Disclaimer: Los personajes son propiedad de Meyer, la historia es de mi imaginación.

Summary:

"Edward Cullen, el jugador de fútbol más exitoso tiene una vida bastante complicada con un revoltoso niño de cinco años. Lo que menos necesita ahora mismo es esa atractiva mujer que llegará a controlar su carrera y probablemente su corazón."


CAPÍTULO VEINTIOCHO

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Su voz era tan bajita que ella apenas se podía escuchar con todas las voces alrededor. Pero Edward pudo escuchar perfectamente lo que ella había dicho. Su cuerpo entero se tensó, sus manos sostenían las fotografías del ultrasonido. Las miró, en silencio, ignorando el hecho de que sentía el corazón de Bella golpeando su pecho contra su brazo izquierdo, al igual que el suyo.

Embarazados.

Sus ojos estaban abiertos completamente, con las pupilas dilatadas por la sorpresa. Y vaya que era una sorpresa. ¿Entonces era por eso que Bella estaba extraña esa tarde? Tragando pesado, pasó su largo pulgar por el punto blanco que estaba allí impreso, pero que sabía que era la primera foto que tenía de su bebé. Del bebé de Bella. De ellos.

¡Madre santa! ¡Un bebé!

¡Otro bebé!

Volvió su cabeza hacia a Bella, primero, sus ojos verdes y grandes y brillosos y expresivos fueron a su estómago. Estaba plano. Ayer, cuando ellos hacían el amor, él besó su estómago plano. ¡Estaba besando a su bebé también! Era prácticamente un cacahuate… miró como el cuerpo de Bella se estremecía un poco por la risa y rápidamente alzó la mirada a ella.

—No va a crecer mágicamente sólo porque ya sepamos que tendremos un bebé —le dijo con una enorme sonrisa contagiosa. Él sonrió, aun en silencio, pero su mirada bajó otra vez a su estómago. No se miraba completamente plano porque ese vestido que llevaba puesto hacia bastantes ondas a su alrededor. Ella tomó una de sus grandes manos y la colocó en su estómago—. ¿Lo ves? Nada. Aún está plano, falta un tiempo para que comience a parecer que tengo una sandía entera allí.

Edward alzó la mirada a los ojos de Bella. Su par de ojos chocolates favoritos le miraron brillantes. Ella estaba contenta. ¡Santa mierda! ¡Estaba contenta de que tendrían un bebé! ¿Y cómo mierda no iba a estar contenta? Era un bebé… de Bella. De él. Mierda, mierda, de ellos. Edward sonrió también, haciendo que las comisuras de sus ojos se arruguen bastante.

—Vamos a tener un…

— ¡Papi!

Edward se volvió rápidamente a Niklaus, quien había interrumpido su oración. El niño venía corriendo, con las manos mojadas y el botón y bragueta de sus pantalones desabrochados. Tenía una gran sonrisa en su rostro, así que supuso que no sabía la nueva noticia. El niño se lanzó a él, rodeándolo con sus brazos.

—Hola, enano, ¿Por qué traes el pantalón sin abrochar?

—No puedo —dijo con un puchero y Edward lo sentó en la mesa. Niklaus alzó su suéter y le dedicó una brillante sonrisa a Bella mientras Edward abrochaba su pantalón—. Pero ahora ya… ¿te divertiste en tu entrenamiento, papi?

—Sí, aunque es un poco cansado, quiero dormir.

Sin embargo, su rostro decía todo lo contrario. Estaba realmente despierto. No estaba cansado, en absoluto. Lo único que él quería era hablar y hablar y hablar con Bella. Sus mejillas estaban sonrojadas por la emoción, y sus ojos eran más brillantes que nunca.

—No luces cansado —dijo Niklaus con su ceño fruncido.

—Pero sí tengo hambre, ¿ya has ordenado lo que vas a comer?

—No, aun no —se bajó de la mesa y tomó asiento frente a ellos—. ¿Sabes que mamá fue al doctor de los bebés dentro de su panza? Dice que no le inyectaron, ¡uff! —Hizo como si se estuviera limpiando el sudor de su frente—. ¡Qué bueno que no le inyectaron la pompi! Duele mucho, ¿sabes? Pero dice mamá que cuando el bebé sale de la panza de una señora, mi doctor ve a los bebés, pero cuando el bebé está dentro de una señora, lo mira el doctor de mamá. ¿No es raro?

— ¿Por qué debería de ser raro? —preguntó Edward de manera casual, mientras acariciaba la mano de Bella que tenía entrelazada en la suya. Aun podía sentir su corazón golpeando con fuerza.

— ¿Por qué cambian de doctor? ¿Es porque ya son dos personas y no sólo una?

—Sí, es porque los niños o bebés necesitan un doctor y las mamás otro.

— ¿Pero mamá va allí porque es mi mamá? ¿Ella tiene un bebé en su panza? —sus mejillas se inflaron, no demasiado contento con esa posible idea.

Bella finalmente habló, colocando uno de sus codos en la mesa.

—Verás, cariño, cuando una mujer ya es grande, como yo, necesita ir a atenderse con un doctor especial para las mujeres, porque tú sabes que los hombres y las mujeres somos diferentes, ¿no? —Niklaus asintió mientras tomaba un sorbo de su jugo—. Entonces, como yo ya soy grande, necesito ir a una revisión, por seguridad.

— ¿Para cuidar que no te enfermes?

—Exacto, es para que no me enferme.

— ¿Y también mirarían a un hermanito dentro de ti?

Bella desvió su mirada rápidamente a Edward, sin saber que decir ahora. Ella un estaba asimilando esa noticia, no podía simplemente soltarle algo de lo que ella aún estaba procesando. Edward le dio un suave apretón en su mano y miró a su niño.

—Sí, si Bella tiene un bebé dentro de ella, también ese doctor le miraría —le dijo con calma.

Niklaus miró a su padre, procesando las palabras.

— ¿Pero cómo miran al bebé? Con las señoras que estaban sentadas en las sillas frente a mí no podía ver al bebé, pero yo sabía que tenían uno dentro porque yo estaba dentro de una panza también.

—Ellos tienen un aparato para eso, Klaus, es algo que hacen los doctores.

Bella se puso de pie, llamando la atención de los dos chicos en la mesa también.

—Iré a pedir la comida, ¿de acuerdo? Edward, ¿lo de siempre?

—Por favor, nena —asintió sonriéndole. Ella se sonrojó un poco y bajó su vista a Niklaus.

—Nik, bebé, ¿quieres lo mismo que papá?

—Sí, mami, por favor —respondió Niklaus con su voz infantil y rápidamente se volvió a su padre de nuevo—. ¿Y cómo es el aparato que utilizan? ¿Yo lo puedo ver alguna vez?

—Supongo que si mamá tiene un bebé dentro podrías ir con ella la próxima vez al doctor y mirarlo… —se aventuró a decir el cobrizo, estudiando la expresión del pequeño.

