Disclaimer: Los personajes son propiedad de Meyer, la historia es de mi imaginación.

Summary:

"Edward Cullen, el jugador de fútbol más exitoso tiene una vida bastante complicada con un revoltoso niño de cinco años. Lo que menos necesita ahora mismo es esa atractiva mujer que llegará a controlar su carrera y probablemente su corazón."


CAPÍTULO TREINTA

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La cama estaba llamando urgentemente a Edward en cuanto la miró. Joder, el día había sido un poco cansado tanto para él y para Bella. Se lanzó sobre la cama mientras esperaba a Bella para dormir. Estaba comenzando a necesitarla demasiado para muchas cosas. Se encontró con que se le había hecho un poco difícil conciliar el sueño si ella no estaba a su lado. Era un poco extraño ya que eso nunca antes le había pasado. Depender de alguien, y menos para dormir. Encendió el televisor y miró el canal de deportes sin muchos ánimos. Cuando sus ojos se estaban cerrando su teléfono comenzó a sonar casi de una manera insistente en su bolsillo. Casi gritando que debía contestar. Frunció el ceño al ver el nombre de Jasper en la pantalla pero respondió.

—Hola, Jasp…

—Tengo una hija —interrumpió Jasper con voz histérica y llena de pánico.

Edward frunció el ceño ante su tono de voz.

—Sí, idiota, eso ya lo sabía.

—No, no, no hablo de Cara, idiota —respondió Jasper un poco agitado—. Tengo otra hija.

— ¿De qué mierda estás hablando, Jasper?

—Otra niña, Edward. ¡Tengo otra hija!

El cobrizo se incorporó en la cama, recargando la espalda en la cabecera mientras colocaba la televisión en modo silencioso y miraba hacia la nada, intentando saber lo que su amigo le estaba diciendo.

—Si te explicaras un poco más sería fantástico.

—Hace unas horas —Edward miró el reloj, frunciendo el ceño ante lo temprano que sería en Londres— llamaron a la puerta despertándonos a Cara, Marissa y a mí. Era demasiado insistente así que fuera a abrir y allí encontré a una mujer. ¡No tenía ni una puta idea de quién era! —Edward intentó prestar bastante atención porque, de la desesperación, Jasper ni siquiera podía hablar claramente—. Con ella venían varias maletas rosas y de colores, y una niña de seis años. Joder, la niña era igual a su madre. Estaba confundido, por supuesto y entonces ella lo primero que me suelta es: Te presento a tu hija.

—Jasper…

—No, espera, eso no es todo. ¡Ni siquiera quiso entrar a la casa conversar muy bien el asunto! La niña tenía una gran sonrisa al verme, y lo primero que hizo fue lanzarse a mí y abrazarme, murmurando la palabra papá, joder, estoy acostumbrado a escuchar eso sólo de Cara, pero de otra niña…

— ¿Cómo estás tan seguro de que es tu hija?

—La chica, que se llama Mauren, tiene todos los datos de la niña, ya sabes, fecha de nacimiento, día… y tiene todos los recibos de la cita con el médico. Nos conocimos hace siete años, cuando todavía estábamos en la universidad. Fue en una fiesta después del último juego, ¿lo recuerdas? Bueno, no importa, no creo que lo recuerdes porque estabas muy ocupado con Chelsea en una de las habitaciones — ¿Cómo jodidos Jasper sabia eso?—, bueno… ella hizo referencia a eso y ¡resulta que sí le recuerdo! Fue el mejor sexo que tuve en todos los jodidos años de universidad… no usamos protección porque ella estaba tomando la píldora pero no función para nada. Y ahora, seis años después vino y me entregó a Isobel. ¡Cara estaba emocionada! Tan sólo pregunto: ¿ella es mi hermana? Y cuando ambas contestaron que sí, mi pequeña tomó a Isobel y se la llevó a jugar.

—Mira el lado bueno, al menos no tienes que preocuparte porque Cara acepte a la niña —comentó Edward un poco confuso todavía—. ¿Por qué ha dado la cara hasta ahora aquella mujer?

—Dice que se le ha visto demasiado difícil mantenerla últimamente. Ella trabaja como asistente dental y dice que no le sirve demasiado… además de que ahora está embarazada de otro hombre.

—Eso es una vil mierda.

— ¡Lo es! —gritó Jasper. Justo en ese momento, Bella entró a la habitación con una pequeña sonrisa, que se desvaneció al ver el gesto de preocupación que tenía Edward. Él rápidamente le sonrió y le recibió en la cama—. Le he dicho que no le pienso ayudar con su otro embarazo. Me vino a entregar a Isobel, eso es tan estúpido, y no es que no le acepte, porque, joder, esa niña copió exactamente mi nariz y la marca de nacimiento que tengo en mi cuello —Jasper suspiró y Edward le imaginó frotándose el rostro—. Isobel está más que contenta que vivirá conmigo desde ahora junto con su hermana Cara. ¿Qué se supone que haré? Apenas tengo tiempo para Cara… Marissa no va a ser suficiente para ambas.

—Pero ahora se tienen unas a otras, ambas se van a entretener. No te pongas de esa manera porque las niñas también se van a poner inquietas. ¿Dónde mierda estás metiendo tu jodida polla, Jasper? —Bella le estudió el rostro para saber de qué estaban hablando porque ni siquiera podía imaginarse algo—. Tienes los recursos suficientes para mantener a ambas, lo sabes, eso está de más. Tienes a Marissa. Lo único que debería preocuparte es que Cara no le acepte o que Isobel no esté conforme… pero para tu jodida suerte ambas se agradan. Amigo… deberías recordar muy bien con todas las mujeres que follaste antes de que algunas otras toquen a tu puerta con más niños de la mano.

