Disclaimer: Los personajes son propiedad de Meyer, la historia es de mi imaginación.

Summary:

"Edward Cullen, el jugador de fútbol más exitoso tiene una vida bastante complicada con un revoltoso niño de cinco años. Lo que menos necesita ahora mismo es esa atractiva mujer que llegará a controlar su carrera y probablemente su corazón."


CAPÍTULO TREINTA Y UNO

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Cuatro meses.

Alice miró su panza de cuatro meses frente al espejo donde estaba reflejada. Tenía una brillante sonrisa en su pequeño rostro. Ella se había encargado por completo de lucir lo poco que estaba hinchada su barriga. Tenía cuatro meses de embarazo y estaba jodidamente feliz. Suspiró, dándole una última caricia y se fue a meter a la enorme cama de su apartamento en París. Cuatro meses viviendo sola. Hace dos meses y tres semanas que sabía que estaba embarazada. Ella era feliz porque creía que ya estaba en la edad de tener bebés… y ni siquiera había terminado por completo la segunda carrera que ella no se decidía por estudiar.

Por supuesto que nadie lo sabía más que ella y su doctor, lo cual estaba bastante bien. Ni siquiera Jasper, que era el padre del bebé, lo sabía. Pero pronto sería así. El miedo estaba allí en su pecho pero debía decirle, porque no iba a criar a su hija ella sola. Porque era una niña. Esa misma tarde se lo dijeron. Niña. ¡Una pequeña Alice! ¡Una muñeca a la que podría vestirle como una princesa y tratarle como tal! Era lo mejor del mundo. Alice sabía que no había nacido con esa chispa de querer ser madre… los niños nunca le gustaron mucho, pero una vez que escuchó los latidos del corazón de su bebé entonces pudo saber que iba a valer la pena.

Su teléfono celular sonó de manera insistente. Era el mismo tono de siempre, pero esta vez se le hizo como si el propio teléfono le estuviera gritando ¡Alice, contesta! casi al primer timbrazo. Se estiró para tomar el pequeño aparato y miró el identificador de llamadas: Mamá. Tomó una gran respiración y, llenándose los pulmones de valor, contestó.

—Hola mamá.

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"Claro que estás embarazada. El día de hoy Edward y yo haremos un almuerzo familiar y queremos que ustedes cuatro vengan. Es en una hora, está de más decir dónde. Hasta pronto"

Y Bella se había quedado en blanco y pálida mientras Edward intentaba razonar o pensar en qué cosa su madre pudo haberle dicho para que se pusiera así después de la enorme noticia que Niklaus había soltado. Sus manos aflojaron el agarre del volante y se deslizaron a tomar la de Bella, u estaba temblando ligeramente.

—Nos ha invitado a almorzar con ellos en la casa de tus padres…

—Pero ya comimos —exclamó Niklaus desde el asiento trasero, ajeno al hecho de que había soltado la bomba muy pronto.

—Niklaus, guarda silencio por favor —le dijo Edward con voz severa. ¿Por qué tenía que haber dicho aquello? Y Bella no estaba lejos de sentirse como él.

—Pero yo…

—Niklaus.

El niño frunció el ceño en dirección a su padre, fulminándole con la mirada al mismo tiempo en que se dejaba caer en su asiento de nuevo, enfurruñado. Él sólo le había dicho a su madre que ya tenía el nombre de su hermanito y ellos se ponían en ese plan. El pequeño pensó que no les gustaría aquello, sin embargo, no cambiaría de opinión.

Edward se acercó a Bella, intentando encontrar su mirada.

— ¿Quieres ir? —preguntó en voz baja, intentando averiguar el modo en el que se sentía en esos momentos. No era una de las mejores cosas que le había pasado ese día, sin duda alguna.

—Sí, iremos. Si no vamos entonces tu madre nos estará acosando durante mucho rato. Y estoy segura de que incluso volará para ir a pedir explicaciones a Londres

— ¿Cómo es que sabes eso? —preguntó de nuevo Edward incrédulo.

—Porque si Niklaus fuera tú y yo tu madre entonces volaría para que me confirmara si sería abuela de nuevo. —respondió simplemente, sabiendo que Edward comprendería si estuviera en su lugar—. Ahora llévame a la casa para poder darme una ducha y cambiarme mejor. Ahora estoy toda llena de arena…

—Per nena —dijo Edward—, te ves hermosa de esa manera.

—Llévame a cambiar, dije —el tono de voz de Bella hizo que Edward pusiera en marcha el auto de nuevo, sin decir ninguna palabra y Niklaus rio ante el gesto que su padre había hecho. Siempre hacia todo lo que mamá Bella le decía que hiciera porque si no, estaba en problemas.

Una vez que llegaron a la enorme casa, Niklaus corrió a su habitación para poder buscar su traje de baño de Mickey Mouse y Edward fue a ayudarle porque sabía que Bella estaba en plan pensativo y no querría hablar con él pronto. La última vez que Niklaus había usado ese traje de baño, había sido el día en que la señora Henry les había dejado para siempre. Ella jamás volvería. Pero Niklaus había crecido mucho en los últimos cuatro meses, de modo que esa prenda no le quedaría exactamente bien.

—Papi, ¡haz que me quede! —exclamó el niño, rojo por la fuerza que estaba haciendo para intentar colocarse ese short con el dibujo de Mickey Mouse. Normalmente, toda la ropa que había quedado allí ya casi no le quedaba, pero Bella empacó más porque sabía que su pequeño había crecido al menos un poco con todas las actividades que hacía.