Klaus recargó su espalda en la parte trasera del sillón y se cruzó de brazos, balanceando sus pies y mirado a su padre con esos ojos azules brillantes y enormes, enmarcados por largas y gruesas pestañas oscuras. Sus mejillas estaban infladas.

—Pero yo no quiero hermanito.

— ¿Por qué no quieres un hermanito?

—Porque nadie de mis amigos tiene un hermanito, tampoco Aaron, Cara no tiene hermanitos porque no tiene mamá —el niño arrugó la nariz al recordar eso—, Drew y Adam tampoco tienen hermanitos, y la bebé Amber tampoco —se encogió de hombros.

— ¿Y a ti no te gustaría ser el primero que tenga un hermanito?

Klaus se quedó en silencio, sostenido la mirada de su padre mientras analizaba sus palabras con toda la seriedad que un niño de su edad, de mente avanzada, podía analizar.

—Pero es que si tengo un hermanito mamá ya no me va a querer… y tú tampoco.

— ¿Cómo sabes eso? No es cierto, enano, eso no pasaría.

—Porque los bebés necesitas más cuidados y yo, que soy niño grande, no.

—Pero Bella siempre te ha dicho que eres su bebé, ¿no? —Niklaus mordió su labio y asintió—. Entonces no hay nada de qué preocuparse.

—Sí, tienes razón, porque mami no está embarazada —sonrió en grande y saludó a las personas que tomaron asiento en la mesa continua. Edward lo tomó como una señal para dejar de hablar del tema.

El resto de la cena pasó sin ningún comentario sobre el embarazado de nuevo. Niklaus estaba bastante contento ese día por salir con sus padres a cenar que no dejaba de hablar sobre como pasaba sus clases como niño bueno. Ya no hacía nada de travesuras, pero se quejaba todo el tiempo de que él ya sabía leer y sumar porque Bella en sus ratos libres le ayudaba con las matemáticas. Era el primero de la clase, para rabia de Madame Katherine, cualquier travesura que hiciera no se podía reprender aún más por sus bajas calificaciones porque no era así. Edward y Bella estaban considerando realmente que estuviera un año más avanzado, pero Niklaus tenía amigos y probablemente no dejaría que le pasaran a un año más avanzado que el de sus compañeros.

Cuando llegaron a casa a Niklaus se le cerraban los ojos. Estaba realmente cansado, Bella le envió una mirada significativa a Edward y después subió las escaleras con el niño hacia su habitación. Él se desvistió casi con los ojos cerrados y cuando quedó en ropa interior subió a la cama, donde le estaba esperando Bella.

— ¿Quieres que te lea algún cuento?

—No —sacudió su cabeza y se apegó a su cuerpo, intentando alzar el vestido de Bella para poder alcanzar la teta. Sonriendo, Bella le detuvo la mano cuando el vestido iba casi a su cintura. Niklaus hizo un puchero—. Quiero teta, mami.

—Lo sé, tranquilo —ella desabrochó los cuatro primeros botones del vestido y descubrió uno de sus pechos mientras estaba tumbada en la cama de costado con Niklaus de la misma manera. Inmediatamente, como si se tratara de un imán, el niño pegó su boca y comenzó a succionar, acostumbrándose casi a no obtener nada. Se conformaba realmente con sólo sentir la piel de Bella en la boca, igual que cuando Edward le había metido el chupón como remplazo del pecho de Chelsea—. ¿Feliz? —murmuró Bella, acariciándole los cabellos, Niklaus asintió, mirándola—. ¿Ya te he dicho que tienes unos ojos preciosos? —El niño negó en modo de respuesta—. Pues tienes los ojos más preciosos que he visto.

—Cara dice que son igual al cielo —dijo el niño sin separarse de la suave y sonrosada piel de Bella.

—Sí, son igual al cielo cuando el sol brilla mucho. Me gusta mucho mirarlos, además tienen mucha alegría…

— ¿Quieres que no los cierre?

Bella rio, negando con la cabeza y pasó sus dedos por sus cabellos dorados.

—No, puedes cerrarlos si quieres… —Niklaus sonrió y alzó la mano para jugar con un mechón de cabello de Bella—. Mi amor… ¿sabes que yo te quiero muchísimo? —El pequeño asintió, jalando con su boca un poco más, haciendo que Bella apretara los ojos por la pequeña pulsación de dolor—. ¿Y qué vas a ser mi bebé por siempre?

—Me gusta ser tu bebé —murmuró, parpadeando de vez en cuando por el sueño.

— ¿Sólo mío y de nadie más?

—Sí… y de papá.

—Bueno, de papá también, pero de nadie más.

—No, no quiero otra mami —abrió los ojos para mirarla de nuevo y sonrió—. Tú eres la mejor mami de todas.

—Te amo, chiquitín —le dijo mientras agachaba su cabeza hacia a él y le daba un beso en la frente. Niklaus se separó de ella para estirarse y darle un corto beso en los labios y volvió a su trabajo, cerrando los ojos.

—También te amo, mami.

Cuando Bella se aseguró de que Niklaus estuviera profundamente dormido, volvió a la habitación principal, donde estaba Edward esperándola, sentado en la cama, mirando las fotografías del ultrasonido aun, con la rodilla temblando.

— ¿Acaso aun no terminas de creértelo? —Bella no terminaba de decir la pregunta cuando Edward ya estaba de pie y acercándose a ella para alzarla con sus fuertes brazos, haciendo que sus músculos se contraigan y le besó el abdomen varias veces seguidas, escuchando la suave risa de Bella. Finalmente la colocó en el suelo otra vez y le abrazó con fuerza.

—Vamos a ser papás —murmuró con entusiasmo, enterrando su rostro en el suave y largo cabello achocolatado de Bella.

—Corrección… seremos doblemente padres —ella rio y envolvió sus brazos alrededor de su cuello y le besó detrás de la oreja—, ¿estas feliz por esto? Sé que es un poco pronto, y que tenemos mucho trabajo por delante… y que Niklaus necesita mucha atención y probablemente arme una escena terrible por eso pero…

—Shh… —él se apresuró a llevar sus labios a los de ella y le besó de manera suave, tierna y con mucho amor, demostrándole cuanto la quería. Sus brazos se apretaron más a ella y sonrió contra sus labios, besándole después todo el rostro sin importarle las cosquillas que le estaba causando—. Me has hecho el hombre más feliz del planeta, nena… y si no lo demuestro es porque aún estoy en completo shock. Me faltó poco para ponerme a saltar y gritar justo en el momento en el que me lo dijiste.

—Bueno… bueno… tampoco era para tanto

— ¡¿No era para tanto?! ¡Vamos a tener un bebé! —Él le colocó las manos en la cintura y le apartó para mirarla a los ojos—. Vamos a tener un bebé… Dios… ¿en cuánto tiempo lo tendremos en nuestras manos?

—No lo sé, hasta ahora lo único que quiero es asegurarme de que está bien allí dentro.

—Pues claro que debe de estar bien allí dentro —se apresuró a decir, arrastrándola con él hasta que llegaron a la cama. Riendo, Bella dejó que la colocara de espaldas al colchón, con él sobre ella—. Se siente muy bien estar dentro de ti.

