Disclaimer: Los personajes son propiedad de Meyer, la historia es de mi imaginación.

Summary:

"Edward Cullen, el jugador de fútbol más exitoso tiene una vida bastante complicada con un revoltoso niño de cinco años. Lo que menos necesita ahora mismo es esa atractiva mujer que llegará a controlar su carrera y probablemente su corazón."


CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO

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Bella miró con desinterés la taza de té de color rojo con la cara de Mickey Mouse que tenía frente a llena. Estaba casi llena y fría. El contenido también estaba horriblemente frío. Era incluso asqueroso tomarse un té de esa manera. Eran las nueve de la noche y ya tenía puesta su pijama que le abrigaba muy bien. Su portátil estaba a su lado con siete diseños que había hecho ahí mismo, al menos hace tres horas.

Era el cuarto día ahí en su departamento después de haber dejado la casa de Edward. No sabía nada de él ni del pequeño Niklaus. No podía quitarse de la cabeza el hecho del escándalo que pudo haber hecho cuando su padre le dijo que Bella ya no estaba ahí. Le partía el corazón.

Se obligaba a comer cuatro veces al día, como el doctor le había dicho. Lo comía pero sin tener mucho apetito. A toda costa evitaba la vainilla. Le hacía vomitar horrible. Pero era lo único que tenía. Las náuseas no se presentaron por mucho tiempo. Su pancita estaba ahí, cumpliendo casi los dos meses y medio.

Mordió su labio inferior y se dejó caer a un lado, pensando en que tal vez iba siendo hora de hablar con Niklaus. Tomó su teléfono celular y llamó a Edward antes de pensarlo dos veces, si lo hacía, entonces se iba a arrepentir. Tomó una gran respiración, esperando a que contestara de una buena vez.

Quería escuchar la voz de su pequeño por primera después de que dejó la casa por un tiempo. No le sorprendió que Edward no le llamara en ningún momento. Él estaba en su derecho así como ella también tenía derecho de hablar con el pequeño.

─ ¿Bella? –se apresuró a saludar Edward con cierta sorpresa.

─Hola, ama… ¿está Niklaus ahí? –miró el reloj que estaba al lado de su mesa y pensó que era tal vez ya hora de dormir para él. Debió pensar en eso un poco más y llamar con anticipación.

─Él… está con Chelsea ahora. Ella le llevará a la escuela mañana, ¿quieres que le diga algo cuando vaya a recogerlo?

Bella se quedó callada en cuanto escuchó eso. Se quedó en blanco y sin saber qué era lo que podía decir en realidad. ¿En tan poco tiempo dejaba de ser la mamá del pequeño? En cuatro días… ¿Cómo estaría reaccionando Niklaus ante lo que ella había dicho? Esperaba que lo hiciera con berrinches y eso, porque saber que su pequeño estaba en una depresión iba a partirla en pedazos.

─¿Bella? –le llamó Edward de nuevo, esperando a que le contestara de una buena vez. Para él no era fácil estar en esa situación tampoco.

─¿Tienes planes con él mañana, después del colegio? –se apresuró a preguntar ella, ahora con el ceño fruncido. No porque ella se fuera así como así, iban a llamar a Chelsea para que fuera por su pequeño.

─Planeaba llevarlo conmigo al entrenamiento, pero aun no estoy muy seguro.

─Pasaré a recogerlo –dijo ella con tono titubeante esa vez. ¿Con qué derecho se atrevía ella a decir esas cosas? Ella misma sabía que era algo estúpido, pero necesario.

─ ¿Enserio, Bella? ¿Crees que puedes lastimarlo de esa manera y luego actuar como si nada ha pasado? –le dijo Edward, esta vez con un tono de voz un poco más firme─. No creo que él quiera eso…

─ ¿Cómo está él? –preguntó ella en un murmuro, sintiendo las lágrimas correr por sus mejillas, queriendo abrazar a su bebé.

─Lo está llevando de la mejor manera. No hace caso, grita por todo… quiere todo pronto. Hace muchos berrinches… en fin –suspiró el cobrizo─. Está enojado contigo y conmigo. No deja de decirme que es mi culpa.

─Edward… lo siento.

─No, no te preocupes. Tiene razón –él se encogió de hombros aunque ella no pudiera verlo. Él también quería ir a abrazarle─. Y… ¿cómo estás tú? ¿Y el bebé?

Bella apretó sus labios y se dejó caer en su cama, encima de una enorme almohada. Oh, diablos. Él era tan… él.

─Estamos bien… él o ella quieren comer mucho. Hoy ya he comido bastante como para tres días. Sigo sin soportar la vainilla y siento un gran amor por el durazno –ella apretó los labios y miró a la nada─. Por favor, déjame recoger a Niklaus esta tarde.

Edward no podía negarlo eso. No era como su pudiera decir: No, no quiero que vayas a recoger a mi hijo por lo que hiciste. Vaya, el pequeño le quería como una madre y Edward le quería como la madre de su hijo y del pequeño que llevaba dentro. Además, ella seguía siendo la mujer a la cual amaba.

─De acuerdo, yo aún tengo que ir al entrenamiento y eso…

─Bien –interrumpió Bella antes de que él siguiera─. Entonces iré por él mañana y lo llevaré a la práctica de futbol, ¿sí?

─Lo que tú quieras, Bella.

Ella se mordió el labio y suspiró, con la mirada gacha. Era mejor colgar la llamada en esos momentos. Era su oportunidad.

─Bien, gracias, Edward –sin esperar respuesta de su parte ella colgó y se acomodó en su cama, haciéndose un ovillo.

A la mañana siguiente, Bella despertó con buen humor, después de ir a sacar toda el agua que tenía en su cuerpo, casi. Preparó algo de comida para ella que tuviera pollo, mucho pollo. Era amante del pollo en esos momentos.