—Pero Niklaus, no se puede, vas a lastimarte. Ya creciste.

— ¡Yo no quiero crecer! Yo quiero mi traje de Mickey —dijo haciendo un puchero y se dejó caer en el suelo, sentado con el short atrapado en las piernas. El futbol había hecho que se hicieran un poquito más rellenas—. Ya no me lo he puesto.

—Es por eso que no te queda, enano —dijo Edward, derrotado y dejándose caer a su lado—. Mejor te pongo este que tiene cuadros, ¿sí? Este te gusta, y nunca te lo has puesto —le mostró el short para la alberca que el niño había escogido la última vez que fue de compras con su tía Alice.

—Pero ese me queda grande papá, ese es para niños de siete años.

—Pero, enano, tú no tienes el cuerpo de un niño de seis años, porque tu comes y te ejercitas mucho —le dijo sacándole la prenda por las piernas y la lanzó a un lado, fuera de la vista del pequeño para que no volviera a hacer el berrinche. El cuerpo de Edward se acostó en la alfombra de la habitación y el cuerpo desnudo de su hijo se puso sobre él, muy sonriente.

— ¿Así que parezco más grande de lo que debo? —preguntó con una enorme sonrisa.

Vaya niño cambiante de humor.

—Así es, enano, pareces más grande de lo que eres.

— ¡Pero eso es bueno!

—No vas a decir lo mismo cuando tengas mi edad —comentó Edward riendo, a lo que su hijo le miró ceñudo, sin entender muy bien lo que decía—. Pero será mejor que nos apresuremos a vestirnos antes de que mamá llegue y nos regañe —le dio una pequeña palmada en sus redondas y pequeñas nalgas y se sentó. Sin embargo, Niklaus se acurrucó en su regazo con los ojos cerrados.

—No quiero ir donde la abuelita Elizabeth —dijo en un murmuro, poniéndose de rodillas en las piernas de su padre para poder rodearle el cuello con sus delgados y bronceados brazos—. Quiero dormir, papi.

Edward sonrió con cierta ternura ante el tono de voz que su pequeño estaba usando. Siempre usaba esa voz cuando quería convencer a alguien y sabía que lo que estaba pidiendo era malo e inofensivo. Edward también quería quedarse a dormir. La salida a la playa había sido agotadora, lo sabía también, pero Bella necesitaba que le acompañaran y tenía que ser así. Le acarició su pequeña espalda con la palma de su mano y le besó el cuello.

— ¿Qué te parece si vamos a darnos una ducha para poder quitarnos ese sueño, Klaus? —Le murmuró con una pequeña sonrisa—. Estoy seguro que mamá aún no está lista para irnos.

— ¿Tú te duchas conmigo? —murmuró de regreso, frotando sus ojos, pensando en cómo reaccionaría su madre si le dijera que prefería quedarse dormido. ¿Por qué tenían que ir a la casa de sus abuelos? Podían quedarse allí… o incluso ir de nuevo a Londres… él perdería otro día de escuela, lo sabía.

—Yo me ducho contigo, campeón —asintió su padre y se puso de pie, llevándolo consigo. Caminó hasta la habitación principal, donde miró a Bella escogiendo la ropa que llevarían aun sin darse el baño que había dicho que se daría. Pero Edward ya sabía cómo era Bella, tardaba en escoger lo que vestiría, mirando los pros y contras de la vestimenta y el tipo de lugar al que iría… si había lodo, césped, arena, pavimento… — Nena, Klaus y yo tomaremos una ducha, ¿aún tenemos tiempo?

Bella levantó la mirada de tres diferentes conjuntos de ropa. Tenía la mano en la barbilla y sus ojos estaban muy abiertos y brillantes. Ella posó la mirada primero en su bebé y después en Edward asintiendo un par de veces. No sabía si la idea de ducharse era de Niklaus, pero probablemente era así porque él quería alargar el tiempo y no ir a aquella reunión.

—Sí, tienen tiempo. También me daré un baño… ¿Azul o café?

Edward miró las prendas que estaban en la cama y respondió de inmediato.

—Azul.

Y Niklaus añadió.

—A papi le gusta cuando te pones azul, mami —sonrió de manera perezosa, aun colgando de los brazos de su padre, comenzando a adormilarse de verdad—. Y dice que te ves sexi también.

—Bueno —intervino Edward colocándole la mano en la boca a su pequeño bajo la atenta mirada de Bella—, será mejor que dejemos a mamá seguir con lo suyo —dijo caminando fuera de la habitación escuchando la risa de su hijo y pudo imaginar a Bella rodando los ojos cuando les perdió de vista.

La ducha pasó sin complicaciones, excepto porque Niklaus se empeñaba en querer lavar los cabellos de su padre utilizando sus pequeñas uñas. Edward agradeció en silencio el hecho de que Bella le había obligado a cortárselas hacia dos noches atrás, sino, probablemente su cabeza estuviera sangrando. Igual cuando salieron, Niklaus insistió en frotar su cabello con una pequeña toalla y después hizo lo mismo con el suyo alegando que, como sería una hermano mayor pronto, debía ser independiente… Un poco. Edward insistió en que debían cambiarse antes de tumbarse en la cama como lo estaba pidiendo su pequeño, el cual tenía su dedo en la boca… otra vez.

Después de que Edward se vistió, fue a acostarse con su pequeño en la cama, abrazándole y besándole sus cabellos dorados y húmedos sabiendo que él caería dormido demasiado pronto. Tendría que llevarle cargando al auto una vez que su madre estuviera lista.