— ¿Cómo crees que todo marche ahora? —preguntó Jasper con cierto nerviosismo.

—No lo sé, no he estado en esa situación y realmente no espero estarlo —bajó la mirada a Bella y su mano libre se coló por debajo de su camiseta hasta tocar su vientre plano—. Aunque ahora debes adaptarte a ello… y darle la noticia a tu madre —dijo con una pequeña risa a lo que Jasper gruñó.

—Es lo peor de todo.

—Lo primero que debes hacer es mirar todos los asuntos legales. Tener totalmente la custodia para que después de un tiempo la mujer no se sienta con todo el derecho de querer llevarse a Isobel. Es lo que debes cubrir principalmente.

—Sí —suspiró el rubio—, supongo que tienes razón. Esta mañana, después del desayuno iremos a comprar cosas para hacer la habitación de Cara, para dos niñas. Ninguna acepta tener habitación separada.

—Una preocupación menos.

—Sí… bueno, es mejor que me vaya ahora. Tengo que pensar algunas cosas.

—Sólo espero que no te de diabetes o algo así.

—Idiota —murmuró—. Dile a Bella ya Niklaus que les mando saludos.

—Seguro. Hasta luego.

Bella observó cómo Edward dejaba su teléfono célula lejos de ellos y se volteaba completamente para poder colocarla encima de él, como ambos estaban acostumbrados.

— ¿De qué hablaban?

Mientras Edward le contaba el problema de Jasper exactamente como él se lo había dicho, Bella lo observaba con bastante atención totalmente sorprendida también por la situación en la que su amigo se encontraba. No imaginaba como una persona podía tratar de esa manera a una niña de seis años. La edad de su pequeño Niklaus. Después de discutir el asunto por casi veinte minutos y sobre que Bella ahora tenía teta para Niklaus, ella se dedicó a contarle la oferta de Samanta. Edward estaba totalmente sorprendido al principio por la gran oportunidad que le estaban dando, pero en cuanto Bella comenzó a explicarle realmente lo que ella sentía al diseñar ropa y mirar que era algo que a ella de vedad le apasionaba, ya estaba sonriendo.

—Es una excelente oferta, nena —dijo con la brillante sonrisa.

— ¡Sí, lo es! Estoy bastante emocionada por eso, ¿no crees que sea genial?

Edward le miró con ojos brillantes esas mejillas estiradas por la enorme sonrisa de oreja a oreja. Estaba sonrojada por el calor de California y sus ojos, grandes y achocolatados estaban demasiados entusiasmados también. Pasó su dedo pulgar por su pómulo.

—Lo es, nena. Así que tengo algo que decirte —Bella le miró con el ceño fruncido mientras él acomodaba una almohada debajo de su cabeza—. Qué te parece, si ahora que te han ofrecido eso… y estás embarazada y no necesitas estresarte mucho, ¿lo aceptas? Sé que no es un trabajo en el que no te estreses pero estoy seguro de que es muchísimo más relajado que el trabajo que tienes ahora. Y es algo que te gusta hacer. Muchísimo. Y eso es lo más importante para mí, que te guste tu trabajo.

—También me gusta hacer lo que hago ahora.

—Lo sé, pero es demasiado pesado ahora. Y lo único que quiero es que hagas algo que te guste de verdad y no tengas que estar yendo a muchas citas o viajando de un lado para otro porque pude ser malo para el bebé. Sé de alguien que estaría encantado de ocupar tu lugar.

Bella le miró unos momentos en silencio, con la boca entreabierta. Edward le pasó el dedo pulgar por su relleno labio inferior.

—No lo pienses, nena. Sabes que es una buena oportunidad. Para ti. Eres buena en eso. Y no soy el único que lo dice. Por esa razón te han ofrecido esa oportunidad. Tendrías un poquito más de tiempo libre para ti…

—Yo no puedo abandonarte así fácilmente, Edward, recién vas a comenzar la temporada y…

—Y nada. No importa. Sé de alguien más que tiempo atrás insistió mucho conmigo y es realmente bueno. No es más bueno que tú, ya lo sabes. Y no me vas a abandonar. Eres mi novia. Eres la madre de mi hijo y de mi futuro hijo… —una estúpida sonrisa se colocó en sus labios— y ahora vives conmigo.

— ¡Ah! ¡Sobre eso! —Bella abrió más los ojos—, creo que debería volver a mi apartamento. Lo he dejado muy abandonado.

— ¡¿Estás loca?! —los ojos de Edward se abrieron en grande—. ¿Acaso quieres que me vuelva loco?

Bella rodó los ojos con una pequeña sonrisa.

—Oh, vamos… no es para tanto porque ya vivías sin mi antes. Ambos. Y… se supone que sólo viviría con ustedes un tiempo.

En un movimiento rápido y calculado, Edward dejó a Bella sobre la cama, poniéndose rápidamente de pie con una sonrisa maliciosa.

— ¿Qué estás planeando hacer ahora, demonio? —preguntó Bella, entrecerrando los ojos sin apartar la vista de él.

Sin responder, Edward dio vueltas por la enorme y espaciosa habitación en busca del bolso de Bella. Cuando lo miró junto a la mesa que estaba a un lado del closet fue y lo tomó rápidamente, buscando dentro, bajo la atenta mirada de Bella. Cuando finalmente encontró lo que quería se acercó de nuevo a la cama con tres grandes pasos. Tomó las manos de Bella hasta hacerla sentarse, con los pies colgando. Él se arrodilló, haciendo que Bella entrecerrara los ojos aún más.

—Isabella Swan…

—Te voy a odiar por esto —murmuró con una pequeña sonrisa, dejando que Edward le tomara una de sus manos.