En todo el transcurso del día se dedicó a hacer aseo por todo el departamento escuchando algo de música y cantando también tanto como se sabía las canciones. También se detuvo para leer algo y seguir con la colección que iba a presentar en poco tiempo.

Una vez que llegó la hora de ir por Niklaus al colegio, fue a su enorme armario a observar y pensar qué era lo que podía llevar puesto. Debía gozar de esos momentos libres. Debía disfrutarlos porque cuando el pequeño que llevaba dentro naciera no tendría mucho tiempo para pensar qué podría ponerse. Tal vez contrate a una asesora de maternidad o algo como eso. Se decidió por utilizar jeans. La temporada de frío estaba comenzando y no iba a usar vestidos en esos momentos. Tomó una blusa bastante femenina pero de color gris. Una chaqueta de cuero negra y tenis casuales, negros completamente. Una vez que salió de ahí, se dirigió al colegio de Niklaus, tiempo suficiente como para esperar a que salieran.

Cuando llegó al colegio, esperó ahí fuera, mirando su teléfono celular. Escuchó la campana y bajó del auto para ir de una vez por su pequeño. Tomó el bolso de cuero y lo colgó en su antebrazo, dirigiéndose a la puerta principal. Cuando la señorita que estaba ahí le miró, sonrió de manera amable.

─Hola, señorita Swan, ya le extrañábamos por aquí –comentó amable, echando una mirada atrás para encontrar la característica melena desordenada de Niklaus.

─Lo sé. Decidí tomarme unos cuantos días para mí –contestó ella con una sonrisa también. De reojo miró dentro también para poder identificar a su pequeño, quien estaba hablando con Cara. Ella parecía estar tranquilizándolo, como siempre.

─Se entiende –asintió la muchacha─. Aquí viene su pequeño.

El rostro de Niklaus se iluminó al ver a Bella, sin importarle el hecho de que le haya dejado hacia cuatro días atrás. El pequeñito corrió por todo el pasillo, importándole poco que sus compañeros hicieran alguna protesta cuando él les golpeaba al pasar. Al llegar con Bella se abalanzó sobre ella, provechando que estaba un escalón más abajo que él.

─ ¡Mami! –gritó contento al rodearle con sus brazos.

Bella, completamente aliviada de que el pequeño no le tratara con indiferencia, lo envolvió con sus brazos también, abrazándolo a ella todo lo que podía. No iba a llorar ahí, frente a todos, aun cuando llevara gafas de sol.

─Hola, cariño –dijo ella, cerca de ser un susurro muy bajo que apenas pudiera ser audible.

Niklaus se separó muy pronto, antes de que Bella lo quisiera y le tomó del rostro aun cuando ella estaba un poco más alta que él. El pequeño le estudió el rostro pero Bella pudo notar perfectamente el puchero que tenía en sus labios.

─Creí que nunca ibas a volver, mami.

─Claro que iba a volver, mi amor. Vamos a hablar de eso en otra parte, ¿sí? –le invitó ella, dándole una suave nalgada sobre los pantalones de color beige.

─Pero mami Chelsea está aquí –dijo como si es fuera todo lo que le iba a impedir a Bella llevarse al pequeño con ella─. Ella me trajo al colegio esta mañana. Pasé la tarde con ella ayer.

Bella sonrió de lado sólo para poder tranquilizarle.

─Lo sé, pero yo hablé con tu papá y él me dijo que podía venir a recogerte y después puedo llevarte a la práctica de fútbol. ¿Sí? ¿Te gusta la idea?

El pequeño se le quedó mirando unos momentos, pensando en la posibilidad de que su mamá Bella le llevara a la práctica. Ya no quería ir a la práctica, quería quedarse de nuevo con su mamá toda la tarde.

─Mami, no quiero ir a la práctica. ¿Puedo ir a leer contigo? Aun no leo mi libro de ciencias.

Bella se le quedó mirando unos momentos y asintió, yendo a darle un beso en su cabeza.

─Claro que sí, amor. Podemos ir a leer tu libro de ciencias.

─Pero no le digas a mamá Chelsea que estuve contigo porque se enoja mucho cuando te nombro –dijo dando un asentimiento con la cabeza.

Bella intentó ignorar aquello sólo porque no quería tener problema alguno con aquella mujer rubia que era todo perfecto. Bah, mujer tonta. Lo único que había hecho bien era dar a luz a un pequeño muy precioso que tenía sus características físicas.

─De acuerdo. ¿Ya te has recuperado de la gripa? Tengo helado en casa, o podemos hacer alguna torta. Me gusta mucho cocinar contigo.

Bella le tomó de la mano y lo llevó con ella al auto en el cual había llegado. Se despidió de la mujer que le saludó desde que llegó con una suave sonrisa. Ya en el auto, Niklaus se dedidó a ir sonriendo y contando todo lo que había hecho aquel día y los cuatro días anteriores, pero sin decirle todo los berrinches que le había hecho a su padre al saber que la culpa fue de él. Su papá había hecho que Bella los dejara.

Al llegar a casa, Niklaus le imploró a Bella que le quitara la corbata y el chaleco que llevaba encima. Aun le seguía molestando y nunca se iba acostumbrar a ello. Cuando fue así, corrió por toda la casa mientras se desvestía, riendo y saltando en el impecable sillón amarillo chillón.

─Niklaus, vas a volver a enfermarte, por favor, ponte la ropa.

─ ¡No! –esa fue su única respuesta antes de correr a la habitación de Bella y lanzarse a la cama, abrazando la almohada de Bella, la cual tenía su olor impregnado casi de manera permanente.

Resignada, Bella se puso de pie en la puerta recargando la cabeza ahí en el marco y con los brazos cruzados, observando cómo su pequeño se rodaba en la enorme cama con una sonrisa encantadora.

─Bien, pero, por favor, no abras las ventanas. El viento es muy frío esta tarde. Llama a tu papá y dile que estás aquí –le lanzó el teléfono, que cayó justo delante de él, en la superficie suave.

