retires, Chelsea, a menos que quieras que llame a seguridad.

— ¡No puedes correrme! ¡Quiero llevarme a mi hijo conmigo esta noche!

Y antes de que cualquier adulto pudiera decir otra cosa, Niklaus volvió a correr por el pasillo hasta llegar a ellos, con los ojos inundados de lágrimas. Corrió directamente donde estaba Bella y le rodeó la cintura con sus delgados brazos de niño.

— ¡No! ¡Yo no quiero irme! ¡Yo quiero quedarme con mi mamá Bella!

—Ella no es tu mamá, Kai —dijo Chelsea, inclinándose a él—. Yo soy tú mamá.

— ¡No, tú no eres mi mamá! ¡Bella es mi mamá ahora! Ella me abraza sin que se lo pida y ella me quiere mucho, y también me ayuda a hacer tarea… ¡tú no! Todas las mamás de mis amigos son como Bella, peo Bella es mucho mejor —la voz de Niklaus estaba temblorosa y a la vez llena de coraje—. ¡Yo no te quiero! ¡No le hables así a Bella!

— ¡Kai! —gritó Chelsea, escandalizada.

— ¡Vete! —Gritó Niklaus y fue a empujarla con las manos puestas en las piernas de Chelsea— Vete de aquí —empujó un poco más y después se regresó y colocó su rostro contra el estómago de Bella.

Bella de inmediato tomó los hombros de Niklaus, acariciándolos y después se agachó, ejerciendo una gran fuerza en sus brazos y lo levantó, rodeándole el cuerpo tanto como podía con sus brazos y se alejó de allí.

—Chelsea… es la última vez que te digo que te vayas —la voz de Edward se escuchaba más lejana conforme Bella se alejaba de allí, y se adentró de nuevo al cuarto de baño, el cual era un completo desastre con espuma por todos lados. Justo antes de cerrar la puerta, escuchó los gritos/chillidos de Chelsea contestarle.

Bella sintió como el corazón de Niklaus comenzaba a golpear su pecho con fuerza. Lo separó sólo lo necesario para ver que estaba respirando de manera agitada. Rápidamente fue a abrir la enorme y ridícula ventana que estaba allí y se sentó en la silla, colocándolo en sus piernas.

—Shh… tranquilo, Nik, respira —Bella comenzó a golpear suavemente con la palma de su mano el pecho de Niklaus.

—Mami —logró decir con la voz agitada.

—No, no hables. Respira conmigo, ¿sí? Por favor, mi vida, respira conmigo —dijo Bella, intentando que su voz sonara tranquila para no alarmar a Niklaus, cuando en realidad era todo lo contrario—. Uno… —aspiró— dos… —lo dijo exhalando—. Vamos, mi amor, respira conmigo, tranquilo. Uno… —Niklaus intentó aspirar con ella— dos… Otra vez, amor, uno… dos… inhala, exhala… —ella respiró tranquilamente pero podía sentir su corazón casi saliéndosele del pecho.

Respiró mucho más aliviada cuando Niklaus comenzó a respirar por sí solo y el color volvió a su rostro. Se alegró demasiado de no tener que llegar al punto de darle respiración boca a boca porque eso le ponía bastante nerviosa.

—Ya está, ya, mi amor. Ya, no te asustes… —ella acarició suavemente su espalda y cerró los ojos, besando sus cabellos mojados y aun con jabón, no le importó—. Estás bien…

Entonces, el cuerpo de Niklaus comenzó a estremecerse contra ella, y lo sintió.

—Ma… mamá —lloriqueó Niklaus, apretando con fuerza los ojos—. No… mami… lo siento.

—Shh… —ella le siguió frotando el cuerpo con la palma de su mano si atraerlo a su cuerpo aun, dejando que el aire pudiera darle directo—. No pasa nada, no te preocupes, tranquilo.

La mirada de Niklaus se bajó a sus piernas, ahora mojadas. El casi ataque de ansiedad había hecho que se orinara encima y ahora se encontraba totalmente rojo de la pena por mojar también a Bella. Pensó que ella no lo quería abrazar por eso, y sus hombros temblaron por comenzar a llorar.

—No… no, mi amor, no llores —le tranquilizó, apartando sus cabello de la cara y con una mano se la limpió—. No pasa nada. Fue un accidente, ¿de acuerdo? No fue tu culpa —le besó la frente—. Respira una vez más, respira —el niño le imitó un par de veces y ella lo abrazó—. No me molesta, ¿de acuerdo? No estoy molesta. Fue un accidente, no te preocupes.

—Hice pipí sobre ti—Niklaus apretó sus ojos y gruesas lagrimas rodaron por sus mejillas. Una golpeó parte del pecho descubierto de Bella y bajó la mirada hacia a él. Ella le alzó la barbilla para que le mirara a los ojos.

—Lo sé, pero fue un accidente.

— ¿No estás molesta?

—No estoy molesta, bebé, claro que no estoy molesta. Es una accidente —ella le sonrió, dándole seguridad—. Vamos a bañarnos, ¿sí?

— ¿Te bañas conmigo?

—Yo me baño contigo —asintió ella, tomándolo en sus brazos y caminó a la bañera, que seguía llena y con jabón. Ellos ya habían sido lavados antes, y el agua de allí era limpia aun así que lo llevó y lo colocó de pie allí. Cuando ella se apartó un poco para poder tomar una toalla, Niklaus se aferró a ella—. No voy a ninguna parte, voy por una toalla.

— ¡No!

—Bien —asintió—. No voy a ningún lado, pero déjame quitarme esto, ¿sí?

