Disclaimer: Los personajes son propiedad de Meyer, la historia es de mi imaginación.

Summary:

"Edward Cullen, el jugador de fútbol más exitoso tiene una vida bastante complicada con un revoltoso niño de cinco años. Lo que menos necesita ahora mismo es esa atractiva mujer que llegará a controlar su carrera y probablemente su corazón."


CAPÍTULO VEINTICINCO

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—Has estado muy callado —observó Bella mientras dejaba todas las compras en la enorme barra de desayuno de la cocina. Tuvo que dejar algunas cosas en la encimera que estaba junto a la estufa porque no alcanzó el espacio. Ella tuvo que hacer tres viajes para poder pasar todo del auto a la casa—. ¿No quieres compartir conmigo lo que estás pensando?

Niklaus, en silencio, comenzó a sacar las cosas de las bolsas gigantes que Bella había comprado para no gastar tanto plástico. Ella no era una persona realmente ecológica, pero intentaba no gastar muchas cosas que no eran buenas. El niño terminó de colocar todos sus alimentos llenos de azúcar en las alacenas junto con los cereales y se volteó hacia Bella, que estaba colocando las cosas en su lugar también.

— ¿Cómo se llama la niña que va a venir aquí? —preguntó fingiendo que no estaba tan interesado en eso. Bella, que estaba de espaldas a él, sonrió con cierta diversión.

—Se llama Amber.

— ¿Y cuántos años tiene?

—Tiene un año, cariño, y apenas y habla. Aunque camina muchísimo —Bella se volvió hacia a él y lo encontró jugando con sus manos, allí, de pie en medio de la cocina, pareciendo demasiado pequeño con todos esos muebles altos a su alrededor—. Es una bebé muy hermosa, ¿Por qué la pregunta?

—Sólo peguntaba —se encogió de hombros y caminó hacia a ella con paso vacilante—. Tú… tu sabes que yo te quiero, ¿verdad?

Bella sonrió en grande.

—Sí, lo sé, mi amor, yo también te quiero.

— ¿Y quieres también a Amber?

—Sí, también la quiero porque es mi sobrina.

—Pero… ¿la quieres más que a mí?

Bella rio por lo bajo y se acercó a él, rodeándole con sus brazos.

— ¿Estás celoso de una bebé que aun usa pañal?

— ¿Yo? —Niklaus rodó los ojos pero se presionó contra Bella—. Claro que no.

—Claro… —se inclinó a besarle los revoltosos cabellos y le dio una suave palmada en su trasero—. Ayúdame a colocar esto en su lugar y después iremos a leer un poco, ¿bien? Estoy segura de que tu abuela llegará pronto.

— ¿Quién de las dos?

—Mi mamá.

— ¡Sí! ¡La abuela Renée me gusta! —el niño pegó un salto y comenzó a ayudar de nuevo, olvidando por un momento a la bebé.

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—Así que… ¿llevas ropa interior o no?

Bella bufó, admirando sus uñas de los pies recién pintadas de un esmalte color beige. Edward definitivamente no tenía ningún tipo de vergüenza a la hora de hablar y Bella no sabía si quería golpearlo por eso o besarlo. Igual, una sonrisa se formó en su rostro y descansó la cabeza en la almohada detrás de ella. A su lado, estaba el pequeño cuerpo de Niklaus descansando, durmiendo, y por primera vez en todo el día, en paz. Aun leyendo el niño no dejaba de moverse. Era un poco estresante.

—Deja de ser un cerdo, Edward.

—Tengo curiosidad, cariño.

—No lo dudo, pero tu hijo está justo a mi lado y definitivamente no me voy a tocar mientras tu mente trabaja en algunas frases que me digan que me haga tocarme.

—Odio que me conozcas tan bien —bufó Edward, con la respiración un poco más calmada después de su entrenamiento básico—. Bueno… cambiando a un tema más serio… ¿a qué hora llega tu madre?

—Creo que en tres o cuatro horas —dijo mirando el reloj que estaba junto a ella—. ¿Ya te dije que va a quedarse con nosotros en la casa?

—Ya me lo has dicho alrededor de cinco veces, nena.

—Edward… esto va a ser un infierno.

—Tranquila, nadie te tocará ni a ti ni a mi hijo —dijo Edward con diversión.

—Deja de burlarte, ¿en cuánto tiempo tendré a tu mamá aquí?

—Ella llegará mañana. Yo pasaré por tus padres y tu prima a la hora en que ella me llame, no te preocupes.

—No tienes por qué salir antes de tu trabajo y…

—Nena… no pasa nada, quiero ver a Renée y a Charlie tanto como tú lo quieres.

— ¿Nada?

Edward rio por lo bajo.

—Sabes que sí quieres verlos.

—Sí, pero no junto con tus padres. ¡Son todo lo contrario!

— ¿Y a quién le importa?

—A mí, definitivamente a mí —dijo Bella con el ceño fruncido. Escuchó como Niklaus tosía varias veces y se apresuró a erguirse y darle pequeños golpes en su espalda. Colocó una almohada debajo de su cabeza y le tarareó una canción para que siguiera durmiendo yse aseguró de que su cabeza quedara alta. Realmente esperaba que no se enfermara.

—No te preocupes, nena, enserio. Todo va a estar bien —aseguró Edward demasiado confiado. Había aprendido que si pensaba que las cosas saldrían de una manera… resultarían mejor de lo que había pensado—. Esta noche voy a darte un regalo.

— ¿Incluye lencería transparente y de encaje?

— ¡Diablos no! Aunque es una buena idea…

— ¡Edward! ¡No te desvíes del tema!

—Tú me desviaste del tema, no es mi culpa.

—Como sea… ¿Cuál es mi regalo?

—Eso no se dice —se escuchó como el entrenador ladró su apellido—. Tengo que irme, nena, te quiero, nos vemos más tarde.

—Adiós…

Y Edward colgó. Bella lanzó el celular en la cama y casi de inmediato, Niklaus se aceró a ella, colocando su cabeza sobre su pecho y pasando su pierna encima. Bella sonrió, acariciando suavemente sus cabellos. Ese niño era un amor. Era prácticamente un pequeño Edward en todo el sentido de la palabra y eso hacía que se enamorara cada día más de él. Además ya era parte de su vida. Edward consideraba a Bella como su madre y ella no se podía sentir más que feliz de eso, aunque era demasiado pronto, no importaba. Ellos realmente se comportaban como una verdadera familia y Bella la quería, ¿eso era lo que Elizabeth necesitaba que le demostraran? Pues eso sería lo que harían en cuanto ella pisara esa casa, de la que ahora, por supuesto, ella también estaba al mando. Y era tal cual las palabras de Edward.

Por primera vez en dos semanas, Bella podría tomar una siesta en las tardes. Estaba muy acostumbrada a ellas y su cuerpo sabía que si dormía un poco en la tarde, soportaría más en las noches… sin embargo, pasaba malos ratos en las noches intentando estar con los ojos abiertos. Desde que Niklaus estaba con ella después de la escuela le era bastante difícil hacer eso. Se estresaba de más, se le pasaban citas, retrasaba algunas cosas personales, como terminar de arreglar su departamento. Se alegraba que su habitación estuviera un poco presentable. Y ya había comprado nuevas cortinas, cosa que llevaba pensándolo desde hacía un mes atrás pero simplemente no tenía tiempo para eso.

No se arrepentía de cuidar al pequeño, por supuesto, ella sabía que le estaba enseñando muchas cosas buenas, pero no le quedaba nada de tiempo para ella. Darle la semana libre a la señora Harriet era una idea fabulosa, porque sabía que se la merecía, pero limpiar una casa enorme ella sola mientras estaba al cuidado de un niño revoltoso de seis años y estar al tanto del trabajo, hacer comida y, todavía, mantenerse en forma y atender a Edward era algo que estaba sobrepasando sus límites. Estaba segura de que en dos semanas había perdido alrededor de dos kilogramos… no sabía si agradecerlo o no. Le gustaba mucho mantenerse en su peso de siempre, no le gustaba ni bajar ni subir… lo único que ella quería era un cuerpo muy bien formado, y lo tenía, pero debía mantenerlo con algunos ejercicios… los cuales se les estaban haciendo un poco pesados por todo el ajetreo.