─Bien –atinó a contestar, tomando el teléfono.

─Iré a preparar comida. Te llamaré cuando haga la tarta.

─ ¡Mamá, haz espaguetis carbonara! –gritó cuando miró que ella estaba a punto de irse.

Bella le miró con una ceja alzada. El hecho de que su pequeño leyera y viajara por el mundo le hacía más exigente. Y con gustos bastantes buenos en cualquier aspecto. Y todo eso con cara bonita.

─Bien, señor, pero pórtese bien.

Haría lo que el pequeño le pidiera. También lo vería desde ese entonces más seguido, sin embargo, lo que ella quería era asegurarse de que en cualquier momento podría verlo pero sin pedirle permiso a Edward, como antes. Igual… debía tomarse tiempo para ella. Debía pensar y darse ella mimos ahora que podía.

Pasó el rato en la cocina dedicándose a preparar la comida que el pequeño le pidió. No era tan difícil. Al menos no para ella que cocinar le gustaba mucho. Le gustaba ver como las personas degustaban sus comidas y le halagaban por ello. Lo había heredado de su madre, ella también era buena cocinera.

Niklaus avisó que su padre llamaría cuando fuera a recogerle ya que no quería que Bella se moviera de su departamento porque hacía mucho frío afuera. Para Bella estuvo bien no hablar con él en esos momentos. Estaba bien despejarse. Una vez que la comida estuvo lista, Bella llamó a Niklaus para poder hacer la tarta que habían acordado. El pequeño estaba encantado de ello porque le gustaba cocinar, o hacer cualquier cosa que hiciera su mamá.

Después de comer, Niklaus estaba adormilado, pues, según él, Chelsea no le había dejado tomar la siesta que estaba acostumbrado porque ella quería llevarle a muchas partes. Pero ahora Niklaus lo sentía porque se estaba cayendo de sueño. Bella supo que en cuanto el niño se durmiera, no volvería a hablar con él hasta otro día porque Edward llegaría pronto.

─ ¿Quieres ver una película con mamá? –le preguntó ella cuando finalmente dejó el último plato limpio en su lugar.

─ ¡Sí! Podemos ver una película –contestó el pequeñín, dando saltos para que ella le cargara. Bella agradecía el hecho de ser alta, sino, el pequeño apenas subiría medio metro─. Podemos ver la película de… Iron man.

Bella rio por lo bajo y le besó la cabeza.

─Algo me decía que ibas a escoger esa.

Cuando estaban acostados los dos en el sillón, Bella se dedicó a abrazar a su bebé y aspirar el aroma de sus cabellos. Él olía tan perfecto. Había logrado ponerle un pijama que estaba ahí y que su tía Alice le había comprado pero no tuvo la ocasión de dárselo. Por suerte, tampoco se había quitado los calcetines.

─Mami –dijo Niklaus frotando sus ojos y volteándose para quedar frente a ella y mirarle a los ojos─. Mami… ¿tú ya no quieres a papi?

La tristeza en los ojos de Niklaus era horrible de ver. Bella se le quedó mirando unos momentos mientras acariciaba sus cabellos.

─Amor, yo amo a tu papi.

─ ¿Y por qué te fuiste y lo dejaste triste?

─Es que… ─ella suspiró─ Yo necesitaba tiempo para mí. Para mi solita.

─Podías quedarte en un cuarto tu solita. Nadie te molesta ahí. Y después puedes salir a jugar conmigo.

─No, cariño, no se trata de eso. Necesito tiempo para pensar muchas cosas. Amo a tu papá, y también te amo a ti. Y por eso es que me alejé un poco.

─ ¿Pero vas a volver?

Ella asintió, apartando por milésima vez un mechón dorado de su frente.

─Claro que voy a volver.

─ ¿Cuándo?

─Cuando esté lista. No será mucho tiempo, te lo prometo. Me vas a tener pronto contigo jugando y cocinando.

Niklaus asintió con una sonrisa y se volteó, pegando la espalda al pecho de Bella, retomando de nuevo la película. Después de un rato, el rubio volvió a hablar.

─ ¿Mami?

─ ¿Mmm?

─Yo también te amo mucho.

Sintiendo que el corazón no le cabía en el pecho, Bella tomó una gran respiración y le estrechó más contra ella, así como enterraba de nuevo su nariz en sus cabellos para poder disfrutarle. Él era su pequeñín que le robó el corazón. No tenía idea de cómo sería vivir para siempre sin ese pequeño.

Dos horas más tarde, Bella y el pequeño Niklaus seguían acurrucados en el sillón amarillo pollito. Niklaus, por supuesto, había terminado por darse la vuelta de manera definitiva y volvía a sentir que mamá estaba con él, metiéndole la mano debajo de la camiseta. En cuanto Bella se dio cuenta de que estaba completamente dormido, la retiró y le abrazo para después ella dormirse también. De todas formas, ella también estaba acostumbrada a dormir a esa hora.

La castaña se despertó por el sonido de su teléfono celular. Iba a matar a cualquier persona que interrumpiera su sueño. Cuando miró que era Edward, un cosquilleo le creció en el estómago y picó la pantalla para poder contestar.

─ ¿Hola?

─Hola, Bella –se apresuró a contestar Edward. Ella podía notar una sonrisa en su voz. Realmente creía que no iba a contestar─. Lamento haberte despertado, no era mi intención.

─No te preocupes. Ya debía despertar, tengo que tomar vitaminas.

─Oh, bueno, de acuerdo. Acabo de salir de entrenar, ¿Niklaus está por ahí?

─Él… está dormido ahora mismo –ella bajó la mirada al pequeño y le volvió a acariciar los cabellos y la nariz.

─Creo que iré por él ahora mismo. Así no armará un escándalo a la hora de irse.

Tenía razón. Ella no quería ver a su pequeño hacer eso.

─Te espero.