El niño le miró por unos momentos en silencio y después se sentó en la bañera, sintiendo como el agua le quedaba un poco más arriba que los codos. Bella se sacó la bata que estaba completamente mojada y la dejó a un lado. Ella se apresuró a meterse a la bañera con Niklaus, agradeciendo que el agua siguiera cliente. Niklaus se acercó a ella rápidamente y se alegró de llevar al menos la parte inferior de su ropa interior.

— ¿Estás mejor? —preguntó después de haber escuchado la puerta principal cerrarse con un poco más de fuerza de la necesaria. Niklaus tenía la espalda pegada en el pecho de Bella y se encontraba muy concentrado en jugar con los delgados dedos se sus manos como si fueran la cosa más entretenida—. ¿Nik? ¿Estás bien?

—Tengo hambre —murmuró al mismo tiempo que su panza gruñía, haciéndolo reír un poco. Bella soltó todo el aire contenido, pensando en que en unas horas no escucharía esa risita traviesa y sincera—. ¿Todavía podemos comer?

—Claro que sí, cariño —ella se inclinó a besarle los cabellos y le quito todo el jabón del cuerpo. Le ayudó a lavarse las piernas porque él sentía que todavía tenía la pipi allí, e insistió en pasarse la esponja tres veces él solo, asegurándose de que su piel estaba totalmente limpia. Bella hizo lo propio con ella porque era la nueva regla de Niklaus.

Justo cuando Niklaus había terminado de quitarse de nuevo el shampoo de su cabeza entró Edward al cuarto de baño, vistiendo unos pantalones sueltos que le colgaban de las caderas. Bella lo estudió con la mirada, asegurándose e que no tuviera un rostro que preocupara a Niklaus y le hiciera pasar de nuevo por la escena más terrible que había presenciado hacia minutos.

—Hola —saludó él con voz suave, cerrando la puerta de la misma manera—. ¿Por qué la ventana está abierta?

Niklaus volteó la mirada rápidamente a Bella, pidiendo que no dijera nada. Su rostro de volvió rojo.

—Necesitábamos un poco de aire —respondió ella con una suave sonrisa—. Y ya terminamos de limpiarnos. ¿Nos alcanzas algunas toallas, por favor?

Edward lo hizo de inmediato, mirando todo lo que estaba alrededor y los estudió con la mirada también. Cuando Niklaus salió de la bañera, se dirigió rápido a la puerta, después de recoger algunos juguetes del piso y salió de allí. Bella se puso de pie en la bañera y se sacó las bragas que llevaba puestas. Edward tragó pesado mientras su mirada le recorría de arriba abajo. Ella sonrió un poco y se envolvió en una toalla.

—Niklaus estuvo a punto de tener un verdadero ataque de ansiedad hace unos minutos por los gritos en la puerta —le dijo de manera seria y clara para que él le entendiera perfectamente. Los ojos de Edward abrieron sorprendidos—. Él está bien, sólo un poco avergonzado porque se hizo pipí sobre él sin darse cuenta. Pero es una reacción en esos casos. No quería que te contara, pero sé que debes saberlo —suspiró y frotó su rostro con sus manos—. Edward, Niklaus no puede ser estando en este tipo de situaciones.

—Es que no tengo idea de qué es lo que debo hacer. Todo esta demasiado bien cuando Chelsea no estaba aquí y ahora…

Bella fue a colocarle una mano en su brazo y le dio un ligero apretón.

—No es tu culpa. Pero Niklaus necesita tener una vida normal. Una vida de un niño normal.

— ¿Y cómo se supone que va a tener una vida normal teniéndome a mi de padre? Un niño normal no va al colegio más costoso de Londres. Un niño normal no es llevado a las alfombras rojas de los eventos que se transmiten por un canal de espectáculos. Un niño normal podría vivir bajo un techo de una casa que de verdad se sienta un lugar donde puede estar seguro… ¡Eso no lo tiene Niklaus! —el pecho de Edward subía y bajaba rápidamente por tener la respiración acelerada. Bella temió que también pudiera estar en una situación como la de Niklaus; ella se quedó en silencio, esperando a que su respiración se tranquilizara, cuando fue así, Edward abrió los ojos y le miró directamente—. Lo lamento, nena… no era mi intención descargarme contigo.

—Está bien, no pasa nada —le dijo ella de manera suave, dándole a entender que no le molestaba y le rodeó su cintura con sus brazos—. Siempre voy a estar para escucharte y ten por seguro que pues decirme todo lo que te pasa —ella besó su pecho—. Yo voy a ayudarte con Niklaus, ¿bien? Sabes que te quiero muchísimo, y vas a tener mi apoyo siempre… a menos que decidas hacer un contrato con Barcelona.

Edward rio, por el repentino comentario y se inclinó hacia a ella.

—Eso no va a pasar ni en tus peores sueños —deslizó sus manos de su espalda a su culo y lo empujó hacia adelante, haciendo que sus caderas chocasen.

—Edward, Nik todavía está despierto —murmuró, sintiendo un cosquilleo en su vientre. Él bajó aún más una de sus manos hasta llegar al borde de la toalla y comenzó a alzarla—. Edward… estábamos hablando de algo serio.

—Shh… —él juntó sus labios apenas y le miró a los ojos. Sonrió— podemos encerrarlo en una habitación. —Su mano quedó debajo de la toalla y fue subiendo por su muslo, acariciándolo con la punta de sus dedos—. Me gustaba mucho el atuendo que llevabas puesto… es una lástima que no puedas usarlo ahora que está mojado.

Ella sonrió y bajó la mirada a sus perfectos labios.

—No es el único que tengo conmigo —le dijo aun con la sonrisa y jadeó un poco cuando Edward le dio un pellizco en su tierna piel.