Pero su madre llegaría en unas horas, y su trabajo lo había suspendido hasta el día lunes, y Niklaus estaba dormido, y la casa estaba limpia, y los alimentos estaban listos para ser cocinados, y antes de que durmiera, Niklaus había comido su almuerzo y ese día no tenía ni entrenamiento de futbol, ni clases de batería, por lo que su pequeño también descansaría un poco.

Justo cuando cerró los ojos una vez que ya estaba acomodada en la cama, su teléfono vibró en la mesita de al lado, haciéndola gruñir. Estiró el brazo y lo tomó para mirar el mensaje.

"¿Puedo obtener una foto tuya en estos momentos?"

Edward.

Bella sonrió levemente y, sosteniendo a Niklaus contra ella, se tomó una fotografía, cuando estuvo satisfecha, la envió.

"Ahora deja de molestar, estoy a punto de cargar energías con mi bebé. Suerte en tu entrenamiento. Te quiero"

Bella.

Y después de eso, ya no tuvo ninguna noticia de Edward. Durmió. Durmió mucho y sin soñar, que era lo mejor de todo, su cuerpo estaba relajado y casi muerto. Sin embargo, tenía que despertar, y no porque ella quisiera, sino porque una personita inquieta y aburrida estaba comenzando a llamarle.

—Mami, despierta —dijo Niklaus, jalando el escote de su camiseta de estar en casa—. Mami, quiero tomar leche.

—Bebé, la leche está justo en el refrigerador, ¿Por qué no la tomas y vienes aquí de nuevo con mamá? —dijo ella con voz somnolienta.

—No, yo quiero que tu vengas conmigo —siguió jalando y se estiró para poder abrirle los ojos con sus dedos. Sonrió cuando Bella fijó su vista en él—. Vamos, mami.

Bella suspiró y comenzó a moverse en la cama, sentándose, Niklaus fue a colocarse en su regazo rápidamente y Bella le miró con una sonrisa divertida.

— ¿No íbamos por tu leche con chocolate?

— ¿Me llevas cargando?

—Nik, sabes que me encanta llevarte en brazos —se inclinó a darle un beso en la frente y lo sostuvo con sus manos, acomodándolo de manera que quedara recostado, como si de un bebé se tratara—, pero comienzas a pesar un poquito más.

— ¿Estoy gordo?

—No, pero creces, mi amor.

—Yo no quiero crecer, quiero ser siempre tu bebé.

Bella sonrió, apretándolo contra ella, bajó la cabeza y le dio muchos besos en sus cabellos, frotándole la espalda.

—Siempre vas a ser mi bebé, cariño.

— ¿Aunque no haya estado en tu panza? Porque los bebés están en las panzas de sus mamás.

—Aunque no hayas estado en mi panza… tú vas a ser mi bebé siempre, siempre, no lo dudes, ¿sí?

Niklaus asintió y bajó la vista a su blusa, pasando el dedo por el borde con algunos hilos sueltos. Le gustaba cuando Bella se vestía así, como si planeara quedarse todo el día en casa y estar con él y no salir nunca de allí.

—Ahora que lo pienso… —siguió Bella— tú no puedes tomar leche a esta hora —miró el reloj que estaba en la pared—, sólo puedes tomar jugos, porque debería estar preparando la cena ahora mismo, en una hora llegará tu abuela Renée.

— ¡La abuela Renée y el abuelo Charlie vienen pronto!

—Sí, vienen pronto, ¿estás seguro de que quieres cenar pizza esta vez?

Niklaus asintió y alcanzó el control remoto de la televisión que estaba a un lado. Bella inmediatamente tomó tu portátil y la abrió, mirando algunos mensajes que tenía en su correo. Comenzaba a hacerse adicta al trabajo y eso no era nada bueno.

—Mamá, dijiste que no usarías eso en todo el fin de semana —señaló Niklaus, mirándola con el ceño fruncido.

—Lo sé, cariño, sólo serán unos momentos. No tardaré mucho.

Rodando los ojos, Niklaus se pasó a su lado de la cama y siguió cambiando de canales lentamente, intentando ver qué era lo que estaban dando en cada canal. Cuando comenzó a dar la tercera vuelta, se detuvo en un canal que llamó su atención. Era Discovery Home & Health, y según sabia Niklaus, los viernes pasaban cosas de bebés allí. Miró como un niño de dos años corría a su mamá y estiraba sus brazos llorando, la mujer estaba bastante ocupada en su computador. Niklaus le echó un vistazo a Bella, que se encontraba de la misma manera. La mamá tomó al niño y lo colocó en su regazo para que él sólo pudiera amamantarse de su pecho. Niklaus arrugó la nariz y volvió a mirar a Bella y después a la pantalla, donde estaba una señora con un poco de sobre peso y un traje, hablando con la mamá.

— ¿Mami? —llamó Niklaus, sin apartar la mirada de la mamá amamantando a su hijo.

— ¿Qué sucede, mi vida? —contestó Bella, concentrada en el portátil.

— ¿Por qué yo no tomo teta?

—Porque tú ya no estás para tomar leche en biberón, cariño.

—No, ese es bibi, yo digo teta de boobie —volteó hacia a Bella y en ese momento ella alzó la vista un poco confundida, volteó hacia la televisión y su ceño se suavizó al ver la escena, después se cambió a comerciales.

—Oh… tu hablas de amamantarse… —Bella tomó una respiración profunda y dejó a un lado el portátil—. Sí tomaste teta, pero estabas muy pequeño.

— ¿Pero ese niño no está pequeño?

—No… pero hay algunos niño que la siguen tomando cuando están grandes, hasta hay niños que la toman cuando aún tienen tu edad.

Niklaus frunció el ceño.

— ¿Y por qué yo no?

—No lo sé, tal vez no te gustó o Chelsea pensó que era suficiente —Bella se encogió ligeramente de hombros para tratar de quitarle un poco de importancia al tema. Era raro que le preguntara sobre eso, ¿Por qué miraba ese tipo de programas?

— ¿Y ya no puedo tomar más? —preguntó con inocencia. Bella sintió bastante ternura por su rostro en esos momentos. Se miraba tan inocente y ajeno a ese tema.

—Mmm… pues, no lo sé, cariño, en estos momentos no creo que haya alguien que pueda darte teta.

— ¿Y tú no puedes?

Bella se quedó sorprendida, con los ojos abiertos y con la boca ligeramente abierta. ¿Acababa de preguntarle eso? La realidad era que ella no podía darle de eso a Niklaus aunque quisiera porque, en primer lugar, ella nunca había dado leche materna a alguien y no se le había pasado eso por la cabeza ni siquiera cuando era una niña; en segundo lugar… ella no era realmente la mamá de Niklaus pero, aunque no estuviera familiarizada con el tema, sabía que eso ni importaba; tercero, si decía que sí… ¿qué cosa le estaría dando? Estaba segura de que ella no saldría algo en realidad.

—Amm… no creo, mi amor, no tendría que darte.

— ¿pero qué es lo que ellos toman?

—Se llama leche materna, y es para los bebés recién nacidos.

— ¿Y por qué lo toman los niños como yo si es para los recién nacidos?

—A veces es sólo la costumbre, cariño, los niños están acostumbrados a estar con su mamá de esa manera que simplemente lo hacen sin obtener leche materna. En realidad, sólo deberían tomarla hasta los dos años.

— ¿Después de dos años ya no hay nada?

Bella le miró, intentando hacer memoria de las cosas que su madre le decía cuando se quejaba de ella y de su tía. Bella había dejado el pecho a los seis meses exactos y Renée se había molestado por eso, porque esperaba tener ese "vinculo" con su hija, sin embargo, su tía Beatriz, a mamá de Carmen, le había amantado hasta los dos años y para Beatriz era una molestia.

—Según lo que sé, después de los dos años o tres, toman sólo agua con sal, ya que la mamá deja de producir leche… pero no estoy muy segura de eso, cariño, tendría que preguntárselo a una mamá que haya pasado por eso —se encogió de hombros—. Pero podemos preguntarle a tu pediatra, ¿ya te han puesto la vacuna de seis años?

Niklaus frunció el ceño, sintiendo un cosquilleo al escuchar la palabra vacuna.

—No… hace mucho tiempo que no voy a al doctor —dijo de manera apresurada y le miró a los ojos—, ¿no puedo tomar de tu teta?

