Disclaimer: Los personajes son propiedad de Meyer, la historia es de mi imaginación.

Summary:

"Edward Cullen, el jugador de fútbol más exitoso tiene una vida bastante complicada con un revoltoso niño de cinco años. Lo que menos necesita ahora mismo es esa atractiva mujer que llegará a controlar su carrera y probablemente su corazón."


CAPITULO TREINTA Y TRES

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Bella se quedó con la boca abierta al escuchar a Niklaus decir aquello. ¿Acaso lo extremista era de familia? Ella, en vez de sentirse bien con sus palabras se sintió triste. Ella llevaba conociendo al pequeño hacía casi cinco o seis meses, máximo. Y le prefería antes que a su padre, quien había visto por él todo el tiempo. Tragó pesado ante los pensamientos que comenzaban a acumularse en su mente y negó con la cabeza, mirando al pequeño.

─Amor, no puedes decir eso así nada más –le dijo en voz baja, cargándole, de inmediato el pequeño le rodeó la cintura con sus piernas─. Edward es tu papá y él te ama mucho. No pudo venir aquí contigo porque tenía que irse.

─Entonces no debió prometerlo…

─Sí, fue un error que cometió, pero no por eso vas a decir que me prefieres a mi.

─Pero eres mi mami.

Bella le miró a los ojos y tuvo ganas de llorar. Era todo tan complicado.

─Sí, soy tu mami, pero también él es tu papá.

─ ¿Entonces debo escogerlo a él? –Niklaus le miró, mordiendo su labio inferior y después tosió levemente.

─Tienes que estar con tu papá, cariño.

─Ya he estado con él todo el tiempo… si te dejo sola Jude se va a apoderar de ti –recargó su frente en el pecho de Bella, encorvando la espalda─. No quiero que te vayas por una pelea.

Bella alzó las cejas y caminó de nuevo dentro de la habitación, pensando en cada paso que daba, intentando recordar si había algún juguete tirado por allí. Si Edward estaba volviéndose loco por un ligero resfriado… probablemente iría a gritarle a la cara por haberse caído cargando a sus hijos. Con ese pensamiento, Bella se sentó en la cama, recargando la espalda en la cabecera.

─No me voy a ir a ningún lado. ¿Crees que te dejaría por siempre? Eres el niño más hermoso de todo el mundo –Ella le tomó las mejillas con las manos y le alzó el rostro para que le mirara─. No creo que yo pueda tener más suerte. No me atrevería a dejarte para siempre. Nunca.

─Sólo cuando vaya a la universidad…

Bella sonrió ante su ocurrencia.

─Pues creo que va a ser pronto. Al paso que vas con el aprendizaje creo que llegarás demasiado pronto a la universidad.

─No, yo voy a seguir normal, lo prometo –asintió y estiró los labios para poder darle un beso.

─Sólo sigue siendo tú, chiquito –ella se inclinó para poder darle un beso en sus pequeños y arrugados labios por haberles fruncido. Sonrió al separarse y le dio una suave nalgada─. Ahora vamos a dormir de nuevo. Mañana tenemos que ir a comprar tu libro. Además, necesito ir de compras. Jude crece.

Niklaus abrió en grande los ojos ante la noticia y sonrió.

─ ¡¿Enserio?!

─Sí –dijo Bella riendo por el entusiasmo─. Pronto vas a llamarme gorda.

─Sólo un poco.

Ella le envió una mala mirada que hizo que las mejillas de Niklaus se pusieran más rojas de lo que ya estaban.

─ ¿Quieres ver?

─ ¿Tu panza grande?

─Ajam… sólo ha crecido un poquito pero ya se ve un bultito allí.

─Es como mi panza.

─Pero tú no tienes un bultito, ¿o sí?

─Sí, cuando no voy a hacer pis o popo tengo un bultito.

Bella le miró con simpatía y revolvió su cabello.

─Bueno… pero ahora no quieres hacer eso ¿o sí?

El niño agitó a cabeza un par de veces después de que ella le preguntó aquello y bajó la mirada al vientre de su madre.

─Quiero ver.

El pequeño saltó a la cama y subió más la intensidad de las lámparas que estaban a los lados, creyendo que de esa manera probablemente se miraría más grande el vientre de su madre. Bella se apresuró a acostarse, colocando la cabeza sobre la almohada más rellena y desató la bata de seda que llevaba para dejar al descubierto su vientre. Tomó la mano de Niklaus y la colocó sobre el bulto.

─Allí está tu hermanito o hermanita –dijo con la voz suave.

─Yo creo que es un niño, ¿Cuándo podremos saberlo? –preguntó con la mirada fija en la mano sobre el vientre de su madre. Le acarició de arriba abajo con sus deditos, casi como si temiera lastimarle.

─En tres meses… o un poquito más para estar seguros. Pero tú vas a quererle siendo niño o niña, ¿no?

El rubio asintió, acercando el rostro a la panza también.