—Estoy ansioso por verte con otro de esos de nuevo.

—Estás realmente loco —dijo ella riendo nerviosamente y se separó de él—. Tienes cambios de emociones muy bruscos —se puso de puntitas y le besó fugazmente los labios—. Vamos a cenar ahora porque mi precioso niño tiene hambre. Después, te aseguro que voy a complacerte todo lo que tú quieras.

—Aun no entiendo qué clase de demonio eres… o qué he hecho para merecerte. Porque no eres precisamente alguien sencillo.

Ella rio, separándose de él y se ajustó la toalla encima de sus pechos.

—Tomaré eso como un cumplido. Y… sólo como una advertencia… no hablaremos de aquella arpía en lo que queda de la noche.

—Será un alivio para mí —respondió el, soltando un poco de aire.

—Bien, en lo que Niklaus y yo nos ponemos algo decente… limpia el desastre de aquí, por favor —ella abarcó la habitación de baño con sólo un movimiento de dedo—. ¿Qué van a decir de todo este desastre? No creo que Niklaus fuera el de la idea de las grandes espumas.

—Te sorprenderías si supieras…

—Pero ya te he dicho que lo hagas tú —ella se dirigió a la puerta—. Debes aprender algunos quehaceres domésticos. Algún día, la adorable señora Harriet ya no va a estar y yo no voy a hacerlo todo por ti.

Edward gruñó caminando para recoger las cosas esparcidas por el suelo.

—Sólo ve a vestirte, si te tardas un segundo más, nos encerraré aquí y no me van a importar los intentos de Niklaus por entrar.

Bella desapareció de allí con una enorme sonrisa.

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— ¡Y allí estaba la novia de Zayn! ¡El chico de One Direction! —dijo Niklaus, alzando el tenedor con el que estaba comiendo su cena. Estaba de rodillas sobre la silla porque no podía estar quieto simplemente sentado—. Fue genial… aunque hubiera sido mejor si nos hubiéramos acercado. Papá, ¿Por qué no nos acercamos a él?

Edward frunció el ceño mientras seguía comiendo su tercera porción de puré de papa.

— ¿Estaba allí?

— ¡Sí! ¡Yo lo vi! —Tomó otro pedazo de carne y lo masticó dos veces—. Dice Cara que es su segundo novio —frunció el ceño y siguió masticando la carne—. Aunque yo creo que estoy más guapo —sonrió mostrando los dientes, y como consecuencia, parte de la carne que aún no tragaba. Bella arrugó la nariz.

—Estoy seguro de que es así, Nik, pero no hables mientras masticas, es de mala educación —le dijo Bella con una sonrisa en el rostro.

—Lo siento.

—Y tú, ¿Edward? —Ella volteó a verlo mientras él le desprendía un gran pedazo de pan—. ¿Algo interesante?

—Nada en realidad. Aunque… Stella McCartney está interesada en ti.

Bella abrió mucho los ojos y comenzó a toser por la porción de comida que aun tenia pasándose por la garganta. Comenzó a darse pequeños golpes en el pecho y Niklaus se levantó corriendo a darle golpecitos en su espalda. Cuando se recuperó, le sonrió a Niklaus.

—Gracias, mi amor, estoy bien.

Con un asentimiento, Niklaus corrió a su asiento de nuevo. Edward estaba sonriendo burlonamente.

— ¿Dije algo malo?

— ¿Qué quieres decir con que está interesada en mí? —fue a tomar un vaso de agua y se aseguró de tragarlo antes de que Edward volviera a abrir la boca.

—Pues… está interesada en ti para poder usar algunos de sus modelos. Y también me encontré con algunas personas que me han ofrecido salir en una revista. Ya sabes, con Calvin Klein

—Oh, eso está bien —ella asintió.

—... pero acompañado por ti —terminó su oración sin borrar su sonrisa—. Así que mandaran la notificación pronto porque puede que haya dicho que sería interesante…

—Edward… yo no soy…

— ¿Modelo? Yo tampoco, y en realidad sólo es una sesión de fotos usando uno de sus jeans. Por casualidad se colaron algunas fotos de nuestra estadía en la isla en el verano y, cito tal cual, "amamos su caliente cuerpo". Ella tenía suerte de ser una mujer, aunque el chico homosexual a su lado estaba más que de acuerdo, y, vuelvo a citar tal cual, "dejaría de ser gay por ella, pero ya te tiene a ti, papito" —eso ultimo lo dijo riendo y Bella rodó los ojos. Al viajar la mirada por Niklaus lo pudo encontrar riéndose también—. Así que debía decírtelo. Ya he casi aceptado hacer eso, así que tan sólo te estoy avisando.

—Mamá y papá van a ser modelos… —canturreó Niklaus mientras extendía su plato de comida hacia su padre para que le sirviera más carne—. Y mamá va a ser guapa…

—Mamá siempre es guapa —corrigió Edward al mismo tiempo que ponía otro trozo de carne en el plato de Niklaus. Era su tercera vez. Bella no podía creerlo.

—De acuerdo —interrumpió Bella—, basta ustedes dos. Edward, no creo que yo pueda hacer esas cosas. Además, tengo mucho trabajo y hay más proyectos para ti…

—Sí, y esa notificación de cualquier manera iba a llegar, y mi respuesta es sí, porque tu deber es decírmelo, ¿no? Porque es tu trabajo. Y déjame decirte que no tenía pensado agregarte, pero fue un alivio haber ido a ese lugar y que me dieran las ideas —Edward sonrió como un niño travieso—. Cariño, vas a acompañarme en esa sesión de fotos.

— ¿Acaso tengo alguna opción?

—No —contestó Niklaus sin dejar de sonreír.