—Papi… ¿tú quieres a Jude?

Esa pregunta le había tomado por sorpresa.

—Sí, hijo, claro que quiero a Jude, ¿Por qué peguntas eso?

— ¿Pero cómo puedes querer a alguien que aún no conoces? ¿Qué pasa si yo no lo quiero? ¿O… si ya lo quiero? —su pequeña voz infantil hizo que Edward sonriera y le alzara la cabeza para poder mirar esos ojos tan profundos y llenos de vida.

— ¿Crees que ya quieres a tu hermanito?

—Sí… es que… bueno, es difícil de explicar porque, él los va a querer también, ¿no? —Edward asintió en modo de respuesta, sintiendo como los pequeños dedos de su hijo comenzaban a deslizarse por todo su brazo, como su estuvieran avanzando con sus pequeños dedos. Estaba nervioso—, ¿Y si dice que él los quiere más que yo? Yo quiero mucho a ti y a mami.

—Y nosotros también te amamos. Por eso debes compartirnos con Jude, ¿de acuerdo? —Le besó la frente y metió su mano debajo de su suave camiseta blanca para acariciarle la espalda y arrullarlo—. Faltan alrededor de siete meses para que podamos tener a Jude en nuestros brazos.

Niklaus abrió en grande los ojos cuando escuchó la cantidad de tiempo que su padre había dicho. Eso era mucho tiempo, ¿su mamá no se cansaría de tenerlo allí dentro?

— ¿En siete meses mi hermanito va a crecer y después va a nacer?

—Esperemos que sea así, y que nazca completamente sano o sana. No importa si es niño o niña, pequeño, igual vamos a querer al bebé, ¿no es así?

—Va a ser raro tener una hermanita —dijo en voz baja—. Porque las niñas son raras y yo no quiero una hermanita niña. La abuela Elizabeth dice que las niñas son más apegadas a sus padres. Y sólo tú eres mi papá, no te quiero compartir con una niña, solo con Jude niño.

—No podemos hablar aun, campeón, falta mucho. Y cuando lleguemos a Londres iremos al doctor con mamá para ver cómo está tu hermanito. Y cuando ya lo podamos ver en una pantalla te llevaremos con nosotros, ¿Qué dices?

— ¿Falta mucho para eso? —preguntó alzando la mirada a él pero ya estaba parpadeando porque el modo en que su padre le estaba arrullando servía demasiado bien. Estaba a pocos segundos de quedarse dormido.

—Un poco… Pero ahora duerme, ¿sí? Yo me dormiré contigo también.

Veinte minutos después, Edward sintió como era sacudido ligeramente por una mano y llamado con esa voz tan dulce que tanto amaba. Sin embargo, estaba bastante cómodo con su pequeño en esos momentos. El olor a niño que su hijo conservaba podría mantenerlo hipnotizado por mucho tiempo.

—Vamos, Edward, sé que me escuchas, se hace tarde y tu madre ya me ha enviado un mensaje —dijo Bella con cierta paciencia en su voz. Llevaba casi dos minutos intentando despertarle—. Edward.

—Ya voy, nena, espera un momento —murmuró él con la voz ronca por el sueño. Se removió, intentando no despertar a su hijo y abrió los ojos para quedarse con la boca ligeramente abierta al ver a Bella. Ella estaba usando un vestido hasta los tobillos de color azul con franjas verdes, las cuales hacían que se marcara muy bien la bellísima figura que tenía. La parte del escote era ajustado, por lo que sus pechos se veían exquisitamente bien—. Joder, nena, te vez preciosa.

Bella sonrió en grande, olvidando lo ligeramente molesta que estaba con él por no acatar sus órdenes.

— ¿Enserio te gusta?

—Estaría idiota si no me gustara… —Edward miró su rostro y rodó los ojos—, vale, si estoy idiota… pero lo sería aún más si no dijera que te vez hermosa.

—Gracias, es parte del encanto —ella rio y se acercó a darle una nalgada para después darle un beso en los labios—. Vamos, estamos llegando tarde. Tú llevas a Niklaus y yo llevo a Jude.

Edward sonrió como idiota al escucharle decir aquello. Mierda, ella llevaba a su bebé.

—Pronto será un poco más difícil porque ya no tendrás a Jude dentro de ti —dijo incorporándose y tomando a su pequeño en brazos, acomodando su desordenada cabeza sobre su fuerte hombro.

—No importa —se apresuró a responder ella, acercándose para arreglar las ropas y cabellos de su pequeño—. Va a valer la pena. Estoy segura de eso. Así como valdrá la pena decirle a tu madre esta tarde —suspiró—, aunque es muy pronto y no debería estar diciéndole a todo el mundo sobre esto, no hemos tenido una verdadera cita aun.

—Se positiva, cariño —le recordó Edward inclinándose para darle un beso en los labios que estaban ligeramente cubiertos por un labial natural—. Todo saldrá bien y tendremos un bonito Jude.

— ¡Yo veo una niña! —comentó ella saliendo de la habitación después de tomar el bolso preparado con varias cambias de ropa para Niklaus.

—Eso es porque tú quieres colocarle vestiditos y todo eso —dijo Edward divertido, bajando las escaleras de la casa directo a la puerta principal—. Estoy seguro de que te vas a volver loca con su ropita y eso.

Bella se dio la vuelta antes de salir de la casa y le señaló con el dedo índice.

