Disclaimer: Los personajes son propiedad de Meyer, la historia es de mi imaginación.

Summary:

"Edward Cullen, el jugador de fútbol más exitoso tiene una vida bastante complicada con un revoltoso niño de cinco años. Lo que menos necesita ahora mismo es esa atractiva mujer que llegará a controlar su carrera y probablemente su corazón."


CAPÍTULO TREINTA Y CINCO

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Bella se relamió los labios observando un catálogo de letras. Era una decisión difícil la que iba a tomar y Alice no se lo estaba poniendo fácil ya que revoloteaba por el salón de un lado a otro.

─Alice, por favor, ¿quieres calmarte?

─ ¡Estás loca! ─fue la respuesta de la amiga. Bella sólo pudo rodar los ojos por lo absurdo que sonaban esas palabras en la boca de su amiga. Ella era la loca también─. Bella, ¡estas embarazada!

─No pasa nada.

─Claro que va a pasar, ¿Qué pasa si le afecta a Jude?

─Ya he hablado con el doctor, Alice, no pasa nada. Además, aquí son profesionales ─dijo Bella mirando una vez más el tipo de letra.

─ ¡Puedes hacerlo después! ¿Qué sucede si Edward se enoja?

─Que se enoje.

─ ¡Bella!

Bella se puso de pie mirando a su amiga con los ojos entrecerrados.

─Basta. Si no quieres ser parte de esto entonces largo de aquí, Alice. Ahora.

Alice negó con la cabeza de manera rotunda, con un gesto que daba a entender que se había dado por vencida finalmente.

─Me quedaré contigo.

─Entonces guarda silencio.

─ ¡Estás loca!

─ ¡Alice! ─gritó en voz baja apretando los puños─. Me estas poniendo los nervios de punta.

Apareció una chica con un montón de tatuajes en los brazos y en el cuello y miró a Alice y Bella al mismo tiempo. Se notaba que quería reírse por la situación, pero era bastante profesional y se mantuvo así.

─Señorita Swan, no puedo hacerle un tatuaje mientras siente esa presión por parte de su amiga, además, claro, que no estoy acostumbrada a tatuar a mujeres embarazadas.

─Oh, por favor… ─suspiró Bella haciendo una mueca. Cerró los ojos y, enfadada, cerró también el catálogo donde contenían diferentes tipos letras. Miró a la mujer completamente tatuada y sonrió sin entusiasmo─. De acuerdo, muchas gracias.

Y salió de ahí, tomando el bolso bastante caro, el cual se había dado el lujo de regalarse. No le había importado cuanto le había costado ese bolso, era bueno, bonito y era la nueva colección de Prada. Era una mujer responsable, hacía bien su trabajo y lo hacía para poder ganar dinero y comprar lo que ella quería para sí misma. Además, ¿para qué tenía dinero si no lo utilizaba? Distrayéndose en eso, caminó de nuevo al auto que ella y Alice habían alquilado para estar en Dubai.

Como última aventura en ese lugar quería tatuarse, sin embargo, eso ya se le había impedido. Llamó a su doctor y le pidió algunas advertencias de lo que podía pasarle a su bebé si se tatuaba. Le había dicho que todo estaba bien siempre y cuando no fuera directamente sobre la piel de su estómago. Pero al parecer se negaban a dejarle hacerlo. Aunque también debería consultarlo con Edward.

Con un suspiro, miró a través del parabrisas, esperando a que su amiga, la mujer de la tripa más grande que ella, apareciera. Humpf. Colocó las manos sobre su rostro y después las llevó al volante. Ignoró cuando la puerta del copiloto se abrió y se dejó caer ahí su amiga.

─De veras que a ti se te ha zafado algo de la cabeza.

Bella no contestó, simplemente se dedicó a salir del pequeño estacionamiento al aire libre frente al local de los tatuajes. Joder, esas personas salían en televisión por lo bueno que era su trabajo. Miró su reloj en la muñeca. Tenían cinco horas antes de subir al avión. Decidió que tenía hambre y que quería pollo con papás fritas. Los Nuggets serían buenos.

─Bella, no te enojes. Seguro que son las hormonas del embarazo lo que te hizo tener ese impulso.

Bella siguió sin hacerle caso a las palabras de su amiga. Siguió conduciendo de manera tranquila por las calles transitadas hasta llegar al primer restaurante de comida rápida que encontró. Iba a tomarse la libertad de comer ahí dentro y Alice podía decir lo que quisiera. Estacionó el auto en ese lugar y, tomando de nuevo su bolso, salió del auto para entrar al restaurante.

Alice iba pisándole los talones claramente enojada con su amiga en esos momentos. Eran las últimas horas de ambas ahí y se estaba enojando. Su primo nunca se lo iba a perdonar.

Una vez que la castaña hizo su pedido en caja, esperó a que le llamaran mientras esperaba en una de las mesas. Alice volvió dos minutos después con el papel en su mano.

─Bella…

─No quiero hablar contigo, Alice ─contestó Bella enojada.

─No entiendo cómo es que planeas tatuarte mientras estás embarazada.

─No seré la primera ni la última mujer que haga eso.

─No, pero no sabes sobre las consecuencias en el cuerpo de tu bebé. ¿Qué sucede si nace con algún tipo de síndrome o enfermedad?

─ ¿Y qué pasa su aun así nace con algún síndrome o enfermedad y yo no tuve la oportunidad de hacerme un tatuaje?

─Deberías pensar un poco.

─Bueno, basta.

─ ¡No te enojes!

