"Sólo puede acabar de una manera"


Cap. 02: Tocando las narices al personal.


Al parecer, de aquella pequeña aventura con el dragón, otro de los chicos de SOLDADO que venían acompañando a Sephiroth, había quedado inconsciente (y con un bonito brazo roto que la magia de las Materias no tuvo mayor problema en arreglar) del mismo modo.

Se llamaba Zack y era un alma candorosa de persona, muy distinto de Sephiroth quien, cuando no estaba callado y te silenciaba del mismo modo con una mirada helada, hacía gala de un sentido del humor ciertamente muy ácido.

Recuerdo que del día previo a la incursión al reactor de Mako anduve básicamente hablando con Zack (repito: un encanto de persona que me fue distrayendo mientras en el hotel me servían el menú del día con postre incluido y yo me ponía hasta las cejas a comer, sentada en aquella cama mullida en mitad de una marabunta de cojines) y no con el hosco ídolo juvenil, quien otra cosa no, pero muy amable no es que fuera precisamente. Aquella primera impresión que obtuve del carácter de Sephiroth no es que me dejase muy buen sabor de boca en realidad.

Pero ante la insistencia de Zack, quien defendía al tipo como si fuera amigo suyo diciendo que en realidad no era tan mala persona, decidí no darle importancia tampoco al carácter de una superestrella, pues yo pensaba que lo más probable fuera que la fama se le hubiera subido a la cabeza y fuera de esta clase de niños pijos bien forrados de dinero, rodeados de aduladores y fans, que siempre iban reforzaditos de Materia que ni tan siquiera habían leveado ellos a mano.

Yo seguía en mis trece con la idea de que el tal Sephiroth no era tan poderoso como pretendía, pero acepté la Materia de Relámpago con sumo gusto. Entre lo cara que es la Materia ya de por sí sola (inalcanzable para el ridículo sueldo de una simple repartidora de publicidad como era yo), y entre el tiempo y la dedicación que toman levearla hasta el máximo no es que pudiera permitirme el lujo de ponerme en plan prepotente y desdeñar, por otra parte, tan estupendo regalo.

Supongo que la inicial antipatía implícita entre Sephiroth y yo era en cierto modo bastante recíproca: yo no me tragaba el cuento de sus habilidades sobrehumanas y a él le molestaba que una micarraca flacucha y pecosa que no sabía luchar le juzgase tan alegremente.

Y también supongo que fue ése el motivo y no otro por el que, cuando empezó a caer el sol, Sephiroth, quien se había tirado toda la tarde mirando por la ventana, viniera hacia mí, me levantase de la cama de un tirón y, tras inspeccionar brevemente mis capacidades motrices y de orientación con objeto de saber si no me caería por el camino con aquel golpazo en la cabeza, me sacó casi a empujones de la habitación que él y sus compañeros habían rentado y me dio con la puerta en las narices.

Simpático el tío, oye. Simpático de narices.

Me marché a casa encogiéndome de hombros, entre molesta y riéndome de lo infantil que podía llegar a ser el "Señor Materias Leveadas" y me equipé muy gustosa Relámpago en la tercera de las cuatro ranuras que tenían mis brazales de acero, la mejor "armadura" femenina (porque vamos a ser sinceros, las protecciones para chicas son más caras que las que son para los chicos) que mi ridículo sueldo se podía costear.

Mi madre se quedó un poco en las nubes cuando me vio venir a casa con la cabeza vendada, me cosió a preguntas, me obligó a meterme en la cama no fuera a ser que me diera un bajón, me hizo tragarme no sé cuántas píldoras antiinflamatorias y luego me regañó por llegar tarde a cenar.

Madres...

La noche se sucedió sin mucha novedad.

Pero al día siguiente, a primerísima hora de la mañana en la plaza del pueblo, ahí estaban los de SOLDADO junto a Sephiroth y su nueva guía para que les condujera por las escarpadas tierras repletas de secretos y Mako del Monte Nibel: Tifa (abreviatura de "Tiffany", como es lógico. Y sí, era una mala idea llamarla así si no buscabas que te encajaran, literalmente, un puño en las costillas) Lockhart, mi vecina. Una chica que, con sólo quince años, pegaba más fuerte que yo y gastaba dos o tres tallas de sujetador más que yo.