—Si tenemos una niña, haré que te pongas un tutú y una tiara, ¿entendiste? —le señaló con el dedo acusatorio y se dio la vuelta haciendo que su larga cabellera castaña le golpeara el rostro y Edward riera.

—Entiendo, nena.

Después de arreglar a Niklaus en el asiento trasero de la camioneta, Edward se puso en marcha hacía la enorme casa de su madre. El camino hacia allí fue en silencio… o casi, Bella parecía más relajada de lo que estaba cuando su madre le habló, de modo que Edward pensó que el largo baño que ella se había dado le sirvió de mucho. una vez que lograron divisar la enorme casa de los padres de Edward en una zona bastante apartada de los demás, Bella tomó una gran respiración pero no agregó nada. Al bajar del auto, la persona que estaba recibiéndoles sonrió por cortesía y ayudó a Bella a bajar. Edward no sabia el motivo por el cual su madre tenia la necesidad de contratar a una persona para eso. Edward fue por Niklaus, quien seguía profundamente dormido y entró a la enorme casa.

Para Bella, volver a ese lugar era recordar la vez que le había humillado frente a toda su familia. Bella estaba cansada de causar conflictos en ese lugar y no planeaba volver a hacerlo. Si sucedía algo, entonces seria hora de irse y ya.

Justo cuando se adentraron al pasillo, Elizabeth apareció, vistiendo un camisón de playa color blanco y unos pantalones capri color beige. Y lucía una enorme sonrisa, aun cuando miró a Bella, algo que le hizo sospechar de algo. Elizabeth sabía que estaba embarazada, sí. Pero no lo sabía muy bien. Estaba comenzando a arrepentirse de ir allí.

— ¡Edward, cariño! Mi bebé Klaus está cansado, ¿no?, supongo que le llevaste a la playa por su rostro rojo —dijo la mujer en un tono de reproche al acercarse a ellos y mirar a su nieto, profundamente dormido en los brazos de su padre. Se estiró para darle un beso en la frente y un beso en la mejilla a Edward. Cuando se volvió, tenía una pequeña sonrisa para Bella—. Hola, es agradable volver a verte —dijo acercándose a ella para darle un beso en la mejilla.

Mentirosa, quiso decir Bella.

Edward miró a su madre con los ojos entrecerrados. Cuando mencionó, hacía siete años, que Chelsea estaba embarazada, ni siquiera le quiso ver, tanto como a Chelsea como a su propio hijo, sin embargo, el hecho de que fuera amable con Bella al respecto le espantaba en cierto modo.

—Adelante, pasen. Por desgracia, Carlisle no nos podrá acompañar este día. Esme, Rosalie, Emmett y Edward ya están en el jardín trasero. Decidimos hacer barbacoa, Emmett está loco por querer hacerla él mismo.

—Estoy seguro que sí —dijo Edward con una sonrisa divertida al imaginar a su cuñado frente al asador.

Cuando se pusieron en marcha, Elizabeth dejó que Edward y Niklaus apuraran su paso, de manera que tomó a Bella del brazo sutilmente a la mitad del pasillo y le miró con ojos brillantes y grandes. Emocionada.

—Entonces… —carraspeó, mirando los ojos achocolatados de Bella y su sonrisa se mantuvo—, ¿es verdad? ¿Tienes un bebé de mi hijo creciendo dentro de ti?

Bella se quedó en silencio. ¿Cuál era su apuro por saber si de verdad tenía un bebé dentro de ella? Iba a decírselos, ¿Qué más daba si Elizabeth era la primer de la familia en saberlo? Suspiró y asintió dos veces.

—Sí, estamos embarazados… pero no queremos apresurarnos. Apenas tengo dos meses. No planeábamos decirle a alguien sobre esto hasta que visitemos al doctor… —Bella miró con ojos en grande, casi suplicantes. Suplicando a Elizabeth… vaya tontería.

La mujer de cabellos rubios canosos le miró a los ojos. Bella no sabía que era lo que estaba pensando, pero de verdad esperaba que esa noticia la tuviera para sí misma… incluso podía compartirla con el señor Edward, pero no con los demás. Bella no querría eso.

Finalmente Elizabeth asintió, toando una de sus manos, sonriendo de lado, como lo hacía Edward.

—No diré nada, Bella. Sé lo difícil que es el principio de un embarazo, yo tampoco se lo dije a Edward hasta que estuve segura de Rosalie, era un miedo que tenía… si perdería a mi bebé o no, si llegaría a realizarse o no. Pero ahora está aquí, y con Edward fue mejor porque ya tenía a tres personas esperándole. Estoy segura de que Niklaus está emocionado.

Bella sonrió inmediatamente ante la mención del niño.

—Él no lo quiere aceptar pero sabemos que le entusiasma la idea de tener un bebé en casa.

—Lo va a amar mucho —asintió la mujer y le dio un apretón en la mano—. Pero ahora, vayamos a comer, Esme también tiene algo que decirnos.

Una vez que entraron al jardín, la mayoría de las personas —salvo por Aaron y Niklaus— le miraron con cierto interés. Edward directamente miró a Bella, esperando tener alguna señal para caminar con su pequeño en brazos e ir al aeropuerto, sin embargo, Bella les dio una sonrisa tranquilizadora a todos.

— ¡Bella! —exclamó Emmett, agitando unas pinzas de metal bañadas en salsa de barbacoa. Tenía una enorme y brillante sonrisa en el rostro mientras cocinaba—. ¡Hace mucho tiempo que no te veía! ¿Qué tal estas?