—Tú —Bella lo señaló con su tenedor—, guarda silencio y termina tu comida.

Con una sonrisa divertida, Niklaus volvió a tomar su comida, devorándola una vez más, por última vez. Bella se recordó que irse a la cama con el estómago muy lleno dejaba pesadillas. Hizo una mueca y se dijo que debía hacer una dinámica con él después de la cena para poder hacer que la comida se le baje y se canse y vaya a dormir tranquilo. Además, si tenía pesadillas, no les dejaría hacer a ella y a Edward lo que querían.

— ¿Y qué pasa si en los últimos días subo un poco más de peso? Estoy segura de que ellos no querrán a alguien gordo en sus revistas —Bella tenía una sonrisa victoriosa en su rostro.

—Tú no tienes muchas posibilidades de aumentar tu masa corporal, nena, acéptalo.

—Oh sí, la familia de mi padre es bastante obesa —asistió varias veces—, así que… probablemente quiera aumentar mi tamaño, ¿Qué dices?

— ¿También te crecerán las boobies? —Niklaus ladeó la cabeza, mirando los senos de Bella, los cuales estaban sólo cubiertos por otra ligera bata de seda de color vino.

Bella se llevó la mano a la boca para evitar que el jugo que había tomado saliera disparado. Tenía los ojos abiertos como platos, con la mirada sobre Niklaus. Edward ya se estaba riendo a carcajadas.

— ¿Qué cosas dices, Niklaus?

—Es que las señoras gordas tienen las boobies más grandes —dijo de manera simple, acompañado de un encogimiento de hombros—. Pero tú eres flaca y…

—Delgada, mi amor, es mejor decir delgada —le dijo Bella, aun en estado de shock. Debía recordarse no estar sin camiseta o sostén cuando Niklaus estuviera presente. Antes lo había hecho porque era algo que a ella no le molestaba, ni a Edward, ni a Niklaus. Pero se le había pasado que el niño era demasiado observador.

—Eso, tú eres delgada y tus boobies son más —alargó la "a"— grandes que las otras boobies de otras señoras flacas… —sacudió la cabeza—, delgadas.

Bella se quedó en silencio, procesando todo lo que Niklaus había dicho acerca de las "boobies". En cambio, Edward, ya estaba rojo del rostro por la risa. Ella en realidad no sabía de qué mierda se estaba riendo si el tema que Niklaus había tocado no tenía mucho sentido para ella. Frunció el ceño.

— ¿Entonces? ¿Si van a crecer más? Es que son muy buenas almohadas.

Bella suspiró. Con ese niño ni había remedio.

—Sí, cariño, si me hago gorda, mis pechos también van a crecer.

—Se llaman boobies —le dijo Niklaus haciendo un puchero.

—Bueno, mis "boobies", van a crecer.

Edward hizo un sonido de aprobación pero Bella lo ignoró.

— ¿Cómo las de la abuela Renée? —los ojos de Niklaus se hicieron más grandes aun, recordando que Renée parecía que tenía dos balones de futbol siendo atrapados por su sostén.

Esta vez, Bella no pudo evitar reír al menos un poco.

—No, tanto no.

—Qué bueno, porque con eso podría morir —él hizo un ademán de quitarse un poco de sudor de la frente y hacer el gesto de estar exhausto. Bajó la mirada a su plato vacío—. ¡Terminé!

Después de la cena, Niklaus insistió que deberían jugar el hockey de mesa que estaba en una habitación equipada con varios juegos. Por supuesto que Edward se había dejado ganar un par de veces, pero a Niklaus le gustaba mucho ver como se enfrentaban Edward y Bella porque ellos jugaban de verdad. Niklaus estaba en el equipo de Bella, y el amigo imaginario de Edward estaba de su propio equipo. El equipo de Bella terminó ganando porque el amigo imaginario de Edward tenía que irse a dormir. Klaus estaba empeñado en una partida más, cuando apenas y sus ojos se permitían estar abiertos. Parpadeaba muchas veces y tardaba un poco más de lo normal en abrirlos. Con una sonrisa maternal, Bella se acercó a él y lo apretó contra ella, sosteniendo la mayor parte de su cuerpo mientras se dirigían a su habitación.

—Pero aun quiero jugar —murmuró el pequeño con los ojos cerrados.

—No, tú quieres dormir.

— ¿Carlos puede venir a dormir conmigo? —preguntó refiriéndose al amigo imaginario de Edward mientras se acostaba en la cama.

—Carlos ya está dormido allí —señaló Bella, colocándole las mantas encima.

— ¿Te quedas a leernos un cuento?

—Me quedo con ustedes a leerles un cuento —ella accedió y tomó el primer cuento que vio en el pequeño mueble que estaba a un lado. Ella había equipado la maleta de Niklaus con algunos cuentos cortos para dormir, temiendo que volviera a atener pesadillas como la última vez.

Media hora después, Niklaus se encontraba profundamente dormido… con la cabeza sobre los senos de Bella. Frunció el ceño. ¿Qué tenían los chicos Cullen con ellos? Dejó a un lado el cuento y tomó la cabeza de Niklaus con cuidado para colocarla sobre la almohada. El niño protestó aun dormido, intentando agarrarse de ella pero Bella logró zafarse por completo. Ella no podía quedarse, aun debía complacer al otro chico obsesionado con sus "boobies" , como las había bautizado Niklaus. Se aseguró de dejar las luces encendidas y salió de la habitación.

Se metió rápido al baño continuo y se miró al espejo. Tenía las mejillas sonrojadas por todo tipo de pensamientos sucios que tenía en ese momento sobre Edward. No sabía en qué parte de la suite estaba ahora, pero ella necesitaba armarse de valor para ponerse frente a él y hacer lo que quería.