Bella se sonrojó un poco antes esa repentina pregunta. ¿Cuál sería el beneficio de eso? Definitivamente no podía relacionar el placer que sentía una madre cuando su propio marido ponía su boca sobre sus pezones que cuando lo hacía su hijo. ¿Qué sentiría Bella? No le molestaba para nada intentarlo, sería muy estúpido que fuera así. No sabía por qué Niklaus de repente quería hacer eso, y lo más importante, ¿Qué diría Edward sobre eso?

—Pero mi amor, ¿Qué vas a tomar si de allí no sale nada?

—Pero sólo quiero intentarlo como el niño de allí —hizo un gesto con su barbilla hacia la enorme televisión en la pared. Un puchero se formó en sus labios—. Si no me gusta lo dejaré —y entonces sonrió de manera encantadora.

Bella, que estaba acostumbrada a decir que si a todo y aceptar los retos, dudó en esos momentos un poco, aunque… ¿Qué perdería? Lo único que le importaba en ese momento era la opinión de Edward al respecto, que los demás se jodieran si le decían algo.

—Está bien —accedió asintiendo con la cabeza, con gesto ausente, estiró su mano para apagar el portátil al mismo tiempo que Niklaus se colocaba en su regazó como un bebé—. ¿Por qué quieres intentarlo, cariño? —le preguntó intentando que su voz sonara de lo más normal porque notaba el sonrojo de Niklaus en sus mejillas cuando ella levantó su camiseta y sostén. Debería tranquilizarse. Ambos debían hacerlo. Era algo nuevo, definitivamente para Bella. Lo que sabía era que dolía la primera vez que un bebé succionaba la leche materna, pero eso se debía a que los senos ya estaban produciendo leche para el recién nacido.

—Es que yo no sé lo que se siente hacer eso como el niño —dijo con la voz un poco baja, alzando la mirada hacia los ojos de Bella, ella le sonrió de manera simpática—. ¿Tú no te enojas? Si no me gusta lo dejo, lo prometo.

Bella rio para sí misma ante sus palabras. Sólo si no le gustaba lo dejaría, ¿Qué pasaba si le gustaba estar pegado allí sin saber lo que eso significaba para las personas mayores? Claro que a Bella esos comentarios se los pasaba por el culo una y otra vez. Y mira que su culo no es nada pequeño…

—Está bien, Nik, no te preocupes.

Ni siquiera hubo necesidad de que una mano alzara el pecho de Bella para llevarlo a la pequeña y sonrosada boca de Niklaus porque sus pechos estaban demasiado firmes, altos, duros y redondos. Claro que a Niklaus le había parecido extraña la sensación de la piel de Bella en su boca, pero una vez que comenzó la succión fue acostumbrándose, esperando a que algo pasara o pudiera obtener algo de ella.

Definitivamente eso no pasó. No estaba obteniendo nada de Bella. Y Bella sabía que si Niklaus hacia eso durante una semana, seguido o un poco más, sus hormonas comenzarían las reacciones de su cuerpo. Edward también le daba ese tipo de atención algunas noches, lo que su cuerpo daba la señal al cerebro de que se estaban estimulando las hormonas de la leche materna. Ella había leído algo de eso para su clase de la salud. Aunque siempre podía ir con el doctor de Niklaus e informarse, aprovecharía el hecho de que tenía que ponerle la vacuna de los seis años. Tendría que preguntarle a Edward si ya se la habían colocado porque era un requisito para el colegio.

Bella bajó la mirada hacia a Niklaus, quien se encontraba agradablemente amamantándose a sí mismo sin obtener nada de ella. Alzó una ceja y sonrió con diversión.

— ¿Y bien? ¿Cuál es el pronóstico de lo que se siente?

Niklaus alzó una mano y se la colocó en la mejilla, moviendo vagamente los dedos. Bella tomó su mano y le besó la palma suavemente, con apenas un roce. Niklaus sonrió.

—Se siente suave —contestó el pequeño sin ni siquiera apartarse un poco de la tierna piel de Bella. Ella volvió a reír y Niklaus sonrió.

— ¿Se siente suave? ¿Y no has obtenido nada?

Niklaus agitó la cabeza, no queriendo volver a hablar para apartarse.

— ¿Y entonces porque sigues allí pegado y chupando si no obtienes algo en realidad? Amamantar es para que los bebés se alimenten, tú no puedes alimentarte porque no obtienes algo.

—Porque se siente como su fuera un chupón, como los que papá me ponía antes y me gusta.

Bella echó la cabeza hacia atrás para poder reír abiertamente. Bien, ahora resulta que mis pechos son chupones, pensó con diversión. ¿De qué otra manera podía tomar esa situación? Le causaba bastante gracia y no era ninguna molestia para ella, no era ni siquiera incomodo como pensó que sería.

—De acuerdo… si tú lo dices te creeré —asintió acariciándole los cabellos; observó cómo largos mechones se le escapaban entre sus dedos—. Creo que necesitas recortar tu cabello pronto.

—Cara dice que ella me peinará si no me lo corto.

—Pues estoy de acuerdo con Cara —dijo Bella sonriendo. Alzó la vista a la pared de nuevo y encontró allí el reloj. Tenían exactamente cincuenta minutos para que la cena estuviera lista y llegara Reneé—. Nik, ¿planeas quedarte mucho tiempo allí sentado? Necesitamos hacer la cena.

—Pero me gusta tomar teta —lloriqueó el pequeño, mirándola con un puchero.

—Lo sé, pero debemos darnos prisa, después podrás hacerlo.

— ¿Cuando vayas a contarme un cuento para dormir?

Era una buena hora, Bella lo sabía, además, en ese entonces, ella lo habría hablado con Edward, si a él no le parecía, entonces hablaría con Niklaus sobre eso; pero si era todo lo contrario, entonces no habría inconveniente más que ir con un médico.

—Cuando vaya a contarte un cuento para dormir —asintió Bella, inclinándose para darle un beso en la frente—. Ahora vamos a preparar la cena para tus abuelos.

Con pesar, Niklaus se separó de las boobies de Bella, como él les había llamado todo el tiempo y observó como ella se arreglaba la ropa sobre ella. La miró y ella le volvió a sonreír de manera tranquilizadora.

— ¿Qué le dirás a tu papá sobre que ahora ya tienes una mamá que te dé teta?

—Que yo sí puedo pasar más tiempo contigo y él no —dijo sonriente mientras caminaba fuera de la habitación, con Bella yendo detrás de él.

Si tan sólo supieras que Edward es muchísimo más posesivo cuando llega la noche… Bella agitó la cabeza. Estaba más que claro que esos dos chicos estaban obsesionados con sus senos. Y ahora tenían que compartirlos. Edward ya no sólo los tendría para él, debía compartir con su pequeño, Bella seguía sin saber cómo es que lo tomaría. Edward era demasiado tierno con ella, era demasiado divertido, y adorable y hermoso cuando se lo proponía. Bella sabía que estaba enamorada de ese hombre, era interesante, inteligente y tenía grandes ocurrencias que hacían que nunca se aburriera de él.

La preparación de la cena sucedió con bastantes risas y carcajadas por parte de Niklaus y Bella. Incluso Jake se divertía con ellos y abría la boca para recibir el jamón que Niklaus lanzaba a propósito en el piso. Bella le había advertido que el pobre perro tendría algunos dolores estomacales porque no estaba acostumbrado a comer ese tipo de cosas pero Niklaus no entendió. Terminó con el rostro lleno de harina, Bella, por otra parte estaba casi libre de eso, tenía la marca de la mano de Niklaus con harina en su mejilla cuando él le dijo que quería acariciarla, con segundas intenciones, por supuesto.

Justo cuando Bella había puesto la pizza en la mesa y Niklaus había saltado el último cubierto en el orden que se debía en ella, la puerta principal se abrió, y el sonido de unas llaves caer en la mesa de mármol que estaba allí se escuchó por toda la casa, alertando a Bella y a Niklaus.

— ¿Nena? —llamó la voz de Edward en voz alta.

— ¡¿Bella?! —Llamó su mamá aún más fuerte, haciendo que su voz se escuchara en toda la casa—. Santa mierda, esta casa es hermosa —siguió diciendo mientras su voz se acercaba más.