─Llegaré en unos minutos.

Bella colgó y un segundo después dejó salir todo el aire que no sabía que estaba conteniendo.

Debía levantarse y arreglarse un poco, seguro sus cabellos estaban hechos un nido de pájaros. Con cuidado, quitó el brazo que tenía debajo de Klaus y se puso de pie, yendo directamente a su habitación para poder peinar sus cabellos, optando finalmente por hacerse un moño alto con un listó de color rojo. El listón rojo hacía mejor todo. Se aseguró de dar un poco más de color a sus mejillas con pellizcos que le hicieron realizar un par de muecas, y arregló sus pestañas con sus dedos, sin necesidad de hacerlo con el rímel. Tener largas y abundantes pestañas le ayudaba mucho. Su vestimenta no era la mejor. Llevaba una camiseta blanca un poco ajustada y de tirantes. Tampoco es como si dejara mucho a la imaginación. Desde hacía casi dos semanas odiaba los sostenes. Edward iba a delirar, seguro. Decidió no hacer nada para arreglarse y después miró sus pies con la pedicura hecha. Bah, eso no importaba, además, el pantalón de algodón que usaba le llevaba hasta los tobillos.

Fue a prepararse algo de comer a la cocina después de haberse asegurado que las cosas de Niklaus estuvieran en su mochila.

Quince minutos después, se escucharon los tres golpes en la puerta más horrorosos que Bella pudo escuchar.

Un poco aturdida por no saber lo que iba a pasar a continuación, fue a la puerta con una taza de chocolate caliente. Chocolate, bendito sea. Al abrir la puerta se encontró con un Edward con los cabellos desordenados, las mejillas rojas, pero no sabía si era por el frío o por el entrenamiento. Estaba vestido con un pantalón deportivo gris. Estaba segura de que si se volteaba se iba a ver jodidamente bien su trasero respingón. Llevaba también una camiseta blanca y una sudadera del mismo color con el nombre de su equipo. Ella podía jurar que seguía con la camiseta mojada por el sudor. Iba a enfermarse como siguiera de aquella manera.

Edward apretó los puños y se le quedó mirando. Era tan jodidamente bella. No le importaba que la camiseta blanca marcara muy bien sus enormes pechos. Bueno… sí, le importaba, pero lo que estaba haciendo era evitar mirar hacia ahí. Le miraba los ojos y su rostro con su nariz respingada. ¡Ella era hermosa! Joder, la amaba y la extrañaba tanto… y tan sólo habían pasado cuatro días. Ni siquiera una semana. Tampoco sabía cuánto tiempo ella querría estar alejada.

─Hola –sonrió ella y se hizo a un lado para poder dejarle pasar, sintiéndose un poco incómoda por no saber cómo reaccionar─. Adelante, pasa. Niklaus está en el sillón, estábamos mirando una película y nos quedamos dormidos –dijo sin detenerse a que él contestara a algo─. No tiene tarea, la terminó en el colegio así que no hay mucho de qué preocuparse.

Ella se dio la vuelta y caminó casi de manera apresurada hacia el sillón que resaltaba casi en todo el edificio. Cerró los ojos para tomar una buena respiración y miró al pequeño ahí dormido, bastante acurrucado en la sábana de Bella.

─Parece que está disfrutando el sueño –dijo Edward, mirando también a su pequeño. Bella no iba a hacer algún tipo de conversación, estaba seguro. Suspirando, se agachó para poder cargar al pequeño rubio y le dio suaves palmadas en la espalda. Se volvió a ella y sonrió de lado, casi de manera avergonzada─. Vas a volver, ¿cierto?

Bella quiso gritar y golpearlo. Ella estaba segura de que iba a volver, por supuesto. No iba a dejar al pequeño que tenía en su vientre sin su padre o sin que lo viera crecer. No podía estar sin Niklaus mucho tiempo. Ella, con todos esos pensamientos en su cabeza, dejó de jugar la taza que estaba en sus manos y fue abrazarlo tanto como el cuerpo de Niklaus se lo permitía.

─Voy a volver, Edward –dijo con el rostro en su cuello─. Pero necesito tiempo para mí y eso es lo que espero que entiendas.

Edward, aliviado de escuchar esas palabras, le rodeó con el único brazo que tenía disponible. La estrechó contra su cuerpo y tan sólo le faltó bajar un poco su cabeza para poder inhalar su olor. Amaba el olor que ella tenía. Fresco y dulce.

─Tómate el tiempo que quieras, pero por favor, por favor, Bella, vuelve con nosotros –suplicó él con los labios pegados a sus cabellos─. Voy a comportarme, te lo prometo. Seré un padre mejor. Y seré mejor para ti también.

Bella suspiró y le besó en la mejilla.

─No quiero que seas mejor. Sólo quiero tiempo para mí, Edward –se separó y se alejó de él para poder observarle mejor.

─Bien, entonces supongo que debo dejarte –dijo Edward, se dio cuenta de lo que de verdad había dicho y abrió en grande las palabras─ No me refería a dejarte de… dejarte para siempre y vivir sin ti. Me refería a llevarme a mi hijo para que pueda dormir en su cama y darte tiempo para ti… pero no por mucho tiempo. Yo… me refería a que… bueno, ya irme –su rostro se coloreó y Bella se rio, haciendo que el pequeño Niklaus se removiera un poco pero sin llegar a despertarse.

─Sí. Entiendo, Edward –dijo ella sin dejar de sonreír.

Él asintió y caminó a la puerta, aunque no quería irse de ahí.

─Bien… entonces… ¿nos vemos luego?

Bella mantuvo la puerta abierta para que él pudiera pasar con su pequeño en brazos y la respectiva mochila en el hombro.

─Sí, nos vemos luego.

─Vas a llamar, ¿cierto?

─Yo te voy a llamar, Edward, tranquilo.

Edward le miró casi con pena y negó con la cabeza, yendo a tomar su mano.