—Shh, nena, déjame terminar —Edward carraspeó sacudiendo la cabeza—. Yo, Edward Cullen, le pido a usted, señorita Swan, la mujer que me ha conquistado desde la primera vez que la miré.

—Eso es una total mentira…

Edward le ignoró.

—Aunque al principio me haya parecido una total cabeza dura…

— ¿No estabas en lo cierto?

—Bueno, sí, pero ahora he aprendido a vivir con ello —sonrió mostrando su perfecta dentadura—. ¿Me harías el gran honor de vivir conmigo y con mi hijo diablillo por el resto de tus días? —le miró a los ojos mientras abría su mano, dejando ver las llaves de la casa de Londres, que ella misma tenía en su bolso porque él ya se las había dado antes pero de una manera informal.

Lo único que Bella hizo fue reír mientras movía la cabeza de un lado a otro, totalmente divertida por la situación en la que ahora se encontraba.

—Di que sí, por favor, no me dejes en ridículo delante de Pocoyo —dijo mirando de reojo al muñeco de peluche que estaba junto al tocador, donde Niklaus lo había dejado por última vez—. Va a ser muy vergonzoso.

—Vale —dijo Bella riendo—, acepto sólo porque no te quiero dejar en vergüenza.

— ¡Sí! —Bella tomó las llaves justo antes de que él se lanzara sobre ella haciéndola reír un poco más y comenzó a besarle el cuello, ocasionándole alunas cosquillas con los dedos de las manos sobre su cintura.

— ¡Edward!, basta, basta ahora —dijo entre risas mientras intentaba detenerlo. Cuando finalmente paró, Edward le dio un suave beso en los labios haciéndola sonreír, sintiendo su corazón golpear su pecho—. Algunas veces puedes resultar irritante —murmuró contra sus labios.

—Pero te hago reír —le dijo él de vuelta, besándole cortamente sus sonrosados labios—. Y eso me encanta.

—A mí me encantas tú —murmuró ella, llevando sus manos a sus cabellos para poder enterrar sus dedos allí.

—Uy, nos estamos poniendo un poquito cursis —dijo Edward con burla, haciendo que Bella le diera un tirón con sus dedos—. Vale, no nos estamos poniendo cursis —volvió a besarle durante un buen rato otra vez, comenzando a sentir como Bella se retorcía debajo de él, soltando algunos gemidos—. Espera, espera —se separó de ella haciéndole gruñir.

— ¿Ahora qué cosa quieres? ¿No puedo tenerte entre mis piernas y ya?

—No —dijo como un niño pequeño—, tengo otra propuesta.

—No me voy a casar contigo a menos que me muestres un pequeñito anillo y sea por el civil antes de tener a mi bebé.

Edward le miró sorprendido por unos segundos. Bella sonrió.

— ¿Qué? Mi bebé necesita nacer bajo un verdadero hogar y no me voy a casar por la iglesia con mi barriga gigante.

—Bueno, no era eso —dijo Edward un poco perplejo.

— ¿Qué es, entonces?

— ¿Me concedes el honor de ser la más guapa, hermosa, preciosa, graciosa, ocurrente, buenísima y caliente mejor diseñadora de todos los tiempos?

—Aun debo pensarlo muy bien.

—Oh, vamos, nena, di que sí, yo no tengo ningún problema con que otra persona se haga cargo de mis negocios.

— ¿Enserio vas a aceptar a otra persona como tu agente para concederme lo que a mí me gusta?

—Claro —se apresuró a responder, mirándola a los ojos—. Haría lo que fuera porque así sea… Además, eso se hace por las personas a quienes se aman, ¿no?

Bella le miró, mordiéndose el labio inferior. Joder, Edward algunas veces podía ser tan cretino, inmaduro, loco, tonto, ocurrente, un poco irresponsable, infantil, grosero… pero tenía su lado inteligente, atractivo, ingenioso, caliente y romántico que hacía que se muriera de amor por él, sabiendo que de verdad le amaba.

—Creo que estoy desgraciadamente enamorándome cada vez más de ti —suspiró, abrazándolo con fuerza—. Eres tan malditamente bueno conmigo.

Edward sonrió, rodeándole con sus brazos.

—Lo hago por ti, nena. Sólo por ti. Pero respóndeme, ¿sí aceptas mi última oferta?

—Sí, también la acepto —dijo ella sintiendo un nudo en la garganta, apretando más sus brazos alrededor de él—. Te amo, cariño —le besó el cuello un par de veces y Edward la estrechó contra él.

—También te amo, nena.

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Edward gruñó en cuanto sintió el cuerpo de su hijo colocarse sobre su espalda. Tenía tanta suerte de hacerle caso a Bella cuando le dijo que se pusiera los calzoncillos después de hacer el amor ayer en la noche. Sintió la mano de Niklaus darle varias nalgadas mientras reía.

—Papi, papi, papi —llamó saltando sobre su espalda, dejando caer su pequeño y redondeado trasero—. Despierta, despierta.

—Niklaus… es muy temprano —murmuró Edward alzando el brazo para atraer a su hijo con él de vuelta a la cama.

—Papi, son las doce —rio Niklaus intentando apartarse de él—. ¿Dónde está mamá?

—Mamá fue a trabajar un ratito.

—Pero mamá dijo que hoy iríamos a la playa los tres juntos.

—Lo sé, campeón, pero ella llegará allá. Nosotros debemos alimentarnos ahora mismo y después podremos ir a la playa, ¿Qué dices?

— ¿Sólo tú y yo? —preguntó, intentando abrir los parpados de su padre.

—Sólo tú y yo.

— ¿Cómo en los viejos tiempos? —murmuró hasta juntar la frente de su padre y la suya.