Entonces, Niklaus, al escuchar a su abuela salió corriendo de la cocina para ir a su encuentro.

— ¡Abuela! —gritó emocionado y fue a abrazarla con fuerza y una enorme sonrisa.

— ¡Mi divino tesoro! ¡Hola mi amor! —Exclamó Renée, bajando a la estatura de Niklaus para poder abrazarlo como se debía y llenarlo de besos—. ¡Estás bastante grande! ¡Ya eres todo un hombrecito! ¿Cómo has estado, mi amor?

— ¡Bien! —Respondió Niklaus—. ¿Dónde está el abuelo Charlie?

—Él se tuvo que quedar en el departamento de tu mami por esta noche, tenía que arreglar algo.

Bella, al escuchar eso, apareció en el pasillo, encontrándose con cuatro adultos y dos niños. Edward era quien estaba más cerca de ella y se apresuró a ir y rodearla con sus fuertes brazos. Se inclinó rápidamente y le dio un rápido y apasionado beso, que hizo que Bella se olvidara de los demás y quisiera más.

—Uff, cariño, hola a ti también —saludó Bella con la voz agitada y las mejillas coloradas.

Una risa se escuchó detrás de Edward, y Bella rápidamente viajó la mirada hacia allí para encontrarse con su prima Carmen, quien tenía una sonrisa de burla en su bello rostro. A su lado estaba un hombre de la misma edad que ella y muy guapo, con ojos cafés y cabellos oscuros. Él tenía a un bebé muy despierta mirando a los alrededores y con mucho rosado en ella. Bella sonrió rápidamente.

— ¡Oh por Dios! ¡Es mi preciosa Amber! —dijo Bella con entusiasmo y fue a tomarla en sus brazos, arrebatándosela a su padre. La niña le miró por unos momentos y después se echó a reír a grandes carcajadas—. ¡Hola, preciosa! ¡Estás bastante grandota! —le dijo con voz dulce y ojos brillantes—. Creí que tenías un año, ¿Cuántos tiene? —miró a Carmen fugazmente para después enviarle una mirada a la bebé otra vez. La niña le devolvió una mirada chocolate bastante brillante.

—Tiene un año y ocho meses —respondió Carmen sin dejar de sonreír—. ¿Verdad que es hermosa?

—Es la bebé más hermosa del mundo —respondió Bella mirando con adoración a la preciosa bebé en sus brazos. Era inevitable no ponerse de esa manera con la niña—. Me haces comportarme de esta manera tan loca, Amber —le dijo a la bebé, que estaba muy sonriente, jugando con un mechón de cabello que se le había escapado a Bella.

—Y no viste a tu novio cuando la vio —rio Eleazar—, tuve que ofrecérsela porque sentía que en cualquier momento me la arrebataría.

Bella miró a Edward con una sonrisa y él sólo se encogió de hombros con un leve sonrojo en las mejillas. Estaba bebiendo de una botella de Gatorade.

— ¿Qué? No puedes culparme, esa niña se parece a ti, es hermosa —respondió él como si fuera la excusa más obvia del mundo.

Renée y Carmen suspiraron al mismo tiempo mirándolo.

—Eres tan hermoso —dijo Renée pestañeando varias veces. Edward rio con diversión y después bajó la vista a su hijo, quien tenía la mirada fija en Bella.

—Hey, enano —el niño volteó a verlo rápidamente—, ¿no piensas saludar a tu papá?

Trotando, el niño fue hacia su padre y se lanzó a sus brazos. Edward lo sostuvo fuerte y lo lanzó al aire, causando su risa y después lo atrapó, acercándolo a él. Niklaus le tomó el rostro con sus manos y le dio el beso de bienvenida.

—Hola, papi.

—Hola, campeón, ¿me extrañaste?

Niklaus asintió y dejó caer su frente contra la suya, enterrando sus pequeños dedos en los cabellos de Edward.

—Yo también te extrañe mucho, de hecho, tengo un regalo para ti —Edward lo sostuvo mejor en sus brazos y caminó hacia la cocina cuando miró que los demás estaban en una gran conversación entusiasta.

— ¿Qué es, papi?

—Son cuatro entradas para el hockey el martes, después de la escuela, ¿Qué dices?

— ¡Es genial! —exclamó el niño, mirando los pases que su papá había sacado del bolsillo de sus pantalones deportivos. Los tomó y los miró con atención—. ¿Quiénes iremos?

—Bella, tú, yo… y a otra persona que quieras llevar.

— ¿Cara?

—Seguro que sí —asintió Edward y lo sentó en la barra del desayuno—. Oye, enano, quiero hablar contigo sobre algo importante.

Niklaus alzó la mirada a su padre y dejó a un lado los pases para el hockey. Balanceó sus pies que colgaban por la barra y mantuvo sus manos sobre los anchos hombros de su papá.

— ¿Qué pasa, papi?

—Yo… sé que no he pasado mucho tiempo contigo como te lo prometí, y ahora Bella pasa más tiempo contigo que yo, pero no es mi intención, es mucho trabajo el que tengo —dijo Edward en voz baja solo para que su hijo le escuchara. Niklaus le estaba prestando bastante atención—. Por eso quiero llevarte conmigo al hockey, ¿Qué dices? ¿Es una buena idea?

—No te preocupes, papi —respondió Niklaus, mirando de muy cerca los ojos de su padre cuando éste fue a colocar su frente contra la suya—. Me gusta pasar tiempo con Bella, ella es la mejor.

— ¿Estoy perdonado?

—Sí, sólo si me prometes que iremos a los TCA.

—Claro que sí iremos, enano —dijo Edward, chocando su palma con la del niño—. Oye, ¿te digo un secreto?

Niklaus le miró con los ojos curiosos y asintió rápidamente.

—Sí, dime, dime.

—Te amo —susurró Edward contra su mejilla, haciéndole cosquillas. Niklaus rio tanto por las cosquillas y la confesión de su padre que ya sabía.

—Papi, eso ya lo sabía.

— ¿Y tú también me amas?

—Sí, yo también te amo —asintió muchas veces y sus manos viajaron a la nariz de Edward.

—Pero me amas ¿mucho, mucho? o ¿poco, poco?

—Te amo mucho, mucho —respondió Niklaus sin dejar de reír por mover de diferentes maneras la nariz de Edward.

—Shh… pero dilo en secreto —susurró Edward de nuevo, colocando un dedo sobre los labios de su pequeño—, te van a escuchar.

— ¡Te amo mucho, mucho, mucho! —gritó Niklaus riendo. Sin poder contenerse más, Edward sonrió por la acción de Niklaus—, ¡mucho, mucho más!

—Bueno no grites tanto, campeón —le rodeó con sus brazos—, ¿le das a papá un beso?

Niklaus asintió y tomó el rostro de su padre con sus manos para después darle muchos besos cortos y rápidos en la boca y después separarse riendo.

—Uy… creo que voy a desmayarme con muchos besos —dijo Edward con voz cansada, casi como borracho y comenzó a balancearse de un lado a otro y empujando su cuerpo contra el de Niklaus.

—No te desmayes papi —dijo Niklaus riendo histéricamente—. Tienes que vivir.

—Solo hay una manera de hacer que no me desmaye —Edward siguió balanceándose, casi estando encima de Niklaus.

— ¿Y cuál es?

—De la misma manera que hiciste que me desmayara

—Pero eso es trampa —dijo Niklaus rindo, intentando apartar a su padre de encima suyo—. Papi, no te desmayes.

—Ya me desmayé.

— ¡Oh-oh…! —Niklaus logró moverse debajo del cuerpo de su padre y comenzó a darle muchos besos otra besa y después se separó al mismo tiempo que Edward se colocaba correctamente otra vez de manera rápida y con una sonrisa.

— ¡Uff! Enano, que bueno que me has salvado —dijo Edward, sonando estar aliviado de manera fingida—. Iba a morir si no me despertabas.

—Yo te voy a despertar siempre, papi —dijo Niklaus con orgullo.

—Oww… pero que escena más bella es esta —chilló Renée, al mismo tiempo que enseñaba su teléfono celular—. ¡Ya sé usarlo y he grabado todo esto! —dijo muy emocionada.

Edward sonrió sonrojándose un poco más y Niklaus lo imitaba a la perfección..

—Eso no se hace, abuela.