─Lo voy a querer mucho, aun si es niña, o si se hace gay –admitió con una sonrisa, la cual Bella no pudo evitar también─. Mami… ¿Jude también escucha tus peleas con papi?

A Bella se le borró la sonrisa de los labios y tomó una gran respiración, mirando a su pequeño. Sabía que no iba a olvidar esa escena muy pronto. Aunque esperaba que lo hiciera.

─Sí, Jude escucha todo lo que yo digo y siento.

─ ¿Jude siente como me amas también?

─Claro que siente como te amo también. Él o ella sabe que tú eres mi hijo, y me vas a compartir con él.

La sonrisa de Niklaus se hizo amplia y le dio un beso a la blanca piel de su madre.

─Por eso quiero a Jude.

─Por eso serás un buen hermano mayor, ¿cierto?

─Sí, le enseñaré todo lo que sé y también a que no debe andar desnudo por allí porque se ven partes privadas y también se enferma. No me va a gustar que se enferme. Va a llorar mucho.

─Pero yo lo cuidaré cuando eso pase.

─Y yo te voy a ayudar.

A la mañana siguiente, Niklaus se encontraba mucho mejor. Bella ya no escuchaba muchas señales de mocos en su respingada nariz y eso era bueno. Había logrado tener casi su temperatura normal. Se sintió mucho mejor consigo misma e intentó no recordar las palabras de Edward. Tal vez le había descuidado un poco… Aunque sabía que él no tenía ningún derecho de llamarle de aquella manera. Irresponsable… já.

Como una mañana normal de fin de semana, Bella se despertó temprano. Despertaba temprano aun cuando eran vacaciones, ya se había acostumbrado a despertar para ayudar a Niklaus a vestirse y llevarle a la escuela. Aprovechó ese tiempo para bajar al gimnasio que estaba allí mismo en la primera planta e hizo ejercicios de cardio, ya que tenía totalmente prohibido hacer algo con pesas o que involucrara un gran esfuerzo físico. Se alegraba de que Niklaus no estuviera con un poco más de peso. El niño comenzaba a pesarle de una forma casi dolorosa.

Al terminar el ejercicio, como todos los fines de semana que eran días libres de la señora Harriet excepto cuando Bella tenía un evento, preparó el desayuno, esa vez sólo para dos. Estaba enojada con Edward y como él no le había llamado, ella tampoco, por lo que no sabía a qué hora llegaría. No le importó que el cobrizo pudiera llegar en esos momentos y no encontrar algo listo para que pudiera comer. Cuando estaba sirviendo la comida, escuchó los característicos sonidos de Niklaus cuando jugaba y hacía que sus muñecos de acción pelearan. Alzó la mirada para poder observarle entrar al comedor y le dirigió una sonrisa, la cual el niño respondió de inmediato.

Su pequeño estaba sano.

Después de darle los buenos días, se dedicaron a ingerir los alimentos en una plática sobre cuántos libros podría leer Niklaus en un mes. Acordaron que dos, por lo que tendría que escoger sólo dos en cuanto llegaran a la librería del centro comercial. El niño aceptó sin problemas y fue a ducharse y cambiarse muy guapo como le había dicho su madre. Cuando ambos estuvieron listos, Niklaus alimentó a los perros y se marcharon de allí.

Cuatro horas más tarde Bella seguía sin tener respuesta de Edward. No debía preocuparse. Si tan preocupado estaba él por su hijo, ¿Por qué no llamaba para saber cómo estaba de salud? Quería golpearlo. Suspiró y comió un poco más de sus papas fritas. Su dieta en esos momentos no le importaba demasiado. Tomó como excusa el hecho de haber hecho ejercicio a primera hora de la mañana. Justo en ese momento, su teléfono celular sonó, mostrando el nombre de su madre en la pantalla. ¿Y ahora qué sucedía? Deslizó la flecha para contestar, poniendo un ojo en Niklaus, quien estaba muy sonriente y risueño jugando con niños de su edad en los enormes juegos que estaban allí. Agradecía que hubiera juegos, el pequeño rubio comenzaba a enfadarse de las compras aun cuando le habían comprado casi todo lo que pidió.

─Hola, mamá –saludó Bella, masticando una de las últimas papas fritas.

─Hola, mi amor, ¿Cómo estás?

Bella frunció el ceño y se irguió en su lugar. ¿Mi amor? ¿Y preguntaba como estaba?

─ ¿Qué estás tramando?

Renée bufó y Bella pudo imaginarle rodando los ojos como si fuera una adolescente.

─ ¿Qué te hace pensar que estoy tramando algo? ¿No puedo preguntarte cómo estás?

─No, tú no. ¿Qué sucede?

Bella esperó paciente a que su madre le contestara. Al parecer Renée tenía que decir algo grande.

─Estoy fuera de la casa de Edward pero no me quieren abrir porque dicen que ni tú ni el señor Cullen dieron autorización o avisaron que yo llegaría. ¿Qué clase de personal tienen? ¿Y desde cuando tomas grandes decisiones en esa casa?