─ ¡No estoy enojada, Alice! ─exclamó Bella frunciendo el ceño en dirección a su amiga─. Ya, fue un arranque estúpido, ¿de acuerdo? Olvídalo.

─ ¿Cómo voy a olvidarlo si tienes esa actitud?

─Son las hormonas.

─No puedes culpar a las hormonas por todo.

─Estoy en mi derecho y tú también, así que deja de hablar, ¿quieres? Tengo hambre.

Ya en el aeropuerto, Bella estaba comiendo de nuevo unas papas fritas que tenían mucha sal y que también le estaban dando demasiada sed. Uff, debería recordar ir al baño antes de abordar el avión.

Ella realmente necesitaba ir al baño.

Una vez ahí, dejó que su vejiga se desinflara. Al salir, se lavó las manos, retocó su maquillaje ligero y arregló su cabello. Por el espejo notó como una mujer se le quedaba mirando con una sonrisa ligera. Bella le sonrió de manera simpática.

─Tú eres Bella Cullen, ¿no? La esposa de Edward Cullen.

Bella frunció el ceño un poco y miró hacia abajo. Tenía tanta suerte de estar utilizando una chaqueta holgada donde no se miraba su vientre. Uff. ¿Y de dónde había sacado esa mujer que ella era esposa de Edward? Joder, como volaban los chismes.

─Ammm… Creo que aun soy Bella Swan ─dijo con una sonrisa despreocupada, para no causar algún tipo de escándalo o alguna mala impresión─. No ha habido ningún casamiento, a menos que yo lo sepa.

La cara de decepción de la mujer se hizo muy evidente.

─Lo lamento…

Bella negó con la cabeza y encogió los hombros de manera despreocupada.

─No se preocupe. No creo que sea la única persona que piense eso.

─Todos los que leyeron la revista Ok creen que es así, probablemente.

─Probablemente…

La incomodidad se hizo palpable de nuevo en el rostro de la mujer frente a Bella.

─Ah, creo que debería irme ahora ─dijo Bella con una ligera sonrisa y se dedicó a caminar hacia la puerta.

─ ¡No! Por favor, espere. Usted también es una celebridad. Es quien lleva la carrera de Edward, y eres su novia, ¿puedo tomarme una foto contigo?

─ ¿En el baño del aeropuerto? ─preguntó Bella con una sonrisa burlona en el rostro. No era la primera vez que le pasaba. Eso había sucedido con Niklaus con anterioridad y resultó que el niño se llevó todo el encuentro. Ella no sabía cómo reaccionar.

─ ¡Donde sea es bueno!

Bella encogió los hombros y se acercó a ella.

─Bien, por mí no hay ningún problema.

Después de aquella fotografía, caminó fuera del baño de mujeres justo cuando los pasajeros comenzaban a abordar el avión. No sabía en donde estaba Alice pero definitivamente no estaba donde le había dejado. Llegó a su asiento y se dejó caer ahí sin ningún problema, aliviada de que por fin llegaría donde estaba su pequeño y volvería a verlo y abrazarlo con muchas ganas.

Alice llegó y se instaló al lado de Bella bastante sonriente. Había estado conversando con un chico bastante guapo. Era latinoamericano. Si Bella no mal recordaba, un latinoamericano era lo que le faltaba Alice en su lista de "Hombres de todo el mundo a quienes me debo follar". Una lista no tan grande y que casi había completado ya.

A mitad del vuelo, Alice se puso de pie con una gran sonrisa en el rostro. Le guiñó un ojo a Bella, alegando que iba al baño. No hacía falta que le dijera lo que haría en ese lugar con el guapo hombre que también se puso de pie. Algunos minutos después. Alice llegó con sus cabellos despeinados, sin labial y con el pecho subiendo y bajando rápidamente, además de que su rostro estaba bastante brillante y tenía una sonrisa enorme. Bella decidió guardar silencio y siguió con la lectura.

Bella odiaba los vuelos largos, su trasero se entumía y sentía que se haría más ancha de lo que ya estaba. Argh, de sólo pensarlo quería ponerse a correr. Suspiró en cuanto les dijeron que debían abrochar sus cinturones para el aterrizaje. Dos capítulos más y terminaba el libro. Había sido una buena lectura. Le dio suaves empujones a Alice para que se despertara y cuando así lo hizo le pasó una botella de agua.

Al bajar del avión, Bella sintió que podía hacer cualquier cosa. Ya no estaba en ese lugar donde le tenían encerrada, al fin.

─Bien… ¿Dónde quieres ir ahora, Alice? ─Bella miró el reloj en su muñeca. Pronto serían las seis y necesitaba ver a su bebé antes de que durmiera. Era viernes, pero Niklaus respetaba el horario de dormir ese día también. El cumpleaños de Bella aun no terminaba.

Alice miró su reloj también frunciendo los labios, alzó la mirada y se le quedó observando durante unos momentos sin decir nada, hasta que la paciencia de Bella se estaba yendo por el borde y se podía notar bastante en su expresión.

─Podríamos ir a comer comida de verdad ─dijo finalmente la mujer pequeña encogiendo los hombros.

Bella negó con su cabeza mirando todo el equipaje que había con ellas.

─No podemos ir con todo esto.

─Puedes llamar a Acher para que venga a recogerlo…

─Acher no trabaja para mi ─contestó Bella, yendo a jalar sus maletas. No eran más ni menos que las de Alice.

─Peor lo hace cuando vives con Edward.