—Claro que sí —respondió a la defensiva—, ya lo hice… pero ahora… nene, baja de allí porque vamos a comer ya.

La cena sucedió bastante tranquila, Renée no paraba de hablar con Bella y Carmen y, sorprendentemente, Eleazar también participaba en esas cosas. Edward se dio cuenta de que era un gran hombre de familia. Sin embargo, él no podía estar dentro de la conversación porque su hijo reclamaba su atención todo el tiempo. Habla sobre las personas en el supermercado, hablaba sobre los tres capítulos que había leído ese día y que pronto terminaría el libro y después iniciaría con la serie de Harry Potter. Edward no paraba de alagarlo y decirle que estaba muy bien todos los logros que estaba teniendo, como terminar su primer libro sin dibujos. Ambos estaban emocionados. Niklaus no mencionó en ningún momento que había probado la teta de Bella porque le daba pena decirle a su padre sobre eso, y le dijo a Bella que ella le dijera.

Finalmente, cuando la cena estaba por terminar, la bebé Amber llamó la atención de su madre, pidiendo comida. Carmen se colocó una pequeña manta de color rosa sobre el hombro y la bebé, mientras ella le daba de comer.

¡Está tomando teta!, pensó Niklaus con satisfacción al saber lo que estaba haciendo la bebé debajo de la manta, ¿Por qué se tapa y no deja que las demás personas vean? ¿A la bebé no le gusta que le vean comer?

Era un misterio.

Cuando Carmen y Eleazar se fueron hacia el departamento de Bella siendo llevados por Acher, Niklaus se ofreció a mostrarle su habitación a su abuela, haciendo que Bella y Edward quedaran por fin solos.

—Así que… nena, ¿recuerdas que te dije que tenía un regalo para ti?

Bella se volteó al mismo tiempo en el que se ponía la camiseta de tirantes para dormir. Edward se acercó a ella y le rodeó con uno de sus brazos, el otro, con su mano, sostenía una pequeña cajita de color blanco.

—Dime por favor que eso no es un diamante porque te juro que te rompo tu bonita cara, Edward —advirtió ella, mirándolo directamente a los ojos.

—No lo es, tranquila.

—Bien, entonces sí lo recibiré.

Edward suspiró y pegó más su cuerpo al de ella, queriéndola sentir cerca.

—Bueno, ya sabes que te considero parte de nuestra pequeña familia ahora, y que tanto Niklaus como yo te consideramos su mamá —Bella sonrió ante esa mención—. Así que quise hacerte un regalo especial y significativo —Edward bajó su brazo y abrió la pequeña caja frente a ella. Bella abrió los ojos en grande al ver lo que estaba allí dentro y se llevó la mano a la boca—. Yo tengo la huella de mi hijo en mi piel para toda la vida... y yo tengo un obsequio para ti también... tal vez no va a estar en tu piel pero puedes llevarlo contigo.

En la caja estaba un pequeño brazalete del tamaño perfecto para la muñeca de Bella, en una pequeña placa de oro blanco estaban grabadas las huellas de bebé de Niklaus, con sus iniciales grabadas también allí de bajo, con una caligrafía fina.

—Oh, cariño esto es… —la voz de Bella se cortó sin poder creerlo aun y en un movimiento rápido le rodeó el cuello con sus brazos, alzándose en las puntas de sus pies un poco—. Es hermoso, es precioso.

— ¿De verdad te gusta? —preguntó él mientras la apretaba contra él y le frotaba la espalda.

—Me encanta, es un gran detalle, mi vida —ella se separó lo suficiente para mirarle el rostro y después junto sus labios con los de él en un tierno beso. Se separó y le sonrió—. Gracias, mi amor, te amo —volvió a besarle y lo abrazó de inmediato.

Edward rio contra su cuerpo.

—Ya lo sabía.

Bella rio también dándole un suave golpe en la espalda. Edward le besó el hombro y después susurró:

—Yo también te amo, nena —le dijo cerca del oído y le besó la mejilla—. Ahora déjame ponértelo, muero de ganas por verlo sobre ti.

Ella rápidamente se apartó y le tendió su muñeca derecha, Edward se lo colocó, fallando en enganchar los extremos varias veces.

—Hablando de estar sobre mí… tenemos que hablar de algo.

—Te escucho —dijo él mientras seguía concentrado en abrochar el brazalete—. Esta cosa es difícil porque mis uñas son cortas.

Bella rodó los ojos.

—A que no sabes que fue lo que sucedió hoy con Niklaus.

—Pues no lo sé —dijo Edward—. No imagino que cosas pueda hacer mi hijo.

—Él estaba mirando un programa de niños y bebés y familias… entonces estaba un niño de dos o tres años siendo amamantado por su madre y Niklaus me preguntó que si yo podía hacerlo. —Edward alzó la mirada rápidamente hacia a ella cuando logró abrochar el brazalete, le di un beso y bajó su mano son soltarla—. Le dije que no iba a obtener nada de leche de mí, pero insistió en hacerlo, así que ahora dice que le gusta estar allí pegado conmigo y que quiere volver a "amamantarse" de mi a la hora de dormir. Sé que no va a salir nada de leche, obviamente, pero mientras esté haciendo eso durante unas semanas, se estimulará y saldrá.

Edward comenzó a reír con diversión ante las palabras de Bella.

— ¿Así que mi hijo ahora pone su boca donde yo pongo la mía?

—Edward, no seas sucio, sabes que no es lo mismo —le regañó Bella, golpeándole el pecho de nuevo.

—Es que es gracioso porque él ama tus pechos.

—Y no es el único —apuntó ella. Edward se encogió de hombros.

—Es difícil no amarlos.

—Te lo comento para saber si no te molesta o… no estás de acuerdo con eso. Es tu hijo y claro que puedes aportar por eso y… —Edward le colocó un dedo en los labios haciéndole callar.

—Shh… nena, no me molesta lo que estás haciendo con nuestro hijo. No tendría por qué hacerlo. Claro que no es algo bastante común pero nosotros no somos comunes, creo que ya te diste cuenta de eso. Lo que me preocupa es que después de un tiempo no quiera dejarlo y sea muy grande —le tomó las manos con las suyas—. Y entiendo perfectamente por qué está pidiéndote eso. Chelsea le dio pecho casi los primeros dos años porque su madre le había dicho que debía hacerlo y así tendría un niño saludable porque las defensas de la madre y todo eso… y gracias al cielo que mi hijo es bastante fuerte y no se enferma mucho. Pero cuando Niklaus comenzaba a caminar de verdad y a hablar de verdad… Chelsea dijo que no dejaría que sus pechos se cayeran sólo porque un niño los estaría mamando todo el tiempo. Cuando Niklaus lloraba por ella para que le diera pecho, ella le hacía muecas, gestos desagradables, no se quería acercar a él porque le molestaba y le dolía. No sé si eso es verdad o no, pero según mi madre dijo que algunas veces llegaban a doler y era por alguna molestia que ella tuviera siendo causada por ella misma o porque Niklaus le estaba lastimando —se encogió de hombros—. Klaus se sentía rechazado por ella, y siempre estuvo llorando detrás de ella para que le diera su atención. Intenté de todo para distraerlo, hasta que finalmente tuve a los chupones, ellos me sacaron de estar escuchando sus desgarradores llantos. Era horrible escuchar a mi hijo llorar y lastimarse la garganta solo porque su mamá no quería darle pecho. El pediatra dijo que había algunos chupones especiales para que los dientes no se le deformaran y con la forma de un pezón… también dijo que el pecho no se le debía quitar tan pronto y de golpe, pero Chelsea no entendía—suspiró e hizo una mueca—. Lo que Niklaus quería en realidad era estar mamando, los chupones con un poco de sabor ayudaban, mucho. Se lo logré quitar cuando tenía cuatro años y desde entonces no lo ha pedido… y lamento su para ti llega a ser una molestia que Niklaus quiera eso, pero si tú quieres puedo hablar con él y decirle que…

—No, Edward —se apresuró a hablar ella, aun un poco anonada por lo que Edward acababa de contarle., no sigas con eso, ¿sí? no me molesta que Nik haga eso conmigo, al contrario, siento que me acerco a él más de esa manera, y él parecer hablar más conmigo cuando está en esa situación —ella le miró a los ojos y se puso en puntas de los pies para poder darle un suave beso—. Eres un gran padre, ¿lo sabias? Niklaus tiene bastante suerte de tenerte como su padre. Y esa es una de las razones por las cuales te amo.

