Disclaimer: Los personajes son propiedad de Meyer, la historia es de mi imaginación.

Summary:

"Edward Cullen, el jugador de fútbol más exitoso tiene una vida bastante complicada con un revoltoso niño de cinco años. Lo que menos necesita ahora mismo es esa atractiva mujer que llegará a controlar su carrera y probablemente su corazón."


CAPÍTULO TREINTA Y DOS

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—Es algo un poco inusual, pero sabiendo lo pervertido que eres lo puedo esperar —dijo Bella encogiendo sus hombros, frotando hacia adelante su sexo sobre el de Edward, el cual estaba cubierto por tan sólo esos pantalones de baloncesto. Ah, ambos agradecían la manía de dormir casi sin ropa interior.

—Teniéndote a ti como la persona que puede satisfacerme puedo imaginar cualquier cosa —dijo Edward con voz ronca, sintiendo como su miembro se agitaba dentro de sus pantalones cortos.

Bella sonrió, inclinándose hacia a él para poder darle un suave beso en el pecho, acariciándole apenas con los labios, subiendo lentamente hasta su mandíbula. Notó como los brazos de Edward estaban por moverse para ir a tocarle y rápidamente le tomó de las muñecas para que no lo hiciera.

—Te gusta ser torturado, amor, así que no pongas cierta resistencia.

—Debo estar loco como para pedirte que no me dejes tocarte.

—Estás loco —asintió ella con una sonrisa, besándole la comisura de su boca y después alzó la cabeza para poder observarle a los ojos, los cuales no se le podía mirar exactamente de qué color eran por la falta de luz en la habitación—, pero esto ya es cosa mía, no me debes tocar por el momento.

Finalmente junto sus labios y le besó de manera suave al principio, sin ser tan húmedo como sabía que él estaba deseando. Cada vez que sentía su lengua salir de su boca se apartaba con una sonrisa victoriosa. Era un juego previo simplemente. Le mordió suavemente el labio inferior antes de que se irguiera en su lugar, con las piernas a cada lado de las caderas de Edward y le miró mordiendo su propio labio inferior, sabiendo que sus cabellos estaban un poco revueltos.

Tomó el borde de la única prenda que llevaba puesta y la sacó por su cabeza, lanzándola a alguna parte de la habitación, sin darle mucha importancia. Con una sonrisa de oreja a oreja, llevó sus manos a sus pechos y les amasó, pasando los dedos alrededor de sus pezones, los cuales estaban un poco sensibles. Mantuvo los ojos cerrados, acariciándose a sí misma, tirando de la punta de ambos pezones, que apuntaban hacia el frente cada vez que les soltaba.

Abrió los ojos en cuanto sintió las manos de Edward otra vez sobre su abdomen, subiendo para poder acariciarle él mismo, sin embargo, Bella dejó que jugara un rato con ellos hasta que le tomó de las muñecas otra vez y se las dejó por encima de su cabeza.

—No tocar, cariño. No se toca —le dijo en un murmuro, bajando la mirada a él, ya que la posición en la que estaba le dejaba los pechos justo frente a su rostro. Se movió para que la punta de uno de sus pechos le delineara los labios.

—Por favor —gimió Edward abriendo la boca para poder tomarlo, pero Bella fue más rápida y se apartó sonriendo.

—No. Ahora, se buen niño y mantén tus manos allí.

Decidiendo hacer las cosas por las buenas, y notando que eso le estaba gustando, Edward dejó las manos por debajo de su cabeza, para así tener algo de soporte. De esa manera tenía una perfecta vista de ella, totalmente desnuda sobre él. Pudo ver perfectamente su sexo, casi rozando su abdomen, ella sabía lo que estaba haciendo en esos momentos, así que cuando él alzaba sus caderas, Bella hacia lo mismo consigo misma, con una sonrisa bailándole en los labios.

Ella comenzó a balancearse sobre él, haciendo que Edward sintiera el cosquilleo en su piel gracias a sus vellos púbicos. Mierda, amaba que Bella no fuera de esas chicas que decidían depilarse por completo. Él no lograba entender por qué algunos hombres lo decidían y preferían así. Era parte de su naturaleza.

A continuación, ella sentó su trasero sobre el duro abdomen de Edward, colocando cada una de las plantas de sus pies a los lados de la cabeza de Edward, ahora sí dándole toda una perfecta vista de su coño humedecido. Bella sonrió al ver la expresión estupefacta de Edward. Una de sus manos fue a colocarse sobre el muslo de Edward para tener algo de soporte, mientras que la otra jugaba con sus vellos púbicos.

—Quieres matarme —murmuró Edward con la voz ronca, sin apartar la vista de su mano acariciándose a sí misma.

Bella rio bajo al escucharle y ladeó la cabeza para que su cabellera le cayera sobre un hombro, comenzando a introducir un dedo entre sus pliegues para encontrar su sonrosado botón de nervios, algo que le hizo temblar un poco por la sensación. No tenía idea de cuánto tiempo llevaba sin tocarse ella misma pero era bastante placentero. Aún más teniendo al perfecto dios mirándole, debajo de ella.

—Sólo te muestro como se hace —comentó ella en voz baja en forma de respuesta, bajando y subiendo su dedo por su raja, tomando algo de sus jugos para esparcirlos por todo su sexo, ocasionando un gemido bastante alto por su parte.

Edward sonrió ladinamente al tener semejante espectáculo muy cerca de su rostro. Joder, incluso si aspiraba podría notar el olor de su excitación. Se dedicó a humedecerse los labios con la lengua, observando los hinchados labios vaginales de Bella abrazarle los dedos cuando se acariciaba a sí misma. Cerró los ojos durante unos momentos, sintiendo como su polla se volvía a agitar dentro de sus pantalones y comenzaba a endurecerse. Cuando los volvió a abrir, Bella tenía su dedo medio acercándose a su boca para poder delinearle los labios.

—Chupa —ordenó ella, mirándole fijo.

Edward no vaciló en ningún momento y abrió la boca para poder recibir su dedo en la boca y le chupó, asegurándose de lubricarlo bastante bien con su saliva y saboreando a la vez sus jugos. Ella le retiró poco a poco de su boca para después introducirlo en su interior, gimiendo alto, notando cómo sus paredes estaban muy apretadas a su alrededor. La mano que estaba sobre el muslo de Edward se apretó, embistiéndose a sí misma, aumentando otro dedo.

Se mantuvo así, con el ceño ligeramente fruncido al sentir el cosquilleo en su vientre bajo. Sabía que iba a tener su orgasmo pronto porque, además de que necesitaba en esos momentos tener actividad sexual, tenía a Edward mirándole masturbarse. Metió y sacó los dedos de su interior de forma rápida, tenía un orden, metía y sacaba con rapidez al menos cuatro veces y después restregaba los dedos empapados en su clítoris entre el dedo corazón y el anular, jugándole con el pulgar y después volvía a meter los dedos hasta que notó como su cuerpo se tensaba anunciando el orgasmo. Apretó los ojos al sentir sus paredes contraerse más y se corrió con fuerza, manteniendo sus dedos dentro de ella, acariciando la pared frontal de su interior, temblando sobre el cuerpo de Edward, sintiéndose en el cielo y gozando de la mejor sensación.