─ ¿Por qué ya no me dices cariño o todos esos apodos empalagosos que te gusta decir? –preguntó como si fuera la cosa más angustiante del mundo. Él estaba actuando completamente diferente a como era normalmente.

Bella rio una vez más pero se cubrió la boca con la mano, negando con la cabeza.

─Yo te voy a llamar, cariño, tranquilo. Eres un completo amor, sin embargo, tienes que irte.

─Eres… ─apretó las mejillas y suspiró─. Nos vemos después.

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Bella supo de Niklaus a la siguiente noche, justo cuando el pequeño se iba a dormir. Él logró entender que mamá necesitaba tiempo para estar sola y pensar muchas cosas de grandes. También pensó en que, si no le daba lo que mamá quería y lo que papá decía que ella necesitaba, entonces estaría siendo egoísta. Niklaus no quería ser egoísta. El pequeño miraba a su mamá cada dos días ya que ella iba por él al colegio y también lo llevaba a las prácticas de futbol.

Chelsea había regresado a Italia dos días después de su llegada, alegando que tenía que volver por cuestiones de trabajo. Oportunidades que no debía desaprovechar, como era lo que le decía Edward cuando él debía ir a entrenamientos y salir de viaje, dejando a Chelsea con un Niklaus bebé en casa. Edward, por supuesto, no alegó nada.

Dos semanas y media pasaron demasiado rápido y Bella se sentía bastante ligera y sin presiones. Algo que era completamente irónico, según ella, porque estaba cada vez más grande. Casi tres meses. Su bebé casi tenía tres meses. Y ella cada vez estaba más grande, comiendo todo lo que podía. Bueno, menos mal que todas las mañanas se levantaba para ir a hacer algo de ejercicio con todos los movimientos que le había indicado el médico.

Después de la ducha de la mañana, Bella decidió andar libremente en casa con una bata por su departamento, además de los calcetines de color amarillo chillón. Igual que el sillón que estaba en el salón principal. Junto con el chocolate caliente y malvaviscos, Bella decidió tomar las vitaminas necesarias para una embaraza de casi tres meses. Esas nunca las olvidaba.

Las llaves se escucharon fuera del departamento, algo que hizo que Bella frunciera el ceño. Las únicas personas que tenían llave del departamento eran su madre, su prima y…

─ ¡Hola, Bella!

Alice.

Bella miró sorprendida a su pequeña amiga de cabellos puntiagudos. Lo que sí le llamó la atención fue las gafas que estaba utilizando. Alice nunca usaba gafas. Nunca. Prefería quedar aún más ciega de lo que ya estaba. Como ya estaba notificada sobre su embarazo, no se sorprendió mucho de su vientre ligeramente hinchado. No podía tener más de un mes que ella.

Alice se cruzó de brazos, con la mirada fija sobre su amiga. Bella conocía la mirada. Indignación.

─Abrázame, abrázame ahora, zorra –dijo con los ojos entrecerrados y los brazos estirados.

─Te abrazo ahora –dijo riendo y le fue a dar un abrazo fuerte. Sabía que en unos meses más, su estómago chocaría con el de ella.

Se dieron un fuerte abrazo que duró probablemente un minuto entero. La extrañaba, no podía negarlo. Había perdido la cuenta de cuantos días pasó sin ella, sin embargo, supo que ella estaba tomando decisiones.

─ ¿Por qué no llamaste en cuanto tomaste el vuelo? Debías avisar. Necesitaba… no sé, preparar algo.

─ ¡Estás loca! Este tipo de llegadas me gustan. Estoy segura de que mi madre ya les dio la noticia pero yo necesitaba confirmarlo. Además, las sorpresas son buenas, ¿no lo crees? –ella sonrió totalmente encantada─. ¡Y mi madre ya me dijo sobre ti también! Mi hija y tu hijo van a ser hermosamente amigos.

─Pero… ─Bella le miró con una sonrisa ladeada. Estaba acostumbrada a su vomito verbal y podía entender perfectamente─. Todavía no sé si es un niño o una niña.

Alice rodó los ojos y dejó a un lado las maletas que el portero le ayudó a subir.

─Va a ser niño. Mi primo sólo tiene espermatozoides con el cromosoma Y. Y créeme, es cierto –ella asintió de manera rotunda. Claro que tenía razón, estaba segura.

─Sí tú lo dices…

Ella le tomó de la mano y la jaló al sillón que tanto le gustaba.

─ ¿Cómo lo llamarás? ¿Has pensado en un nombre? Creo que llamaré a la mía… Emilie. ¡Es un hermoso nombre! –dijo casi de manera histérica.

Bella rio sin poder evitarlo y negó con la cabeza.

─Estoy segura de que es un hermoso nombre. Y… Niklaus ha pensado en un nombre. Quiere llamarle Jude.

Alice abrió los ojos en grande.

─ ¡¿Niklaus escogió ese nombre?! ¿Dejaste que Niklaus lo escogiera?

─Pues claro, es su hermano pequeño –la castaña encogió los hombros─. Y podemos utilizarlo si es niño o niña. No importa el sexo.

─Va a ser niño.

─Alice…

La chica de cabellos oscuros alzó una de sus manos para interrumpir a la castaña de lo que sea que estaba a punto de decir.

Definitivamente había extrañado a su amiga. Bella guardó silencio y le miró, divertida.

─Espera, no he terminado de hablar. Cuando yo terminé de hablar, amiga, puedes hacerlo tú. Por ahora no quiero escucharte, ¿De acuerdo?

Bella se le quedó mirando, una señal para que siguiera hablando.

─Estoy aquí porque… ¡Será tu cumpleaños! –gritó con su voz aguda─. De modo que, ya tengo todo listo. Iremos a un club, pero tú no vas a beber, y yo tampoco…

La castaña se le quedó mirando con los ojos entrecerrados.