Ella le soltó un fuerte golpe en el hombro.

—Se trata de tu hijo, no seas pervertido.

Edward soltó una carcajada con ojos brillosos.

—Sólo digo la verdad, nena. La pura verdad y… hablando de otro tema pero del mismo tema… —se inclinó a besarle el ceño fruncido y después le dio un rápido beso en los labios—. No te preocupes si es demasiado pronto, o el trabajo… contrataré a alguien que te ayude, ¿quieres? ¿O quieres a alguien que te reemplace mientras estamos esperando al bebé? Y sobre Niklaus… hablé con él en la cena.

Se dejó caer a un lado, llevándola con él hasta colocarla sobre su cuerpo. Se colocó una almohada detrás de la cabeza y ella puso sus manos apiladas sobre su ancho pecho y recargó la barbilla allí, con las piernas entre las suyas.

— ¿Hablaste con Niklaus sobre eso en la cena?

—Sí, me dijo que no quiere tener hermanitos porque ninguno de sus amigos tiene, ni siquiera Cara… pero en cuanto le dije que podía ser el primero lo pensó. A él le encanta ser el primero.

—Sí, amor, pero el bebé no es un objeto con lo que se puede decir si es el primero o no.

—Lo sé… pero es que no encontraba otra manera de hacerle pensar en eso. Seguro que no lo tomará con mucha alegría… pero después lo va a aceptar, ya lo verás.

—Es demasiado celoso… —comenzó Bella, mirándole a los ojos— no quiero que tenga problemas de inseguridades.

— ¿Quieres que se lo diga yo? —ofreció Edward, comenzando a fruncir el ceño.

—No… será mejor que se lo diga yo, pero no creo que deberíamos hacerlo pronto… ¿o sí? ¿Deberíamos decírselo a nuestros padres? Mi mamá se va a volver loca…

Edward arrugó la nariz.

— ¿No podemos disfrutar del pequeño cacahuate nosotros un tiempo? —preguntó él, haciendo sobre salir su labio inferior al mismo tiempo que Bella hacia una mueca por el sobrenombre.

—No le llames así al bebé.

—Tiene forma de cacahuate en la fotografía.

— ¡Sólo tiene seis semanas!

—Pues vaya que está pequeñísimo… ¿así que hemos estado diciendo palabrotas en la cama teniendo a un niño presente?

—O niña…

—Mierda, una niña sería totalmente preciosa. Como tú —frunció el ceño—. Espera… eso quiere decir que tendré que comprarme una pistola para los niños. La educaré en casa.

Bella rodó los ojos y después fue a darle un beso en los labios para acomodarse sentada en la cama mientras se sacaba la ropa y se dejaba en ropa interior para después meterse debajo de las sabanas. Edward la rodeó con sus brazos de inmediato, dejando que ella estuviera un poco más alta que él y colocó su cabeza sobre su corazón y la palma de su mano sobre su vientre plano.

—Tardará en crecer —dijo bajito, trazando pequeños círculos con la punta de su dedo índice.

—Cuando menos te des cuenta lo tendremos en nuestros brazos totalmente sano —le respondió Bella en un murmuro mientras cerraba sus ojos y le acariciaba sus cabellos. Se quedaron en silencio durante un largo rato, en el cual Bella hubiera pensado que Edward estaba dormido si no fuera por sus dedos haciendo figuras en su estómago—. No quiero hacerlo público, Edward. ¿Te imaginas a todas las personas sobre mí cuando vaya a algún lado? ¿O sobre nuestra familia? ¿Incluso sobre mi pequeño niño? Voy a odiar eso.

—No lo haremos público si no quieres, nena. Pero debemos decirle a Nik que no puede estar diciéndolo cuando él lo sepa.

—Uff…

Después de otro momento, Bella volvió a hablar sin dejar de acariciarle el cabello cobrizo a Edward, quien no dejaba de mover la mano sobre su estómago, Bella incluso sentía ya las cosquillas de sus dedos aun cuando paraba.

—Edward… yo… creo que será necesario desprenderme un poquito de todo lo que tengo —Edward paró su mano al escucharla—. Sé que entrenas todo el día, y que ese es tu trabajo, pero yo también tengo mucho trabajo… y cuidar a Niklaus en las tardes también es un poco cansado. Voy a tener que dormir bastante… y las tareas de la casa…

Edward se volvió hacia a ella, con su rostro hacia Bella, parando su mano por completo.

—Lo sé, nena, tienes muchas responsabilidades. Me aseguraré de encontrar a alguien que cuide de Klaus los días que no tiene actividades. Lamento todo el trabajo que te estoy dando… y más teniendo en cuenta todo lo que tienes que hacer… Buscaré a alguien que pueda reemplazar a la señora Harriet mientras ella no esté aquí. No es necesario que hagas todas las cosas del hogar, ese no es tu trabajo.

—Pero llevo mucho tiempo viviendo aquí prácticamente y…

—No digas que necesitas hacer algo porque ese no fue el trato, nena. Te ofrecí estar aquí porque me gusta estar contigo. Estoy acostumbrado a despertar a tu lado que sería realmente una tortura no hacerlo. Moriré cuando la temporada empiece de nuevo—suspiró—. Pero no quiero que hagas las cosas, ¿bien? Buscaré a alguien. Si quieres menos trabajo, dime y también buscaré a alguien…

—No, Edward, es…

—No quiero que tengas complicaciones con el bebé. Sé que dirás que no es para tanto pero ya he pasado por eso antes, ¿recuerdas? Chelsea decía que no pasaría nada mientras ella se dedicaba a ajetrearse con un montón de cosas, no teníamos a alguien que nos ayudara y se complicó todo. Niklaus no nació en la fecha que tenía que ser, casi muero en el hospital. Tengo miedo de eso, ¿sí? Por eso… tal vez… deberías sólo descansar todo lo que quieras.

Bella le miró con los ojos entrecerrados. Realmente no estaba contenta con lo que Edward le estaba comenzando a decir. Quedarse en casa, con una persona que hiciera todas las tareas, alguien que le ayudara con el trabajo y alguien que cuidara de Niklaus no era algo que ella aceptaría.

— ¿Y qué se supone que haré todo mi tiempo libre en los próximos ocho meses?

—Leer, te gusta leer, ¿no? También te gusta dibujar vestidos y ropa de moda o esas cosas… puedes hacerlo. También te gusta mirar fotografías, y te gusta la comida

—A todo el mundo le gusta la comida.

—Bueno… pero te gusta cocinar… ¿no? Puedes ir a cursos de algo… puedes dibujar y empezar a hacer tu propia línea de ropa —dijo Edward con una sonrisa un tanto burlona—. Puedes ir a… no sé… lugares que te gusten… de compras… algo.

—Tú realmente estás loco. No soy de las que extiende la mano para recibir. Me gusta ganármelo.

—Haces mucho con llevar al bebé dentro de ti.