Edward Cullen era la primera persona con la Bella se animaba a hacer algo así. Ni siquiera con sus anteriores novios lo había intentado. Ella era segura de sí misma, confiada, y era la que tenía el control en la relación esta vez… Debía quitarse la vergüenza.

Se miró una vez más en el espejo. Bien, su cuerpo le gustaba, y no es que fuera vanidosa, sino que simplemente sabía lo que ella tenía. Suspiró y sintió sus mejillas calentarse, ¿Qué estaba pensando? ¿Y si a Edward no le gustaba eso? Se golpeó mentalmente; a todos los hombres les gusta que le hagan un movimiento de caderas mientras se quitan la ropa antes de tener sexo.

Arregló su cabello sobre sus hombros. Se miró el rostro, los brazos, el cuello, sus senos —se aseguró de acomodarlos mejor—, las caderas, dio la vuelta y observó su redondeado culo, el cual se alzaba y dejaba que el borde de la bata que llevaba puesta se ondeara.

—Tú puedes hacerlo, Bella —murmuró soltando el aire.

Cuando entró a la habitación principal la encontró vacía, sin embargo, la puerta que daba al jacuzzi estaba abierta, y podía escucharse un poco de música procedente de allí. Apretó los puños y, con paso firme, se acercó hasta allí. Encontró a Edward dentro del jacuzzi burbujeante. Cuando él la observó entrar, una enorme sonrisa se le dibujó en el rostro. Una sonrisa que decía que él iba a obtener lo que quería, a como diera lugar. Bella sintió su abdomen contraerse.

Maldito jugador de futbol jodidamente caliente.

— ¿Así que vas a unirte conmigo? —le dijo él sin borrar su sonrisa.

—En realidad, cariño, estoy aquí para darte algo —le dijo ella con una sonrisa también, sintiendo como su cuerpo se relajaba. Lo único que tenía que hacer era subir los dos escalones para poder entrar al jacuzzi, pero antes de hacerlo, se pondría frente a Edward y le bailaría. Sí, eso haría.

— ¿Y me va a gustar?

—Te va a encantar —ella se encogió de hombros y se encaminó hasta subir los escalones y clocarse frente a él. Hubiera sido más fácil que él se mantuviera en la cama, así podría restregarse contra él y acariciarlo. Aunque también tenía muchas ganas de usar ese jacuzzi—, como todo lo que yo hago —aseguró.

Edward se mantuvo callado, observando como Bella se movía alrededor del jacuzzi. Detrás de él, estaba un enorme ventanal, desde el piso hasta el techo, y daba la vista a toda la ciudad de Nueva York, pero eso no era lo que Edward quería ver. Él quería a Bella, desnuda, y sobre él. Tragó pesado cuando Bella se posó frente a él, de pie, y con los pies un poco separados. Sus delgadas manos estaban sobre las aberturas de la bata de seda que contrastaba con su piel… Y comenzó a bailar al compás de la música… suavemente… seximente.

Bella observó cómo Edward se removía en su lugar. No estaba segura de que él llevara algo puesto en ese momento, no podía verlo. Pero lo que sí sabía es que Edward estaba volviéndose un poco loco allí sentado. Le observó tragar pesado un par de veces y sonrió, sabiendo el efecto que estaba causando. Abrió lentamente la bata, dejando ver tan sólo el canal de sus pechos, y las diminutas bragas negras de encaje que llevaba puestas. Sus pezones estaban duros y se notaban sobre la suave tela. Siguió moviéndose de un lado a otro, balanceando las caderas. Deslizó la prenda por sus hombros hasta que quedó sujeta sólo por sus antebrazos. Su vista nunca se apartó de Edward; sin embargo, Edward estaba demasiado ocupado mirando con deseo su cuerpo, imaginándose como podía rodearla con sus brazos, colocarla sobre él… y hacerle el amor todo el tiempo.

Finalmente se dio la vuelta y dejó caer la prenda a sus pies. Ya no le acompañaba ningún sonrojo. Ella era la que tenía el poder en ese momento. Ella sabía que Edward no se podía resistir. Ella estaba mandando en ese momento. Aun de espaldas, comenzó a mover su culo, inclinándose un poco hacia adelante y dejando su culo, con las bragas de encaje cubriéndolo apenas, a la vista de Edward.

Él gimió al ver lo que ella estaba haciendo. Va a ser mi muerte, pensó. Cuando ella se dio la vuelta, miró como sus pulgares se enganchaban en sus bragas y comenzaba a jugarlas, hacia abajo un poco y de nuevo hacia arriba, sin dejar de moverse. Él se puso de pie para quedar a su altura y Bella pudo ver su glorioso miembro bastante duro. Tragó pesado. Las manos mojadas de Edward se colocaron sobre sus caderas, manteniendo sus manos quietas, y sin apartar la mirada de ella, las alejó sutilmente para poder colocar las suyas allí. Sus manos comenzaron a bajar sus bragas sin rodeos. Bella estaba un poquito más alta que él en ese momento, porque Edward se encontraba dentro, lo que dejaba los gloriosos pechos a la altura de su boca.

—Tenías razón —dijo él, en voz baja, dejando que su aliento acaricie sus pezones. Bella contrajo el abdomen y apretó los dientes.

—Suelo tenerla —respondió con voz ronca—. ¿En qué esta vez?

—Me ha encantado —la sonrisa de Edward se amplió y dejó caer la única prenda que estaba sobre Bella al suelo. Sus manos se deslizaron hasta la suave piel del culo de Bella y la atrajo más hacia a él. Se echó hacia atrás, sosteniéndola y entrando con ella de nuevo al agua.