Bella frotó su rostro con su mano, pero no con suficiente presión como para quitar la buena apariencia de su rostro con maquillaje natural que toda mujer necesitaba. Sabía que su madre podría salir algo como eso.

─Primero que nada… ¿qué estás haciendo aquí?

─Vine de visita. Tu padre se fue con Billy a una especia de campamento que involucra demasiada pesca y todas esas cosas apestosas. No quería quedarme con las chicas del pueblo. Así que tomé el primer vuelo aquí y ya.

─Claro –Bella suspiró una vez más y saludó, haciendo una sonrisa rápidamente cuando Niklaus le saludaba por la ventanilla del simulador de tren que estaba allí─. Le hablaré a la señora Harriet para que te deje entrar, ¿de acuerdo? Edward da indicaciones de que nadie pueda entrar a menos que estén avisados. Cualquiera podría entrar, ¿recuerdas?

─Sí, pero soy tu madre –contestó Renée en un tono que decía que eso probablemente le abriría muchas puertas.

─Ella no lo sabe –se limitó a decir Bella al respecto─. Mira, iré a dejar a Niklaus a casa de Cara, su amiga del colegio…

─Novia –corrigió la mujer al otro lado de la niña.

─Bueno, a la casa de la novia de Niklaus. Jasper estará allí y después lo llevará a la casa antes de la hora de cenar. Yo llegaré pronto, ¿bien? Nos vemos en media hora. Intenta, por favor, mantenerte alejada de la habitación de Edward.

─Es habitación de ambos ya.

Si el hombre sigue sin darme noticias de él entonces esa habitación dejará de ser mía. Bella agitó la cabeza ante los pensamientos y miró de nuevo en dirección a los juegos, donde Niklaus estaba bajando y colocándose de nuevo los tenis para no tocar el frío suelo con los calcetines.

─Sólo mantente alejada de ese lugar. Adiós.

Colgó justo al momento en el que Niklaus se acercaba a ella, con la lengua de fuera, dando el mensaje de estar agotado. Sabía que no era bueno dejarle agitarse tanto pero no pudo resistirse. Estiró la mano para poder limpiarle el sudor y dejó que se acomodara a su lado.

─ ¿Listo para irnos? –le preguntó, echando sus cabellos hacia atrás. Ella miró sus ojos brillantes y azules mientras bebía del jugo de naranja que estaba allí.

─ ¿Era papá con quien hablabas?

Bella negó mientras volvía a limpiarle el rostro con una servilleta de papel.

─No, era tu abuela Renée. Está en casa.

Niklaus alzó las cejas al escuchar la noticia y estiró la mano para poder comer un nugget de pollo.

─ ¿Se va a quedar a dormir allí con nosotros?

─Creo que sí, tal vez podrás verle después de que llegues de la casa de Cara, ¿te gusta la idea?

─Me gusta la idea –asintió, estirando la camiseta gris que llevaba puesta. Estaba húmeda por el sudor. Esa fue una señal para Bella y sacó de su bolso otra camiseta limpia y seca que había tomado de su armario antes de salir. Siempre debía ir preparada con Niklaus. La última vez que salieron, el pequeño había vaciado casi todo un vaso de Coca Cola sobre él. Se alegró de que fuera sobre su uniforme del colegio y no del de futbol que estaba por utilizar aquel día─. ¿La abuela Renée sabe que Jude está dentro de ti?

Bella palideció. Joder, joder, joder. Su madre no sabía que estaba embarazada y no iba a tardar en enterarse. Las madres tenían un don de saber cuándo sus hijas estaban embarazadas o algo así. Y encima ella estaba enojada con Edward, ¿Dónde estaba el apoyo moral allí? Joder.

─Me encargaré de decírselo, ─respondió con una ligera sonrisa, le dio la camiseta y Niklaus la tomó de inmediato─. Ve a cambiarte rápido, Cara e Isobel deben estar esperándote.

Después de que Bella fuera a dejar a Niklaus a casa de Cara, se dirigió a la enorme casa de Edward. Probablemente los Kids Choice estaban por comenzar y Edward había decidido quedarse. Una jodida llamada no le vendría mal. Incluso para saber cómo estaba su hijo. Entró a la casa después de haber pasado por tantas cosas de seguridad y de dejar la camioneta frente al jardín. Al pararse en el pasillo fue consciente del olor a galletas horneándose y a una discusión en la cocina.

Renée definitivamente no era bienvenida en ese lugar en esos momentos. Ni para ella ni para la señora Harriet.

Bella caminó por el pasillo hasta que llegó a la cocina, donde su madre, quien se había cortado el cabello hasta el mentón, estaba frente a la señora Harriet, con los brazos cruzados, enviándole una mirada envenenada. Al notar a Bella allí, se volvió a ella sin cambiar su expresión.

─ ¡Finalmente llegas! –exclamó acercándose a su hija─. Esta mujer dice que mis galletas no son buenas.