Rosalie rodó los ojos ante el muy alto tono de voz de su esposo. Siempre era tan impulsivo e infantil que nunca se aburría con él. Tenía bastante suerte, tanto ella como su hijo Aaron, quien había heredado el humor de su madre.

—Emmett, ya te he dicho con anterioridad que la gente importante como yo —comentó la castaña caminando hacia a él con una sonrisa alegre también. ¿Qué podía hacer? Emmett era uno de los miembros favoritos de esa familia. Era demasiado entusiasta, y además, tenía esas mejillas tan sonrojadas que contrastaban con sus ojos azules y cabello oscuro— no nos dejamos ver muy seguido.

Emmett soltó una carcajada sutil, siguiendo con la mirada a Bella, quien caminaba con un andar bastante confiado de sí mismo hasta llegar a su lado. El enorme hombre se inclinó para poder darle un beso en la mejilla y estrecharla en sus brazos.

—Vale, es por eso que tú tampoco me ves muy seguido —le guiñó un ojo siguiendo con la broma.

Edward sonrió también divertido. El hecho de que Emmett y Alice sean buenos amigos de Bella le hacían tener un poco más de motivación con respecto al hecho de unirle oficialmente a la familia. Porque realmente quería unir a Bella oficialmente a la familia. Sabía que era la indicada. Después de que él y Bella saludaron a todos, tomaron asiento alrededor de aquella mesa de madera, bastante cuidada y ordenada, junto a todos los demás.

Edward Padre estaba muy contento de poder saber que su hijo y Bella estaban allí. A ese señor le agradaba Bella, bastante, podía notar lo entusiasta y responsable que era con respecto a tener una relación con un hombre que tiene un hijo. Sabía que era una gran mujer sólo por el simple hecho de hacer que Niklaus le quisiera sin mucho esfuerzo. Para Edward padre, su hijo y su nieto eran muy importantes.

Edward estaba acostado en una hamaca que estaba junto a los arbustos, bajo la sombra de una de las palmeras que Elizabeth tenía muy bien cuidadas. Su pequeño seguía dormido en sus brazos, aunque sabía que despertaría pronto, probablemente. Miró de soslayo como su padre se acercaba a él y le dedicó un asentimiento corto al momento que dejaba de tararear la canción de cuna de Niklaus. Su padre colocó una de las cómodas sillas junto a él, con la vista sobre el pequeño rubio y sonrió.

—Es raro que duerma a estas horas, ¿no? —preguntó de manera sutil el padre, mirando a su nieto. Con el cabello revuelto así, y su cara de tranquilidad le había recordado a cuando Edward tenía la misma edad que él.

—En realidad no. A esta hora ya ha salido del colegio, y Bella hace que tome una siesta para que vaya a sus prácticas de futbol o batería. Tiene una semana ocupada.

—Vaya que sí, ¿lo hacen para que ustedes puedan trabajar? Porque es una buena estrategia.

Edward suspiró. No le gustaba como sonaba eso. Hacer que el niño estuviera lleno de actividades sólo porque sus padres no tenían mucho tiempo para él. Pero era la realidad.

—Sí, Bella tiene varios horarios. En realidad es ella quien le ayuda con las tareas, pero no es como si necesitara mucha ayuda. Es demasiado inteligente —dijo el cobrizo con la voz orgullosa. Pensaba que era un don, porque cuando él estaba pequeño tenían que estarle repitiendo una y otra vez que pusiera atención y se pusiera a trabajar. Y Chelsea no era así tampoco—. Nos han sugerido avanzarle un grado debido a que su clase le aburre. Pero aún no sabemos. Él no quiere hacerlo.

—Deberías hacerlo —comentó el abuelo de Niklaus—, deberías cambiarlo aun cuando Niklaus no quiere hacerlo. De alguna manera, le va a beneficiar cuando esté más grande. Además de que va a acostumbrarse.

—Sí, eso fue lo que le dije, pero supongo que tendré que hacerlo sin su consentimiento…

—Debes hacerlo sin su consentimiento. Es por eso que el pequeño es rebelde.

Edward le dirigió una mirada de advertencia a su padre. Él perfectamente sabía que no le gustaba que le dijeran como debía criar a su hijo, e incluso los defectos que el pequeño tenía. Sí, Edward dejaba muchas cosas a la elección de Niklaus, pero ya lo pagaría él después. Ignoraba el hecho de que esa mentalidad, de alguna manera, estaba saliéndose de control.

El señor Edward alzó las manos en forma de rendición.

—Sólo venía a decirte que probablemente en uno o dos meses tu abuela Lydia vendrá a vivir aquí con nosotros. También el abuelo vendrá.

La sorpresa en el rostro de Edward decía que se esperaba cualquier cosa menos eso. Su abuela tenía casi los setenta años de edad, y su abuelo probablemente sólo tenía cinco años más que ella. Estaba de acuerdo que ambos ya eran demasiados grandes como para vivir solos, pero que su madre, una mujer ocupada por cosas de la sociedad, se ocupara de ellos iba a ser un poco difícil.

—Pues… esa sí que es una sorpresa —dijo Edward volviendo a su expresión natural, bajando la cabeza cuando sintió a su hijo removerse sobre su pecho—. ¿Ellos lo decidieron?