─Pero ahora no vivo con Edward ─dijo Bella, caminando directo donde estaban los taxis. Alzó la maño para llamar uno. Sonrió con amabilidad al ver como un señor mayor se acercaba.

Alice apareció frente al señor y le sonrió con amabilidad pero negó con la cabeza.

─No, señor, muchas gracias. Mi amiga está un poco perdida.

Bella le miró un poco desconcertada.

─ ¿Ah sí?

─Acher está ahí ─señaló en dirección a la camioneta que a Bella se le hacía bastante familiar, por supuesto.

─ ¿Qué hace Acher aquí?

─Yo lo llamé. Edward me dejó. Fácil.

Sin decir ni una palabra más, Bella se acercó donde estaba el enorme hombre musculoso y con lentes de sol, como siempre. Le dio un saludo familiar y dejó que metiera todas las bolsas de compras al auto. Con suerte iban a caber, eran demasiadas. Bella y Alice se instalaron en la parte trasera y dejaron que Acher condujera.

─Me gusta tu vestido, por cierto ─comentó Alice mirando a su amiga con una gran sonrisa.

─Lo sé, me encanta el color rojo.

─Lo que pasa es que eres salvaje ─dijo Alice con una sonrisa burlona. Bella rodó los ojos y se dedicó a ver a Acher por el espejo retrovisor, advirtiendo a Alice con un gesto. Por supuesto, la pelinegra ignoró eso─. Acher, ¿verdad que Bella se ve jodidamente hermosa con este vestido rojo?

Dándose por vencida, Bella se dejó caer en el respaldo del asiento con los brazos cruzados y negando con la cabeza.

Acher no sabía qué responder.

─ ¿Acher? ─insistió Alice.

Las mejillas del enorme hombre se encendieron al no saber qué era lo que debía decir. Optó por algo corto y sencillo.

─Claro que sí, señorita Alice ─asintió sólo una vez y después dirigió la mirada a Bella─. Se ve hermosa, señorita Bella.

Encantada por la contestación de Acher, Alice aplaudió con una gran sonrisa.

─ ¿Lo ves, Bella? Acher también lo dice.

─Lo obligaste, prácticamente.

─ ¡Silencio!

Bella se dedicó a observar sus mensajes de texto en su teléfono celular. En dos semanas tenía que estar en Nueva York para su primera pasarela. Su sueño hecho realidad. Estaba nerviosa, por supuesto, pero sabía que debía controlarse con sus emociones porque esos nervios le hacían daño a su bebé. Cuando se dio cuenta, el coche ya se estaba estacionando.

Estaban frente a la enorme casa de Edward y Niklaus.

─ ¿Qué hacemos aquí, Alice?

─Dijiste que tenías que ver a Niklaus, ¿no? Niklaus está aquí. Ha cancelado todas sus actividades para estar contigo este día.

─ ¿Y por qué no me has dicho nada?

─Era una sorpresa. ¿Vas a enojarte porque te traje con su pequeñín?

─No…

─Entonces cállate y coopera ─respondió Alice saliendo del auto. Escuchó como Bella salía también y una sonrisa se formó en su rostro.

Sin decir nada de nuevo, Bella caminó, escuchando el sonido que hacían sus zapatos de tacón en el concreto. Antes de poder presionar el botón del timbre, la puerta se abrió, mostrando a una sonriente señora Harriet.

─ ¡Señorita Bella! ─saludó la mujer, yendo a darle un fuerte abrazo y un beso en cada una de sus mejillas. Bella le respondió de la misma manera, estrechándola contra ella─. Feliz cumpleaños, señorita Bella.

Sorprendida porque ella supiera que ese día era su cumpleaños, Bella se le quedó mirando pero con una sonrisa amable.

─Muchas gracias, señora Harriet ─asintió y se separó de ella por completo.

─El joven Niklaus ha estado parloteando de un lado a otro todo el día.

Contenta, Bella miró alrededor, esperando ver al enanito con su melena rubia desordenada en cualquier parte de la casa.

─ ¿Dónde está él?

─En el jardín ─se apresuró a decir la mujer de avanzada edad, sonriendo con amabilidad a Alice, quien seguía detrás de Bella─. Está entreteniéndose.

─De acuerdo, iré a verle ahora mismo.

─Adelante, señorita ─la señora Harriet asintió y se retiró a la cocina de nuevo, de dónde provenía un delicioso aroma, con el cual, a Bella se le hacía agua la boca.

Cada vez que Bella daba un paso, se escuchaba por toda la casa. El jardín trasero estaba al otro lado de la casa. Tenía que atravesar un montón de habitaciones antes de llegar ahí. Sus perfectas cejas bien delineadas y depiladas casi se juntaron al ver un montón de cosas coloridas por todo el jardín.

Al pasar las puertas corredizas y voltear la mirada hacia su lado derecho, encontró a una multitud de gente bastantes sonrientes que, en cuanto la vieron gritaron:

─ ¡Feliz cumpleaños, Bella!

Sin poder creérselo, Bella se quedó ahí de pie en su lugar, sin fijarse en la decoración de fiesta estilo Luau. Todas las personas frente a ella estaban sonrientes, y conocía a la mayoría. Fue sacada de su trance cuando observó aquella melena rubia correr todo el tramo que les separaba, bastante sonriente, vestido con un bañador bastante gracioso y una camisa a juego.

─ ¡Mami, feliz cumpleaños! ─gritó Klaus yendo a abrazarle con fuerza.