La señora Harriet abrió en grande los ojos y se apresuró a negar el comentario de Renée con la cabeza.

─Señorita Bella, yo no he dicho eso. Eso no fue lo que dije.

─ ¡Pero claro que eso hiciste! –contraatacó Renée, matándola con sus ojos enormes y azules, nada comparados con los de su hija─. Tal vez no con esas palabras pero sí con otras.

Nerviosa, la señora Harriet caminó hacia Bella un paso, con las manos temblando mientras sostenía un paño, con el cual estaba limpiando las superficies con anterioridad.

─Señorita Bella, yo…

Bella negó con la cabeza y alzó su delgado brazo para poder detener lo que estaba a punto de decir.

─Está bien, señora Harriet –dijo de manera suave y amable─. Sé que no quiso decir eso. No hay de qué preocuparse. Niklaus no vendrá hasta la hora de la cena así que no hay problema. Puede tomarse libre lo que resta del día. Si el señor Cullen llega yo le avisaré.

Renée abrió en grande los ojos ante tales palabras de su hija. Bella la ignoró por completo.

─Yo me encargaré de la cena.

La señora Harriet se acercó a Bella y le tomó de las manos.

─Muchas gracias, señorita Bella.

La castaña asintió con una suave sonrisa para después observarla salir de la habitación. Soltando el aire contenido fue a sentarse a uno de los taburetes que estaban allí, frente a la barra de desayunos. Frotó su rostro con las manos durante unos segundos en silencio, agradeciendo que su madre no dijera nada. De manera inconsciente, llevó la mano a su estómago, le frotó un poco y se acomodó mejor en su lugar. Últimamente algunas cosas le estaban haciendo que se revolviera el estómago, algo que no lograba entender ya que se suponía que eso debía ser al principio del embarazo. Sin embargo, el olor de la vainilla no lo soportaba.

─Ahora, mamá, ¿Qué estás haciendo aquí? –preguntó frotando su rostro un par de veces de nuevo para volverse hacia a ella, quien le miraba con los ojos entrecerrados.

─Ya te lo he dicho. Tu padre salió y eso.

─Sí, ahora dime ¿por qué no me has avisado que vendrías?

─Algo inesperado –Renée se cruzó de brazos y miró a su hija, dio dos pasos adelante y siguió mirándola, ahora ya no pareciendo la regañada y pareciendo lo que era, una mujer grande y madre─. ¿Por qué no me quieres aquí? A ti siempre te gusta verme.

Bella le devolvió la mirada y entrelazó sus manos a la altura de su estómago.

─Las cosas están siendo un poco complicadas con Edward en estos momentos.

─Problemas en el paraíso.

La castaña hizo un sonido de afirmación con su boca al momento en el que se estiraba para poder tomar una uva verde del frutero. Casi gimió por la explosión del jugo en su boca.

─Bueno… ¿y qué es lo que les llevó a tener una discusión? No creo que Edward sea de los que se ponen a gritar. Pero, ciertamente, no lo conozco así que no puedo decir mucho –Renée fue a sentarse al lado de su hija, con el cuerpo en dirección a ella─. ¿Él te grita? ¿Alguna vez intentó golpearte?

Bella negó con la cabeza, llevando un mechón de su cabello detrás de su oreja.

─No, no. No me ha intentado golpear nunca. Es la primera vez que tenemos una discusión y me pongo totalmente como una tonta… Anoche Niklaus tuvo fiebre, le traté y le di medicamentos. Todo lo necesario. Por suerte la fiebre bajó y todo estaba bien. Pero Edward había salido de viaje. Él no quería ir pero le dije que fuera. Antes de dormirme olvidé llamarlo y él se olvidó de llamarme. Me despertó una llamada suya en la madrugada, le dije lo de Klaus y se volvió loco… estaba exagerando por completo. No confía en mí, mamá. Ni siquiera le he dado motivos para que desconfíe de mí. Haría lo que fuera por cuidar a Niklaus y curarlo.

Renée le tomó las manos y les dio un suave apretón para poder tranquilizarle.

─Ya, está bien. Es normal que Edward se ponga de esa manera. Siempre han sido sólo Niklaus y él. Nadie más. Niklaus es un niño muy sensible y probablemente Edward sabe cómo se pone cuando se enferma o algo –su voz se suavizó poco a poco, y eso, de alguna manera, ni siquiera estaba tranquilizando a Bella, sino todo lo contrario─. No digas que no confía en ti. Simplemente se dejó llevar por las emociones encontradas. Ambos son muy jóvenes para ser padres de un niño de seis años. Tú no tienes experiencia. Es obvio que se sienta de esa manera.

De repente, Bella se puso de pie, con las manos en su cabeza, caminando de un lado a otro. Renée se le quedó mirando unos momentos.