Sus gemidos y chillidos hacían eco por toda le enorme habitación. Edward dejó caer su cabeza como si él también hubiera atenido una liberación, pero en realidad, cómo estaba Bella en esos momentos y después de ese espectáculo, estaba más que excitado. Volvió a lamerse los labios y volvió la vista a ella, quien estaba sonriendo un poco ida y sensible aun. Le miró sacar sus dedos del interior y llevarlos a su boca para poder limpiarse a sí misma, dedicándose a meter y sacar su dedo de la boca varias veces, succionando y pasando la lengua por lo largo para poder limpiarle bien, sabiendo de sobra que estaba pensando que era otra cosa.

Con una sonrisa victoriosa, Bella se incorporó, temblando un poco cuando sintió su coño sensible y muy húmedo se restregaba por el duro abdomen de Edward.

—Y eso, amor, es lo que me pides mientras duermes —dijo ella con la voz cansada, dejándose caer a su lado, pasando una pierna sobre su abdomen besándole la mandíbula.

De inmediato, Edward se colocó de costado, con los ojos casi negros por la lujuria. Mujer caliente, eso era lo que tenía con él en la cama en esos momentos. Le agachó para poder besarle los labios, sintiendo de nuevo el sabor de su excitación en ellos, empujándose a ella de manera inconsciente.

— ¿Y no te pido nada para aliviarme después de semejante escena? —preguntó con la voz ronca, mordiendo su labio inferior. Ella le dio un beso en el superior, delineándolo con la lengua y asintió, metiendo su mano por debajo de sus pantaloncillos.

—Sí, tengo algo para tu alivio, yo siempre busco estar preparada para ti —le dio un suave apretón a su miembro para después acariciarle—. Y la noche promete, cariño.

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A la mañana siguiente Bella estaba de muy buen humor. Incluso, a pesar de haber dormido hasta tarde y necesitando muchas horas de sueño, se despertó temprano por su propia voluntad para poder preparar algo de comida para los hombres que aún estaban dormidos y necesitarían mucha comida al despertar. Sobre todo uno muy grandulón que había estado ocupado en actividades sobre la cama hasta muy tarde. Suspiró mientras batía los huevos en el recipiente, moviéndose al compás de la música que estaba en el pequeño reproductor que estaba allí en la encimera. Era una buena mañana a pesar de lo que había ocurrido ayer en la tarde en la casa de la madre de Edward.

Se dedicó a freír el tocino, llevando una cucharada de chocolate con almendra a la boca. No podía creer que ella estuviera comiendo eso sin tener nada en el estómago a primera hora de la mañana. Iba a tener que hacer ejercicio pronto si no quería terminar como una ballena pronto. Aunque no culparía a su pequeño bebé en el estómago por eso. La culpa la tenía Edward por surtir el refrigerador con todo ese tipo de cosas.

Estaba a punto de comenzar a hacer el jugo natural de naranja cuando escuchó un ligero golpe en la puerta. Frunció el ceño y se volvió hacia la entrada de la cocina, donde estaba un pequeñín de cabellos dorados y revueltos. Se había golpeado con la puerta pero no había protestado, tan sólo se limitaba a frotarse con la mano. Probablemente aún estaba bastante dormido como para sentir dolor.

En silencio, Bella dejó la mitad de la naranja que estaba a punto de exprimir, se limpió las manos con un limpión de cocina y fue donde el pequeño. Realmente no tenía mucho pudor al estar con el pequeño en solo una bata de satín color beige. Dejaba descubierta la mitad de sus piernas y la manga era de tres cuartos. Niklaus no pareció notarlo cuando ella se acercó a abrazarlo.

─Hola, mi amor. Buenos días ─dijo con la voz baja y suave, casi como si estuviera arrullándole de nuevo. Realmente no sabía si debía preocuparse porque el pequeño estuviera durmiendo más de lo normal pero pensaba que era probablemente por la actividad física que había tenido el día anterior.

─Hola, mami ─respondió con la voz ronca y baja. Estiró los brazos a ella para que le cargara. Dos segundos después ya tenía sus pequeñas piernas alrededor de la estrecha cintura de Bella. Su pequeño trasero estaba sentado en el antebrazo de ella y su cabeza en el hombro─ ¿Estás haciendo comida, mami?

─Sí, apenas estoy haciéndola, ¿te gusta el tocino? ─el pequeño asintió en modo de respuesta sin muchas ganas de hablar. Bella iba a volverse loca si no tenía a su risueño Niklaus en esos momentos─. ¿Quieres ayudarme a preparar la comida? Estoy seguro de que papá se despertará hambriento

—No, yo sólo quiero comer y ya.

—Bueno, entonces espera a que termine de cocinar y después podrás comer, ¿de acuerdo? ─fue a colocarle en la barra de desayunos pero el pequeño se aferró a ella sin emitir sonido, dejando claro que no iba a dejar que le soltara allí—. No puedo cocinar contigo, Niklaus.

—Sí puedes ─dijo testarudo—. Yo quiero ver como cocinas mientras me cargas, mami.

—Nik, por favor, amor. Son las ocho de la mañana, no comencemos con una rabieta. ¿Sí? Quédate allí sentado mientras termino de preparar el desayuno. Tendremos que irnos muy temprano hoy para que mañana puedas ir a clases y ver a Cara.

—No quiero ir al colegio.

—Niklaus…

El niño le miró a los ojos e hizo un puchero. Nadie le entendía, estaba enfadado, estaba molesto, ya no quería nada, no sabía qué hacer, qué decidir, a dónde ir… no quería nada. Estaba al borde de ponerse a llorar por no saber lo que pasaba. Y el pequeñín tan sólo tenía seis años. Sin embargo, al ver la cara de súplica de su madre, asintió y dejó que le bajara.

—Puedes quedarte aquí ─dijo Bella mirando como caminaba hacia el lugar donde había llegado—. Niklaus…

—Iré a dormir otra vez ─dijo cabizbajo. Ella suspiró y no dijo nada más, simplemente se volvió a la cocina. El buen humor con el que había despertado desapareció en cuanto Niklaus lo hizo de allí.

Se dedicó a apresurarse a cocinar todo lo que quedaba. Una vez que finalmente había terminado con el jugo natural que estaba dispuesta a hacer, colocó un poco en un vaso con un poco de hielo y le bebió, notando lo bien que se sentía en su garganta. Estúpido calor de California. Sujetó mejor la cinta de la prenda que llevaba puesta y se dirigió a la habitación de Niklaus otra vez. Acostado sobre la enorme cebra gigante de peluche que tenía junto a la pared.

─¿Nik? ─preguntó Bella, acerándose a él. El niño alzó la mirada a ella con un puchero en la boca. Ni siquiera él sabía cómo se sentía─. ¿Estás molesto conmigo, chiquito?

─No… es sólo que yo quería ver como cocinabas.