Tifa se ganaba la vida haciendo de guía a los turistas por el pueblo y alrededores antes del feo asunto con el reactor de Mako, por lo que era la primera interesada en que el tema se solucionase para seguir ganando algo de dinero extra.

La gente por Nibelheim, y máxime cuando eran jóvenes, no es que tuvieran mucho porvenir laboral salvo ayudando de vez en cuando en el bar, en el hotel, haciendo recados y demás, por lo cual el trabajo de cada uno era sagrado.

Sin trabajo, no tenías opción de comprar un billete de transporte y largarte a las ciudades a probar mejor suerte. Yo llevaba ahorrando desde los catorce para irme. A mi hermano y a mi desaparecido primo les había sucedido exactamente lo mismo cuando quisieron unirse a SOLDADO.

Vamos, que si querías ahorrar ya te podías ir espabilando y no gastándote tu sueldo en tonterías. Yo desde hacía un par de años que no me compraba ropa nueva, así que...

Pero me estoy desviando de nuevo de mi historia. Lo dicho: tras hacerse una foto de recuerdo que uno de los chavales del pueblo les sacó; guiados por Tifa, Sephiroth, Zack y compañía fueron hacia las afueras del pueblo, por el Norte, e incursionaron por las tierras otrora verdes del Monte Nibel.

Y yo les seguí porque sí, porque sentía curiosidad, porque me apetecía verles en acción y porque era domingo y no había publicidad que repartir. Ea.

La verdad era que no tenía otra cosa mejor que hacer.

Y mi curiosidad dio, cómo no, lo peor de mí.

- ¡A partir de ahora será más difícil! - había exclamado Tifa al inicio de ése puente que últimamente ni a mí, que era una cotilla descarada, se me había ocurrido cruzar sin temerme que se fuera a desmoronar - ¡Seguidme!

Ellos la siguieron. Y yo con ellos.

La verdad es que supuse que ocurriría... pero no tan pronto.

- ¡¿Qué haces tú aquí?! - oí que exclamaba de pronto la voz furibunda del SOLDADO Número Uno por excelencia, Sephiroth.

- Pues... - vacilé pegando un par de pasos hacia atrás. Aquella mirada verde helada cargada de Mako hubiera puesto los pelos de punta hasta al más pintado.

Sin embargo, no hubo tiempo para alargar nuestro enfrentamiento verbal.

- Eh... ¡El puente! - fue lo último que le oí gritar a Tifa antes de que la estructura se fuera básicamente a hacer puñetas y todos nos precipitásemos hacia el vacío por el barranco.

Creo que mi primer impulso fue agarrarme a uno de los maderos de uno de los laterales rotos del puente. La mayoría hicieron básicamente lo mismo y ahí quedamos, suspendidos en el aire y mirándonos entre nosotros. Pronto me di cuenta de que faltaba uno de los chavales uniformados de azul que habían venido acompañando a Sephiroth y a Zack.

Se hicieron unos instantes de tenso silencio ahí, colgados como estábamos.

- Te habrás quedado a gusto, ¿eh? - oí que, por encima de mí, agarrado unos cuantos maderos más arriba me decía Sephiroth mientras me observaba con mala hostia contenida - ¿Te has percatado, por casualidad, que ha sido tu peso lo que ha hecho la diferencia para que este frágil puente se desmoronara?

- Os iba a avisar precisamente de que se tienen que ir, como mucho, de tres en tres. - le respondí yo, con mucha cara dura y mucha soberbia - Habéis ido cinco y claro...

- Y los cinco hubiéramos pasado tranquilamente de no ser porque TÚ te has puesto en medio.

Un suspiro interrumpió nuestra reyerta.

- ¿Podéis continuar cuando estemos sobre tierra firme? - dijo Zack, posicionado varios tablones más arriba de nosotros – La verdad, no tengo muy claro cuánto me resistirán los brazos en esta postura.