Gracias a Alice, Bella no cayó sobre su trasero en cuanto Niklaus golpeó su pequeño cuerpo con el de ella. Bella pudo dedicarse a abrazar a su bebé todo lo que quería. Su brazo izquierdo le rodeaba la cintura y su mano derecha se dedicaba a acariciar sus cabellos sedosos. Olía a limpio y a piña. Se mantuvo de cuclillas para estar un poco a su altura y le besó repetidas veces su mejilla.

─Gracias, mi vida ─dijo Bella con la sonrisa más grande de todo el mundo─. Muchas gracias.

Niklaus se apartó de ella finalmente pero no le soltó su mano.

─ ¡Ha sido mi idea! ¡Es mi idea!

─Me encanta tu idea, mi amor.

Justo cuando Bella terminó de decir aquello, Emmett la apretó contra él en un fuerte abrazo de oso, deseándole un feliz cumpleaños. Bella le agradeció mientras intentaba reponerse. Después del abrazo de Emmett llegaron muchos más. Rosalie, Aaron, el abuelo de Niklaus, Carlisle, Esme, la pequeña Cara y otra niña de ojos rasgados y cabello oscuro, supuso que era Isobel. Se alegró mucho de ver a su padre también, lo recibió con un gran y fuerte abrazo, al menos tanto como podía, ya que Klaus se negaba por completo a soltarla, así tuviera que sostenerla de la parte trasera de su vestido.

Elizabeth le dio un abrazo también, deseándole un feliz cumpleaños. Había una pareja de ancianos bastante arrugaditos de la cara y con el cabello completamente blanco. Eran los abuelos de Edward que llegaban desde Texas. También estaba su prima Carmen junto a su bebé Amber, quien estaba más grande y se parecía cada vez más a su papá. Se sorprendió de ver a sus amigos que había dejado en Forks. Emily y Sam con su pequeña, de la cual Niklaus se había asegurado de alejarse por completo.

Se quedó completamente petrificada al ver a Jacob Black de pie, junto a la mesa donde estaba toda la comida. ¡Dios santo! La última vez que lo había visto no estaba tan grande ni tan apuesto. ¡Y ahora tenía algo de barba! Sonrió porque recordaba aquellos días en los que le hacía burla por no tener nada de vello de hombre a los diecisiete años. Que alegría volver a verle.

Cuando Jacob se dio cuenta de la mirada que Bella le enviaba, sonrió, con esa sonrisa que era irresistiblemente blanca. Abrió los brazos, extendiéndolos en su dirección y caminó a ella. Contenta y emocionada, Bella fue a darle un fuerte abrazo, colocando su cabeza sobre los pectorales de él. Tenía que ser tan alto. Era casi como Emmett.

─ ¿Qué hay, Bells? ─saludó con su voz un tanto infantil.

─ ¡Que alegría verte, Jake!

─ ¡Lo sé! Apuesto a que soy el mejor regalo que has tenido hasta ahora.

─Aún no acaba el día ─dijo ella con una sonrisa pícara.

Jacob hizo una cara de asco y se alejó de ella haciendo un ademán con la mano, dando a entender que no siguiera.

─ ¡Bella, no necesito saber lo que harás en la noche!

Echando la cabeza hacia atrás, Bella soltó una carcajada por lo rápido que trabajaba la mente de su amigo. Antes de poder decir algo, el grandulón de tez morena comenzó a hablar.

─Te recuerdo que sé perfectamente cómo luces mientras realizas esa actividad.

Bella rodó los ojos por su comentario y le soltó un manotazo. Menos mal que Niklaus decidió que era más interesante el tótem que tenía fuego dentro, sino, su mente rápida y desarrollada, llegaría a un punto acertado a lo que Jacob quería decir.

─Siempre tienes que arruinar todo.

─No, ya eres alguien pasajero en mi vida ─comentó con una sonrisa divertida, volviéndose a acercar a ella.

─ ¿Acaso hay alguien más ocupando tu gran corazón? ─cuestionó la castaña, alzando una de sus cejas.

─Nah, qué va. No soy de los que aman, como el futbolista estrella que está detrás de ti fingiendo que no nos mira.

Bella se coloreó un poco por el comentario, pero después decidió que era gracioso. No se volvió para verlo, simplemente se quedó mirando a Jacob con diversión en su rostro. Oh, Edward. Y decía él que no era nada celoso.

─Tal vez deberías ir a verlo. Se mira muy solito ahí, fingiendo estar ocupado en su teléfono caro, traído desde Júpiter.

─ ¡Eso no tiene sentido! ─exclamó Bella alzando sus brazos. Observó cómo los ojos de Jacob se dirigían hacia abajo, a un costado de Bella, de inmediato, sintió los brazos de Klaus rodearle las caderas. Bajó la mirada a él y le acarició sus cabellos─. Hola, cielo, ¿te estás divirtiendo?

Klaus observó al hombre grande frente a él con una mirada bastante crítica. Jacob le devolvió la mirada, aguantando una sonrisa que amenazaba con ser una risa que seguro molestaría al niño de grandes ojos azules.

─Mami, quiero que estés conmigo… ─tiró de la falda de su vestido e hizo un puchero─. Ven a jugar a las ranas conmigo, ¿sí?

─Si, mami, ve a jugar a las ranas ─hizo burla Jacob, mirando a Bella ahora. Ella le sonrió y negó con la cabeza─. ¿Sabes, Niklaus? Tu mamá es la mejor saltadora, como una rana. ¡Salta muy alto! Deberías verle, es genial.

A Niklaus se le iluminaron los ojos y dio un salto, haciendo que el collar hawaiano rebotara sobre su pecho. Se veía bastante gracioso.