─ ¿Entonces a qué coño vamos? Si no voy a beber entonces no quiero ir a un club.

─No podemos beber porque estamos embarazadas.

─Entonces no hagas fiesta, además, sólo iríamos tú y yo.

─ ¿No tienes amigas? Aparte de mí.

Bella negó con la cabeza una y otra vez.

─No, no tengo tiempo para hacer amigas… a menos que cuente mi instructora de yoga… y las que están ahí. Todas mis amigas quedaron en Los Ángeles.

─Tu instructora y compañera de yoga son amigas. Lo son. Pero no más que yo… Bella, eres una ermitaña.

─Ah, gracias, no sabes cuánto necesitaba que me lo dijeras.

Alice rodó los ojos y se colocó un cojín blanco sobre su estómago.

─Olvidaba que te alejaste de mi primo porque querías espacio. Es ahora o nunca para hacer amigas. Puedes hacer amigas embarazadas… ya sabes, para juntar a los niños y eso.

Bella quedó en blanco por unos momentos.

─ ¿Cómo sabes lo de Edward y yo?

─No es difícil de suponer, Bella. Tú y mi primo estuvieron juntos durante mucho tiempo. Vivieron juntos. Ahora estás aquí, mientras él está allá no tan animado como siempre. Hablé con él, no se escuchaba tan bien. Así que supuse que ya no eran tan… como antes. Pero confío en que todo esté bien.

─Todo está bien –se limitó a decir ella encogiendo los hombros─. Sólo no quiero entrar en detalles.

Alice imitó su gesto y apartó las gafas de su rostro.

─Y lo respeto. No haré preguntas al respecto. Ahora… ¿qué te parece si tú y yo nos vamos de viaje? ¡Solas! ¡De compras!

La idea no era mala. ¿Hacia cuánto que Bella no salía de compras extremas? Ella quería cambiar su guardarropa muy pronto. Se lo podía permitir… era su cumpleaños, además, para eso estaba trabajando. Estaba una nueva temporada, necesitaba artículos nuevos.

Se mordió el labio y miró a su amiga, sin embargo, Alice ya estaba sonriendo de oreja a oreja.

─Nos vamos de compras –cedió Bella con una sonrisa y los ojos brillosos.

─ ¡Nos vamos de compras! –gritó Alice emocionada riendo y Bella le secundó de inmediato.

Alice era lo que le faltaba en esos momentos. Compañía femenina.

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─Opino que deberíamos comprar un departamento más grande –comentó Alice, colocando los brazos en jarras una vez que terminaron de desempacar todas sus cosas─. Jude y Emilie van a necesitar una habitación.

─Estás loca.

─No estoy loca, es cierto. No quiero ser negativa, amiga pero si las cosas con Edward no se arreglan del todo, entonces… tienes que pensar en el futuro de Jude.

─El futuro de Jude… Alice, apenas y tengo tres meses, no debo apresurarme con eso.

─Bella, confía en que tu bebé va a estar demasiado bien. Va a nacer y será niño. Yo lo digo. ¡Yo veo el futuro!

─El viaje a París te afectó bastante –se limitó a decir la castaña.

Bella se dejó caer sobre la cama de Alice y le miró, pensando en todo lo que había dicho y hecho desde que llegó. Saldrían de la ciudad la noche siguiente. Bella le pediría a Edward ver a Niklaus mientras que él estaba en el entrenamiento, Bella le diría a Niklaus que se iría de viaje por su cumpleaños y después volvería para que él le festejara como quisiera. Niklaus quería festejarle también.

─ ¿No crees que es muy pronto?

─No, Bella, al contrario, ya deberíamos estar en el aire en estos momentos, pero te dejaré ver a mi sobrino una vez más. ¿Sabes cuantas ganas tengo de cambiarte el look?

─No me voy a cortar y teñir el cabello, Alice.

─ ¡Pero es tu cumpleaños! ¡Y ya eres mamá! Las mamás lo usan un poco más corto.

─Pero yo soy una mamá sexi, las mamás sexis como yo no utilizan el cabello corto, además, a mí no me quedaría. Se queda como está y listo. Tal vez llegue a darle un poco más de volumen pero no pasa de eso.

Alice encogió los hombros y se dejó caer a su lado.

─Me basta con eso.

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Dos días después, Alice y Bella estaban completamente relajadas en una playa en Dubai. Por supuesto, Klaus había armado un escándalo bastante grande, llantos y gritos, lo que consiguió que quedara un poco afónico. Le rompió el corazón Bella y le hizo pensar seriamente en si debía irse o no. Edward alegó que tenía que disfrutar de su cumpleaños de la manera que ella quisiera posible. Alice hizo lo mismo, por supuesto. Quería a su sobrino, pero no soportaba que fuera tan berrinchudo. Su pequeña no iba a ser berrinchuda como él.

Bella podía sentir los rayos solares contra su piel pálida, digna de una ciudadana de Londres. Eso iba a cambiar muy pronto. Le dio otro sorbo a su bebida refrescante y reacomodó sus gafas de sol sobre el puente de su nariz.

─Tengo curiosidad sobre algo.

Bella iba a rodas los ojos por el comentario de su amiga en esos momentos. Alice siempre tenía curiosidad sobre algo y nunca podía tener un momento de tranquilidad.

─ ¿Sobre qué tienes curiosidad?

─Ya sabes, los chicos de aquí están buenísimos, ¿crees que su paquete esté de la misma manera?

Bella miró de reojo a un chico que iba pasando con una limonada. Estaba usando un generoso traje de baño de tanga. Mmm.

─Pues sería una lástima que no fuera de esa manera.

─Alice, no es necesario que sea… grande –dijo Bella arrugando la nariz─. Confórmate con que no sea pequeño.

─No puedes decirme eso. No cuando tienes a mi primo con un buen paquete que te da placer, ¡Y te hizo un hijo!