Edward abrió los ojos sintiendo su cercanía y lo apretó contra él para darle un beso en la nariz. Suspiró y enterró su nariz en el cuello de su pequeño mientras sus pequeñas manos le abrazaban.

—Sí, enano, como en los viejos tiempos. Pero deja dormir a papi, ¿sí?

—No, no quiero. Tengo hambre, papá, ¿podemos comer algo? Mamá me dio teta ayer en la noche, ¿sabes? Y ya hay leche, aunque sabe un poquito rara.

Edward rio por lo bajo con el rostro contra la almohada, sin soltar a su hijo.

— ¿Rara?

—Sí, ¿a los bebés les gusta así?

—Sí, para ellos es lo mejor. Pero tú ya estás grandecito así que probablemente por eso te sepa rara a ti.

—Pero lo voy a soportar.

—No es necesario que lo hagas si no te gusta, enano —Edward se acomodó de manera en que su hijo quedara acunado debajo de su brazo musculoso. Niklaus alzó la cabeza para poder observarlo.

—Es que tengo que hacerlo para que mami pase tiempo conmigo y no me cambie por mi hermanito.

Edward le miró por unos momentos a los ojos. Niklaus estaba sufriendo en esos momentos. Él de verdad creía que su madre podría cambiarlo o abandonarlo por un bebé que estaba en camino. Lo que él no sabía era que Bella jamás se perdonaría si eso fuera de aquella manera.

—Enano, tu mami no va a cambiarte, ¿de acuerdo? Va a querer a los dos por igual. Y yo también voy a querer a tu hermanito porque seremos una familia, ¿sí? —Le besó los cabellos—. Y si no te gusta la leche de mamá entonces dile que sólo quieres pasar tiempo con ella. Dile que por las noches, y cuando vayas a tomar la siesta quieres abrazarla. Y allí puedes decirle que tal te fue en tu día. Estoy seguro de que tu mamá no se va a sentir mal y tampoco te va a decir que no cuando quieras hacerlo.

— ¿Enserio crees eso, papá? —murmuró Niklaus, estudiándole el rostro a su padre.

—Claro que lo creo enano.

—Le diré esta noche —asintió y después se colocó de rodillas, con su trasero sobre sus talones—. Pero ahora necesito comer. ¡Vamos!

Después de casi quince minutos, Niklaus logró sacar a su papá de la cama, diciéndole que debían apurarse para ir a la playa. Gruñendo, Edward se levantó, llevándose a Niklaus sobre su espalda directo a la cocina, decidiendo que prepararían algunos sándwiches.

— ¡Papá, pon música! —gritó Niklaus mientras intentaba sacar los ingredientes del refrigerador, como le había dicho su padre.

— ¿Y qué quieres escuchar? No voy a poner Barney…

Niklaus gruñó.

—Papá, ya no tengo dos años —se dio por vencido al ver que no podía alcanzar la mayonesa y fue a la barra con todo lo que tenía poniéndose de puntitas—. Pon a los Beatles.

— ¿Por qué no los pones tú mientras yo preparo la comida?

— ¡De acuerdo! —Niklaus se encogió de hombros y fue corriendo directo a la sala de estar donde estaba el reproductor de música que se hacía escuchar por varias partes de la casa. Tuvo que colocarse un banquillo para alcanzar los CD que Edward tenía como colección en la repisa y cuando fue así, tomó su favorito y lo colocó en el reproductor. Sonriente volvió donde estaba su padre, balanceando la cabeza de un lado a otro al ritmo de la canción.

Después de que ellos habían concluido su desayuno con helado de galleta Oreo, comenzaron a limpiar todo lo que estaba en desorden porque se irían esa misma noche a Inglaterra de nuevo. Perderían el día de escuela y de entrenamiento, pero eso no les importaba porque en lo único que pensaban era que podrían hacer más cosas en familia después de tanto tiempo. Y justo antes de que Edward comenzara a mirar al nuevo asistente para que organizara su tiempo una vez que la temporada comenzara habían decidido, que si Bella lograba tener el éxito que se esperaba, Niklaus se quedaría con ella en casa mientras no estuviera de viaje también.

Cuando Edward estaba en la habitación principal guardando en la maleta —que Bella había especificado que llevarían a la playa— ropa para Niklaus y él, apareció el pequeño corriendo para lanzarse sobre la cama que ya estaba tendida de nuevo. Edward le envió una mirada fulminante.

— ¡Papi! ¡Ya sé cómo llamaremos a mi hermano! —gritó Niklaus con emoción mientras se dedicaba a saltar sobre la enorme cama vestida de blanco. Le emocionaba realmente poder participar en eso con su hermanito. Su mamá le había dicho que si él decidía poner un nombre para su hermanito, le llamarían de esa manera, pero si era niña, entonces él no podría decir un nombre. Niklaus estaba más que complacido con eso.

— ¿Enserio? —preguntó Edward un poco sorprendido porque Niklaus viniera y le dijera eso de repente cuando se suponía que estaba muy emocionado por ir a la playa—. ¿Cómo sabes el nombre?

—Porque yo lo sé todo, papá —Niklaus rodó los ojos y siguió saltando—. ¿quieres que te diga el nombre?

—Adelante.

— ¡Se llamará Jude Cullen! —gritó alzando los brazos con una enorme sonrisa sin dejar de flexionar y estirar sus piernas para seguir rebotando sobre la cama.

Edward le miró con una sonrisa llena de diversión. En esos momentos se escuchaba por toda la casa las últimas notas de la canción "Hey Jude" de los Beatles. No se había detenido a pensar en un nombre para su futuro hijo, y según Bella, ella tampoco se había parado a pensar algo como eso. Era demasiado pronto para pensarlo, aunque oficialmente ya tenía siete semanas de embarazo y la próxima semana le acompañaría con el médico para poder tener una revisión, tal como él había dicho. Observó a Niklaus saltar con la respiración ya agitada.