—Tu madre y yo fuimos hace dos días a Texas, sólo para ver cómo se encontraban y nos dijeron que no querían vivir más solos. Tu abuelo dijo que tú y Rosalie eran sus nietos más cercanos y querían estar cerca para verlos hacer su vida y todo eso. También mencionaron al pequeño Niklaus y a Aaron. Quieren verlos y mirarlos crecer. No podemos privarlos de eso, ¿o sí? —No dejó que le respondiera—. Tu madre le ofreció venir a vivir con nosotros aquí ya que están acostumbrados al clima cálido… no podríamos llevarlos a Londres, aun cuando tu madre quería ir contigo allá.

Edward hizo una mueca.

—No permitiría que mi madre fuera hacia allí —Incluso insistiría más en que no fuera ya que planeaba volver en un año—, aún tenemos que estabilizar unas cosas. Pero es bueno que los abuelos vengan con ustedes, ¿no? Espero que mamá pase más tiempo en casa para ellos.

—Lo mismo le he dicho —asintió Edward Padre—. Así que dijo que el tiempo que le quedaba libre haría todo lo que ella quisiera. Incluso me dijo que quería ir a la India. Quiere "conocer el mundo" —hizo comillas en el aire y ambos comenzaron a reír—. Creo que la edad le está afectando.

—Espero que no te escuche decir eso —dijo Edward riendo. Niklaus se volvió a mover en su regazo hasta que su mano fue directo a sus ojos y allí comenzó a frotar para luego abrirlos y hacer un puchero en dirección a su padre—. ¿Qué sucede, campeón?

Niklaus le miró un poco desconcertado y una de sus manos fue a sus cabellos para desordenarlos aún más. Era consciente de que su abuelo estaba allí con ellos pero en esos momentos no tenía ganas de mirarle.

—Quiero hacer pipí —dijo en voz baja sólo para que su padre le escuchara.

—Oh, bueno, entonces ve —le tomó del torso y lo bajó para que quedara de pie en el césped, a lo que Niklaus renegó y se acostó otra vez sobre el torso de su padre, de manera que de la cintura para abajo estuviera colgando al césped—. ¿Qué sucede Niklaus?

Niklaus lloriqueó sin razón y le miró a los ojos.

—No quiero ir solo.

Su abuelo le miró con diversión, a ambos y se puso de pie, haciendo que Niklaus le regresara a ver con el ceño fruncido. No tenía ganas de ver a alguien en esos momentos, sólo quería estar con su padre.

—Vamos, Kai, te llevo yo, ¿sí? —le preguntó de manera amable su abuelito. Niklaus agitó la mano y apartó la que le estaba tendiendo.

— ¡Yo quiero a mi papá!

Edward suspiró y se sentó en la hamaca para poder mirarle mejor. Cuando Niklaus estaba de berrinchudo nada podía pararle. Ahora sólo estaba necesitado de papá y sólo quería estar con él. No era la primera vez que hacia aquello. Cuando escogía una persona de quien no se debía separarse, no se separaba, se mantenía allí. Edward recordó la vez que ni siquiera le había dejado ir al baño. Lloró y lloró, esperando sentado fuera de la puerta del baño a que su padre saliera.

—No hay necesidad de alzar la voz, Niklaus —reprendió Edward, tomándolo por debajo de las axilas y se puso de pie, llevándolo con él—. Vamos al baño.

Los dos chicos Cullen se alejaron de allí bajo la atenta mirada de Edward Padre. Siempre supo que ese nieto suyo era muy malcriado por no tener la atención de una madre a tiempo. Pero ahora que tenían a Bella podía resultar un poco mejor.

Una vez que llegaron al cuarto de baño dentro de la casa, Niklaus se volvió a su padre y le miró a los ojos con cierta advertencia.

—No te vayas, porque si te vas te pego.

Edward rodó los ojos y se recargó en la pared con los brazos cruzados, esperando a que su pequeño agresivo hiciera lo que tenía que hacer.

— ¿Desde cuándo me pegas?

—Desde que te vas cuando yo te digo que vengas al baño conmigo —respondió el niño bajando su bañador y se daba vuelta, manteniendo arriba su camiseta agarrándola con la barbilla presionada contra el pecho.

—No me voy.

—Bien.

Después de salir de baño, Niklaus se lavó las manos y tomó una de las manos de su padre para poder dirigirse a la mesa, donde ya estaban todos sentados en sus lugares frente a la comida que tenía allí servida. Niklaus, por supuesto siendo Niklaus, arrugó la nariz y dijo que no comería eso. Y Aaron, siendo Aaron intentando ser caprichoso también, dijo que tampoco quería comer aquello, de modo que se vieron obligados a comer pizza, la cual llegaría treinta minutos después, lo que dejaba a Niklaus y a Aaron sin hacer nada más que molestar a sus padres.

Cuando Edward estaba a punto de llevarse algo de comida a la boca, Niklaus bajó su mano, haciendo que la comida cayera de nuevo en el plato y salpicara la camiseta blanca de su padre, ocasionando que soltara una risita y un sonido de molestia por parte de Edward.

Niklaus no tenía límites.

Bella miró lo que Klaus estaba haciendo con el ceño fruncido, sabiendo que el niño le ignoraba apropósito porque sabía que si miraba a su mamá, le regañaría pronto y él no quería eso. Una vez que decidió que era mucha comida por ese día, se puso de pie y se colocó al lado de Edward.

—Está bien, Niklaus, ya basta de parecer un bebé. Deja a tu padre comer por unos minutos, ¿de acuerdo? —colocó sus manos en las axilas del niño y le cargó, haciendo que Elizabeth soltara una pequeña exclamación escandalizadora. Todo el mundo se volvió hacia a ella.