─ ¿Eso es cierto, mami? ─preguntó Niklaus con su voz más aguda de lo normal por la emoción.

─No escuches a Jacob, no sabe lo que dice…

─ ¡Eso es mentira! ─exclamó Jacob.

Niklaus rio por la graciosa expresión del hombre grande. Era demasiado gracioso porque era enorme y sus rasgos eran toscos. Sus mejillas se tornaron rojas cuando finalmente se calló.

─Mami siempre dice la verdad… pero esta vez le creo al señor grande.

─Puedes llamarme Jake ─dijo Jacob mirando al niño de manera simpática.

Niklaus ladeó la cabeza por la confusión.

─Pero así se llama mi perro. Seguro que está allá dentro. Si estuviera aquí con nosotros entonces estaría saltando de un lado a otro con la comida. Pobrecito.

Jacob miró a Bella.

─ ¿Tu perro se llama Jake?

Ella se encogió de hombros agitando la cabeza.

─Ya estaba antes de que yo llegara ─se dedicó a responder.

─Estaba cuando yo tenía cuatro años. Es mayor, como yo ─atinó a decir el niño rubio mirando aun a Jacob.

─Bueno… entonces puedes llamarme sólo Jacob…

Klaus sonrió contento.

─Y tú puedes llamarme Klaus.

─ ¿Cómo el hombre panzón de traje rojo?

─No… Santa panzón es con C y yo soy con K.

─Ah… ¿tú eres más cool?

─ ¡Yo estoy a la onda! ─gritó Niklaus dando un salto, contento─. ¿Quieres chocar los cinco conmigo?

Jacob miró de reojo a Bella con una sonrisa ladeada y después a Niklaus.

─Claro, ¿lo haces con puño también?

─Claro, ¿no te digo que estoy en la onda?

Sin poder contenerse, Bella rio por las ocurrencias de su pequeño. Observó como la enorme mano de Jacob chocaba con la pequeñita y sonrosada de Niklaus.

Con una sonrisa, Niklaus comenzó a saltar en un pie alrededor de su mamá mientras hablaba.

─Mamá, tienes que venir a jugar conmigo porque mi papi quiere hablarte. Él me ha dicho que venga por ti ─le tomó la mano y se volvió a Jacob─. Adiós, Jacob.

Bella, sonriendo de manera simpática, le envió una mirada significativa a Jacob, este asintió con la cabeza y se alejó para ir con la prima de Bella.

─Así que tu papá te envió conmigo…

Klaus, sin pena, asintió con los ojos muy abiertos y brillantes por todas las luces que comenzaban a tener vida ya que el cielo estaba oscureciendo.

─Sí, él me dijo que viniera por ti porque no ha hablado contigo.

Negando, Bella caminó donde estaba Edward conversando con Emmett, sin mucho entusiasmo.

Ello lo observó. Era tan extraño verlo vestido de esa manera, y hacía un poco de frío. Llevaba una camisa de color verde muy claro y vivo. Edward Cullen jamás usaría algo así a menos que sea una ocasión especial. Se miraba tan guapo.

Se acercó donde Edward estaba y miró a Emmett de una forma que le dejaba claro que no quería reclamos.

─Me lo voy a robar un rato, Emmett, si no te importa ─Bella tomó el brazo de Edward, tirando hacia a ella─. Y si te importa la verdad es que a mí me tiene sin cuidado ─caminó en dirección a un lugar apartado, lleno de luces de colores y donde se podía apreciar muy bien la música ambiental para ese tipo de eventos.

Edward, mirándole aliviado, dejó que le llevara sin ninguna protesta. Cuando ella finalmente lo soltó, se cruzó de brazos a su frente. Bella se colocó los brazos en jarras al ver su posición. Después de casi un minuto sin hablar, Edward decidió que no podía quedarse más callado y fue sincero.

─Quiero besarte ─dijo de manera seria, con la mirada puesta en los rellenos labios de Bella. Ella, por supuesto, se sonrojó pero rodó los ojos─. Dime si tú no quieres que te bese y lo entenderé.

Bella fingió pensar en sus palabras y encogió los hombros, cabreando a Edward.

─ ¿Qué significa eso?

─Mucho. Por ejemplo ─ella se acercó más a él. De esa manera, los brazos cruzados de él quedaban a cinco centímetros del enorme busto de Bella─. Tú quieres besarme, sí, pero no sé de qué manera. Yo quiero besarte, pero sí sé de qué manera.

─ ¡Yo tampoco sé de qué manera quieres besarme!

Bella chasqueó la lengua y movió la cabeza, logrando que sus largos cabellos se movieran de un lado a otro.

─Quiero besarte de manera húmeda y apasionada. Con fuerza. Quiero besarte mientras me haces el amor ─dijo en un tono de voz en la que estaba segura de que sólo él le había escuchado.

Edward se quedó de pie, mirándole a los ojos y una de las comisuras de su boca se alzó en una sonrisa ladeada.

─También quiero besarte de esa manera. Pero ahora mismo quiero besarte de manera diferente.

─ ¿De manera cursi? ─inquirió ella alzando una de sus cejas.

Él encogió los hombros.

─De manera cursi.

─Eres todo un Romeo ─dijo alargando la última o. Ella le colocó las manos en sus antebrazos para poder hacer que los descruzara. Cuando lo logró hacerlo, esbozó una sonrisa ligera y fue a rodearle la cintura con sus delgados brazos. Tan sólo debía alzar un poco la cabeza para verle a los ojos. Una de las ventajas de ser una mujer alta y no un nomo como su amiga Alice─. Y así te quiero conmigo.