—Edward…

—Bien… pero piensa en lo que te digo, ¿sí? Has perdido un poco de peso, no me gusta eso, no se supone que sea sano.

—Lo sé, iré con alguien que me ayude en la alimentación durante los siguientes meses… también buscaré a alguien que me diga sobre los ejercicios.

Los ojos de Edward se agrandaron.

—No voy a ser una mamá gorda, Edward.

—Pero serás hermosa…

—No.

—Bella…

—Que no, yo haré ejercicios.

—Nena, por favor…

—Te recuerdo que el sexo es un ejercicio también así que si insistes entonces tendrás que buscar a alguien que pueda complacerte mientras yo llevo a nuestro bebé. Y además, deberás esperar los cuarenta días de reposo antes de que vuelvas a tocarme —ella sonrió y le palmeó la cabeza—. Pero… pensándolo bien… mejor sí me detendré con los ejercicios. Nada de actividades.

Edward le miró aterrado.

— ¿Qué? —rio nerviosamente—, no, nena, estaba bromeando, ¿Cómo piensa que iba a decir algo así de verdad? —Bufó rodando los ojos—. Es broma, puedes hacer los ejercicios que creas necesarios.

Bella sonrió en grande y se movió para abrazarlo con fuerza y le besó seguidamente la mejilla.

—Mi amor, ni siquiera me vas a aguantar cuando tenga el tiempito de querer estar sobre ti todo el tiempo —le dijo sonriendo.

—Yo creo que sí.

—Todo el tiempo voy a querer sexo, ¿vas a soportar eso?

—No es algo que se soporte, sólo se disfruta, nena.

—Aja… ¿tu bonito miembro va a tener capacidad de satisfacerme todo lo que yo quiera?

—Tu pregunta me ofende —Edward frunció el ceño pero con una sonrisa.

—Bien, de acuerdo, entonces… después de ir a Los Angeles para la sesión de Calvin Klein consultaré un médico para eso.

Edward gruñó, volviendo a colocar su enorme mano sobre el vientre de Bella.

—La sesión de fotos…

—Tu culpa —se apresuró a decir Bella—. Tienes toda la jodida suerte del mundo que mi estómago aun esté plano, si no, ¿Cómo mierda haríamos eso?

—Amor… el bebé te está escuchando.

— ¡Acabo de llamar a tu miembro bonito y no dijiste nada!

—Es que tienes razón —sonrió y le besó el estómago, haciendo que Bella sonriera inmediatamente—. Tengo na pregunta…

—Qué raro —murmuró Bella como si le causara fastidio. Edward sonrió.

— ¿Por qué no has tenido nauseas?

—Probablemente será cuando tenga un poco más de tiempo de embarazo… no lo sé, ¿pero sabes que sería genial? —Edward guardó silencio, esperando a que ella siguiera—. Que tú tuvieras los síntomas.

Él abrió en grande los ojos y comenzó a negar.

—Estás completamente mal de tu cabeza, cariño. Eso no va a pasar.

—Uno nunca sabe…

Edward gimió.

—No…

—Ya veremos. Ahora necesito dormir. Mañana será un largo día. Tú te levantarás a preparar el desayuno de Nik, a vestirlo y a convencerlo de que debe ir porque ya es el último día de la semana.

— ¿No quieres celebrar que tendremos un bebé?

—No —respondió ella casi de inmediato mientras se acomodaba en la cama, abrazando la almohada que estaba debajo de su cabeza. Algo le decía que Edward no le iba a dejar dormir boca abajo o con su cabeza sobre su pecho.

— ¿Ni siquiera me dejas agradecerte por darme un bebé?

Bella cerró las piernas inmediatamente mientras la risa le invadía y Edward gruñó.

—Eres aburrida, nena.

—Te prometo que sí preparas el desayuno de mañana y no asistes a tu entrenamiento como dijiste… seré yo quien te agradezca por darme un cacahuate.

— ¡Dijiste que no le llamara así!

—Nunca dije que yo no podía…

Con una sonrisa, Edward se quitó la ropa hasta quedar en bóxer y cuando estuvo debajo de las sabanas bajó su cabeza hasta colocarla sobre el estómago de Bella, con su brazo atravesando sus piernas, bien sujeto a ella. Le dio un beso otra vez en su piel y cerró los ojos.

— ¿Nena?

— ¿Mmm? —respondió ella somnolienta.

—Te amo.

Ella abrió los ojos rápidamente y bajó la vista a él, quien tenía el rostro en dirección hacia a ella, y le sonrió de la manera más sincera que alguien podía sonreír.

—Yo también te amo, guapo.

—Gracias por darme otro bebé…

—Amor, vas a hacer que llore toda la noche, no digas esas cosas… además, el bebé aún está en proceso.

—Lo sé, pero ya es parte de la familia.

—Edward Anthony… cállate.

—A la orden, nena —sonrió y se estiró a besarle los labios rápidamente—. Buenas noches —y volvió a dejar su cabeza en su estómago.

—Buenas noches.

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Unas ganas enormes de vaciar la vejiga hicieron que Niklaus se levantara de la cama de un salto y corriera al baño casi con los ojos cerrados tenía tanta suerte de saber exactamente cada lugar de su habitación que no se golpeó con nada. Hizo sus necesidades y después de terminar, abrió los ojos y se dio cuenta de la luz del día. Gruño y corrió de nuevo a ver el reloj a lado de su cama, según lo que le había enseñado Bella… era temprano, él debía despertar a las siete y eran seis y cuarenta y cinco minutos. El sueño se había ido. Con el ceño fruncido, caminó arrastrando los pies a la habitación de sus padres. Abrió la puerta con cuidado y los encontró completamente dormidos. Su mamá estaba acostada sobre una almohada y su papá estaba extrañamente con la cabeza en su estómago. Nunca les había visto dormir así.

Fue a acercarse a ellos para poder dormir lo que quedaba de tiempo, cuando fue a darle un sorbo al vaso de agua que estaba en la mesita se encontró con tres fotografías en blanco y negro, eran extrañas. Había visto que su papá las estaba sosteniendo ayer en la noche. ¿Qué era? No podía percibir nada familiar. Todo era blanco y negro. Tomó una de esas y la guardó dentro de sus calzoncillos mientras se escabullía con rapidez fuera de la habitación otra vez, directo a la suya. Una vez que llegó allí, guardó la foto en su mochila. Tal vez Cara podría ayudarle.

Minutos después, Edward despertó y le ayudó con las cosas para ir al colegio, diciendo que mamá debía descansar por ahora y que él prepararía el desayuno —un sándwich y una malteada de chocolate—, después, fue a llevarlo al colegio, diciéndole que iría por él más tarde para partir a Los Angeles.

Niklaus miró con cierta impaciencia a su profesora mientras ella explicaba la manera se multiplicar los números más sencillos del mundo. Matemáticas no era la materia favorita de Niklaus, pero sabía manejarlas bastante bien para un niño de seis años.

— ¿Alguien quiere participar? —preguntó la mujer, mirando a la clase.