— ¡Bella, baja a ese niño ahora! ¡No puedes cargar pesado en tu situación! —Dijo con el ceño fruncido al mismo tiempo que se ponía de pie, dejando a un lado la servilleta—. Vamos, Edward, quítale ese niño a Bella, por favor.

Bella quiso que la tierra se la tragara en esos momentos. Primero, con eso que Elizabeth había dicho prácticamente les había anunciado a todo el mundo que estaba embarazada, si es que todo el mundo era lo suficientemente inteligente como para averiguarlo. Segundo, Edward estaba siendo fastidiado otra vez. Y tercero, lo más importante, Niklaus había sido llamado sólo "niño" por su abuela y eso había ocasionado que se formara un puchero en su boca y se apartara con rapidez de los brazos de su padre para entrar corriendo al interior de la casa.

Esme se dedicó a mirar a Bella con una gran sonrisa. La satisfacción que en esos momentos sentía era enorme.

— ¿Tú también, Bella? —preguntó en voz alta, haciendo que todos, menos Bella, voltearan a verla.

Emmett frunció el ceño.

— ¿Estás embarazada tú también, Esme?

Aaron se golpeó la frente con la palma de su mano ante semejante pregunta y negó con la cabeza, sin poder creer semejante incredulidad de un hombre de treinta años.

— ¡No digas tonterías, Emmett! —Respondió Esme agitando la mano—, claro que no. Es Alice quien está embarazada.

Bella esta vez le miró con la boca abierta. ¿Alice embarazada? Joder, mierda, mierda, mierda. Esperaba que no fuera de aquel chico rubio que le acababan de llegar con la noticia que tenía otra hija de seis años. Mierda, Alice metiendo la pata. ¿De qué te quejas, Bella?, Se dijo a sí misma, estás igual que ella.

— ¿Alice está embarazada? —preguntó en un hilo de voz, notando por el rabillo del ojo como Edward se ponía de pie para poder ir a interior de la casa en busca de su hijo malhumorado.

—Sí —respondió Esme con una sonrisa brillante, ignorando como Edward pasaba al interior de la casa—. Me llamó esta mañana y me lo dijo. Tiene cuatro meses y vendrá aquí en poco tiempo. Carlisle aun no lo sabe pero en cuanto lo vea se lo diré —asintió sin dejar de sonreír—. Y… ¿Cuánto tienes tú?

Bella carraspeó, paseando la mirada por los demás. Cualquier estimo que le tenía a Elizabeth hacia unos minutos atrás se había esfumado. ¿Es que simplemente no se podía mantener callada y ya?

—Dos meses —respondió tomando asiento otra vez en la silla que Edward había dejado libre—. Aunque queríamos ir primero con un doctor para que pudiera decirnos muy bien el estado del bebé antes de anunciarlo. Pero no salió como queríamos —hizo un gesto con la boca y encogió sus hombros. Ocasionó la risa de todos en la mesa, incluso de Edward Padre y de Rosalie.

La rubia ya casi había aceptado el hecho de que no tendría muchos bebés, pero Emmett siempre decía que podían practicarlo y no perder las esperanzas. Sin embargo, sintió un ligero piquete de envidia cuando supo que la novia de su hermano estaba embarazada. Seguro que ni siquiera estaba planeado. Le sonrió con toda la simpatía que podía darle y asintió poniéndose de pie para darle un abrazo.

—Felicidades, Bella. Estoy segura de que será un bebé muy encantador como los padres —le dijo al oído y Bella sonrió, estrechándola en sus brazos.

—Gracias, rose, esperemos que sea así.

Bella recibió más abrazos de todos en el lugar. Podía notar que Esme estaba rebosante de felicidad, de modo que decidió darle un abrazo aún más duradero a ella con una enorme sonrisa, susurrándole que ella sería una buena abuela. Sabía que era muy pronto, incluso los cuatro meses de Alice eran muy pronto, pero no sabía qué otra cosa decirle.

Las siguientes horas Niklaus se mantuvo callado, sin dirigirse a nadie en especial más que a su padre para pedirle cualquier cosa. A Edward no le molestaba darle a su hijo lo que quería, pero se suponía que debía estar con Bella en esos momentos, sin embargo se pasó la tarde con su hijo en la alberca, jugando con él, Aaron y Emmett a las "luchitas". Dadas casi las once de la noche, Bella decidió que era suficiente y necesitaba dormir porque había sido un día ajetreado. Niklaus tendría varias faltas en la escuela por esos viajes y no le beneficiaba en nada aun cuando el niño ya sabía la mayoría de las cosas que les estaban enseñando. Edward volvió a tomar a Niklaus de la mano, esta vez sin llevarlo en los brazos a pesar de que el niño estaba lloriqueando e intentando treparse a él porque alegaba que le dolían los pies y todo el cuerpo también.

Con un niño malhumorado y decidido a hacer escandalo durante todo el camino abrazado a su pierna, Bella se despidió de todos los familiares de Edward con un abrazo y una sonrisa. Ella tenía una mano sobre los cabellos del niño y los acariciaba lentamente, intentando calmarlo, pero podía sentir como sus pequeñas manos jalaban la tela de su vestido para poder llamar su atención. Cuando comenzaron a bajar las escaleras para poder ir al auto, Bella tomó a Niklaus de los hombros para detenerle y mirarle a los ojos.