— ¿Le llamas así por la canción?

—Le llamo así porque el nombre es cool, porque es una canción de los Beatles, porque yo la sé cantar, y porque mi mamá me dejó escoger el nombre, y la canción es buena —sonríe en grande—. ¿Podemos llamarle de esa manera?

— ¿Y qué pasa si es una niña? —sonrió Edward. Él también estaba seguro de que sería un varón, pero Bella decía que no podían decir nada todavía porque no sabían el sexo del bebé y que, en sus sueños, ella miraba una nena.

—También le podemos llamar Jude. Es para niño y niña —Niklaus miró el bolso deportivo en la cama con ropa—. ¿Ya nos vamos?

—Nos vamos.

Después de media hora, Edward ya estaba buscando lugar en el aparcamiento público de la playa. Acher se encontraba esperando a Bella en el estudio y después le llevaría con ellos a la playa. Era un día bastante soleado, y, fuese el día que fuese, la playa siempre estaría llena de gente. Como en ese entonces, y más aún porque era fin de semana. Las personas que más estaban disfrutando de la playa eran familias. Y adolescentes. Por suerte, Edward tenía su propia cabaña donde podría tener privacidad cuando él quisiera.

—Papá, ¿Qué pasa si te digo que tengo hambre? —preguntó Niklaus mientras caminaba de la mano de su papá mientras se dirigían a la pequeña cabaña que estaba allí.

—Nada —respondió Edward encogiéndose de hombros—, no pasa nada en realidad.

— ¿No me darás de comer?

—No, claro que no, ¿acaso quieres engordar? Estoy seguro de que quieres alguna hamburguesa o ese tipo de cosas que venden allí —señaló el pequeño local de comida rápida a varios metros de ellos.

En modo de respuesta, Niklaus simplemente gruñó y subió las escaleras para entrar a la cabaña, rápidamente se lanzó sobre el sillón que estaba allí y se sacó la camiseta.

—Hace mucho calor aquí.

—Estás en la playa, Niklaus.

—Pero hace más calor que antes. Si mamá viene aquí… ¿Jude se va a calentar dentro de ella?

Edward frunció el ceño ante su pregunta y dejó caer el bolso deportivo sobre la pequeña mesa que estaba a un costado. Se volvió a Niklaus con las manos en las caderas.

—Claro que no se va a cocer dentro de mamá. Por eso mamá debe tomar mucha agua, todo el tiempo, para poder mantenerse hidratada, así Jude no se sentirá mal dentro de ella.

— ¿Jude va a crecer alguna vez? —preguntó Niklaus, observando como su padre se sacaba la camiseta para quedar sólo con sus pantalones cortos de traje de baño. El de los dos era color rojo chillante, haciendo sobresaltar el tono de su piel.

—Claro que va a crecer, ¿Por qué lo dices?

—El estómago de mami aún está plano —murmuró poniéndose de pie al mismo tiempo que tomaba del sillón el balón de futbol que estaba descansando allí—. Las mamás tienen barrigas grandes.

— ¿Quieres ver a mamá con la barriga grande? —preguntó Edward con una sonrisa. Se acercó a su hijo y lo tomó en brazos, colocando su pequeño trasero sobre su antebrazo mientras que el niño enganchaba sus piernas en la cintura de su padre.

—Sí, sería genial —asiente Niklaus con una sonrisa bailándole en los labios—. ¡Y después el bebé saldrá! Y después mamá será delgada otra vez porque no quiero que mamá este gorda siempre y tendrá las boobies grandes como suele tenerlas.

—Niklaus, se más discreto con eso, alguien puede escucharte —se detuvo en medio de la arena, en un gran espacio libre para poder jugar futbol con el niño. Fue por las pequeñas porterías y las colocó a una distancia razonable.

—Papá, ¿solo tendré un hermanito? —preguntó Niklaus una vez que se colocaron ambos uno frente al otro con el balón en medio de ellos.

— ¿Por qué me preguntas eso?

— ¿Y si no me gusta mi hermanito y después hay más? —Klaus alzó la mirada a su padre, quien sólo le sonrió ligeramente—. ¿O si me gusta y quiero más hermanitos?

—Se lo puedes pedir a tu mamá. Pero no tengas miedo —se acuclilló a su altura—. No debes tener miedo de un hermanito, enano. Nadie va a dejar de quererte, ¿de acuerdo? Yo te amo, mucho, como no tienes idea. Eres la persona más importante en toda mi vida haría lo que fuera por ti —le colocó las manos en sus costados alzando la mirada para ver sus brillantes ojos azules—. Y tu mamá también te quiere mucho, así que no te asustes por un bebé que será muy pequeñito. Él te va a querer mucho.

—Yo le voy a defender de todo —dijo con seguridad y una pequeña sonrisa con la mirada sobre su padre.

—Serás un buen hermano mayor —Edward le dio un beso en la nariz y se puso de pie nuevamente—. Y le vas a enseñar a jugar futbol como papá, ¿no es cierto?

— ¡Sí! ¡Yo le voy a enseñar! —dijo emocionado—. Pero no va a ser mejor que yo porque yo soy el mejor después de ti, ¿cierto, papi? —preguntó mirándole a los ojos.

—Sí, enano, eres el mejor. Y siempre debes creer eso, ¿de acuerdo? Porque tú eres importante —se agachó a darle un beso en sus revoltosos cabellos dorados—. Ahora a jugar, demuestra que eres el mejor.