Varias manos se alzaron, agitando los dedos. Lucy, junto a Niklaus, estaba levantándola también. El niño le envió una mirada confundida. ¿Por qué quería participar en algo tan fácil? ¿Quién no podía sumar dos veces dos? Rodó los ojos y recargó su mejilla en su mano. Finalmente un niño fue a colocarse frente al pizarrón y se puso a contar con los dedos antes de escribir. Niklaus le miró con los ojos entrecerrados. El niño de pie estaba abriendo y cerrando las manos, alzando los dedos. Se quejó, diciendo que no podía hacerlo, entonces, la profesora paseó la vista por el salón de clases otra vez.

—Joven Niklaus —llamó, con la mirada directa sobre él—. ¿Por qué no está poniendo la atención adecuada y no copia lo que está en el pizarrón?

—Sí lo copié —dijo a la defensiva—. Y sí pongo atención, sólo que eso es fácil.

— ¡No es cierto! —Exclamó el niño que había participado pero que ahora estaba en su asiento—. Él dice eso porque no sabe.

Niklaus le miró de mala manera. ¿Quién era él para decirle esas cosas?

— ¡Eso ya lo sé! dos por dos es igual a cuatro, ¡la multiplicación es fácil! ¡Y las sumas aún más! Las sumas y restas son para bebés. Todos ustedes son unos bebés que no saben nada.

— ¡Niklaus!

Los ojos azules de Klaus viajaron de nuevo a su profesora, quien le estaba mirando con el ceño fruncido y las manos en las caderas. ¿Pretendía intimidarlo de esa manera? Niklaus bufó y se cruzó de brazos, recargando la espalda en la silla.

—De acuerdo, señor Cullen, si usted dice que es tan listo… dígame, ¿seis por seis?

—Treinta y seis —dijo de manera automática, aun con los brazos cruzados, sin moverse de su asiento por nada del mundo. La profesora le miró un largo rato.

— ¿Te sabes las tablas de multiplicar?

— ¿Y quién no? Sólo que la del nueve aún se me olvida un poco, pero ya la estoy estudiando en casa en la hora de tareas. He terminado un libro así que antes de empezar otro, mamá me dijo que comenzara con algo que tuviera curiosidad… y fueron las matemáticas —se encogió de hombros—. Pero la próxima clase las sabré todas.

Antes de que la profesora pudiera decir otra cosa, la campana de la hora del almuerzo sonó, haciendo que Niklaus se pusiera de pie en un salto. Tomó la fotografía del ultrasonido de la mochila y la guardó en su bolsillo, después tomar el jugo que su papá le había dado. Corrió fuera del salón de clases para encontrarse con Cara, quien también estaba saliendo con su bolso del desayuno en las manos.

—Cara —llamó, llegando a su lado y le tomó de las manos. Rápidamente le dio un beso en la mejilla y la jaló a un rincón—. Necesito hablar contigo.

— ¿Qué? ¿Para qué? —dijo ella desconcertada. Le miró con su entrecejo fruncido levemente y miró a los lados.

—Necesito que me ayudes a descifrar algo.

—Klaus, no soy investigadora.

—No, pero eres inteligente.

Cara rodó los ojos y miró sus manos impaciente.

—Y… ¿Qué es lo que debes mostrarme?

Klaus se apresuró a sacar la fotografía de su bolsillo y se lo mostró. No miró cuando se la dio, simplemente miró el rostro de la niña mientras ella examinaba la fotografía.

— ¿No sabes qué es esto? —Preguntó en voz baja—. Mamá y papá lo tenía ayer en sus manos, pero no sé qué es.

—Bueno… creo que esta cosa muestra a un bebé —dijo la niña, tomando asiento en la banca de madera que estaba en el pasillo, pegada a la pared—. Marissa mira mucho un canal de mamás, y cuando alguien está con la panza grande o chica pero tiene un bebé aparece una imagen como esta —se encogió de hombros—. ¿Es de mamá Bella?

Niklaus asintió en silencio.

—Sí, ayer… fuimos con su médico. Es uno que revisa mamás mientras tienen bebés dentro de ellas.

Cara abrió los ojos en grande y se levantó de un salto.

— ¡Klaus! ¡Vas a tener un hermanito!

Niklaus frunció el ceño en dirección a Cara, ¿Qué cosas estaba diciendo? ¿Por qué decía eso? ¿En la fotografía estaba un hermanito? ¿Su mamá tenía un hermanito en la panza?

—Pero yo no quiero tener un hermanito. Te lo regalo.

—No, Niklaus, no puedes regalarme a tu hermanito —dijo Cara con una sonrisa—. ¡Es una gran noticia!

—No, no es una gran noticia.

—Sí, lo es.

—Me va a quitar a mi mami.

—Niklaus, tu hermanito no te va a quitar a tu mami. Tu mami te quiere mucho… además, ¿sabes que los primeros hijos son los mejores? —Cara le dio una sonrisa brillante y le tomó de las manos—. Las mamás y papás siempre quieren a los hijos mayores. Nosotros somos los mejores.

—Los bebés son molestos…

— ¡No! ¡Vas a tener con quien jugar! —Exclamó ella sonriendo y después le dio un abrazo—. Vas a ser el hermano mayor.

—Yo te tengo a ti para jugar… Ya no me van a querer porque soy grande… —dijo Niklaus con pena y la mirada baja.

—Klaus… si te van a querer —Cara le tomó las mejillas con sus manos para mirarle a los ojos—. Mamá Bella te quiere mucho. Tú eres su primer bebé. Los primeros son los mejores. Además, no das muchas molestias a los papás, los bebés sí, los bebés lloran mucho y se hacen popo en los pañales —arrugó la nariz y Niklaus le imitó—. Es horrible.

— ¿A mamá le va a crecer la panza?

—Creo que sí…

— ¿Tu quisieras tener un hermanito, Cara?

La niña asintió, bajando la mirada haciendo un puchero. Cara quería tener una hermanita todo el tiempo. Marissa siempre jugaba con ella pero no era lo mismo. Y Jasper no dejaba que muchas de sus amigas fueran a la casa para poder jugar con ella. Cara se entretenía con Marissa en sus clases de canto todo el tiempo pero no interactuaba mucho con niñas de su edad. Y también quería una mamá como la que tenía Nik, una mamá como Bella.

—Yo quiero una hermanita… pero no tengo una mamá que me dé una hermanita —dijo en voz baja.

Niklaus se apresuró a rodearla con sus brazos fuertemente.

— ¿Entonces crees que un hermanito es bueno?

—Sí, yo creo que un hermanito es bueno…

—Yo juego contigo, Cara, cuando me llames para jugar siempre iré, ¿sí? —Le dio un beso en la mejilla—. Y cuando tenga a mi hermanito te lo voy a prestar para que puedas jugar con él a que sea tu hermanito. A mamá Bella le va a gustar que juegues con él.

— ¿Enserio me prestarás a tu hermanito para jugar?

— ¡Pues claro! ¡Será hermanito de los dos! Porque mamá Bella también es tu mamá.