Edward, encantado porque Bella finalmente haya hecho ese acercamiento a él, le rodeó con los brazos y se mantuvo mirando su rostro liso y perfecto, iluminado por las luces de colores alrededor.

─Lo que quisiste decir es que me amas y que volverás con nosotros porque no tienes otra opción.

─ ¿No tengo opción?

─Claro que no. Klaus y yo no te dejaremos ir fácilmente, aun cuando esa sea tu firme decisión.

Bella chasqueó la lengua y le miró sus labios. Joder, quería sus labios en ese preciso momento.

─Será una lástima no poder verles hacer aquello. No planeo irme…

Emocionado como un chiquillo, Edward apretó el agarre en la cintura de Bella y le alzó todo lo que podía, sonriendo en grande. Las miradas estaban sobre ellos.

─ ¡Al fin has recapacitado, Isabella!

La aludida entrecerró los ojos en su dirección y le colocó las manos en sus mejillas, logrando que la cara de Edward se tornara de una manera graciosa.

─No puedo creer que me hayas llamado de esa manera.

─Pues créelo. ¿Ya puedo besarte? Por favor, me muero de ganas por hacerlo.

─Yo no sé qué es lo que estás esperando.

Edward no esperó ni un segundo más. Juntó sus labios con los de ella de manera suave y lenta, dedicándose a disfrutar de su sabor, mezclado con el de su labial. Le siguió besando un rato más, notando cómo le faltaba la respiración a él y a ella, hasta que decidió que era demasiado para estar en un lugar lleno de gente.

Una vez que se separaron, Bella lo miró con una sonrisa ladeada y se relamió los labios.

─Esta noche voy a cobrarme todas las noches que yo me hice cargo de mi misma.

─ ¡Eso fue porque tú quisiste!

Bella se apresuró a colocarle la mano en la boca y le envió una mirada de advertencia.

─Silencio, Anthony. Lo quise, lo necesitaba, y tú también. Ahora sé que no puedo vivir sin ninguno de ustedes dos.

─Es el efecto de los chicos apuestos, como nosotros, damos ─dijo Edward contra la palma de la mano de ella. Le tomó la muñeca y la bajó.

─Esos aires, señor Cullen, esos aires.

─Tengo que llamar tu atención de alguna manera y entretenerte. No puedo dejarte ir. Corro el peligro de que quieras ir con el chico de allá ─señaló con la barbilla hacia donde ella estaba con Jacob─. Parece que te ha agradado mucho verlo.

─Edward Cullen… ¿estás celoso?

─No ─se apresuró a decir frunciendo el ceño─. ¿Cómo alguien como yo puede estar celoso? ─hizo un bufido gracioso, lo que hizo que Bella lograra una sonrisa enorme en su rostro─. Por favor. Nosotros, la gente como yo, no podemos ser celosos. Es la ley de la vida.

─Ajá… entonces no te importaría que mañana quedara de verme con Jacob para poder ir a almorzar y conversar.

Edward frunció el ceño.

─No tienes nada que conversar con él.

─Entonces admite que estás celoso.

─Una vez te dije que no era un hombre celoso.

Bella negó con la cabeza y luego fue a acomodar sus cabellos.

─Y lo creía. Hasta ahora.

─ ¿Crees que por ser la mujer de mi vida, mi hermosa y preciosa novia, caliente y sensual sofisticada mujer… madre de mis hijos a quien tanto amo… yo cambiaría de parecer?

─Exacto.

Edward dejó caer los hombros.

─Tienes razón ─dijo soltando el aire de sus pulmones y agachó la cabeza para intentar parecer vulnerable─. Pero no puedo permitir que te acerques a Jacob Black. Además, se llama como nuestro perro.

─Es tú culpa.

─Esa no es mi culpa. Es culpa de Jacob por llamarse así.

Bella rodó los ojos y se separó para localizar a su pequeño rubio. Una vez que su mirada lo encontró, lo vio sentado en una enorme silla de madera con un plato de comida frente a él. Elizabeth estaba dándole de comer en la boca. De nuevo.

─Sólo quiero saber una cosa…

─Sí, fue mi novio ─se apresuró a contestar Bella, sabiendo que esa era precisamente la pregunta que él quería realizar.

─ ¿Cómo sabes que iba a preguntarte eso?

─Porque lo estás mirando. Tu postura es ahora más tensa y erguida. Tu tono de voz cambió y… nunca jamás has usado esas palabras al principio de una oración.

Escuchó cómo Edward gruñía.

─Fue mi primer novio, de hecho.

─ ¿Y por qué lo invité? ─dijo Edward aun enfurruñado por la situación.

─Porque quieres hacerme feliz. Es un buen amigo.

─Si hubiera sabido… o si Charlie me hubiera dicho que fue tu novio, el gran y asombroso Jacob no estaría aquí.

Divertida por la actitud del hombre guapo frente a ella, sonrió y le fue a dar un beso en los labios bastante sonoro.

─A él nunca lo amé. Fue un estúpido capricho de niña tonta. A ti te amo, de verdad. No puedes compararte con él, guapetón.

─Claro que no ─admitió Edward con un suspiro.

─Como sea ─Bella hizo un gesto con la mano restando importancia─. Iré a ver a Niklaus. Es demasiado grande para que él pueda comer solo.

.