Se veía que todos habíamos ido a agarrarnos al lado más cercano al punto de inicio y no al de la central nuclear, cuya parte del puente se presentaba demasiado corta para poder alcanzarla y usarla de escalinata. Así pues, hubimos de ir descendiendo por los tablones raídos del viejo puente hasta pisar tierra firme, varios metros por debajo de nuestro punto de partida.

Fuimos bajando todos muy lentamente. Sephiroth, como cabía de esperar, bajó antes que yo y, en el momento en que me asió para ayudarme a bajar, lo hizo de muy mala leche.

- Bien... - comenzó pasándose una mano enguantada por la melena argéntea mientras nos daba a todos una mirada crítica – Todo el mundo parece encontrarse bien. ¿Podemos regresar a donde estábamos? - le preguntó directamente a Tifa.

Ella, limpiándose el polvo de la camiseta y ajustándose su sombrero de ala ancha, inspiró profundamente.

- A ver... yo diría que sí. Estas cuevas están unidas entre sí como un gran hormiguero... - razonó dándole una mirada de duda a una de las entradas cerca de donde habíamos caído – Oh, y Sephiroth... parece que te falta una persona.

Lo que yo había observado antes.

Sephiroth, sin embargo, haciendo gala de una sangre fría que me puso el estómago de corbata, se encogió de hombros.

- No quisiera parecer cruel... - ¿ah, no?, pues lo había conseguido – Pero no tenemos tiempo para buscarlo. – total… ¿qué era para Shinra un soldado de infantería menos en su nómina…? Aquel absoluto desprecio por la vida humana tras la guerra contra Wutai era, en aquel entonces, algo habitual e inclusive observado como normal entre los de SOLDADO - No podemos regresar ahora, de modo que debemos continuar. - y lanzándome a mí una de ésas miradas de querer ahogar a alguien, añadió – Viajaremos juntos desde aquí.

Nadie se atrevió a cuestionar ni su liderazgo ni su criterio.

Al avanzar y entrar por una de las cuevas, bastante bien iluminadas por efecto de las grandes cantidades de Mako presentes en el lugar, nos detuvimos un instante a contemplar aquella maravilla de la naturaleza. Yo había venido por aquí sola alguna que otra vez a recoger Materia (así me había hecho con Habilidad Enemiga y con Curación, lógicamente) cuando el emplazamiento no era tan peligroso de rondar.

- ¿Qué es esto? - inquirió Zack.

- Una cueva de colores misteriosos... - fue la vaga respuesta de Tifa.

- Es Mako. – salté yo, no pudiéndome morder la lengua por más tiempo.

- Al ser esta montaña especialmente rica en Mako se construyó el reactor aquí. - dijo Sephiroth al tiempo que me lanzaba una de ésas miradas que hablaban por sí solas diciendo "cállate" a más no poder.

La verdad es que debería haberme callado, pero lo cierto es que mi lengua tenía vida propia. Me temo que aún la sigue teniendo.

- Es que yo saqué mi Materia de estas cuevas. – aduje.

Tifa y Zack se me quedaron mirando como si me vieran por primera vez.

- ¿Tú has estado antes por aquí? - preguntó Zack.

- ¡Anda!, claro.

- ¿Sabes algún camino que pueda conducirnos hasta el reactor? - fue esta vez Sephiroth quien preguntó, aparentemente menos hostil que hacía escasos minutos.

- Te advierto que es largo de narices.

Pero él se encogió de hombros nuevamente.

- Como he dicho antes, no podemos volver atrás. - sentenció.

Y lo decía muy en serio.


Nota de la autora: agradezco un montón a sweet-autumn-mao que me haya dicho lo que piensa de la historia. Te prometo que, pese a todo, mantendré el carácter de Sephiroth en la medida de lo posible, que sé que no es precisamente una almita de la caridad.

Como dije anteriormente, los capítulos no van a ser muy largos y ésto no va a ser uno de ésos fics interminables de chorrocientos capítulos, pero sí quiero dejar claro que la relación se desarrolla naturalmente, no de un día para otro. Podía haber elegido a una de las chicas del grupo, pero es que modificar la historia original del juego creo que no me resultaría muy grato, así que incorporo a mi por el momento anónima OC para que siga de cerca lo que ocurre y meta las narices en ello.

¡Nos leemos! :)