─Bella…

─ ¡Claro que no tengo experiencia! Pero no era justo que me tratara de esa manera. ¡Mierda! –Gruñó y siguió dando vueltas en el espacio de la cocina, ignorando el sonido que hacían sus tacones al dar cada paso─. ¡Y si no confía en mí ¿cómo piensa que voy a cuidar al bebé que estoy esperando?!

La castaña abrió en grande los ojos cuando se dio cuenta de lo que había dicho y llevó las manos a su boca rápidamente, queriendo darse de golpes por no pensar en lo que estaba diciendo. Lo único que puso hacer fue mirar la expresión de su madre.

Renée estaba pálida. Petrificada. Sus ojos azules ya no brillaban y casi se le salían de las cuencas.

─Mamá… yo… iba a decírtelo…

En ese instante, la mujer de ojos azules se puso de pie, con el color en sus mejillas de nuevo y con un montón de pensamientos pasando por su mente una y otra vez, así como un montón de palabras que no eran nada buenas querían salir de su boca.

─ ¡Estás embarazada, Isabella! –gritó Renée con las mejillas encendidas y las venas de su cuello saltándole─. ¿Acaso eres una adolescente que no sabe cómo utilizar un maldito condón? ¿Una jodida pastilla? ¿Una puta inyección?

Bella se le quedó mirando al principio asustada, casi temblando por las palabras de su madre. Estaba en todo el derecho de ponerse de aquella manera. Tenía razón. Se suponía que Bella no simplemente quedaría embarazada así nada más sin planearlo, pero tampoco era como si fuera a dejar su trabajo o fue a quedarse en casa. Había terminado ya sus estudios. Tenía un título.

Sus delgadas manos se apretaron en puños también, al igual que las de su madre e irguió la espalda.

─No soy ninguna adolescente como para que me grites de esa manera –respondió─. Soy lo suficientemente grande como para saber lo que hago.

─Claro. Te enamoras de la persona para quien trabajas. Eres madre de un hijo que no pariste. Te echan en cara que no puedes cuidarlo. ¡Y encima estás esperando un bebé! ¡Así no funcionan las cosas, Isabella! Estás yendo demasiado rápido. Demasiado. Todo en menos de seis meses.

─Ya no soy ninguna adolescente…

─No eres ninguna adolescente, pero sí eres joven. Tener un hijo no es fácil, Isabella. No es nada fácil. Se suponía que terminabas tu carrera e ibas a disfrutar de tu vida. Ibas a disfrutar de ti. Ahora vives para un niño de seis años. Desde ahora ya no vives para ti. Vives para ese bebé que tienes dentro –Renée señaló su estómago con ambos dedos índices─. No se suponía que esto pasaría. No se suponía que te quedarías a tus casi veinticuatro años atascada, siendo madre de dos niños en un abrir y cerrar de ojos –Renée se le quedó mirando un momento, de pies a cabeza y después negó al ver el dolor en el rostro de su hija─. No estoy diciendo que Edward o Niklaus no me caigan bien. Los amo también, son unas personas que no te dejan opción más que amarlos. Lo sé. Tal vez no compartamos ese sentimiento tan grande que tú sientes por ellos, pero no planeaba realmente que fuera a terminar esto así.

Bella sacudió la cabeza, casi sorprendida por no estar llorando. Ninguna de las dos estaba llorando.

─Esto no ha terminado, mamá.

Renée alzó los brazos en forma de rendición.

─Dejaste de vivir por ti. Prácticamente vives por Niklaus. Y ahora vives por el futuro bebé. Bella… ─suspiró y fue a tomar su enorme bolso─. Tu padre y yo habíamos hablado de esto. Él me envió aquí para hablar sobre tener que vivir un tiempo para ti y dejar que Edward se haga cargo de su hijo como llevaba haciéndolo en los cinco años anteriores. Ahora le estás quitando toda su responsabilidad. Ser madre no es fácil. No tendrás tiempo para ti, y si lo tienes entonces no tendrás tiempo para tus hijos. En esa situación conociste a Edward, recuérdalo.

─Entonces sólo has venido a gritarme.

Renée encogió los hombros casi con pesar, dirigiendo la mirada a la puerta para después mirar a su hija de vuelta.

─Venía a hablar sobre algo que ahora ya no tiene sentido hablar. Es tarde.

─Esa no es la actitud que esperaba de ti cuando planee contártelo.

─No planeabas contármelo, hija. O sí, probablemente estabas esperando a que todo el mundo lo supiera y después yo porque sabías que tendrías una reacción como esta. Puedo parecer alguien infantil a veces, pero no sólo tu padre tiene esa sabiduría de lo que es ser padre. Yo te crie, sacrifiqué un montón de cosas para que tuvieras una buena infancia mientras tu padre estaba trabajando. Pero pronto vas a darte cuenta de lo que es ser madre de verdad. Desde el principio. ¿Todas esas cosas que lees de los embarazos que son una belleza y ser madre también? no es del todo real. Ahí no te dicen los desvelos, los llantos sin motivo. La popo explosiva. Los vómitos, los llantos a media noche. Todo lo malo que pasas en un embarazo… Es hermoso tener a alguien que depende de ti pero a la vez da miedo. Y tú eres muy joven para eso.