─Bueno, pero es que yo no iba a poder exprimir una naranja si te estaba sosteniendo con un brazo ─Ella tomó asiento junto al peluche, sobre la alfombra, dejando a un lado el vaso con el jugo de naranja─. Si me hubieses ayudado sería mejor. Pero ahora ya estoy aquí… ¿qué ocurre contigo, mi amor?

─No quiero ser sólo un niño… ─dijo en un murmuro, moviéndose de la cebra para poder quedar en el regazo de Bella, con la cabeza sobre su pecho─. Mi abuela Elizabeth me llamó niño y ella nunca de los nunca ni jamás de los jamases me llamó de esa manera.

─Tu abuelita sólo estaba un poco alterada. Eres mi niño, Nik, no debes de qué preocuparte… ─dijo ella en voz baja, acariciando sus cabellos, intentando arreglarles otra vez. No iba a lograr mucho. El pequeño tenía el mismo cabello que su padre─. No te sientas mal, ¿de acuerdo?

─¿Estás segura de que no soy sólo un niño?

─Estoy segura. No tienes de qué preocuparte.

Se quedaron en silencio unos momentos. Bella miró la pared donde Niklaus tenía un montón de relojes de diferentes diseños y se dio cuenta de que el vuelo saldría en cuatro horas. Todo estaba listo para poder irse. Lo único que necesitaban era darse una ducha. Después de comer, por supuesto. Al día siguiente llegarían las personas del aseo y todo estaría impecable. Niklaus no había sido precisamente alguien muy limpio las veces que se quedaba solo en la habitación.

Después de un tiempo, en el que Bella creyó que Niklaus había caído dormido, el pequeño volvió a moverse, alzando la mano que estaba descansando en su regazo y la metió por la abertura de la única prenda que Bella llevaba puesta. Alzando las cejas, intrigada por lo que haría el pequeño, Bella miró lo que estaba haciendo.

Niklaus, como si lo que estaba haciendo no fuera mal visto por las personas, tomó el seno de Bella ─el cual no era lo suficientemente pequeño para la mano de Niklaus sino casi lo doble o triple─ y le amasó, jugando la suave piel con sus pequeños dedos. Bella se quedó callada y sin decir nada, sintiendo la manito del niño darle muchas atenciones. Sin embargo, Niklaus parecía tener la mirada perdida en alguna parte de la habitación.

─Nik, ¿qué haces? ─se aventuró a preguntar mientras su mano iba a sus cabellos y se los apartaba e la frente. No era como si le molestara el hecho de que el hijo de su novio, hermano del bebé que llevaba dentro de ella y a quien consideraba su hijo le agarrara la boobie, como él decía. Era su pequeño, su niño mimado, a quien le había estado amamantando a pesar de su edad. Pero lo que Niklaus estaba haciendo no era muy bien visto. Sin embargo, no le tomó importancia. En esa familia eran de todo menos pudorosos.

Bella se sorprendió a sí misma pensar en ellos cuatro como una familia entera y sin ningún papel legal que lo diga de verdad, sin embargo, sabían que lo eran.

─Estoy pensando, mami ─dijo con la voz baja sin apartar la vista de la nada. Su manita no dejaba de jalar, pellizcar o amasar el pecho de Bella.

─¿Y por eso le tienes que meter mano a mami? ─preguntó ella con un tono divertido, haciendo que el niño sonriera también.

─Es que me gusta ─contestó encogiendo los hombros, un gesto que Bella consideraba algo simpático en los niños. Cuando Edward hacía eso, Bella quería golpearlo.

─De acuerdo, pero es como la teta, ¿sí? Nada de hacerlo frente a otras personas, a menos que sea tu papá, ¿bien? Ya sabes que no está muy bien visto todo eso. ─El niño asintió sólo una vez y alzó la mirada a ella.

─Mami, ¿puedo hablar contigo acerca de la teta? ─preguntó Niklaus, mirándole a los ojos para poder ver su reacción.

Bella alzó las cejas y parpadeó sorprendida por lo que el pequeño había pedido. Ella probablemente tenía una idea, no estaba tan ida con el pequeño. No le era muy fácil ignorar el hecho de que el pequeño hacía muchos gestos.

─Claro que sí, mi amor, puedes hablar conmigo sobre eso ─asintió suavemente, aceptando mirar sus grandes ojos color azules, los cuales le miraban de una manera que ella no supo descifrar. Siguió apartando sus cabellos hacia atrás y Niklaus parecía aceptarlo gustoso.

─Yo… es que creo que ya no quiero más teta pero sí me gusta la boobie ─dijo en voz baja, sin embargo, le sostuvo la mirada.

Bella se recargó mejor en la parte suave de la pared que tenía detrás de ella y sonrió ligeramente sabiendo lo que quería decir.

─No quieres más teta pero sí te gusta la boobie…

─Es que no me gusta como sabe ahora ─dijo en un murmuro el pequeño, ahora sí bajando la mirada y sintiendo sus mejillas enrojecer. No quería que Bella se sintiera mal por lo que él le había dicho─. Pero me gusta estar así contigo ─le dio un tirón a la piel de su seno para que pudiera entender lo que estaba diciendo.

─El punto es estar atendiendo a las boobies de mami, ¿no? ─preguntó ella con una sonrisa ladeada ante la explicación del pequeño. Se iba a esperar algo como eso. Según las personas, amigas y el internet, la leche materna sólo les resultaba deliciosa a los bebés. Algunas veces era bastante agria y sabía mal. Era por eso que no había dejado que Edward le atendiera los pechos con la boca la noche anterior.

Niklaus asintió, asegurándose de que el sonrojo se haya ido ya y alzó de nuevo la cabeza para poder mirarle otra vez.

─¿Puedo seguir haciendo estoy cuando yo quiera y sólo estés tú o papá? ─se aventuró a preguntar, ladeando la cabeza.

─Sí, puedes seguir haciéndolo, pero sólo cuando vayamos a dormir, ¿está bien? ─Le miró a los ojos en todo momento, esperando a que le entendiera perfectamente─. Ahora tengo a Jude en mi panza, lo que hace que mi cuerpo cambie por dentro y en poco tiempo también cambiará por fuera porque me crecerá una panza enorme… sin embargo, las boobies de mami duelen un poco cuando se tocan. Ni siquiera puedo llevar algún sostén porque me lastima.

─¿Y lloras?

─Hasta ahora no he llorado… pero si tratas mal a las boobies de mami entonces probablemente eso pasará.

Niklaus encogió la mano y le soltó la piel que estaba jugando entre sus dedos.

─No quiero que llores, mami.

Bella rio por lo bajo al ver su expresión.

─No lloraré, amor. Es sólo que debes tener cuidado, ¿de acuerdo? ─Niklaus asintió en respuesta─. Ahora ve a despertar a papá para que podamos desayunar y después ir a Londres, ¿te parece?

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El desayuno se mantuvo con bastante calma y plática por parte de todos acerca de que Niklaus debería comenzar a practicar en casa la batería para que pudiera llegar a ser un gran Batonero, como él decía. A Bella le daba bastante gracia aquella palabra pero, ¿Quién era ella para cambiar el apodo de su bebé? Si él así lo decía entonces estaba bien. El vuelvo ocurrió de la misma manera, sin ninguna complicación. Niklaus, después de jugar con su padre en el X─BOX, se volvió a quedar dormido, algo que a Bella siguió desagradándole. Esperaba realmente que no estuviera enfermándose o algo así. No le gustaba ver a su niño de aquella manera.