—Pero si esto apenas está empezando —murmuró Bella, sintiendo el agua burbujeante rodearla desde la cintura para abajo.

Edward gimió al sentir como ella se rozaba un poco contra su miembro una vez que quedó a horcajadas sobre él.

—Nena, vas a matarme con todo lo que me haces.

—Shh —ella posó uno de sus dedos en su boca—. Estás hablando demasiado, cariño —se volvió a frotar y empujó su pecho hacia adelante, dejándolos frente a su rostro—. Así que mejor comienza porque tenemos toda la noche —se inclinó para que su boca quedara cerca de su oído—. Y todo el tiempo quiero tenerte dentro de mí…

.

Un azote en la puerta fue lo único que Edward necesitó para despertar por completo… además de los rayos de sol que entraban directamente por el ventanal. Bella no había cerrado las cortinas apropósito. Abrió un ojo para mirar el enorme reloj encima de la puerta: once de la mañana. ¿Tanto había dormido? Debajo del reloj —muy debajo—, estaba la figura de un niño de cabellos dorados, largos y revueltos. El pequeño tenía los brazos cruzados y miraba directamente a Edward con sus penetrantes y vivaces ojos azules.

—Levanta tu culo.

Edward frunció el ceño.

—Ese lenguaje… Niklaus.

—Tú lo dices todo el tiempo —el niño cambió su tono de voz casualmente y se encogió de hombros, yendo directo donde se encontraba su padre, pegando un salto para subir a la cama—. Y mamá dice que si no te despiertas y vas a desayunar, no se va a repetir el juego de anoche —el niño se puso de rodillas al lado de su padre—. ¿A qué jugaron?

—Vimos una película con muchas palomitas de maíz… fue una lástima que te hayas dormido tan prono —se le daba bien mentir para ese tipo de cosas. Por suerte.

—No es justo, mamá me hizo dormir temprano —se cruzó de brazos—. Pero me ha prometido que saldremos a almorzar más tarde los tres juntos, ¿aceptas? —Edward fue a responder pero Niklaus le volvió a interrumpir—. Igual tienes que ir, no me gusta que Acher nos lleve todo el tiempo. Y tú debes conducir. Ahora —le dio una sutil patada en la entrepierna para después saltar de la cama—, me comeré tu postre si no te apresuras.

Con una mueca de dolor, Edward se levantó de la cama y se colocó los pantalones de pijama que estaban sobre el suelo. Fue a lavarse los dientes y de paso la cara para después salir de la habitación, encontrándose con un delicioso olor a huevos y tocino y… pastel de chocolate. ¿Desde qué hora Bella estaba despierta? La encontró enfundada en la bata de seda de la noche anterior, con el cabello revuelto y de lado, con su hombro estaba sosteniendo el teléfono mientras tenía una conversación seria y escribía unas cosas de manera rápida sobre un cuaderno y con la mano libre limpiaba la boca de Niklaus, la cual se había ensuciado por completo con la yema de huevo.

¿Cómo podía hacer todo eso?

Ella alzó la mirada al notar su presencia y le dedicó una sonrisa resplandeciente. Como si estuviera de lo más relajada. Él se acercó hasta su lado y se inclinó para darle un beso en los labios.

—Buenos días, nena —saludó, dándole sutilmente un apretón en culo cuando Niklaus no estaba mirando. Ella pegó un salto y con una mano libre tapó el teléfono para responderle.

—Buenos días, cariño, ¿puedes esperarme un momento? —le dijo de manera apresurada y se acercó a la estufa para servir su ración de comida y dejársela al frente—. Ahora vuelvo —les dijo a ambos y desapareció de allí con el cuaderno y el lapicero.

Edward le siguió con la mirada hasta que ella cerró la puerta al entrar a la habitación. Frunció el ceño y se volvió a su hijo.

—Extraño.

—Ha estado pegada en el teléfono toda la mañana —dijo Niklaus con la boca llena de comida y se encogió de hombros. Después tragó y miró a su padre—. Pero parece que habla sobre lo que dijiste ayer.

— ¿Qué cosa dijiste ayer?

—Ella dijo que no era una modelo…

Edward abrió los ojos, totalmente sorprendido, y con gesto ausente comenzó a comer la deliciosa comida que tenía servido en su plato. ¿Cómo ella lograba todo eso? Por el rabillo del ojo logró apreciar un delicioso pastel de chocolate, lo suficientemente alto como para que Niklaus no lo alcanzara. Sonrió.

—Pues sí que está ocupada.

— ¡Y miró Many a la obra conmigo mientras le ayudaba a hacer el pastel! —dijo sonriendo—. Mamá es genial.

—Sí, ella lo es.

Minutos después, Bella salió de la habitación soltando un gran suspiro y con el teléfono en la mano. Caminó en dirección a la cocina con una sonrisa y dejó todo en la mesa y tomó una tostada untada de mermelada.

— ¿No vas a desayunar correctamente? —preguntó.

—Ya lo hice, amor, es sólo que tú despiertas tarde y comes al final. Y Niklaus… es la segunda vez que se sirve comida. No sé cómo les cabe a ustedes dos todo eso —negó con la cabeza y colocó lo que quedaba de la tostada en su plato—. Y… la sesión de fotos que acordaste es en dos semanas… justo antes de tu comercial de la UNICEF, Edward. Debiste pensarlo bien antes de decir que sí a eso, ¿no se suponía que querías dejar libre todo este tiempo para prepararte lo suficiente para las Olimpiadas y Niklaus? —Ella suspiró y tomó asiento en un taburete, inclinándose un poco hacia adelante para recoger la comida que Niklaus tenía sobre el regazo y colocarla en una servilleta de papel—. Y estás nominado a mejor atleta en los Teen Choice Awards de este año.