Bella apretó los labios, mirando el piso reluciente de la cocina pero escuchando todas las palabras que le decía. No quería mirarle, si le miraba entonces lloraría.

─Tal vez deberías irte –le dijo de manera cortante, recargando su peso en el fregadero─. Será lo mejor por ahora. Dijiste lo que tenías que decir, por favor, vete.

En silencio, Renée abandonó la habitación, conteniendo la respiración hasta que cerró la puerta principal detrás de ella. No sabía cómo es que iba a volver a casa tan pronto, pero no llamaría a Bella en un tiempo hasta que supiera que era necesario. Era doloroso tratar de esa manera a su hija y dejarle triste, pero si ella había sido quien le corrió de la casa no había nada más que hacer.

Cuando Renée estaba a punto de llegar al enorme portón se le ocurrió que probablemente no había alguien mirando que debería salir. Soltó un gran suspiro y alzó la cabeza para poder observar el auto plateado de Edward. Apretó los dientes y se hizo a un lado cuando las grandes puertas de herrería se abrieron para que él pudiera entrar. Miró como bajaba el vidrio de la ventanilla e hizo un simple gesto con su mano.

─Renée –saludó Edward pareciendo realmente sorprendido─. ¿Qué está haciendo aquí?

─Vine a ver a mi hija –dijo ella a modo de respuesta. Edward, con el ceño fruncido miró hacia la casa, donde estaba la camioneta que utilizaba Bella.

─ ¿Y ella no está en casa?

─Sí, está allí dentro.

Edward no podía estar más confundido.

─ ¿Ocurrió algo entre ustedes?

Renée apretó con fuerza sus puños y se volteó para poder mirarle mejor, agachándose un poco ya que su auto era un poco bajo y ella estaba sobre la acera. Superestrella tonto, pensó.

─ ¡Ella está embarazada! –exclamó, haciendo que sus venas se marcaran en su cuello. Edward perdió el color de su rostro─. Lo sé, ya me lo dijo, pero sin querer hacerlo… ¡Y tú, como si no supieras que las hormonas se revolucionan en el embarazo, le dices todo eso la noche anterior! –suspiró e irguió la espalda de nuevo, con la vista hacia las puertas abiertas─. Salúdame a Niklaus cuando lo veas.

Sin darle tiempo a Edward de que respondiera algo de lo que había dicho, caminó entre las enormes puertas para poder salir de allí de una buena vez. No necesitaba hablar más con él. Ni siquiera se imaginaba como es que planeaba darle tiempo a su futuro hijo si no tenía para Niklaus.

Edward siguió conduciendo ahora un poco más decidido de querer hablar con Bella. Había tenido un arranque estúpido la noche anterior y realmente necesitaba hablar con ella. Incluso disculparse. Estaba embarazada, joder, claro que sus hormonas estaban locas. Y él se había comportado como un estúpido.

Al entrar a la casa, se sintió un poco extraño. No había avisado a nadie que estaba a punto de llegar, de modo que no tenía a ningún niño de cabellos dorados casi acampando en el pasillo esperando su llegada. Y aunque en esos momentos hubiera avisado, no iba a tener ningún recibimiento porque su pequeño estaba jugando en casa de Cara. Menos mal que estaba allí. Jasper le había mantenido al tanto de todo lo que pasaba con Niklaus. Le dijo que Bella le había dado los medicamentos y que Niklaus tenía en su teléfono una alarma para recordarle cuándo debía tomarlo.

Era estúpido al pensar que Bella era irresponsable.

Muy estúpido.

La casa estaba en silencio, y, además de Microbio y Jake, la parte baja parecía estar vacía. Aunque no sabía si la señora Harriet había salido a algún lugar. Acher ya estaba en su habitación debido a que esas habían sido las indicaciones de Edward. Tomando una gran respiración, caminó hasta las escaleras y fue subiendo una por una, asegurándose de no arrastrar la maleta que llevaba colgando del brazo. Fue a la habitación principal donde esperaba encontrar a Bella, pero encontró todo vacío y sin ningún sonido, sin embargo, lo que llamó su atención fue una maleta femenina, chocante y de marca sobre da cama. La maleta de Bella. Y parecía estar llena y lista para hacer el viaje.

Mierda. Le habían afectado tanto sus palabras que se iría y les dejaría. A Niklaus y a él. Mierda. No se suponía que debía hacer eso.

Negando con la cabeza, dejó caer su propia maleta sobre el suelo y salió de la habitación. Fue donde Niklaus pero todo estaba en silencio e impecable también. Volvió a caminar por el pasillo hasta que llegó donde estaba su propio lugar de trabajo. La puerta estaba abierta, por lo que pudo verle perfectamente.