En el transcurso de la fiesta hawaiana, Bella recorrió todo el jardín de la casa de Edward, conversando con las personas que habían asistido. Todas eran bastantes agradables, por supuesto. Todos le habían deseado un feliz cumpleaños y se mostraban sonrientes con ella, felicitándole, a ella y a Edward, sobre su embarazo.

La abuela de Edward estaba encantada de conocer por fin a la novia de su nieto de futbol. ¡Finalmente he conocido a la mujer que conquistó el corazón de mi cuchu-cuchu! Esas habían sido las palabras de la señora Lydia. Edward se puso rojo de vergüenza y se apresuró a alejar la conversación de por qué se llamaba cuchu-cuchu. Era un encanto de mujer, Bella lo aceptaba. No tenía nada que ver con la señora Elizabeth.

Intentó no pensar demasiado en que su madre no estaba presente en su fiesta. Entendía que estaba enojada, pero ella también tenía derecho de estar enojada y esperaba verla en ese lugar. Argh, mujer, mujer. Le estresaba demasiado y ni siquiera estaba presente. Le entristecía, sí, y sabía que Edward lo notaba, pero no comentó nada.

Casi al final de la fiesta, Klaus, completamente somnoliento, reclamó la atención de su mamá. Bella estaba demasiado contenta, bailando al ritmo de la música, al igual que todos en ese lugar, ¡Incluso la abuela de Edward estaba bailando! Esa mujer tenía muchísima energía. El pequeño palmeó el estómago de Bella y tiró de su vestido para que dejara de bailar. Deteniéndose, Bella bajó la mirada al niño y sonrió ladinamente, de manera comprensiva. Le tomó de la mano y lo llevó a una de las sillas que estaban ahí.

─Mami, vámonos a dormir ─dijo Niklaus frotándose los ojos con sus manos hechas puños. Le costaba trabajo mantener los ojos abiertos.

─ ¿Quieres subirte ya?

─Quiero que vengas conmigo ─el puchero en el rostro de Niklaus le decía a Bella que probablemente encontraría energía de alguna parte de su cuerpo y se pondría a hacer un berrinche.

─De acuerdo, iré contigo ─concedió Bella, apartando sus cabellos de su frente.

Irguiéndose de nuevo en su lugar, Bella miró en dirección a sus amigos bailando. Encontró a Alice dando vueltas con Aaron, completamente feliz. Alice captó la mirada de su amiga y frunció el ceño al ver a Niklaus tomando su mano, le hizo un gesto negativo y la señaló; le dijo algo a Aaron y caminó donde estaba Bella.

─ ¿Tan pronto te vas? Es tu fiesta de cumpleaños… no puedes irte ahora.

─Niklaus tiene sueño ─dijo Bella a modo de explicación─. Iré a acostarlo y después vendré.

Alice bufó.

─Kai es demasiado grandecito como para ir a dormir solo. Ya se ha ido a dormir solo.

─Alice, por favor ─Bella advirtió con su mirada─. Volveré, tú sigue divirtiéndote.

Enviándole una mirada mala a su sobrino de seis años, Alice volvió con Aaron para poder seguir bailando.

Edward estaba bailando también. En una mano tenía a Isobel y en la otra tenía a Cara. Se miraba bastante adorable bailando con ambas niñas, haciéndolas dar vueltas y les inclinaba hacia atrás, causando la risa de ellas. Al notar que Bella no estaba ahí, le buscó con la mirada, cuando la encontró hizo un gesto. Bella le respondió con un movimiento de mano a Niklaus y sonrió. Claro que iba a bajar, necesitaba despedir a los invitados y después iba a disfrutar el verdadero regalo de esa noche. Tomando firmemente la mano de Niklaus, caminó al interior de la casa, directo a la habitación del niño, donde no se escuchaba el ruido de la música.

─Mami, ¿te dormirás conmigo? ─cuestionó Niklaus, metiéndose debajo de las mantas después de haber lavado los dientes y cambiado de ropa por su pijama.

─Me quedaré hasta que duermas ─dijo Bella, aclarando las cosas.

Por supuesto que a Niklaus no se le pasó por alto ese detalle. Él sabía que su mamá le dejaría en cuanto se durmiera.

─No pude darte tu regalo, mami ─dijo él, somnoliento pero atento a sus palabras.

─No importa, cariño ─le dio un beso en la frente, metiéndose en las sabanas con él─. Ya sabes que mi mejor regalo eres tú y tu hermanito.

Niklaus frunció el ceño y se abrazó al cuerpo curveado de Bella. Con aquel vestido no podría meter mano, lo que le hacía enojar un poco más. Se tuvo que conformar jugueteando con los dedos de Bella.

─Mi papi te dará el regalo por mí y te va a gus… ─bostezó, abriendo la boca en grande─ tar

Sonriendo, Bella le acarició su cabello lentamente.

─Estoy segura de que me va a gustar el regalo de ustedes dos, pero ahora duerme, por favor, estás muy cansado.

Obedeciendo, Niklaus cerró los ojos y se quedó en silencio, siendo arrullado por la caricia que le daba Bella con sus dedos en la espalda, de arriba abajo. Veinte minutos más tarde, Bella supo que el pequeño ya estaba completamente dormido, de manera que se separó de él y le colocó uno de los peluches en su lugar. Dejó la lámpara de luz encendida y salió de la habitación, mirándose en el espejo que había en el pasillo para arreglar su aspecto y volver a la celebración.