Bella ni siquiera se sonrojó por el comentario de su amiga. Sí, era tan sinvergüenza que no preguntó cómo es que sabía ella que Edward tenía un gran paquete. La mayoría de la gente lo sabía por sus fotos en entrenamientos con sus shorts que marcaban todo.

─Tengo suerte de tener un paquete entre mis piernas como el de Edward.

─Pero ahora no disfrutas de ello porque te has alejado.

Bella rodó los ojos negando con la cabeza.

─No he querido tener sexo en estos momentos.

─ ¿Ni siquiera con estos hombres jodidamente deliciosos frente a ti? –Alice bajó sus gafas de sol para poder tener una perfecta visión del hombre de piel morena pasando frente a ella. Éste, al darse cuenta de la mirada que ella le daba, se dio una palmada en su nalga derecha y le guiñó un ojo─. Me acabo de mojar… hay un lago en mis bragas ahora mismo –cuando Alice lo perdió de vista volvió a colocar sus gafas correctamente y se recargó en la silla─. No entiendo como no tienes apetito sexual, estás embarazada.

─Tengo apetito sexual, Alice, no es como si fuera inmune a un buen polvo.

─Ya, como tú tienes uno grande para ti solita…

─Alice, sé que Edward es tu primo, pero ¿no te da un poco de vergüenza decir esas cosas de él?

─ ¿Qué? No. Está mucho mejor que su amigo Jasper –Alice rodó los ojos y se comió una papa frita con bastante desdén.

─ ¿Jasper lo tiene pequeño? –preguntó Bella con una risa burlona.

─No exactamente…

─Pero grande no es –confirmó la castaña sin dejar ese tono burlón.

─No es grande, pero no es pequeño. Además, con eso él logró embarazarme, así que sirve de algo, ¿no?

Bella le miró con los ojos entrecerrados y negó con su cabeza un par de veces.

─Apuesto a que te gustó y te hizo gritar.

─ ¿Es tan notorio? ¿Enserio Jasper da esos aires de que da un buen polvo?

─Jasper… no sé. No creo que pueda decir mucho. Es el mejor amigo de mi novio, ¿Qué quieres que te diga?

─ ¿Te lo follarías? –cuestionó Alice mirándole con una sonrisa llena de diversión.

─ ¿Aun si conociera a Edward?

─No, me refiero a que, ¿te follarías a Jasper aun si Edward no existiera?

Bella pareció pensárselo unos momentos y después hizo un gesto con la nariz.

─No, no lo creo. No es mi tipo.

─ ¿A quién te follarías del equipo?

─Alice, ¿enserio estamos hablando de esto? –preguntó Bella, aunque, conociendo a su amiga se podía hablar de cualquier tipo de cosas sin pudor. Ella realmente odiaba a las personas, o más bien, a las mujeres que se hacían las santas ante esos temas. Las odiaba. Al rato estaba ahí, gritando salvajemente mientras tenían sexo.

─Sí, ¿por qué no? Los hombres también lo hacen y lo sabes.

No había manera de como negar eso, así que Bella se quedó pensando en los jugadores del equipo donde Jasper y Edward se encontraban.

─Creo que… Juan Mata y De Gea, y Rooney…

─ ¿Tienes algo en contra de los negros, acaso?

─ ¡¿Qué?! ¡No! Alice, ¿Cómo te atreves a decir algo como eso?

─Es que mencionas sólo blancos… ¡Los negros son los mejores!

─No quiero saber cómo lo sabes.

─ ¿Lo ves? Discriminas a los negros.

Bella negó con la cabeza.

─Eres un caso perdido.

─No me importa –dijo Alice encogiendo los hombros. Por supuesto que estaba jugando con lo que estaba diciendo porque realmente sabía que Bella era todo menos racista y ahora que ya estaba con las cámaras sobre ella debía tener cuidado con las palabras─. Yo follaría a Zaha o a Welbeck.

─Ya has pasado por Jasper, sólo te faltan ellos.

Alice suspiró y negó con la cabeza.

─Jasper… Ay, Jasper.

─ ¿Qué sucede con él?

─ ¿Qué se supone que le diré cuando lo vea? No va a ser algo fácil. Él tiene una hija ya, y Cara será para mí como la novia de mi sobrino. Por siempre.

Mierda, Alice no sabía que Jasper tenía otra hija y Bella no sabía cuan malo era eso. ¿Cómo iba a reaccionar si lo supiera? Definitivamente no quería ser ella quien se lo dijera pero la oportunidad se le había presentado. Alice no se lo perdonaría si ella no se lo dice.

─En realidad tiene dos hijas –dijo Bella, sin intentar sonar con miedo o cómo si estuviera tentando el humor de Alice─. La otra niña tiene la edad de Cara y apenas le conoció… alrededor de un mes atrás.

Alice se quedó en silencio. Su ceño estaba ligeramente fruncido y sus labios también pero no miraban a Bella, estaba pensando sólo en sus palabras mientras miraba a un buen hombre con grande músculos correr por la playa.

Pensó todavía en la niña que no sabía ella de su existencia. La pequeña no tenía la culpa. Además, Cara seguramente estaba contenta de tener por fina una hermana con quien jugar todo el día. Ya no era sólo Niklaus sino que también era su hermana.

─Bueno… ¿ahora Jasper es padre por todos lados o qué rayos está pasando?

─Parece que a Jasper le gusta repartir hijos por el mundo sin darse cuenta –comentó Bella, esperando la verdadera reacción de Alice.

─Él y yo tenemos algo en común. Escondemos una hija, aunque en realidad él no tendría que verse obligado a decirme que tiene una hija porque para él sólo soy la chica a la que se folló como un loco después de ir al club.

─No eres esa chica. Eres la chica a la que embarazó y que debe hacerse cargo de su hija. No puede dar pretextos porque tiene las posibilidades para poder ver por su hijo o hija también.

─Sí es niña.

─ ¡Lo que sea, Alice!