Bella estaba sentada en su silla de cuero, luciendo tan hermosa como siempre. Llevaba los cabellos sujetos en una coleta alta, dejando su rostro despejado, sin embargo, él no podía apreciar muy bien su rostro ya que su cabeza estaba gacha, mirando con sumo interés los papeles que estaban allí en el escritorio.

─ ¿Bella? –le llamó, haciendo que la castaña se sobresaltara al escuchar su voz.

Ella de inmediato alzó la cabeza y le miró con el entrecejo fruncido. Hasta que se dignaba a dar señales de vida ese hombre estúpido. Le miró con los ojos penetrantes, ciertamente enfadada con él por muchas razones. Volvió a bajar la mirada a los papeles que tenía en las manos y después su rostro volvió al computador que estaba allí.

─ ¿No vas a hablarme? –volvió a preguntar Edward, con la mirada fija en ella y avanzando dos grandes pasos al interior, sintiendo que incluso debería ponerse de rodillas frente a ella─. ¿Qué significa esa maleta en la cama?

─Me voy a mi departamento –contestó Bella con un nudo en la garganta. Presionó algunas teclas del pequeño teclado que estaba allí y esperó a que la maquina respondiera como ella quería.

─No puedes irte –contestó Edward de vuelta, con su ceño fruncido. Bella se volvió a él de la misma manera, con ese gesto que comenzaba a ser tan característico de ella.

─ ¿Por qué piensas que no puedo irme?

─No puedes dejarnos, Bella.

Ella rio sin humor, negando con la cabeza. Siempre se le había hecho algo absurdo eso de reír sin humor, pero en ella había salido el gesto sin pensarlo.

─Claro que puedo hacerlo, Edward. No soy lo suficientemente responsable para ti. Tienes arranques estúpidos así como si nada. Dime, ¿Qué te hace pensar que no puedes confiar en mí con respecto al cuidado de tu hijo?

─Bella…

─No –le interrumpió ella alzando un dedo y apuntándolo─. No, Edward. No me digas cosas que probablemente estuviste ensayando todo el camino hacia aquí, ¿de acuerdo? No quiero escucharte.

─No quiero pelear contigo.

─Bien, no lo hagas –se apresuró a decir ella, tomando las hojas que se acababan de imprimir y les colocó en un folder con mucha presentación. Lo colocó de manera ordenada en el escritorio.

Edward se le quedó mirando unos momentos, intentando saber si esa plática que habían tenido en la noche era el motivo por el cual ella decidía irse. Bella no era tan… tonta, o irracional para irse por eso.

─ ¿Por qué te vas? –preguntó, avanzando hasta que se colocó frente a su escritorio, observando sólo a ella e ignorando todas las fotografías que había en la pared junto con pinturas, dibujos enmarcados de Niklaus y una tira de fotos gigantes con diferentes gestos del pequeño.

Bella se quedó en silencio, tragándose el nudo que estaba en su garganta y suspiró. No se iba a poner a llorar en ese momento. La respuesta era sencilla.

─Vamos demasiado rápido.

Sin embargo, aquella respuesta no decía mucho para Edward.

─ ¿Qué significa eso? –preguntó el cobrizo casi de manera desesperada─. Tienes que explicarme porque yo no sé lo que quieres decir.

Bella le miró enfurecida, casi a punto de golpear con fuerza el escritorio con la palma de su mano.

─Bueno, pue así me sentí yo ayer en la noche. Sin respuestas ni nada Edward. Pero si no sabes lo que yo quiero decir te lo diré: Llevamos seis meses de relación y ya teníamos incluso planes para casarnos porque estoy embarazada de ti, ¡de dos meses! ¿No piensas que eso es ir demasiado rápido?

─ ¡No!

Bella le miró incrédula.

─ ¿No?

─No –volvió a repetir Edward, con la mirada fija en ella─. No somos iguales a las demás parejas.

─Pues claro que no somos igual que las demás parejas Edward. No todos tienen un trabajo como el tuyo y se enamoran de su agente y tienen un hijo de seis años tan inteligente y vulnerable ¡que se enferma porque el otoño está comenzando! Y que está necesitado de una madre. No todas las parejas necesitan a alguien que se haga cargo de una casa aun teniendo grandes empleos y llenos de responsabilidad y sin tiempo. No todas las parejas quedan embarazados a los cuatro meses de relación.

Edward siguió negando con su cabeza, sin querer aceptar todas las palabras que Bella le estaba diciendo aun cuando sabía que eso era totalmente cierto.

─Niklaus no va a dejar que te vayas…

─Hablaré con Niklaus después –se apresuró a contestar ella, intentando no pensar en el pequeño niño. Oh, su bebé. Iba a estar tan triste─. Él lo entenderá.

─ ¡Probablemente él querrá irse contigo! –exclamó Edward, mirándole desesperado. Había dicho eso con la intención de que Bella reaccionara.

Pero Bella no pensó, de nuevo, en lo que estaba a punto de decir.