Cara sonrió, olvidándose de lo triste que se encontraba y le dio un tierno beso en los labios a Niklaus, haciendo que se sonrojara hasta las orejas.

—Eres el mejor novio del mundo —dijo sonriente.

—Ya lo sabía —contestó arrogante y le tomó de la mano—. Ahora vamos a comer, ¿sí? Yo creo que voy a tener un hermanito niño…

—No, yo creo que va a ser niña —discutió Cara, caminando de la mano con Niklaus en dirección al jardín, con todos los demás.

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Cuando al día por fin terminó, Niklaus encontró a Cara fuera de su salón de clases, con una sonrisa, y con un papel en sus manos. Ella rápidamente se lo entregó con una sonrisa.

— ¿Qué es esto?

—Ábrelo, lo hice para ti —dijo de manera apresurada.

Niklaus desdobló el papel en sus manos y allí pudo encontrar un dibujo. Estaba un niño de ojos azules y cabello amarillo, encima de la cabeza ponía "Niklaus". También estaba una niña rubia y de ojos grises, encima ponía "Cara". Y un bebé, —niño— con los ojos verdes y cabello de Edward, done ponía encima "Hermanito". Porque Niklaus dijo que tendría un hermanito y Cara terminó por aceptarlo. Ahora sólo faltaba que escogieran el nombre. Arriba de los tres, y en letras más grandes estaba escrito: ¡Felicidades hermano mayor!

Niklaus sonrió tímidamente, mirando a Cara.

— ¿Crees que van a dejar de quererme?

—No, Klaus, no lo harán —dijo ella acercándose a él, ajustando su mochila detrás de su espalda—. Tus papis te quieres mucho, mucho. Y si dejan de quererte… nos mudamos a la casa del árbol que está en mi jardín, ¿sí?

—Sí, me parece bien —asintió con una sonrisa ladina—. ¿Pero por qué no me lo han dicho?

—Tal vez te lo digan hoy —la niña se encogió de hombros y escuchó como le llamaban por el megáfono—. No temas, Klaus, ¿sí? Es un hermanito, ¡y aun no nace! Y yo te ayudaré a cuidarlo.

—Te quiero mucho, Cara.

—También te quiero mucho, Klaus —dijo ella sonriente y las mejillas sonrojadas—. Eres mi mejor amigo.

El nombre de Cara se volvió a escuchar.

—También eres mi mejor amiga.

—Si algo sale mal… puedes llamar a casa, el numero está debajo del dibujo.

Niklaus asintió y se inclinó para darle un beso en la boca.

—Adiós.

—Adiós, después hablamos y me cuentas como te fue en LA.

Y entonces Cara desapareció de allí, perdiéndose entre los niños, corriendo hacia la salida principal. Con un suspiro, Niklaus miró una vez más el dibujo y al bebé que estaba en medio de Cara y él.

No dejaría que un hermanito le quitara la atención de mamá, y mucho menos de papá.

En cuanto miró la camioneta negra que últimamente estaba utilizando Bella, se puso de pie de un salto, mirando como Edward se bajaba del auto y le abría la puerta a su madre con una sonrisa. Niklaus sonrió también. ¡Por fin tenía a sus papás juntos yendo por el al colegio! Ya no era un niño al que Acher iba a recogerlo. Tenía a sus papás… y a un hermanito en el estómago de mamá.

— ¡Papi! —gritó cuando ellos estaban a dos metros de distancia. La persona que estaba haciendo la guardia en la puerta sonrió a Niklaus—. Ellos son mis papis.

—Sí, joven, pero debe entrar al colegio.

—Pero ellos son mis papis.

—Ya… está bien —dijo Edward, llegando donde estaban, cargó al niño y éste rápidamente le dio un corto beso, haciendo morir de ternura a la mujer que estaba allí—. Venimos porque tenemos una cita con Madame Katherine y con la profesora Antonia.

Niklaus intercambió una mirada con Bella y ella le sonrió.

—Mami, esta vez no hice travesuras, te lo juro.

—No estás en problemas, bebé, tranquilo.

La mujer que hacia guardia le miró a ambos y después al niño. Ella no tenía ningún aviso sobre eso, pero el padre del niño se miraba bastante confiable. Asintió dejándolos entrar y ellos los hicieron con una sonrisa de agradecimiento.

— ¿No vamos a LA? —preguntó Niklaus en voz baja, echándole un vistazo a la panza de Bella. Su mamá estaba como ayer en la noche, cuando le dio teta, miró su estómago y estaba plano como una tabla de surf. ¿Allí había un bebé?

—Sí, el vuelo sale en dos horas—contestó Edward, colocándolo de nuevo en el suelo.

Niklaus alzó la mirada a su mamá.

—Te juro que me he comportado, mami.

—Sí, amor, nadie te acusa de algo malo. Es todo lo contrario.

Cuando llegaron a la oficina de Madame Katherine, la secretaria les sonrió y les dejó pasar. Una vez dentro, Bella ya estaba acostumbrada a ver a aquella mujer con uno de sus elegantes trajes de colores oscuros. Sin embargo, Edward aún no se acostumbraba demasiado, pero supo disimularlo con una sonrisa cordial.

—Vaya, señor Cullen, finalmente nos volvemos a ver. Buenas tardes —dijo la anciana mujer, sonriendo y extendiendo su mano.

Ya, claro, con las mujeres es una perra pero nada más ve a Edward y ni siquiera se esfuerza por sonreír, lo hace con bastante gusto, pensó Bella.

Una vez que estrecharon las manos, Edward y Bella tomaron asiento en cada uno de los sillones que estaban frente al escritorio. Niklaus se mantuvo sobre las piernas de su padre, mirando nerviosamente a Madame Katherine. Ella no podía tener una noticia de él porque no había hecho nada de travesuras en esos días.

La profesora Antonia se hizo notar entrando a la oficina también y les saludó brevemente. Edward hizo una mueca interna. ¿Por qué tenía que ser tan arrugadas?

—Señor Cullen, señorita Swan —comenzó la profesora Antonia—. Les he citado aquí para informarles que el joven Niklaus tiene una mentalidad e inteligencia bastante desarrollada. Y, mirando su desarrollo… creemos que es más conveniente que el niño pase a un grado un poco más avanzado.

Niklaus abrió en grande los ojos, sabiendo el significado de lo que su profesora estaba diciendo. Se volvió rápido a su mamá, quien tenía esa sonrisa de orgullo, pero su mirada estaba sobre Niklaus también. Sus ojos azules viajaron a los de su padre, intentando saber lo que respondería.

— ¿Avanzarlo un año así sin más?

—Claro que tendría que ponerse al corriente con algunas clases que lleva segundo grado pero…

—Yo no quiero dejar a mis amigos —murmuró Niklaus en voz baja.

—Cariño, lo que miras en clase ya lo sabes. No sirve de nada que estés sentado allí cuando la profesora explica a los demás niños. Además, seguirás viendo a tus compañeros—le dijo Bella, tomando su mano.