—Gracias, nena —Edward soltó el aire contenido y le abrazó—. Es bueno tenerte aquí conmigo, ¿sabes? Tengo mucha suerte de tenerte.

—Vas a hacerme llorar… —murmuró ella contra su pecho y se apretó a él— eres muy lindo conmigo, y si sigues así me tendrás para toda la vida.

—Prometo ser mejor, entonces.

—No, sólo sigue siendo como lo eres y ya, me encantas de esa manera —le sonrió—. No debes cambiar nada.

—Bien, creo que puedo manejar eso.

Entonces, detrás de Edward, en la puerta apareció corriendo una pequeña figura muy sonriente.

—Mami, estoy listo para ir a la cama —anunció Niklaus sonriendo en grande—. La abuelita Renée me ayudó con los dientes y el pijama. ¿Vamos a dormir?

—Vamos a dormir, enano —asintió Edward.

—No, quiero que esta noche sea mami —se apresuró a decir Niklaus mientras se acercaba a ellos. Edward sonrió con simpatía porque sabía el motivo por el cual él quería a Bella.

—Pero ya has tenido a mami todo el día para ti, ¿no quieres a papi esta noche?

—No, mañana estoy contigo todo el día, papi —respondió Niklaus al mismo tiempo que bostezaba.

— ¿Mami podrá pasar la noche con papá? —Edward lo cargó en sus brazos y el niño recargó la cabeza en su hombro—. Porque yo también quiero a mami.

—Sí, pero mami esperará a que yo duerma, ¿sí?

—Oh, vaya, me alegra saber que yo opino lo que haré esta noche —dijo Bella, fingiendo estar enfadada.

Edward le sonrió levemente y se volvió a su hijo.

—Bien, será mejor que vayas a dormir ahora. Mañana viene tu abuela Elizabeth —le dio un beso en la frente y lo abrazó.

—Buenas noches, papá —murmuró Niklaus, besándolo otra vez—. Mañana vendré a despertarte.

Edward gimió.

—De acuerdo… pero intenta no hacerlo —lo colocó d nuevo en el suelo y Niklaus tomó la mano de Bella—. Buenas noches enano —dijo mientras observaba como Bella se lo llevaba.

—Te amo, papi —le hizo un gesto con la mano mientras se iba.

—También te amo —le respondió Edward mientras desaparecían por el pasillo y logró ver como Bella sonreía.

Cuando llegaron a la habitación, Niklaus corrió al estante de sus libros y tomó uno en especial. Tal vez le gustaba leer cosas interesantes… pero durante la noche le encantaban los cuentos infantiles. Tomó el de Pinocho y saltó a la cama, dejando el espacio de Bella. Ella le sonrió abiertamente y colocó una botella de agua en la mesita que estaba a l lado.

— ¿Estás listo para ir a dormir?

— ¿Me vas a leer un cuento?

—Claro, eso fue lo que acordamos, ¿no? —le besó la cabeza y se acomodó bajo de las sabanas junto a él.

—Y… también… —se le sonrojaron sus regordetas mejillas—, ¿puedo tomar teta?

Bella sonrió con simpatía ante su tono tímido de voz y su sonrojo. Después le abrazó con fuerza contra ella y le beso muchas veces sus cabellos.

—Eres tan lindo, mi amor —le dijo con una sonrisa—, claro que sí puedes hacerlo, esta tarde te dije que sí.

— ¿Y va a salir leche? ¿Y sabe bien?

—Bueno,… no sé si sepa bien, no recuerdo su sabor porque yo era un bebé cuando la tomé y eso fue hace mucho tiempo. Y sobre lo otro… leí en varias páginas de internet que después de un tiempo algo va a salir —se encogió de hombros—, sólo se un poquito paciente, ¿sí?

Niklaus asintió y después sus manos fueron a la blusa de Bella. Ella desabrochó los primeros botones de la camiseta dejando al descubierto su pecho derecho, Klaus lo llevó a su boca rápidamente y sonrió por la extraña sensación otra vez de su piel.

— ¿Está bien así? —le preguntó Bella mientras se acomodaba con las almohadas detrás de ella para quedar levemente sentada. Tomó el cuento entre sus manos y lo colocó sobre su abdomen plano. El pequeño asintió sin dejar de succionar y bajó la vista al cuento con algunos dibujos. Bella sabía que Niklaus se iba a cansar de succionar fuerte en cualquier momento y que se dormiría en cuestión de minutos porque sus ojitos apenas y podían mantenerse abiertos—. Vas a seguir la lectura con la mirada, ¿de acuerdo? —el niño volvió a asentir. Bella le acomodó mejor la cabeza encima de su brazo y comenzó la lectura.

El cuento era corto y no era tan explícito como el original para niños. Sin embargo, Niklaus se mantenía con los ojos abiertos y aferrado al pecho de Bella. Después de tres páginas, Niklaus había bajado la velocidad y la fuerza de succión. Casi al final del cuento, el pequeño ya no estaba succionando nada y se había detenido, también había dejado caer su cabeza por completo contra Bella y su respiración se había hecho acompasada. Bella podía sentir sus pestañas rozar su piel. Finalmente se había dormido y era un poco más de las doce. Ella odiaba que el niño se durmiera bastante tarde, no habría problema su pudiera pasarse toda la mañana dormido, pero no era el caso, después de las ocho, Niklaus estaba corriendo por toda la casa.

Con cuidado de no despertarlo, tomó su cabeza y la colocó en la almohada que estaba a su lado; al sentir el movimiento, Niklaus se aferró a ella, pasando su bracito por la cintura y la abrazó hacia a él sin intenciones de dejarla zafarse. Bella mordió su labio y dejó el libro sobre la mesa de al lado, tomó el brazo del niño e intento zafarse de nuevo pero Niklaus frunció el ceño y se aferró más a ella.

—No te vayas, mami —gruñó el pequeño abrazándose más.

—Voy a dormir ya, mi amor —le dijo ella en voz baja y suave.

—No, duerme aquí…

—Nik, esta no es mi habitación.

El niño abrió sus ojos azules y le miró de manera suplicante. Miró a su mamá e hizo sobresalir su labio inferior. Miró de reojo como su pecho seguía al descubierto después sonrió levemente.

— ¿Más teta?

Bella le miró con los ojos entrecerrados. Era el primer día que le estaba dando pecho y el pequeño ya estaba comenzando a adueñarse de ella. Debía colocarle los límites antes de que comenzara a tomar por costumbre que ella durmiera con él. Además, no iba a tenerlo todos los días pegado a ella, no le necesitaba realmente así que sólo podía ser a la hora en que tomara la siesta de la tarde, antes de ir al futbol y en las noches, y sólo por ciertos tiempo.

—Nik, no va a ser un pretexto para que duerma aquí contigo todas las noches.

—Sólo hoy, mami, quiero teta —dijo con voz suplicante.

Bella suspiró y se colocó de costado derecho, imitando su posición. Inmediatamente Niklaus acercó su boca y comenzó de nuevo. Su mano seguía aferrado a su cintura y la pierna la alzó bastante hasta alcanzarla con su mano y la colocó sobre la cadera de Bella. Ella le recorrió el brazo con sus delgados dedos y observó como el niño volvía a cerrar los ojos poco a poco.

Sabía que esa noche no le iba a dejar ir, pero ella estaba segura de que el día de mañana tendría una charla con él al respecto. Lo que no sabía era si Edward seguiría despierto o no esperándola. Ella estaba exhausta y tenía bastante sueño, y si el día de hoy le parecía pesado, ni siquiera podía imaginarse lo que sería el día de mañana. Colocó su cabeza sobre su brazo extendido y observó cómo su nuevo brazalete brillaba por la luz de la luna que entraba por la ventana. Sonrió inmediatamente. Edward era demasiado atento con ella, y era un gran detalle lo que le había dado. Podía saber que su hijo era lo más importante que tenía y eso era algo que hacía que ella lo quisiera más. Bajó la mirada al niño de nuevo y siguió acariciándole el brazo lentamente.

—Buenas noches, bebé —le susurró.