─ ¡Claro que él quiere irse conmigo! ¿Sabes lo que me dijo tu hijo después de que tú cortaras la llamada, Edward? Me dijo que si le daban a escoger entre tú o yo, él me escogería a mí porque yo soy honesta y responsable.

Edward perdió el color después de escucharle. Quedó pálido, y demostrándole a Bella que esas eran la reacciones de las personas después de que ella hablara sin pensarlo.

Sin poder volver el tiempo atrás, Bella se le quedó mirando, esperando alguna reacción de su parte. Tenía que decírselo alguna vez. Debería saberlo. Edward debería abrir más los ojos. Debería saber lo que estaba haciendo.

Sintiéndose débil, Edward tomó asiento en una de las sillas modernas que estaban frente al escritorio de Bella. Colocó los codos en sus rodillas y tomó su rostro con las manos. Se quedó allí unos segundos, repitiendo las palabras de Bella en su cabeza. Su hijo prefería a otra persona antes que a él porque él era un jodido irresponsable. Prefería a alguien más porque todo el mundo convivía más con el pequeño que su propio padre. Su padre, quien había peleado por él desde que estaba pequeño, quien sabía cómo se ponía cuando tenía fiebre y tan sólo buscaba estar acurrucado a él.

Alzó la cabeza para poder observar la silueta de Bella, fijando la mirada sobre su vientre, el cual estaba cubierto por un suéter blanco.

─Soy un mal padre –dijo con la voz ronca y los ojos llorosos. Se quedó en silencio unos momentos, casi sorprendido por las palabras que había dicho.

Dándose cuenta de su realidad, repitió.

─Soy un mal padre.

Bella caminó hacia donde él estaba y tomó asiento en el borde del escritorio, a pocos centímetros de Edward. No se suponía que debería estar a punto de consolarlo, pero mirarle de aquella manera hacia que se pusiera mal. Se relamió los labios y frotó las palmas de sus manos en sus piernas.

-No eres un mal padre, Edward. Tienes complicaciones, como todo el mundo.

-Esas palabras no harán que te quedes, ¿cierto? –murmuró Edward sin mirarle a los ojos. No se atrevía a hacerlo.

Ella negó con la cabeza y se volvió a ponerse de pie, tomó el folder con presentación y se lo entregó.

-Lo lamento. Hablaremos después, ¿bien? Estos son los papeles que debes entregarle a tu nuevo trabajador. Yo lo atenderé aparte. Después tendremos una junta y hablaremos –se lo entregó y Edward, de manera automática, lo recibió-. Adios, Edward.

Se puso en marcha y a paso firme comenzó a caminar. Tomó la maleta que estaba en la cama y salió de la casa con paso decidido sin tomar la camioneta que Edward le había dado. Tomó el auto que estaba en la cochera y, cuando estuvo oficialmente fuera de la propiedad, lloró, recordándose que tenía derecho a hacerlo porque lo hacía por personas que de verdad quería.

Tenía que irse. Tenía que distanciarse y pasar tiempo a solas sólo con ella y pensar qué era lo que harían. Era mejor así.


Perdónenme por no escribir en mucho tiempo, pero tengo razones para ello. Hace más de dos meses nos avisaron que tendríamos un concurso de baile. Hace dos meses que estoy apurada con los exámenes, y los ensayos y un millón de cosas más, además de que el Word no me funcionaba mucho, ese era un punto muy importante. Ayer fue el baile así que ya estoy libre de eso... espero.

Gracias por tenerme paciencia.

¿Que tal te pareció el capítulo? Lo sentí corto pero era todo lo que daba :(

Gracias a: zonihviolet, PettericaTwiloghterVictoria, marieisahale, NoeLiia, gabyCGEC, emma, MONELITA CULLEN, Brenda-Cullen-Ivashcov, JustBelieveP, Manligrez, Eretirelf Oliuga, solecitopucheta, Annaniicolle, Cero Gret Cullen, catarina00, Nadiia16, AnabelaHP, AleLupis, EmDreams Hunter, Acqua Cullen Potter, PRISGPE, Cris Pattinson, jadecullen7, Cullen-21-gladys, Nyx-88, pera l.t, miop, saydiss, NachiCullen, patymdn, saraygarcia08, Karlie7, conejoazul, Isabella Grey Day, yolabertay, Lucami, Robaddict18, Tecupi, cary, Tata XOXO, salyluna, lizzie, jupy, anamart05, karenava, torposoplo12, Melania, patymdn, dianamina martinez, Makena Connor, alejandra1987, Ilse Masen, Emm Masen Mccarty, veritob, , Nandita21unexplained, maferpatts, Naye15, isakristen, Mon de Cullen, DeNobrega, Beastyle, liduvina, yoo, Alejandra P, diana, Patri, andre102, daya01, liz-stefani, lokaxtv, jessicatatiana

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¡Gracias enserio por sus reviews! Y por seguirme en la historia aun cuando algunas leen sin que esté terminada, significa mucho para mi.

¿Reviews con alguna idea de lo que puede pasar en el próximo capítulo?