—Y sus contestaciones también son algo rebelde por cómo se siente —agregó la profesora—. Se molesta bastante cuando los otros niños de la clase no responden correctamente y eso, de alguna manera, complican mi trabajo como profesora.

—Sí, por supuesto —concordó Edward, frotando la espalda de Niklaus, que se encontraba aferrado a su cuello—. Hablaremos más a fondo del tema con él. Hemos considerado también ese aspecto.

—Intento enseñarle algunas cosas más en casa. Él necesita algo con qué distraerse —dijo Bella, arreglado su cabello en una coleta—. Sin embargo, aprende demasiado rápido.

—Sí, podemos notarlo —asintió Madame Katherine. Observó cómo Edward miraba su reloj de muñeca—. ¿Tiene algo importante que hacer, señor Cullen?

Edward alzó rápidamente la mirada a ella.

—En realidad, Madame Katherine, tenemos un vuelo en una hora y media. Pero entiendo lo que quieren decir. Lo conversaremos con más calma —asintió, poniéndose de pie—. Lo hablaremos con él y veremos qué es lo mejor.

—Si usted piensa que nuestro modo de enseñanza no es el suficiente para la inteligencia de su hijo entonces…

—Madame Katherine —interrumpió Edward—, no pretendía dar a entender eso. Al contrario, le he dicho que vamos a considerarlo.

—Bien —ella carraspeó, arreglando su vestimenta—. Sin nada más que agregar… esperamos que tengan un buen viaje, señor Cullen —se volvió a Bella—, señorita Swan, fue un gusto volver a verla y que no haya sido por motivos desagradables.

—Lo mismo digo, Madame Katherine —asintió ella, tomando la mochila de Niklaus.

—Nos veremos en cuanto tengan una respuesta —dijo la profesora Antonia.

—Hasta luego, señoritas —se despidió Edward, dejando que Bella saliera primero. Niklaus agitó la mano hacia a ellas en forma de despedida y escondió el rostro en el cuello de su padre—. Bueno, al menos no fue tan malo.

Bella rodó los ojos mientras caminaban de nuevo al auto.

—Definitivamente no sabes lo que es lidiar con esa mujer cuando está enojada.

Una vez que llegaron al aeropuerto, Acher estaba caminando frente a ellos, intentando alejar a los camarógrafos de allí. Niklaus estaba comenzando a enfadarse por el simple hecho de que no podía hablar con su madre sobre el tema de su hermanito. Estaba cansado, quería dormir y estar con su mamá. Se mantuvo callado en los brazos de su padre mientras ellos cruzaban el aeropuerto, con sus bolsos siendo llevados por el personal. Bella había intentado llevar algo, pero Edward simplemente le dijo que podía llevar su bolso y la mochila de Niklaus. No tenían tiempo de pasar a casa por nada del mundo. Niklaus había dejado la corbata en al auto, negándose a seguir con ella.

Una vez en al avión, Niklaus reclamó su lugar junto a su madre. Mientras estaban a punto de despegar, Niklaus comía un helado de chocolate porque quería mantenerse despierto, sin embargo, Bella sabía que no importaba cuanto chocolate comiera, el niño caería dormido en al menos una hora.

Ya en el aire, Bella sacó su portátil para poder seguir mirando el trabajo. En la mañana, mientras Niklaus estaba en el colegio, ella y Edward se habían pasado el tiempo agradeciéndose por tener un bebé, y disfrutando de que ahora ellos podían tener realmente sexo antes de que llegaran al último trimestre del embarazo.

—Mami —llamó Niklaus, viniendo del asiento de su padre, quien le había limpiado la boca que estaba manchada de helado. Bella le miró sobre las gafas que usaba cuando estaba en el portátil—. ¿Puedo hablar contigo como personas grandes?

Bella le miró un poco sorprendida. Le envió una mirada a Edward pero él estaba mirando su iPad, que descansaba en sus rodillas. Al parecer no sabía lo que Niklaus estaba planeando. Cerró su laptop y la dejó a un lado.

—Claro que sí, mi amor, puedes hablar conmigo —lo tomó de los brazos y lo sentó sobre sus piernas—. ¿Sucede algo?

—Yo… quiero decirte que tomé algo de tu habitación mientras tú y papá dormían.

—Oh… —Bella frunció el ceño, intentando recordar lo que era—. ¿Por qué lo has hecho?

—Quería saber lo que era… y le pregunté a Cara.

— ¿Y ya sabes lo que es?

—Yo… —aclaró su garganta y alzó la vista a ella, agarrando su camisa con puños, sintiéndose un poco nervioso. Ella le sostuvo la mirada, con curiosidad—. Mami… ¿voy a tener un hermanito?

Bella se quedó sin habla, realmente sorprendida. ¿Qué era lo que había tomado de su habitación? ¿Las fotografías del ultrasonido? Recordó que Edward le dijo que debía tenerlas al igual que como tenía las primeras de Niklaus. Ella sólo había tomado una para poder tenerla en su oficina. ¿Y cómo sabía Niklaus lo que era? ¿Cara sabía lo que era? ¡Madre mía! ¿Le había preguntado a un profesor lo que era?

— ¿Mami? —Niklaus le movió un poco. Bella parpadeó—. Contesta, mami.

—Yo… cariño, ¿Cómo sabes eso?

—Cara me dijo que esto —sacó de su bolsillo del pantalón exactamente la fotografía del ultrasonido y se la dio— era una foto de un bebé. Y papá lo tenía en las manos y tú también, ¿es tuya? ¿Hay un bebé en tu panza?

Bella intentó respirar un par de veces seguidas y tomó la fotografía con una de sus manos.

—Sí, mi vida, hay un bebé en mi panza —le dijo con la voz un poco rasposa.

— ¿Y por qué no me dijiste antes?

—Estaba buscando decírtelo cuando tu papá también estuviera junto a nosotros. ¿Te gusta la idea de tener un hermanito?

Niklaus bajó la mirada a sus manos, que descansaban en su regazo. Lentamente negó con la cabeza mientras su labio inferior comenzaba a temblar. No importaba lo que decía Cara ahora. El bebé le iba a quitar a su mamá. Sus ojos se llenaron de lágrimas, nublando su vista y sus hombros se sacudieron.

—No quiero tener un hermanito.

Bella sintió como se le oprimía el pecho ante sus palabras. Ella sabía que iba a ser duro, pero esperaba realmente un berrinche, pataletas, gritos y no un llanto silencioso que la mataba más que nada. Cuando Bella fue a alzar la cabeza de Niklaus, sintiendo su cuerpo estremecerse por el llanto, miró por el rabillo del ojo como Edward se incorporaba y se dirigía a ellos. Tomó asiento a su lado con el ceño fruncido.

—Pero mi amor… ¿Por qué no quieres un hermanito? —tragó pesado al ver las gruesas lagrimas rodar por las mejillas de Niklaus. El niño cerró los ojos y enterró su rostro en su pecho—. Vas a tener a alguien con quien jugar… y cuidar…

—Es que tú y mi papi ya no me van a querer —murmuró contra su piel—. El bebé necesita mucha atención, ya no voy a ser tu bebé nunca más.