La semana también trascurrió sin problemas. Niklaus había vuelto a adaptarse al horario de Londres como ya estaba acostumbrado. Aceptó ir al colegio sin ningún problema o excusas. Los papeles para que Niklaus avanzara un año estaban listos y pronto se llevaría a cabo. En cuanto terminara la evaluación que estaba en proceso. Sin embargo, el pequeño no estaba demasiado bien de salud y Bella lo sabía. La mayor parte se la pasaba en la cama y a la hora de la siesta dormía más de lo que debería.

Una noche, cuando Bella fue a ver el estado de Niklaus porque ella no podría dormir, le encontró tendido en la cama sin las sabanas puestas, arrugada a sus pies y con el rostro bastante tranquilo. El pequeño estaba caliente en esos momentos. Su temperatura había subido de manera considerable y Bella fue a despertarlo para poder darle un jarabe de la tos, sin embargo, la temperatura sólo duró calmada una noche para poder presentarse a la siguiente.

La cita con el ginecólogo de Bella fue normal y con buenas noticias. Apenas tenía dos meses pero había advertido que todo eso iba a pasar demasiado rápido y en un abrir y cerrar de ojos ya tendría a su pequeño bebé en los brazos. Bella estaba nerviosa, por supuesto, mientras que Edward se encontraba emocionado por ver el pequeño punto blanco en la pantalla modernizada. El cacahuatito.

A Bella le dio mucha pena el hecho de no poder llevar a Niklaus con ellos ya que el pequeño se veía realmente emocionado por querer ver a su hermanito en una pantalla de televisión. La señora Harriet había pensado que sería más conveniente tenerle en casa por si volvía a caer con temperatura.

A Niklaus no le iba a gustar saber que no iría a los Kids Choise Awards. Bella se quedaría con él a entretenerle. Contra la voluntad de Niklaus, seguramente, pero Edward tendría que asistir ya que había confirmado. Edward no era capaz de dejarle solo pero si Bella insistía… tenía que aceptarlo.

─Mami, ¿papá va a viajar por negocios?

Niklaus entró a la oficina de Bella, observando alrededor sin familiarizarse muy bien. El pequeño había salido del colegio apenas y tenía que hacer sus deberes…. Sin embargo, los encontraba tan aburridos que ni siquiera se le apetecía contestarlos.

─Papá va a viajar por trabajo, mi amor ─contestó Bella con la vista fija sobre su computadora. Arregló sus gafas, las cuales se deslizaban por el puente de su nariz y terminó de leer lo que estaba allí─. Él vendrá después.

─¿Y no me quiere llevar con él?

─Tú ahora estás enfermito, no puedes ir con él.

─Pero antes sí iba con él.

─Ahora no, Nik. Ahora te toca quedarte con mamá en lo que te recuperas, ¿bien? ─Bella viajó sus ojos achocolatados en dirección a Niklaus, quien estaba jugando con la corbata alrededor de su cuello.

Cuando Niklaus estaba a punto de responderle algo, el teléfono de Bella comenzó a vibrar sobre la superficie de su escritorio. Con un suspiro, Bella lo tomó, observando a Edward con glaseado de chocolate en la cara y al lado a Niklaus riendo. Deslizó la flecha para poder contestar y se lo llevó a la oreja.

─Hola, tú.

─Hola, nena ─saludó Edward sonriendo, Bella lo sabía por su tono de voz─. Llamaba para decirte que mi vuelo está por salir en media hora y no podré ir a despedirme de ustedes como quería.

Bella hizo una mueca mientras miraba a Niklaus, quien estaba muy concentrado intentando arreglar un cubo rubik. Al pequeño no le iba a hacer mucha gracia el hecho de saber que su padre se iría sin despedirse en persona. Entendía que ese tipo de problemas se presentaban así nada más pero ¿qué era lo que él podía hacer? Suspiró y asintió para sí misma.

─Entiendo, cariño… ¿quieres hablar con él?

─Sí, por favor ─pidió Edward con voz baja.

Bella llamó a Nik un par de veces antes de lograr que se separara de aquel juego y le tendió el teléfono, diciendo que era su padre él niño le tomó con entusiasmo y se sentó rápido sobre la silla que estaba frente al escritorio de su madre.

─¡Hola, papi! ─saludó el pequeño─. ¿Ya vas a venir?

Edward sintió como se le rompía el corazón. No le gustaba decepcionar a su hijo pero sabía que eso lo hacía más veces de lo que le gustaría reconocer. No poder despedirse del pequeño era algo a lo que no le gustaba acostumbrarse.

─Hola, enano… Yo… no creo ir a despedirme de ti, campeón ─dijo Edward con la voz un poco ronca por la opresión en el pecho. Carraspeó un poco para poder aclarar su garganta─. Tengo que irme pronto, estoy a punto de subir al avión y si no lo hago entonces voy a perderlo y no podré ir a mi trabajo.

El rostro de Niklaus decayó y sus hombros se hundieron.

─Dijiste que no volverías a hacer eso.

─Lo sé… sé que lo dije pero son cosas que pasan.

Niklaus se quedó callado y sin decir alguna otra palabra. Miró como sus pies colgaban de la silla.

─¿Klaus? ─llamó Edward de nuevo, odiándose a sí mismo en esos momentos.

─Adiós ─se despidió el niño, alejando el teléfono de su oreja y presionó la pantalla en el círculo rojo.

Bella le observó con cierta curiosidad, mordiendo su labio en el proceso. Su bebé estaba triste.

─¿Nik…?

─No va a venir ─le cortó antes de que terminara su pregunta y se puso de pie de un salto, dejando en la mesa el cubo de colores de un solo golpe, totalmente finalizado─. Haré mi tarea. No ruido, por favor.

─Niklaus…

─No, mamá. No quiero hablar ─cortó rápidamente, yendo al pequeño pupitre que Bella tenía asignado para él.

El teléfono de Bella volvió a sonar y ella volvió a mirar la imagen de Edward y Niklaus. Esa vez ya no sonrió, simplemente se dedicó a deslizar la pequeña flecha para poder contestarle. Con un suspiro, se puso de pie para poder salir de la oficina y no molestar al pequeño, que estaba concentrado en hacer sus deberes.

─Edward ─contestó Bella, llevando un mechón de su cabello detrás de su oreja sólo como un gesto inconsciente.

─Bella, lamento que Niklaus se haya puesto de esa forma… ─Edward gimió y Bella pudo imaginarle frotándose el rostro─. No debí haber prometido aquello, lo sé. ¡Joder! Ahora estará de mal humor. Creo que mejor me quedaré… voy a cancelar todo y…

─No, tú vas a hacer eso. Podré manejar a Niklaus. Algunas cosas no se pueden realizar, lo sé. Él debe comprenderlo… Será mejor que ya subas a tu vuelo ─dijo mirando el reloj que tenía en la muñeca─. Hablaremos cuando llegues al hotel, ¿de acuerdo?