─Bien, le diré ahora.

Bella se quedó en blanco, pero entonces recordó que era Alice así que sólo se le quedó mirando.

─ ¿Ahora?

─Ahora –afirmó la chica de cabellos cortos, sacando su teléfono móvil del bolso. Le mostró el número telefónico de Jasper en la pantalla y pulsó ahí.

─Esto va a ser interesante… ─comentó Bella sonriendo de lado y volviendo a relajarse en su asiento.

─Claro que lo será –afirmó la amiga, cruzando uno de sus brazos pero el otro sosteniendo el teléfono sobre su oreja. Esperó un par de pitidos y cuando escuchó la contestación, habló─. Jasper, es Alice.

Al otro lado de la línea, el hombre rubio estaba con su ceño fruncido. Su mano estaba extendida a su locker, tomando algo de ropa para ponerse y comenzar el entrenamiento junto con sus compañeros.

─ ¿Alice? –respondió.

─Exacto, Alice, ¿la chica de la cual huiste?

Jasper entrecerró los ojos y cerró de golpe el locker.

─Sé quién eres.

─Bueno, ahora ya somos dos.

Bella miró a su amiga incrédula. ¿Qué manera era esa de darle la noticia a alguien que volverá a ser padre? Joder, Alice estaba totalmente loca. Negó con la cabeza y dio otro sorbo a su bebida.

─ ¿De qué hablas? –volvió a llamar su atención el rubio.

─Sí. Yo sé que tienes una hija más… y me alegro por Cara. Pero acá somos dos y necesitas saberlo.

─No te entiendo nada, Alice.

─Eres idiota –murmuró la mujer pequeña.

─Gracias.

─Aunque eso ya lo sabías muy bien.

─Bastante.

─Deja de responderme así. Te estoy diciendo que volverás a ser papá. Tengo cuatro meses y es niña. Al parecer sólo tienes cromosomas X.

─Me alegra saber que la madre de mi futura hija sabe a qué se debe el sexo de los bebés.

Alice miró a Bella haciendo cara de: ¿Qué mierda le pasa a este? A lo que Bella respondió sólo encogiendo sus hombros.

─ ¿Qué clase de persona eres tú? Pues claro que sé cómo se determina el sexo del bebé. Además… te digo que volverás a ser padre y me respondes con eso, ¿quién rayos eres?

Jasper se frotó el rostro con la mano y se recargó en el locker.

─No me sorprendería que alguien más llegara diciéndome que tengo otra hija.

─Me das miedo –se dedicó a responder Alice─. Pero en fin, sólo quería informarte.

─Bien, no hay problema, ¿puedo verte pronto?

─ ¿P-para qué?

─ ¿Para hablar? Alice, voy a tener una hija contigo, ¿pretendes que nunca tenga algún tipo de relación contigo? Además, claro que me haré cargo de mi hija.

─De acuerdo, ahora mismo estoy en Dubai con Bella festejando su cumpleaños. Te avisaré después.

─Bien, felicita a Bella de mi parte, ¿quieres? Hablamos luego.

Alice colgó la llamada en trance. Un minuto después alzó la cabeza a su amiga y le miró con una expresión que Bella no pudo descifrar.

─Jasper te manda felicitaciones por tu cumpleaños.

─Gracias –respondió la mujer castaña, mirando a su amiga con una mueca divertida.

─Está loco.

─ ¿Y qué quieres hacer ahora? –Bella abrió la boca para poder terminar de beber su delicioso preparado de piña.

─Corre.

Bella le miró como si se le hubiera zafado la cabeza.

─ ¿Qué?

─Corre –repitió Alice tomando sus cosas y comenzó a caminar a paso veloz de nuevo al hotel.

Bella le miró con la boca abierta. Estaba loca. Debería dejar de juntarse con gente loca porque entonces ella terminaría de la misma manera y no sería muy agradable que digamos. Suspirando, se puso de pie, tomó sus cosas y fue al hotel también.


Y bueno, no tenía mucho tiempo libre después de todo. Lamento mucho la tardanza. Sin embargo, ya tienen aquí el capítulo y espero que les haya gustado.

¿Qué tal el encuentro de Edward y Bella? ¿Y las reacciones de ambos? ¿Y Niklaus? También tuvimos a Alice... finalmente. Y también a Jasper, pronto tendremos más de ellos dos. Ahora, siendo sinceras... ¿Qué les parece esta Bella? No es como la Bella que estamos acostumbradas, es muy diferente, ¿les gusta?

Gracias a: marieisahale, MONELITA CULLEN, KeniaHeras, dracullen, Valentina Cuello, catrina00, Manligrez, Melania, anamart05, zonihviolet, NoeLiia, miop, yolabertay, Makena Connor, , Isabella Grey Dat, jupy, Emm Masen Mccarty, maferpatts, Tecupi, Nadiia16, chl, Criss Pattinson, EmDreams Hunter, Andy161616, saraygarcia08, Nandita21unexplained, Nyx-08, Annaniicolle, pera l.t, Andrea 15 de Cullen, Beastyle, torposoplo12, patymdn, NinaCordova, añejandra1987, Karlie7, cary, AleLupis, Ilse Masen, Kalita Cullen, The Princess of the Dark, isakristen, Mon de Cullen, Elmi, lunanelisce, lizzie, SalyLuna, yo, Cullen-21-gladys, liduvina, Tata XOXO, Zaida Gtz. Verdad, Roco Tejada, verito, Yanet, DIANA, naty, Patri, Alejandra, jolie love, LissaPattinsonCullen, Gretchen CullenMasen, Alejandra P, isabelforever31, Berta, Sky LeVan, sols, megankdw

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¡Gracias enserio por sus reviews! Y por seguirme en la historia aun cuando algunas leen sin que esté terminada, significa mucho para mi.

¿Reviews con alguna idea de lo que puede pasar en el próximo capítulo?