—No, mi amor, no digas eso —ella lo rodeó con sus brazos y lo estrechó contra ella, besándole los cabellos—. Tu papi y yo siempre te vamos a querer. Eres nuestro primer bebé. Siempre vas a ser mi bebé. ¿Recuerdas que te había dicho eso?

Klaus se mantuvo llorando contra su pecho, sin decir una palabra, su puño estaba apretado, agarrando la camisa de Bella.

—Cariño, no te vamos a cambiar.

—Pero él sí está en tu panza y yo no… —sollozó.

Bella miró a Edward con los ojos un poco llorosos. Odiaba que Niklaus se sintiera así, y más cuando sus palabras no servían sólo como consuelo. Edward le miró brevemente y después bajo la vista a su hijo, le tocó la espalda.

—Hey… enano, mira a papá, por favor —le pidió en voz baja, agachando la cabeza hacia a él. El niño separó su rostro de Bella y abrió los ojos, encontrándose con los de su padre, se frotó los ojos con sus manos y después se lanzó a él, volviendo a llorar contra su hombro—. Enano, no tienes por qué llorar. Es sólo un bebé chiquitito, y todavía no nace. La panza de mamá no crece…

—Pero va a crecer y después el bebé va a nacer —contestó contra el hombro de Edward. Él lo agarró y se recargó en el respaldo del asiento.

—Sí, pero Niklaus, escúchame, mírame a los ojos, por favor.

El niño se separó de su padre a regañadientes y sorbió su nariz. Edward le limpió las lágrimas con sus pulgares.

— ¿Acaso piensas que yo voy a dejar de quererte alguna vez? —Niklaus negó ante la pregunta de su papá—. Eres mi hijo, Klaus, y ese bebé que tiene mamá en la pancita también lo es… y a los dos los voy a querer por igual, siempre. Eres mi bebé también. Y eres el primero.

—Pero el bebé va a estar más chiquito que yo…

—Pero eso no quiere decir que mamá y yo te dejaremos de querer.

Niklaus miró a Bella por unos segundos y se mordió el labio al ver que ella tenía los ojos llorosos.

— ¿No me vas a dejar de querer, mami?

—Claro que no, mi amor, tu eres mi bebé. Y aunque crezcas tan alto como tu papá siempre lo vas a ser.

— ¿Segura?

—Segurísima.

— ¿Me lo prometes por el meñique? —estiró su mano, alzando sólo su meñique. Bella rápidamente lo enganchó con el suyo.

—Lo prometo, mi amor.

— ¿Y ya no vas a llorar?

— ¿Tú ya no vas a llorar? —El niño negó, chupando su labio inferior—. Entonces yo tampoco lo haré.

Edward acercó su boca al oído de Niklaus para susurrarle.

—Ahora dale un beso a mami y dile que la quieres mucho.

Niklaus asintió, tomó el rostro de Edward primero con sus pequeñas manos y se acercó a darle un beso, susurrándole que era el mejor papá del mundo. Después, bajó y se pasó al regazo de Bella para poder darle un beso también y un fuerte abrazo.

—Te quiero mucho, mami.

—Yo también te quiero mucho, bebé —ella le besó la mejilla sonriendo un poco.

—Voy a ser un buen hermano mayor y te voy a ayudar con mi hermanito.

—Estoy segura de que vas a ser un gran hermano mayor… pero ¿Qué pasa si es una niña?

Niklaus arrugó la nariz.

—Ew, niña no. Va a ser niño. Yo lo sé —su mirada azul bajó al estómago de su mamá, mirándolo y después se bajó de las piernas de Bella para alzar su camisa y mirar el abdomen blanco y plano—. Lo siento, hermanito, pero mis papis me quieren más a mí que a ti… pero voy a cuidarte porque voy a ser un hermano grande muy bueno para ti. Aunque no dejaré que te acerques mucho a Cara, ella es mía y… no dejaré que entres a mi habitación todo el tiempo, ¿de acuerdo?

Y después hizo algo con lo que Bella definitivamente pensó que iba a morir.

Se agachó y le dio un tierno y sonoro beso en el estómago, pegó su oreja durante unos segundos y después se alzó y les sonrió a sus padres, quienes estaban sonriendo mientras lo miraban.

— ¡Listo! Mi hermanito dice que se va a portar bien, y me dejará ser un hermano mayor bueno y que no me quitara ni a mi mami, ni a mi papi, ni a la teta de mami.


¡Ya tenemos la reacción de los dos hombres más importantes! ¿Cómo les pareció la reacción de Edward? Tan tierno ese hombre divino *-* ¿Y Niklaus? Apuesto a que esperaban gritos... Y LA HERMOSA CARA, esa niña esun amor también... ¿Creen que Niklaus pueda mantenerse callado con la noticia? ¿Cómo creen que reaccionarán las abuelas?

LLEGAMOS A CIEN REVIEWS EN UN CAPÍTULO. Tengo que comenzar a poner más capítulos con suspenso para tener esa cantidad...tal vez muertes... peleas...accidentes... no sé, no sé.

Gracias a: NoeLiia, whit cullen, greihalecullen, genylighter, Manue Peralta, DarkWardObsession, marieisahale, Nana Black Star, isakristen, Naye15, solecitopucheta, , Vero Grey Cullen, Marie Mars, WiCCACrAZZy, PottericaTwilighterVictoria, Acqua Cullen Potter, Annaniicolle, Vani, AleLupis, Cristina Rey, Maary Cullen, maferpatts, aguabellisima, Isabella Grey Day, Nessie Joan Pattinson Stewart, torposoplo12, VAnonimo, zuleyma24cullen, Nadiia16, Bella Kristen Marie Swa, dracullen, Danny Fer D'Rathbone, Beastyle, Vicky B. Jonas, cary, PRISGPE, saraygarcia08, Ilse Masen, zonihviolet, maria6995, tityscaya, Mara, Sarah Cullen Masen, Narraly, dianaviviani, Gretchen CullenMasen, jupy, Bennetty Cullen, Melania, Tecupi, TheYos16, MONELITA CULLEN, Nina Cordova, galadrielcullen, M Ale Ch M, Karlie7, KeyAl, theparadise, Nandita21unexplained, jadecullen7, Carmen Marin, bel20, Manligrez, Chiarat, Angelus Cullen, Brenda-Cullen-Ivashcov, salyluna, Kristenst, amanecer2601, yolabertay, Babi, , Mia, Mon de Cullen, Elizabeth Everly, OrizMartha, EmDreams Hunter, pera l.t (agradezco mucho tus palabras), Jane Bells, chl, Nyx-88, anita, jessica acevedo, karenava, liduvina, AdriLopez

A todos los que me agregaron a favoritos, alertas y los que leen mi historia cuando no leen una incompleta también, gracias, y a todos los anónimos :)

Para los que se quieran unir al grupo de facebook aquí está, allí se pubican fotos y las sesiones de fotos que Niklaus tiene o cualquier tipo de imagen referente al fic: groups/170869393079182/

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