—Oye, basta ya, por favor. Todo el día has estado de esa manera, no vas a ganar nada con eso, ¿entiendes? Tu papá no te va a cargar y yo tampoco. También estoy cansada pero debo caminar lo necesario para subir al auto. Tú también lo harás, ahora dame tu mano —el niño le miró unos momentos pero entrelazó su mano con la suya a regañadientes y caminaron al auto, donde Edward les estaba esperando.

El camino transcurrió en silencio. Al llegar a la casa, Niklaus estaba otra vez dormido, de modo que Edward le cargó para poder llevarlo a su habitación. Bella se dedicó a arreglar las cosas para poder volar mañana temprano a Londres otra vez. Necesitaba ir a casa y sentirse cómoda. Se llevó al menos media hora organizando y después fue a la habitación principal donde le estaba esperando Edward, vistiendo solo unos shorts de baloncesto por el clima en ese lugar. Fue a asear su boca y rostro y se colocó una de sus largas camisetas sin mangas y después se acurrucó a su lado, soltando todo el aire contenido, con la vista en la enorme pantalla de televisión, donde pasaban el futbol americano.

—Lo único que me gusta de ese deporte son las nalgas de los jugadores —dijo Bella en un murmuro, sin apartar la vista de la televisión.

Edward bufó, rodando los ojos.

—Tengo mejores nalgas yo —respondió sin dejar de mirar la pantalla también. No tenían nada de especial.

—Lo sé, pero es que cuando tú juegas no se aprecian así de bien como esos.

—Por eso debes sentirte privilegiada de que sólo tú puedas verles bastante bien.

—No es justo —dijo ella mordiendo la carne de su duro pecho y después volvió la vista a él—. Yo quiero que las demás mujeres vean tu trasero y me tengan envidia.

Edward rio ligeramente por su ocurrencia y asintió un par de veces.

—Probablemente yo encoja a propósito tus pantaloncillos de juego para que te queden justos y entonces se te vean muy bonitas esas nalgas tan redondeadas que tanto me encantan.

—Tú, mujer, tienes un problema muy serio —comentó Edward con una sonrisa llena de diversión.

—No es culpa mía, es toda tu culpa. Aunque también debes admitir que tú también mueres por mi trasero, ¿sabes que lo dices en sueños? Cuando te pregunto cosas me respondes y, ciertamente, eres un pervertido aun dormido —comentó riendo la castaña. Se apoyó en su pecho con las manos y se colocó a horcajadas sobre él con una sonrisa—. ¿Quieres que te demuestre lo que me pides?

Edward tragó pesado y asintió sólo una vez. ¿Qué cosa era lo que le pedía cuando estaba dormido? Joder, era un peligro mientras dormía.

—Quiero que me demuestres lo que te pido, nena.


¡Después de mucho tiempo estar sin capítulo finalmente aquí está! Lo sé, soy una cruel por no apurarme con esto pero me atasqué y no había nada para hacerme pensar en algo, además de que intento hacer una historia independiente... y que gaurdo muchas fotitos de Jude, Nik y de sus futuros hermanitos. En fin... aquí está, gracias por esperarlo demasiado tiempo.

¿Qué les pareció?¿A actitud de Nik? ¿La metedura de pata de Elizabeth? ¿Alice y su bebé? ¿Cómo reaccionará Edward cuando se entere de que Jasper es el papá? ¿Y Rosalie celosa? ¿Y los abuelos que vivirán con los abuelos? Es mucho enredo pero ya me encargaré de lo demás.

Gracias a: Manue Peralta, Kaluta Cullen, Jull.98, AnabelaHP, zonihviolet, Annaniicolle, Vero Grey Cullen, veritob, Narraly, MONELITA CULLEN, Isabella Grey Day, lunaanelisce, soles, jupy, Eretirelf Oligua, karenava, the paradise, M Ale Ch M, Cristina Rey, DarkWardObsession, AleLupis, hildiux, AglaeeCullen810, Acqua Cullen Potter, M. Shily, dracullen, EmDreams Hunter, Nana Black Star, Marie Mars, Mon de Cullen, PRISGPE, cary, Nandita21unexplained, , salyluna, Andy161616, Brenda-Cullen-Ivashcov, yolabertay, maferpatts, Tecupi, torposoplo12, dianaviviani, Tata XOXO, Beastyle, pera l.t, Rkuer2, anonimo, Melania, NoeLiia, conejoazul, Nessie Joan Pattinson Stweart, OrizMartha, jadecullen7, Nadiia16, liduvina, MARIIBETT, Angel twilighter, aea7, Naye15, Karlie7, manligrez, marieisahale, Anna Mariea F, andre102, solecitopucheta, Twilight Raquel-Carolay, crepusculo de media noche, kalislopez.10, Edidi, anita, michelle de cullen, Kathow16, DiAnA FeR, alejandra1987, Carmen Marin, Cullen-21-gladys, lizzie, miyus1205, Gretchen CullenMasen, MadeleineTCcullen, Nyx-88, saraygrcia08, NachiCullen, liz-stefani, Patri, Angele O'Shea, yoo, ANDY-DEEP-ALEXANDER, Elizabeth Everly, Laura Ibagon, SMGSmile, daya-01, Alejandra P, VianeyChairezRK.

¡Gracias enserio por sus reviews! Y por seguirme en la historia aun cuando algunas leen sin que esté terminada, significa mucho para mi.

¿Reviews con alguna idea de lo que puede pasar en el próximo capítulo?