Niklaus parpadeó un poco pero no logró abrir los ojos por más de un segundo así que sólo sonrió levemente contra la boobie de Bella.

—Buenas noches, mami. Sueña con helado.

.

A la mañana siguiente Bella despertó con la extrañamente familiar succión en su pecho. Gimió un poco por no querer despertar en esos momentos y simplemente se dedicó a acariciar la espalda de Niklaus con su pulgar perezosamente. No tenía la menor idea de que hora era pero estaba segura de que no pasaba de las ocho. La habitación se sentía un poco fría y sus pies estaban congelados porque la cobija sólo le tapaba por encima de las rodillas.

—Buenos días, Nik —dijo con voz ronca por el sueño y después suspiró abriendo los ojos, se encontró con la mirada azul de Niklaus y le sonrió. El niño también sonrió mostrando sus dientes esa vez, haciendo que Bella tuviera un cosquilleo de dolor—. ¿Llevas mucho tiempo despierto? —Miró hacia el reloj de Mickey Mouse en la pared, siete con veintidós minutos—. Nik, es muy temprano para estar despierto ahora.

—No tenía sueño —se separó de ella e hizo un puchero—. Tu dijiste que si succionaba mucho tiempo saldría leche, así que lo hago.

Bella rio por lo bajo y sacudió la cabeza para después darle un beso en la frente.

—Sí, cariño, pero no vas a estar pegado a mi pecho todo el día, ¿entiendes? Pondremos algunas reglas —ella se apartó y se cubrió el pecho, que por cierto, habría estado al aire toda la noche gracias a Niklaus—. Nada de hacerlo en público, algunas personas son muy tontas como para aceptar eso y no queremos un escándalo, ¿cierto? ¿Odias a los camarógrafos?

—Sí, que se pudran —dijo Niklaus con el ceño fruncido.

—Bueno, no seas tan grosero —siguió—. Solo lo haremos cuando estemos tu papi, tú y yo… o la abuela Renée —se mordió el labio ante el escándalo de locuras que haría su madre al saberlo—. Y sólo será cuando vayas a tomar tu siesta antes del futbol y la hora de dormir, ¿de acuerdo?

— ¿Al despertar no?

—No, al despertar no porque yo no voy a dormir contigo. Cuando venga a acostarte, sólo serán veinte o treinta minutos, o menos. Necesitas dormir, y yo no debo dormir contigo porque ya eres un niño grande. Los papás duermen en otra cama, ¿lo recuerdas?

Niklaus asintió formando un puchero.

—Es sólo eso, mi amor. Puedes hacer todo lo que quieras pero no romper esas reglas.

El pequeño bajó la mirada a sus manos y se mordió el labio, un poco indeciso por lo que preguntaría a continuación.

— ¿Papi sabe que tomo teta?

—Sí, papi sabe, tenía que saberlo y le dije ayer.

— ¿Y no está enojado porque hago lo que hacen los niños pequeños?

—Claro que no está enojado, mi amor, él dijo que estaba bien y que no había problema, pero iremos con el doctor para que nos diga cómo debemos hacerlo si es que alguna vez produzco leche sin tener un bebé dentro de mi panza.

Niklaus frunció el ceño y le miró rápidamente.

—No, bebé no, no quiero bebé —dijo con enojo.

—Hey… pero si nadie dijo que tendríamos un bebé —dijo Bella mirándolo con atención. El cambio de ánimo tan drástico no era bueno en un niño de seis años y menos las reacciones de enojo que él tenía. Realmente no quería que se repitiera el berrinche que hizo después de que le llamaron de la escuela—. Solo decía que cuando una mamá tiene leche en las boobies es porque va a tener un bebé.

—Pero yo no quiero que tengas un bebé.

— ¿Por qué no quieres que tenga un bebé?

—Porque yo soy tu bebé.

—Sí lo eres, mi amor, pero a veces hay más bebés y así tienes hermanitos y con quien jugar.

— ¡Yo juego contigo! ¡No quiero hermanitos! —el rostro de Niklaus estaba rojo y su ceño estaba muy fruncido.

—Niklaus, no hay ninguna razón para que te pongas de esa manera, es bastante temprano y tú ya estás enojado —Bella frunció el ceño y lo alzó para ponerlo sobre ella y sus rostros quedaran a esa altura—. Escucha, corazón, no hay ningún bebé dentro de mí. Por ahora tú eres sólo mi bebé, ¿sí? No hay necesidad de enfadarse.

— ¿Siempre seré tu bebé y no te vas a ir?

Bella sintió un nudo en la garganta al escucharle decir eso. Él tenía miedo de que lo abandonara su madre de nuevo.

—No, mi amor, no te voy a dejar —le beso la mejilla muchas veces—. Te lo prometo.

—Está bien —asintió Niklaus y sonrió.

— ¿Me ayudas a hacer el desayuno? Hoy es la fiesta en el jardín y vendrán todos, primero tomaremos el desayuno y después haré muchísima comida.

Toda la mañana fue bastante apurada. Bella se encargó de cocinar el desayuno, pero una vez que terminó de hacerlo, ni su madre ni Edward estaban abajo, tuvieron que despertarlos y en modo zombi comieron con ellos. Bella asignó a Edward y Niklaus la tarea de bañar a Jake sin llevarlo a la estética de mascotas. Renée se encargaría de ordenar el jardín de una manera agradable y Bella de cocinar, muchas cosas.

—Nena, tu padre está aquí —dijo Edward, entrando a la cocina luciendo excelente después de la ducha.

Bella se volvió hacia a él luciendo un bonito vestido que le llegaba un poco más abajo del muslo, de rayas blancas y azules, las mangas se topaban hasta sus codos. Estaba utilizando el brazalete que Edward le regaló y su cabello estaba colocado perfectamente cayéndole sobre los hombros.

—Oh, eso está bien, ¿puedes echar un vistazo…?

—Pero tranquila —interrumpió Edward su pregunta. Ella le miró con el ceño fruncido—, no vayas a ponerte histérica, ¿de acuerdo?

— ¿De qué estás hablando?

—Sólo prométeme que no te vas a volver una loca.

—Edward, ¿Qué mierda está pasando?

Él le tomó de las manos y le dirigió hacia el jardín trasero, donde una hermosa y grande mesa de manera estaba adornada con catorce asientos disponibles. Sí, era bastante grande. Al viajar la vista por todo el jardín se encontró con algo que definitivamente no estaba allí la última vez que ella salió. Era enorme, un enorme pequeño parque de juegos de niños. ¡Y todavía tenía un moño gigante pegado en el tobogán! Bella palideció.

— ¿Ese es el regalo de mi madre?

—Y todavía hay más…

Bella volteó hasta la puerta del jardín trasero donde estaba entrando Niklaus bastante sonriente y rojo de la emoción, detrás de él venía el perro más grande que Bella había visto en persona. El animal, en cuatro patas, casi estaba de la altura de Niklaus. Era un San Bernardo, estaba enorme y muy gordo.

— ¡Mira, mami! ¡Es un perrito! ¡Y se llama Microbio! —gritó Niklaus entusiasmado mirando al animal.

—Oh no… —Bella viajó la mirada hacia la casa de Jake y llevó una mano hacia Edward, intentando avisarle sin apalabras.

—Está bien, Acher fue con Jake a dar un paseo —se apresuró a decirle.

— ¿Y cómo piensas que esos dos animales van a llevarse bien?

—Ninguno de los dos es salvaje.

Bella le envió una mala mirada y le soltó. Niklaus inmediatamente corrió hacia su mamá y la abrazó.

—Amo a mi abuelita Renée y a mi abuelito Charlie.

—Eres un convenenciero, enano —comentó Edward, mirando a su hijo que estaba abrazando a Bella. Edward se volvió hacia a ella sonriendo—. Por cierto, a mí también me regaló algo, no eres la única que tiene un nuevo brazalete.

— ¡No eres la única, mami! —aportó Niklaus también, mostrándole la muñeca, donde estaba un brazalete con pequeños cubos con letras grabadas. El de Niklaus ponía "hijo"—. Me lo dio la abuela Renée.

—Y el mío dice Papá —sonrió en grande Edward.

—Mi mamá está completamente loca —murmuró y de reojo vio aparecer la figura de su padre entrando al jardín con una enorme sonrisa—. ¡Tú! ¿Cómo es que has permitido que mi madre compre todo esto, señor loco?