— ¿Tengo que asistir?

— ¡Sí! —Gritó Niklaus con una sonrisa—. ¡Vamos allí!

Bella miró a Edward en silencio y éste suspiró.

—Iremos, ¿Cuándo es?

—En tres semanas.

— ¿Es enserio?

Bella asintió.

—Enserio, así que piensa muy bien antes de decir que sí a todo porque no estoy segura de que sigas lo que dices.

Edward suspiró de nuevo y terminó de comer lo que estaba en su plato.

—Bien, esos tres proyectos son los más próximos, espero no tener alguna otra notificación pronto —Bella no comentó nada—. ¿Cuáles son los planes de esta tarde?

—Niklaus quiere salir un poco, así que… debemos ir a alguna parte, ¿Qué te parecer Bronx Zoo?

— ¡Sí! ¡Vamos a ver animales! —Gritó Niklaus con entusiasmo—. Yo quiero ver panteras blancas —dijo emocionado y miró a su padre con los ojos brillantes—. Vamos, papi, por favor.

Edward miró a Bella, quien también tenía una ligera sonrisa en sus labios.

— ¿Tenemos algún vuelo reservado?

—No, aun no, es por eso que necesito tomar la decisión ahora, al lugar donde iremos, para poder reservar el vuelo.

— ¿Por qué no hemos venido en el jet?

—Porque no funciona —respondió simplemente—. Deja de comportarte como que todo está a tu disposición, niño de oro, así que decide rápido.

— ¡Vamos a Bronx Zoo! —gritó Niklaus una vez más.

Edward se encogió de hombros.

—Supongo que iremos allí.

.

Las siguientes seis horas Niklaus, Edward y Bella se la pasaron recorriendo el uno de los zoológicos más grandes del mundo. El pequeño ni siquiera se recordó que tenía mucha hambre hasta que Edward se cansó de comer todo el tiempo frituras que vendían por todo el lugar. A regañadientes, se alejaron de allí y fueron directo al restaurante de comida china más cercano. Fue entonces donde Niklaus comenzó a sentir sus pies cansados y zumbando un poco.

—Me duelen los pies —se quejó, dejando caer su espalda en el respaldo del sillón en el que estaba sentado, con sus padres frente a él.

—Y querías seguir recorriendo el zoológico…

— ¡Es que los animales! —exclamó alzando la voz y logrando que varias personas lo miraran con cierta simpatía y otras con enfado.

—Baja la voz, enano —le regañó Edward suavemente mientras miraba el menú. Quiso pedir todo lo que estaba allí.

—¿Miraste a las serpientes, mamá?

Bella arrogó la nariz al recordar a los animales que se arrastraban por todos los lugares. Esos en especial le daban asco.

—Sí, cariño, las vi… y no quiero volver a hacerlo.

Niklaus rio ante la mueca de Bella y balanceó los pies.

—Extraño a mi abuelita Renée —dijo pensativo, con la mirada sobre el papel y los crayones que la camarera le había dado para que se entretuviera.

—Estoy segura de que ella también te extraña —dijo Bella, y pegó un salto cuando sintió su teléfono celular vibrar en su bolsillo. Casi al mismo tiempo, sonó el de Edward. Ambos intercambiaron una mirada y contestaron. Bella se sorprendió de ver el nombre de su madre en la pantalla—. Mamá…

—¡Hija! ¡Mi amor! ¡Gracias por las llamadas que no he recibido!

—Mamá…

— ¿Cómo hacen apara pasar una entrevista de ayer en la noche en un noticiero de espectáculos hoy en la noche? —Bella miró como estaba oscureciendo afuera—. ¡Vi a mi divino tesoro frente a las cámaras!

— ¿A tu juventud?

Renée frunció el ceño y Bella casi lo notó mientras ella hablaba.

— ¿Qué?

—Una vez dijiste que tu juventud era tu divino tesoro —recordó Bella, observando como la camarera se acercaba a ellos. Edward ya sabía lo que iba a pedir pero no estaba segura de con quien estaba hablando.

—Sí, nena, pero eso fue antes de conocer a Niklaus —continuó su madre—. Como sea, ¡fue lo mejor que mi bebé pudo haber dicho frente a esa bruja y rubia oxigenada!

—Mamá…

— ¿Qué? Sólo estoy diciendo la verdad, ¿allí está mi divino tesoro contigo?

—Sí, aquí está, ¿quieres hablar con él? Debo pedir nuestra comida —sin esperar respuesta, Bella le entregó el teléfono a Niklaus, quien lo tomó con una sonrisa y se dispuso a dibujar mientras conversaba. Bella le sonrió amablemente a la mesera—. Discúlpenos…

—No hay problema, señorita —le dijo amable la mujer—. ¿Están listos para ordenar?

Mientras Bella se disponía a decir todo lo que comerían, Niklaus estaba bastante sonriente conversando con su abuela mientras dibujaba algunos animales que había visto en el zoológico ese día.

— ¿Cómo estás, nene?

—Muy bien, abuelita —respondió Niklaus sin dejar de sonreír—. Te extraño mucho, y también extraño mucho al abuelo Charlie.

—Ow, mi amor, nosotros también te extrañamos muchísimo, pero… ¿quieres saber algo?

— ¡Sí!

— ¡Iremos a visitarlos pronto!

— ¡Sí! —Gritó Niklaus, haciendo que la camarera pegara un salto mientras escribía lo que Bella ordenaba, y también se ganó una mala mirada por parte de su padre—. Lo siento —musito y después volvió a sonreír—. Eso es genial, abuelita, ¿Cuándo vienen?