Una hora y media exactamente estuvieron jugando bajo el sol. Un par de niños que vendían aguas embotelladas —agua que probablemente era la que Edward usaba para bañarse—, se acercaron a ellos, pidiendo jugar también. Niklaus asintió, cediéndoles el permiso, porque, aunque Edward quisiera, no podrían hacerlo si Niklaus estaba en plan súper estrella, además, Niklaus ya había tenido su tiempo de éxito al lucirse con su futbol ante las cámaras que estaban alrededor de la playa. Niklaus fue generoso con los niños y les dejó tocar el balón, por supuesto, fue idea de él que un niño estuviera en su equipo, y el otro —un poco más bajito— estuviera con su padre.

Ese rato de convivencia duró hasta que Niklaus divisó a una mujer morena de un buenísimo cuerpo entrar a la playa, seguida de un hombre enorme y con ropa que pasaría desapercibida. Los enormes ojos de Niklaus se iluminaron y se agachó rápidamente para esquivar el balón de futbol que iba en su dirección y lo dejó pasar para que se anotara el gol.

— ¡Mami! —gritó con una enorme sonrisa hacia aquella mujer que, al alzar la mirada —la cual estaba cubierta por lentes de sol—, miró a Niklaus con una blanca sonrisa también y abrió los brazos para recibirle.

Cuando el pequeño Niklaus chocó con el cuerpo de su madre, se sintió relajarse completamente. Bella le tomó en brazos para poder darle un beso de bienvenida, inmediatamente Niklaus le rodeó el cuello con los brazos, murmurando una serie de mamis.

—Hola, chiquito —le saludó ella con la voz un poco agitada por caminar en la arena y después cargarlo—, ¿Cómo estás? ¿Te estás divirtiendo con papá? —alzó la mirada para encontrarse con Edward dentro de la improvisada cancha de futbol junto a otros dos niños con piel dañada por estar todo el tiempo en el sol.

—Sí, llevamos un rato jugando futbol —contestó el pequeño, besándole la mandíbula y apretando su agarre con las piernas en la cintura de Bella.

— ¿Ellos son tus nuevos amigos? —la mirada de Bella fue rápidamente a los niños, quienes se acercaban con Edward hacia a ellos. Los pequeños podían tener las mejillas sonrojadas, pero Bella no estaba segura de qué color se suponía que era su piel. Les dedicó una sonrisa—. Hola, niños, me llamo Bella.

Niklaus se acercó a susurrarle al oído.

—Ellos no hablan mucho inglés pero lo intentan. Hablan español, y dicen que hace poco tiempo vinieron aquí con su papá desde México. Yo hablo español también, así que les entendí un poquito.

¿Niklaus hablaba español?

Perpleja, Bella viajó la vista a Edward unos instantes, quien lucía asombrosamente guapo, como siempre. Tenía la respiración agitada por estar corriendo en la arena y bajo el sol. Su rostro y sus hombros estaban rojos. Claramente no había usado bloqueador solar. Su cabello estaba revuelto y gotas de sudor le caían por las sienes. Éste le devolvió una sonrisa de bienvenida.

—Somos Manuel y Alonso —dijo el niño más grande, mirando a Bella y parando la mirada en su mano que colgaba a su costado, donde tenía una botella de jugo de naranja frío—. Hola —le dijo en español, volviendo la vista a sus ojos.

Niklaus les miró con los ojos entrecerrados. Tal vez no le gustaba la idea de tener que compartir a su madre con unos niños que no conocían. Apretó el agarre en su madre y escondió su caliente rostro quemado por el sol en el cuello de Bella.

—Hola —contestó ella sonriendo ligeramente y le dio algunas palmadas a Niklaus en su espalda. Sintió la sombra sobre ella. Acher le había colocado un paraguas encima. Él tenía entendido que Bella no podía asolearse. Eso duraría un tiempo ya que Bella podría cubrirse sola. Bella le hizo un gesto de agradecimiento y se volvió a los niños—. ¿Quieren algo de comer?

Los ojos del niño más pequeño se abrieron en grande y habló rápidamente.

—Sí, por favor —dijo de nuevo en español.

— ¡No! —Dijo el niño mayor, enviándole una mirada de reproche—. Debemos ir a terminar con esto —explicó esta vez en inglés, mirando a Bella directamente—. Y papá nos va a regañar si tardamos. Vamos —le tomó la mano al pequeño.

—Esperen —dijo Bella, acercándose a ellos y les tendió la botella de jugo de naranja—. Al menos tomen esto, parecen sedientos.

— ¿Por qué no toman el agua que ellos venden? —preguntó Niklaus, frunciendo el ceño ante la amabilidad de su madre con los niños. Él también tenía sed.

—No podemos, debemos darle el dinero a papá de cada botella de agua —explicó el niño mayor mientras le daba al pequeño la botella de jugo de naranja.

Edward, quien se había mantenido como espectador de lo que pasaba frente a él, se inclinó hacia a los niños, colocándole una mano en sus hombros. Los niños le miraron sorprendidos.

—Escuchen, tomen ese jugo antes de llegar con su padre, ¿sí? No le den a él… y, creo que te voy a comprar dos botellas de agua —Bella bajó a Niklaus de sus brazos y sacó de su bolso su cartera para poder darle el dinero a Edward ya que él debería volver a la cabaña por su propio dinero—. Les daré el dinero pero no tomaré las aguas, ¿de acuerdo?

Los ojos del niño mayor comenzaron a brillar.

—Es usted muy bueno —sus ojos se volvieron a Bella—. Y usted también, gracias.

Bella le sonrió, y miró como el niño iba a ir a abrazarla, pero Niklaus fue más rápido y se lanzó al cuerpo de Bella de nuevo, llamando su atención. Bella le colocó la mano en los suaves cabellos de su hijo y le dio una sonrisa cariñosa al pequeño.