Al bajar las escaleras y salir de nuevo al jardín, Isobel y Cara le tomaron de ambas manos y le jalaron con ellas. No podía creer que esas niñas tuvieran más energía que su pequeño chapulín llamado Niklaus. Sonriente, les acompañó de nuevo. Edward estaba frente a ella y le sonrió de manera brillante.

─Es hora de que te dé uno de tus regalos, nena ─dijo con su sonrisa ladeada y encantadora. Observó a las niñas y les alzó ambos pulgares─. Gracias, enanas. Es mi turno ahora ─le tomó las manos a Bella y le llevó con él hacia el jardín trasero, no sin antes llamar la atención de los demás y decirles que los siguieran.

Bella, esperando cualquier cosa, caminó con él hacia la entrada de la casa. No dijo nada, se quedó en silencio y rodando los ojos al escuchar un "Te va a encantar mi regalo. Pero primero es este". Rio y siguió caminando. La puerta principal se abrió y justo al frente estaba un Lamborghini color… rosa.

La expresión de Bella era indescifrable, pero más acercado a sorprendida y sin palabras. Su boca estaba abierta y sus ojos estaban abiertos de par en par.

Dulce bebé Jesús.

Llevó su mano a la boca en trance y dio un paso hacia delante. No lo podía creer. ¡Joder! No lo podía creer.

─Es para ti ─dijo Edward con su enorme sonrisa, encantado por el hecho de que a ella le gustara su regalo.

Detrás de ellos, se escuchó un par de gritos agudos, provenientes de Alice y Rosalie. Nadie podía creerse eso. Con el simple hecho de que le regalara un Lamborghini era bastante, ahora, sumándole que era color rosa… ¡Era mucho mejor!

Finalmente, Bella decidió reaccionar gracias a los gritos y sonrió, dando un salto y lanzando las manos a los aires, soltando un grito también.

─ ¡Oh por Dios! ¡Me encanta! ─gritó, loca de la felicidad y se lanzó al cuerpo de Edward para poder darle un abrazo─. Te amo, te amo, te amo ─le dijo entre los besos que le daba a sus labios formados en una sonrisa─. Te amo. Me encanta. Te amo. Me encanta ─alargó la última "a" y le estrechó más a ella─. Es hermoso.

─Y es tuyo ─añadió él sonriendo.

─ ¡Mío!

Interrumpiendo el abrazo, Alice llegó a ellos, seguida de Rose. Sus ojos estaban brillantes y sus mejillas muy estiradas.

─Oh por dios, Bella. Deberías conducirlo ahora mismo ─dijo Rosalie, tomando su mano.

─ ¡Y llevarnos contigo! ─finalizó Alice, con su sonrisa del gato rizón.

Alguien detrás de ellas carraspeó, y al volverse, se encontraron con el padre de Edward, mirándoles con sus ojos entrecerrados y haciendo un movimiento negativo con la cabeza.

─Es hora de que ellos dos vayan a festejar solos. Alice, Rosalie, controlen sus hormonas y gustos por el color rosa y los autos. Ya les tocará a ustedes.

Bella, mirando sorprendido al señor Edward, ni siquiera pudo hablar cuando él ya estaba hablando de nuevo.

─No te preocupes por Niklaus, nosotros lo cuidaremos.

Edward metió su mano a su bolsillo derecho y sacó de ahí la llave del auto. Las balanceó entre su dedo pulgar e índice y se la ofreció.

─ ¿Qué dices? ¿Vamos a probarlo?

Arrebatándole la llave de la mano, Bella se apartó sin dejar sonreír.

─ ¡Pero yo conduzco!

Los invitados, sonriendo por en entusiasmo de niña pequeña de Bella, miraron como la festejada bajaba los peldaños, con aquellos zapatos de tacón puestos aun. Fue a la puerta del conductor y la abrió para sí misma, entró y encendió el auto en un suave ronroneo.

El señor Edward le dio una palmada a su hijo en la espalda. Se acercó a él y le dijo al oído.

─Esta vez no la cagues. No tendrás otra oportunidad.

Grabándose las palabras en su mente, Edward asintió y bajó las escaleras para poder reunirse con Bella en el auto.

Tres segundos más tarde, el auto ya estaba avanzando fuera de la residencia y probablemente no planeaba volver pronto.


¿Cómo les ha parecido el capítulo? Necesito saberlo. Sé que les hice pasar malos ratos con los adelantos pero ahora tienen la verdad. El comportamiento de Alice. La idea de Bella... ¡El regalo de Edward! Y Jacob... ¡Ah, y la actitud de Renée!

Gracias a: marieisahale, Bereniizze03, jupy, Beastyle, luavigut, Tata XOXO, Emm Masen Mccarty, TwilightWendyCuba, Cullen-21-gadys, lOrEn cUllEn, Jess C A, maferpatts, Isabella Grey Day, Nadiia16, anamart05, Annaniicolle, Zaida Gtz. Verdad, Brenda-Cullen-Ivashcov, AleLupis, MONELITA CULLEN, KeniaHeras, Melania, pera l.t, miop, cary, NachiCullen, patymdn, Karlie7, Mon de Cullen, yolabertay, AndreaSL, Florence15, hildiux, Nyx-88, jolie love, CamilaFer, Alejandra P, karol 05, SabiaAtenea, azabella45, lizzie, Any, megankdw, vanes, Dani, Tecupi, liduvina, , soles, Andrea 16 de Cullen

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¡Gracias enserio por sus reviews! Y por seguirme en la historia aun cuando algunas leen sin que esté terminada, significa mucho para mi.

¿Reviews con alguna idea de lo que puede pasar en el próximo capítulo?