—El próximo fin de semana, ¿qué dices? ¿tienes que hacer algo?

—No, no voy a hacer nada.

— ¡Y te compramos una sorpresa! —Exclamó Renée con voz chillona haciendo reír a Niklaus—. Así que allí estaremos, tu abuelo también tiene otra sorpresa para ti.

— ¡Genial!

—Sí, mi vida, ahora… ¿puedes pasarme a Bella de nuevo?

Niklaus observó a la camarera irse. Su papá tenía el ceño fruncido y Bella lo estaba mirando con preocupación.

—Sí, ahora te paso a mamá.

A Renée se le cortó la respiración por cómo le había llamado Niklaus a Bella. ¡Por fin le había llamado mamá! Joder… eso era tan hermoso.

—Mami —llamó Niklaus—, abuelita Renée quiere hablar contigo —le tendió el aparato y cuando ella lo tomó, el pequeño volvió al dibujo.

Bella se llevó el aparato al oído con la vista aun en Edward. Su madre lo estaba llamado, eso era lo que sabía, y estaban teniendo una discusión de la cual, probablemente ella era la causa. Suspiró y volvió a su conversación con su madre.

—Mamá.

— ¡Hija! ¡No puedo creerlo! ¡El pequeño ya te llama mamá! Es bastante bueno saber eso, querida, es genial. Me alegro mucho por ti, enserio.

Bella sonrió con la mirada sobre Niklaus.

—Sí, comenzó a llamarme así hace unos días… ahora dime, ¿Por qué está tan entusiasmado?

— ¡Tu papá y yo iremos a visitarles! ¡Y llevamos una sorpresa para nuestro nieto favorito!

— ¿Eh? Pero… ¿Cuándo piensan venir?

—El próximo fin de semana. Te lo dije con tiempo porque eres una mujer ocupada y Edward también… así que es para que comiencen a organizarse. Ya hemos comprado los boletos de avión, y créeme… fue bastante difícil encontrar algo para la sorpresa que llevamos.

—Mamá, debiste avisarme antes de que compraras el boletos…

— ¡¿Por qué?! ¿Acaso están ocupados?

—No… es sólo que…

—Es sólo que nada —interrumpió—. Iremos a Londres el próximo fin de semana y estaremos allí con los tres, ¿de acuerdo? Ya nos preocuparemos del hotel y esas cosas.

—No seas ridícula, ya sabes que puedes quedarte conmigo —Bella rodó los ojos y observó de reojo como Edward lanzaba su teléfono celular a la mesa sin demasiada importancia para después frotar su rostro con sus manos. Se preocupó—. Pero ya lo hablaremos más tarde, ¿de acuerdo?

—Sí, seguro… sólo… ¿Edward tiene un patio grande?

—Emm… sí.

— ¡Perfecto! —exclamó Renée sonriente—. Adiós, preciosura. Tu papá y yo te amamos, dale un beso a mi bebé de nuestra parte y a Edward también.

—Adiós, mamá.

Y Renée colgó, dejando a Bella un poco desorientada. Cuando dejó el teléfono en la mesa también, Edward regresó a verla con gesto torturado.

—Mi mamá viene con toda la familia el próximo fin de semana —dijo no muy contento.

Bella se quedó boquiabierta y Niklaus alzó los brazos sobre su cabeza.

— ¡Todos los abuelos juntos!


Gracias por tenerme paciencia y esperar el capítulo a pesar de todos los adelantos e imagenes que publiqué en el grupo en facebook, jeje. Y debo agradecer... DE VERDAD DEBO AGRADECER, el hecho de que todos me han dejado sus reviews, enserio, ¡Eso me encanta! ¡Me fascina! Y también me gustaría que me dejaran sus puntos de vistas o sugerencias del fic. Lo han estado haciendo en el grupo de Facebook y me ha servido bastante, de verdad.

¡Ahora sí se va a armar grande con la reunión de las abuelas! ¿Qué les pareció Chelsea y Bella? No fue mucho pero es que Bella no es de ese caracter... Y el pobrecito de Niklaus con su casi ataque ansiedad... También está el baile de Bella a Edward. Y su propuesta para ser los modelos de Calvin Klein Jeans... eso va a ser ardiente y divertido. ¿Cómo creen que será aquella reunión ultrafamiliar?

Gracias a: Acqua Cullen Potter, Nessie Joan Pattinson Stewart, Ilse Masen, zaiisa, zonihviolet, saraygarcia08 , Tata XOXO, Kristenst, paosierra, aguabellisima, luzangel10, MONELITA CULLEN, salyluna, NinaCordova, Annaniicolle, solecitopucheta, Karliie7, Angel twilighter, shadooh17, noizu9 , Mon de Cullen, Tecupi, Beastyle, EmDreams Hunter, pera l.t, maferpatts, NoeLiia, Marta-TheDarkness, jupy, nina, Maya Masen Cullen, Jane Bells, Ale Ch M, liz16, ManuePeralta, torposoplo12, Chiarat, yolabertay, marieisahale , dianaviviani, Emm Masen Mccarty , lokaxtv, jeka cullen s, dracullen, Nyx-88, Eunice Smith , cary, Dani Valencia, Vicky B. Jonas, Nandita21unexplained , ali cullen, Masilobe, Gabllie, Anna Mariea F , liduvina, .589 , silverplateCS

A todos los que me agregaron a favoritos, alertas y los que leen mi historia cuando no leen una incompleta también, gracias, y a todos los anónimos :)

Para los que se quieran unir al grupo de facebook aquí está, allí se pubican fotos y las sesiones de fotos que Niklaus tiene o cualquier tipo de imagen referente al fic: groups/170869393079182/

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¡Nos leemos