—No hay problema.

—Y ahora debemos irnos, Manuel —dijo mirando al pequeñito, que había terminado casi con la botella de jugo—. Falta mucho por recorrer.

Una vez que se despidieron e ellos, Niklaus tomó la mano libre de ella, porque la otra estaba sosteniendo su paraguas encima de ella, ya sin ayuda de Acher. Entraron a la cabaña guiados por Niklaus. Acher optó por quedarse afuera, descansando en una silla reclinable. Tanto Bella como Niklaus se colocaron en el sillón que estaba allí.

—Mami, esos niños no olían muy bien.

—Claro que no olían bien, Niklaus. Ellos están todo el tiempo en la playa, sudando y bajo el sol. No son como tú que puedes ducharte y dormir todo el tiempo que quieras.

— ¿Ellos no van a la escuela?

—No, ellos solo trabajan.

Niklaus hizo una mueca.

—Entonces no saben leer ni nada de eso.

—Me temo que no, mi amor —Bella le besó la cabeza y dejó que se colocara en su regazo.

—Son unos tontos, entonces.

—Niklaus… —advirtió Edward en dirección a Niklaus mientras llegaba con una bandeja con bebidas para los tres.

—Algunas personas no pueden ir al colegio porque tienen bajos recursos, Niklaus, como esos niños. Ellos tienen que trabajar para poder comer —explicó Bella y le dio un largo sorbo a su bebida—. Por eso tú deberías agradecer que no trabajas y que tienes todo lo que quieres. También tienes juguetes y ellos no.

— ¿No tienen juguetes?

—No, no tienen juguetes.

—Yo no traje unos míos para dárselos —dijo el niño haciendo un puchero—. Pero la próxima vez que vengamos aquí los voy a traer para dárselos.

Después de un rato volvieron a la playa. Bella se había cambiado por su bikini color azul turquesa. Y extrañamente contrastaba con el de sus chicos. Su estómago estaba plano, claro, pero podría sentir un bulto pronto. Ella estaba realmente contenta de que nadie supiera acerca de su embarazo más que ellos. Y probablemente Cara lo sabría también, y entonces podría decírselo a Jasper, pero Jasper no había mencionado nada de ello cuando habló con Edward. Sin embargo, él estaba bajo el poder de los nervios y la desesperación cuando llamó. Así que probablemente no recordaba nada.

Ya pasadas casi cuatro horas, en donde Bella tenía que tomar vaso tras vaso de agua, y alrededor de tres idas al baño para hacer pipí, se sentó debajo de la sombra, en una cómoda silla. Estaba mojada, pero su cabello apenas se mantenía intacto. Niklaus tenía prohibido lanzarle agua al cabello porque si no, las cosquillas le atacarían. Edward se colocó en la silla continua y observaba a Niklaus jugar con un par de gemelas en la arena. Por suerte, Niklaus estaba siendo generoso con las niñas.

— ¿Y cómo te fue?

—Bastante bien —respondió Bella ante la pregunta formulada de Edward a su lado—. Les ayudé con sus prendas. Su próximo desfile de modas es en septiembre, casi dos días después de mi cumpleaños —se encogió de hombros con una sonrisa—. Y dijo que debería pensar en un nombre, por lo tanto, debes ayudarme con eso. Pero todo lo demás estuvo bien, creo que es algo que voy a poder manejar. Es un ambiente muy agradable, me gusta eso —se volvió hacia a él—. Tengo que volver en una semana aquí con todos mis diseños, aquí nos encargaremos de las etiquetas y eso —agitó la mano en un gesto de aire sin darle importancia—. ¿Cómo pasaste la mañana con Niklaus?

Edward le explicó como habían pasado la mañana en la casa ellos dos. No le dijo acerca del nombre que había escogido Niklaus para el bebé porque quería que el pequeño se lo dijera él mismo. Estaba segurísimo de que le agradaría mucho, pero no debía tentar su suerte.

Pasaron alrededor de tres horas más, hasta que estaba el atardecer y Niklaus comenzaba a sentir su estómago gruñir, esa era la señal para poder irse rápidamente de allí porque entones se pondría irritante. Fueron a recoger las cosas de la cabaña, los llevaron al auto con ayuda de Acher y después fueron a comer a un restaurante de ensaladas porque Bella quería comer aquello, y Edward le había dicho que era lo mejor. Niklaus estuvo de acuerdo porque estaba seguro de que debía comer ensaladas al menos dos veces a la semana por un artículo que leyó cuando su mamá dejó la revista nutricional en la mesita de la sala. Allí decía que las ensaladas eran buenas y que no engordaría.

Mientras iban de regreso a la casa, listos para partir a la mañana siguiente, Niklaus seguía igual de hiperactivo que esa mañana. No dejaba de saltar en el asiento trasero, escuchando la música que sonaba en el auto. Sus padres estaban conversando algo acerca de lo que harían el próximo fin de semana, algo que no le daba mucha importancia porque siempre le llevaban. De repente, recordó lo que habló con su padre esa mañana, y justo cuando iba a hablarle a su madre, su teléfono celular sonó, llamando su atención. Edward bajó el volumen bajo la atenta mirada de Niklaus y Bella atendió la llamada.

—Isabella Swan —contestó Bella al número desconocido que se miraba en la pantalla.

— ¡Bella! —la voz entusiasta de Elizabeth que nunca había escuchado sonó por el teléfono sólo para ella—. Hola, habla Elizabeth, sé que es un poco extraño pero… ¿estás en Los Angeles?

Bella frunció el ceño, mirando la carretera que estaba delante de ella en movimiento.