─De acuerdo ─dijo él con un asentimiento─. Les llamaré en cuanto baje del avión. Te amo, nena.

─También te amo, guapo.

─Bien… dile a Niklaus que también lo amo, por favor.

─De acuerdo. Hablamos después.

─Adiós.

Con un suspiro y sintiéndose de una manera un tanto extraña, volvió a entrar a la oficina para encontrar a Niklaus en la mismo posición en la que le había dejado cuando salió de allí.

Las siguientes dos horas las pasaron de esa manera. Bella estaba demasiado ocupada arreglando la agenda de Edward para que el nuevo agente tuviera una guía. Bella dejaría de ser, oficialmente, el agente de Edward una vez que llegara el Lunes. Entonces ella podría dedicarse de lleno a lo que era el diseño. Niklaus, por otra parte, se mantuvo escribiendo en su cuaderno. Bella no creía que pudiera dejarle mucha tarea a un niño de su edad pero no iba a interrumpir lo que estaba haciendo sabiendo que el pequeño tenía un fuerte temperamento.

Se puso de pie una vez que la pantalla de su ordenador se hubo apagado.

─Vamos, guapetón, tienes que ir a tu práctica de futbol.

Niklaus no levantó la cabeza mientras escribía.

─No voy a ir.

─¿Cómo qué no? Tienes que ir. Hoy seleccionan a los que se quedarán. Estabas emocionado.

─Ya no.

─Niklaus… ─ella le miró con tristeza y fue a acercarse a él, poniéndose de cuclillas, de manera que ella quedaba más abajo que él─. Amor, sé que te duele que papá no haya venido pero tienes que aceptarlo, ¿bien? Él va a venir pronto.

─Él fue a los premios sin mí.

─Fue sin ti porque estás enfermo, mi amor, no puedes viajar ahora.

─Entonces no voy a futbol.

─Sólo vamos a que te asignen un lugar en la formación.

─¡No quiero!

Bella suspiró y bajó la cabeza, poniéndose de pie otra vez. No podría hacer nada.

─No vamos a futbol pero nos vamos a la casa ─le tomó la frente y mejillas con el dorso de la mano─. Necesitas tomar tu medicina y al menos dormir un poco, ¿bien? ─Sin darle muchas opciones, Bella se dirigió a la salida─. Te espero afuera. Si no estás en dos minutos en el pasillo me subo al auto y me voy a casa. ─cerró la puerta detrás de ella saliendo de allí.

Niklaus se quedó mirando el reloj de su iPhone, que estaba al lado de su cuaderno mientras escribía. No pasaba un minuto todavía. Gimió y su labio comenzó a temblar. ¡Es que ella no sabía cómo se sentía! ¡Él tampoco sabía cómo se sentía en esos momentos! Golpeó la cabeza en la superficie del pupitre y sus ojos viajaron de nuevo al teléfono. Un minuto. Sería mejor salir en esos momentos. Se apresuró a guardar las cosas, demorando un poco a la hora de tener que acomodar las cosas en su pequeño estuche para lápices. ¡Ya habían pasado los dos minutos! ¡Su mamá ya no estaba allá afuera! Haciendo un pequeño ruido de pánico, metió todo a la mochila que tenía bordado su nombre y corrió a la puerta.

Al salir, el pasillo estaba casi abandonado. La única persona que habitaba allí en esos momentos era la secretaria de su madre. ¡Oh no! Miró con pánico alrededor y su labio comenzó a temblar.

Cuando Niklaus soltó un sollozo, Rachel, la chica que estaba allí en el pasillo, alzó la cabeza para poder mirar al niño al pie de la puerta, cargando su pesada mochila y con la corbata en la boca ya que no le había dado tiempo de guardarla. A Rachel se le rompió el corazón al ver al niño de esa forma.

─Tu mamá está en el baño, Niklaus ─dijo la muchacha, pensando que ese era el motivo por el cual el pequeño estaba así─. Es ese de allí ─señaló la puerta frente a ella con una ligera sonrisa.

Niklaus corrió al baño cuando dijo aquello, dejando caer la mochila en el suelo y agradeció en silencio que la puerta no tuviera pestillo, la abrió y entró sin importarle la situación en la que su madre estuviera.

Bella soltó un pequeño grito cuando notó la puerta abrirse. Joder, apenas estaba subiendo las bragas. Su vejiga era demasiado sensible en esos momentos y con cualquier líquido ya iba al baño. Le envió a Niklaus una mirada reprobatoria mientras éste le miraba con atención y los ojos muy abiertos al encontrar a si mamá ahí. ¡No le había dejado!

─¿No puedes esperar afuera, Niklaus? ─preguntó en un murmullo mientras terminaba de subir la prenda y después bajaba su vestido de manga larga color beige. Amaba los vestidos de colores claros. Le miró con gesto desaprobatorio y fue a lavarse las manos.

─Creí que ya te habías ido ─se apuró a sacar su teléfono de su bolsillo y se lo mostró─. Ya habían pasado dos minutos.

Bella suspiró negando con su cabeza ante las palabras de su bebé. Vaya, sí se lo había tomado al pie de la letra. Debería cuidar sus palabras si es que el pequeño iba a seguir de esa manera.

─No, te iba a dar un poco de tiempo ya que tenía que hacer pis. Tu hermanito o hermanita hace que mamá vaya mucho al baño.

Niklaus alzó las cejas ciertamente confundido por lo que le habían revelado. ¡Jude hacía a su mamá ir al baño mucho tiempo! Era feo ir al baño, además, quitaba mucho tiempo.

─¿Estabas haciendo pis? ─preguntó ladeando la cabeza. El no tenía que sentarse en la taza de baño para poder hacer pis. Sólo lo hacía cuando era del número dos.

─Sí, mi amor, estaba haciendo pis ─Bella se secó las manos con una toalla de papel y le dio un suave empujón para que pudiera salir del pequeño baño. Le dirigió una sonrisa de disculpas a Rachel─. Nos vemos el lunes, Rachel. Ten buen fin de semana.

La delgada chica alzó la mirada y le observó con una sonrisa.

─Gracias, e igualmente, señorita Bella ─la chica miró a Niklaus, quien estaba intentando arreglar su mochila sobre los hombros─. Adiós, precioso.

Niklaus se volvió a ella cuando escuchó lo último y sonrió en grande. Le guiñó el ojo y siguió caminando hacia la salida, junto con su madre, quien había visto el gesto y rodaba los ojos. Caminaron hacia la camioneta en silencio. Niklaus seguía teniendo un gran signo de interrogación en su rostro por lo que su madre le había revelado hace unos momentos.

Al subir a la camioneta, Bella se aseguró de que Niklaus tuviera bien puesto el cinturón de seguridad, de esa manera ningún ataque cardiaco le daría si se le ocurría bajar la ventanilla. El niño se volvió hacia su madre con el ceño fruncido.

─¿Por qué tú haces pis sentada y yo de pie como mi papá? ─preguntó con cierta curiosidad.