Charlie llegó donde estaba ella sin borrar su sonrisa de abuelo feliz y Niklaus estiró los brazos para que lo cargara, Charlie lo hizo de inmediato y los sostuvo con un poco de esfuerzo.

—No seas tan dramática, hija. En algo teníamos que gastar nuestro dinero, ¿Qué mejor manera de hacerlo en nuestro nieto? —Niklaus sonrió engreído—. Es el primero, sabemos que no será el único —Charlie miró a Edward y éste le sonrió con diversión—, pero queremos hacerlo.

—Pero es demasiado…

—Nada de lo que digas hará que volvamos al pasado, hija. Además, a Klaus le gusta mucho, ¿cierto, hijo?

—Sí —asintió sonriendo aun. Después, su vista se dirigió detrás de ellos y abrió en grande los ojos. Antes de que Edward y Bella pudieran voltear, Niklaus ya estaba gritando—: ¡Tío Emmett!

Entonces, Charlie soltó al niño, quien, al caer en el verde césped, corrió donde estaba el grandulón de su tío, esperándolo con los brazos abiertos. Cuando Niklaus chocó con él, Emmett lo abrazó con fuerza y lo alzó.

— ¡Pequeño Edwarsito!

Niklaus rio alto al escuchar su sobrenombre y chocó los cinco que le estaba ofreciendo su tío.

— ¡Qué bueno que ya llegaron! Mira lo que me regaló mi abuela Renée —señaló hacia el pequeño parque para niños con columpios, pasadizos y toboganes—. ¿Verdad que es genial eso?

— ¡No jodas! —exclamó Emmett realmente sorprendido. Bella le envió una mala mirada por la palabra que había utilizado y Emmett fingió no verla—. ¡Eso es asombroso! ¿Crees que yo pueda subir a esas cosas?

—Tío, vas a matar mi regalo si te subes a eso —dijo Niklaus riendo y después, miró sobre el hombro de su tío para observar a Rosalie entrar como una diosa (como siempre), con una bella sonrisa brillante y el cabello muy bien peinado—. ¡Tía Rose!

Emmett lo colocó en el piso y corrió hacia su rubia tía, quien los abrazó con fuerza y lo llenó de besos, manchando su cara de brillo labial.

— ¡Eres mi bebito todo grandote! —dijo Rosalie con voz emocionada sin dejar de besarlo—. Oh, mi amor, te extrañé muchísimo, ¿tú me extrañaste?

—Un poquito —dijo sonrojándose pero sinceramente. Rosalie rio por lo bajo y lo cargó también.

—Chiquito, ya creciste mucho, y estás mucho más guapo —le dijo sonriente—. Dime, ¿Cuántas novias tienes ya? Seguro que eres un rompe corazones… —ella le estudió con la mirada y sonrió—. Oh, cariño, te extrañé tanto.

Rosalie estaba a punto de llorar. Niklaus era como un segundo hijo para ella porque desde que la perra de Chelsea les dejó, había ayudado a su hermano con el pequeño llevándolo a todos los lugares y cuando se enfermaba.

—Sí, bueno, ¿no me extrañaste a mí? —Edward apareció, acercándose a ella mientras veía como los demás salían al jardín a reunirse con ellos. Bella estaba siendo abrazada por el desde atrás con uno de sus brazos. Estaba bastante sonriente.

—Hola, chica Hollywood —le saludó Emmett con una sonrisa arrogante.

—Hola, Músculos —le devolvió el saludo mientras se daban un abrazo.

—Te dejo de ver un tiempo y después estas en todas las revistas, ¿Cómo haces para generar tanta fama?

—La gente importante no necesita estrategias —le guiñó ella causando la risa del grandulón.

—Muy bien, te creo, te creo.

Niklaus volvió a colocarse en el piso y cuando vio a su abuela Esme y a su abuelo Carlisle sus ojos se iluminaron, ignorando a Aaron, quien estaba con un muñeco de acción enorme en las manos. El pequeño corrió donde sus abuelos y le abrazó a cada uno una pierna.

— ¡Bubus! —Exclamó con felicidad—. ¡Los extrañé mucho, Bubus!

—Vaya, Niklaus, estás muy grande —dijo Carlisle, mirándole con ternura y después le dio un beso en los cabellos, tomándolo en brazos otra vez. Bella observó eso con una sonrisa. Cuando la familia estaba reunida Niklaus no pisaba el suelo, definitivamente.

— ¿Cómo has estado, cariño? —le preguntó Esme con voz maternal. A Niklaus le encantaba escucharla porque le causaba tranquilidad y ganas de abrazarla todo el tiempo.

—Muy bien, ¿sabes que Bella ya es mi mami? Ya me deja decirle así, ¿no es genial?

Esme sonrió en grande, realmente contenta de que finalmente Niklaus pudiera tener una figura materna en casa y mirarla la mayoría de los días. Ella pensaba que Bella era una gran persona, a diferencia de Elizabeth, quien pensaba que Bella solo buscaba fama. Se le notaba la mirada maternal cuando miraba al pequeño.

—Es genial, Klaus —concordó Esme—. ¿Y ese parque que está allí es nuevo? —preguntó señalando el enorme regalo de Renée.

—Y también tienes un nuevo perrito —señaló Carlisle.

—Sí, me lo regaló la mejor abuela del mundo.

— ¿Ah sí? ¿Quién es?

— ¡La abuelita Renée! —exclamó sonriendo y alzando los brazos, Carlisle sonrió

— ¿Y quién mierda es esa tal "Abuelita Renée"?

Todo el mundo en el jardín se calló y volteó a la entrada trasera de la casa de donde estaban saliendo todos para poder encontrarse con Elizabeth hecha una furia.

Pasos se escucharon dentro de la casa y detrás de Elizabeth apareció Renée, con los brazos cruzados y mirándole de forma desafiante.

—Yo soy la abuelita Renée, ¿Cuál es tu problema aquí?


Ya sé que no es toda la reunión pero sí unaparte de ella. Edward le dio ese precioso regalo a Bella. Están los celos de Niklaus hacia más bebés... El abuelo y la abuela Swan consienten mucho al enano. El enano tiene una nueva mascota. Bella y Niklaus tienen el vínculo madre-hijo y parece que a Niklaus le gusta mucho. Edward está de acuerdo en eso. Se dijeron te amo. Apareció la familia. Tuvimos mucho Bella y Niklaus y el momento especial de Edward y Niklaus... ¡Y Elizabeth y Renée!

Primero que nada quiero agradecerles por leerme y por estar leyendo esto ahora mismo, hoy es noche buena, así que les deseo lo mejor, y tomen este capítulo como un pequeñito regalo de mi parte,estoy segura de que Niklaus les abrazaría a todas y haría un montón de cosas en navidad.

También tengo que decirles que Niklaus está nominado como mejor protagonista infantil. Pondré el enlace en el grupo de facebook para que voten por él si gustan :)

¿qué les pareció el capítulo?

Gracias a: ValeWhitlockGrey, Gisela, salyluna, Twilight Raquel-Carolay , Tecupi, AcquaCullen Potter, Nessie Joan Pattinson Stewart c, MONELITA CULLEN, yolabertay, Emm Masen Mccarty , PRISGPE, dracullen, shinygirl12, whitcullen, MeliRobsten02, bel20, galadrielcullen, Naye15, ,solecitopucheta, Brenda-Cullen-Ivashcov, NoeLiia, Angel twilighter, Manligrez, pera l.t, Tata XOXO, torposoplo12, DiAnA FeR, saraygarcia08, mariana, Karliie7, marieisahale , maferpatts, jupy, Nyx-88, vanesscsb, liduvina, conejoazul , .589, Beastyle, Masilobe, esmec17 , theparadise, , vanecullenciprianogrey, Maya Masen Cullen , lainardz.

A todos los que me agregaron a favoritos, alertas y los que leen mi historia cuando no leen una incompleta también, gracias, y a todos los anónimos :)

Para los que se quieran unir al grupo de facebook aquí está, allí se pubican fotos y las sesiones de fotos que Niklaus tiene o cualquier tipo de imagen referente al fic: groups/170869393079182/

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¡Nos leemos pronto!

¡FELIZ NAVIDAD Y FELIZ AÑO NUEVO! :)