—Sí, los tres estamos aquí, ¿pasa algo?

—Mami —llamó Niklaus, intentando ponerse de pie en el auto y estiró una mano hacia a ella para tocarle el hombro varias veces—. Mami, —volvió a llamar.

—Aguarda un momento, Niklaus —dijo Bella, alzando un dedo para detenerle, inclinando un poco su cuerpo hacia adelante, sin embargo, Niklaus no hizo caso.

—Pero mami, tengo que decirte algo —siguió insistiendo el pequeño con cierta urgencia.

—Necesitaba saber eso, Bella —siguió diciendo Elizabeth—. Verás, mi esposo y yo haremos una pequeña reunión y…

—Mami, escúchame.

Bella se volvió hacia Niklaus, enviándole una mirada con los ojos entrecerrados. El mensaje estaba claro en la mirada: No debía interrumpirle mientras hablaba. Pero Niklaus no entendía demasiado en esos momentos.

—Elizabeth, permíteme un momento, por favor —se disculpó con el teléfono, haciendo que Edward abriera en grande los ojos, sorprendido sin duda por el hecho de que su madre llamara a Bella—. ¿Qué sucede, Niklaus?

—Ya sé cómo llamaremos a mi hermanito —dijo Niklaus en voz alta con una enorme sonrisa—. ¡Lo llamaremos Jude! ¡Como la canción de los Beatles! —dijo emocionado alzando los brazos.

Edward y Bella palidecieron, seguros de que su madre había escuchado lo que su pequeño había dicho. Se miraron a los ojos cuando Edward aparcó en un alto, junto a la acera. Joder, joder. Bella cerró los ojos con fuerza al sentir el teléfono vibrando en su mano gracias a la voz alta de Elizabeth llamarle. Edward extendió la mano para tomar el teléfono pero ella negó con la cabeza, llevándolo a su oreja, haciéndose cargo de aquello.

— ¿Sí?

— ¡¿Estás embarazada?! —gritó Elizabeth con voz chillona. Y, por extraño que parezca, se escuchaba feliz.


Después de mucho tiempo ya hay capítulo. ¿Qué se siente tener de nuevo a mi bebé? ¿Valió la pena la espera? Sé que no es mucho pero es lo que tenía y necesitaba sacar de mi cabeza... Debo agradecerles por esperar tanto.

¿Qué les pareció? ¿La sorpresa de Jasper? ¡Otra hermanita para Cara! Se están llenando de hermanitos... ¿Y el nombre que escogió nuestro Niklaus gracias a su peculiar gusto por la música? Genial, ¿no? Edward es un gran papi. ¡Y cómo le pidió oficialmente a Bella que viviera con ellos! ¿Apoco Edward no es el chico perfecto? También Nik se metió en problemas ahora que su abuelita Elizabeth sabe de ello...

NOTA IMPORTANTE: Me ha dado un bajón por el simple hecho de que comenzaron a plagiar mi historia, pero por suerte ya le han borrado. Sin embargo, quiero que sepan que si vuelven a plagiar mi historia... denunciaré obviamente a la persona que lo haya hecho ya que este fic está registrado con derechos de autor... osea que me pertenecen. Si no es así, me veré forzada a borrarle. Y tal vez después encuentren mi fic hecho un libro sólo que ya no con los "Edward y Bella", si no que usaría otro nombre, ¿si me entienden? en fin... es todo lo que quiero aclarar al respecto.

Tengo un mensaje para las lectoras anónimas: ¿Cómo quieren que les conteste cuando actualizaré si no dejan alguna referencia suya en lo comentarios? Es desesperante ver sus mensajes y no saber cómo responderles. Está al grupo de facebook donde se pueden unir: groups/397445223710591/ "Daddy 23"

Gracias a: whit cullen, danitta20, DarkWardObsession, zonihviolet, Brenda-Cullen-Ivashcov, torposoplo12, Annaniicolle, AwaysMoon, Marie Mars, greihalecullen, TereyashaMooz, karenava, catitacullen, Manligrez, theparadise, lalyrobsten, saraygarcia08, marieisahale, Lady Stew, NoeLiia, SalyLuna, AleLupis, belkis lagos vasquez, Mon de Cullenm catrina00, tityscaya, JeniZulu, Marta-TheDarknessm Isabella Grey-Day, Nandita21unexplained, INDI02, dracullen, liz1316, Cristina Rey, yolabertay, Karlie7, Acqua Cullen Potter, MONELIETA CULLEN, Melania, joiitahlaloqui, cary, EnDreamsHunter, ValeWhitlockGrey, NoePattz, jadecullen7, Maga Cullen, daya-001, maferpatts, Nadiie16, Ilse Masen, Jess Acevedo, M Ale Ch M, anita, Kristenst, sandy, Emily, andre102, Chiarat, solecitopucheta, OrizMartha, liduvina, Tata XOXO, jupy, Twilight Raquel-Carolay, Tacupi, Nyx-88, Gretchen CullenMasen, florencia, Maye15, Dulcekrp, ANDY-DEEP-ALEXANDER, Nahuatt, para l.t, GaByMaY91, CorimarCautela, TaChiBella, conejoazul, LiaPuerta, DiAnA FeR, Orooo-Alea-Kao, Lucy, lunanelisce, Malina Aragon, ch, alejandra1987, PEYCI CULLEN, linda, AlejandraP, yoo, rukia, Yohana, fanitacullenswan, lizzie, Patri, fany cullen swan, Kalita Cullen, FanyStark, LetsRiot

¡Gracias enserio por sus reviews! Y por seguirme en la historia aun cuando algunas leen sin que esté terminada, significa mucho para mi.

¿Reviews con alguna idea de lo que puede pasar en el próximo capítulo?