─Porque tú eres un hombre y yo soy una mujer. Tú debes hacerlo de pie y yo sentada.

─¿Es porque yo tengo pene y tú tienes otra cosa?

Bella rio un poco bajo y asintió un par de veces, con la vista fija en el camino sin dejar de conducir. Era casi la hora pico allí en Londres y había demasiado tráfico. Debía aprovechar cualquier oportunidad para llegar pronto a la casa. Niklaus necesitaba tomar su medicina.

─Sí, es por eso.

─Ah… ¿y por eso no nos podemos ver desnudos los niños y las niñas?

─Sí, es por eso que no puedes andar desnudo en la calle, porque las demás personas te van a ver partes que son privadas.

─¿Mi pene es una parte privada? ─ladeó la cabeza ahora con más curiosidad.

─Sí, tu pene es una parte privada, cariño ─dijo con una sonrisa aun. Esa plática estaba causándole cierta gracia pero sabía que, a fin de cuentas, todo lo que estaba diciéndole era importante.

─Pero tú ya me has visto sin ropa, también mamá Chelsea, y la abuela Elizabeth, y mis tíos Emmett y Rosalie, y mis abuelos… Y mi papi también ─encogió los hombros─, aunque con mi papi siempre estoy desnudo. Y yo también te he visto sin nada de ropa, cuando te cambias.

Bella rodó los ojos sabiendo que eso era cierto.

─Bueno… si no quieres que eso pase de nuevo puedes comenzar a bañarte tu solo. Y debemos comenzar a tener un poco de privacidad…

─¡No! ─Gritó para que ya no siguiera hablando─. Me gusta cuando mi papá o tú me bañan. También me gusta andar sin ropa, ¿sabes? Es mejor, así estoy más libre.

Bella le miró un poco mientras esperaba a que el portón enorme se abriera para que el auto pudiera entrar a la propiedad.

─Sí, señor, pero ahora no puedes andar desnudo porque estás enfermo y si enfermas más, voy a tener que inyectarte.

Niklaus hizo una mueca de desagrado al escuchar esas palabras.

─¡No me gustan las inyecciones! ─Exclamó mirando a su madre un poco malhumorado por la situación─. ¿Sabes inyectar?

Bella asintió con una amplia sonrisa.

─Sí, sé hacerlo ─puso el auto en marcha de nuevo, dirigiéndose al frente de la casa─. En la secundaria tomé un curso de enfermería. Allí aprendí a inyectar y a saber sobre los medicamentos.

─¿Y había sangre?

─Demasiada ─admitió ella con una sonrisa mientras volvía a tomar su bolso con el brazo y la mochila de Niklaus para poder bajar del auto─. Algunas veces mi ropa terminaba manchada de sangre…

─¿Y la sangre olía feo?

─Un poco.

─A mi no me gusta el olor a la sangre ─dijo el pequeño desabrochando el cinturón de seguridad─. Huele muy feo.

─¿Has olido la sangre?

─Pero claro, cuando me raspo o me hago algún corte… no es mucha pero sí la he olido. También sabe fea.

Bella hizo una mueca y abrió la puerta para poder salir de allí, sintiendo el aire fresco.

─Ew, Niklaus, ¿has probado la sangre?

─Cuando era vampiro… ─dijo con una sonrisa risueña.

Bella no agregó nada más para poder entrar a la casa. Una vez que estuvieron dentro, Niklaus corrió por el pasillo después de sacarse los zapatos y, como era costumbre, se deslizo por el suelo impecable. La señora Harriet siempre dejaba los pisos impecables y Niklaus tomaba eso como una buena diversión.

─Buenas tardes, señora Harriet ─saludó Bella mientras caminaba por el pasillo hacia la cocina de donde provenía un exquisito olor. El sonido de sus zapatos de tacón hacían eco en la habitación, haciendo algo característico de ella. Cuando pasó al lado de Niklaus le dejó la mochila a un lado─. Llévala a tu habitación, recoge tus zapatos y coloca en el cesto de ropa sucia tu uniforme para poder lavarlo.

─Ahorita… ─murmuró yendo en dirección contraria a las escaleras.

─No, ahorita, ya. Quiero verte hacer eso en este momento ─dijo colocando las manos en sus caderas, mirando como el pequeño daba vuelta sobre su talón y, con los hombros colgando recogió su mochila y zapatos.

─Pero tengo hambre ─dijo con tono aburrido.

─Yo también, pero también tengo que subir a cambiarme primero.

─Entonces acompáñame.

─Niklaus… si cuento hasta tres y tú no estás subiendo las escaleras para hacer lo que te dije vas a tener problemas.

─¡Mamá!

─Uno…

Con un gruñido, Niklaus subió las escaleras, ignorando el hecho de que la señora Harriet estaba detrás de su madre, observando cómo le imponían reglas.

Una vez que Niklaus desapareció de la vista de Bella, se volvió hacia la cocina de nuevo, dirigiéndole una sonrisa de disculpas a la mujer de tercera edad que estaba allí. Después de compartir una conversación un tanto trivial, diciendo que el señor Cullen no estaría allí hasta el día lunes arreglaron la mesa para poder comer los tres.

En el transcurso del día, Niklaus se la pasó en su habitación en compañía de Jake y Microbio, los cuales habían terminado por llevarse demasiado bien. Había pedido que no le molestaran mientras estaba allí de modo que Bella decidió no hacerlo, además de que claramente tenía demasiado trabajo. Necesitaba comenzar a poner en marcha los proyectos que Samantha e Iker le habían sugerido.

El pequeño miró a Microbio con los ojos llorosos, no era porque estuviera llorando sino por la fiebre que tenía. Se sentía mal y débil. Ni siquiera podía subir a la nave espacial que tenía en la habitación, o al simulador de avión. Tosiendo, y escuchando su garganta muy rasposa, caminó hacia la salida de su habitación y se dirigió a la oficina de su madre, quien estaba inclinada en su restirador mientras dibujaba varias siluetas de mujeres con diferentes diseños de vestidos de otoño e invierno.

─¿Mami? ─llamó con la voz un poco rasposa y se frotó los ojos un poco llorosos.

Bella alzó la mirada rápidamente del restirador cuando escuchó la enferma voz de su pequeño y le miró preocupada. Se puso de pie rápidamente, dejando lo que estaba haciendo y caminó hacia a él.

─Oh, por Dios ─exclamó cuando colocó las manos sobre sus mejillas y frente. Estaba hirviendo─. ¿Por qué no has venido antes Niklaus? ─preguntó con la voz un poco más aguda de lo normal por la preocupación. Se sentía culpable por no haber ido con él a su habitación un par de veces.

─No puedo respirar mucho, mami ─dijo en voz baja, estirando sus brazos a su madre para que le cargara. Ni siquiera quería sostenerse en sus propios pies.

Bella le cargó de inmediato sin importarle cuanto pesara ya. Con el pequeño en sus brazos, caminó por el pasillo hasta que se asomó por el barandal con la vista a la pequeña piscina frente a la chimenea donde Niklaus había hecho su travesura. Esperaba que la señora Harriet estuviera cerca.

─¡Señor Harriet! ─gritó, casi cruzando los dedos para que le escuchara. No planeaba bajar las escaleras con Niklaus en sus brazos.

Se escucharon rápidamente pasos por toda la planta baja y Bella pudo divisar a la mujer de avanzada edad junto a los sillones, alzando la mirada a ella.

─¿Sucede algo, señorita Swan?

─A Niklaus le ha subido la fiebre ─anunció mientras acariciaba la espalda del pequeño, quien se aferraba a ella con fuerza─. ¿Puede subir un jugo de naranja y un poco de fruta en una bandeja? Algo de paracetamol le ayudará… está en el botiquín.

La señora Harriet, viajando la mirada al niño que llevaba un suéter encima y con los cabellos desordenados, se apresuró a asentir.

─Enseguida, señorita.

Bella caminó con el pequeño en sus brazos, aun sobando su espalda y se dirigió al baño de la habitación principal. El baño de Niklaus era demasiado colorido y agradable pero la ducha no era lo suficiente grande como para poder entrar ambos y moverse por el área. Una vez que entró, dejó a Niklaus sobre la barda que estaba en el lavamanos. El pequeño ni siquiera protestó mientras intentaba toser por la picazón en la garganta. Bella le sacó el suéter que llevaba encima y le quitó los calcetines. El otoño traía con él frío así que acostumbraban a llevar eso porque a Niklaus le gustaba tener la ventana de su habitación abierta.

─Mami, ¿nos vamos a bañar? ─preguntó Niklaus con sus ojitos un poco llorosos, sin embargo, su voz no se escuchaba tan mal. Bella se alivió un poco por eso.

Ella se movió en el baño y fue a abrir la ducha con el agua totalmente caliente para que pudiera salir el vapor. Volvió donde estaba su pequeño y se inclinó un poco para poder subir el dobladillo del pantalón de pijama de Niklaus.

─No, amor, tan sólo voy a dejar que el vapor esté aquí para que tus pulmones se despejen.

─¿Mis pulmones están aquí? ─sumió el estómago y se pasó los dedos por las costillas.

─Tus pulmones están aquí ─Bella, con una sonrisa ligera, le colocó la mano en la espalda─. ¿Sabes para qué sirven los pulmones?

Niklaus asintió un par de veces y dejó que le desabrochara un poco la camisa de pijama de manga larga.

─Sí, el amigo de Drew, de cuarto grado, me prestó su libro de ciencias naturales y allí decía la función del aparato respiratorio. Es muy interesante… aunque algunas cosas no entendía demasiado.

─Es normal, pero con el tiempo vas a aprenderlas.

─Pero yo quiero aprenderlas ahora.

─¿Quieres que te compre un libro de ciencias naturales? ─preguntó Bella con una ceja levantada. Su bebé no se encontraba lo suficientemente enfermo porque estaba pidiendo caprichos e incluso llevándole la contraria.

─Sí, sí quiero.

─Bien, una vez que te recuperes iremos a comprar ese libro, ¿de acuerdo? ─el pequeño asintió y Bella volvió a tomarlo en brazos cuando notó el vapor a su alrededor. Iba a comenzar a transpirar también pero ese era el punto─. Por eso vas a comer todo lo que yo te diga y tomarte todo lo que diga.

─¿Y vas a leerlo conmigo? ─preguntó Niklaus, recostando su cabeza en el hombro de Bella, tomando respiraciones profundas.

─Voy a leerlo contigo, pero ahora sólo tienes que respirar profundo, hasta que tus pulmones se llenen por completo y después soltarlo todo. Vas a ver que podrás respirar mejor.

Sin decir nada más, Niklaus cerró los ojos, encogiendo las piernas alrededor de la cintura de su madre, de modo que sus pequeños talones quedaran en el redondeado trasero de Bella. Se quedaron allí durante casi veinte minutos hasta que Niklaus volvió a toser y Bella le escuchó casi despejado. Bueno, había servido un poco. Caminó fuera de la habitación con un niño adormilado en sus brazos y se sentó en la cama con él.

─Cariño ─llamó Bella, moviendo su cabeza para poder observarlo─. Amor, despierta.

Niklaus frunció el ceño y negó con la cabeza, volviéndose a encoger y colocar la cabeza en el hombro de su madre. La temperatura ya le había bajado, pero aun así le daría algo de paracetamol.

─Vamos, sólo debes tomar una medicina que sabe a fresa y después podrás tomar un poco de jugo de manzana y todo estará bien.

─Pero me siento un poquito mejor.

─Sí, pero necesitas tomar medicina para que no te enfermes más.

─¿Si me enfermo más me inyectan?

─Sí, ¿quieres que te inyecte?

─No ─se apresuró a decir, abriendo los ojos de una buena vez y le miró.

─Entonces harás lo que yo te diga.

Por suerte, Niklaus no había rechistado demasiado a la hora de tener que tomar medicamentos. Tomó un vaso entero de jugo de manzana, a temperatura un poco templada y una pequeña porción de gelatina de limón. Bella le agradeció por haber hecho lo que había pedido. En las siguientes tres horas Niklaus podía respirar un poco mejor, e incluso la temperatura había bajado de manera considerable, pero no había desaparecido. No debía desaparecer, después de todo, era una forma de demostrar que su pequeño estaba en defensa. Agradeció a la señora Harriet y, a la hora de dormir, le deseó buenas noches.

A la una de la mañana, Bella se despertó en su enorme cama de la habitación principal, donde Niklaus había pedido dormir. Su teléfono celular estaba sonando. Lo tomó y miró la familiar foto de Niklaus y Edward en la pantalla; adormilada, deslizó la flecha y contestó.

─Hola, Edward ─dijo con voz somnolienta.

─Hola, nena, lamento despertarte y no haberte llamado en cuanto llegué al hotel. Estuve ocupado y en cuanto me instalé en el hotel caí dormido.

Bella bajó la mirada al pequeño, quien se removió en su lugar y apretó más el juguete de cara de papa.

─No te preocupes… ¿estás bien?

─Sí, todo ha marchado bien hasta ahora. ¿Cómo están tú y los niños?

Bella sonrió a pesar de su sueño.

─Bien. Me da la impresión de que Jude ya está creciendo un poco…

─¿Ya hay un bultito allí? ─preguntó Edward emocionado.

─Creo, pero no se nota tanto.

─Bueno, pues ansío verlo pronto de manera detallada… ¿Cómo está el renacuajo?

Bella suspiró, cambiando de humor de repente. De manera inconsciente, se despertaba cada dos horas para poder tocar su frente y brazos y ver si la temperatura había subido un poco, pero hasta ese momento todo estaba en orden. Tomó un poco de ungüento de menta con los dedos y comenzó a frotarlo sobre el pecho de Niklaus de manera suave.

─Ya sabes que está enfermo… Tuvo un breve resfriado pero ahora ya…

─¡¿Resfriado?! ─exclamó Edward con fuerza, cambiando de humor repentinamente también. Bella frunció el ceño y miró el teléfono en su mano, volvió a colocarlo en su oreja segundos después─. Dijiste que él iba a estar bien.

─Te dije que estaría bien y ahora lo está. Ahora mismo duerme, pero está bien.

─Se suponía que no debía empeorar, Bella.

─Son cosas que pasan, Edward.

─Si tan sólo le hubieses abrigado y dado el medicamento que se suponía que debía tomar…

La mano de Bella se detuvo sobre el pecho del pequeño y su ceño se frunció hasta que sus cejas casi se juntaban.

─¿Acaso estás insinuando que no lo hice?

─Pues si dices que empeoró fue por algo…

¡Maldito idiota! Le gritó Bella en la mente. Se incorporó en la cama hasta quedar sentada, con una pierna fuera de ésta y la otra doblada.

─No fue mi culpa, Edward.

Pero Edward pareció ignorarla.

─No lo cuidaste.

Bella, enfadada y sintiéndose de alguna manera humillada, se puso de pie y salió de la habitación sin azotar la puerta para no despertar al pequeño.

─Deja de decir esas cosas, yo…

─Era por eso que no quería venir ─le interrumpió Edward con cierto enojo y preocupación.

─¡Estás desconfiando de mí! ─exclamó ella, parada en medio del pasillo, echando sus cabezas hacia atrás─. Es todo muy absurdo, Edward. Estás exagerando.

Edward bufó al otro lado de la línea.

─Exagerando después de que mi hijo tuviera un resfriado. Niklaus se pone muy mal cuando le da resfriado porque es raro que algo como eso le pase.

─Es un niño… como todos los demás, contraen un resfriado cuando inicia el otoño.

─No me importan los demás niños, Bella.

─¡Estás exagerando! ─volvió a gritar Bella, con lágrimas de coraje en los ojos. ¡Joder!

─Volveré en unos momentos hacia allí.

─No ─se apresuró a decir, ella, apartando las lágrimas de su rostro por el enojo que estaba haciendo. Se suponía que no debía ponerse así por el bebé pero en ese momento no lo recordó─, vas a quedarte allí, vas a ir a hacer lo que sea que fuiste hacer.

─Mi hijo está enfermo, Bella.

─¡Tu hijo está bien! ─dijo Bella, sin poder bajar su tono de voz─. Tu hijo está perfectamente si eso es lo que te preocupa. Cuando llegues, tu hijo va a seguir estando bien. Estás siendo más ridículo de lo que podías ser, Edward.

─Estaré allí temprano ─le contestó él y después colgó, dejando a Bella desconcertada en su lugar. Bloqueó el teléfono y lo colocó en el bolsillo de la bata de seda que era lo único que llevaba puesto.

Edward estaba siendo demasiado ridículo. Incluso para él, eso era ir demasiado lejos. ¿Enserio desconfiaba de ella al momento de cuidar de Niklaus? ¿Dónde estaba el humor que había tenido al principio de la llamada? Era un cobarde y un exagerado. Se quedó allí de pie, abrazándose a sí misma y sollozó, apartando las lágrimas de los ojos.

La puerta de la habitación ni hijo ruido en cuanto se abrió, dejando salir el aire fresco que se había acumulado allí dentro.

─¿Mami? ¿Por qué estabas gritando mientras hablabas con papá?

Bella se volvió rápidamente hacia la puerta de la habitación y maldijo en su mente por ser tan descuidada y escandalosa. Probablemente la señora Harriet le había escuchado también. Miró al pequeño, quien todavía tenía el pecho brillante por el ungüento de menta y los pantaloncillos cayéndole por las caderas. Se miraba triste y preocupado, además de somnoliento. Se apresuró a acercarse a él y el niño se abrazó a sus piernas un momento para después alzar la mirada, esperando a que le contestara.

─Nada… es sólo que son problemas de adultos.

Niklaus frunció el ceño y negó con la cabeza.

─Estabas hablando de mí. Quiero saber qué es lo que pasa, mami.

─No pasa nada, es sólo que tu papá está un poco alterado… y yo también, y no tuve más remedio que gritarle.

Estaba mal mentirle a Niklaus de algo en lo que él estaba involucrado y que sabía que iba a afectarle, pero no sabía que otra cosa decirle. Además, seguía pensando que Edward estaba exagerando.

─Mami, tú nunca me darías a escoger entre tú y mi papi, ¿cierto? ─preguntó el niño, mirando el rostro de su madre gracias a la poca luz que daba la lámpara del pasillo.

Bella le miró casi enternecida.

─No, amor, claro que no haría eso.

─Aunque tengo que decirte algo…

─¿Y qué es? ─inquirió ella, acunando su pequeño rostro.

─Aun si tú no me das a escoger, te escogería a ti. Tú si me cuidas y cumples lo que prometes.


¡Después de mucho tiempo tenemos capítulo! Aplausos, por favor. Sé que he tardado demasiado pero es que no sabía qué era lo que debía escribir y no tenía tiempo, comenzaron los exámenes y ahora estoy en unos ensayos de un baile intercolegial. Estoy muriendome, pero confío en que las noches servirán de mucho ya que estoy de vacaciones.

Tuvimos un lemmon... ¿qué les ha parecido ese lemmon? Edward sí sabe pedir cosas eh. Niklaus ha dejado la teta de mami... pero no del todo. Edward decepcionó a su hijo... Niklaus en busca de mami al baño y su curiosidad sobre las partes privadas. Niklaus enfermito :(... Mami Bella al rescate. Jude crece. Edward se enoja y Nik elige con quién quedarse si se da algo como eso, ¿cómo creen que Eward tomará esa decisión? ¿Habrá separación? ¿Por qué Edward reaccionó así? ¿Bella dejará que desconfíe de ella?

Gracias a: VianeyCullen, Narraly, Vero Grey Cullen, Nandita21unexplained, Isabella Grey Day, Nana Black Star, MONELITA CULLEN, Lady Stew, Nadiia16, veritob, joiitahlaloquii, AnabelHP, yolabertay, AleLupis, zonihviolet, PRISGPE, Sofi escobat, EmDreams Hunter, Fran Ktrin Black, solecitopucheta, Cris Pattinson, saraygarcia08, OriMartha, Karlie7, conejoazul, Annaniicolle, Mon de Cullen, Bereniizze03, Brenda-Cullen-Ivashcov, LUY, Melania, cary, Beastyle, pera l.t, torposoplo, dracullen, Tata XOXO, DiAnA FeR, catarina00, Naye15, , mariesahale, NoeLiia, jupy, Manligrez, Nyx-88, amanecer2601, lizzie, maferpatts, INDI02, Carla Martinez, alejandra1987, cullen.23, lunanelisce, cullen, tecupi, LAUCAMI, liduvina, Clarisselight, michelle de cullen, theparadise, Alejandra P, PEYCI CULLEN, kariana18, anamart05, Amelia Durbeckh, ale1234, DarkLady-s93, venes, Patri, laura quintero, NachiCullen, JohanaCullen.

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¡Gracias enserio por sus reviews! Y por seguirme en la historia aun cuando algunas leen sin que esté terminada, significa mucho para mi.

¿Reviews con alguna idea de lo que puede pasar en el próximo capítulo?